Los agentes de Hellsing habían estado persiguiendo a aquella familia de vampiros por todo Gales, hasta que los pescaron tratando de huir a Escocia a bordo de un pequeño barco pesquero.
Luego de rodearlos con armas gruesas y amenazar con hundir el bote hasta el fondo del mar, si era necesario, se apoderaron de cada uno de ellos y los arrastraron hasta el viejo edificio que hacía las veces de cuartel general de la policía local, la cual prestó sus salas de interrogatorio como una colaboración con la Organización Hellsing, como siempre ocurría cuando la dependencia gubernamental cazavampiros se identificaba como de operaciones encubiertas y actividades clasificadas como "secretas", por lo cual la policía los dejaba actuar a sus anchas.
─ Gracias, alguacil, ¡su colaboración ha sido muy valiosa para nosotros! ─ decía la mujer rubia quien se había convertido en la lideresa de la cuadrilla por su ferocidad, su practicidad que rallaba en la crueldad y sus dones detectivescos.
El oficial de policía contestó al agradecimiento con un "no es nada", y prefirió salir de la sala de interrogatorios como ahuyentado por la inquietante presencia de la guapa y marcial Irma Becker, quien miraba a los vampiros arrestados como una fiera observa a su presa herida de muerte antes de hincar los colmillos y devorarlos vivos.
─ Bueno ¡vamos a comenzar! ─ exclamó la rubia bella de mirada sádica haciendo crujir una cuarta entre sus puños…
─ Ah, agente Becker, esos métodos suyos… nos podrían acarrear problemas si los ejecuta en una jefatura de policía.
─ ¿Cree que las paredes pueden no ser lo suficientemente gruesas como para evitar que el sonido de … del interrogatorio escape, agente Harris? Está celda de interrogatorios es más que adecuada ¡estamos en el sótano de un antiguo edificio medieval!
─ Sí, eso creo, además, en esta época, practicar la tortura no es un procedimiento muy ortodoxo que digamos, entre investigadores y detectives.
─ Pero no somos cualquier clase de detectives, agente Harris, ¡para empezar, se supone que ni siquiera existimos! Así que eso nos coloca en el área gris de la ley, ¡área donde todo puede pasar! ─ mostrando una amplia sonrisa con sus dientes parejos y su sonrisa pintada de carmín ─ si no tiene las agallas para obtener información, ¡déjeme el trabajo a mi sola! ─ contoneándose sobre sus botas de tacón grueso que hacían rebotar el eco en aquella celda semi vacía, la rubia fue acercándose a una de sus inmovilizadas víctimas, la cual clavaba sus desorbitados, angustiados y clementes ojos que lloraban lagrimas evaporándose apenas tocaban la piel de sus mejillas. ─ ¡si no tiene el carácter suficiente para ejecutar los medios que sean necesarios, o al menos para atestiguarlos, le sugiero que se retire! Pues esto requiere… de mucha tenacidad.
─ Sinceramente prefiero quedarme a supervisar, agente Becker.
─ ¡Cómo guste! ─Sin borrarse la macabra sonrisa de los labios, la imponente mujer se dispuso a comenzar, a su manera, con la persuasión para obtener información acerca del paradero del famoso libro de la Convención de vampiros. ─ tratamiento bárbaro para criaturas bárbaras, oficial Harris, además… ¡no me puede negar que hemos estado teniendo bastante éxito siguiendo mis métodos!
─ No agente Becker ¡no voy a negarlo! …
─ ¡Por eso mismo!, ¡mire que lejos hemos llegado! ─ dijo haciendo silbar la cuarta en el aire ─ y usted verá… ¡cuan lejos vamos a lograr avanzar!...
XXXVI
Las vísperas.
No iban a dar ni de las nueve de la mañana cuando Integra salió al jardín trasero, vistiendo pantalones de equitación y una chaqueta cazadora, se acomodaba una bufanda alrededor del cuello, pues sentía más frío del que debería, la garganta seca y la nariz húmeda. Se dirigió a los establos. Por el camino iba salpicando sus botas de cuero con el rocío del pasto, algunos minutos después ya ensillaba a Damasco para hacer una práctica ecuestre. Lo hacía con prisa, como si no pudiera esperar para la reconfortante distracción de cabalgar su noble caballo, pues sentía una rara ansiedad que no podía paliar, como si estuviera olvidando algo importante.
Unos minutos después se halló en la pista hípica, un anexo cercano a los establos donde estaban dispuestos obstáculos de diversa índole, como pacas y tablones. Sin embargo, su plan de estar sola no iba a tener el éxito deseado, ya que el duque Abigor se hallaba haciendo una práctica de salto sobre Edén.
Integra colocó su mano en la frente para distinguir mejor: observó al duque ataviado con el blazer, los guantes de gamuza, los pantalones y las botas hípicas, ejecutando saltos perfectos a lo largo de la pista. Integra en esos momentos pensó en dar la media vuelta e ir a cabalgar a campo abierto, tal vez volver a Imolgue Fada, (por simple y natural curiosidad de cazadora de demonios)para ver si el aquelarre había dejado rastros, registrar alguna evidencia para futuras investigaciones, etcétera. Sin embargo, el saludo del duque la detuvo:
─ ¡Muy buenos días, milady Hellsing! ─ extendía la mano derecha, acompañaba el saludo con una sonrisa.
─ Buenos días, Alteza ─ respondió amable, igualmente sonriente.
El duque se aproximó a ella, sobre su montura: ─ ¿Cómo se halla usted?
─ Bastante bien juzgando que ayer fui, ¿hechizada? ¿o debería decir envenenada? Por la "bruja más grande que haya existido".
─ Ambos términos son aplicables, milady… Y a propósito le debo una disculpa, le hice prometer a ella que se comportaría, ¡pero falté a mi propio consejo y confié demasiado! … Mea culpa. ─ puso una mano sobre su pecho, esbozó otra sonrisa.
─ Supongo que acepto la disculpa, de todas formas, ¡no fue nada grave! ….
─ Lord Alucard nos comentó que sí, que pudo haberlo sido grave, que estuvo a punto de caer por una barranca.
─ ¡Es cierto! Pero Alucard también me dijo que el hechizo simplemente fue uno alucinógeno… Si ella hubiera querido hacerme daño, creo que lo habría hecho allí mismo, en el cementerio.
─ ¡Así es! Pero no, tampoco era su intención, no hay un motivo para tal, sino lo contrario…
─Lo sé, ella me lo dijo, al parecer, de algún modo le simpatizo por haber humillado a su marido …o algo así.
─ Algo así …
Luego de un suspiro, Integra agregó: ─ Ahora si me disculpa, quiero dar un paseo ─ azuzó a Damasco y este echó a andar, la dama ya no deseaba saltar, viró en dirección a la terraza debajo de los fresnos.
─ Pero ¿se va usted? ¿Acaso no venía a entrenar? No desista por mí.
─ Oh, ¡no es por usted! En realidad, de repente se me ocurrió que podría regresar a aquel cementerio a hacer algunas investigaciones… debo confesar que me carcome la curiosidad.
─ ¿Desea compañía?
Integra por un momento pensó en rechazar el ofrecimiento del duque, pero había algo en él que la atraía, y no sólo era su bella apariencia humana, sino, tal vez, su charla interesante, su distinguida personalidad o simplemente su compañía que le hacía sentir segura después de los peligros de la noche anterior. Entonces cambió de opinión respecto a cabalgar en soledad, y aceptó. Luego ambos caballos se hallaron galopando en dirección a la colina desde cuya arboleda se alcanzaba a ver bien el cementerio bajo la luz del sol matutino.
La joven lo observó unos segundos sin avanzar, recordando los horrores nocturnos.
─ ¿Desea irse o va a bajar la colina?
─ Bajaré, Alteza… ¡Arre! ─ Damasco echó a correr de nuevo, el duque la siguió. Así bajaron a través de la vereda de arena suelta, junto al columpio debajo del fresno, y entraron esquivando los restos de reja oxidada y desvencijada, adentrándose hasta la escalinata que los condujo donde, unas horas antes, había ardido la gran hoguera.
Integra, primera en acercarse, lo único que halló fueron los restos carbonizados de leña. Bajó del caballo y con una vara que halló entre tumbas, de cuclillas removió los rescoldos de cenizas entre los que halló restos de vidrío, papel y jirones de ropa, allí reconoció la tela del pañal que llevaba puesto el infante sacrificado. No pudo evitar mostrar aflicción en el rostro.
