Galaxy Angel – La novelización

Por Fox McCloude

Disclaimer: Galaxy Angel y todos sus personajes son propiedad de BROCCOLI. Todos los derechos reservados.


La batalla final (10-4)


En el puente del Elsior, Takuto, Lester, Almo y Coco seguían todavía en shock por lo que acababa de suceder. Pese a todos los problemas que les habían causado los Hellhounds, el pensar que acababan de ser devorados por sus naves hizo que al joven comandante se le sobrecogiera el corazón. ¿Hasta dónde sería capaz de llegar Eonia con tal de vencerlos?

La alarma de movimiento los sacó a todos de su estupor, seguida de Coco informando de la situación:

– Los cazas enemigos han invertido su curso, y ahora vienen hacia nosotros. ¡Se están moviendo más rápido que antes!

– ¿Quieres decir que han aumentado su rendimiento? – preguntó Lester. – Maldición. Antes estábamos casi a la par, pero ahora...

– ¿Q-qué vamos a hacer, Takuto-san...? – preguntó Milfie por el canal abierto.

Takuto apretó los puños y los dientes. Ahora no era momento de dejarse llevar por sus emociones, ni de sentir lástima por sus enemigos. Tenía una misión que cumplir después de todo. Respiró profundo y reunió todo el aplomo que tenía para dar su orden.

– Ya no hay nada más que podamos hacer. ¡Derriben a esos cazas enemigos en el acto!

– ... Sí, señor. – asintió Vanilla.

– Entendido. – secundó Mint.

– Cuando acabemos con esto, ¡seguirán Eonia y la Luna Negra! – dijo Ranpha con determinación.

– Así es. – Forte estuvo de acuerdo. – El hecho de que la Luna Negra sea capaz de hacer algo tan horrible, y que Eonia esté dispuesto a utilizarla... ¡es imperdonable!

Takuto asintió también. Era una batalla decisiva. Debían derrotarlos a como diera lugar, mientras se interpusieran en su camino. El Comandante ya había elegido su camino, y no se daría la vuelta ahora después de haber llegado tan lejos.

– Almo, muestra la situación en pantalla. – le ordenó.

– ¿Eh? Ah, sí señor.

El lado positivo era que tras haber limpiado el área, y ahora que la flota aliada de Transbaal había llegado, el sector estaba totalmente despejado, y sólo tenían que encargarse de los cazas enemigos, que ahora venían directo hacia ellos.

– Si queremos alcanzar a la nave de Eonia, tendremos que derribar primero a esos cazas. – observó Takuto. – Si mi instinto no me falla, seguramente ahora deben estar a la par con los Emblem Frames, incluso con las alas. Así que tengan mucho cuidado. No vayan a dudar en absoluto: la menor de las dudas puede ser la diferencia entre la victoria y la derrota.

Le echó un vistazo a Lester, que sólo le respondió con un asentimiento. Eso era todo lo que necesitaba para entender que su adjunto confiaba en él. Seguiría comandando a la Brigada Angel y al Elsior como hasta ahora, esperando lo mejor.

– ¡Brigada Angel, inicien el ataque! – ordenó.

– ¡SÍ SEÑOR!

...

Milfie no podía creer lo que estaba viendo. Ese sujeto Camus, no había hecho otra cosa que acosarla e incomodarla con su actitud de casanova, y ella sólo quería que se fuera bien lejos para no verlo nunca más. Pero tras lo que acababa de suceder... no podía evitar sentir algo de lástima por él.

Pero más le sorprendió cuando el caza enemigo abrió un canal con ella, a pocos segundos de entrar en el rango de combate. No supo por qué, pero algo le impulsó a activar la comunicación. Con el dedo temblando y tragando saliva, Milfie activó las comunicaciones.

– ... Objetivo en la mira... iniciando ataque...

Un escalofrío recorrió toda la espina de la pelirrosa. Hablaba en un tono totalmente carente de emociones, como si fuese un robot, una máquina sin alma, en lugar de usar ese molesto pero jovial tono que utilizaba para flirtear con ella. En ese momento, casi deseó que le dijera "My honey" como acostumbraba hacerlo.

Sus sensores de alerta la sacaron de su estupor, indicando que el caza de Camus había iniciado su ronda de ataque lanzando un salvo de misiles. Sacudiendo la cabeza, Milfie inmediatamente empezó las maniobras evasivas, y se elevó para ponerse por encima del caza de Camus para empezar su contraataque, disparando una ráfaga rápida con el cañón Vulcan. Consiguió hacer mella en los motores secundarios del caza, pero éste rápidamente se le alejó cuando intentó rematar usando un disparo pequeño del Híper Cañón.

– Daño mínimo... continuando combate...

– No puedo creerlo... ¿por qué tuvo que pasarle esto? – se preguntó.

Aunque el tipo le repelía por su actitud de acosador y la vergüenza que le hizo pasar al revelar sus secretos delante de todos, Milfie todavía se sentía muy sobrecogida por el destino que había sufrido. Se le haría mucho más fácil enfrentarlo si estuviera como siempre. Y para su sorpresa, en un descuido se puso por detrás de ella y comenzó a lanzarle una ráfaga de disparos.

