Os dejo por aquí un nuevo capítulo muy revelador ^^ Gracias por el nuevo review y por todos los viewers de este mes.
Capítulo 58
Todos los allí presentes estaban estáticos asimilando lo que sus ojos veían. Los hermanos Senju se miraron entre sí con complicidad y sorpresa. Kakashi miró primero a Yamato para que se preparara para el enfrentamiento, aunque dudaba que pudieran hacerles frente a dos Hokages y al que tenía el aspecto de un Madara Uchiha en su momento más álgido de la guerra. Luego desvió la vista hasta Tsunade que miraba al que parecía ser su abuelo con un aspecto algo desmejorado y sin comprender demasiado lo que estaba pasando. Ella llegó a la conclusión que debía ser algún tipo de jutsu prohibido de reencarnación.
De repente, las mentes de todos se pusieron a trabajar a la vez gracias a la inmovilidad del supuesto Uchiha y de la joven que parecía que no querían tomar conciencia de los que les rodeaban. Madara la atraía hacia sí con una mano en la cintura y la otra detrás de su cabeza mientras apoyaba la mejilla contra el pelo y se permitía sentir ese chakra tan característico y similar al suyo. Por su parte, Mara apretaba la armadura corinta tan fuerte que creía que, de un momento a otro, el metal de ésta cedería, tenía su barbilla apoyada sobre el hombro de Madara y miraba al cielo nocturno con ojos húmedos, pero sin derramar ni una lágrima.
A su lado, un sorprendido Hashirama por la demostración de afecto la miraba con ojos abiertos de par en par y cejas alzadas en gesto de incredulidad. Debido a la mirada fija, consiguió que la suya que cruzara entrecortadamente con la de la joven, la cual seguía mostrando el sharingan, pero no parecía dispuesta a usarlo contra él, al menos por ahora. Algo era algo, pensó. En cambio, no estaba tan seguro de las intenciones de Madara en ese sentido.
Tras esos segundos, los dos se separaron ligeramente. Madara colocó entonces ambas manos a cada lado de la cabeza de ella, quien no parecía oponer resistencia alguna a su contacto. A continuación, ambos cerraron sus ojos carmesíes, agacharon la cabeza en señal de respeto hacia el otro y juntaron sus frentes, como gesto de reconocimiento del uno hacia el otro sin necesidad de intercambiar ni una sola palabra. Sin embargo, los de alrededor no lo vieron de la misma manera, sus mentes les llevaban hacia disparatados pensamientos y extrañas ideas, lo que hizo que todos comenzaran a hablar a la vez rompiendo el momento.
-¿Ese es…? –Empezó Yamato reconociendo la figura de Madara.
-¿Ellos van a…? –Preguntó Tsunade preocupada por si los tres les atacaban.
-¿Madara es tu…? –Cuestionó Kakashi.
-¿Ella es…? –Comenzó Tobirama entre divertido e incrédulo.
Pero por encima de todas las preguntas, una estentórea risa proveniente de Hashirama fue lo que llamó la atención de la extraña pareja volviendo a hacerles conscientes del mundo que les rodeaba.
-¡Por el Sabio de los Seis Caminos, amigo mío! ¡Qué alegría! –Dijo Hashirama cuando logró dominar la risa. -¡Jamás pensé que te vería así! Te ha costado años, pero tu decisión ha sido acertada. ¡Es una joven preciosa! ¡Mi más sincera felicitación por tu unión con esta joven, Madara!
Nada más decir aquello, todos quedaron en silencio. Tobirama se llevó una mano al rostro avergonzado por la incompetencia de su hermano para ver lo obvio. Mara y Madara se separaron el uno del otro y dirigieron su sharingan de tres tomoes y su mangekyō sharingan hacia él, esta vez dispuestos a usarlos. Hashirama sintió un frío recorrer su espalda, durante los muchos años de guerra había visto a Madara con él en sus diferentes formas, pero el verlo ahora con esa chica a su lado mostrando el suyo también le heló la sangre en las venas, no estaba seguro de poder hacer frente a dos usuarios de ese poderoso Kekkei Genkai.
