Amor de verano

Hey Arnold no me pertenece.

Irónico, ¿o era acaso una de las bromas de Dios? No lo sabía y no sabía tampoco si estaba dispuesto a descubrirlo.

Todo su grupo estaban yendo de campamento unas pocas semanas antes de las vacaciones de verano. Irían a la playa por tres días. A la misma playa donde hacía un año había conocido a Summer y en donde Helga lo había ayudado, pero tenía un claro y vívido recuerdo de esas vacaciones, aunque nunca lo hubiera aceptado, muchas veces soñaba con ese momento y por el cual, mientras se dirigían a su destino en el autobús escolar, no podía ni mirarla. Estaba nervioso y ni sabía porque debía de estarlo y no estaba siendo nada disimulado.

—Viejo, ¿qué te ocurre? Estás actuando muy extraño, ¿acaso no quieres ir a la playa?

—No me pasa nada Gerald, estoy bien, solo estoy emocionado.

Arnold alzó la vista disimuladamente, pero se encontró directamente con los ojos de Helga, miró rápidamente a otra parte y se dio cuenta de que ella hizo lo mismo.

Gerald lo notó y enarcó una ceja.

—¿Acaso Helga te hizo algo?

—No, para nada—respondió rápidamente.

—Entonces, ¿por qué se comportan así?

—¿Así? ¿Cómo así? No hay nada raro en mi comportamiento con Helga.

Gerald no estaba muy seguro de que su amigo le estuviera diciendo la verdad, pero mejor se quedó callado y se limitó a observarlos.

No tardaron mucho en llegar a la playa e instalarse casualmente en las mismas casas, solo que una era para niñas y la otra para niños.

Ese primer día, Arnold la ignoró totalmente, y ella ni siquiera lo miró.

—Soy tan idiota—se quejaba la niña cuando logró quedarse a solas con Phoebe.

—Entiendo lo que pasó antes Helga—le comentó su amiga a quién ya le había contado todo—, pero a la vez no entiendo por qué lo estás ignorando.

—Él hace lo mismo.

—¿No crees que él esté igual de nervioso que tú? Yo creo que deberías calmarte un poco y actuar normal, entonces él también lo hará, si no, no disfrutarás del campamento.

—No es tan fácil…

Al día siguiente tenían una actividad cerca de la playa y mientras todos se reunían, alguien se acercó a Arnold.

—Vaya, vaya, ¿de nuevo por aquí? ¿Acaso desean hacerme sentir más miserable y burlarse de mí?

—Summer—dijo Arnold al reconocerla.

—¿Qué es lo que hacen aquí?

—Campamento escolar y si mal no recuerdo, tú eras la que se estaba burlando de mí.

—¿Y qué harás al respecto? ¿Acaso tu amiga volverá a acosarme con crueles bromas?

—Helga me ayudó, si no fuera por ella…

Pero, Arnold no terminó de hablar, al ser empujado de repente.

—¿Qué haces Summer? —dijo Helga con los brazos cruzados—¿acaso planeas chantajear a Arnold otra vez? Pues, déjame decirte que estoy yo aquí para hacer entrar en razón al cabezón.

—Oh vaya, ¿acaso eres su salvavidas? Oh sí, es cierto, lo eres, linda grabación, por cierto, fue tan real—se burló.

—Gracias—contestó Helga sin dejarse intimidar, si no hubieras sido una arpía yo ni siquiera me hubiera interesado en el concurso, pero Summer, ¿no tienes nada mejor qué hacer? Deberías de ir con tu noviecito, oh es cierto, te peleaste con él luego de la derrota ¿verdad?

—Malditos—se quejó la chica y se fue de allí enojada.

—Te enamoras de las peores, cabeza de balón.

A Arnold no le dio tiempo de decir nada, ya que Helga se fue rápidamente.

—¿Qué fue todo eso? ¿quién era ella? —le preguntó Gerald a Arnold.

Su amigo suspiró, parecía un buen momento de contarle todo.

—Ahora entiendo por qué has estado actuando tan raro, viejo—comentó Gerald al finalizar la historia—, pero no entiendo por qué Helga te besó. ¿Le gustas?

—Es que, ese no fue el primer beso que Helga me ha dado…—explicó nervioso.

