Capítulo 7:
"¿¡A dónde!?"
"Nueva York", respondió Lisa preparando un pequeño bolso.
"¿Pero por qué?", preguntó Rick nuevamente, tratando de controlar la ansiedad de su voz.
"Control médico, tengo que volver al instituto cada seis meses. Sólo serán algunos días. Tengo mucho que contarle a mi doctor".
Rick la miraba atento mientras ella tranquilamente seleccionaba algunas cosas para llevar.
"¿Serán muchos días?"
"No lo sé exactamente, entre buses y trenes son alrededor de 36 horas de viaje. Después un par de días para los exámenes y luego volver".
"¡Volando es mucho menos tiempo!"
"Pero considerablemente más caro", le respondió Lisa levantando una ceja. Rick apretó la mandíbula.
"No si yo te llevo".
"¿Estás loco? con suerte me dieron permiso en mi trabajo, que es incomparablemente más sencillo que el tuyo y pretendes irte como si nada por un par de días… imposible". Dijo Lisa casi riendo. Rick vio en ella esa mirada condescendiente que tantas veces le dio cuando decía algo que consideraba una estupidez. Frunció el ceño.
"Hay formas de hacerlo. Si yo te llevo llegaremos muchísimo más rápido que si vas en buses y trenes. ¿Además no te gustaría volver a tu trabajo más rápido y así cumplir con tu misión… digo, obligación?", trató de razonar con ella, apuntando a algo que sabía que le importaba y que de seguro, no había cambiado tampoco: su sentido de la responsabilidad.
Lisa lo miró unos segundos con las manos en la cadera sopesando sus palabras. Entrecerró los ojos por un momento y Rick creyó que no había caído.
"¿Estás seguro que no será un problema para ti?", preguntó nuevamente no muy convencida. Rick sonrió aliviado.
"¡Por supuesto! tengo un par de días libres guardados".
Lisa suspiró resignada. "Es la alternativa más eficiente. Está bien, lo acepto y de verdad, te lo agradezco mucho", le sonrió. Rick sentía que podía a saltar de alegría.
Al día siguiente partieron al Mockingbird de Rick. Era la primera vez que Lisa volaba desde el accidente así que era algo que sumar a su repertorio de nuevas experiencias. Claudia se despidió de ella, recordando que preguntara si le podían indicar lentes de contacto o una nueva receta para anteojos. Lisa rió suavemente y lo prometió.
Volar resultó algo impresionante. Desde las alturas no dejaba de mirar hacia abajo y apreciar el hermoso paisaje. Rick la miraba de reojo, alegre de verla así.
"¿Cómo está tu estómago?", le preguntó Rick.
"Bien, ninguna sensación rara".
"Excelente", dijo sonriendo con algo de malicia y aceleró para luego hacer una barrena simple que le sacó un grito a Lisa.
"¡Qué estás haciendo!".
"Una pequeña pirueta, nada más".
"¡Estás loco, por poco nos matas!", lo regañó siento que el corazón se le iba a salir del pecho. Rick sonrió reconociendo ese tono de voz que extrañaba.
"No pasará nada, soy experto en esto", dijo un tanto engreído.
Lisa lo miró con incredulidad sintiendo un enojo que le resultó sumamente familiar. Rick ajustó los instrumentos y de pronto se fue en picada suave, para luego subir rápidamente y hacer un tonel. Lisa sentía que el estómago se le iba a la garganta cuando de pronto se encontró de cabeza contra el horizonte.
"¡RICK HUNTER ENDEREZA ESTE AVIÓN EN ESTE INSTANTE, ES UNA ÓRDEN!", le gritó indignada y Rick rió con ganas.
"¿Y si no quiero?".
"Yo… yo… ¡no me vuelvo a subir a un avión contigo nunca más!", respondió tratando de controlar que no se le devolviera el desayuno.
"Está bien, lo lamento, ¿ok? sólo era una broma", sonrió retomando el trayecto normal. Aunque sonara demencial, fue feliz de escuchar a la capitana en ella enojada con él. Se preguntaba si se habría dado cuenta que se le salió lo de "es una órden" de forma automática. Había cosas que estaban claramente en su ADN.
