Noviembre 1981

POV Lyall Lupin

En el corazón de un campo inglés, donde los prados verdes se extendían hasta donde alcanzaba la vista y los setos de espino albar delineaban el límite de una majestuosa mansión que parecía sacada de las páginas de una novela victoriana que a su esposa amaba leer. La imponente residencia, rodeada de un jardín meticulosamente cuidado y con siglos de historia grabados en cada piedra, emanaba un aura de grandeza y misterio. En una época atrás había crecido en un hogar similar a este, pero eso había sido antes de conocer el amor.

La mansión, construida en estilo georgiano, se erguía con elegancia atemporal. Sus muros de piedra gris se alzaban robustos, y las ventanas altas y estrechas, con marcos de madera oscura, ofrecían una mirada intrigante al interior, donde el tiempo parecía haberse detenido. Un camino de grava, flanqueado por hileras de cipreses y flores translucidas de un color ámbar, conducía a una puerta principal de roble macizo, adornada con herrajes de hierro forjado que contaban historias de tiempos remotos.

Al cruzar el umbral, sus visitantes eran recibidos por un amplio vestíbulo de techos altos y candelabros de cristal que colgaban como joyas del techo, proyectando luces y sombras que danzaban en las paredes cubiertas de retratos de antepasados que ocasionalmente se entretenían conversando con sus visitantes. El suelo, de mármol pulido, reflejaba la luz del día que se colaba a través de las ventanas, creando un ambiente de claridad y serenidad.

Sabía que las habitaciones principales estaban decoradas con muebles de época y tapices artesanales, conservaban el esplendor de tiempos pasados, excepto una que aun tenia los tonos ámbar y marrones desde hace más de una década atrás. En el salón principal, una chimenea de mármol blanco presidía la estancia, con su repisa adornada con relojes antiguos y candelabros de bronce u oro, hace años se habían encargado en desaparecer los de plata. Los sofás de terciopelo verde oscuro y las sillas de caoba tallada ofrecían un confort que invitaba a largas tardes de lectura junto al fuego. Las paredes, cubiertas de estanterías llenas de libros encuadernados en cuero, desprendían el aroma inconfundible del papel viejo, susurrando secretos de eras lejanas, era el lugar donde estaba de pie, observando lo poco que la decoración había cambiado, sentía como si el tiempo no hubiera pasado por la mansión Shacklebolt ni por el actual jefe de familia.

Desde los ventanales del salón, la vista se extendía hacia los vastos jardines que rodeaban la mansión. Un lago sereno, bordeado de sauces llorones cuyas ramas acariciaban la superficie del agua, reflejaba el cielo en un espejo de tranquilidad. A lo lejos, un laberinto de setos desafiaba a los visitantes a perderse en sus caminos, mientras que un invernadero victoriano, con sus paneles de vidrio relucientes, albergaba exóticas plantas y flores que llenaban el aire de fragancias dulces y desconocidas.

La mansión no solo era un monumento a la arquitectura y la elegancia, sino también un hogar lleno de vida y recuerdos. Si cerraba mis ojos el tiempo suficiente podía sentir las risas de los niños que jugaban entre los árboles, y los salones acogían cenas y bailes, llenando de música y alegría los espacios que durante siglos habían sido testigos de tantas historias. Donde había pasado horas de mi infancia y adolescencia.

Habían pasado tantos años y aun esta mansión permanecía como un testimonio de la belleza y la continuidad en perfecta armonía con sus habitantes, ofreciendo un refugio de paz, lujo y elegancia en medio de la naturaleza.

"Deja de mirarme de esa forma," es lo primero que le digo, había olvidado las veces en las cuales nos manteníamos en silencio, mientras miraba su casa, él solo me veía a mí.

"¿Cómo te estoy mirando?" siempre hacia la misma pregunta y yo jamás respondí con la verdad.

"No voy a disculparme," le advierto. Cambio la conversación al tema que es de interés de ambos.

"Lo sé, no eres de los que ofrecen disculpas," logro sentir la culpa tras de esas palabras, me quedo en silencio sin saber cómo decirle que la razón por la que estoy aquí es por mi propio interés y no las cosas que hice antes de alejarme. "Mencionaste una oferta, ¿A cuál te refieres con exactitud?

"La última vez… que estuve en esta casa," mi voz suena pausada, con temor a que nuestro pasado nos lastimé.

"En mi habitación, fue en mi cama." Su voz es distinta a la mía, está cargada de añoranza, siempre fue el más apasionado entre los dos.

"Tú, estabas en tu cama," le recalco, el idiota solo sonríe como si le hiciera feliz mi incomodidad al recordar la última vez que lo vi, "dijiste que, si alguna vez necesitara ayuda, contara contigo."

"Lo cual nunca hiciste, tu orgullo siempre fue más grande," una vez más me restriega mi mayor defecto.

"Eso no importa," interrumpo sus palabras, lo conozco y sé que seguirá hablando lo mucho que odia que sea orgulloso. "Si estoy aquí, es por mi hijo."

Sus ojos brillan emocionados ante la mención de Remus, sonrió levemente al ver que a pesar de tantos años él aun quiere a mi Remus.

"Remus, hace mucho que no lo veo. ¿Cómo esta?" pregunta feliz, puedo ver que se contiene a saltar emocionado por saber, siempre tan curioso.

"Esta… bien, o lo estará," sus ojos se abren alarmados ante la posibilidad de que mi hijo este mal. "Hope lo está cuidando." Me apresuro mencionar el hecho de que Remus no está solo.

Es increíble la manera que sus ojos puedan cambiar de emociones con tanta rapidez. Por un momento creo ver una chispa de dolor, pero al parpadear la felicidad se mantiene en sus ojos, aunque ya no es tan notoria como hace un momento.