—El de la obra no cuenta.

—No, no a ese me refiero.

Nuevamente Arnold tuvo que contarle a su amigo lo ocurrido con Helga en FTI.

—¿Por qué no me cuentas todas las cosas importantes?

—Por qué no sé qué pensar.

—Bien, entiendo, pero dime, ¿a ti te gusta?

Arnold miró a su amigo y asintió.

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Un rato después y ahora que Gerald sabía todo, no iba a quedarse con los brazos cruzados, así que aprovechó un momento de distracción de su amigo y lo empujó, logrando que chocara con el hombro de Helga.

—Fíjate por dónde caminas, Cabeza de balón.

—Lo siento Helga, no fue mi intención, es que tropecé—mintió, prometiéndose a sí mismo que se desquitaría con su amigo.

—Pues deberías aprender a caminar, Cabezón.

La amenaza quedó en el aire, Helga notó que Arnold ya no le contestaba y solo la miraba.

—¿Qué? ¿Tengo algo en la cara?

—No es eso, lo que pasa es que quiero agradecerte por lo de hace un rato.

—¿Lo de Summer?

—Sí, siento que no te lo agradecí cómo debía.

Helga bajó la mirada avergonzada.

—Deberías fijarte más, no voy a estar siempre para ayudarte.

Gracias a esa plática, lograron romper el hielo y dejaron de evitarse.

.

Arnold no sabía si era algo positivo o negativo que Gerald supiera su secreto, ya que, gracias a él, la noche siguiente terminó en una prueba de valor con Helga como compañera.

Cada pareja partió con una lámpara en la mano y tomaron distintas rutas.

—Espero que no seas un cobarde, Arnoldo.

—Te recuerdo que tú le tienes pavor a las ratas.

—Pero, aquí no hay ratas. Por suerte.

Caminaron sin problemas entre la arena, hasta que Arnold metió el pie sin querer en un hoyo y terminó cayéndose.

—Torpe—se rio la niña.

—No es mi culpa, no lo alumbraste con la lámpara y no lo vi.

—Ahora resulta que es mi culpa, para tu información yo no hice el hoyo.

Arnold enojado, tomó el tobillo de Helga cuando se daba la vuelta para irse y logró que cayera en la arena junto a él.

—Venganza.

—¿Con que así estamos Arnoldo? ¡Bien, tú te lo buscaste!

Helga se lanzó contra Arnold, tomando con fuerza sus brazos, haciendo que quedara recostado en la arena, Arnold no se dejó intimidar y utilizando gran parte de su fuerza, la empujó de regreso e invirtió los papeles.

—¿Qué decías?

—¡No te metas conmigo!

Ambos niños invertían papeles, cambiando posiciones varias veces, hasta que Arnold quedó sosteniendo las muñecas de Helga.

—Tu lazo se ha deslizado por tu cabello—comentó.

—Es obvio, me despeinaste.

—Traes ese mismo lazo desde el día en que nos conocimos.

Helga lo miró con sorpresa.

—¿Qué dijiste?

—Que ese lazo lo has usado desde el día en que nos conocimos.

—No pensé que recordaras eso.

—¿Por qué tendría que olvidarlo? Creo que eres como yo, tu lazo es igual de importante que mi gorra, ¿no?

Helga se estaba poniendo nerviosa, nunca se imaginó que Arnold supiera tanto y mucho menos que recordara cuando se conocieron y no ayudaba en nada que él no la hubiera soltado.

—¿Sabes? Incluso sería raro verte sin tu lazo, me gusta cómo te ves con él.

Arnold se dio cuenta que el ambiente era perfecto, esa era su oportunidad.

—Helga, yo…

—¿Podrías soltarme? —lo interrumpió.

—¿Qué?

—Me estoy llenando el cabello de arena.

—Oh, es cierto, perdón.

Arnold la soltó y se puso de pie, intentó darle la mano para ayudarla, pero ella se negó. Había perdido la atmósfera por completo.

El resto del reto transcurrió normal, pero Arnold se sentía un poco decepcionado.

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Antes de dormir, Gerald interrogó a su amigo.

—¿Le dijiste?

—No, no pude.

—Viejo, te dejé el paso libre y lo desperdiciaste.

—Lo sé—respondió resignado.