– ¡UWAAA! – exclamó Milfie al recibir los impactos. – ¡Ay, eso duele!

Afortunadamente los escudos deflectores mitigaron el daño. De no ser porque tenían el potenciador de las alas de luz, probablemente el daño de ese ataque habría sido mucho peor. Pero el caza de Camus no cesó su ataque allí, sino que continuó persiguiéndola buscando alinearse para dispararle cada vez que se pusiera a tiro.

Un poco desesperada, Milfie comenzó a ejecutar algunas maniobras erráticas buscando confundirlo, moviendo al Lucky Star en zigzag para tratar de evadir las ráfagas. Al principio funcionó, pero tras unos segundos pareció adaptarse y los disparos comenzaron a volverse cada vez más y más precisos, haciéndola sacudirse sobre su asiento.

– Ugh... ¿qué estoy haciendo? ¡No debo tener dudas, tengo una misión que cumplir! – se regañó a sí misma.

Dio un giro brusco de 180° y se puso cara a cara con el caza de Camus, iniciando un intercambio de disparos vulcan de frente hasta que los dos se pasaron de largo uno a la otra. Milfie volvió a girar y atacó de nuevo, esta vez con sus misiles, que Camus inmediatamente interceptó con los suyos propios, casi como si se hubiese anticipado a sus acciones.

– ¡Ya no puedo más! – exclamó, casi con lágrimas de rabia en los ojos. – ¡Tengo que terminar esto rápido y de un golpe!

Comenzó a redirigir energía hacia el Híper Cañón para ir cargando un disparo. Ese tipo era su enemigo y ella debía derrotarlo, y lo único que podía hacer por él ahora era darle una muerte rápida para acabar con su sufrimiento, por piedad. Tuvo que evadir otro salvo de misiles mientras se alejaba, aunque afortunadamente gracias a las alas de luz no tuvo que esperar demasiado para que la carga del disparo se hubiese completado.

El caza de Camus dio la vuelta y venía directo hacia ella. Estaba en posición para hacer otro ataque, al parecer ignorante de que ella ya estaba preparando el suyo propio. Sólo tenía que esperar a que la retícula le diera la señal de objetivo fijado y...

– ¡Lo siento! – gritó Milfie cerrando los ojos antes de jalar el gatillo y lanzar el disparo a quemarropa.

Alcanzó a vislumbrar el destello rosa del rayo de partículas frente a su cabina, pero no se atrevió a mirar por unos segundos. Sólo se atrevió a abrir un ojo de nuevo cuando oyó la voz de Camus por el canal de comunicaciones, diciendo sus últimas palabras.

– Daño... crítico... funciones... cesando...

Y después de eso, sólo estática en el canal de comunicaciones, y al mirar de nuevo, sólo alcanzó a ver algunos trozos del caza enemigo flotando. Al recibir ese disparo tan de cerca, ningún escudo habría podido protegerlo por más de unos segundos, la cabina habría sido totalmente vaporizada junto con su piloto.

Misión cumplida. Había derrotado a Camus completa y definitivamente. Entonces ¿por qué no se sentía feliz por ello? Ya no iba a acosarla nunca más, ¿cierto?

...

Apenas se puso a tiro, Ranpha comenzó a dispararle al caza enemigo que la designó como su objetivo primario. Quería acabar con esto rápidamente para quitarse de encima esos pensamientos que la atormentaban, del destino que habían sufrido los Hellhounds. Particularmente ese bruto enorme de Guinness, que no dejaba de retarla y llamarla "su gran rival" en cada uno de sus encuentros.

Aunque era un fastidio... una parte de ella deseaba que le dijera así, para que no fuese tan escalofriante tener que pelear con él.

– Ataque fallido... fijando objetivo de nuevo...

– Ugh, ¿qué diablos le pasó? – se preguntó Ranpha, al oírlo hablar con ese tono monocorde de una máquina, en lugar de gritarle a todo pulmón.

Acababa de esquivarle una ronda de misiles sólo por los pelos, y en cuanto logró girar desvió la siguiente ronda con una propia, haciendo que se destruyeran entre sí mientras se abría paso descargando el cañón vulcan. Los dos pasaron volando uno arriba de la otra, y Ranpha vio en su radar que estaba lanzándole más misiles.

Ranpha comenzó a zigzaguear para evadirlos, haciendo que detonaran a sus costados sin alcanzarla, y aunque al principio funcionó, un impacto de cañón láser la sacudió fuertemente sobre su asiento. Por fortuna no pasó más que eso, y apretando los dientes se giró para iniciar de nuevo su contraataque.

– Impacto confirmado... prosiguiendo ataque...

– ¿Quieres un ataque? ¡Te enseñaré lo que es un ataque! – gritó ella, pulsando los disparadores en sus palancas. – ¡Garras de Anclaje, fuera!

