Integra corrió con todas sus fuerzas. Logró dejar atrás Imolgue Fada saltando la tapia de piedra a medio derrumbar, y siguió a través de sembradíos de trigo porque no había ningún otro lugar por donde huir. Y siguió como pudo bajo la tormenta que acababa de desatarse, la cual dificultaba su vista al llenar de agua sus gafas. Pero imposible hubiera sido correr sin ellas pues ya ni la luna, oculta tras gruesos y negros nubarrones, podía ayudarla a alumbrar su camino para dejar atrás a una docena de momificados que seguían el dulce olor de su sangre.

─ ¡Corre hacia tu inevitable destino!

Fue lo último que Integra escuchó decirle a la gran Lilith, sin embargo, entre tanto horror, ella no podía pensar en el significado de esa frase, no cuando había visto ofrendar a un niño muerto a Belcebú, no cuando había estado en medio de un auténtico aquelarre de brujas luciferinas, y por supuesto no en ese momento que luchaba por huir y regresar la mansión Marshall. Pero rodear el camino de regreso a través de las colinas labradas, no era una travesía sencilla.

"¡Eso me pasa por aceptar invitaciones de brujas extrañas!" Pensó que el duque Abigor tenía razón: no se podía confiar en Lilith, ni tampoco se podía tener trato con demonios sin salir ileso. De repente, sus pies trastabillaron dentro de la tierra suelta y tropezó en medio del trigo aún verde, maldiciendo, con la ropa llena de lodo se levantó a prisa para seguir hasta donde divisó, entre los relámpagos, la silueta de un granero en lo alto de una pequeña colina. "¡Qué este abierto, Dios mío, que esté abierto!"

Escuchando gruñidos y lamentos, haciendo un esfuerzo más allá de sí misma, logró alcanzar el modesto techado de madera, más cuando asió la manija de la puerta, la halló bien cerrada, topándose su vista con una cadena y un candado cerrado.

─ ¡Rayos, rayos, rayos!

Sólo pudo dar un salto del otro lado de una tapia que delimitaba la propiedad alrededor del granero, para disparar unas balas hacia los momificados que le habían dado alcance. Con un nuevo relámpago distinguió que otros avanzaban torpemente entre los surcos sembrados colina abajo, y pensó que eso le daría ventaja. Así, rogando a su propio cuerpo por un ápice más de fortaleza, echó a correr otra vez en medio de lluvia y el fango. Su carrera se dificultaba, sus pies se enterraban en la tierra removida y se atascaban. Juraba que podía sentir el aliento de los momificados en la nuca, aunque estuvieran a unos metros de ella, y también juraba que podía escuchar el recio galope de un caballo.

"¿Qué? ¡No!" La angustia comenzaba llenar su cuerpo amenazando con invadirla entera, cuando divisó entre relámpagos, el improvisado puente que cruzaba una barranca profunda que se abría entre hileras tupidas de robles y fresnos, que no eran nada más que un par de tablas musgosas y empapadas. "¡Con un demonio, eso debe estar muy resbaloso!" Sus segundos de duda les daban ventaja a sus perseguidores: los quejidos, el castañeo de huesos, y el galope del caballo cuyo jinete profería aberrantes bramidos... Un instante después se decidió a cruzar sintiendo el vértigo de las tablas que se movieron trémulas ante el primer pie que puso encima, "¡Me voy a matar!" ... Volteó a ver a los momificados bajo el resplandor de otro rayo: sus rostros desfigurados por la muerte, sus garras de dedos mondos, sus bocas salvajes, luego recordó su sueño: el cómo había preferido lanzarse de la torre más alta hacia el vacío con tal de no ser capturada: "¡Qué sea lo que Dios quiera!" Suspiró profundamente y pegó la carrera sintiendo como cada pie que ponía sobre la madera vieja estaba a punto de resbalarse o de trastabillar y caer, pero no claudicó, imprimió toda la fuerza que tenía a sus piernas, y a metro y medio de llegar a la otra orilla saltó con gran esfuerzo, pero fue tal que las tablas se rompieron, y ella apenas pudo arañar la orilla para no ser tragada por la barranca profunda...

-oOo-

En medio de la habitual soledad de sus madrugadas, Alucard fue a los establos a sacar a Damasco y se dedicó a recorrer los alrededores de la propiedad, tratando de recordar si acaso había visto la mansión Marshall antes, en algún punto de su pasado, pero nada acudió a su memoria.

─ ¡Es que soy demasiado viejo ya! ─ pensó al mirar la gran casa, mientras levantaba la vista hacia la luna asomada por entre ramas de árboles ─... ¡hoy es una hermosa noche! ─ Y se fue andando por el camino empedrado hasta la reja de salida mientras encendía un cigarrillo.

Observó lo extenso del camino de arenisca y grava que se extendía, brillando a la luz de la luna. También escuchó sonidos de motores y llantas de autos provenientes de la carretera a unos cuantos metros. De repente se le antojó ir a curiosear al centro de la ciudad, ver cómo era la vida nocturna en Bath a finales del siglo XX, pero se arrepintió en cuanto consideró la negligencia que significaría dejar a su ama sin protección, en la misma mansión donde también pernoctaba la gran Lilith. Así que se conformó con cabalgar por los caminos y veradas cercanas.

"¡Aquí también se puede disfrutar bien de una noche de luna!" Pensó mientras el caballo trotaba sereno en medio de árboles, arbustos y enredaderas de los terrenos de labor que se extendían bajo la melancólica luz plateada.

Así anduvieron un rato en el que Alucard estaba disfrutando del solitario paseo, en medio del cual, en un instante imaginó que se hallaba en otra época, en otro tiempo; uno en el que no fuera el exterminador a servicio de ninguna organización secreta, y pudiera hacer y deshacer a sus anchas; uno en el que tenía por esposa a cierta joven dama de la nobleza británica, esperando por él en su castillo, con la cual haría el amor por el resto de la noche. Pero era un tonto porque estaba en una noche de verano de 1994, en Somerset, Inglaterra, cabalgando el caballo de su ama por un caminito tupido de verdor junto a un arroyo que transcurría hacia el río Avon.

─ ¡Hay que tener cuidado con los sueños! ─ le dijo al equino ─ ... o puede uno perderse en ellos, ¡En fin!, ¡será mejor que regresemos!

No bien el vampiro se disponía a azuzar, que, a lo lejos, en medio del campo arado más cercano a ellos, vio aparecer andando una siniestra silueta femenina envuelta en un atuendo de color negro. Desde luego, él no pudo evitar poner toda su atención, al instante que una bandada de cuervos comenzó a volar en círculos en el cielo y la mujer alta y pálida como la luna, ataviada con un vestido, velo y corona negra, comenzó a elevarse por los aires, girando y girando.

─ ¡Me lleva el carajo con estos demonios! ─ apresuró a Damasco, sujetándose bien de las riendas ─ ¡arre!

El magnífico animal emprendió el veloz galope de regreso a la casa, como si supiera que la vista de esa mujer, era una advertencia.

─ ¡¿Cuándo será la noche en que uno pueda estar tranquilo?!

Refunfuñó el nosferatu, y apenas atravesó la reja principal de la propiedad, azuzó un poco más la velocidad del caballo; desmontó frente al pórtico; subió rápidamente los escalones y entró al gran recibidor. Miró todo a su alrededor con detenimiento, como tratando de hallar algo raro; preguntó a la primera mucama que vio pasar, si sabía dónde estaba Lady Integra.

─ Me parece que ya se retiró a su habitación. Hace un rato terminó la película que todos miraban y cada uno se fue a su propia recamara.