"¿Cómo esta ella?" solo una vez ambos se habían visto, el día que le confese que la amaba y los cuatro salimos en una cita, fue el día que había perdido a mi mejor amigo.

"Feliz, ama demasiado a Remus, siempre le pone feliz tenerlo cerca." Mi sonrisa regresa al recordar al amor de mi vida junto a mi hijo, hace mucho que no había visto a Remus tan pequeño y necesitado de amor, del amor de su madre.

"Si… Debe de amarlo mucho, al igual que te ama a ti," sus ojos brillan cuando me miran con detenimiento. Asiento con la cabeza, aclaro mi garganta para cambiar de tema.

"Si, bueno, vine para hablar de ellos." Armastus camina hacia una ventana y se queda en silencio mientras me escucha hablar. "La vida de mi hijo peligra." Apenas me da tiempo para dar un paso hacia atrás y él regresa a mi lado, sus manos se extienden para tomar mis hombros, impidiendo que me aleje.

"¿Qué sucede? ¿Está herido? Por eso, ella lo tiene que cuidar, ¿Necesitas protección? ¿Llamo a mi hijo? ¿Qué haces de pie? ¿Quieres un calmante? ¡Tiffy!" habla sin respirar, con la misma velocidad me empuja al sofá donde antes ocupo y llama a su elfa doméstica, la misma que lo cuido de niño y la que de seguro cuido a su hijo, debe de tener casi la misma edad de mi Remus.

"Ve por las pociones, trae todas. Llama a los aurores. ¡No!" grita, solo yo salto ante el sonido, Tiffy solo mira a su amo con aburrimiento y por sus mejillas rojas, con algo de vergüenza. "No lo hagas, cierra todo. ¡No! Porque luego no podrás regresar," sus ojos están tan abiertos y sus manos tiemblan que me preocupa que sufra un desmayo o tal vez Tiffy le dé un golpe para que se calme, yo la apoyaría si decidiera hacerlo.

"Armastus," digo su nombre para que me preste atención, pero él ya se había alejado.

"Envía un mensaje a mi hijo, pero no menciones nada," ordena a Tiffy, la elfa solo mira la chimenea con sumo interés. Armastus no da cuenta lo poco que a su elfa le interesa sus palabras.

"Armastus," vuelvo a intentar atraer su atención, por el rabillo de mi ojo puedo ver como los retratos abandonan sus lugares, hasta ellos sienten vergüenza de Armastus.

"Iré por las armas." Con pasos decididos sale de la habitación, con pesar me obligo a quedarme sentado. En algún momento se va a calmar.

"Armastus, no es necesario," pienso que esta vez mi voz logro ser escuchada al ver que se detiene, pero sus siguientes palabras me demuestran lo contrario.

"Tienes razón, las armas solo nos retrasarían." Esta vez cambia de dirección y sube por las escaleras con la misma rapidez que tenía en su juventud. "Tengo una casa segura en Suecia, es lo suficientemente lejos para que nadie los encuentre. Vamos inmediatamente para que se instalen, de seguro Remus debe estar … no. ¡Libros! Tiffy, empaca todos los libros para que Remus los lea. ¿Puede leer? Por supuesto, debe estar tan mal que, ¡Tiffy! Empaca libros de medicina y novelas, de seguro Hope quera distraerse un poco. No te preocupes, Lyall todo está bien," se va corriendo cuando llega al piso superior sin dejarme explicar nada. Tiffy por fin mira en mi dirección y sus ojos muestran la vergüenza por el comportamiento de su amo.

"Hace mucho tiempo que no vine a visitarte, Tiffy. ¿Cómo has estado?" la calma nos rodea una vez que Armastus Shacklebolt nos deja solos.

"Es un placer tenerlo de regreso, maestro Lyall. Tiffy, se encuentra muy bien de salud a diferencia del amo que debe estar teniendo un ataque de nervios por no saber que libros elegir. Con su permiso, iré a controlar al amo." Me responde con la misma tranquilidad de siempre, es increíble que no se volviera loca por el comportamiento que Armastus tiene aun después de tantos años.

"Ve con cuidado, Tiffy. Ambos sabemos lo paranoico que se pone," sonrió con nostalgia, Tiffy solo sacude su pequeña cabeza con lamento antes de retirarse de la habitación.

"El amo solo se pone así con usted, al amo le importa mucho el maestro Lyall y el joven Remus Lupin, Tiffy sabe que el maestro Lyall nunca se da cuenta. Tiffy, tendrá muchos libros que volver a ordenar. El amo no sabe controlarse..." la escucho susurrar, tal vez un poco de locura tiene al sufrir tantas décadas por cuidar a los Shacklebolt.

Espero algunos minutos antes de subir a ver qué hace Armastus, una persona demasiado emocional que sufre vergüenza con más frecuencia de lo normal. Había pensado que cambio después de tantos años, pero me pone feliz saber que algunas cosas no han cambiado, tal vez así sea más fácil que pueda entender la situación y me brinde ayuda.

"Es increíble verte después de tanto tiempo, Lyall" dice Armastus, cuando lo veo antes de subir las escaleras, intentando mantener la compostura mientras una marea de recuerdos me inundaba la mente. Así estábamos cuando le dije que me casaría con Hope y mi familia me había repudiado.

El me miraba desde la parte superior de las escaleras y yo con un pie en el primer peldaño, con el corazón desbocado en mi pecho, sin saber cuáles serían mis siguientes palabras, pero él aun así me sonreía con cariño. Jamás cruce la línea de la amistad, cuando me di cuenta que él quería hacerlo me asuste y hui, imagine que estaría solo como único acompañante la cobardía, hasta que conocí a Hope y todo mi mundo cambio para bien.