─ Ya no estaba vivo, milady…
─ Eso no mejora las cosas… ¿es que siempre sacrifican niños? ─ levantó la mirada para dirigirse al duque.
─ No todos los demonios gustan de ese sacrificio, algunos preferimos animales o personas un poco… mayores. Lo que sí es cierto es que para obtener siempre hay que sacrificar, es una de las leyes más importantes y más inmutables de la existencia.
Integra analizó por un momento las palabras del duque, supo que tenía razón: ─ Uno de los crímenes que mi organización persigue es el secuestro para fines satanistas, ¡y míreme! Asistí a uno de esos ritos, llevaron a un infante muerto justo ante mis narices, y ahora trazó amistad con un demonio.
─ Le podría decir que entiendo su dilema moral, pero estaría mintiendo. Para nosotros la inmensa mayoría de los mortales son … insignificantes presas. ─ bajó del caballo para acercarse a donde Integra observa ahora de pie, sosteniendo una botella carbonizada en la mano. ─ son carne de cañón maleable como la arcilla, de la que no vale la pena preocuparse demasiado.
─ ¿Y acaso no se aburren de siempre meter las narices en los asuntos de la humanidad?
─ De hecho es lo que hace amena nuestra eterna existencia. Ser inmortal puede ser terriblemente monótono, ¡en algo tenemos que ocuparnos!
─ Y se ocupan con bastante éxito… ─ se cubrió la nariz con el antebrazo para estornudar.
─ ¡Salud! Eso es porque el poder oscuro no tiene restricciones. Como le he dicho, la única restricción que tenemos es la de no hacernos daño entre nosotros mismos, porque eso mantiene las cosas en cierto orden entre la gran Corte infernal, de allí en fuera, mi Señor Lucifer no tiene inconveniente en proveernos de absoluto poder, ni empacho en que lo usemos a nuestro antojo, cosa que evidentemente no pasa en el "bando contrario". Puede comprobarlo con Ylahiah que está atado a demasiadas condiciones.
─ Supongo que eso también mantiene el orden, como dice usted.
─ Sí, demasiado orden. A los demonios en realidad nos atrae el caos y su implementación en la Tierra. Jugar con los mortales resulta divertido… ¡y fácil! Ustedes siempre pueden elegir, pero más de las veces eligen las emociones que nosotros les inspiramos que las que les inspira Dios, supongo que las sendas que nosotros le proponemos les resultan más fáciles y placenteras, ¡y esa ya no es nuestra culpa! ─ se encogió de hombros indolentemente.
─ ¡Así de fácil! ─ Integra lo miraba, mezcla de reproche, mezcla de ironía ─ ¡Así de fácil pueden justificarse miles de años de miseria humana!
─ Esa miseria es ejecutada por la humanidad misma por las razones más simples como la ambición o la mezquindad. Y para ser franco, la culpa tampoco es cosa de demonios, milady, ¡me gusta pensar que somos demasiado pragmáticos para sentirla!
La joven suspiró pensando en el permanente conflicto entre el bien y el mal: ─ Paz y guerra, calma y caos han moldeado al mundo, ¿no?
─ Así es. Si el Dios "bueno" crea los sentimientos más bellos, los demonios los matizamos, ¡agradezca a nosotros la pasión! ¿y qué sería de este mundo sin la pasión?
─ Sí, ¡¿qué sería?! ─Una sutil sonrisa en el rostro, ella guardó el frasquito carbonizado en el bolsillo de su chaqueta cazadora: ─ ¡Será mejor que nos vayamos, duque general! Venir aquí me hace sentir peor, fue un error. ─ se dirigió a Damasco y lo montó de nuevo.
─ ¡Cómo usted lo desee, milady! ─ el caballero la imitó y ambos dieron media vuelta para volver por donde habían venido.
Después de unos minutos en silencio, mientras volvían a descender la cuesta para volver a la propiedad Marshall, Integra rompió el silencio:
─ Milord, en sí, ¿por qué es usted amable conmigo? Quisiera saber porque le caigo bien ¿o es que acaso su personalidad es así de afable?
─ Soy afable sí ─ sonriéndole ─ ¡pero no con todo el mundo! Usted me agrada por esa personalidad tan característica suya, por su valor espartano.
─Tal vez exagera un poco al llamarle así a mi forma de ser.
─No, no exagero, ¡créame! Yo sé de lo que hablo, si usted duda, pregúntese porque no soy el único ser, endemoniado o no, poderoso o no, que, de alguna u otra manera, se interesa en usted.
Integra bajó la mirada cuando entendió la alusión del duque: ─ A veces no sé si deba vanagloriarme de ello…
─ Si lo dice por lord Alucard, déjeme preguntarle, acerca de él ¿qué es lo que le preocupa? Aparte de la obvia diferencia de condiciones…
─ Alteza, en el fondo, detrás de los oropeles y los títulos nobiliarios sólo soy una adolescente de dieciocho años, ¡no es que ser la enamorada de un demonio centenario sea algo muy normal!…
─De repente lo dice como si no le correspondiera a tal "demonio centenario", milady.
─ No es eso, pero…
─ ¿Pero?
─ Pero mi experiencia en la vida amorosa es tan nula, soy tan neófita… que … me he llegado a plantear muchas veces si lo que siento por Alucard es genuino o sólo es una de esas famosas pasiones adolescentes que no llevan a ningún lado.
─ ¡Ya veo! Pues… es muy lógico, ¡hasta inteligente que tenga dudas!… No debe sentirse culpable por ello.
─ El punto, Alteza es… que alguien como Alucard puede estar totalmente seguro de lo que quiere y siente, porque ha tenido una vida exageradamente larga para llenarse de incontables experiencias, pero yo apenas voy a cumplir los diecinueve años… ¡y antes de él creo que no me había enamorado de nadie! Así que… como dijo Walter hace unos días: yo puedo estar confundiendo mis sentimientos, así, lo que creo que es amor sea tan sólo un enamoramiento pasajero … ─ el duque la miraba fijamente ─ … ¡disculpe! Ya lo aburrí con mis niñerías…
─ Nada de eso… ¿recuerda que, por extraño que parezca, también soy un demonio que se invoca en difíciles asuntos de amor?
─ Lo sé.
─ Bueno, allí lo tiene… El amor es como la guerra, tal vez un poco más peligroso.
─ Entonces ¿qué debería hacer al respecto? De cualquier forma, no creo que podamos presentarnos en sociedad como una pareja… normal. ─ se cubrió de nuevo la boca con el antebrazo para volver a estornudar.
Ya bajaban de nuevo la pendiente hacia la vereda que llevaba hasta la capilla, y siguieron avanzando.
─ Salud… ¡Ah, la sociedad y sus convencionalismos! Lord Alucard es un noble, puede andar por allí disfrazado para fingir que es un humano, ¡pero en fin! Eso es lo estorboso entre los mortales, el pretender ser "buenos cristianos" y "ciudadanos ejemplares", a veces la vida les pone algunos obstáculos… Lo único que puedo aconsejarle es que, si tiene duda acerca de lo que siente, no tiene más opción que experimentar… ¡Sabe a lo que me refiero! Relaciónese con otros caballeros, tal vez de su edad, si le apetece.
Integra frunció el ceño ante el práctico consejo.
─ Pero… pero eso sería tanto como ser infiel…
─ ¿Tiene algo así de formal con Lord Alucard?
─ No exactamente, pero sí…
─ ¡Vaya situación! Aun así, faltar a las reglas de vez en cuando no puede ser tan problemático…
Integra le miró levantando una ceja, extrañada, curiosa de lo que iba a decir: ─ ¿Ah no?
─ Tengo entendido que este otoño ingresará a una de las facultades de Oxford… Bueno, ¡uno nunca sabe! Pero en la ciudad universitaria, usted pudiera conocer a algún caballero interesante que tal vez le aclare algunas dudas… Además, el hecho de ya no vivir en Hellsing Manor, le hará bien. La distancia que habrá entre usted y Lord Alucard puede ayudarla a valorar mejor las cosas.
Integra le miró un momento analizando lo que acababa de escuchar: ─ Me sigue sonando a engaño, es decir que no quiero llegar al punto de decirle a Alucard: "tenemos que hablar" … Con todo respeto, Alteza, no me parece un buen consejo.
