Muy buenas, os traigo la actualización de la semana, (al menos intento que sea a la semana más o menos), espero que os siga gustando la historia. Este es un capítulo más dinámico, vamos a poder ver a nuestra protagonista en acción, jejeje. Gracias por leer y se aceptan reviews con ruegos y preguntas ^^.

Capítulo 55

En el palco oficial, situado en la zona central de las gradas, dedicado a la comodidad de los Kages e invitados de alto rango, el nerviosismo de Kakashi no le pasaba por alto a la Hokage. Lo veía rascarse el cuello, recolocarse su media máscara de mil maneras a pesar de no haberse movido ni un ápice, se frotaba la cabeza como si los pensamientos se le fuesen a salir de un momento a otro y se aseguraba de que el protector de su frente, que cubría el sharingan, no se moviera una y otra vez. El comportamiento le resultaba molesto y rozando lo compulsivo.

Tsunade le hizo un gesto para que se acercara. En voz baja, le ofreció la posibilidad de marcharse y esperar a la conclusión del examen en la torre del Kazekage o, de lo contrario, en caso de querer permanecer allí, debía dejar de manifestar ese molesto comportamiento.

Ante la velada amenaza de expulsión del palco, Kakashi trató de serenarse, se situó a varios pasos por detrás de donde se encontraba sentada Tsunade para evitar que le viese, aunque sin perder de vista la arena de combate.

El silencio en el graderío era absoluto, las gargantas de los allí presentes estaban deseosas de que el discurso de su regente finalizase y poder proferir gritos de ánimo a su campeón.

En esas gradas, la emoción por el combate no era la única emoción que estaba presente: la preocupación, el nerviosismo y la ira se mezclaban con el entusiamo, la alegría y las ganas de que ambos combatientes diesen un buen espectáculo.

La atención de Madara estaba concetrada en la figura de ropas negras y armadura corinta, muy similar a que él portaba bajo la capa de viaje, estaba de cara a la zona donde él se encontraba sentado, ella seguía con los ojos cerrados y movía los labios, no le hacía falta leer sus labios para saber lo que murmuraban. Justo cuando terminó de recitar su pequeño mantra, abrió los ojos y dio un vistazo rápido a su alrededor, había pequeñas armas como kunais, varios senbon y algunos proyectiles de cerbatanas medio enterrados. Respiró hondo una vez, sabía que ya estaba por terminar el discurso del Kazekage. Apretó con fuerza los sais, afianzó su postura y exhaló todo el aire que había estado conteniendo.

-¡Empezad!

La voz de Gaara retumbó por todo el estadio y el primer choque de los metales desató las voces contenidas en un tremendo clamor que se contagió del primero al último de los asistentes.

Tobirama seguía mirando al Uchiha que no había movido un solo músculo y parecía no querer siquiera parpadear. Por un momento, cruzó una mirada con Hashirama y le hizo un disimulado gesto para que se percatase de lo que ocurría, pero éste no pareció entenderlo y siguió animando como el más entusiasta:

-¡Vamos muchacha, este combate es tuyo!

Esas palabras de ánimo sacaron del trance a Madara que le dedicó una mirada tétrica al Senju a su derecha que parecía ajeno a ello. Tobirama sabía que, si las miradas matasen, y la del Uchiha lo hacía, su hermano habría caído fulminado en ese momento sin necesidad de usar los talismanes de control. Sin embargo, una nueva ovación multitudinaria hizo que el Senju mayor se levantara en pie de un salto de la emoción y Madara dedicase su atención de nuevo a lo que ocurría más abajo.

Mara respiraba de manera agitada por el esfuerzo, presentaba algunas heridas superficiales sangrantes, pero nada de lo que preocuparse, y aún tenía sus sais mientras que su adversario había perdido todas sus katanas por desarme. Había retrocedido varios pasos y buscaba, desesperadamente, una nueva arma que empuñar, ya que ninguno de los jueces había detenido todavía el combate.

-¡Acabaré contigo! –Gritó Fugi con intención de amedrentarla para ganar tiempo. Ella torció la cabeza con una mueca burlesca en el rostro más parecida a una sonrisa sádica que a una divertida. -¡Vamos, a qué estás esperando!