Cada uno teníamos la mirada perdida en el tiempo, tratando de conectar el pasado con el presente. Me había llegado el rumor de que él había intentado que mi familia no me repudiara, había escuchado que me busco por meses, había escuchado que me había encontrado, había escuchado que él era quien había intercedido por mí en el ministerio, sabía que por él pude tener un hogar donde mi Remus pudo tener sus transformaciones sin lastimar a nadie, ni a él mismo. Sabía que Armastus Shacklebolt hizo muchas cosas por mí, por mi familia y jamás le había agradecido, nunca tuve el valor para enfrentar la palabra.

"¿Qué sabes sobre la licantropía?" le preguntó, sus ojos brillando con curiosidad me observan, con la cabeza me hace una señal para subir.

"Lo que la mayoría de personas saben," respondió Armastus, sonriendo con una mezcla de melancolía y alegría. "¿Tiene algo que ver con el arresto de Black?"

"Sabias, ¿Qué mi hijo y él eran pareja?" evito su pregunta haciendo otra, una sonrisa ladeada de incomodidad aparece ante la mención de la relación que tenía mi hijo.

"Escuche rumores, Remus debe de odiarlo, ¿no?" quisiera decir que sí, pero Remus heredo un corazón bondadoso como Hope, para ambos es difícil guardar odio o rencor por mucho tiempo.

Mi silencio debe ser respuesta suficiente, Armastus asintió con la cabeza, pero una sombra cruzó su mirada por un instante. "Sí, nos imaginamos que eso sucedería. A veces pienso en lo mucho que esta guerra nos arrebató, pero no estás aquí para hablar del ex novio de Remus."

Río suavemente. "Estas en lo cierto. Pero me alegra ver que sientes un aprecio por mi hijo. Como ya lo dije antes, vine para asegurar el bienestar de mi familia. Te necesito, necesito tu poder mágico y la influencia que tiene tu apellido."

El silencio cayó entre ellos, no incómodo, podía sentir como en su cabeza pensaba ayudarme.

Armastus pareció captar algo en mi mirada, un destello de una emoción pasada paso por sus ojos, y su sonrisa se suavizó. "Sabes, siempre me pregunté si había algo que valores lo suficiente para luchar por ello," dijo en voz baja, sus ojos fijos en mí. "Te ayudare en lo que necesites, hare todo por, Remus, es un joven que merece el mundo entero y no es necesario que me digas algo sobre ese asunto lunar. Tengo conocimiento que a tu hijo no le gustara que hablemos de eso, sin su presencia."

Asiento lentamente, una pequeña sonrisa jugando en mis labios. "Sí, creo que sí. Pareces que sabes mucho de mi Remus."

"He escuchado mucho de él, casi la mitad de mi vida." Tengo curiosidad, pero sus ojos me dicen que no obtendré una respuesta, al menos no una sincera.


POV Remus Lupin

En la penumbra de mi habitación, el suave resplandor de una lámpara arrojaba una luz cálida en forma de pequeñas estrellas, no había sido capaz de guardar el objeto cuando considere que era demasiado mayor para tener una lampara con ese modelo. Recostado en una cama que hace mucho no usaba, mi cuerpo aún frágil tras la reciente crisis nerviosa miraba a mi mamá, Hope, sentada a mi lado en una silla, sus ojos llenos de preocupación y amor, me observan con una mezcla de tristeza y ternura desde que desperté.

Lo primero que hice fue llevar una mano sobre mi vientre aun plano, mientras lo acariciaba con movimientos suaves y protectores, me pregunte cuando se haría notar que una vida crecía dentro. Las lágrimas en mis ojos aparecieron cuando recordé que jamás conocería a su otro padre, pero también estaba la silenciosa posibilidad de que nunca naciera, de que jamás podría vivir el tiempo suficiente.

"Mamá, no sé qué voy a hacer," murmuró sin poder ver su rostro, mi voz quebrada y llena de desesperación. "No puedo creer que esto esté pasando."

Mi mamá extendió su mano y tomó la mía, sus dedos entrelazándose con los míos, ofreciendo un consuelo silencioso. "Lo sé, cariño. Todo esto es muy difícil. Pero vamos a salir adelante, tu padre ya se encargó de eso. Cuéntame cómo te sientes. No has dicho nada en casi una hora"

Suspiro profundamente, miro hacia el techo como si buscara respuestas entre las estrellas danzantes. "Estoy asustado. El bebé... este bebé que está creciendo dentro de mí... no tiene culpa de nada. Pero cuando pienso en su padre, en lo que hizo..." Las palabras se atoran en mi garganta, y cierro los ojos con fuerza, tratando de contener las lágrimas.

Mamá aprieta mi mano con más fuerza, su voz llena de una calma inquebrantable. "Sirius tomó decisiones terribles, y ahora está pagando por ellas. Pero eso no define quién eres tú ni lo que este bebé significa. Este niño es una parte de ti, y juntos podremos darle una vida llena de amor."

"Pero ¿cómo, mamá? ¿Cómo puedo criar a este bebé siendo quién soy? ¿Cómo podría darle una vida tan miserable? ¿Qué pasa si es como yo? ¿Y si no soy lo suficientemente fuerte?" Las lágrimas ruedan por mis mejillas, mi desesperación es palpable.

