Muy buenas lector s, os dejo un nuevo capítulo, cortito, eso sí, pero gracias por esas views, me hacen mucha ilusión y por lsa reviews. ¡Disfruten!

Capítulo 67

-Kakashi, Hokage, -se corrigió el propio Yamato al darse cuenta del nuevo título de su amigo y compañero. –Todos están listos, ¿estás seguro de que esto saldrá bien?

-Eso espero, -respondió Kakashi tratando de esconder la inquietud. Lo cierto era que no estaba nada seguro de que aquello saliese bien. –Intervendré si la conversación acaba y empiezan a aflorar los kunais.

-El primer y segundo Hokage siguen con ellos, -apuntó Yamato. –Si entrásemos en combate, no creo que pudiésemos vencer.

-Por suerte, Bee y Naruto están aquí, como Jinchūrikis serán de ayuda, -y añadió. –Espero no tener que llegar al enfrentamiento Yamato.

-¿Qué crees que querrá Madara? –Preguntó una vez más el ANBU.

-Ojalá fuese un techo y comida y nada más, -respondió Kakashi soltando el aire, -pero me temo será algo peor. Desde hace meses llegan informes de ataques a Jinchūrikis y está ese grupo, Akatsuki, si mi intuición no falla después de tantos años, algo me dice que todo ello y Madara están directamente relacionados.

-¿Y…?

-Y no sé dónde encaja ella en todo esto, -dijo asomándose a la calle desde la azotea que utilizaba como atalaya de observación. –Toma tu posición.

Dicho y hecho, tras esa sencilla orden el ANBU desapareció. Kakashi sabía que se mezclaría con los demás viandantes.

Abajo en la calle, los primeros puestos eran de souvenirs de Konoha y de comida para el camino que les esperaba a los viajeros que iban y venían. Por allí podía verse el fluir de la actividad comercial. No había duda de que era una aldea viva con gentes hospitalarias que te mostraban una sonrisa al pasar. Hasta que descubriesen que era una Uchiha.

Los pensamientos negativos pululaban como moscas molestas en su cabeza y que no conseguía ahuyentar. La verdad era que ya llevaban recorridos los primeros metros desde la puerta hasta el comienzo de una de las calles principales y nadie había reparado en ellos. Los cuatro habían descubierto sus cabezas de la capa de viaje. El aspecto de los hermanos suscitaba comentarios en voz baja y miradas curiosas, pero nada más. Todo estaba saliendo bien.

Cuando los cuatro llegaron al comienzo de los primeros puestos, uno de los comerciantes se le acercó ofreciendo unos dangos.

-¿Un pequeño bocado para viajeros hambrientos?

Mara observó a Madara que permaneció serio, no hacía falta preguntar, ya había averiguado la respuesta. Mara se giró hacia el vendedor le sonrió y negó con la cabeza.

-¡Mira abuela! ¡Es la extraña que me regaló las gafas protectoras! –Gritó una voz infantil tirando de una manga a la señora mayor que estaba con él y señalando en su dirección. La anciana se ajustó las gafas redondas sobre la nariz y enfocó mejor la vista. Tomó al nieto de la mano y se acercó a ella.

-Muchísimas gracias, jovencita, -dijo con una sonrisa desdentada. –Gracias a tu regalo mi nieto aprobó el examen de acceso a la Academia. Ojalá pudiera pagártelas. Ya sé, lavaré y coseré tu capa de viaje, la dejaré como nueva.

Antes de que Mara se diera cuenta, la señora mayor ya había deshecho el nudo que la mantenía sobre sus hombros.

-No hace falta… -Se resistió intentado no sonar descortés.

-No es molestia, vamos, vamos, -decía mientras la hacia girar sobre ella misma para quitársela.

Cuando terminó de dar la vuelta la mayoría de los allí presentes soltaron un gran "¡Oh!" al ver el símbolo del abanico de los Uchiha en la espalda del haori.

-¡Uchiha!

-¡Es una Uchiha!

-¿Una Uchiha?