-¿Mara? –Llamó una Kakashi dubitativo con su único mangekyō a la vista y preparado para el combate si las cosas se torcían. -¿Eres una…?
No se sintió capaz de terminar la pregunta, ante la cual, ella dejó de ver a Hashirama y enfocó su vista hacia el que había sido su supervisor, maestro, e incluso se atrevería a decir amigo, por ese corto período.
Por respuesta, ella sólo asintió, sabía a lo que se refería, y desactivó su sharingan, hecho que hizo que todos se permitiesen relajarse un poco. Pasó por alto el malentendido con el castaño que acompañaba a Madara, ya tendría tiempo de ajustar cuentas por ello.
-¿Por qué no me dijiste…? –Empezó otra vez, pero ella cortó la pregunta.
-¿Dije que era una Uchiha? ¿Dije quién era mi padre? ¿Mostré mi sharingan? Piénsalo de nuevo, -dijo de manera dura y cortante.
-¡¿Eres su padre?! –Preguntó Hashirama aún más exaltado y sonriente, si eso era posible, antes de que Kakashi pudiera replicar y sobresaltando a la chica que se volvió a mirarlo. -¿Por qué no me lo habías dicho? Oh, Madara, vaya con el viejo lobo solitario, pensaba que ibas a estar solo y, mira a esta joven, resulta que ya tenías a alguien en tu cubil. Estoy muy orgulloso de ti.
Tras esas palabras dio un par de palmadas en la espalda a Madara a modo de felicitación y complicidad que sólo recibieron una mirada fría por el gesto y el contacto. Y añadió, si era posible, un poco más de temor a que el carácter, temperamento y poder del Uchiha se desatase contra todos ellos como consecuencia.
Mientras tanto, maestro y alumna se volvían a mirar sin saber muy bien qué decirse el uno al otro en medio del alboroto que el Senju estaba formando alrededor de la figura de su padre.
-Oye, Kakashi, -empezó Mara, pero paró, tomó de nuevo aire y empezó otra vez. –Gracias, por todo lo que has hecho por mí en este tiempo, estaré en deuda contigo el resto de mi vida desde que me encontraste en el bosque. Supongo que esto es un adiós, dados los antecedentes que los Uchiha tenemos en la aldea, -llegada a ese punto, se quitó el protector y se acercó a él para tendérselo. –Creo que debería devolvértelo.
Kakashi extendió el brazo, pero en vez de cogerlo le cerró el puño sobre el protector y la hizo recoger su brazo.
-Es tuyo, te lo has ganado límpiamente, como te dije, -dijo Kakashi orgulloso. –Y sin usar tu sharingan tiene aún más mérito. Quédatelo. Siempre que quieras, podrás volver.
-Gracias, -respondió y añadió de manera cómplice: -En realidad, lo usé un par de veces.
-Si vuelves algún día, podrías contármelo junto con el resto de cosas que me prometiste que me explicarías, -dijo con algo de pesadumbre sabiendo que la despedida, o la lucha, se acercaba. Ella asintió con la media sonrisa en los labios.
-No será lo único que tengas que explicar cuando lleguemos a la aldea, Mara, -añadió Madara a su espalda. Nada más oír aquello, Kakashi apreció un estremecimiento en el cuerpo de ella, estaba en problemas. Unos problemas de los que no podía sacarla.
-No sé a qué te refieres, -respondió de manera inocente y sin volverse a encararlo. –Además, tú también podrías explicarme algunas cosas, ¿no crees? –Dijo haciendo una clara alusión a su nuevo aspecto mirando por encima de su hombro.
-¿A qué aldea te refieres? –Intervino Tsunade pudiendo intuir la respuesta.
-A la que yo mismo fundé, -respondió de manera seca Madara mirándola con los brazos cruzados sobre el pecho en gesto altivo. –Y ningún Senju puede revocar mi derecho a ello, ni el de mis descendientes, -añadió.