─ ¡Soy un demonio, milady! No doy buenos consejos, sólo consejos prácticos. Como le dije, los diablos no conocemos la moral ─ se encogió de hombros con una expresión indolente. El camino transcurría, a pocos metros, entre arbustos y flores silvestres, ya se divisaba la capilla ─ si se siente comprometida con lord Alucard, debe preguntarse porqué. ¿Son sus sentimientos los que no desean saber acerca de los enredos amorosos? ¿O será que no es tan fuerte lo que siente por él de otra forma no tendría ninguna duda?
La joven en ese momento no supo que contestar, sólo se quedó mirando al duque con desconcierto.
─ ¿Dice que no amo a Alucard en realidad?
─ ¿Lo hace?
─ Según yo sí, es sólo que soy muy joven para cosas tan definitivas como una relación formal con un señor vampiro de medio milenio de edad… ¡Ay, escuché! ¡Eso suena tan extraño!
─ Su vida misma es extraña, milady, no se apure… Además, si lo único que han compartido no han sido sino unos cuantos besos, no veo porque no pueda compartirlos con alguien más.
─ Además de Alucard, sólo me ha besado Charles Islands, aunque a la fuerza… ─ hizo un gesto de desagrado al recordarlo.
─ ¿Y en comparación?...
─ ¡En comparación no hay nada! Los besos robados no pueden contar.
─ Definitivamente no …
─ Bueno, supongo que si algún día conozco a alguien a quien yo quiera besar… lo haré, sólo para salir de dudas.
─ Le voy a hacer una pregunta demasiado directa o atrevida, milady, del tiempo que lleva conociéndome, ¿no ha querido besarme a mí?
─ ¡¿Qué?! ¿De… de qué está hablando, Alteza? ─ ella comenzó a inquietarse.
─ ¡Milady, no se asuste! Sólo digo que, si quiere besar a otro hombre que no sea a su fiel vampiro, puede intentar conmigo ─ la inquietante belleza de su rostro, la mirada de sus bellos ojos oscuros, seductora, fija en ella.
─ Pero… ─ sonrojada, aunque considerándolo.
─ Sólo sería un beso, ¿qué dice? ─ detuvieron la marcha de los equinos, una sonrisa insinúate y perfecta como el resto del físico del duque, y sin que Integra se diera cuenta, el gran demonio ya había colocado una mano en la mejilla de ella, quien tan sólo se sobresaltó y sonrojó aún más, pero no podía negar que le estuviese gustando ─ de verdad puedo ayudarla a salir de alguna duda. Usted necesita besar a más varones, sólo para que pueda, ¡usted sabe! Comparar sus sensaciones ─ ahora el dedo pulgar acariciaba su mentón, sus labios.
"¡¿Pero qué demonios estás haciendo aquí sin moverte un milímetro, Integra Hellsing?! ¡Espolea tu caballo en este instante y sal huyendo de aquí!" Su conciencia no correspondía a su cuerpo, pues ante las caricias suaves del duque, tan sólo cerró los ojos, un segundo después, los labios de Abigor atrapaban los suyos, mientras sus manos sujetaban sus mejillas.
Integra se sorprendió a sí misma correspondiendo aquel beso, y se siguió sorprendiendo más cuando sin reservas, abrazó al duque por el cuello cuando este estrechó su cintura con un brazo, después de casi un minuto de aquello, el bello demonio terminó con el beso.
─ ¿Y qué tal?
La jovencita lo miraba y se miraba estupefacta, con todos los colores apelmazados en la cara.
─ ¡Alteza, yo!…
─ No me diga que fue lo que sintió, ¡eso debe analizarlo con calma, con mucha calma! La próxima vez que bese a lord Alucard, ya podrá darse una mejor idea…
─ Ah pero…
─ ¡Espero haberle sido de ayuda! ─ otra vez esa sonrisa jovial, despreocupada ─ ¿gusta continuar con el camino? No quiero que piense que pretendo propasarme, ¡y no se incomode! No le mencionaré este incidente a nadie, ni otra vez en ningún otro momento.
─ … Es… está bien, le agradeceré mucho que nunca lo mencione o lo cuente.
─ Delo por hecho, los caballeros…
─ ¡No tienen memoria! ¡Gracias por ello! ─ entonces ella espoleó a Damasco.
A leve troté que siguió el duque, sobre la fresca floresta y sobre los caminos de césped, Integra terminó por regresar a los establos, donde entregó las riendas a un mozo de cuadra, luego se despidió del general con toda cortesía, y entró a la casona, dispuesta a mitigar con el desayuno, el episodio que le provocó el inesperado beso. Antes de traspasar el umbral de la puerta, casi tropezó con el caballero pelirrojo, impecablemente vestido en un traje casual de tweet.
─ ¡Lady Integra! Muy buenos días, ¡me alegro de que ya esté restablecida!
─ ¡Señor Ylahiah! Muy buenos días, yo… ¡sí! Ya me hallo bien y todo gracias a usted. ¡Voy a quedarle tan en deuda de tantas veces que tenga que salvarme!
─ No hay deudas, milady. Soy su ángel de la guarda y por lo tanto es mi obligación y mi deber cuidar de usted.
─ Lo sé, aun así me siento muy afortunada de tenerlo … es decir, tan corpóreamente … ¡vamos, que no creo que haga lo mismo por todas y cada una de las almas que usted custodia!, ¿oh sí?
El ángel hizo una pausa antes de contestar: ─ No milady, no con exactitud, sin embargo, estoy al pendiente de todas ellas… Y no me pregunte como lo logro, sólo recuerde que soy un ser divino, así que puedo saber que pasa en muchos lugares al mismo tiempo.
─ ¡Ya me lo imaginaba! Pero dígame, ¿qué le parece Bath, había estado aquí antes?
Mirando a su alrededor, Ylahiah pensó un momento su respuesta: ─No en realidad, ¡no como una visita en un cuerpo de apariencia humana en todo caso!
─ Bueno, siendo así, ¡disfrute usted de la campiña inglesa! ─ acompañó la atención con una dulce sonrisa.
─ ¡Me parece una estupenda recomendación! Ahora… debo hallar al duque Abigor, ¿lo ha visto!
─ Ah, sí, le he visto… ¡debe estar aún en el área de los establos! ─ tratando de ocultar una cierta incomodidad que sólo alertó a los suspicaces sentidos del ángel ─ bueno, ¡debo dejarlo señor! Yo, iré a adentro.
─Pase usted, milady ─asintió y observó a la chica terminar de entrar a la casa.
─ ¡En fin!, ¡habrá que averiguar qué maldades han estado haciendo estos demonios! ─ murmuró el ángel para sí y siguió su camino mientras se colocaba unos guantes de gamuza color marrón.
Cuando llegó donde los establos, encontró al duque Abigor cepillando el pelaje del gran Edén. Se detuvo a la entrada del cubículo donde se hallaba el potro.
─ Buenos días, Abigor…
─ Buenos días, Ylahiah ─ continuando con su actividad ─ ¿cómo te la estás pasando en tus "vacaciones"?
─ Yo nunca estoy de vacaciones, Abigor, ahora mismo tengo trabajo.
─El trabajo de esmerarte en cuidar de lady Integra para sumar puntos a tu récord de ángel de la guarda, ¡sí! Ya sabemos…
─ Los encargos especiales nunca son sencillos, los mortales notables siempre tienen vidas agitadas y están rodeados de peligros, como lady Integra lo está a cada momento, y mucho más si ha decidido ser amiga de demonios…
─ ¡Oh vamos, Ylahiah! No me veas de esa manera ─ recargando una mano en la pierna del caballo.
─Abigor, ¡no puedo ser tan ingenuo como para no deducir que viniste aquí con Lilith por algún propósito en específico!
─ ¿Insinúas que estoy traicionando a lady Integra?
─Bueno, nunca le juraste lealtad así que no puedes traicionarla, sin embargo, no nos vamos a engañar pretendiendo que no serías capaz de una treta ─ cruzándose de brazos, mirando fijamente al duque general.
─ ¡En eso tienes toda la razón! ─ comenzando a quitar los cabellos negros del cepillo que aún tenía en las manos.
─ Así que te preguntaré… amigo ─ Abigor notó como Ylahiah remarcó la palabra en sus labios ─ ¿el hecho de que, entre todas tus amantes, concubinas y conocidos, hayas elegido traer a Lilith, tiene que ver con que Asmodeo haya enviado a su avatar a matar a un miembro del clan de vampiros en la mansión Hellsing? ¿hay algo en todo el plan que no me estás diciendo?
