Perdiendo lo virgen
Capítulo 5
Kagome llegó a WacDonalds, el restaurante de hamburguesas al que la habían invitado sus amigas. El lugar estaba pegado a una zona boscosa, a las orillas de la ciudad. Se sorprendió de ver que el lugar estaba realmente abarrotado y confirmó lo que le habían comentado, que se trataba de un punto de encuentro bastante popular donde se reunían tanto chicos de esta ciudad como chicos de otros lugares cercanos.
La noche estaba fresca y una leve brisa acariciaba su rostro. La chica se sentía emocionada por convivir y conocer gente nueva, pero su ánimo estaba afectado por la forma tan grosera en que Inuyasha había rechazado su invitación. Aunque también, secretamente, más que por el desplante, se sentía decepcionada de que no iba a verlo. Suspiró, intentando dejar esos pensamientos atrás y buscó entre la multitud a sus compañeros de clase hasta que finalmente los encontró.
—¡Kagome, por aquí! —la llamó Ayumi, una de las chicas con las que mejor se había llevado.
Kagome sonrió levemente y se unió al grupo que ya estaba acomodado en una mesa, todos riendo y charlando animadamente. Kagome se les unió de forma casual mientras tomaba asiento. Notó la presencia de Miroku, al otro extremo de la mesa, quien la saludo con la cabeza; ella sintió mucha vergüenza de verlo, aún no superaba el momento íntimo que había presenciado del chico el día anterior, y su incomodidad aumentó cuando noto que iba acompañado de una chica, que no era la misma del día anterior, en plan romántico. Pensó que se trataba de un sinvergüenza. El chico, por su lado, se sentía curioso de Kagome, tenía ganas de preguntarle sobre Inuyasha, pero antes de poder hacerlo, la conversación se volvió precisamente hacia Kagome e Inuyasha.
—Qué mala suerte que te tocó trabajar con Inuyasha, ¿no? —comentó Yuka, con una mezcla de lástima y curiosidad.
Ante este comentario Kagome y Miroku fruncieron el ceño y por un momento ella pensó que tal vez lo decía porque todos todos sabía sobre el mal carácter del chico.
—Juntarse con él arruina tu reputación. Deberías alejarte de él, Kagome— agregó Hojo, otro compañero, que parecía preocupado genuinamente por Kagome —En general los maestros son comprensivos con el tema y si se los pides te cambian de compañero.
—Aunque es por esto que el pobre de Miroku se ve siempre atrapado con Inuyasha, siempre están juntos; eres muy generoso amigo. — agregó otro chico mirando sagazmente a Miroku.
—Sí, sí, Miroku, ¿no te cansas de andar con él? —bromeó alguien más, con una sonrisa maliciosa—. No sé cómo no arruinar tu reputación o afecta a tu familia.
Miroku, sin perder su compostura, se acomodó en su asiento y miró a sus compañeros con una sonrisa serena.
—Inuyasha puede ser un poco rudo a veces, pero tiene un buen corazón. No todo el mundo tiene la suerte de ver ese lado de él. —Miroku lanzó una mirada significativa a Kagome—. Además, juzgar a alguien solo por las apariencias no es propio de personas inteligentes como ustedes, ¿verdad?
Los demás rieron y bromeando sobre la bondad de Miroku, comenzaron a querer molestarlo.
—Miroku, eres como un monje —dijo otro chico entre risas—. Bueno, excepto por tu... ya sabes, esa pequeña tendencia a la perversión.
—Sí, una lástima que eso te impida ser un verdadero santo —se rió otro.
—Oh, pero incluso los monjes necesitan divertirse un poco de vez en cuando— sonrió Miroku mientras levantaba los hombros y abrazaba a la chica que lo acompañaba.
La mesa estalló en risas, y Miroku continuó bromeando, lo que solo hizo que sus compañeros lo admiraran. Kagome lo miraba pensativa y pensó que, más que bondadoso, Miroku era muy astuto. Tal vez había un interés oculto por el cual se juntaba con Inuyasha que todos desconocían; sin embargo, admiró su capacidad para defender a Inuyasha elegantemente mientras mantenía el buen humor y la admiración de los demás… era bastante impresionante. Sin embargo, la conversación pronto volvió hacia ella.
—Aun así, Kagome, deberías tener cuidado —dijo Ayumi, con un tono serio—. No queremos que te metas en problemas por estar cerca de Inuyasha.