Después la joven se excusó y con reverencia se fue. Alucard se rascó la nuca preguntándose si sería buena idea ir a montar guardia a la habitación de su ama. Hundido en sus pensamientos, no se dio cuenta cuando la nana Emily cruzó la gran habitación de piso de ajedrez y arañas de candelabros.

─ ¡Nunca creí ver un vampiro de carne y hueso en esta casa, justo enfrente de mis narices! ─ la ama de llaves llevaba un frasco grande que contenía sal gruesa.

─ ¡Nana! Es usted tan sigilosa como un ratón, apenas pude percatarme de que entró.

─ No es eso, lo que pasa es que estaba pensando en su ama, o puede que también haya estado pensando en esa sospechosa mujer que vino con ese dichoso duque Abi no sé que...

─ Abigor, el duque Abigor ─ sonriendo de buen modo, Alucard corrigió a la mujer mientras se ponía otro cigarrillo en la boca.

─ ¡Ese! ¡Ese que por supuesto también es un demonio!

─ Lo es, sí ...

─ Como esa mujer insolente... Me di cuenta como estuvo a punto de echar a perder la cena con su charla incomoda, ¡no crea que no!

─ Es usted demasiado observadora, perspicaz y... creo que también insolente, querida nana.

─ ¡Claro que sí! Llevo toda mi vida sirviendo a la familia Marshall, ¡estoy vieja y sé lo suficiente de la vida y sus misterios como para que me engañen!

─ De misterios de la vida, ¿o quiso decir que conoce de cosas ocultas? ─ una bocanada a su cigarrillo mientras, intrigado, seguía la charla a la sabia mujer.

─ ¡Desde luego! Sólo un soberbio y un necio se niega a ver, a escuchar, ¡a creer! Además, vine de Irlanda cuando tenía más o menos la edad de mi niña Catherine, ¡y en Irlanda se halla de todo un poco!

─ Una tierra llena de espantos y espectros.

─ ¡Por eso! Sé lo que mis ojos veían durante mi infancia y durante mi primera juventud ─ la vieja mujer hablaba seria, tajante y llena de certeza.

Alucard se tomó la libertad de escudriñar en su mente y llegar a sus pensamientos, a los recuerdos que repasaba en esos instantes. En ellos vio a una niña de trenzas rojas y rostro pecoso, que debió ser ella, viviendo en una pradera extensa donde una modesta cabaña, y más allá: una vieja casona semi abandonada.

─ ¡Ya veo, nana Emily, ya veo!

Nacida en una familia de granjeros y labriegos, su padre se hacía cargo de cuidar la gran propiedad Loftus Hall que para ese entonces ya se hallaba al borde de la extinción, habiendo perdido a muchos de sus dueños en guerras y epidemias.

─ Entonces ¿fue usted huérfana, buena señora?

─ Lo fui, desde los quince años, cuando me despedí de mis hermanos y de mi tierra, y vine a servir a los señores de esta familia, los abuelos de mi querida niña...

─ Entonces somos colegas de gremio ─ con una sonrisa amable que aún sostenía el cigarrillo entre los colmillos ─ ambos estamos en la profesión de servicio.

─ Bueno, por costumbre o por cariño, nos hemos vuelto más que sirvientes.

─ Eso es cierto ... cuidamos y a veces nos encariñamos ... sin querer ─ exhaló el humo en sus pulmones mientras sostenía el cigarrillo entre los dedos. ─ ahora... si me disculpa, debo hallar a la célebre invitada, ¿la ha visto?

─ No, para serle franca, ¡pero tengo los nervios de punta de sólo saberla en esta casa! ─ se apresuró a confesar.

─ No se preocupe, yo estoy aquí y eso es garantía de que nada malo podrá hacer.

── ¡Menos mal que es usted un vampiro bueno! ─ levantando una ceja, en tono sarcástico, incrédula.

─ No hay vampiros buenos, nana ... ¡pero en mi caso, sólo soy uno con una buena causa! ─ sin dejar de sonreírle, se alejó en busca de un conocido aroma que de repente llamó su atención: un perfume tan extraño como enervante, que lo llamaba. ─ nos vemos en un rato, ¡eso creo! Me parece que he hallado a la susodicha... ─ se alejaba del recibidor para internarse por pasillos oscuros donde la estela de perfume se había propagado, avanzando por el elegante corredor cuyas ventanas filtraban los rayos lunares, los sonidos de la noche. El ulular de un búho o el graznar de algunos cuervos se intensificó. A través de una ventana abierta vio posarse uno que parecía increparle con estridencia, mirándole fijamente, como si la infausta ave razonara. El vampiro detuvo sus pasos frente al plumífero, le miró fijamente por espacio de unos segundos, le dijo: ─ Así que me quieres mostrar donde está tu ama, ¿no? ¿Por qué no me llevas con ella?

El cuervo graznó, batió las alas, entró por la ventana, emprendió el vuelo a través del corredor. Alucard echó a trotar detrás hasta que ambos llegaron a una elegante puerta ancha de dos hojas en cuyo dintel se miraban pequeñas esculturas de ninfas dionisiacas en cuyas cabezas se posó el ave.

El rey no muerto se detuvo, fijó su vista contra la puerta, sin tocarla la abrió de par en par, luego entró para hallarse en un salón de baile y recepciones decorado con espejos empotrados en las paredes, intercalados con ventanas y cuadros de arte barroco. Sobre la duela bruñida fue estampando sus pasos, sobre paredes y techo su mirada de halcón que acompañaba con una sonrisa vanidosa.

─ ¡Bonito lugar has elegido para tener una reunión, Lilith! ─ exclamó y escuchó el eco de su voz rebotando en los vacíos del salón, hasta que, al lado contrario del recinto, comenzó a oír pasos menudos, pasos de mujer en zapatos de tacón que igualmente, marcaban su eco. Alucard miraba a todos lados confundiendo la dirección de los sonidos, cuando, de repente, todas las cortinas de terciopelo se cerraron al mismo tiempo, sustituyendo la natural iluminación de la luna por luces de los candiles instalados a lo largo de las paredes. Los espejos dejaron de ser reflejantes para tornarse en pantallas oscuras donde polutas y humaredas grises se manifestaron. Alucard dibujó una sonrisa fascinada, cuando escuchó la voz de Lilith a sus espaldas:

─ ¡Buenas noches, Vlad!

La halló a escasos centímetros de él, vestida tal y como la había visto levitar en medio del campo de labor: con un exquisito vestido negro, largo de falda amplia, de cuello alto, que acompañaba con el complicado peinado el cual sujetaba una macabra corona negra y un velo. Su sello infernal pendía de su cuello con una larga cadena de oro macizo; su anillo de princesa infernal en el anular izquierdo.

─ Lilith, ¿era necesaria tanta teatralidad para tener una simple reunión conmigo?

─ Yo adoro la teatralidad, ¡no puedo evitar la teatralidad! ─ se levantó el velo, le sonrió amigable.

─ ¿Y bien?

─ Sólo quiero charlar. Después de todo eso es lo que hacemos los invitados a un evento social, pasamos amenos ratos de esparcimiento con otras personas.

─ .. Lilith, al grano...

─ ¡No sé porque es tan difícil de creer que vine solamente porque estaba aburrida y quería romper la rutina!

─ Aburrida una diablesa de alto rango, ¡cómo no! ─ Alucard se cruzó de brazos y la miró ladeando la cabeza.

─ Yo no tengo obligaciones como otros demonios, ¡soy independiente y lo sabes! Si trabajo lo hago por gusto.

