Muy buenas querid s lector s aquí os dejo un nuevo capítulo para que sigáis disfrutando de la historia. Este vez vamos a ver qué ocurre con los Senju en compañía de Madara. Los reviews son bien recibidos ^^.

Capítulo 53

Con las primeras luces de la mañana, la claridad del sol del desierto iluminaba la sobria estancia en la que se encontraban los dos hermanos Senju revividos y Madara Uchiha. Los tres estaban en la misma posición que adoptaron la noche anterior mientras la virulenta tormenta de arena pasaba.

El fuego que, al comienzo de la noche provocada por la oscuridad de la tormenta, ardía con brío, ahora sólo quedaban de él unos rescoldos de carbón ennegrecido, cenizas y algunas moribundas volutas de humo.

Madara abrió los ojos a ese nuevo día que le acercaba un poco más a su destino. Para su sorpresa, lo primero que vio fue la sonrisa bobalicona de Hashirama deseándole un buen día en un tono demasiado jovial para su gusto.

-Buenos días, viejo amigo, -dijo un Hashirama muy animado. -¿Qué tal has dormido? ¿Y tú?

Preguntó también a su hermano, recibiendo por respuesta la misma por parte de ambos: un gruñido.

-Vaya, veo que alguien no ha dormido demasiado bien hoy, -respondió refiriéndose a Madara. –Espero que la conversación con Tobirama no te molestase.

-Todos los Senjus sois molestos, tanto si habláis como si no, -respondió Madara de manera seca y cortante.

-Venga, hoy estoy seguro de que será un gran día, -dijo Hashirama tratando de contagiar su animado espíritu en los otros dos.

-Molestos o no, nos necesitas, si no, podrías haber revivido a Izuna, -dijo Tobirama metiendo los dedos en la llaga que era el hecho de mencionar a su hermano.

Sin esperar a más Madara se levantó dispuesto a terminar con el Senju albino en menos de un abrir y cerrar de ojos. Hashirama se adelantó, pasó uno de sus brazos sobre los hombros de su amigo y soltó una carcajada para tratar de relajar la tensión entre los otros dos.

-Ah, tengo algo para ti, te vendrá bien, -dijo Hashirama. –Apuesto a que tu mal humor se debe a que aún no has desayunado.

Sin esperarlo, lo siguiente que apreció Madara fue una manzana del tamaño de un puño encajada en su boca para sorpresa propia y de Tobirama. Su hermano estaba jugando con fuego y no uno cualquiera, sino con uno que podría superar a las llamas negras del Amaterasu.

-Ya verás como después comer algo tu humor cambia, -remarcó Hashirama con su sonrisa más amplia en la cara. Se había propuesto disfrutar de aquello y no iba a consentir que su hermano y su amigo le amargasen la experiencia. –He guardado unas cuantas para el camino hasta Suna, te vendrán bien para no deshidratarte en el desierto.

La respuesta a la pregunta de dónde había sacado manzanas en pleno desierto era sencilla: Hashirama había hecho crecer un frondoso manzano fuera de la pequeña cabaña con ayuda del jutsu de agua de Tobirama. Ahora, fragmentos de la conversación que oyó la noche anterior entre los hermanos cobraban sentido, Hashirama trataba de convencer a Tobirama de que le ayudara y, al parecer, lo había conseguido.

Varios minutos después, Madara había terminado la manzana que se había resignado a comer ante la atenta mirada del mayor de los Senju que le miraba con una sonrisa de satisfacción.

-¿Estaba buena? Ojalá pudiera comerme una yo también, -dijo recordando el sabor de las manzanas como cuando las comía estando vivo.

-Cállate y vámonos, -respondió Madara poniéndose en pie y ajustando sus armas a la espalda.

Los tres salieron de la pequeña cabaña improvisada en la que se habían guarecido de la tormenta de arena. Cuando se alejaron unos metros, Madara se volvió y liberando un Katon la redujo a cenizas. Los otros dos no dijeron nada al respecto, pero sabían que era una manera de liberar parte de la frustración con la que cargaba el Uchiha.

Comenzaron a caminar. De nuevo tenían los pies hundidos en la rojiza arena del desierto y empezaron a sentir el calor sobre sus cabezas. Apenas unas horas después de reanudar la marcha, Madara ya sudaba profusamente haciendo que el pelo se quedara pegado sobre su rostro. La sed lo martirizaba, pero no se doblegaría a pedirle agua a los Senju y menos a Tobirama.

Hashirama veía la fatiga en el rostro del Uchiha, decidió intentar entablar una conversación con intención de evadir su mente del calor y la sed.

