¿Qué tal están? Espero que deseos s de un nuevo capítulo ^^. Se agradecen reviews.
Capítulo 54
Los emparejamientos ya estaban hechos, los Kages estaban conformes con ellos y ya no había vuelta atrás. Las gradas de piedra construidas alrededor de la arena de combate estaban abarrotadas de personas de Suna y otras de diferentes aldeas de las Cinco Naciones invitadas a ser testigos de los nuevos shinobis que cada aldea aportaba.
En los entresijos del estadio, los contendientes estaban separados. Cada uno en una pequeña habitación austera, más parecida a una celda, lo que les daba una idea de para qué se utilizaba el estadio antes de los combates de exhibición como éste. Ninguno tenía restricciones como ataduras, grilletes o cadenas, pero en las paredes aún podían verse las argollas incrustadas donde anclaban las cadenas de los prisioneros condenados a muerte sobre la arena hasta no hacía demasiado tiempo.
Cada una de las habitaciones tenía un pequeño camastro, en la otra pared una pequeña banca de trabajo para afilar las armas que se iban a utilizar en la arena, ahora vacía y en desuso. De hecho, las armas no se entregarían hasta que los ninjas estuviesen bajo la escalinata que los conducía hacia la multitud que vitoreaba y jaleaba fuera.
De repente, el jolgorio y los vítores cesaron. La voz del Kazekage se oía alta y clara entre las gradas y se colaba lejana entre las celdas inferiores. Mientras hablaba y elogiaba a la Hoja por hacer este examen conjunto, a la par que animaba a otras aldeas a hacerlo, explicaba las normas y presentaba a los espectadores a los jueces de la prueba, encargados de que no se viese vulnerada la integridad física hasta un punto excesivo. Serían los encargados de detener el combate si, bajo su criterio, la cosa pasaba a mayores.
Los equipos ya no existían, sólo estaban los individuos expectantes por conocer a su adversario. El único que contaba con compañía era Kiba junto a Akamaru y uno de los pocos de la Arena que contaba con una siniestra marioneta a la que hablaba como si de una persona real se tratara.
Mara estaba sentada en el pobre e incómodo camastro con la espalda recostada sobre la pared. Contemplaba el lento pero inexorable movimiento de las sombras que los barrotes de la diminuta y elevada ventana proyectaban sobre la pared a su lado. No tenía manera de contabilizar el tiempo, pero le parecía que habían pasado horas. Kurōkami la notaba inquieta, podía sentir su chakra arremolinado en rápidas espirales alrededor del suyo.
Estaba tensa y preocupada. No tenía aún demasiado claro si actuaría para ayudarla en el combate en caso de necesitarlo. Temía que se descontrolara y todo diera al traste, por no contar que, de pasar aquello, el viejo los mataría a ambos. Ninguno hablaba. Cada uno con sus pensamientos concentrados en sí mismos. Ella repasaba una y otra vez las enseñanzas de combate que había recibido, él filtraba pequeñas cantidades de su chakra al torrente de ella para que se familiarizase con él lo más posible. Sabía que podía resultar molesto a veces para el Jinchūriki pero no parecía quejarse, poco a poco, iba mostrando mayor control y tolerancia a él.
De pronto, dos miembros de ANBU de la Arena pasaron frente a la antigua celda. De inmediato, Mara se levantó y se dirigió hasta el umbral. Otro guardia corpulento se situó delante de ella impidiéndole salir.
-Vuelve dentro, aún no es tu turno, -dijo con una voz desagradable.
La joven no hizo caso, pero se quedó tras él para ver quiénes eran los encargados de participar en el combate inaugural. Por el fondo del pasillo resonaban los pasos de cuatro personas, cada ANBU escoltaba a uno de los combatientes.
Los primeros elegidos fueron Rock Lee y uno de los de la Arena. Desde el final del pasillo se podía escuchar a Kiba animándolo y a Akamaru ladrando igual que él. Cuando pasó por delante de la puerta de Mara tenía los ojos grandes y redondos tan abiertos que parecía que se le fuesen a salir y sudaba por la tensión de ser el primero. Sin duda no era un adversario que él mismo habría elegido. El mejor de los de la Arena contra el Poder de la Juventud de Konoha.
Aburrida por creer conocer el resultado, Mara volvió a su sitio inicial, se le daba bien hacer predicciones. Y su predicción para ese combate era que Lee iba a perder. Se concentró de nuevo en sus lecciones de combate pero, antes de que pudiera repasar la primera norma que le dio su padre, la multitud de fuera gritó como una bestia sedienta de sangre en busca de divertimento que esos dos shinobis iban a proporcionarle.
El tiempo pasaba y sólo se oían de fondo golpes, gritos y exclamaciones profundas por parte del graderío cuando alguno de los combatientes hacía un movimiento arriesgado. Por útlimo, estalló en una gran ovación, lo que indicaba que el combate había terminado, pero ninguno volvió a las celdas inferiores.