El Kung-fu Fighter disparó sus garras hacia el caza de Guinness, pero para su sorpresa logró esquivarlas las dos. Ranpha intentó dirigirlas usando los cables electromagnéticos, pero este maniobró de tal forma que no se dejó enganchar, y tuvo que retraerlas de vuelta cuando se colocó encima de ella para otro ataque, obligándola a retroceder y tomar distancia de nuevo.

– ¿Qué diablos me pasa...? – se preguntó. – Sé que no debería estar sintiendo pena por él, pero... ¡ah, maldición!

Ranpha golpeó el reposabrazos de su asiento, y en esa breve distracción recibió otro impacto de cañón láser. Sus escudos bajaron mucho tras ese segundo golpe, y un tercero podría dejarla demasiado vulnerable para su gusto. De inmediato activó el acelerador para alejarse y logró esquivar por los pelos otro disparo láser que se fue de largo delante de ella, antes de disiparse en la distancia. Luego su radar comenzó a pitar de nuevo, indicándole que la estaba alcanzando.

– Por la Luna Blanca, ¿esa cosa vuela más rápido que yo? – exclamó al ver lo poco que tardaba en ponerse detrás de ella.

De nuevo tuvo que comenzar a zigzaguear para evadir los disparos cuando empezó a atacarla de nuevo, y ejecutó un rizo para invertir las posiciones y ponerse ella misma a tiro para contraatacar. Desafortunadamente, él pareció anticiparse e hizo lo mismo, dejándolos de vuelta en la misma posición que antes, con él siendo el perseguidor y ella la perseguida.

Aún con él detrás de ella, Ranpha intentó pensar en algo. No tenía sentido volar para escapar, así que tal vez...

– Bueno, si vuelas más rápido que yo... ¡veamos qué tal frenas!

Ranpha frenó violentamente, usando la retropropulsión para intentar tomarlo por sorpresa y obligarlo a evadirla para no estrellarse con ella. Sin tardanza, ella le lanzó las garras de anclaje, aunque intencionalmente retrasó la garra derecha para hacer una maniobra de flanqueo. Como se esperaba, Guinness evitó la garra izquierda virando hacia el lado opuesto, pero ella se anticipó y consiguió engancharle un ala por el lado derecho con la otra.

– ¡Ya te tengo!

Lanzó la descarga electromagnética, aunque el efecto sólo sirvió para descontrolarlo momentáneamente al estar enganchado por una sola garra. Ranpha notó que intentaba propulsarse para escapar, y Ranpha lanzó de nuevo la garra izquierda para engancharle la otra ala antes que se fuera a romper el cable, y duplicó la potencia de la descarga.

– Sistemas congelados... alejarse del enemigo...

– ¡No te vas a ninguna parte!

Ahora que ya lo tenía fijo en la retícula de su objetivo, le soltó todos los misiles que le quedaban, apuntando directo hacia la cabina. Después de agotar los proyectiles, soltó las garras y se alejó para no quedar dentro del radio de la explosión inminente.

Aunque podría haber tenido la oportunidad de eyectarse, no lo hizo, y sólo pudo oír por el canal de comunicaciones sus últimas palabras, con ese mismo tono monocorde con el que le había respondido todo ese tiempo.

– Daño... crítico... funciones... cesando...

Ranpha se quedó inmóvil. Ese idiota... ni siquiera él se merecía ese destino tan cruel, de ser despojado de su humanidad para convertirse en un arma sin alma. Sin más que hacer, se golpeó la cara y dio la vuelta para volver al Elsior. Se había quedado sin misiles y el Vulcan tenía poca munición, así que tenía que reponerla.

No tenía sentido llorar por ese tipo, por muy mal que se sintiera por él.

...

El semblante de Mint se había quedado prácticamente congelado desde que comenzó la batalla. Había mantenido una distancia casi constante con el caza de Riserva, que la había fijado como objetivo casi de inmediato, pero algo en ella la hacía contenerse.

A pesar de su actitud arrogante y cómo la veía por encima del hombro, Mint todavía tenía muchas preguntas en su cabeza sobre su adversario. Por ejemplo, ¿por qué la despreciaba, y por qué parecía tan obsesionado con demostrar su superioridad ante ella específicamente? Dichas preguntas se quedarían eternamente en el aire, pues Riserva ya no podría respondérselas, aunque quisiera. Aunque fuesen enemigos, una parte de ella todavía sentía pena por su adversario, considerando que no se merecía sufrir ese destino tan cruel.

– "Que le hayan arrebatado su humanidad... eso es imperdonable..."

Mint todavía no se había atrevido a atacar directamente, limitándose sólo a disparar fuego defensivo. Cuando Milfie y Ranpha lograron eliminar a sus dos oponentes y se fueron hacia el Elsior para repostar, la realización de que ahora tenían una ventaja numérica de cinco contra tres se vio opacada por el hecho de que no detectó ninguna cápsula de escape saliendo de los Emblem Frames negros al ser destruidos. En otras palabras, no se eyectaron.