El resto del viaje transcurrió en tranquilidad y en cosa de algunas pocas horas, llegaron a la ciudad de Nueva York. Una vez en tierra, al bajar de la nave Lisa le dio un golpe lo más fuerte que pudo en el brazo. Rick no esperaba menos de ella y rió feliz con su travesura.
"¿Dónde vamos a pasar la noche? necesitas un par de días aquí".
"Claudia me dijo que tú te puedes quedar en la base. Yo puedo quedarme en el instituto, así lo hice la vez anterior".
Rick no estaba satisfecho con esa idea en lo absoluto. Tenía la intención de aprovechar su tiempo con ella lo máximo posible.
"No conozco la ciudad y ya que ahorramos varias horas con el vuelo, ¿por qué no nos quedamos en un hotel y aprovechamos de visitar algunos lugares?", le propuso. Lisa se tenso un poco, sin saber por qué.
"Rick, lo siento, pero no puedo", le respondió incómoda. Él se sintió pésimo de haberla molestado.
"¿Por qué?", preguntó. Lisa lo miró a los ojos y vio la tristeza en sus ojos.
"No puedo pagar algo así", respondió ella un tanto avergonzada. Rick suspiró y se relajó un poco.
"No te preocupes de eso, yo invito".
"No, es demasiado".
"Por favor, ¡no voy a quedar en la ruina porque pague un par de habitaciones en un buen hotel!".
Al escuchar lo de las dos habitaciones, Lisa sintió un alivio que no supo explicar. A veces tenía sensaciones extrañas con Rick que no entendía para nada ni tenían sentido. Sabía que era un buen amigo, confiable y respetuoso. Sabía también que la quería mucho a partir de sus reacciones hacia ella, sin embargo a veces su cuerpo reaccionaba a la defensiva.
"Sólo si me permites que te pague lo que gastes en mi habitación en los próximos meses", dijo sin dejar espacio para negociación al respecto. Rick puso los ojos en blanco.
"Ok, está bien. ¿Podemos irnos entonces?", dijo algo irritado.
Lisa no pudo evitar que una pequeña sonrisa se dibujara en su rostro al verlo así. Parecía que ella también podía sacarlo de quicio. Era una relación extraña.
Desde que Lisa puso un pie dentro del Instituto de Neurología fue como si la hija pródiga volviese a casa. A medida que avanzaban por los pasillos, guardias, enfermeras y asistentes se le acercaban a abrazarla y preguntar cómo estaba. Elogiaron que se veía más firme físicamente y que su pelo estaba creciendo. Lisa por su parte le contaba a cada uno muy contenta que había descubierto su identidad y su historia. Absolutamente todos estaban felices de verla en mejores condiciones.
"Eres toda una rockstar", le comentó Rick al sentarse junto a ella en la sala de espera.
"Algo así. Mi caso fue… especial", sonrió Lisa con algo de nostalgia.
El edificio era antiguo, una construcción señorial adaptada como hospital. Al igual que todas las ciudades insignes del planeta, Nueva York también fue objetivo del ataque zentraedis y sufrió grandes pérdidas tanto en vidas como estructuras. La Gran Manzana había perdido mucho en la guerra, sin embargo la férrea fuerza de sus ciudadanos proveniente de esa creatividad desatada que siempre había caracterizado a la gran urbe, mantenía vivo ese espíritu inquebrantable revolucionario.
"¡Beth!", se escuchó por los pasillos hacia ellos. Lisa se levantó sonriendo de oreja a oreja y prácticamente corrió hacia el hombre que abría sus brazos hacia ella, quien la levantó del suelo en un enorme abrazo. Rick se paró de su asiento y observó la escena extrañado.
El médico, en su treintena avanzada, era de complexión atlética y robusta, con una altura imponente. Tenía el cabello castaño claro y corto, peinado de manera impecable. De ojos azules, su mirada era penetrante y atractiva. Su rostro angular de pómulos marcados, enmarcaba una sonrisa encantadora. Su apariencia cuidada y su porte elegante lo hacían ver sofisticado y seguro.
"¡Doctor Anderson!" Lisa lo saludó emocionada. El hombre, que le pasaba fácilmente una cabeza de altura, la puso con cuidado en el suelo, mirándola sonriendo.
"Tom, te lo he dicho hasta el cansancio", la regañó suavemente y ella asintió.