Una vez más, el ritual de los ANBU volvió a darse. Esta vez las elegidas fueron Hinata y Tenten. Un Byakugan contra una maestra de armas. Mara lo lamentó por esta última, pero no tenía nada que hacer, Hinata sería capaz de esquivar todos y cada uno de los proyectiles que le lanzara de sus pergaminos, no iba a ser lo bastante rápida para usar el punto ciego que todo usuario de Byakugan tenía. Sería un combate corto, si Hinata sabía jugar bien sus cartas.
Dicho y hecho, el combate a penas duró unos pocos minutos. La sombra proyectada aún no se había movido demasiado cuando los ANBU buscaron a los nuevos contendientes. Los Kages se reservaban lo mejor para el final. Ahora fue el turno de Kiba y Akamaru contra otro de los de la Arena. Por lo que Mara pudo ver al pasar frente a su puerta, se trataba del tipo de la marioneta a la que trataba como si de una persona real se tratara. Apostaría por Kiba, pero Mara sabía que ese tipo guardaba más de un as en la manga de su marioneta.
La pelea fue de largo recorrido, acabando con la marioneta y Akamaru fuera de combate lo que condenó a decidir un vencedor en un combate de habilidades tradicionales.
La mitad de los examinados habían pasado por su prueba final, tan sólo quedaban tres combates, pero el día pasaba y las horas centrales de calor parecían estar mitigándose. El Kazekage decretó dos horas de receso para una comida ligera y, posteriormente, seguir con los demás.
En las celdas sirvieron a cada uno de los que quedaban una jarra con agua clara y fresca, algo de carne de caballo y unas pocas verduras, nada demasiado pesado para que no influyesen demasiado en el rendimiento de los oponentes.
Poco a poco, las gradas se fueron llenando de nuevo, el murmullo de cientos de voces hablando a la vez llegaba através de los corredores y los pasos apresurados de los ANBU marcaban el comienzo de la segunda parte de los combates.
El turno le llegó a Shino contra otro miembro de la Arena. El tipo en cuestión era bajito, enjuto y delgado, lo que le convertía en un adversario escurridizo y difícil de atrapar. Mara esperaba que los insectos del Aburame estuviesen más en forma que aquella vez en la que se enfrentó a él. Ésta vez, la apuesta de Mara iba a favor del de la Arena.
Durante el combate, el silencio era absoluto, cosa rara, teniendo en cuenta el griterío anterior, en su lugar lo único que se oían era el zumbido ensordecedor de los insectos de Shino y las explosiones de gas venenoso que el otro liberaba para zafarse de éstos.
Antes incluso, de oír los vítores que señalaban el final del combate, los de ANBU iban y a preparar a los siguientes. Al parecer, la multitud y los Kages trataban de agilizar lo máximo posible el tiempo de espera entre un combate y otro.
Fue el turno para el otro Hyūga, al parecer el que era el genio del clan. Promesa de la actual generación. Su adversario de la Arena iba delante de él, con el detalle de que una especie de antifaz de color negro le cubría la zona de los ojos acentuando su mirada de un extraño color violeta.
A diferencia del anterior combate, en éste, la gente estaba en completo silencio, no se oía nada. Algo desconcertante. La predicción era a favor del genio Hyūga aunque nunca se sabía que secretos ocultaba su adversario. No fue hasta el casi el final, cuando una masiva reacción de sorpresa salió de parte de las gradas. La victoria ya se había decido.
Abajo en las celdas, el ANBU le indicaba a Mara que era su turno haciendo un gesto con la cabeza para que le siguiera.
-Al fin, empezaba a aburrirme, -dijo caminando tras él mientras estiraba los brazos algo entumecidos. -¿Los Kages han dejado lo mejor para el final, eh?
No escuchó respuesta alguna por parte del shinobi enmascarado.
Al pie de una escalinata que daba al exterior, ya se encontraba su adversario. El joven corpulento al que, en un primer momento, intentó colocarle el transmisor y al que la noche anterior había amenazado en la cena, por no hablar del golpe con el taburete.
Los Kages le habían dado a ese tipo la oportunidad de cobrarse la venganza por lo de anoche y, por el Sabio de los Seis Caminos, que estaba dispuesto a aprovecharlo.
Pertrechado con una armadura de metal pulido que sólo cubría parte de su amplio torso que, a su vez, lucía descubierto, unos pantalones atados bajo las rodillas con vendajes hasta los tobillos y numerosas empuñaduras de diferentes armas que surgían de detrás de su espalda era el aspecto que presentaba el último shinobi de la Arena y adversario elegido para Mara.
-Voy a cortar tu diminuto cuerpo en pedazos con cada una de mis espadas, -dijo con voz gutural y muy amenazante. –Vas a lamentar lo de anoche.