– ¿Es así como tiene que terminar? ¿Debo acabar contigo para al menos liberarte de tu sufrimiento?

En cuanto se hizo esta pregunta, Riserva volvió a lanzar otro salvo de misiles, y Mint utilizó sus Fliers para cortarlos con los lásers, haciéndolos detonar antes que la alcanzaran. Hacía un esfuerzo por mantener la distancia entre ambas naves, y en su radar, notó que no muy lejos de allí Vanilla también estaba enfrentándose a su propio oponente.

Quizás habría una forma de deshacerse de ambos de un solo golpe, si ya no eran capaces de pelear como humanos. Con eso en mente, abrió el canal de comunicaciones y empezó a hablar por el canal de comunicaciones.

– Vanilla-san, ¿puedes atraer a tu oponente hacia mi área? – le dijo. – Tengo un plan para derrotarlos a ambos, pero necesitaré tu ayuda.

– ¿Qué planeas? – preguntó Vanilla en tono monocorde. Más de lo usual, Mint pudo notarlo.

– Voy a colocar mis Fliers en espera para correr una interferencia electromagnética. – dijo la peliazul. – Si logramos atraparlos a ambos, podremos rematarlos juntas.

– ... Entiendo. Hagámoslo. – asintió Vanilla, antes de cortar la comunicación.

Justo en ese instante, Riserva venía para otro ataque, y Mint tuvo que maniobrar entre los misiles, retrayendo los Fliers momentáneamente para evitar que fuesen destruidos, buscando atraer la atención de su adversario y que la persiguiera.

Con algo de suerte y la ayuda de Vanilla, podrían liquidar esto pronto.

...

Mientras aguardaba por la señal de Mint, Vanilla maniobraba entre los disparos láser del Emblem Frame piloteado por Vermouth, cuyos ataques parecían volverse cada vez más erráticos y desesperados. Lo cual le resultaba bastante perturbador, siendo que en sus encuentros anteriores buscaba ser eficiente y preciso. ¿Era esto el resultado de haber sido absorbido por su máquina?

– La tecnología perdida... no debería usarse para esto...

Vanilla no hablaba mucho de esto, pero la orden religiosa donde fue criada y adiestrada en el uso de nanomáquinas le enseñó que el uso de la tecnología no debería estar en conflicto con los sentimientos y la humanidad de quienes la usaban. Fue por eso que ella aceptó aprender con la hermana Beryl a usar las nanomáquinas para curar heridas y enfermedades. Y aunque cuando se unió a la Brigada Angel supo que tendría que utilizarlas para combatir, aceptó hacerlo consciente de que su rol era de una protectora, no de una agresora.

Un impacto frontal le sacudió, sacándola de sus pensamientos. Afortunadamente el escudo satelital hizo su trabajo y no fue más que eso, una simple sacudida. Sin embargo, la lectura de ese rayo láser que le golpeó fue bastante más elevada que en sus encuentros pasados, y los sensores de energía indicaban que el caza enemigo estaba recargando para lanzar otro ataque. No queriendo desgastar sus escudos más de lo necesario, Vanilla eligió evadir este disparo, dejando que el rayo cargado pasara a un lado de ella, y disparó uno propio a modo de advertencia, que él también esquivó prontamente. Parecían estar en punto muerto.

En ese instante, Vanilla recibió una transmisión encriptada de Mint, que le envió unos datos trazando una ruta de movimientos, y mostrando unas posiciones estratégicas donde se ubicaban lo que ella asumió eran los Fliers del Trick Master. Una línea azul se intersectaba con una verde, con un par de puntos púrpuras siguiéndoles por detrás, antes de chocar entre ellos en todo el centro del área poligonal que formaban los drones.

– Entiendo... hagámoslo. – susurró.

Tras evadir otra ronda de disparos de Vermouth, Vanilla se alejó hacia las coordenadas donde estaba el punto de partida de la ruta trazada. El radar le indicó que Mint hacía lo propio, y cada uno de sus oponentes parecía haber mordido el anzuelo, pues se habían lanzado a perseguirlas. Ahora sólo tenía que esperar la señal, cuando la cuenta regresiva llegara a cero.

– 5 segundos para inicio... 4... 3... 2... 1...

En ese tiempo, mientras distraían a los cazas enemigos, los Fliers de Mint habían empezado a correr la interferencia electromagnética dentro del área. Lo hacían de manera leve, de forma que afectarían de manera mucho más sutil los sensores del enemigo. Si Vanilla estaba en lo correcto, el plan de Mint haría que los dos colisionaran entre sí.

Una vez que Vermouth se puso detrás de ella y empezó a disparar, Vanilla aceleró, tratando de alejarse y obligándole a seguirla. Se apegó a la ruta trazada que Mint le envió, y pudo ver en el radar que su compañera estaba haciendo lo propio, a la vez que su perseguidor. Con eso en mente, concentró su vista en el punto de intersección.