Abigor miró al ángel unos segundos, luego echó a reír: ─ ¡Ya sabes que Lilith detesta a Asmodeo mucho más que yo!…
─ Entonces te haré otra pregunta ¿qué esperas conseguir de lady Integra?
─ Sólo me gusta ser su amigo… La verdad, empeñarme en seducir a una niña cristiana está totalmente fuera de mis planes, ¡ni que fuera yo lord Alucard!
En ese momento ambos rieron.
─ La cosa es que… por alguna razón ya no consigo ver nada, Abigor…
─ ¿Disculpa?
─ Que ya no consigo ver en el destino de lady Integra. Es como si hubiera una barrera que me lo impidiera, lo cual se me hace extraño, pues hasta apenas hace uno días podía hacerlo, así que voy a preguntarte otra vez: ¿sabes cuál es la razón de ello?
─ La única razón que puede haber es que estén a punto de ocurrir eventos verdaderamente importantes en el destino de lady Integra…
─Los cuales le plantearán disyuntivas que cambiarán el curso de su vida…
─ ¡Así es! Pienso que se acerca a un punto de inflexión, después de eso, su destino será más claro … para todos…
─ Y esperemos que la incertidumbre termine pronto, ¡esto ya se está complicando mucho!
─ Sí, bueno, ¡hay que desearle suerte a lady Integra!
Y hubo algo en esa última frase que al ángel de la guarda no le gustó nada.
Adentro de la mansión, Integra fue directo al lavabo de la planta baja para lavarse las manos, aprovechó para mirarse al espejo: en su rostro nada distinto, pero pensando en los besos. Los de Alucard, el del duque, tratando de averiguar la diferencia entre cada uno de ellos. Suspiró profundamente, secó sus manos, luego se dirigió a la cocina donde ya se preparaban las viandas y el café del cual ella pidió una taza para degustarlo (aunque entre estornudos), cuando por la puerta entraron Cathy, Maggie y la nana Emily.
─ ¡Uff, cuánto trabajo, madre mía! ─ expresó la anfitriona, sus ojos se toparon con su rubia amiga, quien, sentada a la mesa de la cocina, bebía café y comía un waffle ─ Integra, ¡qué bueno verte! ¿cómo te sientes?
─ Amiga, pero ¿qué fue lo que pasó anoche? ─ una Maggie expectante.
─ Hola Cathy, Maggie, yo… ¡ya estoy bien! Muchas gracias por preguntar… Verán, anoche…
─ No pudimos dejar de notar lo que ocurrió. Ralph nos contó que lord Alucard te trajo empapada y enlodada y que el señor Ylahiah prácticamente te salvó…
─ ¡Cielos Integra! Me siento tan apenada de que hayas tenido un percance de esa clase en las inmediaciones de mi propiedad, ¿qué pensaría Walter si se enterara? ¿qué va a decir Alucard acerca de que su ama no está segura durante una invitación mía?
─ Oh, Cathy, ¡de verdad no tienes por qué mortificarte! Todo fue culpa mía, ¡cometí la imprudencia de dirigirme a territorios peligrosos, sola y sin avisar a nadie…
─Pero…
─ Será mejor que ya no mortifiques más a lady Integra, Cathy, tal vez no quiera recordar lo que sea que le haya ocurrido anoche. ─ intervino la nana.
─ ¡Oh nana! De hecho, agradezco mucho las preocupaciones, pero … sólo estoy un poco cansada, y parece que terminaré por pescar un resfriado, pero de allí a más, ¡me encuentro perfectamente!
De verdad.
─ ¡Me alegra oírlo, Integra!
─ Sin embargo debes contarme que te pasó, o por lo menos en donde, para tener más cuidado en posteriores visitas.
─ Está bien Cathy, Maggie, les contaré …
En eso, la puerta de la cocina volvió a abrirse para dar paso a Blair, quien traía una canasta de mimbre en el brazo. Integra la miró, ella se veía algo estresada, aunque también distraída.
─ ¡Blair! Integra está bien después de todo, y es una suerte, porque así estará al cien para todo lo de hoy en la tarde ─ intervino Cathy con una sonrisa que contrastaba con el rostro serio y pensativo de la joven castaña.
─ ¿Ocurre algo, Blair? ─ inquirió Integra al verla pensativa, algo que en ella no era normal.
─ Na… nada, Integra, me alegro de que ya estés como siempre, ¡lista para la siguiente como quien dice! ─ recobrando su característica algarabía, Integra aún pareció notar que algo inquietaba a su mejor amiga.
─ Bueno, niñas, ¡lávense las manos para que tomen desayuno! ─ ordenó la nana, las jóvenes obedecieron. Minutos después se sentaban junto a Integra, mientras que una doncella les servía los alimentos.
─Integra, ¡a que ni te imaginas! Sucede que el pastor llamó muy temprano en la mañana para decirnos que no oficiará la boda en otro lugar que no sea un recinto sagrado, en este caso la capilla, por lo que hemos tenido que ir a abrirla, limpiarla, comenzar a adornarla y todo lo necesario para dejarla en condiciones para la boda, ¿puedes creerlo? ─ contaba Maggie mientras untaba mermelada de fresa a un pan.
─ ¡Con lo bello que había quedado el arco de flores en el jardín! ─ agregó Cathy llevándose una cucharada de cereal a la boca. ─ hemos tenido que mudarlo a la entrada de la capilla.
─ Rayos, ¡y yo sin haberles ayudado! Debieron haberme avisado más temprano para ir con ustedes.
─ ¡Ni lo digas! Pudiste haber estado muy cansada por el accidente de anoche…
─Por alguna extraña razón no lo estoy, debe ser que, lo que sea que me haya dado el señor Ylahiah, me ha reconfortado enormemente al grado de que desperté a buena hora, e incluso tuve ánimos para ir a cabalgar…
─ Pero Integra, ¿fuiste sola de nuevo? ─ preguntó Cathy.
─ Eso planeaba, pero … resulta que el duque Abigor me acompañó… Además, es de día y no hubo ningún problema. ─ Integra trató de no agregar más al asunto, temía que algo fuera a notarse en su rostro. Observo a sus amigas, Cathy y Maggie que escuchaban con atención, Blair que parecía darle más importancia al pasatiempo impreso en la caja del cereal, en su rostro no se dibujaba ninguna expresión.
─ El duque es todo un caballero, la nana nos dijo que, anoche, indicó a Lord Alucard donde hallarte y le prestó su caballo para traerte de vuelta.
─ Así es Maggie... Después de todo… hacer amistad con seres demoniacos no es tan malo como pudiera parecer… Yo no supe mucho de mi después de que logré saltar la dichosa barranca esa, yo… estaba hechizada.
En ese momento las tres amigas, incluida Blair, dejaron de comer para ponerle toda la atención.
─ ¿Hechizada?, ¿cómo?
Entonces, la joven rubia prosiguió a relatar lo que había ocurrido, como ella lo recordaba para asombro, incluso espanto de sus amigas.
─ ¿De modo que esas pesadillas que yo estaba teniendo no eran sino una carnada para ti?
─ Eso fue lo que ella me dijo, Maggie, aun así, procura no acercarte a ella… Es una bruja en realidad peligrosa… Ella, ella tenía montado un aquelarre autentico en el cementerio. ─ otro estornudo la interrumpió.
─ ¿Un aquelarre, dices? ─ Blair, quien con una expresión asustada se servía jugo de naranja.
─ Imolgue Fada nunca me había parecido un lugar peligroso, mucho menos terrorífico, ¡hasta ahora! ─ comentó Cathy muy reflexiva. ─ de hecho, durante la niñez, mis hermanos y primos solíamos bajar a explorar hasta allá… Jugábamos mañana y tarde, y los jardineros nos hacían columpios en los árboles de los alrededores. ─ la mirada de la joven se matizaba con la alegría de sus recuerdos.
─ Seguramente así era, pero creo que lo mejor será que no te acerques allí, al menos no de noche… la señora Lilith me dijo claramente que es un lugar maldecido con toda clase de energías ¡Y vaya que son energías peligrosas! ─ con escalofríos evocó a los momificados, que no habían sido más que la visión de antiguos espíritus sin descanso.
─ ¿La señora Lilith de verdad es tan mala? ─ Blair lanzó la pregunta con cierto aire sospechoso que Integra no pudo dejar de notar.
─ ¡Mucho! Es la demoniza y bruja luciferina más antigua y poderosa de la que se tenga conocimiento, ¡deben guardar sus precauciones con ella! ¡por favor!