Kagome sintió una oleada de irritación. No entendía por qué todos eran tan duros con Inuyasha cuando ella había visto un lado diferente de él.
—Inuyasha no es tan malo como creen —dijo, con su voz sonando más fuerte de lo que pretendía—. Sí, puede ser brusco, pero también es amable. No es justo que lo juzguen, parece que no lo conocen realmente.
Un incómodo silencio se extendió por la mesa. Todos miraron a Kagome con sorpresa, incluido Miroku, y la atmósfera amistosa se tornó tensa; Miroku iba a salvar la situación pero antes de poder hacer nada, Kagome se levantó de súbito de la mesa
—Voy por algo de comer — murmuró —Aún no he ordenado nada—y se alejó rápidamente de la mesa.
Mientras se dirigía a la barra, Kagome no podía evitar sentir una mezcla de frustración y tristeza. No entendía por qué tenían una opinión tan negativa de Inuyasha. Luego recordó cómo la había tratado ayer y antes de ayer y… bueno, más bien comenzó a cuestionarse a sí misma. Pero aún así, aunque sólo conocía a Inuyasha desde hace unos días, había visto otro lado de él, pensó mientras recordaba el momento en el que él había llorado y cuando se disculpó más tarde. Era gruñón y solitario, sí, pero también había mostrado momentos de amabilidad e incluso vulnerabilidad. Trató de calmarse, mejor se centró en pedir su comida y pensó que tal vez aún tenía oportunidad de pasarla bien.
En la barra, mientras esperaba su orden, distraída, accidentalmente derramó soda sobre su blusa. Soltando un suspiro frustrado fue al baño para limpiarse. Entró a un cubículo para buscar papel del baño, y se encerró en este para quitarse la blusa y poder secarla más fácilmente.
Unos minutos más tarde un par de chicas entraron al baño y Kagome reconoció que se trataban de compañeras de su grupo y a pesar de que estaba concentrada en limpiar su blusa, no pudo evitar escuchar su conversación pues, a pesar de hablar en voz baja, su tono era suficientemente alto para ser escuchadas.
—Es tan rara la chica nueva, ¿verdad? —dijo una de ellas—. Eso explica por qué se lleva con Inuyasha.
—Sí, seguro es igual de problemática —respondió la otra, riendo— seguro llegó aquí escapando de algún problema, tal vez incluso es parte de esas bandas criminales que están llegando a la ciudad.
—Por si acaso, deberíamos evitarla, tampoco es que me parezca muy agradable…
Kagome sintió una punzada en el pecho. Se quedó en silencio y esperó a salir hasta que estuvo segura que las chicas habían dejado el lugar. Después de pensarlo un poco, decidió que no tenía ganas regresar con el grupo, no después de escuchar esos comentarios, así que pensó sería buena idea salir por la puerta trasera del restaurante, para no tener que despedirse y dar excusas.
La salida trasera del restaurante felizmente daba al bosque, así que era una salida segura para no encontrarse con nadie. Kagome, queriendo evitar aún más la posibilidad de encontrarse con alguien conocido, se adentró al bosque, pensando que podría rodear el restaurante con cierta distancia e irse sin ser vista.
Infelizmente, su plan no resultó como esperaba; pronto se perdió, pues la oscuridad envolvía el entorno y los árboles altos y frondosos bloqueaban la poca luz que provenía de las luces del restaurante. Kagome avanzó a tientas, tratando de mantener la calma, pero comenzó a sentir que la seguían; intentó convencerse de que era su imaginación, pero cada crujido de hojas bajo sus pies y cada sombra que se movía a su alrededor aumentaba su miedo.
De repente, una voz la sacó de sus pensamientos.
—Oye, ¿A dónde diablos vas? —dijo alguien que Kagome no pudo ver claramente debido a la oscuridad, pero la presencia le resultaba familiar —No es seguro andar sola por aquí —advirtió la voz.
Asustada y sin saber si la persona era amiga o enemiga, Kagome decidió no arriesgarse. Sin responder, comenzó a correr, adentrándose más en el bosque en busca de una salida segura. A medida que avanzaba más en el bosque, se dio cuenta de que había perdido la noción del rumbo y no tenía idea de cómo salir de ahí. De repente, escuchó voces y risas y al voltear, vio a un grupo de hombres que parecían estar bebiendo y hablando en voz alta. Kagome trató de alejarse sin hacer ruido, pero uno de ellos la vio.
—¡Oye, mira a quién tenemos aquí! —dijo uno de los hombres, con una sonrisa burlona.