Fugi se golpeó la palma de la mano con el puño cerrado de la otra, el combate iba a pasar a uno cuerpo a cuerpo y sin armas. Mara lo comprendió, quería dar espectáculo, pues lo tendría. Giró entre sus dedos los sais y se los colgó a cada lado de su cintura. Retraso su pierna derecha, subió su brazo derecho a la altura del hombro mostrando la palma de la mano, mientras que la otra estaba completamente extendida y le hizo el mismo gesto de provocación que utilizó con Shino Aburame, incitándole a atacar.

Sin esperar demasiado, el de la Arena se lanzó hacia ella, lanzándole golpes rápidos que esquivaba y paraba. El intercambio era por ambas partes, golpes de manos, puños y antebrazos, junto con esquivos rápidos y juegos de piernas hacían que todo aquel intercambio pareciese un baile sin música sólo con un metrónomo, que eran los golpes sordos de sus ataques, marcando los tempos.

-¡Ya me tienes harto! ¡Deja de moverte para que pueda acabar contigo! –Le espetó Fugi empezando a perder la concentración.

El siguiente ataque que propinó no era un golpe común, éste iba imbuido de chakra que tomó por sorpresa a Mara haciendo impacto sobre su estómago y cortando su respiración, tal y como le sucedió en el campo de entrenamiento con Gai, por suerte, la armadura detuvo lo suficiente el golpe como para que el daño fuese menor, pero fue lo bastante intenso como para que el sello se marcase sobre su piel y empezó a sentir la agitación del chakra de Kurōkami. Ese segundo de parálisis por la falta de aire fue aprovechado por Fugi para golpearla de nuevo, esta vez castigándola sobre el hombro, con intención de lesionarla y que tuvieran que detener el combate o forzarla a rendirse.

El grito que profirió resonó por encima de los de la grada. Dada la cercanía lanzó un golpe con su brazo con intención de alejarlo y poder recuperarse, con lo que no contaba es con que el ente había decidido aprovechar ese movimiento para imbuir su propio chakra en su brazo, haciendo que Fugi saliera despedido a varios metros de distancia.

La primera sorprendida fue la propia Mara, seguido de Fugi y del resto de los presentes. Comenzaba a sentir mucho calor extendiéndose por su cuerpo. Kurōkami no estaba nada contento y su chakra comenzaba a recorrerla con rapidez. Como aquella vez en el campo de entrenamiento o, más recientemente, durante la tormenta de arena en el desierto.

Se quedó estática, hacía muecas con la cara. Todos pensaron que por el dolor, más bien por no perder el control. De pronto la armadura le pesaba demasiado, la ahogaba y parecía que le comprimía sus pulmones. Sacó uno de sus sais y cortó los correajes que la sujetaban con firmeza contra su cuerpo dejando que cayese a plomo a sus pies.

-¿Qué haces? –Susurró.

-Acabar con esto, -respondió el ente en su mente.

-No, no, yo voy a acabar con esto, -contestó sin apenas mover los labios.

Kurōkami se revolvió nervioso en su interior otra vez, pero retiró parte de su chakra aunque no todo por completo. Mara cogió el otro sai y enfiló sus pasos hacia donde se encontraba Fugi tratando de recomponerse después del golpe. Con un grito de rabia asestó el primer ataque con sus armas contra los brazos descubiertos del enemigo. Fugi detuvo el impacto a cambio de una herida profunda en su antebrazo. La chica giró tratando de buscar la espalda del de la Arena con intención de inmovilizarlo y terminar con el combate. Golpeó detrás de una de las rodillas de Fugi, que se sujetaba el corte limpio con la mano opuesta, haciéndole caer de rodillas. Era su oportunidad, golpeó a Fugi de nuevo, esta vez en la espalda para hacerle caer de bruces.

La victoria estaba ahí sólo tenía que agacharse e inmovilizarle para que fuese suya. Cuando se disponía a ello, Fugi se giró rápidamente y lanzó un puñado de arena a la cara de la joven, cegándola. Fugi giró un par de veces más recogiendo a su paso una de las katanas olvidadas sobre la arena.