"Lo sé, lo sé. Tom".
"¡Dios, te ves increíble!" le dijo admirándola de pies a cabeza. Rick apretó la mandíbula casi rechinando los dientes.
"He mejorado mucho. ¡Sé mi nombre, Tom!" le dijo ella ahogada con la información.
El médico se sorprendió muchísimo y ella asintió nuevamente.
"Me llamo Lisa Hayes. ¡Elizabeth!", dijo exaltada de alegría.
"No te puedo creer ¡acertamos!", celebró el hombre.
Rick dio un paso hacia ellos y se aclaró la garganta tratando de hacerse notar. Lisa lo miró.
"Tom, te presento a Rick Hunter". Rick le extendió la mano al médico y éste inmediatamente lo saludó.
"¡Un gusto! ¿Es tu marido?", le preguntó entusiasmado.
"Oh no, es sólo un buen amigo", ella corrigió con total tranquilidad pero para Rick fue un golpe en el estómago. "Gracias a él descubrí quién soy. Él me reconoció en la ciudad Monumento".
"¿En Monumento? ¡Es lejísimo! viajaste mucho", comentó Tom impresionado. "¿Encontraste la familia que tanto querías?".
"La verdad no", dijo ella con una sonrisa un poco triste. "Era tan solitaria como ahora, pero está bien. Tengo amigos que me quieren mucho. Quizás es mejor, así nadie sufrió tanto cuando desaparecí".
Rick sintió que se lo tragaba la tierra. La miró con incredulidad, casi ofendido. Claro, en su mente al ser 'solo amigos' no significaba que su ausencia hubiese sido vital, como sí lo fue para él. Sin embargo recordó que ella no conocía aún su compleja historia y, solo como amigos, no se justificaba un dolor tan grande como el que vivió.
"Tenemos mucho de qué hablar, vamos a la oficina", él la invitó. Lisa le dio una sonrisa suave a Rick despidiéndose y caminó junto al médico como si fuese su viejo amigo.
Lo último que escuchó de ella fue decir entusiasmada "¡aprendí a jugar ajedrez y me gustó mucho!". Una vez solo en la sala de espera, se dio cuenta que estaba de pie mirando donde Lisa había desaparecido. Observó a su alrededor y vio a unas señoras mayores mirándolo con una mezcla de risa y lástima. Se sonrojó y se sentó cruzando los brazos, enojado.
Una hora después Lisa salió de la oficina del Dr. Anderson con su ya clásica carpeta en los brazos. Rick si bien aún estaba molesto por el afectuoso saludo entre ambos, no pudo evitar sonreír al verla caminar hacia él. Había un aura muy especial en ella cuando usaba su abrigo de colores.
"¿Cómo te fue?", le preguntó liberando el asiento a su lado.
"Bien, fue difícil resumir todo lo que me ha pasado en una hora, pero lo logré. El Dr. Anderson, Tom, dijo que eran buenas señales que tuviera esas sensaciones de familiaridad con ciertas situaciones o personas, como ecos de mi pasado. Sin embargo me recordó que no hay ninguna garantía que recupere la memoria. Así que debo seguir adelante".
"Tiene sentido", reconoció Rick.
"Sí, no puedo esperar recordar mi pasado para vivir mi vida. Tengo suerte de tenerla".
Rick le tomó una mano para reconfortarla y ella sonrió, pero rápidamente la retiró.
"Debo hacer varios exámenes mañana en la mañana, después de eso volveré a ver a Tom y podremos regresar".
Rick resintió como mantenía la distancia hacia él pero recordó que recién lo estaba conociendo. Tragó saliva y se obligó a sonreír.
"¡Perfecto! entonces tenemos el resto del día para conocer la ciudad, ¿vamos?", le dijo poniéndose de pie y ofreciéndole el brazo con una sonrisa juguetona. Ella se relajó ante su gesto amigable y aceptó.
"No conozco mucho así que será una aventura", Lisa respondió caminando junto a él hacia la salida.
"La aventura es nuestro sello, Lisa Hayes", respondió levantando la ceja de forma divertida y ella rió. Parecía que así era.
