Muy buenas, después de muchísimo tiempo, más del que me gustaría he decidido subir un capítulo nuevo de mi historia. Probablemente, ya la tengáis más que olvidada, pero sigo he vuelto a la escritura y allá vamos. Gracias por leer y no olvides dejar tu review.

Capítulo 69

Mara se acercó a la silla desocupada. La separó unos centímetros más de la mesa y tomó asiento ante la mirada escudriñadora del anciano sentado frente a ella. El nuevo Hokage, a su parecer, era un viejo anclado en las viejas costumbres y tenía muy presente y arraigado el odio hacia los Uchiha. Mientras lo miraba, Mara llegó a la conclusión de que debía ser solo unos pocos años menor que su padre, por lo que debía ser un crío cuando Madara decidió atacar la aldea. Y si eso era verdad, podría resultar un problema para su estancia en Konoha.

Después de unos segundos en los que ambos se analizaron, la atención pasó a la otra figura sentada en el sofá marrón junto a uno de los laterales de la habitación. Era una anciana, de edad similar a la del hombre sentado al frente. Las arrugas en la frente y algunas manchas en las mejillas delataban su edad, probablemente, la esposa o alguna consejera, o ambas cosas, apuntó Mara en su mente.

Por último, la figura que estaba de espaldas seguía en la misma posición, había sacado los hombros por la ventana y en contraste con el sol de cara le fue imposible saber quién era. Antes de que pudiera preguntar la reunión comenzó.

-De modo, que tú eres la mencionada hija, -dijo el anciano colocándose bien las gafas con montura dorada sobre la nariz. –Recuerdo haberte visto por la aldea antes, ¿me equivoco?

Mara negó con la cabeza.

-Tsunade y Kakashi me han puesto al corriente de tu aparición en el bosque y todo lo que ha acontecido después, -dijo sin entrar en detalles. -¿Es cierto todo lo que han dicho?

-Supongo que sí, -dijo dándole un rápido vistazo a Tsunade. –Lo bueno y lo malo, a decir verdad.

-Descarada, -dijo la anciana en el sillón mientras escribía algo con una pluma ostentosamente dorada en contraste con la mano cetrina y huesuda.

-Bien, debéis acatar las normas acordadas, -dijo en anciano retomando el hilo de la conversación. –Eso te incluye también a ti. Tu padre, como líder de lo que queda del clan, las ha aceptado sin condiciones.

-¿Qué normas? –Preguntó confundida de que Madara hubiese aceptado sin contemplaciones.

-Estaréis confinados en el barrio Uchiha, tan sólo saldréis cuando el Hokage os convoque y habrá siempre un escuadrón de cuatro ANBUs vigilándoos día y noche.

-¡Ése es un régimen carcelario! –Exclamó con indignación. -¡No somos criminales! Además, tengo esto, -dijo señalándose el protector de Obito con el símbolo de la Hoja. –Tsunade dijo que si conseguía esto el permiso de residencia sería extensible a mi familia, bien, pues él es mi familia, os guste o no.

-En base a los anteriores actos de Madara Uchiha, los privilegios de ese protector quedan anulados. Debemos cuidarnos de que no se vuelvan a repetir, y ya estamos siendo bastante laxos en permitiros estar aquí, -dijo el anciano con calma conocedor de las voces que se levantaron a favor de la muchacha en la calle principal. –Fueron miles de ryus en pérdidas materiales, por no hablar de las vidas humanas, de los que es el único culpable.

-¡Ah! ¡Al fin hablas claro, anciano! –Exclamó Mara colcando ambas manos sobre la superficie de la mesa y levantándose del asiento como si se hubiese activado un resorte para darle más énfasis a sus palabras. –Así que lo que quieres es… Digamos… Un gesto de buena voluntad, ¿no?

-Mara, compórtate, -masculló Madara cansado de aquella reunión. Ante lo que ella se giró lánzandole una mirada confusa. Su padre no habría aceptado tan pronto las condiciones, ni se habría rendido sin tratar de negociar, como parecía que era el caso. ¿Qué demonios le pasaba? Parecía totalmente distinto desde su rejuvenecimiento en comparación con el viejo Uchiha que creía conocer.

