3.

Me quedé tumbado en el lúgubre ático, esperando que el tiempo volviera a empezar. Las palabras de Rosalie todavía rebotaban en mi cabeza, cortándome más profundamente con cada rebote.

Mis dedos tiemblan mientras procesaba el trauma del shock, actuando como si estuvieran desconectados de mi cuerpo.

Marqué el número al que juré no volver a llamar jamás. El estridente timbre hacía girar los engranajes del reloj, obligándolo a cobrar vida.

Ring. Bella está muerta. Ring. Nunca volverá a sonreír. Ring. Bella está muerta. Ring. Bella está muerta. Para siempre. Muerta.

La línea hizo clic cuando el receptor fue descolgado. Alguien respondió.

—Residencia Swan.