De nuevo, se hizo el silencio. Mara se dio la vuelta para mirar a su padre en medio de los otros dos. Antes de hacerlo, Kakashi había visto la misma expresión que veía cuando la Hokage se dirigía a ella: enfado e ira, lo que las llevaba a la discusión, la única diferencia era que su sharingan estaba de nuevo activo, ¿sería el mismo resultado con el legendario Madara Uchiha? ¿O por el contrario sería dócil? Se preguntaba el ninja de manera curiosa.
-Espera, ¿me estás diciendo que no tenía que haberme presentado a este examen infernal porque ya de por sí pertenezco a la Hoja por derecho de nacimiento, o algo así? –Preguntó con un tono en su voz una octava más aguda de lo normal.
-Tómalo como un entrenamiento de supervivencia, seguro que no ha sido para tanto, -respondió Madara encongiéndose de hombros y sin darle importancia a la amenaza que suponía su sharingan de tres tomoes.
-¿Entrenamiento? ¿No ha sido para tanto? –Dijo Mara con indignación. -¿Te parece poca supervivencia aparecer medio desangrada en un bosque? ¿Te parece poca supervivencia soportar a esa molesta Senju todo el día haciéndome salir de mis casillas? –Interrogó señalando a Tsunade, quien tragó con fuerza al sentirse mencionada ante el enemigo natural de su clan. -¿Te parece poca supervivencia soportar toda la presión para que no descubriesen mi sharingan y…? Ya sabes, -dijo desviando sus ojos hacia abajo y transmitiéndole que se refería al sello del ente que portaba. -¿Te parece poca supervivencia atravesar este desierto sola, sin provisiones y sabiendo que en cualquier momento iba a morir deshidratada? ¿O tal vez no te parezca para tanto que me haya enfrentado a ese tipo de las katanas con sólo dos malditos sais?
Esa vez fue el turno de Kakashi de tragar algo en su garganta que se había secado de repente. Quizá esas palabras que había dicho en ese arranque de ira tan caracterísca en ella y sin pensar en las consecuencias para ella misma y para los allí presentes.
Madara seguía impasible a sus palabras, a su sharingan y a su estado de ofuscación. Miró a los otros, esas cuestiones no eran para discutirlas frente a otros, sino para hacerlo en la intimidad de los terrenos del clan.
-He cumplido mi promesa, he vuelto por ti, tal y como te dije, -dijo el Uchiha acercándose a ella. –Ahora camina hasta la aldea y deja de ser una molestia.
-Vamos, Madara, la chica sólo pide un respiro, -dijo Hashirama tratando de aliviar la tensión, pero cuál fue su sorpresa al verse interrumpido por la muchacha.
-Tú, no te metas, -dijo apuntándole con un dedo acusador. –Esto es entre él y yo, así que, no intervengas. A menos que seas también un Uchiha, cosa que dudo, esta no es tu guerra.
Por su parte, Madara estaba satisfecho de la salida que había tenido con Hashirama, no así con lidiar con el malhumor de su hija, lo que le hizo torcer el gesto.
-Camina, Mara, -dijo en un tono de voz lo más sereno que pudo, aunque con los dientes apretados, expresión seria y su mangekyō sharingan brillando en su mirada. Amenaza velada que sobrevolaba a todos los allí presentes. La joven conocía esa expresión en el rostro de su padre, estaba tensando demasiado la cuerda y ésta, amenazaba con estrangularla si seguía forzando aquello.
Por fin, rendición. Mara torció la cabeza a un lado y trató de ocultarse tras el pelo, acción que aprovechó para darle un rápido vistazo a Tobirama que permanecía en silencio y analizándola con diligente escrutinio y mirada divertida. El Uchiha comenzó a andar siguiendo el camino firme entre las dunas del desierto y esperaba que los dos Senju y ella les siguiera, mientras ignoraba al resto de los presentes en deferencia a Hashirama.
-Vale, pero pienso quejarme todo el camino, -añadió. Su típico: "morir matando". Sin que lo esperara, Madara se volvió hacia ella y se situó a menos de un metro de ella en dos rápidas zancadas.