-Queremos manteneros vigilados y el compromiso de que no intentará nada contra la aldea, cosa que te incluye como descendiente, -continuó el anciano dando rápidas miradas a la señora mayor en busca de ayuda y apoyo.

-Estamos en una época en la que las Cinco Grandes Naciones nos hemos unidos bajo un frente común, y si es cierto lo que nos ha dicho, entonces hemos de cuidarnos bien los unos a los otros en esta época que nos ha tocado vivir, eso incluye cuidarnos de posibles traidores, -dijo la anciana con un tono de amenaza en sus palabras. –No sería difícil pedir a las otras aldeas que emprendiesen acciones contra vosotros y os borrasen de la faz de la tierra.

-Oh, señora, ¿nos está amenazando abiertamente? –Preguntó mirando a Madara una vez más en busca de complicidad y apoyos. –¿A nosotros? A mí me ha parecido una amenaza, ¿tú qué opinas?

Madara se había cruzado de brazos, sabía a qué juego quería jugar esa mocosa, les estaba llevando justo hacia donde quería, sin duda había heredado el don para las negociaciones que tenía su hermano Izuna. Aunque sabía que no había nada que hacer, si quería conseguir lo que se proponía debía dejar su orgullo un poco más hundido y aceptar aquellas condiciones carcelarias.

-¡Mara! Compórtate, -recordó Madara, dos de los tres Senjus a sus espaldas habían conocido lo que podía llegar a conseguir si entraban en ese juego. La última de los Senju lo había incluso sufrido en carne propia. Lo que ella llamaba "negociar" no era más que "embaucar" o, incluso, "chantajear" para llevarte a su terreno donde ella ponía las reglas, las condiciones y las normas. Justo como había hecho al prestar su ayuda en el incidente de Comunicaciones y como había hecho con los guardias de la entrada de la aldea.

-Debería saber, señora, que el órdago sólo se suelta cuando se tiene una mano ganadora, pero gracias por jugar, -dijo Mara con esa media sonrisa de superioridad dirigiéndose a la anciana. –Bien, nuevas negociaciones, esta vez yo pongo las condiciones.

-¡Ni se te ocurra intentar amenazar…! –Empezó a decir el anciano elevando el tono de voz demasiado para concordar con su cuerpo enjuto.

-¡Es usted el que ha amenazado a los Uchiha! Y no a cualquier Uchiha. ¡Es usted quien juega con las vidas de esas personas! –Espetó Mara señalando el exterior y con la mirada negra fría y fija en el enjuto anciano que parecía haberse encogido aún más. –Ahora vamos a jugar con mis reglas si de verdad está pensando en salvar la vida de esas personas.

-¿Es que no te han enseñado a acatar las normas y las decisiones de tu líder? –Preguntó la anciana apretando con fuerza la pluma dorada, tan fuerte que los nudillos estaban aún más blancos que el resto de la piel. –Debería darte vergüenza desacatar una decisión de tu padre y líder de tu clan. Si no eres capaz de hacer eso cómo van a ser capaces de obedecer las órdenes del Hokage.

-¡Escúcheme! –Exclamó golpeando la mesa con ambas manos ante el comentario despectivo. Madara seguía en su actitud pasiva, sin intención de ayudar en esta guerra que había decidido librar ella sola, tenía sus motivos, necesitaba la actitud favorable del Hokage. –Estas son las nuevas normas: nos moveremos libremente por la aldea mientras haya sol, el escuadron ANBU sólo estará formado por dos integrantes. Y esto sólo será durante un período de prueba, comprendido por treinta días, pasado el cual, y si no ha habido altercados, quedan todas anuladas.

-¿Qué? Eso es una locura, -dijo el anciano entre sorprendido y temeroso. -¿A cambio de qué? ¿De vuestra palabra? ¡Eso no vale nada! ¡La palabra de un Uchiha no vale de nada!

Madara golpeó el reposabrazos con el puño cerrado tras escuchar esas palabras, los insultos de aquel anciano empezaban a colmarle la paciencia, ya de por sí mermada después de su charla a solas. Tenía la mandíbula apretada y su expresión impasible había desaparecido. Mara se volvió a mirarle sorprendida, aprovechando que su pelo cayó como una tupida cortina ocultando sus gestos, le hizo un gesto a su padre para que se tranquilizara y vocalizando despacio le dijo al anciano:

-De acuerdo, lo haré a tu manera.