─ Y esta visita tiene como objetivo alguno de esos trabajos que haces por gusto, ¿verdad? ─ volvió a encender otro cigarrillo en sus labios.

─ Más que trabajo, es una especie de curiosidad que quería saciar. Veras, Abigor me contó que te habías enamorado perdidamente de una mortal, ¡y no cualquier mortal! Si no la descendiente de tu némesis subyugador ¡el doctor Abraham Van Helsing! ─ lo decía sonriendo divertida.

─ Bueno, ¡creo que ya lo corroboraste con tus propios ojos! Es verdad, estoy enamorado de la bisnieta de Abraham Van Helsing, ¿algo más?

─ Sí, ahora que lo dices sí... Como acto de buena fe, y para que veas que vengo en son de paz, tengo una confidencia que hacerte...

─ Aaaaja ─ más incrédulo aún, mirándola como se ve a una niña mentirosa.

─ Por si no lo sabías, Asmodeo tiene bien metidos sus tentáculos en este reino, ¡más de lo que tú crees! A lo largo del tiempo se ha infiltrado con bastante esmero y éxito en los tejidos más profundos de la gran sociedad.

─ No es algo que uno no pueda deducir por uno mismo...

─ ¡Eh aquí el dato interesante, Vlad! ─ levantó el índice derecho fijando su mirada, en seguida, los espejos regalaron una visión diferente: la vista de una avenida amplia llena de fastuosas mansiones. La visión avanzaba algunos metros a través de calles pulcras, césped cuidado, extrañas estatuas de seres macabros, para finalizar en una playa fría llena de arena blanca y pasto seco, sin puertos o muelles, donde sólo rompían pertinaces las olas del mar.

─ ¿Dónde es eso? ─ Alucard fijó su atención en uno de los espejos, extrañado de no reconocerla.

─ ¡Oh! ¡Así que en verdad no la conocías! ─ colocándose junto a él. ─ Bueno, ¡los asuntos con esa localización no son cosa que ataña directamente a la organización de la familia Hellsing! Es lógico que tu joven ama no sepa nada al respecto, me pregunto si alguno de sus antecesores lo hizo...

─ Dilo ya ...

La imagen desapareció.

─ En los próximos días o meses sabrás más al respecto.

─ ¿Por qué no me lo dices tú?

─ Porque no quiero...

─ Y para mostrarme un terruño en medio del mar ¿viniste hasta aquí y armaste toda esta escena?

─ Sólo estoy aprovechando la visita, ¡ya te lo dije! Quería hablar contigo y con tu ama, conocerla, ¡saber cómo es la joven mujer que le dio una paliza a la Bathory; la que rechazó y desafió a mi marido, etcétera! ...

─Hablar con mi ama... hablar con Integra, ¡la estás molestando justo en este momento! ¿Verdad? ─ frunciendo el ceño con evidente molestia. Por respuesta, la diablesa hizo una infantil mueca de falsa inocencia. ─ ¡Aaaah y yo aquí perdiendo el tiempo contigo! ─ dio media vuelta para salir del salón.

─ ¡Escúchame! ¡La traición, Vlad! ... ¡La traición rodea a tu ama por todas partes! ─ exclamó observando como él se marchaba ─ ¡y tú también serás parte de ella!

Eso último detuvo a Alucard cuando estaba a punto de desaparecer: ─ ¿Qué dijiste?

Ella sonrió satisfecha de haber capturado de nuevo su atención: ─ Veo muchas traiciones para Integra Hellsing. Una fue por ambición... ¡Richard Hellsing! ─ levantó el largo dedo índice, avanzó unos pasos ─ otras serán por poder ─ ahora el dedo medio, dio más pasos al frente ─ otras serán por despecho ... ─ contó con el dedo anular, a escasos centímetros de Alucard, él vio la sonrisa acaso intrigada de la diablesa.

─ No sé qué estás tratando de insinuar...

─Insinuar nada, estoy vaticinando ...

─ ¿Y la isla esa, y Asmodeo y la dichosa corrupción del reino tienen algo que ver?

─ ¡Todo! ─ seguía sonriendo.

─ No entiendo nada, ¡y ahora no tengo tiempo para descifrar tus acertijos! ─ se dio la media vuelta, salió corriendo del salón, se teletransportó a la planta de arriba, en el ala donde estaban las habitaciones de las chicas.

"¡Cuál será?, ¡Cuál será la habitación?" Se preguntaba, tratando de percibir el almizcle con rosa búlgara de Integra, creía hallarlo en una recamara cuya puerta estaba emparejada. Traspasó la hoja de madera sin tocarla, se halló ante la habitación vacía cuyas únicas voces eran las que emitía el televisor encendido.

─ ¡Integra! ¡Integra, estás aquí? ─ con los nudillos tocó la puerta del baño, no obtuvo respuesta ─ ¡Maldita sea!

De nuevo se arrojó al corredor, vio de nuevo a la nana Emily.

─ Lord Alucard, no se supone que usted deba estar aquí.

─ ¡Integra no está! ¿Usted la ha visto?

─ ¡Hace un rato estaba aquí! Le dio un amuleto a la niña Maggie, luego volvió a entrar a la habitación.

─ Pues en algún instante ha salido... ha salido y me temo que a nada seguro. ─ el vampiro otra vez echó a andar con gran velocidad para bajar las escaleras casi convertido en una ráfaga. Al estar en medio del recibidor, casi chocó con la repentina presencia del duque Abigor quien fumaba tranquilamente un habano. Ante la mirada ansiosa del gran vampiro, él sólo dijo: ─ ¡Imolgue Fada! Están reunidas en el cementerio de Imolgue Fada. ─ señaló en dirección de la puerta que daba al jardín trasero.

Alucard corrió hacia aquella puerta de cristalería. Al finalizar la escalinata, decidió convertirse en decenas de murciélagos y emprender el vuelo veloz en dirección al viejo cementerio, bajo natas de repentinas nubes negras que habían hecho desaparecer la luna, y el estrépito de un trueno amenazando lluvia, atravesó la prolija pradera, el puente techado sobre el lago artificial y siguió hasta internarse en el bosque, hallar la capilla, virar a la izquierda, subir la colina; ya bajo gruesas gotas de lluvia, descender hasta la vereda, junto al columpio que el fresno mecía, desde donde se podía distinguir la barda derrumbada del cementerio.

─ ¡Vamos, un poco más! ─ recuperando su forma original, Alucard se halló dentro de, lo que, en apariencia, era un cementerio abandonado, tranquilo, donde las ruinas de una vieja capilla vigilaban. Sin embargo, el gran vampiro no pudo ser engañado por las apariencias. Sus agudos sentidos habían percibido los sonidos y los aromas del aquelarre ─ ¡por todos los infiernos! ─ preocupado fijó su vista hacia la colina de tumbas viejas, creía que había reconocido, no sólo el aroma de Lilith, sino el del demonio que presidia los rituales.

Volvió a correr por la misma vereda que Integra lo había hecho. Así, cuando alcanzó la cima, vio la infernal escena de brujas y demonios en grotescas danzas alrededor de la hoguera, presidida por Lilith y sí, el "Señor de las moscas".

Llegando de una vez por todas donde los luciferinos, Lilith, sin más prenda que su corona oscura, sentada en las piernas de Belcebú, sólo dijo despreocupadamente: ─ ¡Vaya, has tardado, Vlad! ¿Gustas acompañarnos, como en los viejos tiempos?

─ ¿Dónde está ella? ¿Dónde está mi ama?