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A la mañana siguiente, todo regresó como al inicio, ambos se evitaban.

Por suerte, las actividades del día lo mantuvieron alejado de ella, hasta que, al ir al lavabo para quitarse el exceso de arena en sus manos, escuchó una voz conocida. Buscó el origen de la voz y se escondió, al notar que Summer hablaba con Helga.

—Oh vaya, ¿por qué tan sola? ¿Y tu novio Arnold?

—Arnold no es mi novio—respondió con un gruñido.

—Es cierto—rio—él había dicho que las niñas de su clase no valían la pena, por eso me escogió a mí.

—Es completamente normal que el cabeza de balón se enamore de una cara bonita, aunque no tenga cerebro como tú.

Summer frunció el ceño, enojada por el insulto.

—Pero, a pesar de que no le gustas, lo ayudaste, ¿por qué rebajarse tanto?

—¿Quién te dijo que quiero que él se fije en mí? Solo no iba a permitir que una arpía como tú se saliera con la suya.

—Qué buena persona resultaste ser—se burló—y aun así él se enojó contigo. Eso no habla muy bien tampoco de él.

—¿No tienes nada mejor que hacer?

—Por lo menos yo no tengo que conformarme con robarle un beso al niño que me gusta como otras personas que conozco.

—¡Ya te dije que no me gusta!

Summer soltó una carcajada y se fue.

Arnold regresó lentamente con Gerald, pensando en todo lo que escuchó, pero al llegar descubrió que Summer estaba allí.

—Te buscan, viejo.

Gerald creyó conveniente quedarse allí junto a su amigo.

—Cuándo se van? —preguntó Summer.

—Mañana.

—Ya era hora, no soporto verlos por aquí.

—Para alguien que dice no soportarnos, has estado hablando mucho con nosotros, ¿no crees? ¿Acaso quieres disculparte?

—¿Yo? ¿Por qué debería? Tú eres el ingenuo. Deberías agradecerle a tu amiguita.

—Eso ya lo he hecho.

—Pero no en la forma en la que a ella le gustaría. La ventaja para ella es que es consciente de que nunca te fijarás en ella, a ti solo te gustan las niñas bonitas y ella no lo es.

Arnold se enojó con ese último comentario.

—Helga es la niña más bonita que he conocido, tanto por dentro como por fuera, no como tú.

—¿Seguro? Entonces, ¿por qué no es tu novia?

—Lo dice alguien que terminó con su novio por un estúpido concurso de castillos de arena.

—Tú no eres mejor que yo Arnold. Recuerda como me defendías y a ella le gritabas.

Summer se dio la vuelta sonriendo engreídamente y se fue.

—Vaya viejo, no sé cómo te pudo llegar a gustar esa niña, pero como tu mejor amigo es mi deber informarte que Helga escuchó una parte de tu conversación con Summer.

—¿Qué?

—Ella apareció, los vio peleando y se fue.

—¿Qué fue lo que escuchó?

—"Helga es la niña más bonita que he conocido tanto por dentro como por fuera", estoy seguro de que fue eso. Se fue por allí, deberías seguirla—le dijo Gerald guiñándole un ojo.

Arnold corrió hacia el lugar donde Gerald le dijo.

Mientras tanto Helga sostenía con fuerza su medallón, no se hubiera imaginado a Arnold hablando así de ella y ahora que lo había escuchado no cabía de la emoción.

No sabía qué hacer en ese momento, pero no tuvo tiempo ni de pensarlo ya que Arnold llegó corriendo junto a ella.

—¡Helga!

—Cabeza de balón…

Ahora que la tenía en frente, no tenía ni idea de qué decir, pero se armó de valor.

—Lo que le dije a Summer es totalmente cierto.

Helga intentó no lanzarse a sus brazos y disimuló su emoción.

—Pues gracias, tienes buen gusto.

—Sí, el mejor, ¿verdad?

La sonrisa de Arnold la hipnotizó. No sabía que pasaría en los siguientes días y semanas, pero si Arnold empezaba a comportarse así con ella, sería algo fascinante.

—Espero que no vuelvas a caer en las garras de alguna otra arpía como Summer.

—No lo creo, ya te tengo a ti.

Oficialmente Helga estaba en el cielo.