─ Está bien, Integra.
─ No te preocupes por ello, ¡la verdad no tengo ni la más mínima intención en trazar una amistad con ella! ─ aseguró Maggie.
Blair, por el contrario, sólo las escuchaba, tratando de mantenerse un tanto ajena a la promesa. Integra, más que las otras dos chicas, notó esa actitud, sin embargo, no quiso cuestionarle nada… no en ese momento en todo caso.
Después de unos minutos, cuando hubieran terminado el desayuno, acompañadas ya de Ralph y Bob, y junto a los sirvientes, se dirigieron a la capilla donde aún había mucho que hacer. Y al medio día, mientras pulían bancas y acomodaban flores, vieron llegar presuroso al mayordomo, quien entró trotando al recinto, buscando con la mirada a Cathy, a quien llamó:
─ Señorita Catherine, ¡es preciso que venga! ¡Rápido!…
Y todos pausaron lo que estaban haciendo para poner atención a la escena
─Paul, ¿qué ocurre? ¡Vamos dime!
─ ¡Mejor venga conmigo!…
─ Mejor dime de una vez que ocurre o todos se quedaran con una preocupación.
─ Sus primos, señorita, ¡lady Lauren y lord Nathaniel están aquí!
─ ¡Oh! ─ exclamó Cathy
─¡Oh no! ─ exclamaron el resto de los chicos.
─ Tra… tranquilos todos, ¡yo iré a arreglar esto!
─Pero Cathy, ¡dijiste que nadie más de tu familia vendría!
─ ¡Y se supone que eso es lo que debería pasar! Esos primos… bueno, habían ido de veraneo a la Costa Azul, pero algo debió de cambiar sus planes, ¿yo qué sé? Aun así, ustedes no deben inquietarse, ¡son buenos tipos! Es decir, no son del tipo "soplones" ni nada por el estilo.
─ ¿Estás segura, Cathy? ─Bob ya con preocupación, al igual que Ralph, Blair, Maggie e Integra.
─ ¡Claro!… de cualquier forma, ellos no tendrán que guardar el secreto más que lo que resta del día, ¿o no? ─ otra sonrisa nerviosa ─ ¡ahora vuelvo!
Y salió corriendo por la floresta en dirección a la casa, junto al mayordomo, dejando tras de sí rostros de expectación.
─ ¡Yo digo que también vayamos! ─ sugirió Ralph.
─ Sí, sí… Es mejor saber de primera mano que está pasando. ─ declaró Bob, y todos siguieron el camino.
Para cuando entraron al gran salón de las losetas de ajedrez, vieron a dos hermanos de cabello castaño claro, tan parecidos en edad y físico que parecían mellizos, los cuales charlaban con Cathy.
─ ¿Y dices que estás organizando una boda clandestina para dos de tus amigos? ─ preguntaba la joven Lauren Scott, una chica elegante, alta, delgada y jovial que no superaba los veinticinco años. Perfectamente bien maquillada y acicalada, vestía a la última moda; en su brazo derecho pendía un bolso de lujo; en sus orejas pendientes finos; despedía un aroma a costosa fragancia.
─ ¡No tuvimos más remedio!… Ella, ella…
─ Ella es Margaret Parrish ¿verdad? ─ concluía el chico Nathaniel Scott de veintitrés años, un refinado y perfumado joven quien usaba moda sport la cual combinaba con unas gafas oscuras que había colocado en su coronilla ─ entonces el novio debe ser Robert Walsh Junior, ¡vaya!
Ambos sorprendidos, algo incrédulos, mirando con expectación a su prima menor. Ambos hijos de Lady Sarah Scott, tía materna de Cathy.
─ ¡Son mis amigos tenía que ayudarlos!
─ Hola ¡Soy yo! Soy la novia ─ se adelantó Maggie a decir
─ ¡Y yo! ─ agregó Bob ─ el novio.
Los hermanos Scott voltearon a ver los chicos, luego a intercambiar miradas, soltaron una risita:
─ ¡No puede ser, Nath! Nosotros que venimos a casa de los abuelos escapando de toda la sociedad que está aglomerada en Montecarlo, ¡y vinimos a dar a una boda! Una boda secreta, Nath, ¡qué romántico y emocionante!
─ ¡Tienes razón, Lauren! Tal parece que la vida social nos persigue, ¡en fin! Gusto en conocerlos formalmente, lord Walsh, lady Parrish ─ asintiendo, se aproximó a estrechar sus manos.
─Lord Robert Walsh Junior… gusto en conocerlos.
─ Lady Scott… el gusto es mío
─ No se preocupen, entendemos el porqué de la situación. ─ agregó la joven mientras intercambiaba otra mirada con su hermano.
─ Desgraciadamente toda la sociedad entiende los porqués de mi señor padre… no es algo que me enorgullezca. ─ expresó Bob incomodo.
─ Pues claro que no ─ exclamó Nathan Scott ─ Por eso mismo sabemos lo que significa que estén aquí, así ¡solamente nos queda desearles felicidades a ti y a Maggie!
─ ¡Muchas gracias! ─ intervino la novia.
─Entonces, no dirán nada ¿verdad? ─ angustiada y apurada, Cathy buscaba un atisbo de complicidad en sus primos hermanos.
─ ¡Por favor, no vayan a hacerlo! ─ habló Blair.
─ Háganlo por consideración, ¡será sólo el resto de la tarde! ─ dijo Ralph.
─ Después los novios partirán de Gran Bretaña, ¡y nadie tiene porque saber que ustedes fueron testigos de esto! Yo… yo, a lo mucho Cathy, asumiremos la responsabilidad. ─ agregó Integra.
Los hermanos Scott volvieron a sonreírse: ─ Vaya, vaya, muchachos, ¡Tan chicos y tan valerosos! ¡cada uno de ustedes! ─ exclamó la prima Lauren
─ ¡Claro que no diremos nada! ─ aseguró el primo Nathaniel, bromeando ─ a menos que viniera la guardia Real a llevarnos presos a la Torre por conspiración, ¡lo cual no creo que suceda!
─ No… ¡yo tampoco lo creo! ─ Lauren negando con la cabeza.
─ Tan sólo nos queda disfrutar de la boda ─ Nathaniel se encogió de hombros con una expresión de fingida resignación.
Un "muchas gracias" a coro, fue lo que se dejó escuchar en el recibidor de parte de los seis chicos.
─ ¡Y mucha suerte a los novios!
─ ¡Gracias! ─ Bob y Maggie exclamaron al mismo tiempo.
─Bueno, nana, danos habitaciones por favor. ─ dando media vuelta, la prima Lauren se dirigió a Emily.
─ ¡Enseguida, señorita!
─ Una para cada uno, por supuesto ─ aclaró el primo Nathan. ─ Lauren ronca.
─ ¡Yo no ronco!
─ ¡Claro que sí!
─Síganme por favor ─ intervino Paul, mostrándole el camino al joven.
─ Y ahora tengo que ir de compras ¡no tengo un vestido adecuado para una boda, ni mucho menos una pamela a juego!
─ ¡Yo también tengo que conseguir un chaqué, hermana!
Despidiéndose por el momento, charlando fueron siguiendo a la ama de llaves y al mayordomo.
─ ¡Eso estuvo cerca! ─ exclamó Blair, luego rieron por su buena suerte, y regresaron a sus actividades.
Fueron y vinieron de la capilla un par de veces, hasta que allí todo estuvo correctamente dispuesto para la boda que había de llevarse a cabo a las seis en punto. Los arreglos florales colocados en pedestales a través de todo el pasillo de bancas limpias y enceradas hasta el altar, por donde una alfombra roja impecable, aspirada, debajo de guirnaldas de festón fresco con olor a pino adornados con flores y listones de organza que pendían del candelabro central, a unos metros de la pequeña bóveda decorada con pinturas de los cuatro apóstoles evangelistas. Y en el altar colocados bellos arreglos de rosas blancas, azucenas y lirios del valle que impregnaban todo de un aroma sutil, melancólico y romántico.
─ No vamos a celebrar la boda entre la naturaleza, ¡pero es como si hubiéramos traído aquí dentro el bosque!… ─ Opinó Ralph, y todos estuvieron de acuerdo.
Mientras en el jardín, los preparativos para celebración también habían finalizado bajo la dirección del mayordomo Paul. La carpa blanca, los manteles en las mesas, el banquete, los adornos y la llegada de algunos músicos.