-Mara, compórtate, -fue lo único que repitió una vez más con la mirada fija en ella, de no haber estado presente ese nuevo Hokage y la anciana le habría mostrado su amenazador sharingan para tratar de amedrentarla.

Sin esperar confirmación por parte de Madara, la joven se volvió hacia el viejo otra vez.

-¿Sabe qué? Tiene razón, -concedió volviendo a sentarse en el asiento y realizando un cambio de estrategia. –La palabra de un Uchiha no vale de nada y menos aún la de Madara Uchiha, ¿verdad? A saber cuántas veces y cuántos de nosotros traicionaron a la aldea y al Hokage.

-¿A dónde quieres llegar, muchacha? –Preguntó el anciano intrigado, conocedor de los movimientos que el Tercer Hokage llevó acabo con Itachi Uchiha y lo que le empujó a hacer.

-A que la palabra de un Uchiha no vale de nada, pero su dinero sí, ¿verdad? Quiere un gesto de buena voluntad por parte de Madara Uchiha y de lo que queda del clan Uchiha, ¿no?

-¿A qué te refieres? –Preguntó una vez más.

-Madara Uchiha se compromete, como gesto de buena voluntad para con la aldea de Konoha, a pagar el importe al que ascendieron los daños causados tras su ataque con el Kyūbi, asimismo, añadirá al pago un suplemento para que se distribuya entre las familias, viudas y huérfanos que dejó el incidente.

-¡Mara, te has vuelto loca! –Dijo Madara por lo bajo sin poder creer lo que acababa de proponer su hija, ni en toda su nueva vida podría reunir esa cantidad de dinero. No había podido llegar a contar el dinero del rollo que mostró en la garita, pero no estaba seguro de que fuese suficiente. ¿Cuánto dinero habría en ese rollo? ¿En qué tipo de apuestas estaba metida esa mocosa? Ya tenía demasiadas cosas en la cabeza como para añadir los secretos de su vástago.

La chica levantó una mano para que la dejase continuar. El gesto y la tranquilidad que demostraba ahora no pasó desapercibida para los tres Senjus. Era determinación. Determinación por hacer ver que su padre no era el monstruo que todos habían escuchado que era.

-Bien, como quieras, pero en caso de no poder pagar lo prometido, por lo elevado de la suma, -respondió el anciano con una sonrisa malévola que estiraba las comisuras de sus labios acentuando aún más sus arrugas. -Estaréis a disposición de la aldea de por vida hasta que saldéis la deuda y, si con vuestras vidas no fuera suficiente, vuestros descendientes deberán seguir pagándola.

-Trato hecho, -dijo Mara con rapidez. –Ahora os sugiero que vayáis a por el libro de cuentas.

-Mocosa insolente, -siseó la anciana saliendo por una puerta lateral que comunicaba con un archivo seguida por el anciano.

La habitación quedó silenciosa. Madara se inclinó hacia su hija y le susurró:

-Espero que sepas lo que estás haciendo, porque estarás el resto de tu vida salvando gatos de árboles y llevando las compras a alguna anciana, -dijo mencionando las misiones de más bajo rango que se les daban a los niños de la Academia. –Y tú y yo vamos a hablar largo y tendido sobre acatar órdenes.

-Tú eres quien las acata demasiado rápido, -murmuró en respuesta. -¿Qué pasa contigo?

Antes de que Madara pudiera responder, la persona que quedaba de espaldas a la habitación habló y cortó la conversación entre cuchicheos de ambos Uchihas.

-Siempre has apostado fuerte, -dijo la figura que había pasado desapercibida en la ventana. Se apartó del ventanal y se mostró a los allí presentes.

-¡Kakashi! –Exclamó Mara sorprendida y desviando la atención de Madara hacia él. -¡No te había reconocido! ¿Por qué no has dicho nada en todo este tiempo?

Madara miró con odio al recién nombrado Hokage y tampoco le gustó la repentina alegría de la que estaba haciendo gala la joven. Ese Hatake era una piedra en el zapato que tendría que sacudir llegado el momento. Sabía muy bien lo que había prentendido con ella desde el primer momento.

-Menudo idiota tenéis por Hokage, -susurró para que el par de ancianos no la oyesen desde el otro lado del archivo. –Por suerte os durará poco.