Vanilla miró al frente de su cabina, viendo el punto azul que se hacía cada vez más grande con cada segundo que pasaba. Era una cuestión de precisión milimétrica: ambas tenían que desviarse en el último segundo antes de colisionar. El sensor de advertencia de colisión comenzó a pitar, pero ella lo ignoró, sabiendo que tenía que esperar.

Contó mentalmente... 3... 2... 1...

– ¡Hmph! – Jaló las palancas hacia atrás para elevarse, mientras Mint se desviaba descendiendo en la dirección opuesta.

Su táctica dio resultado, y apenas unos segundos después los cazas de Riserva y Vermouth chocaron entre sí de frente. Por un milagro no se destruyeron mutuamente, pero sí sufrieron daños serios, saliendo despedidos fuera de control.

– ¡Ahora, Vanilla-san! – dijo Mint. – ¡Démosles con todo lo que tenemos!

– Por supuesto...

Vanilla no necesitó que le dijeran más nada: arrojó una bomba de nanomáquinas que hizo detonar entre ambos enemigos para maximizar el daño, mientras los Fliers comenzaban a arrojar sus lásers cortantes por todos lados. Aunque en otras circunstancias sus escudos podrían haberlos salvado, la interferencia electromagnética los dejó inactivos por un momento, y las nanomáquinas devoraron su coraza externa, permitiendo que los lásers de los Fliers cortaran a través de ellos.

En ese momento no lo había pensado mucho, pero justo antes que los dos cazas explotaran, pudo oír las voces apagándose tanto de Vermouth como Riserva, cuyas palabras fueron las siguientes, casi al unísono:

– Daño... crítico... funciones... cesando...

Y eso fue lo último que escuchó, antes de que ambos cazas detonaran irremediablemente. Ninguno de los dos se eyectó, aunque teóricamente deberían haber podido hacerlo para salvarse, igual que en sus encuentros pasados. Era lamentable, pero lo que les hicieron incluso les quitó el sentido de autopreservación, al parecer.

– Lo lamento por ustedes... – murmuró Vanilla, poniéndose momentáneamente en posición de rezo. – Espero que descansen en paz...

...

Las cosas parecían ir bien, pero Forte no se sentía feliz ni emocionada como normalmente lo estaría en un combate.

Aunque al principio parecía estar equiparada con el caza de Red-Eye, justo después de que Milfie y Ranpha eliminaron a sus oponentes, de repente sus movimientos empezaron a volverse mucho más agresivos, disparando más y como si no tuviese ganas de apuntar, sólo confiando en la suerte para intentar acertarle algún golpe. Fue una táctica suicida, pero sorprendentemente había sido efectiva, ya que la estaba forzando a ponerse a la defensiva.

– Diablos... ¡quédate quieto por un maldito segundo!

Forte intentó dispararle alternando con los cañones de riel y los misiles, pero Red-Eye lograba evadir los primeros sin mucha dificultad, y contrarrestaba los misiles con los suyos propios, evitando daños severos. Luego se lanzó en una carga de frente, y Forte apenas alcanzó a virar en el último segundo para evitar un disparo a quemarropa. Las alas de su Emblem Frame ya la habían salvado varias veces de lo que en otras circunstancias habrían podido ser ataques fatales, pero hasta que no se deshicieran de estos tipos, no podían quedarse tranquilas.

El radar le indicó que Vanilla y Mint habían logrado derribar a los otros dos que quedaban, haciendo una maniobra conjunta. Pensando que ahora que tenían una ventaja de cinco contra uno que podían capitalizar, especialmente ahora que Milfie y Ranpha venían regresando del Elsior, de repente el caza de Red-Eye se dio la vuelta y se alejó de ella.

– Oye, oye, ¿crees que te me vas a escapar?

Sin tardanza Forte salió tras él, comenzando a dispararle con todo lo que tenía. Pero tardó un momento en darse cuenta que no estaba huyendo, sino que se dirigía hacia...

– No... ¡va directo hacia el Elsior! ¡¿Intenta hacer un ataque suicida?!

El pensamiento hizo que el terror se apoderase de ella en un instante, inmediatamente viniéndole el recuerdo de cuando esa mujer Sherry intentó chocar su propia nave contra el Elsior. Aunque fuese más pequeño, un caza como ese podría fácilmente causar un daño grave estrellándose contra el puente de una nave capital.

Y en ese momento, Takuto se encontraba en dicho puente.

– No... ¡no te lo voy a permitir!

Ignorando cualquier otro pensamiento, Forte envió una señal de emergencia al puente, diciéndoles que el caza iba en curso de colisión hacia ellos, al tiempo que le decía al resto de la Brigada Angel que viniera a darle una mano y derribaran a ese tipo sin tardanza, ya que aún a máxima velocidad el Happy Trigger podría no alcanzarlo a tiempo.

– Vamos, compañero, ¡ayúdame ahora! ¡Ah, qué diablos!