─ ¿Es este Vlad Dracul? ¿el semi dios de la oscuridad que se enamoró de la cazadora cristiana? ─ preguntó el gran Belcebú burlón, en toda su apariencia demoniaca: astada y monstruosa.

─ ¡Él mismo que ves!

─ ¡¿Es que me dirás dónde está Integra o no?!

─ ¡No es necesario ofuscarse, Vlad! ¡Ella ya no está aquí! Se marchó en cuanto comenzó el ritual, no pensarías que tu doncella de acero iba a ceder a las tentaciones del infierno, ¿verdad? ─ Lilith hizo un gesto divertido.

─ ¡Pero por supuesto que no! ─ frunció el ceño al observar que las brujas comían pedazos de pan remojados en asquerosas pócimas, para luego iniciar trato carnal con los demonios que las acompañaban. ─ ¿hacia dónde se ha marchado?

─ Se fue corriendo en aquella dirección ─ señaló la diablesa con la garra de su largo dedo índice, mientras que el demonio reanudaba sus lascivas caricias.

Con un gesto de fastidio, el vampiro echó a correr mirando en todas direcciones, confundido, de hecho, cuando un relámpago iluminó aquel triste camposanto, entre las ultimas tumbas, creyó ver un caballo negro que le esperaba pacientemente, mirándolo.

Alucard se le acercó, lo examinó de cerca: "¡el caballo de Abigor!" Un susurro en su mente: "¡Edén lo llevará hasta donde está lady Integra, conde!"

─ ¡Gracias! ─ exclamó antes de montar a toda prisa ─ ¡arre! ─ azuzó al milenario animal y salió a toda prisa a través de los campos sembrados de trigo.

-oOo-

"¡Demasiado tarde!... ¡Pero qué forma más estúpida sería esta de morir!" Integra se dijo mientras intentaba salvarse de caer en la barranca, y los gritos de los momificados detrás de ella, y el galope escuchándose lejos, ¡lo que significaba que estaba demasiado cerca! "Al menos ya nadie más puede atravesar esta barranca!" Cerró los ojos intentado hacer uso de su última fortaleza, pero subir era inútil, cada vez que intentaba ayudarse con las piernas, sus pies resbalaban contra el fango y las piedras resbaladizas, "¡oh Dios, no, no! ¡Me voy a soltar!" Sus dedos a punto de darse por vencidos se acalambraron víctimas de la excesiva exigencia, cuando de repente:

─ ¡INTEGRA!

Esa horrible voz gritó su nombre, y sin saber cómo, tal vez por los torrentes de adrenalina que la inundaban, logró colocar sus pies contra la ladera para impulsarse y lograr que su pechó alcanzara el suelo firme de la otra orilla. Jadeando y tosiendo por el increíble esfuerzo, y las gotas de lluvia escurriendo por todo su rostro, la joven se puso en pie lo más rápido que pudo.

─ ¡Integra, espera! ─ de nuevo ese monstruoso llamado. La chica volteó sobre el hombro y distinguió a una de las criaturas más horribles de cuantas hubiera visto, haciendo retroceder el caballo ante aquellos monstruos momificados que se apartaban para darle espacio.

"¡Oh no!" Aun tosiendo y tratando de recuperar sus fuerzas, ella echó a correr pasando por entre los troncos de aquella hilera de robles, hallándose ante otro campo sembrado, está vez de cebada.

─ ¡Vamos Integra, corre, corre con todas tus fuerzas! ─ se rogaba a sí misma, pero era inútil, sus piernas flaqueaban, el pecho le dolía, por su garganta irritada escurrió un sabor a sangre.

A unos metros, el caballo que había conseguido saltar con facilidad los cuatro metros de la barranca, ahora se abría paso aplastando plantas de cebada bajo sus cascos. Ella estaba reducida por el cansancio y simple su condición humana, hundiendo sus torpes pasos en medio del lodo, "¡oh no, no!"

A punto de caer rendida, sintió un fuerte brazo que la sujetó por el vientre, cuyo dueño era aquel endemoniado jinete que ni siquiera se molestó en bajar del caballo para conseguir asirla cual muñeca. Presa del terror, Integra se echó a gritar tratando de zafarse del jinete que, con su gran fuerza la mantenía sujeta contra él, consiguiendo tomar su rostro entre sus manos, le hablaba en un idioma desconocido.

─ ¡NO, ALEJATE DE MI, MALDITO MONSTRUO! ─ en vano luchaba tratando de liberarse de esas manos grandes que la sujetaban por las mejillas. Por último, como ella se negara a sosegarse, el monstruo pronunció unas palabras que ella sí pudo entender.

─ ¡Somnium!

Y cayó sumida en un profundo e irremediable sueño.

-oOo-

─ Hace pocos minutos que el señor Alucard se marchó. De repente salió por la puerta de atrás, luego no vimos más que una bandada de murciélagos, a los pocos minutos empezó a caer la tormenta...

─ Está bien, gracias Adele.

La joven mucama, usando ya pijama, hizo una reverencia y se alejó para ir de nuevo a su dormitorio.

─ ¡Ah rayos! Espero que Integra esté bien... ¡qué no haya sido peligroso el motivo por el que tuvo que salir así nada más!... Por lo pronto dejémoslo así, no creo necesario avisar a los demás, mejor que descansen... Además, dice usted que Maggie tuvo pesadillas.

─ Sí, así fue, lord Lancaster...

Ralph se había levantado a buscar un vaso de agua a la cocina y por causalidad se enteró de que Integra repentinamente había desaparecido de la mansión, y sólo la doncella Adele pudo dar testimonio de que había pasado con Alucard.

─ ¡Ahora creo que debería ir a descansar, nana! Ya es muy tarde...

─ Prefiero esperar a que lord Alucard regrese con lady Integra, de todas formas, no podría simplemente ir a dormir sabiendo que una de las invitadas de mi niña está haya afuera... ─ un relámpago seguido de un trueno hizo retumbar la casa ─ ¡y bajo esta lluvia!

Ralph consideró las razones de la nana, a decir verdad, ahora él también tendría problemas para ir a descansar si Integra no regresaba pronto. Trataba de calmar su mente para no comenzar a pensar en malas posibilidades, cuando el sonido del timbre del interfono se activó.

─ ¿Qué es...?

Riiiing, riiiiing, riiiing

El sonido percutido del timbre del interfono que exigía ser atendido. La nana y Ralph intercambiaron miradas, luego caminaron con prisa hacia donde estaba el aparato. La mujer presionó el botón para preguntar: ─ ¿Quién llama a estas horas de la noche?

─ ¡Mil disculpas por la hora, buena señora! Pero me perdí y apenas hace unos minutos pude hallar el camino correcto ─ mintió el recién llegado con dulce y amable voz. ¡Por supuesto que no se había extraviado, ni mucho menos! Si no que simplemente advirtió el peligro al que se enfrentaba Integra, y se había apresurado a llegar ─ soy el señor Ylahiah Angels, soy amigo de lady Integra Hellsing, y fui invitado a la boda de lady Maggie Parrish y lord Robert Walsh.

Tanto Ralph como la nana volvieron a verse las caras entre ellos, luego la nana volvió a presionar el botón para hablar: ─ ¡Claro! Nos dieron instrucciones precisas de su nombre, de que usted vendría. En un instante abro la reja.