Kagome sintió un nudo en el estómago y comenzó a retroceder, pero los hombres se acercaron rápidamente, rodeándola.
—¿Qué hace una chica tan linda sola en el bosque? —preguntó otro, agarrándola del brazo.
Kagome intentó zafarse, pero el hombre la sujetó con más fuerza. En un impulso de desesperación, lo cacheteó con todas sus fuerzas, lo que solo enfureció al tipo.
—¡Maldita...! —gritó, listo para golpearla. Pero en ese momento, una mano firme detuvo su brazo.
—No te atrevas a tocarla —dijo una voz familiar, llena de autoridad.
Inuyasha había aparecido de entre las sombras, con una mirada amenazante en su rostro. Sin pensarlo dos veces, alejó al tipo de Kagome de un golpe mientras se colocaba delante de ella. Furiosos los tipos se lanzaron contra el chico, que con agilidad logró contrarrestar su ataque.
Su puño conectó con la mandíbula del primer hombre, enviándolo al suelo sin sentido. Los demás, sorprendidos pero no asustados, se abalanzaron sobre él con furia. Inuyasha bloqueó un golpe con su antebrazo y respondió con una patada giratoria que derribó a otro atacante. A pesar de estar superado en número, su destreza y seguridad lo mantenían en ventaja, golpeando y esquivando con una precisión letal. Los hombres, aunque rudos y agresivos, no parecían ser rivales por su destreza. Sin embargo, el número de enemigos comenzaba a pasar factura y algunas de sus defensas se volvían más lentas y comenzó a recibir golpes.
En medio del caos, Kagome observó con el corazón en la garganta, incapaz de moverse. Fue entonces cuando Inuyasha, mientras esquivaba otro golpe, la miró y gritó:
—¡¿Qué diablos, Kagome!? ¡Vete ahora!
Kagome, entendiendo la gravedad de la situación, reunió todo su valor y comenzó a correr, alejándose de la pelea buscando desesperadamente una salida del bosque y ayuda para Inuyasha.
Kagome corría a toda velocidad gritando por ayuda, su corazón latía con fuerza en su pecho mientras trataba de encontrar una salida o alguna ayuda. La oscuridad del bosque la envolvía, y sus pasos resonaban en el silencio de la noche. No se atrevía a mirar atrás, temiendo lo que podría ver. Justo cuando pensaba que no podía más, chocó de frente con alguien, cayendo al suelo por el impacto.
—¡Ay! —exclamó Kagome, frotándose el brazo adolorido. Levantó la vista y vio a un chico de pie frente a ella, su rostro oculto en la penumbra.
—¿Estás bien? —preguntó el chico, extendiendo una mano para ayudarla a levantarse.
Kagome, desesperada y sin pensar estaba ante otro completo desconocido en medio de la nada, le suplico su ayuda.
—¡Por favor, ayúdame! —dijo con voz temblorosa—. ¡Mi amigo está en peligro! Unos hombres lo están atacando, y necesito ayudarlo.
—Calma, calma. ¿Dónde está? —preguntó el chico con tono tranquilizador
—¡Por allí!— señaló la dirección de la que había venido, con lágrimas en los ojos,.
—Está bien, vamos a ver qué podemos hacer —dijo el chico, mirando a Kagome con una seriedad que la hizo sentir un poco más segura.
Juntos, comenzaron a correr de regreso por el sendero oscuro, el chico liderando el camino con pasos decididos. Kagome no podía evitar sentir una mezcla de esperanza y miedo, confiando en que este desconocido sería capaz de ayudarlos.
Pero cuando llegaron, Inuyasha ya había derrotado a los atacantes, estaba entre los cuerpos de los atacantes, evidentemente herido y exhausto pero victorioso. La camisa de Inuyasha estaba salpicada de sangre, y Kagome no pudo evitar preguntarse si era suya o de los hombres que había vencido.
Inuyasha, respirando con dificultad, levantó la vista y su expresión se endureció al ver al chico junto a Kagome.
—Kouga —dijo Inuyasha, con una voz cargada de desdén.
—Inuyasha— Kouga sonrió irónicamente y respondió con un tono burlón.
—Aléjate de Kagome — advirtió Inuyasha dando un paso adelante, sus ojos fijos en Kagome y luego en Kouga— No te atrevas a tocarla.
Kouga, sin perder su sonrisa sarcástica, jaló a Kagome de la cintura y la pegó a su cuerpo, que con la situación no supo cómo reaccionar.