"Escúchame, Remus," dijo mamá, inclinándose hacia mí, su voz firme pero suave. "Eres más fuerte de lo que crees. Has soportado 176 lunas llenas, días y noche de dolor, sin que tu padre o yo podamos hacer nada para aliviar tu dolor. Has pasado por una guerra, la cual no tenías por qué luchar, pero lo hiciste y sigues aquí, luchando. Y no estás solo. Tienes a tu padre, a mí, y a muchas personas que te quieren y te apoyarán en todo. Porque te amamos, porque te ame desde el día que supe que existías y te amare por siempre."

Asiento lentamente, mis dedos acarician mi vientre nuevamente. "Tengo tanto miedo por el bebé. Hay una mujer, la Alfa de la manada donde me estoy quedando, ella me dijo que él no nacería, que al ser un hombre lobo lo contagio y hago que sus órganos no se desarrollen bien, el lobo dentro de mí lo matara lentamente hasta que … en este momento le estoy causando dolor, no quiero lastimar a mi bebé, pero tampoco lo quiero perder. ¿Soy cruel por dejar que sufra aun si sé que no vivirá por más de unas horas?"

Mamá se inclina hacia adelante, colocando una mano sobre la mía y la otra sobre mi vientre. "Vamos a hacer todo lo posible para mantenerte tranquilo y saludable. Vamos a encontrar la manera para que ambos estén bien, porque este bebé ya es amado más de lo que puedes imaginar, y juntos haremos todo lo que esté a nuestro alcance para protegerlo. Se que quieres a tu bebé no solo porque es de Sirius, quieres a este bebé, porque es tuyo y juro Remus, que no habrá nadie en este mundo que te aleje de él. Yo no lo permití cuando se trató de ti y no lo permitiré ahora que te sucede a ti."

Abro los ojos, encontrando en los de mi mamá un océano de sabiduría y fortaleza. "Gracias, mamá. No sé qué sería de mí, si tú no me amaras."

"No necesitas agradecerme, mi niño," respondió mi mamá con una sonrisa cálida. "Eso es lo que hacemos las madres. Amamos a nuestros hijos sobre todo y nos apoyaremos juntos, especialmente en los momentos más oscuros."

El silencio llenó mi antigua habitación, pero era un silencio lleno de promesas y entendimiento, con el apoyo inquebrantable de mi mamá, encontré una chispa de esperanza en medio de mi dolor. Sabía que el camino no sería fácil, pero con mis padres a mi lado, me sentía un poco más capaz de enfrentar lo que viniera.

Mamá besó mi frente y susurró, "Vamos a estar bien, mi niño. Tú y tu bebé. Van a estar bien." Y en ese momento, supe que, a pesar de todo, tenía una razón para luchar y un amor que me guiaría a través de cualquier tormenta. "Tu padre, necesita hablar contigo," Sus manos temblaban ligeramente, y apartó la mirada hacia la ventana, como buscando valor en la poca luz que había afuera de casa.

Asiento, inclinando mi cuerpo un poco hacia adelante, creando un espacio en mi cama para que mamá este junto a mí. "Claro, ¿Sobre qué?"

Mamá respira hondo, intentando calmar los latidos frenéticos de su corazón que puedo escuchar por la cercanía. "Él fue a visitar a un viejo amigo, para nos ayude a protegerte," confesó finalmente, sus palabras llenas de una mezcla de miedo y alivio. Al escuchar su voz en voz alta, siento que una parte del peso en mi pecho se aligeraba, aunque la incertidumbre aún me envolvía. Mi padre no era una persona de muchos amigos, no conocía ningún amigo suyo, no sabía si el miedo en mi mamá era por mi o por quien era esa persona.

"No sabía que padre tenía amigos, mamá. Hay algo más... ¿Qué debería saber?" mamá frunció el ceño, tratando de pensar en cómo responder mi pregunta.

"Si, ambos están abajo esperando a que les avise cuando despiertes," responde en voz baja, como si quisiera decir algo más toma mi mano izquierda, pasando sus dedos en lentas caricias sobre el dorso de mi mano me vuelve a mirar a la cara. "¿Por qué no mencionas a tu amiga? Sabemos que ella aún vive ¿Cómo era su nombre? ¿Marie? ¿Callie? ¿Sally?"

Mordisqueó mi labio inferior, mis ojos llenándose de lágrimas que luchaba por contener. "Mary, se llama Mary. No la menciono, porque. Es que... todos mis amigos han sido asesinados en el último año. Y la última vez que hablamos, fue por Sirius. Ella me conto sobre lo que él hizo. Lo que nos hizo."

Siento como un escalofrío recorre el cuerpo de mi mamá. Conocía la serie de tragedias que habían azotado mi vida, arrebatándome seres queridos uno por uno. La preocupación en los ojos de mi mamá era palpable, y mi corazón se rompió al ver el miedo que la embargaba.

"Remus, entiendo tu temor," me dijo con suavidad, apretando mi mano con más fuerza, pero mamá jamás tuvo mucha fuerza física. "Pero no puedes cargar con el peso de esos crímenes. No eres responsable de lo que les sucedió a tus amigos."

"Lo sé, mamá, pero no puedo evitar sentirme así. ¿Qué le diría? Hola, Mary. Estoy embarazado, pero no te asustes. Es normal en gente como yo. Si te preguntas; ¿Cómo es que nadie habla de ello?, bueno, eso es porque ninguno pudo hacer que sus bebes vivieran, de nada sirve hablar de algo que solo nos haría más repugnantes. Y en caso de que ella no se asuste, están las consecuencias de que ella lo sepa, ¿Y si decirle a Mary la pone en peligro? No podría soportarlo. Ya perdí demasiado, no la quiero perder a ella. Además, que los estoy poniendo en un gran peligro a ustedes."