-Intenta tocarme primero, -respondió sin inmutarse.
-Basta, los dos, no está permitida la comunicación hasta salir ahí fuera, -reprendió el ANBU. –Esto es lo que ha entregado tu sensei para el combate, puedes coger tantas armas como quieras o como puedas cargar. Una vez fuera, sólo podréis usar las que se encuentren esparcidas por la arena en caso de que perdáis las vuestras. ¿Lo habéis comprendido?
Los dos asintieron. Mara desplegó el rollo de pergamino que le había entregado el ANBU. Supuso que lo enviaba Kakashi. Contenía círculos de invocación donde se leían las palabras: "armadura" y "sai". Deshizo los sellos y aparecieron la armadura corinta que compró en la tienda de Konoha y una pareja de sais, dos pequeños tridentes manejables, perfectos para desarmar enemigos con armas largas como espadas, aunque arriesgados por requerir una distancia corta para ello. De uno de ellos colgaba una pequeña nota con la caligrafía pulcra y cuidada de Kakashi:
Espero que sepas usarlos
Mara puso los ojos en blanco, arrancó la nota y giró varias veces los sais en sus manos para hacerse con su peso y su tacto.
-¿Sólo llevarás eso? –Preguntó el ANBU ayudándola a ponerse la armadura. Ella asintió. –Bien, como quieras, así acabaremos antes.
Levantó el brazo y las puertas al final de la escalinata comenzaron a abrirse dejando entrar el estruendoso grito de júbilo de las gradas.
Lo que parcía un sol brillante, no eran más que luces artificiales que lo imitaban e iluminaban desde varios ángulos la arena de combate. Escalón tras escalón, fueron subiendo la larga escalinata de piedra, con zonas desgastadas por el trasiego de subir y bajar de los pies que los habían hollado.
Una vez fuera, en medio del área, había uno de los jueces examinadores de la Arena. Les indició que se acercasen al centro. Los dos contendientes saludaron al examinador y luego una ligera reverencia más que forzada entre ellos, pero debían cumplir con el protocolo.
Tres figuras envueltas en capas de viaje para protegerse del frío que empezaba a hacer en la noche del desierto y de las miradas curiosas de los de alrededor, se escabullían entre la multitud hasta un lugar algo más apartado en las gradas y alejado de los potentes focos, pero donde había asientos libres y mucho menos bullicio.
-Fíjate, Tobirama, hay una exhibición ninja, -dijo Hashirama bajo su capa con los ojos ilumindos como si de un niño se tratase. -¿Esto es lo que te tenía inquieto, amigo?
Madara ignoró la pregunta, tenía su sharingan activo y se movía rápidamente por las gradas en busca de lo que le traía ahí y no era capaz de encontrar. Cientos de caras que no eran la que quería ver.
De un momento a otro, el Kazekage se levantó de su asiento para presentar a los combatientes y dar comienzo al encuentro.
-Finalmente, me dispongo a anunciar el que será el último combate de este examen, -empezó. -Se enfrentarán Fugi de la Arena contra Mara Hatake.
Nada más oír el nombre, el sharingan se posó sobre la figura diminuta que se veía desde la distancia saliendo de una de las puertas enormes que daban a la arena. Apretó con fuerza la mandíbula, frunció los labios y el entrecejo y cerró los puños con fuerza, de no ser por sus guantes se habría clavado las uñas en las palmas.
-¡Qué demonios…!
-Ya me lo dirás después, ahora silencio, no hay que desconcentrar a los ninjas, -dijo Hashirama restándole importancia y emocionado por presenciar el combate. Cuando él era Hokage comenzaron las pruebas ninja pero ésas no tenían nada que ver con cómo habían evolucionado, hasta llegar a lo que estaban por ver.
Tobirama por su parte, no le quitaba ojo al estado de permanente tensión del Uchiha. Si no fuese imposible, diría que iba a invocar de nuevo al Kyūbi y arrasar con todos los allí presentes.
-¿Cuál es el problema, Uchiha? –Dijo acercándose a él sólo para molestarlo con la pregunta y la cercanía. Tobirama sonreía maliciosamente, una idea se estaba formado en su cabeza después de ver a los dos ninjas que habían saltado a la arena.
En la arena de combate, tanto Mara como Fugi se encontraban de espaldas al otro y a sólo un metro de distancia el uno del otro. Fugi con una katana en cada mano y Mara con un sai en cada mano. Permanecía con los ojos cerrados y movía los labios como si recitara algo. Adelantó uno de sus brazos hacia delante y el otro lo elevó por encima de su cabeza dejando el flanco derecho vulnerable, desde el principio quería tener las riendas de la pelea.
El silencio en las gradas era absoluto, tan sólo se alteró por la voz en grito de Gaara que indicaba el comienzo del encuentro.