La expresión de sorpresa de la grada fue unánime por el giro de los acontecimientos. Kakashi corrió hacia borde del balcón del palco dispuesto a lanzarse a la arena de ser necesario. Ambos Kages mantenían su postura sin inmutarse, aunque ambos se removieron sutilmente en sus asientos. Hashirama soltó una expresión de fastidio por el juego sucio. Tobirama tan sólo chasqueó la lengua, expresando de una manera más comedida su desprecio a la acción. Por último, Madara se había puesto en pie, respiraba de manera pesada, como si contuviera el aliento, dilataba los ollares de la nariz en un intento por tomar y liberar más aire con cada respiración y sus manos asían con fuerza la baranda.

Mara soltó uno de los sais y se llevó la mano a los ojos en un intento por mitigar el ardor y escozor que sentía en esos momentos. Los nervios y el miedo se apoderaron de ella. No podía ver a su oponente. No podría ver sus ataques. Estaba perdida después de todo. Las lágrimas salían de sus ojos en un intento por aliviar y eliminar la arena que había caído en ellos, haciendo que quedasen surcos húmedos en el polvo de la arenisca que cubría su rostro.

Una risa llegó a sus oídos, era Fugi sabiéndose ganador después de todo.

-¿Quién es ahora el lobo alfa, escoria? –Preguntó con inquina utilizando las mismas palabras que ella usó la noche antes.

Ese fue el detonante para que el ente quisiera hacer algo. No la había visto luchar, sangrar, mentir e incluso robar para llegar hasta aquí para que esa escoria, como ella le había llamado la primera vez, le arrebatara la victoria que tan claramente merecía.

-Niña, yo puedo oler su chakra y puedo mostrártelo, -empezó. –Como en la prisión, ¿recuerdas?

-¿Harías eso? –Musitó. Al final, sí que estaba decidido a ayudarla. Le había cogido el gusto a esa sensación de poder liberar parte de su chakra después de tanto tiempo sellado y le sentaba bien, cada vez sus chakras estaban en mayor comunión y sintonía. Ella podía manejarlo mejor y él podía liberar cada vez más sin que ella perdiera el control.

Dicho y hecho, la imagen en tonos dorados y amarillos del chakra de rayo de su enemigo apareció ante sus ojos como si éstos hubiesen estado abiertos. Incluso veía su espada imbuída mínimamente con el elemento rayo.

-A por esa escoria, niña, -animó Kurōkami con un rugido.

Fugi se lanzó hacia ella, creyendo que estaba cegada. Lanzó varias estocadas que Mara evitó retrocediendo. Debía calcular la distancia antes de atacar. Esquivaba, retrocedía y fintaba a uno y otro lado haciendo, de paso, que su enemigo se cansase.

En la grada más alejada, los dos Senju y el Uchiha miraban con atención el nuevo giro de tuerca. Madara lucía con un rostro algo más relajado, aunque con expresión severa, había soltado la baranda y ahora tenía los brazos cruzados sobre el pecho. Hashirama seguía con atención y jaleaba junto con el público a la joven que, a pesar de ir a ciegas, no se daba por vencida. Y Tobirama asentía conforme en la misma pose que el Uchiha, sin duda la muchacha tenía potencial y recursos. Miró a Madara y recordó a su otro rival: su hermano Izuna a quien él mismo asestó el golpe que le llevó a la muerte, el lazo que unía a Madara con esa chica debía de estar al mismo nivel que el que le unía a su hermano.

-¡Menudo combate! –Exclamó Hashirama. -¡Cuánta intensidad para ser un mero examen! ¿Tú qué opinas?

-Que alguien va a tener que dar aún más explicaciones, -murmuró Madara más para sí mismo que para contestar al mayor de los Senju.

-¡Me encantaría conocerla! –Dijo Hashirama con una enorme sonrisa típica de él.

