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"...Y lo que pasó en el planeta Sadala, se queda en Sadala."
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DISCLAIMER: Dragon Ball no me pertenece, es de Akira Toriyama.
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Drabble #5:
La tía de Kyabe
—Oye papi…
Y aquí estaba de nuevo. La pequeña Bra de seis años con su metralleta de preguntas, acribillando directamente la paciencia de su padre.
—Dime, princesa —contestó Vegueta mientras sorbía su refresco Coka-Kolla, sin imaginarse la pregunta que a continuación lo descolocaría.
—¿Por qué ya nunca más volviste al planeta Sadala?
—Aggghr... —Vegueta se atragantó con el refresco. De todas las preguntas, ésta era la que menos le apetecía contestar. —Porque no.
—Aaahhh.
Insatisfecha ante la respuesta seca que contradecían los nervios repentinos de Vegueta, la nena volvió a preguntar: —¿Pero por qué ya no?
—¡Porque no, Bra, sigue desayunando!
—Hmmm.
El silencio duró solo unos pocos segundos, porque Bra volvió a la carga:
—¿Es porque mami te lo prohibió?
—¡BASTAAA!
No eran las preguntas de su bebé la fuente de su incomodidad, sino los recuerdos...
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Una mirada.
Una invitación.
Una incitación…
Ahí estaba frente a Vegeta toda una mujer saiyajin, justo como las recordaba: Guerrera, voluptuosa, de pechos grandes y firmes. De músculos bien torneados y labrados. De larga cabellera negra, y mirada oscura como la noche más fría y mezquina. La tía de Kyabe era hermosa, y para colmo su nombre también: Echamet. Un nombre MUY saiyajin.
Tenía muy vagos recuerdos sobre las mujeres de sangre pura de su raza. La última que miró con vida había sido más de 40 años atrás. No recordaba su nombre pero era la novia de Nappa, a la que el saiyajin gigantón le había llorado por meses luego del genocidio de Freezer.
Y no es que fuera en ellas, en las saiyajin, en lo primero que se fijara Vegeta en cuanto pisó el planeta Sadala del Universo 6. Exactamente lo primero que hizo fue visitar al Rey en compañía de Kyabe.
El pecho se le infló de orgullo cuando les demostró a todos sus homólogos alternos el famoso Ssj Dios Azul, dejándolos maravillados.
Con su mirada escrutadora estudió a cada uno de los simios sin cola y prometió que entrenaría a Kyabe, y éste a su vez entrenaría a los demás.
Vegeta se sentía atorado en la nostalgia. Sadala le traía mil pensamientos de cómo hubiese sido su vida si Freezer no los hubiera corrompido tanto, si no los hubiera enseñado a matar por dinero, por rivalidad y por adicción a la sangre.
Sadala le pareció hermoso desde el primer momento que lo pisó. Su comida, su arquitectura, y hasta su música que parecía cantarle exclusivamente a Vegeta en el oído y las melodías se le colaban por las venas hasta mezclársele con la sangre.
Era su raza, como debió haber sido en el Universo 7.
Y luego la conoció a ella, a la tía de su discípulo.
—¿Más vegetales, Vegeta-Sama? —le preguntó Echamet al Príncipe cuando cenaban los tres en casa de Kyabe.
—No-no, gracias. A-así estoy satisfecho... Gracias.
Vegeta tragó saliva. Se percató de que por varios segundos no le había quitado la mirada de encima a la mujer y, para colmo, ella le había regresado el leve sonrojo que tiñó su rostro cuando Kyabe los presentó, sonrojo que llegó a su punto más tortuoso cuando la mujer le estrechó la mano.
«Qué hermosa es… ¡no, no!». Pronto, sacudió la cabeza como si quisiera que el pensamiento infame le saliera botado por un oído.
Trató de pensar en otra cosa mejor, como regresar al acto caníbal de continuar comiendo las verduras de su plato, o poner atención a la música que se oía desde la casa del vecino, y que se colaba por la ventana del comedor. Ritmo saiyajin, con instrumentos musicales saiyajin, con letras de canciones que hablaban de un romance saiyajin.
Mejor no escuchar la música. Mejor seguir comiendo vegetales, antes de que la imaginación se lo comiera a él gracias a la maldita canción.
¿Cómo hubiera sido su vida si se hubiese casado con una saiyajin de sangre pura? Se lo había preguntado muchísimas veces, aunque en los últimos años ya no tanto, porque el amor profundo e infinito que le tenía a su Bulma había borrado toda clase de especulaciones pasadas...
...hasta hoy, que volvía a entregarse a la travesura de especular, y especular, y especular.
«¡BASTAAAAA!», se regañó a sí mismo. Estaba feliz con su vida, punto. Eso no quería cambiarlo... Aunque...
Aunque sus hijos no tuvieran cabello negro.
Aunque no tuvieran rasgos de saiyajin.
Aunque no tuvieran los ojos de saiyajin.
Aunque no les gustara pelear como un saiyajin.
Cuando llegó al último brócoli, y por fin lo devoró, sintió pavor. Tenía que agradecer la cena.
—Gra-gracias, Echamet.
—De nada, Vegeta-Sama. Es un placer tenerlo en mi casa, y que pueda disfrutar de todas las DELICIAS saiyajin que se ha perdido... —la tipa le guiñó el ojo, y Vegeta se sintió morir.
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—¿...pero porqué ya no vas, papi?
—¡Te dije que ya no preguntaras más! —acto seguido, Vegueta cayó en cuenta en algo—: Un momento, ¿cómo sabes que Bulma me prohibió ir a Sadala?
—Ah porque el señor 'Kokú' se lo contó a todos, a la 'seño' Milk, al señor Gohan, a Trunks, a Goten, a Mai, a Marron, al señor Piccolo, al Maestro Roshi, al señor Yamcha... ah, por cierto, el señor Yamcha era el más interesado en la historia, a Pilaf...
—¡KAKAROTOOOOOOO!
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Y qué pasó en el planeta Sadala!? Jajajaja, no lo sé, lo dejo a imaginación del lector.
Yo creo que nada... jajajaja, no?
Que delicia continuar con estos drables, espero pronto volver a actualizar.
Saludos y un gran abrazo a cada uno de los lectores .
Nancy 💚💜 💙