-Si vuelvo a escuchar una sola queja, mocosa, harás el camino corriendo, portando mis armas y no tendré piedad de ti en lo que a comida se refiere, -amenazó. -¿Te ha quedado claro? -Típica pregunta trampa. Ella sólo levantó las palmas de sus manos en señal de rendición y asintió. –Y vosotros dos, ¿a qué estáis esperando? Poneos en marcha, -ladró a los dos hermanos.
Madara comenzó a andar de nuevo, la joven miró a los otros dos de extraño aspecto, sobre todo al albino con el extraño casco de metal enmarcando su rostro y las delgadas marcas rojas en el rostro, dos casi horizontales en cada una de sus mejillas y otra más, vertical, en el centro de su barbilla. Éste le hizo un gesto al de largo pelo castaño que saludaba con la mano de manera afable a Tsunade y el resto de lo que quedaba del grupo de Konoha. Sin cruzar más palabras, los tres fueron en pos de Madara que ya se había adelantado unos metros.
Ahí quedaron los otros tres ninjas y la Hokage, plantados en medio de la arena sin saber muy bien qué hacer, tan sólo estaban de acuerdo en que iniciar una batalla no les beneficiaba en nada y mucho menos si se dirigían a Konoha.
Tsunade se hincó de rodillas en la arena y sujetó su cabeza entre sus manos, los otros tres pensaron que era un intento por pensar en alguna solución, pero lo cierto era que se culpaba a sí misma. Pensaba que esto estaba sucediendo por su culpa.
-Lo lamento, -dijo cuando parecía algo más serena. –Esto es la mala consecuencia de mi apuesta.
-¿De qué habla, Hokage? –Preguntó Yamato acercándose a ella para tratar de ayudarla y reconfortarla de alguna forma. Tsunade se puso en pie, cogió aire de manera sonora y comenzó a hablar:
-Kakashi, te nombro mi sucesor, -dijo sin un atisbo de duda en su voz, lo que les daba a sus palabras un cariz de sentencia en firme que caía como una losa sobre los hombros del ninja que no daba crédito a todo lo que sus ojos y oídos estaban percibiendo esa noche. –Cuando lleguemos a la aldea lo ratificaré ante el Consejo, no pondrán objeciones a mi decisión.
-Pero, yo, esto, no puedes, -empezó Kakashi, incapaz de ordenar sus frases en la cabeza para expresarlas de una manera coherente.
-Es mi culpa, aposté por que esa chica podría convertirse en un activo valioso para nuestra aldea, -respondió Tsunade comprendiendo la enorme montaña de dudas que asaltaba a su mejor ninja. –Tú me convenciste de ello y así lo ha demostrado en el examen, pero ya sabes que no se me dan bien las apuestas, no podía salir todo tan bien. El pago por esa apuesta es tener que lidiar con lo que parecer ser un Madara Uchiha rejuvenecido, a pesar de que debía estar muerto, por no mencionar que es probable que controle de alguna manera al Primer y Segundo Hokage, mis antepasados. Es demasiado con lo que lidiar a mi edad, Kakashi. Además, pareces llevarte bien con ella, puede que interceda por ti y Madara no te mate en la primera mirada que le dediques a su… -Tras una breve pausa encontró cómo se pronunciaba la palabra que buscaba: -Hija.
Dicho esto, la Hokage saliente se acercó al ninja y le puso el sombrero que indicaba la toma del puesto. Kakashi sintió el peso sobre su cabeza. Los tímpanos le zumbaban como si un kunai explosivo le hubiera impactado de lleno. El corazón le latía desbocado por el cúmulo de sentimientos y sensaciones que le recorrían. Su cerebro había sido bombardeado con demasiada información que digerir y de la cual quedaba mucho por saber.
Por ahora lo único que sabía era que esa adorable, a su manera, chica por la cual creía que había empezado a sentir algo era una Uchiha y portadora de un magnífico sharingan completo de tres tomoes, era hija del legendario líder del casi extinto clan Uchiha: Madara Uchiha y que habían decidido establecer de nuevo su residencia en la aldea de la que ahora, parecía ser, era el Sexto Hokage.
-Muy bien, Bakakashi, a ver cómo sales de ésta, -se dijo a sí mismo mientras contemplaba las cuatro figuras encaminarse hacia el horizonte con paso decidido.