El agotamiento y el cansancio empezaban a hacer mella en ambos, pero ninguno cejaba en el propósito de derrotar al otro. Fugi seguía acosándola con golpes rápidos con la katana desde ambos lados, con mandobles verticales, horizontales e incluso con el revés. En uno de esos, cuando Mara se disponía a cambiar de posición, perdió el equilibrio al pisar uno de los kunais, cayendo de espaldas y quedando tendida cuan larga era a merced de Fugi que se acercaba a ella ahora con su espada totalmente electrificada tras acumular su chakra durante todo el tiempo que había estado atacándola sin cesar.

El griterío de las gradas aumentó y de entre todas esas voces le pareció oír una que creyó reconocer:

-¡Levántate!

El grito fue atronador, llevando implícito en la orden el anhelo de quien lo profería. En los recuerdos de Mara surgió algo que le dijo su padre en algún momento:

-Nosotros no morimos yaciendo tendidos de espaldas, sino en pie como un guerrero, con el arma en tu mano y con el honor de tu clan.

En ese momento, el escozor de los ojos pareció atenuarse, aunque no llegó a desaparecer por completo, lo que le permitió abrirlos y mirar directamente a Fugi que venía con la espada en ristre para asestar el golpe final de no intervenir antes ningún juez. Y no parecía que fuese a ocurrir en ese momento. Dejó que se acercase lo suficiente, al igual que hizo él para lanzarle la arena, y cuando vio el momento golpeó con una rápida patada ascendente la mano que sujetaba la espada mientras se dirigía hacia ella, haciendo que ésta saliese despedida por los aires.

La sorpresa de la acción y el dolor del fuerte golpe sacudieron al de la Arena haciendo que se detuviera en seco y gritara de dolor, agonía y frustración por alejarse un poco de lo que él consideraba ya un combate ganado. Mara se incorporó con rapidez quedando aún de rodillas y con un sai en su mano izquierda lo clavó con precisión en el muslo musculoso de su rival, haciéndole caer de nuevo de rodillas. Ella se puso en pie antes de que la espada que había salido volando se clavase justo donde ella había estado, la cogió con la otra mano y se situó detrás de Fugi que apretaba los dientes mientras trataba de detener con sus propias manos la hemorragia que ya teñía la arena de rojo.

Estaba de pie tras él, mirando directamente al palco principal de los Kages a la espera de que alguien la detuviera, pero ninguno de los allí presentes parecía querer bajar a hacerlo. Una vez más el silencio era absoluto, el gentío parecía no respirar siquiera. Miró directamente a Gaara primero por ser el anfitrión, y luego a Tsunade como gesto de desafío esperando una señal. Ninguno de los Kages se movió.

Mara colocó su sai apuntando a uno de los laterales del cuello mientras que la katana la dirigió sobre el otro hombro como si fuese a degollarlo en cualquier momento. Se acercó al oído de Fugi y le preguntó con un susurro:

-¿Quién es el lobo alfa, escoria?

El ninja se rehusó a responder apretando aún más los dientes por el dolor y la humillación de perder frente a toda su aldea.

-¡¿Quién es el lobo alfa?! ¡Responde, escoria! –Gritó para que todos pudiesen oírla y apretando el agarre del sai que rozaba con la fina piel del cuello.

El vencido giró ligeramente la cabeza para tratar de verla y con intención de alejarse de la afilada punta del sai, pero sólo se encontró con el filo de la katana aún más cerca del otro lado de su cuello.

-¡Tú! ¡Tú! ¡Tú! –Dijo como si implorase perdón, esta vez con lágrimas en los ojos provocadas por el dolor y la humillación.

El monstruo de la ira, la venganza y la guerra que llevaba en su sangre empezaba a degustar las mieles de las primeras sangres de sus enemigos, y sabían deliciosas en su paladar tras la victoria. De un rápido movimiento retiró sus armas y golpeó con fuerza en la espalda de Fugi quedando tendido sobre la arena, se dio la vuelta para encararla con el miedo pintado en la cara, por lo que pudiera suceder a continuación y tratando de retroceder, pero el dolor y la herida de la pierna no se lo permitían con toda la rapidez que él quería.