Mamá asintió lentamente, contemplando las palabras que dije. "Es normal sentir miedo después de todo lo que has pasado. Pero Mary es tu amiga, y probablemente querrá apoyarte en este momento tan importante. Tal vez no decirle también podría hacerte sentir aislada, sé que tu padre y yo no somos las personas a quien les hubieras contado."

"Tienes razón, mamá. No hubieran sido los primeros, se lo conté a él… pero ya sabemos lo que hizo. No puedo vivir con miedo toda la vida. Pero, ¿cómo se lo digo?" le pregunto secando una lágrima que había escapado.

"¿Se lo contaste? Le dijiste a Sirius y él… "mamá no puede comprender que Sirius hiciera lo que hizo luego de saber mi situación.

Sonrió amargamente, acaricio mi vientre como si eso pudiera aliviar mi dolor. "Le deje un papel con la imagen y las coordenadas para encontrarme. Pero, él prefirió ir a su señor y destruir todo mi mundo."

"Remus… mi niño. ¿Estás seguro de que Sirius vio ese papel?" Miro a mi mamá, sus ojos se inundan de lágrimas que no derrama, mis ojos se endurecen al ver que mi mamá sufre por culpa de él. Aun estando lejos y encerado causa dolor en quienes amo. "Sé honesta con Mary, como lo has sido conmigo. Dile lo que sientes, tanto las buenas noticias como tus miedos. Si es una verdadera amiga, entenderá y te apoyará." Termina por decir, acaricia mi cabello con ternura.

Inhaló profundamente, dejando que el enojo se esfume. "Hablare con ella. ¿Podrías traerme el teléfono? No quiero hablar con mi padre, luego de la llamada hablare con él y su amigo."


El teléfono sonó por varios segundos, cuando no contesto la primera vez lo intente una segunda hasta una cuarta que al fin Mary atendió. Sabía que esa llamada cambiaría muchas cosas.

"Hola, Mary," digo con voz temblorosa, tratando de mantener la compostura.

"Remus… Hola," respondió Mary, su voz sonando distante, como si ya estuviera a miles de kilómetros. "Necesitaba hablar contigo antes de irme."

Siento un nudo formarse en su garganta. Había sospechado que ella haría algo así, ya lo había mencionado con la muerte de Marlene. Habíamos perdido a tantos amigos en común en los últimos meses, y cada pérdida había dejado una herida profunda en sus corazones. Pero Mary, ella era similar a mí. Sabía que lo de Lily le había afecta de una manera diferente, si mi cuerpo no estuviera creando una nueva vida, yo hubiera una decisión aún más drástica.

"¿A dónde iras?" le preguntó, aunque ya conocía la respuesta. Había visto el dolor en sus ojos la última vez que se vieron, la necesidad de escapar a un lugar donde no existieran recuerdos de ningún tipo.

"Necesito un cambio, un nuevo comienzo," dijo Mary, su voz cargada de tristeza. "No puedo seguir aquí, rodeado de todo lo que hemos perdido. No puedo estar cerca de la magia, no cuando me recuerda tanto a…".

Cierro los ojos, sintiendo las lágrimas acumulándose. Quería decirle que lo entendía, que también sentía el peso del dolor, pero había algo más que me mantenía anclado. Algo que en otro mundo lo hubiera compartido con felicidad o tal vez seria con tristeza, pero aun así no me sentiría como la peor persona.

"Hay algo que te quiero contar," le digo, mi voz apenas un susurro. Hubo una pausa, un silencio lleno de expectación al otro lado de la línea.

"¿Qué es, Remus?" pregunta Mary, su voz más suave, con un matiz de preocupación. Se que espera una mala noticia, pero ahora por primera vez siento que es algo bueno, algo maravilloso y único.

"Estoy embarazado," confieso, y en ese momento, una lágrima silenciosa rodó por mi mejilla. "No sabía si decírtelo porque... no quería que eso influenciara la imagen que tienes de mí, no quería que pensaras que soy más lobo que humano. Se que no sabes mucho de los magos, no es algo común, pero tampoco anormal que algunos magos puedan concebir… Y yo pude." No le quería decir las posibilidades de que nada termine bien, no quería empañar la noticia, no podía hacernos esto.

Hubo un silencio largo. Podía oír la respiración de Mary al otro lado, lenta y profunda, mientras procesaba la noticia.

"Remus, no sé qué decir," dijo finalmente, su voz quebrándose. "Eso es... increíble. Pero también doloroso, sabiendo quien es el otro… padre."

"Lo sé," respondo, mi voz temblando con la mezcla de emociones. "Y no quiero que pienses en eso. Yo no lo hago. Tampoco pienses que me estas abandonando y dejando solo, tengo a mis padres y tu necesitas hacer lo que es mejor para ti. Pero también necesitaba que supieras que a pesar de todo… a pesar de lo ocurrido, algo bueno ocurrió."

"Gracias por decírmelo," dijo Mary, su voz llena de una tristeza profunda. "Desearía poder estar allí para ti, para el bebé, pero... no puedo seguir aquí, no después de todo."

"Lo entiendo, Mary," le dije, intentando sonar fuerte. "Solo quiero que seas feliz, que encuentres la paz que necesitas."

Ambos permanecieron en silencio por un momento, sintiendo el peso de la despedida inminente. Finalmente, Mary habló, su voz apenas un susurro.

"Te voy a extrañar, Remus. A ti y a… todos nuestros recuerdos. Pero siempre estarás en mi corazón."

"Yo también te voy a extrañar," le respondí, las lágrimas cayendo libremente ahora. "Pero te deseo lo mejor. Cuídate, Mary."