Cuchicheos y murmullos que fueron creciendo de intensidad hasta ser un clamor. Madara se había cruzado de brazos, había previsto que algo así pasara, cerró los ojos e inclinó levemente la cabeza tratando de controlar su sharingan que pugnaba por activarse. A su espalda un preocupado Hashirama le pedía que mostrase aguante y contrición, que dejara que se aplacasen las voces y que la sorpresa pasase.

-¡Lárgate! ¡No queremos otra vez a esos traidores aquí! –Gritó un hombre escondido entre la multitud.

-¡Sal y da la cara, cobarde! –Gritó Mara en respuesta.

-Cállate y no te muevas, -indicó Madara, demasiado sereno.

Las voces se acallaron cuando la primera sorpresa pasó, ahora sólo había una turba de gente frente a los otros cuatro y apenas unos cinco o seis metros entre la primera fila y ellos. De entre la multitud una cabellera rosa salió al frente, le sonreía y saludaba con la mano. A su lado estaba Ino.

-Me alegro de verte de vuelta, Mara, -dijo Sakura. Por todos era sabido en la aldea la debilidad que tenía la joven Haruno por el que creían era el último de los Uchiha, Sasuke Uchiha, desertor desde hacía unos años. –Deberías venir a verme al hospital dentro de unos días, deberías pasar un chequeo médico después de las pruebas.

-Eh… Yo… -Empezó la muchacha dubitativa mirando una vez más a Madara. –Supongo que podría pasarme.

-Dudo que el Hokage quiera Uchihas de nuevo, después de lo de Sasuke, -dijo otro de los presentes.

-¡Pues yo quiero que se quede! Uchiha o no, -dijo Inoichi Yamanaka saliendo de entre la multitud y situándose al lado de Ino, su hija. –Esa chica sería un valioso activo para la seguridad de la aldea. Nos ayudó a mi equipo y a mí en la Unidad de Comunicaciones a impedir la filtración de información sensible. Así que, como líder del clan Yamanaka, hablaré con el Hokage en favor de esa Uchiha.

-¡Yo también quiero que se quede! ¡La Bestia Verde de Konoha sabe ver el fuego de la juventud en ella! –Dijo Gai desde una de las cornisas de un edificio que trataba de escalar con Lee.

-Uchiha o no, es una buena ciudadana, -dijo otro joven tratanto de salir entre codazos de la multitud allí convocada. –Vino a entregar dinero a la comisaría, a pesar de habérselo podido quedar, ¿cuántos de vosotros haríais eso? Como miembro del clan Hyūga, quiero que se quede.

Varios ladridos se escucharon para apoyar las propuestas de apoyo para que se quedase en la aldea.

-¡Bien dicho, Akamaru! –Dijo Kiba desde uno de los puestos de dangos. –Como miembro del clan Inuzuka tengo buen olfato para descubrir traidores, ¡y ella no lo es! Mara, Akamaru te ha echado de menos en el viaje de vuelta.

Los dos Uchihas sospechaban que no era Akamaru, sino el propio Kiba quien la echaba de menos. El rostro de Mara se encendió un poco más si era posible por ser el centro de atención y sobre quien se dirigían aquellas buenas palabras. Por su parte, Madara apretaba con fuerza los dientes, no sólo tenía que encargarse del asunto de ese Kakashi Hatake, sino no que ahora también debía añadir a la lista a ese Kiba Inuzuka y a ese otro Hyūga.

-¡Estáis todos locos! ¿Es que no lo veis? ¡Es una Uchiha! ¡Nos traicionará, atacará la aldea y, cuando menos os lo esperéis, nos matará a todos! ¡Ya atacó a dos jōnnin! Yo los vi cuando llegaron malheridos al hospital.

-Y ya pagó por aquello, yo me encargué de ello, -contestó una voz femenina, esta vez desde uno de los puestos de bebidas. La melena rubia sujeta en dos coletas bajas, su fiel acompañante Shizune y la botella de sake cerca la hacían inconfundible. Mara se encogió, ahora empezaba lo peor.