Para esas horas, se vio a la prima Lauren salir a toda prisa montando bicicleta. Cuando la nana Emily le preguntó que a donde se dirigía, ella contestó que tenía que hacer algunas visitas, y la nana adivinó que la vivaz chica amante de las fiestas y las reuniones sociales, estaba planeando algo, y estaba en lo cierto.
Para cuando todas las faenas terminaron, la tarde había avanzado tanto que ya sólo quedaba tiempo para el arreglo personal.
Polvosos y desarreglados por los quehaceres, los muchachos fueron a tomar sus respectivas duchas, lo que hizo que el resfriado de Integra se "humedeciera" hasta el punto de hallarse en la necesidad de tomarse unos antihistamínicos, pues los estornudos y el flujo nasal no la dejaban en paz.
Aún con la bata de baño, observó el traje de época que había adquirido un día anterior, el cual descansaba colgado de una percha junto al biombo. "¡A Dios gracias que nadie me obligará a usar corsé!" Recordando aún el extraño sueño del domingo en la madrugada.
Noc, noc, noc. Golpes llamando a su puerta que la hicieron sobresaltar al recordarle aquellos del espejo. Instintivamente se volvió a mirar tal, y lo halló aún cubierto por la frazada que le había colocado Alucard. "Y así te vas a quedar espejo, hasta que yo me haya ido de aquí" Pensó sin despegar la mirada de él … Noc, noc, noc…
─ ¡Un momento, por favor!
Se aproximó a abrir la puerta, allí halló a una amable doncella del servicio que hizo una reverencia al verla: ─ ¡Muy buenas tardes, milady! La señora Emily me ha mandado para que la ayude a vestirse, ¿puedo pasar?
─Ah, ¡sí, sí claro! Adelante… ─ la joven entró ─ gracias.
─ ¡Para servirle, milady!
Integra, quien ya se había puesto la ropa interior, comenzó a ser auxiliada por la doncella a colocarse aquellas prendas que habían sido bien confeccionadas para evocar aquellas de viejas épocas cuando, seguramente otras damas, dentro de aquellas mismas paredes, habían usado algunas muy parecidas, tal vez mientras miraban amaneceres o atardeceres a través de esas ventanas por donde se filtraban rayos ambarinos del sol crepuscular el cual dificultaba la vista hacia el horizonte.
Horizonte que tampoco podía distinguir la novia, quien, en la habitación continua, era ayudada a ataviarse con el traje de tafetán de seda blanco, ceñido debajo del busto, y mangas cortas, escote pronunciado, y falda larga que se prolongaba en una cola de discreta longitud.
Cathy, quien también se vestía en la habitación con ayuda de la nana Emily, miraba de reojo la transformación de su amiga en una dama que pudo haber existido casi dos siglos atrás. La escena en sí: la recamara que había quedado suspendida en el tiempo, entre los decorados y el mobiliario que alguien había adquirido tantos, ¡pero tantos años atrás! Y las doncellas de servicio en su uniforme formal de delantal y cofia blancos con encaje en almidón, ayudando a las jóvenes de la Nobleza a vestirse con delicadas prendas.
Una vez la novia estuvo bien vestida, tomó asiento en un taburete para que la peluquera le arreglase el cabello a la manera de la Regencia: con un recogido que recordaba a las matronas griegas, sobre el cual, colocó los adornos de flores y azares donde acomodó el velo que se deslizaba cual cascada por la espalda y falda de la novia, la cual se colocó las discretas joyas que había elegido para la ocasión: un par de pendientes de perlas engarzadas en oro, y un dije con el emblema de su familia. Luego de que le fueron facilitados los guantes de seda hasta el codo, colocó encima la sortija de compromiso que Bob le había entregado días atrás, y un brazalete que había recibido como regalo por su reciente graduación. Al hacerlo, Maggie no pudo evitar sentir un abismo hondo e inmenso adentrándose en su pecho.
"¡Mis padres, mis hermanos, mis abuelos! ¿Es que acaso volveré a verlos?" Y sin poder evitarlo un sollozo la traicionó, gruesas lagrimas rodaron por sus mejillas.
─ Milady, ¿se siente bien? ─ preguntó la peluquera al percatarse del discreto llanto.
─ Maggie, ¿qué pasa? ─ Cathy, quien era asistida en el peinado por la nana, volteó hacia donde su amiga para ver que le ocurría
─No, ¡no es nada! De verdad, es solo que… me puse melancólica, ¡eso es todo! ─ secándose las lágrimas con el paño que la peluquera acaba de facilitarle.
─ ¡Oh Maggie! ─ Cathy no supo que decirle con exactitud, no al menos frente a la empleada del salón de belleza.
─Cathy, hemos terminado con esto. ─ indicó la señora Emily.
─ Está bien ─mientras se observaba al espejo ─ ¡muchas gracias, nana!
─ Creo que yo también ya he terminado… señorita ─indicó la peluquera que atendía a Maggie.
─ ¡Gracias! Ahora, ¿podrías ir a ver si Blair o Integra necesitan ayuda?
─ ¡Enseguida! ─ la peluquera salió de la habitación yendo a cumplir con la petición de la dama, yendo a golpear con los nudillos la puerta de Blair, al no hallar respuesta, preguntó en voz alta que si necesitaba ayuda.
La joven Hamilton abrió de repente la puerta de la recamara de Integra: ─ ¡Tal vez pueda sernos de ayuda aquí! ─ y le indicó que pasara donde ambas jóvenes, en compañía de dos mucamas, estaban terminando de maquillarse.
─ Me siento tan extraña cuando uso maquillaje. ─ decía Integra mientras que Blair le colocaba mascara para pestañas.
─ Debe ser, ¡pero te ves muy bien, créeme! Resalta mucho tus facciones. ─ contestó mientras sostenía la barbilla de su amiga entre los dedos, al momento de aplicar un lápiz labial de discreto color. ─ ¡ya está! …
─ Señoritas, lady Marshall me ha dicho que viniera a asistirlas.
─ ¡Claro, claro! Enseguida, ¡puede empezar con Lady Hellsing!
La peluquera asintió.
Mientras tanto, Cathy se acercó a su amiga quien, sentada en el taburete, luchaba por no llorar más.
─ ¡Soy una tonta! Si continúo así esto me voy a arruinar la cara ─ y se abanicaba con sus propias manos.
─ Cathy, eso es lo de menos, ¡la pregunta es si estás segura de todo esto!
─ Es lógico que todas las novias sientan nervios o miedo antes de sus bodas, créanme, ¡siempre ocurre! ─ decía la nana mientras recogía las ropas que habían quedado diseminadas por toda la habitación. ─ pero si acaso se quiere arrepentir, lady Parrish, creo que aún está a tiempo ─ asintiendo, la nana se dirigió hasta la puerta. ─ ahora las dejo solas si es lo que necesitan para hablar con confianza, por cierto, ¡es usted una novia muy linda! ─ y cerró la puerta tras de sí.
─ ¿Es cierto lo que Emily dice? ¿qué te estás arrepintiendo?
Maggie se quedó callada cerca de un minuto, luego, recibiendo un pañuelo desechable que Cathy le facilitó, con el cual enjugó con cuidado sus lágrimas, dijo: ─ No… y aunque quisiera, ¡no podría arrepentirme! La suerte que nos depararía a mí y a Bob si nos quedamos… ¡sería apenas justa para un par de cobardes!
─ ¿Entonces? ─ mirándola atentamente, con toda la empatía de la que era capaz ─ ¿tienes miedo?
Maggie asintió: ─ ¡Me iré tan lejos de aquí, a un lugar donde no conozco a nadie!
─ Pero no para siempre, ¡verás que regresarás, y tal vez para ese entonces, tu familia y la de Bob hayan olvidado los agravios!
─ ¡Eso no lo sé! Lo único que sé es que… ¡es tan definitivo que no puedo evitar sentirme como a punto de saltar a un acantilado!
─ Aun así, en ese salto no estarás sola. ─ tratando de sonreír, Maggie colocó una mano en la mejilla de ella ─ ¡Bob te ama como pocos tipos he visto que amen a su prometida!
─ ¡Lo sé! ─ riendo también, asintió ─ ¡creo que él debe sentirse aún más asustado que yo!
─Y aliviado a partes iguales, ¡huir lejos de la tutela y la influencia de sir Walsh debe ser liberador! ─ riendo, tratando de contagiar a su amiga.