Presionando un nuevo botón, el sistema eléctrico de la reja cedió deslizándose poco a poco, para dar paso al viajero nocturno envuelto en una gabardina color beige, debajo de un sombrero de fieltro y un paraguas. Cuando hubo suficiente espacio para pasar, tomó el beliz que traía consigo y echó a andar sobre la vereda empedrada, hasta llegar al gran pórtico de la casa, donde ya era esperado por la nana y por Ralph expectante de conocer al famoso señor Ylahiah, que, a simple vista, no era más que un joven, unos cinco años mayor que él, pelirrojo, pecoso, con un peculiar color de ojos azafrán que ellos no habían visto en alguna otra persona.

─ ¡Buenas noches milord! ¿Le ayudo con su equipaje?

─ No, buena señora, esto es muy ligero, ¡no se moleste!

─ Mi nombre es Emily, soy la ama de llaves de la familia Marshall, pasé por favor

─ Yo soy lord Ralph Lancaster, otro de los invitados

─ Mucho gusto, lord Lancaster, mucho gusto, señora Emily. ─ el caballero entró quitándose el sombrero y el impermeable, los cuales fueron recibidos por la nana, quien le miraba curiosa, percibiendo la delicada fragancia de flores que despedía; sintiendo la presencia, el aura de paz que manaba. Se dio cuenta que era un ser totalmente opuesto al duque y a su acompañante.

─ ¡Pase, pase por favor! Ahora mismo le llevaré a la habitación que ya le había sido asignada.

─ ¡Claro está, muchas gracias! Pero antes, será mejor que esperemos a que lady Integra regrese de su incursión nocturna... Lord Alucard ya debió de haber dado con ella.

Por tercera vez, Ralph y Emily se miraron fijamente a la cara, quisieron preguntar como lo sabía, pero decidieron que era más prudente ignorar adrede ciertas cosas.

─ Entonces le ofrezco que pase al recibidor, si es tan amable... ─ la nana le indicó el camino, el ángel volvió a agradecer con una dulce sonrisa, y la siguió.

─ Y yo le haré compañía, señor...

─Que será bien recibida, le agradezco, lord Lancaster.

─ Pónganse cómodos, en un momento les traeré té o café...

─ Café para mí, Emily, gracias.

─ Un té, si es tan amable.

Y mientras ambos caballeros tomaban asiento en los elegantes divanes, y Ralph se dedicaba observar al recién llegado, quien inició una charla.

La nana, reconfortada en una calma y tranquilidad pocas veces experimentada, salió hacia la cocina para preparar lo pedido, pero ya sin la angustia que había estado oprimiendo su pecho.

En el recibidor, donde Ralph comentaba con Ylahiah una charla más bien trivial, tratando de averiguar su origen, recibieron una presencia más, la del duque Abigor, que apareció en el umbral de la puerta para decir: ─ ¡Siempre oportuno como siempre, Ylahiah!

El aludido volteó, sonrió y contestó: ─ ¡Siempre que me es posible estoy donde me necesiten! Me alegro de estar aquí ya.

Ylahiah contestó al duque: ─ Sólo percibí que ella fue víctima de un hechizo de espejismos... y realidad distorsionada... Lilith sólo está jugando, si hubiera querido hacerle daño, ¡cremé que ya lo sabríamos!

─ Debí saber que cuando prometió portarse bien, no lo decía en serio... ─ mirando a la chimenea, el duque se cruzó de brazos.

─ Tienes razón, ¡un demonio nunca se debe tomar en serio! ─ Ylahiah rio de su propia broma, Abigor contestó con la misma sonrisa.

─ No, no somos de fiar, ninguno de nosotros.

─ Claro que no... ─ intervino la nana quien traía una charola con servicio para preparar tres tazas de café o té. ─ ya sospechaba perfectamente que usted sabía dónde había ido Lady Integra, señor duque.

─ A veces puede resultar imposible engañar a la experiencia combinada con sabiduría ─ repuso el aludido.

Y la nana repartió las tazas según habían sido pedidas.

─ ¿Café o té, señor duque?

─ Creo que beberé un coñac, gracias.

La mujer salió para buscar la botella requerida.

Minutos antes, en otra parte de la mansión, Blair había sido despertada por el estruendo de la tormenta. Amodorrada por el sueño truncado, se levantó para mirar unos segundos por la ventana. A lo lejos vio nubarrones donde horas antes hubo luna, vio rayos que anunciaban truenos, pero también vio una bandada de murciélagos volar en dirección de la colina.

─ ¿Alucard? ─ Con gran curiosidad, se dirigió a la puerta del baño, entró y fue a tocar a la siguiente puerta ─ Integra, ¡Integra!, ¿estás allí? ─ Ante la falta de respuesta, Blair decidió entrar a la recamara que halló vacía, tan sólo con el televisor encendido ─ ¡oh! Tal vez sí era Alucard buscando a Integra... ¿y ahora a dónde se habrá metido?

Blair decidió asomarse al pasillo, investigar un poco, más no vio a nadie en él, "tal vez Maggie y Cathy estén durmiendo y ni se hayan dado cuenta". Anduvo descalza sobre la alfombra unos metros más, cuando escuchó una puerta abrirse, volteó rápidamente, vio a Lilith quien parecía estar buscando algo también.

─ ¡Buenas noches, señorita Blair! ─ cuando sus miradas convergieron.

─ Buenas noches, lady Lilith ...

Lilith estaba usando un camisón blanco, tenía el cabello cobrizo trenzado sobre el hombro.

─ ¡Lady Blair! ¡Me alegro verla despierta!

─ Es que quería saber que está pasando, he notado que hay cierto alboroto en la mansión, y que Alucard se ha marchado, ¿ha pasado algo malo?

─ A decir verdad no lo sé, yo me hallaba aquí en mi habitación tratando de leer un poco antes de dormir. ─Blair la miró dubitativa, incrédula: "esas son actividades demasiados apacibles para una demoniza". Lilith pareció percibir las sospechas de la joven, y hábilmente repuso: ─ pero si de verdad tiene ganas de saberlo, yo la puedo ayudar.

─ ¿Y cómo? La verdad no me apetece salir de la casa ahora con esa lluvia torrencial.

─ Ah, ¡no tenemos que hacerlo! ─ con los ojos le señaló al interior de su habitación ─ podemos verlo a través de un espejo.

─ ... ¿Cómo? ¡Usted está jugando conmigo! ─ la joven se sonrió divertida.

─ Soy la gran Lilith, jovencita, y si digo que podemos ver el pasado, presente y futuro a través de un espejo es porque así es. ─ sin perder su aparente buen humor. ─ más, si no quieres conocer el presente de lady Integra, podemos ver el porvenir ... Tu porvenir.

─ Aaaah, ¡no lo sé! Dicen que no es bueno saber acerca de nuestro propio futuro, podría arruinarlo.

─ O tal vez puedas afianzarlo... tú estás comenzando con algunos proyectos ¿no es así? ─ Blair sintió la mirada de la bruja traspasándola ─ ¿acaso no te gustaría saber que puedes hacer para asegurar tus ambiciones?

─ Ah... pues yo...

─ Se sabe que la carrera del modelaje es sumamente competitiva, dime ¿acaso estaría de más una ayuda extra?

─ ¿Y usted como sabe que yo quiero ser mod...?

─ ¡Querida! Soy la bruja más poderosa que la humanidad haya conocido ¿crees que no puedo leer en los mortales lo que desean, sueñan o temen?

Esa mirada penetrante y firme que no daba tregua terminó por convencer a su vivaz curiosidad. Pensó a la vez que contestó: ─ Bueno, ¿y por qué no?

Lilith sonrió, se dirigió hasta la puerta de su recamara a unos cuantos pasos de ella, abrió la puerta y con un ademán de la mano derecha invitó a pasar a la jovencita.