"Cuídate tú también, Remus. Y cuida de ese pequeño, mi instinto me dice que será un niño hermoso. Tiene la genética perfecta, será el digno sucesor del Casanova de la Torre Gryffindor " dijo Mary, su voz quebrándose al final. "Adiós."

"Adiós, Mary," me rio con tristeza y me quedo a escuchar el clic de la llamada terminada, el sonido final de una amistad que se disolvía en la distancia.

Me quedó con el teléfono en la mano, las lágrimas corriendo por mi rostro, sintiendo el vacío de otra despedida. Afuera de la habitación veo la sombra de los pies de mi mamá, esperando a que esté listo para que pueda pasar. Pero en mi corazón, una chispa de esperanza se mantenía viva, sabiendo que, a pesar de la distancia y el dolor, siempre llevaría consigo los recuerdos de Mary, al igual que del resto de mis amigos. me había vuelto a perder en mi propia soledad hasta que el sonido de unos pasos acercándose me despertaron de la ensoñación.

La puerta de mi habitación se abrió con un crujido leve y apareció un hombre de piel oscura, sus ojos como el carbón desprendían calidez y amabilidad, me miraron con una mezcla de sorpresa y reconocimiento. "Remus, es un placer al fin conocerte," dijo, su voz era el reflejo de sus ojos. Su voz temblando ligeramente. "Cuando supe lo que te sucedía, vine lo más rápido posible, no podía quedarme sin hacer nada."

Detrás de él venia mi padre, tomó una profunda bocanada de aire antes de entrar. Al abrir más la puerta, vi a mamá de pie, sus mejillas pálidas contrastando con el rubio cabello que enmarcaba su rostro. A pesar del agotamiento visible en sus ojos, había una belleza etérea en ella que me hizo recordar a mis primeras transformaciones, mi apariencia debía ser inquietante para que ella me mirara de esa manera.

"Remus," dijo mi padre suavemente, como si el sonido más débil me lastimara, avanzando hacia la cama. "Él es Armastus Shacklebolt, un viejo amigo del colegio."

Abro los ojos lentamente o lo máximo que puedo alcanzar es que regresen a su tamaño natural, están tan hinchados de llorar, y al verlo con más detalle, una chispa de reconocimiento y curiosidad apareció en mi mirada. "Hola," respondo, su voz débil pero clara. "Mi padre nunca me ha hablado de ti, pero conozco a tu hijo."

Armastus Shacklebolt se sienta en la misma silla junto a la cama que mi mamá utilizo hasta hace poco, tratando de controlar las emociones que amenazaban con desbordarse se acomoda varias veces. "Mi hijo me ha contado mucho de ti, a diferencia de tu padre. Tu padre me contó lo que estás pasando y quería venir a verte, ofrecerte mi apoyo. No puedo imaginar lo difícil que debe ser todo esto para ti."

Asiento con dudas, los ojos de mi mamá se llenan de lágrimas. "Es... es algo que no quería que más personas se enteren, pero si mi padre te conto es porque confía en ti. Siento que no puedo más, pero luego pienso en mi bebé y sé que tengo que ser fuerte."

Armastus tose para aliviar el nudo en su garganta, fueron muchas las veces que vi a las personas hacer eso en mi presencia. "Tu padre es un hombre increíble. Siempre lo fue. Y tú tienes esa misma fuerza dentro de ti, Remus. Lo sé."

La forma en que sus ojos tratan de buscar a mi padre, me hace dudar que la presencia de su amigo sea agradable para él. Mamá le da un ligero empujón en los brazos para que se acerque, pero mi padre solo la mira antes de volver a mirarme.

Lo miró fijamente, como si buscara algo en su rostro. "¿Cómo era el cuando era joven? Papá nunca habla mucho de esa época." Se que toque una fibra sensible, mi padre se mueve incomodo y sus mejillas se ruborizan. Pocas veces lo llamo de esa manera y se lo mucho que lo emociona.

Su amigo solo sonríe, un destello de nostalgia iluminando sus ojos. "Tu padre era... extraordinaria. Tenía una risa que podía iluminar la habitación, y una pasión por descubrir los secretos que el mundo podía esconder que era contagioso no querer seguirlo en sus descubrimientos. Era valiente y fuerte, y tenía un corazón enorme. Un mago con gran destreza para los duelos, destacaba en encantamientos. Veo mucho de él en ti."

Junto a mamá sonreímos, mi mano descansando sobre mi vientre. "Gracias, Señor Shacklebolt. A veces necesito recordar que hay fuerza en mí, especialmente ahora."

El Señor Shacklebolt toma mi otra mano entre las suyas, sus dedos cálidos y reconfortantes. "Hay más fuerza en ti de la que puedes imaginar. Y no estás solo. Tus padres y yo, y muchos más, estamos aquí para ti."

El silencio que siguió no fue incómodo, sino lleno de una conexión profunda y comprensiva. Armastus Shacklebolt, era muy parecido a su hijo, él siempre me transmitió las mismas sensaciones cuando nos encontrábamos para hacer las tareas y ensayos.

Mamá observaba desde la puerta, una pequeña sonrisa de satisfacción en sus labios. Sabía que ella al igual que mi padre estaban planeando algo y que ya lo estaban ejecutando mientras dormía.

"¿Por qué esta aquí, señor Shacklebolt? Pregunto, miro a los dos hombres que también se miran en silencio, las cejas de mi padre se mueven transmitiendo un mensaje silencioso que mi mamá y yo no somos capaces de entender o tan solo soy yo.

"Empecemos primero con las formalidades, no es necesario que me digas Señor Shacklebolt, solo dime Armastus," no me da tiempo a negarme, sigue hablando esta vez elevando su voz un poco más, a disgusto de mi padre. "Tengo conocimiento sobre tu estado y no me refiero al bebé, también sé qué hace poco fue la luna llena y eso facilita las cosas para todos, en especial para ti."

se queda en silencio, sus ojos se amplían esperando a que diga algo, pero es mi padre quien habla.