─ Pues creo que tienes razón.
─ ¡Además serán muy felices! Escuchaste ayer a la señora Lilith cuando te dijo la fortuna en la estancia.
─ La señora Lilith es terrorífica…
─Pero sí puede ver el futuro…
Y charlando un poco más, hasta que la novia recuperó la serenidad necesaria, dieron las cinco de la tarde con quince minutos, hora en que el novio estaba ya listo para la ceremonia, mirándose ante el espejo, usando el elegante traje de época.
─ Oye Ralph, ¿crees que fue buena idea vestirse así?
El chico, quien lucía unas prendas parecidas a las de su amigo, se acomodó la levita ante el mismo espejo: ─ Yo creo que sí, nos vemos guapos, ¿no? Bueno, ¡siempre nos vemos guapos!
Bob sonrió un poco, suspiró profundamente, antes de tomar a su amigo por los hombros: ─ ¡De cualquier manera te agradezco a ti y a las chicas todo lo que están haciendo por nosotros!
─ ¡Ni lo menciones! Para eso somos amigos, ¡y por cierto! Debes disculparme por haberte metido en todo ese rollo de los psicotrópicos…
─ ¡Ya no importa! Ahora tengo problemas más serios, ¡ya sabes! Como de adulto ─ en su rostro se dibujó una expresión de temor o preocupación. ─ ¡pero no había otra solución!
Ralph percibió ese miedo, lo único que atinó a decir fue: ─ ¡Pero tú sí que tienes bolas, amigo! ¡Mira que convertirte en esposo y padre apenas haberte graduado del bachillerato!
Bob sonrió, pasó saliva y preguntó: ─ ¿Es que acaso no harías tú lo mismo por salvar un futuro con la mujer que amas?
─Aaaah pueees… ¡creo que nunca me he enamorado así! Y si te soy sincero, ¡espero nunca hacerlo! … ─ exhaló ─ ¡mira que tener que huir a América para ser todo un hombre de familia!, ¡pues no sé! ─ rascándose la nuca ─ no creo que sea lo mío.
─ No, definitivamente no, ¡eres un golfo holgazán e irresponsable! ─ el muchacho rio como para calmar sus propios nervios.
─ ¡Y tú un maldito idiota que se va auto condenar a la forma más sutil de esclavitud que aún existe! ─riendo también.
De repente, Bob no pudo evitar abrazar a su amigo: ─ Oye hombre, ¡te voy a extrañar!
Ralph correspondió el abrazo, palmeando los omoplatos de Bob: ─ Yo también… ¡no soy bueno para esto de expresar las emociones, pero… ¡siempre voy a echarte de menos!
Se separaron.
─ Bueno, ¡siempre tendrás a Charles!
Y ambos estallaron en una carcajada.
─ ¡Claro esta! ¡El mejor puto amigo que alguien pueda tener! ─ irónico.
En el mismo instante, Bob tuvo que apresurarse a enjugar una lágrima que amenazaba con traicionarlo.
─ Carajo, Lancaster, ¡esto es tan definitivo! ─ sintiendo que la incertidumbre, el miedo y el nerviosismo iban en aumento.
─ ¡Lo sé! ¡Y no tienes idea de cómo te admiro por ello! Eres un gran tipo, Bob, ¡uno mejor que tu padre por supuesto! ─ Bob se rio ─ ¡no! Es en serio… Cualquier otro en tu lugar… creo que hubiera huido por la tangente.
─ No se puede considerar huir cuando en realidad estás enamorado, ¡créeme!
─Y por favor ya deja de echarme la mala suerte, no vaya a ser que un día yo acabe tan enamorado de alguien como tú lo estás de Margaret…
─ ¡No es justo que siempre andes por la vida fresco como una lechuga!
─ ¡Déjame en paz que no quiero compartir tu desgracia ni ahora ni nunca! ─ ambos seguían bromeando, hasta que escucharon que llamaron a la puerta.
─ ¡Adelante! ─ respondieron a coro.
Era Paul: ─Señores, lamento la interrupción, pero lady Catherine manda a decir que lady Margaret ya está lista.
Se volvieron a ver la hora en el reloj, eran las cinco con treinta.
─ Bueno, ¡al parecer ya sólo nos queda tiempo para llegar con mucha tranquilidad a la capilla!
Bob asintió, ambos tomaron sus sombreros de copa, salieron de la alcoba y Paul cerró la puerta tras ellos.
─ Si vienen por aquí, su salida será más discreta ─ indicó el mayordomo guiándolos hacia la escalera de servicio y bajando hasta la cocina (al pasar pudieron olfatear los deliciosos aromas de las exquisiteces y viandas que allí se cocinaban entre un ambiente caluroso de premura, donde cocineros de ambos sexos iban y venían por doquier) los caballeros salieron por la puertecilla en dirección al jardín de atrás donde se fueron andando sin prisa, colocando la mano en la frente para poder ver ante los rayos del sol poniente, hacia la capilla escondida entre la espesura de los árboles.
En ese instante, Robert se detuvo, miró todo a su alrededor: detrás de él la mansión Marshall, la carpa blanca adornada con flores de tenues colores, delante de él la floresta, el bosque de la colina, la techumbre de la capilla.
─ Bob, ¿qué pasa, viejo?
─ Na… nada, es sólo… melancolía anticipada…
─ Algún día también esto formará parte del pasado, ¡y volveremos a estar juntos riéndonos de todo!
Robert se volvió a ver a su amigo y sonrió en un suspiro, pensando "voy a atesorar esta tarde en mi memoria!"
─ ¡Gracias, Ralph!… ¡Vamos pues! El novio no puede llegar después que la novia.
Ralph asintió, palmeó la espalda de su amigo y siguieron andando con calma.
A esa misma hora, Cathy, Blair e Integra estaban a punto de bajar hasta la planta principal acompañando a la novia.
─ Ya pasan de cinco y media, creo que, si queremos hacernos unas fotos, es mejor irnos ya. ─ dijo Blair mirando el reloj de pulso, abriendo la puerta.
─ Tiene razón, es hora… ─ afirmó la novia, a quien la nana Emily arreglaba el velo que iba cubriéndole el rostro.
Cathy alcanzó el ramo de orquídeas, jazmines y rosas, Maggie lo recibió; Integra, (quien, al no decidirse por ninguna opción planeada por la peluquera, había resuelto peinarse con un moderno estilo en que sus cortos cabellos detrás de una diadema de flores, lucían desparpajados). La rubia chica volvió a colocarle el sigilo a su amiga, está vez como pulsera: ─ Es algo prestado… ─ dijo sonriéndole con cariño.
─ Gracias, Integra.
─ Y esto es algo azul ─ un anillo con cristales que pretendían ser zafiros (aunque en realidad no lo eran) fue prestado por Blair.
─ ¡Gracias!
─ ¡Por nada! ¿Y lo viejo?
─ Mis joyas… lo nuevo el vestido y … ya no falta nada. ─ hizo una pausa para suspirar hondo, muy hondo.
─ ¿Nerviosa?
─ ¡Muerta de miedo!
─ ¡Y aun así serás valiente! ─ Integra tomó las manos de su amiga en las suyas ─ algún día volverás a casa, Maggie… ─ hizo una pausa pues no quería que las emociones la fueran a traicionar demasiado ─ uno siempre retorna a donde alguna vez ha sido feliz, ¡y volveremos a vernos!, ¡y nos contarás tantas cosas!
─ ¡Así será, amiga! ─ y le dio un sincero abrazo que Integra correspondió, lo cual motivo a las otras dos chicas a hacer lo mismo, y en un momento las cuatro muchachas estaban abrazadas, tratando de no dar rienda suelta a sus sensaciones. ─ ¡ustedes son las mejores amigas que alguien pudiera tener!
─ Ah, ¡ya lo sabemos! ─ exclamó Blair fingiéndose pagada de sí misma.
─ Y creo que no se me ocurre ninguna manera de agradecerles.
─ ¡Con que seas feliz!
─ Y a todo esto… ─ Integra comenzó a buscar algo en su "ridículo" (el bolso pequeño que hacía juego con su atuendo), hasta que halló un sobre lacrado. ─ pensaba dártelo al terminar la fiesta, pero mejor te lo entrego de una vez. ─ extendió el sobre hacia su amiga, quien lo tomó dudosa. ─ ¡ábrelo!