-oOo-

Integra trataba de abrir los ojos, luchando contra la somnolencia del hechizo que había sido lanzado contra ella. Sentía el frío de las gotas de lluvia a través de su ropa ya empapada, y el vaivén de la cabalgata ...

"La cabalgata... ¡oh no!" En un santiamén recordó que había estado siendo perseguida a través del campo de cebada por un abominable jinete que no le dio tregua hasta que consiguió asirla del tórax y subirla a su montura, entonces abrió los ojos tan grandes como pudo, se apoyó con las manos contra el pecho de quien la sujetaba sobre la silla de montar, y le observó el rostro: ─ ¡Alucard!

─ ¡Hola Integra! Bienvenida a la realidad...

─ ¡Me rescataste!

─ ¡Pues claro!... ─ contestó sin quitar los ojos del camino.

Integra estuvo a punto de llorar de alivio, recargando la mejilla sobre el pecho de su vampiro, aspirando la fragancia (sublimada por la humedad) que amaba, se aferró a él con ambas manos sin importarle ya nada. Alucard acarició su nuca brevemente: ─ Ya estás a salvo... ─ le susurró, luego volvió a sujetar la rienda.

─ Una terrible criatura venía tras de mí y zombis o ghouls, o momias, ¡no lo sé!

─ Todo eso se ha ido, ¡ya pasó! Despreocúpate.

Él sólo la sintió suspirar profundamente luego ella volvió a desvanecerse, dormitando, recargaba su mejilla contra su pecho, cerró los ojos, suspiró, y Alucard supo que no tenía caso tratar de decirle, justo en ese momento, que él había tenido que saltar la barranca de un ágil salto de caballo, y luego cogerla en medio del campo, como una presa asustada.

─ ¡INTEGRA! ¡Soy yo, Integra detente! ¡Integra, escúchame! ─ en vano le gritaba a todo pulmón desde que la vio correr con todas sus fuerzas por el trigal bajo la tormenta.

"¿Pero qué demonios le está pasando? ¿De qué está huyendo?" No se explicaba porque ella corría con tanta angustia, como si estuviera escapando de algo cuando en realidad nada la perseguía, "¡Con un carajo, un hechizo alucinógeno!": ─ ¡Arre, arre! ─ espoleó al caballo para incrementar su velocidad y correr campo abajo ─ Integra por favor, ¡escúchame, soy yo, soy Alucard! ... ─ le gritaba bajo el agua que empapaba. Con angustia vio como ella se entregaba a la incierta suerte del peligrosísimo y osado cruce de una barranca, llegó justo a tiempo para verla aferrarse de la ladera ─ ¡Integra, resiste! ─ quiso bajarse del caballo para levitar hacia ella, cuando la joven, haciendo uso de la gran tenacidad que la caracterizaba logró trepar por ella misma hasta estar segura. Alucard creyó que se iba a desvanecer de alivio al verla fuera de peligro, cuando la joven le dio un breve vistazo con los ojos llenos de terror y echó a correr de nuevo, momento en que hizo saltar a Edén sobre la profundidad de la tenebrosa barranca. Habiendo cruzado, después sólo tuvo que galopar un poco más hasta que, sosteniéndose con la mano izquierda de la silla de montar, se agachó lo suficiente para pescar a la joven por el tórax: ─ ¡Corres como el demonio, Integra! ─ riéndose de tenerla ya consigo, la chica, sin embargo, no dejaba de gritar, lanzar zarpazos, de luchar cual gato asustado haciéndole muy difícil el trabajo de llevarla sobre la montura, por lo que decidió ponerla bajo un hechizo de somnolencia ─ ¡somnium!

Integra cayó desmayada por unos minutos, hasta que, mientras atravesaban el puente palladiano sobre el lago, despertó para hacerle preguntas que contestó con toda la gentileza que le fue posible. De repente, un minuto después de haberla visto aletargada por el cansancio, ella subió una de sus manos por el pecho y otra mano hacia el cuello de él, un segundo después, mientras el caballo salía del puente, las manos ahora acariciaban sus mejillas pálidas: ─ Integra, ¿qué estás haciendo?

Ella aun cerrando los ojos, le obligaba a agachar la cabeza. Se quitó las gafas, las puso en la coronilla de Alucard y comenzó a buscarle los labios. Alucard decidió detener a Edén, la atrajo hacia él con una de sus grandes manos en la su angosta espalda y concretó el beso solicitado, uno que la joven pautaba tan ardiente como el desahogo del peligro en el que se creyó inmersa, y que el vampiro no iba a despreciar bajo ningún concepto. Besándola como a él se le daba la gana, acarició con su lengua el interior de la boca de su ama, quien jadeo para trata de mordisquear sus labios, y está vez fue Alucard quien no pudo evitar jadear.

─ ¡Integra! ¿qué...?

Ella, en vez de contestar, lo sujeto de la nuca, sin dejar de besarlo con desaforo acariciando su espalda, luego su cuello, pero el colmo fue cuando tomó una de sus manos y la colocó sobre uno de sus senos por encima de su ropa empapada. Decir que Alucard se hallaba azorado, sería poco, pero desde luego que respondió a la invitación y comenzó a acariciarla a través de todo su cuerpo: los senos, la espalda, las piernas, hasta que no le fue suficiente. Se bajó del caballo, la sujetó para arrastrarla consigo (ella inmediatamente se prensó de él con brazos y piernas) hasta debajo el techo del puente. Apenas puso los pies sobre la duela firme, la chica, quien parecía gobernada por un impulso más allá de su compresión, se quitó la chaqueta, el hoddie empapado que la dejaba en una camiseta ligera que poco dejaba a la imaginación. Alucard tan sólo levantó una ceja, estupefacto de que su ama se aproximara a él para meter las manos debajo de su ropa. Él, embelesado por las caricias de la joven, no pudo más que responderlas, paseando las manos a través del tórax de ella, por debajo de la camiseta, del pantalón del pijama. Luego, la joven, jadeando y totalmente enervada, deslizó el cinturón de él y abrió sus pantalones.

─ Alucard, ¡quiero que sea hoy y ahora! ─ y en medio de la semi oscuridad del puente, la vio quitarse la camiseta para quedar semidesnuda.

"¡Esto es demasiado bueno para ser verdad!" Pensó el vampiro que no acaba de salir de su asombro, pensando que debía estar soñando: "¡Mi ama me está pidiendo sexo aquí y ahora? ¡No! ¡Algo no anda bien!"

Y allí estaba ella, a punto de bajar por sus caderas sus últimas prendas de vestir, pero antes de que pudiera hacer otra cosa, Alucard la sujetó por las mejillas, observando su rostro empapado, sonrosado y sonriente, pero no la sonrisa propia de ella, sino una febril, lujuriosa: ─ Integra, tú aún estás hechizada... ¡no eres tú en realidad!

─ ¿Qué pasa, vampiro? ¿Es que acaso no es esto lo que tanto has estado deseando? ¡Toma a esta doncella esta misma noche!

El aguzado vampiro se sonrió, un poco irónico, un poco divertido, habló para sí mismo: ─ ¡Vaya, Lilith, eres de lo peor! ... ─ Luego le dijo a la chica sin soltar sus mejillas ─ ¿Y por qué no mejor te fugas de una vez por todas conmigo?

─ ¡Lo que tú quieras!