-Ejem… -Dijo Tsunade fingiendo carraspear. –Mara te presento al nuevo Hokage, Kakashi Hatake, pero creo que ya os conocéis, -añadió con sorna.

-¿Hablas en serio? ¡Vaya! No sé qué decir, -dijo confundida. No sabía si debía ponerse en pie y hacerle una reverencia formal, descartó el alcanzarle y darle un abrazo ya que había demasiados ojos mirando y, finalmente, se decidió por hacerle un gesto amable con la mano y añadió: -Enhorabuena, supongo, es una gran responsabilidad. Intentaré ponértelo más fácil que a ella, -dijo con esa media sonrisa que conocía tan bien e indicando con el pulgar a Tsunade que se encontraba tras ella.

Antes de que ninguno pudiera decir más, tocaron a la puerta, ésta se abrió y apareció Shizune, la secretaria del Hokage.

-Lamento interrumpir, pero hacía tiempo que no escuchaba nada y pensé que… -Empezó a decir, pero se calló.

-Tranquila, Shizune, estamos haciendo un descanso en las negociaciones, -dijo de manera cordial Kakashi mientras tomaba asiento frente a los dos Uchiha. -¿Es algo para mí?

-No, en realidad es para ella, la trajeron mientras estábais en los exámenes, -dijo agitando un pequeño paquete marrón. Mara se giró hacia ella que le tendió la caja para que la tomara. Nada más soltarla volvió a desaparecer tras la puerta principal con una ligera reverencia.

Mara inspeccionó el paquete, no podía haber llegado en mejor momento ni en mejores condiciones. Sonrió para sí misma. Se aclaró la garganta, lo colocó sobre la mesa y lo empujó con un dedo hacia la dirección de Kakashi.

-Esto es un regalo personal para el nuevo Hokage, -aclaró sin quitar esa sonrisa que, una vez más, volvía a tenerle encandilado. –Por las molestias que te he causado durante todos estos días y por las venideras.

-Mara, no es necesario, no has sido ninguna molestia para mí, -empezó a decir Kakashi volviendo a acercar el pequeño paquete hacia ella y mirando intermitentemente a Madara que no le quitaba ojo de encima.

-Insisto, -dijo devolviéndolo de nuevo hacia él. –Tómalo como otro gesto de buena voluntad si quieres.

Madara gruñó, él no tendría ningún gesto de buena voluntad con ese Hokage de medio pelo. Y no le agradaban esas sonrisas ni ese intercambio implícito de cumplidos. A sus espaldas Hashirama golpeaba en el brazo a su hermano para que prestara atención a la escena.

-Venga, ábrelo, -instó haciendo un gesto con las manos para que se apresurara en hacer lo que le decía. Estaba más ilusionada ella por ver su reacción que él mismo. –No hay ningún kunai explosivo ni ninguna ampolla de gas venenoso. Lo juro.

Ante la insistencia, Kakashi cedió a sus deseos. Empezó quitando los cierres de seguridad a cada lado del bulto. Luego levantó la pestaña que hacía de cierre y la abrió. Frente a él había un pequeño dispositivo del tamaño de un libro de bolsillo, con lo que parecía ser algún tipo de pantalla similar a las que había visto en la sala de Comunicaciones. Por el aspecto parecía no pesar demasiado, aunque no tenía ni idea de lo que podía ser.

-Gracias, por… Esto, -dijo Kakashi sin saber cómo nombrarlo.

-No sabes lo que es, ¿verdad? –Dijo algo desanimada.

-Ni él, ni nadie de los que estamos en esta habitación, -dijo Tsunade que se había acercado curiosa a ver el contenido de la misteriosa caja.

-Si esto sale bien, -dijo pasando por alto el comentario de la Senju y haciendo un gesto con la cabeza para indicar a los dos ancianos que aún andaban perdidos en la sala anexa. –Estaré encantada de explicarte cómo funciona, aunque ya no tiene mucho sentido, ya que siendo Hokage no harás misiones fuera de la aldea.

Justo en ese momento, los dos ancianos salieron del archivo, el hombre portaba un enorme libro de cuentas con tapas azul marino envejecidas por el tiempo y el polvo. Lo puso sobre la mesa del Hokage, justo entre Mara y Kakashi, haciendo que éstos se echasen hacia atrás y dejándolo caer desde una pequeña altura que hizo que el golpe resonara como un trueno y una nube de polvo blanquecino salió como si de una invocación se tratase.