"No le digas a mi hijo algo que ya sabe, ve al punto. Shacklebolt," el señor lo mira con fastidio por haber sido llamado por su apellido, pero el disgusto se esfuma de sus rasgos con rapidez.

"Bueno, como sabes Remus, no hay ningún registro o prueba de que los licántropos puedan gestar en su vientre un ser viviente."

"Evidentemente." Susurra mi padre, pero ambos lo ignoramos. Mi mamá se escabulle en el pasillo, de seguro en busca de un calmante para mi padre.

"Como decía, al no tener registro y por las palabras que le dijiste a Hope, tu embarazo es de alto riesgo. Eso nos deja con pocas opciones, pero, no te preocupes. No eres el primero que tiene un embarazo de riesgo. En nuestro mundo la mayor parte que sufren de estos casos son los magos, al no tener lo "necesario" el bebé para un crecimiento normal se debe de implementar ayuda. La cual son pociones, hechizos, runas y prohibiciones."

"¿Prohibiciones?" pregunto mirando a mi padre, él asiente con la cabeza y señala hacia su amigo que me sonríe como si fuera común hablar de embarazos masculinos en licántropos.

"Si, por eso dije que en tu caso será más sencillo. Uno de estos es la abstinencia, la cual ya tienes po." Se queda callado y suelta un quejido de dolor, mi padre se aclara la garganta como si no lo hubiera pateado, "Bien, la abstinencia; la nula presencia de magia, es decir; no podrás realizar nada de magia. ¿Has realizado magia estos días?"

"No, bueno sí, pero solo para aligerar mis cosas o para venir aquí. No hice mucho nada complicado." Mis dedos sienten como si millones de hormigas caminaran por ellos, mi padre se acerca y toma mis manos entre ellas. La calidez que desprenden sus manos alivia la sensación.

"Bueno, esperemos que no signifique nada. Pero desde ahora, nada de magia. Además de que tus movimientos deben de ser limitados, recomiendo reposo absoluto para que las runas no pierdan efecto, estas serán colocadas alrededor de tu cama, de esa forma ser más fácil que la magia no tenga que desplazarse demasiado. Las pociones te ayudaran a que los síntomas de tus transformaciones sean más cortas, por ejemplo, no sentirás los síntomas que habitualmente aparecen dos días antes, solo los podrás sentir el día de luna llena y todo malestar desaparecerá a la mañana siguiente. Ten en consideración que las pociones para aliviar tus síntomas de embarazo perderán efecto el día de luna llena como el día siguiente, esperemos que por la tarde vuelvan a surgir efecto. Pero, para evitar que sufras un doble malestar, tu padre va a lanzar algunos hechizos para calmar tu malestar, yo le enseñare como deberá de hacerlo."

"¿Cuáles serían esos síntomas?" por un lado me siento feliz de que las transformaciones sean más llevaderas, la última luna me dejo más débil de lo normal, aunque la presencia de Ulva fue de gran ayuda. Aun así, la duda de que es lo que pasara con mi cuerpo en los próximos meses me causa cierto temor.

"Al igual que los embarazos de las brujas, es incierto saber tus síntomas, al ser un bebé de una familia de gran ascendencia mágica, sospecho que tus síntomas serán más… notorios y eso es lo mejor," no sabia si sentirme feliz o temeroso de enterarme que Armastus Shacklebolt diga con tanta seguridad que mi hijo tendrá la magia de los Black. De por si yo era considerado oscuro y gran parte de mi temor era que mi hijo sea mas del lobo que mío provocaba pesadillas, ahora saber que parte de la magia oscura de los Black correrá por la sangre de mi hijo, es espeluznante.

Amaba a mi bebé por ser hijo de Sirius, pero no había considerado lo que eso implicaría. Existía la posibilidad de heredar no solo su físico, también su magia y no quería imaginar en que más podría compartir mi bebé con el espía del asesino de nuestros mejores amigos.

"Cuanto más notoria es la magia del feto, más son las posibilidades de que nazca sano," responde mi padre, sus ojos se desvían de mi rostro a mi vientre plano. Es como si sintiera que los tres lo miramos que siento como algo dentro de mí se mueve, sé que es muy pequeño para saber o sentir como su existencia esta cambiando mi vida, tal vez para bien, tal vez para mal. No sabia nada de embarazos y menos de bebes, siempre tuve temor de cargar a Harry, no quería repetir el desastre que tuve con la hija de Andrómeda. "Acorde con Shacklebolt en que nos visitara dos veces cada mes y tu madre cambiara su horario en el hospital, para que siempre esta alguno de los dos cerca de ti."

"Eso seria todo por hoy, puedo ver lo cansado que estas y de seguro que mi presencia no es la mas deseada en este momento," el señor Shacklebolt me sonríe mientras se pone de pie, se queda un rato mirándome con detenimiento, como si quisiera guardar en su memoria mi apariencia. Mi padre nota lo incomodo que me siento ante su amigo, lo toma del antebrazo y lo saca de mi habitación casi a rastras.

la risa de mi mamá me impide escuchar lo que mi padre le dice a su amigo, espero a que terminen de conversar para hablar con mi mamá sobre la conversación que tuve con Mary, pero olvido por completo lo ocurrido cuando veo a mi mamá colocar en silencio un jarrón de lirios blancos sobre la mesita junto a la ventana. Mis ojos no se desvían de las hermosas flores, su aroma delicado inunda el aire, y en ese instante, una marea de recuerdos y emociones comenzó a invadir mi mente, me arrastra a un dolor profundo y reciente. Pero sobre todo la culpa.