Alucard hizo rodar los ojos: claro que Integra nunca aceptaría esa propuesta. Luego volvió a observarla: estaba completamente fuera de sí misma, dispuesta para él, ¡de nuevo era tan fácil! Y por un momento, ¡un momento nada más! Por su mente desfilaron decenas de ardientes fantasías que consideró mientras sus manos resbalaban por las curvas de la joven (la cadera, la espalda baja) quien se mordió los labios al sentir las fuertes manos del vampiro.

─ ¡Maldita, maldita sea, Integra! ¡Esto está más allá de la tentación! ─ acarició su rostro, y volvió a besarla, pero esta vez con delicadeza, con añoranza─ ¡no sabes cuánto me cuesta demostrarte lo mucho que te amo!... Pero lo voy a hacer... ─ hizo una pausa, suspiró muy profundo ─ Integra, te tienes que vestir, hay que volver a la mansión.

─ ¿Qué te pasa? ¡No estoy borracha como la otra vez! ─ con los ojos entrecerrados, y esa sonrisa pérfida y lujuriosa que ella jamás tendría de no ser por el envenenamiento de la magia luciferina.

─ No, claro que lo tuyo no es ebriedad ¡sino algo peor! ¡Estás embrujada!

Se separó de ella para levantar su mojada ropa y colocársela de nuevo mientras ella protestaba─ ¡no quiero volver a la mansión ahora, quiero quedarme aquí teniendo sexo contigo!

─ No puedo creer que este rechazando esto, ¡no puedo creerlo!... ¡Ampárame, Señor! ─ todos sus impulsos sufrían, todo su cuerpo le imploraba ─ ¡después de esto tendrían que canonizarme! ... Ya sé, ¡voy a pensar en algo feo, voy a pensar en algo feo!

Como pudo, y bajo protestas, le colocó la camiseta, el hoddie.

─ ¡Oye no! De verdad, ¡quiero tener sexo contigo hasta el amanecer!

─ ¡Dios mío!, ¿qué más quieres de mí? ─ exclamó Alucard contando mentalmente hasta diez y de vuelta mientras levantaba la mirada al cielo rogando por clemencia, "¡tengo que ser fuerte, tengo que ser fuerte!" ─ ¡escucha Integra, volvamos allá adentró donde está tibio y confortable y allí podremos hacer lo que tú quieras ¿está bien?

─ Está bien... ¡sólo con esa condición! ─ sonriendo como una boba, estuvo a punto de caer de nuevo cuando Alucard la sujetó. Con ella en brazos salió de nuevo del puente, la puso sobre la montura, luego él subió, volvió a azuzar a Edén, y por fin, sujetándola en el brazo izquierdo, se dirigió con ella, hacia la puerta trasera de la casa.

Dentro, Ylahiah, quien estaba a punto de beber otro sorbo de infusión, se detuvo, miró a la izquierda, luego a la derecha, anunció sin sombra de duda: ─ ¡Ellos ya están por llegar! ─ Abigor y Ralph le miraron fijamente ─ ... Lord Alucard y Lady Integra, están por entrar a la casa por la puerta de atrás.

Se levantó dejando el platito y la taza sobre la mesa de centro, se dirigió a la puerta y exclamó: ─ Nana, ¡nana Emily! Vamos a necesitar su ayuda...

Minutos más tarde, mientras una doncella prendía la chimenea de la habitación de Integra y otra preparaba una bañera con agua caliente, Alucard llegó hasta la puerta trasera, y entró a la casa con su ama en brazos.

─ ¡Lord Alucard, ya lo estamos esperando!

─ Señor Ylahiah, ¡debe creerme cuando le digo que me da gusto verlo aquí! ─ Alucard asintiendo.

─ ¿Está todo bien?

─ Sí, no hay nada que lamentar, señor duque, ¡gracias por el caballo!

─ No hay de qué, Lord Alucard... Le confieso que me siento responsable de esto, creo que invitar a Lilith no fue tan buena idea después de todo.

─ Coincido con usted, duque general, ¡pero lo hecho, hecho está!

─ ¡Esta niña está hecha una sopa! ─ exclamó Emily bajando por la escalera ─ ¡por aquí! ¡Vamos a darle un baño en su habitación!

Alucard siguió a la ama de llaves, Ylahiah siguió a Alucard, Abigor se fue detrás de Ylahiah, sólo Ralph se quedó en la entrada del recibidor, observando el nuevo alboroto.

─ Y usted, lord Lancaster, creo que debería regresar a su propia recamara ─ alcanzó a recomendar la ama de llaves antes de internarse en el pasillo, hacia la recamara donde las doncellas ayudaron a darle un baño de agua caliente a la joven, para limpiar el fango que la cubría, así como sacar de ella la frialdad del agua de tormenta.

En la recamara, la televisión que seguía encendida transmitía la repetición del noticiero nocturno: Y en otras noticias, el primer ministro John Mayor junto a su esposa y otros miembros de su gabinete, asistieron al abierto de Wimbledon ... Parloteaba la presentadora del telediario.

Alucard y Abigor observaban a Ylahiah preparar un bebedizo con botellas de infusiones que extrajo de su beliz.

─ ¿Agua de espíritus?

─ Así es, Eligor ─ las pupilas azafrán y una sonrisa afirmativa, Alucard creyó ver que también de complicidad con el duque general, como si ambos se trajeran algo entre manos ─ no tardaré nada en prepararla, luego ella podrá beberla, ¡y habrá terminado el hechizo por completo!

─ Pensé que las pócimas sólo eran cosa de la hechicería pagana y negra ─ Alucard, observando fijamente como el ángel vertía algunas gotas de oleo sagrado.

─ Si así fuera, no sería tan socorrido el uso del agua bendita, ¡o los oleos! ─ le mostró la curiosa botellita de fino aceite que sostenía entre el índice y el pulgar. ─ todo esto es en nombre de Dios. ─ sacó la cruz de dentro de su ropa, la besó.

Alucard de súbito recordó los bautizos de la realeza a los que había asistido, coronaciones, incluso la de él mismo, cuando fue ungido con oleo sacro como príncipe regente de Valaquia.

─ La magia de los ángeles no se compara a la nuestra, lord Alucard, ni de lejos es tan agresiva. ─ agregó el duque Abigor.

La puerta del baño se abrió para dar paso a las doncellas del servicio, y a la nana Emily, quienes cargaban a una Integra inconsciente, a la que habían vestido con un camisón blanco.

─ Espero que no se vaya a resfriar, el baño con agua caliente debiera hacer una diferencia ─ dijo la nana mientras la colocaban sobre la cama.

─ En eso sí no puedo ayudarla, yo vine a sanar su espíritu del maleficio de semejante bruja ─ aclaró Ylahiah, siempre apacible, siempre relajado.

La nana devolvió la sonrisa, luego asintió, complacida por la presencia del nuevo invitado, de quien podía adivinar su linaje.

Cuando Ylahiah pidió que enderezaran la espalda de Integra para que pudiera tragar el bebedizo, Alucard fue quien la sostuvo, y el ángel hizo verter lo del contenido de una copa para jerez a través de su garganta. La joven la bebió toda, luego fue depositada dentro de su lecho donde abrió brevemente los ojos para observar al demonio, el ángel y el vampiro rodeando su cama, mirándola atentos. Por último, Ylahiah rezó una oración sencilla, y la persignó con otro oleo sagrado, dibujando en su frente una cruz.

─ En nombre del padre, del hijo, del Espírito Santo... ¡Amén!... ¡Con eso bastará!

─ Ahora hay que dejarla descansar, ¡salgamos todos!

─Todos menos yo, nana... Me quedaré aquí a velar su sueño. ─ declaró Alucard sin apartar los ojos de ella.