Al hacerlo, Maggie se halló ante un cheque por algunos miles de libras: ─ ¡Integra! Pero…
─¡Nada de peros que yo no sabía que más obsequiarte! Ósea, eres mi amiga del colegio que se está casando… no soy buena para esas cosas, así que decidí regalarte pasta, ¡y tú sabrás para que lo usas!
─ ¡Ay Integra!
─ Les hará falta, Maggie. ─ Cathy entregó su presente, el cual se trataba de un cofrecito de madera.
─ ¡Y el mío! ─ el de Blair se trataba de una primorosa cajita decorada. ─ espero que sea de tu agrado… tú sabes si abrirlo ya o esperar a después… Ahora, mejor nos vamos, chicas.
Las cuatro asintieron aproximándose hacia la puerta cuando se toparon con la nana Emily.
─ Justamente ahora venía a preguntar si ya estaban listas.
─ ¡Ya! ─ respondieron a coro.
─Un momento lady Parrish, por favor. ─ la novia detuvo sus pasos, la nana comenzó a hacer la señal de la cruz ─ ¡qué Dios la guarde, niña! Y que sea muy feliz.
─ ¡Gracias, nana!
─ A falta de su madre alguien tenía que bendecirla, ¡en fin! ─ la nana se movió unos centímetros permitiendo que las chicas pasaran primero. Maggie pensó que su madre nunca hubiera aceptado la boda en ese momento de su vida, pero no dijo nada. Sosteniendo en sus manos sus respectivos ramilletes, bajando poco a poco la gran escalera principal hasta el recibidor de losetas de ajedrez las damas pudieron ver bien a los invitados. Estaba por ejemplo la prima Lauren usaba un vestido a la rodilla que combinó con un saco a medio muslo, todo ello en color menta que hacía juego con un delicado tocado; al lado suyo estaba su hermano, usando un chaqué gris oscuro, allí también estaba lady Lilith, ataviada con un exquisito vestido elegante en discreto color salmón, que combinaba con un saco largo y un sombrero adornado de ala ancha; al lado suyo el duque Abigor, Ylahiah y Alucard usaban impecables chaqués, y en las manos que sostenían sus sombres de copa, guantes blancos.
─ ¡Espero haberme puesto bien la corbata! ─ exclamaba Ylahiah mirándose en uno de los espejos.
─ ¡A ver, déjame, yo te ayudo! ─ Abigor se acercó para arreglar el accesorio.
Alucard observó la escena con suspicacia, en la forma en como el duque general miraba al ángel de la guarda y parecía disfrutar de su cercanía, adivinó algo más que una incipiente camaradería o una amistad, ¡y vaya que estaba en lo correcto! "¡Carajo! ¡Y yo creyendo que lo mío y lo de Integra tiene algunos obstáculos que sortear, ahora veo que hay quienes están peor!" Pues en ninguno de sus reinos, ya fuera el celestial o el infernal, se podía esperar que alguien comprendiera que un demonio se había enamorado de un ángel.
─ ¡Ya está! ¡Ah quedado mejor!
─ Gracias, Abigor ─ el ángel de la guarda devolvió la sonrisa.
En ese momento anunciaron que ya venía la novia.
Junto a los sirvientes formados en una valla, levantaron la mirada para ver bajar al pequeño cortejo nupcial. Espontáneamente todos comenzaron a aplaudir dibujando en Maggie, una tímida sonrisa.
─ ¡Qué viva la novia! ─ exclamó la prima Lauren.
─ ¡Qué viva! ─ exclamaron las doncellas de servicio y Paul.
─ ¡Qué encantador! La novia y sus damas han elegido ataviarse a la usanza de la Regencia, ¡muy adecuado estando en Bath! ─ exclamó Lilith.
─ De haberlo sabido, hubiéramos seguido la misma tesitura vistiéndonos con trajes de ese entonces. ─ Opinó Alucard, quien, a diferencia del resto de los presentes, no hacía otra cosa que observa a Integra, que adornada iba por la coronita de flores en la cabeza, realzado su atractivo en el escotado traje de época. Ella, a su vez, una vez descubrió a Alucard entre los presentes, usando su chaqué en tonos gris, no pudo apartarle la mirada "¡Luce tan guapo peinado así y vestido así!" Pensó dedicándole una gran sonrisa porque en su fantasía, ella corría y se lanzaba a sus brazos para besarlo como lo estaba deseando.
Instantes después, los primos Scott recibieron con un abrazo a Maggie, la cual comenzó a escuchar los buenos deseos de la servidumbre quienes se acercaron para felicitarla, mientras que Alucard se acercaba a Integra.
─ ¡A sí que ahora eres una dama de la época de Jane Austen!
─ Eso se supone…
─ Te ves hermosa, Integra ─ tomó su mano en la suya y la beso, mientras la admiraba de pies a cabeza.
Integra sólo sonrió y asintió luchando, aunque sin mucho éxito, por no sonrojarse: ─ Lo dudo mucho, con estos cabellos tan cortos y este peinado que fue lo único que se nos ocurrió a la peluquera y a mí, ¡siento que tengo un plumero viejo por cabeza! ─ apretó los labios y se encogió de hombros, antes de que otro estridente estornudo, que ella taó con el antebrazo, la sorprendiera.
─ ¡Salud!
─ Gracias…
─Bueno, bueno, ¿y ya ha llegado el famoso pastor? ─ preguntó Cathy tratando de que alguien, entre la algarabía y las charlas dispersas que se había desencadenado, la escuchara.
─ Sí, milady, ¡llegó hace cosa de media hora junto a sus acólitos, y se dirigió a la capilla!
─ ¡En ese caso vámonos ya, que estamos a unos diez minutos de las seis de la tarde! ─ exclamaba la anfitriona velando por la famosa puntualidad británica, mientras miraba con premura el reloj. ─ Y chicas, Paul, Emily, ¡lo pasé por alto por tantos quehaceres! Pero ustedes podían vestir ropas normales para acompañarnos a la ceremonia.
Alguna doncella que alcanzó a escucharla entre el barullo, preguntó con alegría si la dispensa para ir a la boda era en serio.
─ ¡Pues sí! Hay que hacer ambiente en la celebración, desde luego que pueden venir.
Y entonces, sin que nadie lo esperara, el sonido del timbre se dejó escuchar por toda la estancia.
Paul miró en dirección a la puerta, con un aire dubitativo, luego se volvió a ver su ama como preguntando si esperan a alguien más. Cathy movió negativamente la cabeza mientras sus ojos se llenaban de expectación e incertidumbre, y la nana Emily la miraba del mismo modo.
─ ¡Será mejor que atienda el llamado, milady! Con su permiso ─ al no recibir la orden contraria, Paul se aproximó al interfono.
En la estancia toda la comitiva: la novia con sus damas, los caballeros e incluso los sirvientes se dirigían a la puerta de salida hacia los jardines, cuando Paul regresó corriendo para preguntar algo a la nana Emily, y ella a su vez ir a hasta donde Cathy para decirle algo al oído.
─ ¿QUÉ? ¡¿Pero estás segura?!
La nana y el mayordomo asintieron, y tal fue la expresión de susto en Cathy, que Integra se dio cuenta, así como Blair y Maggie.
─ ¿Y ahora qué, Integra? ─ Interrogó Alucard quien la llevaba del brazo.
─No lo sé… ¡vamos a ver!
Ambos fueron donde el mayordomo, la nana y Cathy.
─ ¿Qué está ocurriendo? ─ dijo Blair acercándose
Maggie allí de pie, expectante detrás de su velo, apretujando en su puño su ramo nupcial.
─ Una… una visita inesperada… acaba de llegar.
─ ¿Una visita, de quién? ─ Maggie, asustada ya. ─ ¡Paul, dímelo ya!
─ Dispénseme usted, lady Parrish, ¡pero no podía más que dejarles pasar! ¡No pude haberme negado a hacerlo!
─ ¡Por Dios, Paul habla ya! ─ Integra presionando su propio ramillete de flores, tratando de calmar su ansiedad.
─ Miembros… caballeros de la mesa redonda están aquí.
─ ¡¿QUÉ?!
La exclamación de miedo y asombro de Blair, Cathy y Maggie, junto a la mueca de preocupación de Integra, quien sólo se llevó la mano enguantada a la boca.
─ Pero ¿de quienes se trata, Paul? ─ preguntó Alucard intrigado.
El mayordomo estaba a punto de articular palabra, cuando se escucharon pasos elegantes y el saludo de una voz muy conocida:
─ ¡Muy buenas tardes a todos!