-Madara, ¿por qué vamos ahora hacia Suna? –Preguntó cruzando una mirada con su hermano.

-Lo que quiero, al parecer, ahora se encuentra allí, -respondió.

-Entregué a Suna el Ichibi, ¿es eso tras lo que vas? –Volvió a preguntar con cierto temor de creer conocer la respuesta.

-Lamento decirte, que Suna perdió al Ichibi hace algunos meses, -contestó Madara. –Pero te alegrará saber que hace tiempo que no tengo nada que ver con la captura de los Bijūs.

-Pero dijiste… -Empezó a replicar Hashirama.

-Dije que me interesaba un Jinchuriki, -respondió Madara cortando la frase de su amigo. –Y también te dije todo sería más fácil a su debido tiempo, Hashirama.

-Así que el chakra que sentimos es del bijū del jinchuriki que persigues, -intervino Tobirama por primera vez. –Interesante.

-Basta de charla, -cortó.

Paso tras paso y duna tras duna, iban recorriendo la distacia hasta el destino. Llegado un momento, Madara comenzó a sentir las piernas flaquear, había forzado su nuevo cuerpo demasiado pronto, la sed y el calor, junto con su poderoso chakra de fuego no le hacían la travesía nada fácil. Empezó a usar su kama como cayado el un intento por continuar.

En la distancia, se desdibujaba la silueta de las enormes rocas recortadas que indicaban que la ciudad estaba cerca. Hashirama, viendo el esfuerzo que estaba realizando, se acercó al Uchiha posando una mano en el hombro para hacer que se girara para poder verle mejor.

La imagen no era otra sino la de un poderoso guerrero, demasiado orgulloso para pedir unas míseras gotas de agua para continuar.

-Tobirama, -indicó su hermano haciendo un gesto para que se acercara. –Crea una pequeña fuente con tu jutsu.

-No, -dijeron ambos hombres a la vez como protesta. Cosa que hizo fruncir el ceño a Hashirama por la cabezonería de sus compañeros.

-Tenemos que ayudarle, hermano, -dijo haciendo que recordara el poder de los talismanes de control. –Madara, deja que te ayudemos, nos reviviste porque necesitabas ayuda, deja que te la prestemos. Tobirama.

Tobirama no pudo negarse a la petición de su hermano, aunque fuese para ayudar a un Uchiha, a pesar de ser aquel Uchiha, Hashirama no dejaba de ser su hermano mayor y le debía cierta obediencia a pesar del paso de los años. Con unos rápidos sellos una pequeña columna de agua brotó de entre la arena frente a Madara, tentándole a beber. Cayó de rodillas mirando el pequeño caudal. Hashirama cayó con él a su lado sin apartar la mano de su hombro.

-En el pasado, conseguiste dejar a un lado nuestras diferencias y fuiste capaz de unir nuestros clanes, por entonces enemigos, en una sola aldea, -empezó Hashirama ganándose la completa atención del Uchiha. –Soy el mismo Senju que estrechó tu mano y firmó el pacto de amistad. Soy el mismo Senju que lamentó tu partida y que hasta el último aliento esperó que volvieras a la aldea. Creo que ahora tú no eres ese Uchiha, eres uno mejor. No uno que busca el poder y el control, sino uno que busca otra cosa, algo distinto de ese Madara que dejé en este mundo hace tantos años. Bebe, amigo.

Desde que se conocieron siendo unos niños, Hashirama siempre había sido capaz de leer en él como si de un libro abierto se tratara. Él siempre había sido parco en palabras, por no hablar de demostrar un atisbo de sus sentimientos, pero Hashirama se encargaba de expresar lo que sentía en cada momento sin importarle nada. En ese momento, la conexión que habían tenido de niños seguía presente.

Madara sabía que estaba haciendo lo correcto, que debía hacer aquello, rebajarse a beber agua que le ofrecía el asesino de su hermano, si quería avanzar y alcanzar su verdadero propósito. Y por el Sabio de los Seis Caminos que bebería hasta hartarse si con ello iba a conseguirlo. Sin más, se inclinó hacia delante y acercó su boca al agua que seguía brotando y empapando la arena, dándole un aspecto algo tétrico.

-Sigamos, -dijo volviendo a ponerse en pie y encarando de nuevo el camino hacia las enormes rocas del horizonte. –O no llegaremos antes de que anochezca.

-¡Fantástico! Otra noche de acampada los tres juntos, -contestó Hashirama con entusiasmo, ganándose miradas asesinas por parte de los otros dos, que no compartían su entusiasta visión. –Aburridos…