-Senju, Tsunade, ¡Hokage! –Empezó Mara en tono de súplica. Sabía todo lo que había hecho con ella y contra ella. No le había puesto las cosas nada fáciles durante esos días atrás. Una sola palabra y estarían fuera de la Aldea, o entrando en batalla, y no deseaba ninguna de las dos posibilidades. –Sabes que yo no…

-No sabía que eras una Uchiha hasta hace un par de días, -dijo Tsunade sin dejar el pequeño vaso de sake. –Reconozco que no me gustáis, ni antes ni ahora. Pero hice una apuesta, aposté contra ti y perdí, y tú y él, -señaló a Madara con la botella de sake en la mano. -Ganásteis una segunda oportunidad en la aldea.

-Hokage, gracias, -dijo Mara con esa media sonrisa en los labios.

-Ya no tienes que llamarme así, -corrigió Tsunade.

-¿Ah, no? ¿Y quién es ahora el Hokage? –Preguntó Hashirama observando con detalle a la que era su nieta, no había cambiado en nada y con el paso de los años, cada vez se parecía más a él.

-Supongo que os estará esperando en la torre para comunicaros las condiciones que el Consejo ha puesto a vuestra estancia aquí, -explicó. –Deberíais ir, no le gusta que le hagan esperar. ¡Venga, despejad el camino! ¡Apartaos! ¡Se acabó la fiesta!

Inmediatamente, la multitud volvió a sus quehaceres, se acabaron las quejas sobre la estancia de aquella Uchiha allí. Ahora la nueva pregunta que circulaba de una boca a otra era quiénes eran los otros tres, por el gran parecido que tenían con el primer y segundo Hokage y con Madara Uchiha. Todos habían ido alguna vez al Valle del Fin, donde se levantaban sendas estatuas de los dos líderes del clan.

Cuando avanzaron unos metros, Mara se puso a la altura de Madara y le hizo un gesto para que se inclinase, éste accedió, ella dijo unas palabras en su oído mientras miraba a los dos hermanos y luego sonrió.

-Oye, Hashirama, tengo entendido que tienes algún parentesco con esa Senju, -dijo señalando a Tsunade que les estaba mirando con ojos brillantes de emoción. –Supongo que podríais quedaros aquí con ella mientras nosotros vamos a hablar con el nuevo Hokage.

Los dos Senjus asintieron a modo de agradecimiento y se dirigieron hacia donde estaba Tsunade. Esta separación de Madara sería un buen momento para ponerse al día en las novedades del clan, la aldea, lo que acontece en ese tiempo y sobre todo disfrutar de la compañía de su única nieta.

Por una de las calles laterales, comenzaron a oírse unas rimas algo absurdas, seguidas de risas descontroladas provocadas por las letras algo picantes. Naruto y Bee se acercaban a la zona donde se había formado el revuelo en busca de una explicación.

Cuando llegaron, no quedaba ninguno de los conocidos que habían salido en defensa de la Uchiha que aclarase lo sucedido. En cuanto se detuvieron en el punto exacto donde Mara había permanecido parada, los dos jinchūrikis se llevaron instintivamente una mano a sus sellos. Los sellos de sus respectivos Bijūs se habían marcado en sus pieles. Ambos entes estaban agitados, podían oler de nuevo ese chakra.

-Oye, Bee, -dijo Naruto frotándose el estómago. –La última vez que sentí esto, fue cuando Kakashi sensei se llevó a esa chica al campo de entrenamiento. ¿Qué quiere decir?

-Que es posible que pronto tengamos a alguien más con quien entrenar, Naruto, -respondió Bee. –Naruto y Bee/entrenan así/y pronto verán/a la nueva jinchūriki.

-¿Pero qué estás diciendo? ¿Que esa chica es un jinchūriki también? –Preguntó Naruto entrecerrando los ojos haciendo que su rostro pareciera aún más zorruno. –Pero eso no puede ser, las otras Bestias con Cola las capturaron los de Akatsuki.

-Debemos pensar/y aguardar/pronto sabremos/qué será, oh yeah, -dijo Bee con una nueva rima.