La mujer iba a hacer una objeción, pero la mirada directa e imperturbable, minó toda negativa.

Cuando todos (Ylahiah, Abigor, nana y doncellas) salieron de la habitación, Alucard fue hacía Integra, la observó un momento dormir tranquilamente. Él volvió a suspirar recordando los ardorosos momentos bajo el puente, "no era correcto, esa no eras tú, ¡hubiera sido como si te violara!" Se acercó para darle un beso en la comisura de los labios, y acariciar su mejilla pensando que prefería esos momentos de paz y ternura a haberla tomado traicioneramente bajo el puente, y le susurró: ─ Si esto no es amarte, ¡entonces no sé qué es lo que es!...

Cuando se separó de ella para comenzar a buscar una poltrona en la cual extinguir las horas nocturnas que restaban, inmerso en una lectura o simplemente en sus pensamientos, Integra abrió los ojos lentamente. Mirando en todas direcciones, se vio de nuevo dentro de sus frazadas, limpia, seca y tibia bajo el techo decorado, en la elegante habitación tenuemente iluminada por la luz del televisor. Se incorporó un poco, vio a su vampiro a un par de metros, de espadas a ella. Suspiró aliviada.

─ ¡Alucard!

─ ¿Sí? ¿Qué pasa, Integra? ─ él viró y se acercó rápidamente hacia ella.

─ ¿Qué fue lo que ocurrió?

─ Pues, al acudir donde Lilith, ella te hechizó para que vieras terribles alucinaciones... por eso huías despavorida por el campo, y estuviste a punto de caer a una barranca ─ estaba decidido a omitir el episodio lujurioso si ella no lo recordaba.

─ ¡Es cierto!... es cierto ─ se dejó acostar de nuevo, pasando una mano por la frente ─ ¡fue horrendo, Alucard! Esas momias asquerosas, ¡ese aquelarre! Invocaron a Belcebú, ¡tenían un niño muerto que ofrecieron en sacrificio!

Alucard vio el horror dibujado en su rostro: ─ Integra, ¡no podías hacer nada por ese chico, ya! Lamento decírtelo, pero... decenas de niños son abandonados a su suerte todos los días ... y mucho me temo que esa clase de niños son las víctimas perfectas.

Ella guardó silencio unos segundos, pensando: "no pude hacer nada por ese chico en particular, es cierto... ¿pero acaso esa es la verdadera importancia de mi trabajo? ¿Proteger a seres inocentes?"

─ ¿Y qué pasó con esos ghouls momificados?

─ No había tales en realidad, sólo eran espíritus que el hechizo alucinógeno te hizo ver corpóreos...

─ Un jinete monstruoso me perseguía...

─Ese jinete era yo, sólo que no eras capaz de reconocerme... tuve que pescarte al vilo y hechizarte también para que durmieras... Después... después, cuando llegamos aquí, Ylahiah te dio un bebedizo bendito, ahora has despertado digamos... curada.

─ ¡A veces me doy decepción!... ¿Qué clase de bruja, si es que en realidad soy una, puedo ser si me hechizan con tal facilidad? No bebí nada que ella me ofreciera ─ recordó el cáliz de vino rechazado.

─ ¿En algún momento ella se acercó a ti, te tocó?

Lo repasó unos instantes: ─ A decir verdad sí, tomó con su mano mi muñeca.

─ Ella también puede hechizar por contacto, Integra. Eso, por un lado, por el otro, como me dijiste: alguien como Lilith está fuera de tu liga. Es, literalmente, ¡la bruja más poderosa que has conocido y vayas a conocer! ... Y por cierto, aquí sólo vino a jugar, ¡ni por asomo está usando todo su poder!

─ Bueno, ¡ahora sé lo que se siente! Ser vencido sin remedio, con impotencia, sin que uno pueda hacer nada al respecto...

─ No es lo mismo, ¡mis poderes provienen del mal! Por lo tanto, me creí casi invencible. Tú, digamos que eres una bruja buena, tu magia es reducida, tus hechizos son de otra clase. Ahora que si lo que quieres es un gran poder mágico, hubieras tenido que aceptar la oferta de ya sabes quién.

─ ¡De eso ni hablar! Sólo digo que es injusto que el mal siempre tenga más potencia que el bien.

─ Se supone que existe una buena razón para que así sea... Si las fuerzas del bien fueran igual de ilimitadas y hasta violentas que las fuerzas del mal, estas se corromperían... Paradójico, pero así son de invariables las leyes de la naturaleza ...

─ Eso no tiene mucho sentido... ¿cómo va uno a luchar contra el mal si esté va a superarte en fuerza?

─ No en esa otra clase de fuerza: la de la perseverancia, la que perdura en el tiempo, y aunque lenta a la postre es más poderosa, como la que moldea y gobierna el universo mismo; miles de años de inexorable y constante fuerza ─ La joven guardó silencio, hizo pausa por espacio de unos segundos. Alucard no dejaba de mirarla con toda la atención posible, sentado al borde de su cama, junto a ella. ─ al final sólo un bando, cielo o infierno vencerá.

La repetición del noticiario había terminado, ahora se transmitía el video musical de una canción que él reconoció:

There's a calm surrender

To the rush of day

When the heat of a rolling wind

Can be turned away...

El músico Elton John tocaba el piano y cantaba en el videoclip que el vampiro miró por espacio de unos segundos.

─ El viernes, apenas, estábamos valseando esa canción en tu escuela ─ tomó asiento sobre la cama, a un lado de ella.

─ ... Esa... Esa canción...

And can you feel the love tonight?

It is where we are

It's enough for this wide-eyed wanderer

That we got this far

─ Sí, ¡parece que ya pasó más tiempo que sólo tres días! ¿no? La fiesta de graduación...

It's enough to make King and vagabons

Believe the very best.

─ ¡Sí! ¡Qué noche!... Siento que en este fin de semana han pasado más cosas de las que en los últimos años.

─ ¡Definitivamente! ...─ se acercó aún más a ella. ─ pero ya que estamos en esto, creo que ahora mismo voy a hacer algo que tenía ganas de hacer en el baile, y no me atreví.

─ ¿Qué?

Sin decir más, terminó con la distancia que había entre ellos y la besó dulcemente, pero con mucha añoranza.

Integra lo recibió no sin sorpresa, pero con agrado. Respondió al beso rodeando su cuello con sus brazos, y algo hubo en ese beso que hizo que se ruborizarán sus mejillas, ¿tan sólo sensaciones o recuerdos? Por unos segundos pausó el besó y miró al vampiro fijamente a los ojos.

─ ¿Qué pasa?

En la mente de Integra fragmentos dispersos de unos besos ardorosos bajo la lluvia, pero borrosos en su memoria como si hubieran ocurrido en un sueño o hacía mucho tiempo. Tan sólo movió la cabeza negativamente, recargó la nariz en el cuello de él. En la TV la canción ya había terminado y dio pasó a otro video musical.

─ Tuve mucho miedo allá, mientras corría por los sembradíos.

Él acarició su cabello húmedo: ─ Pues si no me buscas para escoltarte cuando es evidente que hay peligro, dificultas mucho mi trabajo.

Ella no replicó a eso, sólo lo abrazó con fuerza, él le dio un beso en la frente y se recostó junto a ella.

─ Me quedaré aquí hasta que te duermas. ─ ella asintió cuando ya cerraba los ojos. Él le dio un beso en la frente

Alucard apagó el televisor con telequinesis, y la oscuridad envolvió toda la habitación.

Continuará...