Forte removió los seguros de sus armas, soltando toda la carga para un Strike Burst, intentando concentrar el fuego en el área por donde el caza de Red-Eye iba a pasar antes de llegar al Elsior. No podía hacer cálculos como Mint, así que simplemente hizo una estimación a puro ojo y encomendó a los cielos que guiaran a sus proyectiles, mientras apretaba los dientes.

Las explosiones iniciales delante del caza de Red-Eye parecieron descolocarlo momentáneamente, si bien no lo detuvieron. No obstante, ese breve titubeo fue suficiente para que el resto de la lluvia de munición le acribillara por detrás y por los lados. Por algún milagro sobrevivió, pero sus motores quedaron irreparablemente dañados y ahora sólo podía continuar avanzando por inercia.

– ¡Chicas, no lo dejen escapar! – gritó por el canal abierto.

– ¡Déjamelo a mí! – fue Ranpha la que respondió, mientras ella y Milfie, que estaban más cerca, y sin perder tiempo ambas le dispararon juntas para terminar de rematarlo, a distancia segura del Elsior.

Forte se dejó caer en su asiento y exhaló un suspiro de alivio. Ni siquiera prestó atención cuando oyó las últimas palabras de Red-Eye, que igual que el resto había estado manteniendo una comunicación constante, tal vez sólo para atormentarlas.

– Daño... crítico... funciones... cesando...

La pelirroja movió la cabeza negativamente. Qué desperdicio de la vida, y no podía más que sentir lástima por él y por el resto de sus compañeros, por haber terminado de esa forma.

Si se hubieran conocido en otras circunstancias... si esos tipos no hubiesen puesto sus talentos al servicio de alguien malvado como Eonia, tal vez las cosas habrían sido diferentes.

...

En el puente del Elsior, hacía apenas un momento reinaba la alerta, cuando Forte les avisó que el último caza que quedaba en pie estaba intentando un ataque kamikaze. Por prevención, Takuto había ordenado levantar los escudos para minimizar el daño, pero afortunadamente resultó no ser necesario. Forte logró inutilizarlo, y a su vez Ranpha y Milfie lo terminaron de destruir, terminando con la amenaza.

Y aun así, había una atmósfera de sosiego entre el personal del puente, en lugar de tranquilidad o emoción.

– Cazas enemigos... destruidos... – anunció Coco con tristeza.

– ¿Por qué...? – murmuró Lester. – Deberíamos estar felices, pero...

– Sí, lo sé. – Takuto estuvo de acuerdo. – Pero no podíamos hacer más nada.

Ya habían tomado la línea frontal. Ahora estaban a tiro para atacar a la nave insignia enemiga. En ese momento, sólo había un pensamiento en la mente del comandante del Elsior, y ese era hacer pagar al responsable.

– ¡Eonia, acabaré contigo! – gritó enérgicamente. – ¡Pondré fin a esta pelea aquí y ahora! ¡¿Está listo el Cañón Chrono Break?!

– ¡Sí, señor! – respondió Almo. – ¡Carga de energía al 100%! ¡Preparaciones completadas!

– ¡Nuestro objetivo es la nave de Eonia! – exclamó Takuto. – ¡Cañón Chrono Break! ¡FUEGOOOOOOOOOO!

Desde el puente, Takuto sólo pudo ver el enorme rayo de energía azul que salió disparado desde debajo de la proa del Elsior. El poder que le describieron no era nada comparado con verlo con sus propios ojos, y en ese momento supo que Eonia y su flota no tendrían ninguna escapatoria.

...

Sentado en su silla en el puente, Eonia vio el haz de luz azul aproximarse hacia él a toda velocidad desde el Elsior. Sin duda habían disparado el cañón que le habían instalado en la proa, y por primera vez en su vida, el legítimo emperador sintió verdadero terror.

– Imposible... ¿cómo pude yo...?

El rayo impactó contra su ventanal, que apenas resistió por unos segundos antes de ser atravesado. Fue como si el tiempo se detuviera por un instante, sólo para permitirle asimilar lo que estaba sucediendo. Permitirle asimilar su derrota... su muerte... a manos de ese niñato llamado Takuto Mayers, a quien Shatoyarn y la Luna Blanca al parecer habían juzgado como más digno que él.

– "¿Por qué...? ¿Por qué, Noa?" – pensó. – "¿No iba a... ser mi mano la que los guiase...? Con estas manos, iba a revivir la prosperidad del antiguo imperio... y darle a la gente una utopía..."

Se dio cuenta demasiado tarde. Él no fue más que un simple peón en un juego más grande. El poder de la Luna Negra sobrepasaba su comprensión. Fue un ingenuo al creer que podría controlarlo para sus propios fines.

Ya no le quedaba nada excepto aceptar su destino.

– "Se acabó la espera... Sherry, ya voy..." – fue su último pensamiento antes de que el tiempo volviera a reiniciarse, y el rayo disparado por el Elsior lo vaporizara por completo, junto con su nave, y todo lo que quedaba de su flota.

...