Siguió acercándose hasta que estuvo junto a él, levantó la katana justo como él había estado a punto de hacer con ella, para asestar el golpe mortal pero una mano la cogió de la muñeca haciendo que se detuviera. Tan concentrada se encontraba que no se había percatado de que alguien más estaba en la arena y se había acercado a ellos.

Miró a su derecha para averiguar quién se interponía entre su presa y ella. Sus ojos enrojecidos tras la irritación de la arena se encontraron con los desiguales de Kakashi. Esa mirada era nueva para él, sus ojos permanecían fijos en él, esperando la oportunidad de zafarse de su agarre y terminar con aquel pobre infeliz que había retado a la persona equivocada. El odio estaba implícito en las lágrimas causadas por los restos de arena que mantenían húmedas sus pestañas. Gracias a su sharingan podía ver con detalle cada uno de los diminutos capilares que le enrojecían los ojos dándole un aspecto siniestro. Se decidió a hablar con ella en un intento por sacarla de esa actitud en cierto grado homicida. Compadecía a Iruka y a Genma si se habían encontrado con ella, en su casa, a solas y sin nadie que parara su ataque, que sólo uno de ellos sufriera heridas graves había sido todo un milagro gracias a la rápida intervención de Yamato.

-Baja el arma, Mara, has ganado, -dijo sin soltarla y sin dejar de mirarla de cerca. –Tira las armas, has derrotado a tu rival, -repitió viendo que su alumna no reaccionaba.

Sabía que la muchacha se debatía internamente sobre qué hacer. Algo dentro de ella le pedía que se cobrase la venganza, de haber estado ella en el lugar de Fugi no estaba segura de que uno de los jueces hubiese detenido el combate, al fin y al cabo, sólo era una extraña que había aparecido de la nada y de la que no sabían a penas nada. Otra parte de ella quería obedecer, aunque eso significara dejar a su rival vivo y lamiéndose las heridas. Por todo ello, miraba con ojos serios y desafiantes a Kakashi que mantenía su agarre férreo alrededor de su muñeca, inmovilizándola e incluso llegando a hacerle algo de daño.

Tras unos segundos más de tensión, ella relajó los tendones y abrió los dedos que sostenían la katana dejando que cayese entre Kakashi y ella y quedase clavada de punta en la arena entre los pies de ambos. Sin embargo, no soltó el sai que sujetaba con la otra, sino que lo lanzó, sin dejar de mirar a Kakashi, quedando emplazado junto a la cabeza de Fugi, provocándole un ligero corte en la mejilla con la punta más larga antes de clavarse en el suelo y haciendo que otra de las puntas cortas quedase a milímetros de su ojo derecho, lo que conllevó que diera un grito del más puro temor por haber creído que su vida se acababa ahí que de dolor después del que sentía en el muslo.

-¡Mara, basta! ¡Es suficiente! –Le gritó zarandeándola para tratar de sacarla de ese trance en el que parecía haber caído. El llamado del ninja se dejó escuchar por todo el recinto. Ella dio un tirón del brazo para zafarse.

-Tranquilo, he fallado, -dijo como si fuese la de siempre. Se dio la vuelta y se dirigió hacia la enorme puerta por la que había entrado y donde ahora la esperaban dos ANBUS de la Hoja y otros dos de la Arena para escoltarla adentro y otros para llevarse al herido a que le revisaran.

Kakashi se quedó ahí plantado hasta que la enorme puerta por la que habían salido se cerró. Su cabeza trabajaba a toda máquina, de nuevo las dudas le asaltaban sobre si había hecho lo correcto animándola a hacer aquello. Primero era una joven que no tenía demasiado control del chakra y luego otra muy distinta que no tenía miedo a atacar, herir e incluso llegar a matar a su adversario, llegado el caso. Por otro lado, estaba convencido de que jamás usaría lo que quisiera que había usado en ese combate para dañar a nadie, siempre que ella no se sintiese amenazada, claro. Porque algo tenía seguro, no había fallado el lanzamiento del sai, lo había dejado justo donde ella había querido.

El ninja suspiró, se dirigió hacia el palco y asintió a Tsunade. El Kazekage se percató del gesto y se levantó para dar el discurso de clausura de esos exámenes.