Después de encontrar un bonito hotel y dejar sus cosas en sus respectivas habitaciones, salieron con comodidad a recorrer la ciudad que no duerme. A pesar de la destrucción, la gente había recuperado algunos espacios y se sentía parte de ese glamour que la hizo tan famosa. Antes de empezar, Rick le regaló una cámara de fotos instantánea, a pesar de sus protestas. Sin embargo le dobló la mano cuando le recordó que tenía que colocar nuevas fotos en su álbum. Frente a eso se quedó sin argumentos y, emocionada, aceptó el obsequio.
Después de visitar el Empire State y maravillarse con la vista, visitaron el MoMA y luego comieron algo rápido en Central Park. Después de descansar un poco, tomaron un ferry hasta la Estatua de la Libertad y terminaron paseando por The Battery comiendo helado.
"¿Estás cansada?".
"Algo, pero tengo muchísima más resistencia desde que Miriya me está entrenando. Hace un par de meses no podría haber caminado tanto".
"Espera a que vea que tienes suficiente fuerza y te entrenará en combate".
"¿Es una broma, verdad?" Lisa lo miró asustada.
"Nop", rió Rick disfrutando su helado.
"¿Por qué te gusta tanto ese abrigo?".
"No lo sé, pero me hace sentir bien. Es como la mantita de seguridad de Linus", bromeó.
"¿Te gusta Peanuts?", preguntó sorprendido.
"Sí. Descubrí por casualidad la tira cómica en unos periódicos antiguos, luego encontré algunos libros en la biblioteca y en casa de Claudia descubrí los dibujos animados. ¡Los he visto todos!", rió y él la miró con ternura.
"¿Cual es tu favorito?"
"Mmm… difícil pregunta. Estoy entre Peppermint Patty y Lucy".
Rick se rió a carcajadas "No me extraña, ustedes se parecen".
"¡No nos parecemos!".
"Oh sí, entre mandonas se entienden", bromeó y ella le dió un empujón. "¿Ves?"
"¿Y a tí qué personaje te gusta?".
"Creo que Charlie Brown".
"Charlie es adorable, pero es muy inseguro".
"Al menos trata…" comentó Rick defendiendo a su personaje. Lisa sonrió.
"Cuando quieras puedes probar si sujeto el balón".
Ambos rieron de buena gana apoyados en una baranda, mientras disfrutaban del atardecer y las primeras estrellas titilaban en el cielo.
"Ha sido un día maravilloso, muchísimas gracias Rick", Lisa le agradeció sinceramente.
"Para mí también. Nunca habíamos vivido algo así", reflexionó.
"¿De verdad?".
"Sí, nuestro trabajo era sumamente absorbente, en especial el tuyo. Simplemente no había tiempo. Hace mucho que no vivíamos tanto tiempo en tranquilidad sin ataques. Sólo espero que dure".
Lisa observó como su gesto se ensombrecía y sin darse cuenta sujetó su mano. Rick la miró sorprendido y la aceptó. Se sentía fabuloso poder tocarla y acariciar sus dedos. Ambos permanecieron en silencio un largo tiempo, mirando sus dedos entrelazados. De pronto Lisa rompió la burbuja donde estaban, se aclaró la garganta y lo soltó.
"Debemos irnos", dijo irguiéndose con el ceño fruncido. En su interior sentía una batalla de sensaciones donde algunas querían aflorar y otras esconderse. Era sumamente desagradable.
"Por supuesto, ¿cenamos?" Rick le propuso tratando de relajar el ambiente.
"No gracias, debo estar en ayuna para los exámenes de mañana, pero si quieres puedes comer algo, no hay problema. Estoy un poco cansada así que iré a dormir".
Rick sonrió con tristeza. Se dio cuenta que si bien ella no lo recordaba, su cuerpo sí. Las palabras de Max resonaron en su mente 'puede que su cerebro la quiso proteger de todo el horror que nos ha tocado vivir'. Le dolió el corazón al pensar que, quizás, nunca más podría acariciarla y besarla.
Caminaron en silencio hasta llegar al hotel. En la entrada se despidieron y Lisa nuevamente le agradeció todas sus atenciones. Rick decidió dar una vuelta más antes de irse a dormir, reflexionando de su realidad, respirando hondo controlando el deseo fulminante de tomar un trago en medio de las numerosas luces de neón que, ignorantes de su pesar, decoraban lo que quedaba de Times Square.