En el Elsior, nuevamente el silencio se apoderó de todo el personal del puente. Aún a la distancia, pudieron ver cómo el rayo disparado por el Cañón Chrono Break envolvió totalmente a la nave de Eonia, y todas las demás en su periferia. Y cuando finalmente terminó de fluir... ya no estaban más allí. Habían sido erradicadas totalmente.

– La nave insignia... ha sido destruida. – dijo Coco casi en un susurro.

– Increíble. – dijo Almo, que también parecía haber recobrado la voz. – Esa gran nave, y todas las demás... de un solo disparo...

– Nuestra larga lucha... se acabó al fin. – dijo Takuto, echándose contra el respaldo de su silla y llevándose la mano al pecho.

– Sí... un final apropiado para un villano. – asintió Lester.

La Brigada Angel, que todavía estaba en canal abierto, también se sumó a la conversación.

– Buscando desesperadamente algo que ha estado perdido por siglos... – susurró Forte. – La tragedia de un hombre que se aferró demasiado a sus ideales distorsionados...

– Sin embargo... la tragedia por fin se ha terminado... – dijo Vanilla.

– Las naves automatizadas restantes también han dejado de moverse. – agregó Mint con tono de alivio. – La amenaza ha desaparecido.

– Sí... – Takuto por fin se permitió una sonrisa, y dijo las palabras que estaba más ansioso por dejar salir durante todo lo que iba de ese día. – Hemos ganado...

En ese momento, otro canal de comunicaciones, proveniente de la flota aliada, se abrió, y en el monitor apareció el Comodoro Luft, con expresión de gran orgullo y satisfacción.

– ¡Lo lograste, Takuto! ¡El imperio se ha salvado! – lo felicitó el veterano.

– Muchas gracias. – dijo Takuto. – Uff, siento como si me hubieran quitado una enorme carga de los hombros, en serio.

– Pero vaya, el Cañón Chrono Break realmente es muy poderoso. ¡En serio me sorprendió! – dijo Milfie con alegría.

– Pero oigan, no se les olvide que sólo pudieron dispararlo porque nosotras despejamos toda el área de enemigos. – dijo Ranpha. – Comodoro Luft, no se le olvide darnos un buen bono por eso, ¿eh?

– ¡Jajaja! ¡Por supuesto! – se rio el veterano con ganas, y todos los demás, tanto las Angels como el personal del puente se sumaron a él. Incluso Lester no pudo resistirse, seguramente él también necesitaba reír un poco después de todo lo que había sucedido.

– Uff... pero bueno, al menos el caos por el golpe de estado por fin se acabó. – dijo Takuto, luego que se le acabó el aire de tanto reír. – Muchas gracias, chicas, de verdad...

– Nosotras somos las que deberíamos agradecerte. – replicó Mint con una gran sonrisa.

– Fuimos capaces de ganar... gracias a ti. – agregó Vanilla, sonriendo de una manera más notable que de costumbre.

– ¡Muchísimas gracias, Takuto-san! – dijo Milfie. Takuto de nuevo se rio y se rascó detrás de la nuca.

– No, qué va. Yo sólo hice lo que pude. – replicó el comandante con modestia. – Bueno, ya podemos regresar triunfantes a la Luna Blanca.

– ¡Bien, esta noche tenemos que hacer una gran fiesta para celebrar! – exclamó Forte, en un tono muy emocionado.

– ¡Apoyo la moción! – agregó Ranpha.

– ¡Jajaja, eso suena muy bien! – exclamó Takuto. Sin duda, se habían ganado una gran celebración después de todo lo que Eonia y sus secuaces les habían hecho pasar. Pero al fin, todo se había terminado.

O al menos, eso creían...

– Jeje... jejejejejeje...

De pronto, una risa muy ominosa resonó por todo el puente del Elsior, y la celebración se detuvo. Takuto y el resto del personal del puente, al igual que la Brigada Angel y el Comodoro Luft en los monitores.

– ¿Qué rayos fue eso? – preguntó. – ¿Quién...?

– ¡C-Comunicación del exterior! – dijo Almo con tono de alarma. – ¡Alguien ha entrado en nuestro sistema de comunicaciones!

Antes de que Takuto pudiera hacer más preguntas, alguien se apoderó de todos los monitores del puente. El comandante se quedó pasmado al ver de quién se trataba. Era esa niña que vio en el hangar cuando habían atracado en Fargo, llamada Noa. Pero esta vez, sus ojos brillaban de un color rojo como la sangre, y no hablaba con esa vocecita chillona y adorable de aquella vez. Por el contrario, hablaba con una voz profunda y siniestra, como una máquina.

– Debo expresar mi admiración por la humanidad. Han dominado el sistema HALO de los Emblem Frames, y destruyeron a mis obras maestras.

– T-tú eres... ¿cómo es que...?

– La Luna Blanca y la humanidad parecen haber avanzado mucho más de lo que anticipé. Pero gracias a eso... yo también he sido capaz de evolucionar.

– ¿De qué rayos está hablando? – preguntó Lester. – Y Takuto, ¿por qué la ves como si la conocieras?