Los lirios me hicieron recordar a Lily, mi mejor amiga, la única bruja que había visto mas que una bestia. La conocí el primer día en la estación, pero no le había prestado atención hasta mas tarde, en el gran comedor y sin darme cuenta establecimos encuentros en la biblioteca y cuando Sirius me traiciono, Lily Evans se convirtió en mi pilar, era quien me mantuvo de pie, desde niños fuimos inseparables. Podía ser parte de los Merodeadores, pero en Lily encontraba mi refugio. Cierro los ojos, permitiendo que las lágrimas rodaran libremente por mis mejillas. Sabía que no debía de llorar tanto por el bien de mi bebé, pero me era imposible. Recordaba claramente el día en que Lily, con su risa contagiosa y su energía inagotable, le había dado la noticia de su embarazo. Me había confesado en que su sueño era que nuestros hijos sean como nosotros, compartir cada momento, cada alegría, cada llanto y cada desafío, pero con la guerra y con lo tensa que era mi relación con Sirius, jamás se pudo cumplir o ella jamás lo iba poder ver.

La esperanza estaba destrozada, ella jamás vería crecer a su hijo, ni al mío. La cruel realidad me deja paralizado de dolor unos minutos, una sombra oscura nublo mi pequeña felicidad y la llenaba de una tristeza abrumadora. Más allá del dolor de nunca poder compartir este momento con Lily, estaba teniendo otra preocupación por el pequeño hijo de Lily, cuyo paradero ahora era un misterio. No había tenido tiempo para pensar en Harry, no había pensado en lo que le pudo pasar al pequeño. ¿Dónde estaba?

Los papas de James estaban muertos, al igual de los de Lily. James no tenía más familia, pero…

No, no podría ser una opción.

"¿Estás bien, mi niño?" La voz de mi mamá me saca de mis pensamientos. No había sentido cuando se acercó al notar como mi semblante sereno había cambiado.

Abrí los ojos lentamente, encontrando con la mirada preocupada de mi mamá. "Es... es difícil, mamá. Pensar en Lily, en lo que le pasó. Cuando dijiste que le hubiera contado a otra persona sobre mi estado, pensé en Lily, ver a nuestros hijos crecer juntos, hubiera sido como un sueño."

Mi mamá se sienta al borde de la cama, tomando mi mano temblorosa entre las suyas. "Lo sé, Remus. Lo sé. Lily se convirtió en una hija para mí. Cuando la trajiste a casa, fue como una bendición, eras tan diferente, tan feliz a su lado. Pero tienes que ser fuerte, no solo por ti, sino por tu bebé. Se que todo esto es nuevo para ti y también que te asusta, pero este bebé te necesita, tu bebé depende de ti. La mayor parte de su bienestar está en tus manos. No podemos ayudarte si tú no nos das las herramientas necesarias. Se fuerte, mi niño."

"Lo intento, pero me duele tanto," susurro, con mi voz quebrándose sigo hablando. "Cada vez que vere lirios, pensare en ella. Y no puedo dejar de preocuparme por su hijo. No sé dónde está, si está bien, si alguien lo está cuidando y tengo este presentimiento que algo no está bien, es como si en este momento pudiera sentir su dolor, tal vez es porque estoy embarazado o por todo lo que me depara el futuro, pero siento que Harry, que su hijo me necesita."

Mi mamá aprieta mi mano con ternura. "Vamos a hacer todo lo posible para encontrarlo. Sé que Lily querría que su hijo estuviera seguro y rodeado de amor, y haremos todo lo que esté en nuestras manos para asegurarnos de eso. Pero como tu madre, te pido que ahora te concentres en estar tranquilo, por ti y por tu bebé."

Me obligo asentir con la cabeza, sintiendo un ligero consuelo en las palabras de mi mamá. "Gracias, mamá. No sé qué haría sin ti."

"Siempre estaré aquí para ti, mi niño. Y para tu bebé. Vamos a superar esto juntos," su voz es firme y reconfortante.

Respiro hondo, permitiendo que el dolor se asentara en un lugar más manejable de mi corazón. Mientras acariciaba mi vientre, siento una pequeña descarga eléctrica, como si mi cuerpo hubiera hecho una chispa eléctrica. Me hizo acordar de la vez que intentamos conectar nuestro teléfono por primera vez, provocamos un fallo de energía en todo el vecindario. Esa pequeña chispa me provoca una sonrisa de esperanza y determinación.

"Voy a ser fuerte por él," le respondo a mi mamá, mis ojos se llenan de una renovada determinación. "Voy a ser fuerte por mi bebé y por el hijo de Lily, donde sea que esté. Seré fuerte por los dos, las únicas personas que son inocentes de todo."

Mamá me devuelve la sonrisa, sus ojos brillando con orgullo. "Eso es lo que Lily querría al igual que nosotros, mi niño. Y sé que lo lograrás, Remus. Tienes la fuerza y el amor de una amiga que siempre estará contigo."

En el cálido resplandor de mi habitación, siento una paz momentánea, un destello de esperanza que iluminaba mi camino a pesar de la oscuridad que me rodea. Sabía que el viaje sería difícil, lleno de desafíos e incertidumbre, pero también estaba seguro de que, con el apoyo de mis padres y el recuerdo de Lily en su corazón, podría enfrentar cualquier cosa que el futuro le deparara. Es lo que todos esperaban, que pudiera ser capaz de enfrentar los retos que vendrían mas adelante, no era una persona que se rinde con facilidad y no permitiré que el pasado alcanzara a mi bebé.