El anciano lo abrió por el marcapáginas que señalaba justo la hoja que había estado buscando. Deslizó un huesudo dedo por las columnas de números hasta llegar a la que quería. Mara seguía el dedo en su recorrido, leyendo de paso el concepto del gasto registrado. Al principio, no eran más que gastos banales de una aldea: alumbrado público, agua corriente, arreglos menores en calles, y junto a éstos, cantidades que la mayoría no sobrepasaban de los quinientos o mil ryus. Todo normal hasta que, hacia el final de la página, los gastos se incrementaban exponencialmente.

Ni Kakashi, ni Tsunade, ni siquiera el propio Tobirama supieron nunca a ciencia cierta cúanto supusieron las pérdidas para la aldea, ahora, Hokages o no, todos los allí presentes habían visto la cifra astronómica que allí estaba escrita con caligrafía pulcra de aún dedicado archivista.

Cuando Mara terminó de asimilar la cifra, inspiró fuertemente por la nariz y expulsó el aire por la boca tratando de calmarse. Para ninguno pasó el gesto desapercibido.

-¿Y bien? ¿Seguimos jugando? –Preguntó el anciano con malicia al ver el gesto.

-Seiscientos setenta y cinco mil ryus de la época, ¡vaya! Menudo caos tuviste que formar, -empezó a decir sin amedrentarse y dándole una mirada socarrona a Madara. –Lo que hoy en día supondría alrededor de un millón y medio de ryus, ¿me equivoco?

Kakashi y Madara seguían mirándola desde primera fila con los hombros y los dientes apretados, tensos, era mucho lo que había en juego, sin duda. Tras ellos, a Hashirama y a Tsunade esas cifras les hicieron ahogar un suspiro, en cambio para Tobirama la pregunta era clara y sencilla, ¿de dónde sacaba esa joven el dinero para hablar de esas cantidades sin inmutarse si quiera?

-Tu aproximación es bastante acertada, -concedió esta vez la anciana, más versada al parecer en los cálculos estimados.

-Bien, bien, -dijo llevándose una mano a la bolsa de los kunais. De ella extrajo el pergamino que había usado para apostar con los guardias de la puerta. Se lo mostró a Kakashi y, al igual que había hecho con la caja, lo acercó hasta él. –Yo, Mara Uchiha, en nombre de líder del clan Uchiha, Madara Uchiha, aquí presente, -dijo haciendo un ademán con la mano para señalar al mayor de los dos. -Hago entrega de este pergamino de sellado, con un valor en su interior de un millón novecientos noventa y cinco mil ryus.

Todos contuvieron la respiración por el tono solemne que había utilizado, incluso Madara.

-Hay de sobra, Mara, no es necesario que lo entregues todo, -dijo Kakashi reacio a coger el rollo, una parte de su mente le decía que podía tratarse de una trampa y otra parte se preguntaba de dónde había sacado esa cantidad de ryus, porque estaba claro que el dinero no crecía en las ramas de los árboles de Konoha ni bajo la arena del desierto de Suna, quizá Pakkun supiera algo, más tarde tendría que hablar con el cánido.

-Madara Uchiha estima que la diferencia sea repartida entre las familias que perdieron a alguno de sus miembros en la lucha, a sabiendas que la pérdida de vidas humanas en cualquier conflicto es irremplazable por el dinero, -añadió dándole una mirada rápida a su padre que aún seguía atónito. –Espero que esto sea suficiente gesto de buena voluntad por parte de nuestro clan.

Kakashi extendió el rolló, vio que una parte había sido arrancada en su comienzo, pero el sello estaba intacto, la miró pidiendo permiso.

-Por favor, -dijo ella sin dejar el tono solemne que empezaba a girar hacia la burla. Se sentó de nuevo en el sillón y cruzó las manos en el regazo. –Hágame los honores, Hokage.

Kakashi hizo los sellos pertinentes y ante ellos apareció la enorme montaña de dinero que había aparecido anteriormente a los guardias de la puerta. Los ojos de los dos ancianos se iluminaron con un brillo codicioso.