– ¡Tú eres esa niña que vi el otro día en el hangar! – exclamó Takuto, una vez que pudo poner sus ideas en orden. – Tu nombre era Noa, ¿no es cierto?

La humanidad es sorprendente. – respondió Noa. – Con mi habilidad, construí esta interfaz y fui capaz de ir a todas partes.

– ¿Interfaz...? – preguntó Takuto confundido.

– Esta falsa muñeca que se ve como humana, le di el nombre de Noa sólo por conveniencia. – continuó. – Sin embargo, de no ser por la ingenuidad de Eonia, no podría haber encontrado a la Luna Blanca. Debo agradecérselo por eso.

– ¡¿E-Eonia?! – jadeó Takuto, quedándose en shock. ¿Acaso Eonia había sido un títere todo este tiempo?

– Fue un hombre bastante útil. Creyó en todo lo que le dije, y trabajó muy duro.

– Tú... ¡¿quién demonios eres?! – exclamó Takuto furioso. Noa desapareció del monitor, y en su lugar sólo apareció un cristal rojo brillante. A pesar de todo lo que había sucedido, nada podría haberlo preparado para la respuesta.

– Yo soy... la Luna Negra...

Si no tuviese el respaldo de la silla detrás de él, Takuto podría haberse ido de espaldas en ese momento. ¿La Luna Negra? Entonces, ¿ese planetoide tenía voluntad propia? ¿Y todo este tiempo había estado manipulando a Eonia?

– No te he olvidado, Luna Blanca. Tú y yo somos estrellas gemelas. Ahora... completaré el propósito por el cual fuimos creadas. ¡Me haré una sola contigo, y así completarás mi evolución! Jajajaja... ¡jajajajajajajaja! ¡JAJAJAJAJAJAJA!

Mientras la ominosa risa continuaba haciendo eco en el puente, Takuto intentaba ordenar sus pensamientos, y asimilar lo que tenía frente a él. Todo este tiempo, Eonia no había sido más que un peón de una fuerza mayor. Y dicha fuerza mayor era ni más ni menos que la propia Luna Negra.

Por lo visto, lo que le dijo Shiva sobre que la Luna Negra era una tecnología perdida que sólo traía muerte y destrucción era la punta del iceberg. Significaba que toda la tragedia que había sufrido Transbaal había sido obra suya, no de Eonia.

¿Podrían realmente hacerle frente a algo como eso?

Esta historia continuará...


Notas del autor:

Hola, gente, ¿cómo va todo? La verdad, escribir el último enfrentamiento de las Angels vs los Hellhounds se me hizo bastante difícil, no en términos de maniobras ni nada de eso, sino por transmitir la atmósfera depresiva que inspiraba. De hecho, en el juego este segmento es relativamente fácil, al grado que casi es posible sentarme y dejar que las Angels hagan el trabajo por su cuenta sin necesidad de darle órdenes, salvo en el caso de que alguno de ellos se logre escapar y ataque al Elsior (me basé en eso para la escena de Forte durante el combate, que Red-Eye se escapa para hacer un ataque kamikaze y tiene que interceptarlo).

Y ahora, ¿qué les pareció este plot twist? El verdadero jefe final resulta ser no Eonia, sino la mismísima Luna Negra, que todo este tiempo lo estaba manipulando. ¿Alguien lo vio venir? En retrospectiva, los comentarios que hacía Noa parecían un poco ambiguos, pero por fin ahora todo cobra sentido. Ya saben, el típico villano que no tiene idea de con qué clase de fuerzas más allá de su comprensión se está metiendo. Como dijo Lester, es un final apropiado para él, y ahora que está fuera del camino, nuestros héroes ahora deben enfrentar el último desafío para terminar con la guerra, la verdadera fuerza detrás de todo esto. Saben, creo que la Luna Negra no tiene nada que envidiarle a la Estrella de la Muerte, sólo imagínense cómo sería si esa arma de destrucción masiva tuviera su propia inteligencia/conciencia. Es más, recuerdo que en el canon de Legends un droide asesino copió su memoria en la computadora central de la segunda Estrella de la Muerte, efectivamente tomando total control de ella bajo las narices de Palpatine, y estaba planeando aniquilar también a las fuerzas imperiales una vez que acabaran con la flota rebelde durante la batalla de Endor. No sé ustedes, pero no vería implausible un escenario similar aquí en el caso de que Eonia saliera victorioso, lo cual sería un final bastante irónico.

En fin, con esto concluye el décimo capítulo de la historia. El próximo será el último, titulado "Ángeles de luz", y es también el más corto ya que sólo tiene dos segmentos, el de la misión final, y el siguiente que sirve más bien como epílogo. De hecho, estoy planteándome subirlos ambos el mismo día, para terminar esta misma semana (sería justo el día después de mi cumpleaños). Gracias por el review a TheNewDabs, como siempre, los veré el sábado para la gran conclusión. ¡Brigada Angel, despeguen!