Otra mañana se asomaba en Royal Woods iluminando todas las casas hasta una casa grande y acogedora la cual pertenecía a la familia Loud, En esta Lupa vivía juntos con su numerosa familia de Tías y hermanas. Era una mañana tranquila y el sol apenas comenzaba a asomarse por las ventanas, inundando la habitación de Lupa con una luz suave y dorada. Los rayos de sol se filtraban a través de las cortinas, creando patrones de sombras en las paredes y dando un aire de serenidad al ambiente.
Lupa, siempre fiel a su estilo gótico y sarcástico, se levantó de su cama con un estiramiento perezoso. La habitación estaba separada ya que en el otro extremo También dormía Lacy su hermana deportista. Fuera de ese lado su parte del cuarto era un reflejo de su personalidad, las paredes pintadas en tonos oscuros, cubriendo cada centímetro disponible y también estanterías llenas de libros sobre lo macabro y lo oculto. Su despeinada cabellera blanca caían en cascada sobre su cara, y sus ojos amarillos brillaban con una mezcla de travesura.
Esa mañana, Lupa se sentía especialmente juguetona así que decidió ir a ver a su hermano Lemy, cuyo estilo de vida rockero y relajado siempre había sido motivo de burlas cariñosas para ella. Con una sonrisa traviesa dibujada en su rostro, abrió la puerta de su habitación y se encaminó hacia la de Lemy.
Al llegar, abrió la puerta de su habitación con cuidado, tratando de no hacer ruido. La habitación de Lemy era un caos organizado, con guitarras apoyadas en las esquinas, pósteres de bandas de rock en las paredes, y ropa esparcida por el suelo. En medio de todo ese desorden, Lemy dormía profundamente, su rostro relajado y sereno junto a su cabello desordenado que caía sobre su frente al igual que ella al despertar era de lo más lindo para ella pensando en lo mucho que se parecían en algunas, Sentía también su respiración era lenta y rítmica demostrando que estaba aún profundamente dormido.
Lupa se detuvo un momento a observarlo. A pesar de sus constantes bromas, sentía un profundo cariño por su hermano. Un destello de ternura cruzó su rostro, pero rápidamente se transformó en su habitual sonrisa sarcástica. —¿Quién diría que el gran rockero tiene su lado tierno?—murmuró para sí misma mientras sacaba su teléfono para tomarse unas fotos con él.
Se acercó sigilosamente a la cama y se colocó a su lado, asegurándose de no hacer ningún ruido que pudiera despertarlo. Comenzó a tomarse selfies mientras hacía comentarios burlones en voz baja —Mira, el gran Lemy, dormido como un bebé— dijo, riendo suavemente para sí misma. En medio de sus fotos y comentarios, notó algo curioso: Lemy parecía murmurar su nombre en sueños.
Intrigada, Lupa se inclinó un poco más cerca intentando escuchar más pero noto cómo un bulto en la cama comenzaba a crecer. Sus ojos se abrieron con sorpresa al ver la magnitud del bulto bajo las sábanas. Claramente, Lemy estaba teniendo una erección matutina. Una sonrisa maliciosa se dibujó en su rostro. —Debe estar soñando conmigo— pensó, disfrutando de la idea.
Con cuidado de no hacer ningún ruido, Lupa se subió a la cama y se posicionó sobre su hermano. La dureza del miembro de Lemy se hacía evidente a través de las sábanas, y la excitación de Lupa crecía con cada segundo. Su mente estaba llena de pensamientos traviesos mientras se frotaba lentamente contra él, sintiendo la dureza palpitante bajo su peso.
—Vaya, vaya, parece que alguien está realmente feliz de pensar en mi— susurró con sarcasmo, disfrutando del momento. Lemy volvió a murmurar su nombre en sueños está vez La chica si pudo escucharlo, lo que solo aumentó la excitación de Lupa. Decidida a llevar su juego más allá, deslizó sus manos debajo de las sábanas, revelando lentamente el gran miembro de su hermano. Se sorprendió nuevamente por su tamaño, y sin perder más tiempo, comenzó a acariciarlo suavemente, sintiendo cómo reaccionaba ante su toque.
Lupa, aún manteniendo el control de sus movimientos, se quitó lentamente la ropa, dejando su cuerpo desnudo y vulnerable al aire fresco de la mañana. Sus pezones se endurecieron al contacto con el aire, y una oleada de placer recorrió su cuerpo. Con una sonrisa traviesa, se inclinó hacia adelante y lamió la punta del miembro de Lemy, sintiendo el sabor salado en su lengua. Lemy gimió en sueños mientras su cuerpo iba reaccionando instintivamente a las sensaciones.
Decidida a no detenerse, Lupa se subió encima de él nuevamente, posicionando su entrada sobre el miembro erecto. Bajó lentamente, sintiendo cómo la penetraba centímetro a centímetro. Un gemido silencioso escapó de sus labios cuando lo sintió completamente dentro de ella, llenándola por completo. Comenzó a moverse lentamente, disfrutando de cada sensación, cada fricción que el miembro de Lemy le proporcionaba.
A medida que el ritmo se intensificaba, Lupa mantenía sus gemidos bajo control, mordiéndose el labio para no dejar escapar un grito de placer. —¿Quién diría que dormirías tan profundamente mientras te montan, bobo?— pensó, disfrutando de la situación. Las sensaciones eran abrumadoras, y el miembro de Lemy parecía adaptarse perfectamente a su cuerpo, llenándola de un placer indescriptible.
Después de un rato de movimientos apasionados y el sonido de sus cuerpos chocando, Lemy llegó al clímax. Lupa sintió cómo el cálido semen llenaba su interior, haciendo que su cuerpo temblara de placer. Se mordió los labios con fuerza, intentando no gritar, sabiendo que debía mantener el silencio. La sensación del semen de Lemy dentro de ella la llevó a su propio orgasmo sintiendo su cuerpo convulsionándose de placer mientras trataba de mantener el control.
Finalmente, con dificultad y aún con el semen de Lemy goteando de su interior, se retiró lentamente. Se inclinó sobre él, besándolo suavemente en la frente —Felicidades, dormilón. Lo hiciste muy bien— susurró en su oído con una sonrisa. —Volveré esta noche por la segunda ronda.— Dijo retirándose del cuarto dejando al chico.
Lemy continuó durmiendo, ajeno a todo lo que había sucedido. Cuando despertó un rato después, se sentía de muy buen humor, aunque no podía explicar por qué. Quizás era el efecto de un sueño especialmente placentero, pensó, mientras se estiraba y se preparaba para empezar el día.