-Supongo que han concluido las negociaciones, con un resultado favorable para ambas partes, -dijo Madara volviendo a su máscara de indiferencia. –Nos retiramos al distrito Uchiha. Mara, vosotros dos, nos marchamos.

Mara y los dos Senju se prepararon para abandonar la sala.

-Ha sido un placer, Hokage, -dijo con la media sonrisa altiva mirándole desde arriba. Acto seguido se quitó el protector de su frente y lo dejó sobre la pila de billetes, justo a la altura de los ojos de Kakashi quien pudo leer "Obito Uchiha" en la parte trasera del protector. –Devuélvemelo cuando recupere de nuevo mis privilegios como cualquier ninja de Konoha.

Aunque la elección de las primeras palabras no pasó desapercibida para Kakashi, haciendo que una corriente eléctrica le recorriera la médula, la última frase fue el jarro de agua fría que le devolvió los pies a la tierra. Hizo un gesto de asentimiento con la cabeza tras aquella montaña de dinero. Tras esto, se cerró la puerta, la última imagen que tuvo de ella fue la del símbolo de los Uchiha ondeando en su espalda entre los mechones negros de su melena, y ambos grupos se separaron: dentro quedaron Tsunade, los ancianos y Kakashi, y fuera los dos Uchihas y los dos Senjus revividos.

Cuando todos se habían ido y el sol casi se había ocultado, Kakashi seguía con los codos apoyados sobre el escritorio y la cabeza sobre sus manos entrelazadas. Su cabeza no dejaba de darle vueltas a todo lo que había contado Madara sobre Akatsuki, o lo que quedaba de la organización, puesto que a muchos de sus miembros se les había dado caza entre las diferentes aldeas, ese extraño plan de la Luna y la incógnita de dónde encajaba Mara en todo eso.

Mientras cavilaba, se escuchó llamar a la puerta, de inmediato entraron dos miembros de ANBU, no hizo falta que se quitaran sus máscaras, Kakashi sabía de sobra quiénes eran, él personamente se había preocupado de buscar a los más fiables para llevar a cabo la tarea de vigilar a los Uchiha.

Yamato y Sai estaban frente al Hokage a la espera de instrucciones.

-Quiero que me informéis de cada movimiento que hagan, a dónde vayan, cualquier cosa, -empezó a decir Kakashi.

-Eso no les gustará, -apuntó Yamato.

-No tienen que veros. Y sólo serán treinta largos días, o hasta que reunamos la información suficiente para corroborar que la historia que nos ha contado Madara es cierta, -respondió Kakashi pareciéndole un espacio de tiempo enorme.

-Yo sólo pude pasar con ella algo más de un día y casi mata a dos de los nuestros y, eso, estando desarmada, -dijo Yamato recordando el incidente en la cocina de su amigo. -¿Crees que podremos hacer algo si…?

-No sucederá nada. Se comportará, -aseguró Kakashi. –Estoy seguro. Tú los viste en el desierto igual que yo, sólo se enseñaban las armas, no moverían un dedo en contra del otro. Si algo bueno tienen los Uchihas, es que son fieles a ellos mismos y a su clan. En cuanto a los otros clanes, han sido informados convenientemente, no creo que quieran un enfrentamiento con ninguno de los Uchihas. Sólo necesitan un tiempo para adaptarse. Eso es todo.

-Espero que tengas razón, Kakashi y no estés cegado por ella, -añadió Yamato antes de salir del despacho.

El cansancio se apoderaba de él, se recostó contra el respaldo de la silla y entrelazó sus dedos sobre su estómago. Cerró los ojos y pensó en las últimas palabras del ANBU.

Durante todo ese tiempo, su intuición se lo había advertido, pero no le había querido hacer caso. Jamás en todo el tiempo que estuvo con ella pensó en que pudiera ser una Uchiha. Sólo pensaba en estar. Desde que supo que el tiempo de supervisión iba a llegar a su fin intentó buscar la manera de seguir teniéndola con él, para ello firmaron la solicitud de sensei y finalmente el permiso de residencia y cuando todo estaba en regla de nuevo se diluía esa felicidad efímera entre sus dedos.

Miró de soslayo el reloj de madera de la pared, ya había anochecido. Era hora de volver a su hogar, ahora más vacío y silencioso que esas semanas atrás.