—Si hubiera sabido que esta chica estaba contigo, hubiera aprovechado la situación —dijo, su tono lleno de provocación.
La ira estalló en Inuyasha que sin pensarlo, se lanzó contra Kouga, quien soltó a Kagome, arrojándola al suelo mientras se preparaba para la pelea. Kagome cayó observando con horror cómo los dos chicos se enfrentaban.
Inuyasha, aunque claramente debilitado por la pelea anterior, mostró una técnica limpia y habilidades superiores a las de Kouga en el combate. Sus movimientos eran precisos y poderosos, pero el dolor evidente lo hacía retroceder y Kouga aprovechaba cada momento de debilidad, atacando con fuerza bruta y determinación.
La lucha era intensa; Inuyasha bloqueó un golpe de Kouga y contraatacó con un puñetazo que hizo tambalear a su oponente. Pero el dolor en un costado le hizo vacilar, y Kouga lo aprovechó, lanzando una patada que hizo caer a Inuyasha al suelo.
Kouga, con una sonrisa de triunfo, se acercó a Inuyasha, dispuesto a dar el golpe final y Kagome, viendo a Inuyasha herido y vulnerable, sintió una oleada de ira y desesperación.
—¡Cobarde! —gritó Kagome, su voz llena de furia—. ¡Inuyasha está herido! ¡Eso te hace patético, pelear con alguien en esas condiciones!
Kouga se detuvo, mirando a Kagome con una mezcla de sorpresa y desprecio. Luego volvió la vista a Inuyasha, quien, a pesar de estar en el suelo y claramente dolorido, lo miraba con una expresión desafiante.
Kouga frunció el ceño, bajando el puño lentamente.
—Prefiero enfrentarte cuando esté en plenas condiciones —dijo con desdén—. Es patético pelear con alguien débil.
—Tú, miserable… eso es lo que te dijo Kagome. No seas cobarde, así como estoy puedo patearte el trasero ¡eres basura!
Kouga estuvo a punto de caer el la provocación de Inuyasha y volver a pelear, pero antes de hacer cualquier movimiento una voz resonó detrás de ellos.
—Kouga, tenemos que irnos. La policía se está acercando a pie, parece que los gritos de la chica los alertaron —dijo el nuevo interlocutor.
Kagome miró a su alrededor y vio que estaban rodeados por varios tipos vestidos de manera similar a Kouga, todos con chaquetas que llevaban la inscripción "Wolf Pack". El ambiente se volvió tenso y la sensación de peligro era palpable.
Kouga miró a sus subordinados y luego de vuelta a Inuyasha, su expresión se endureció.
—Esto queda pendiente, Inuyasha —amenazó, con una mirada feroz mientras se giraba para irse, pero antes de abandonar el lugar, sus ojos se dirigieron a Kagome, y su expresión cambió a una sonrisa irónica.
—Nos volveremos a ver, chica —dijo con una voz suave pero cargada de ironía.
Kagome sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral. Se dio cuenta de que Kouga, a pesar de ser evidentemente peligroso y aparentemente el líder del grupo, podría haber hecho cualquier atrocidad que deseara. Sin embargo, por alguna razón, no los atacaron más allá de la pelea con Inuyasha. Los miembros de la "Wolf Pack" comenzaron a dispersarse rápidamente, desapareciendo entre los árboles justo cuando las luces de las lámparas de los policías se acercaban y comenzaban a escucharse las voces de esto a cierta distancia.
—¿Por qué no... nos atacaron más? —murmuró Kagome, sin esperar realmente una respuesta.
Kagome finalmente corrió hacia Inuyasha, quien yacía en el suelo, tratando de incorporarse. Sus ojos se encontraron y, a pesar del dolor, Inuyasha logró esbozar una pequeña sonrisa.
—Parece que estás bien, Kagome. Me alegra.
—¿Cómo puedes pelear hasta estar tan malherido? ¡Estás loco!—le reclamó Kagome, su voz llena de preocupación y frustración.
—¿Y tú cómo puedes ser tan irresponsable para meterte al bosque sola? —le respondió—. Es peligroso, ¿en qué estabas pensando? Tonta
—¡No te atrevas a llamarme tonta!... Por cierto ¿por qué estabas aquí? ¿Eres un acosador o qué?— respondió Kagome furiosa.
Inuyasha suspiró, evidentemente agotado.
—Fui porque tú me invitaste —admitió, su voz más suave—. Estaba juntando valor para entrar. No quería que nadie me viera, así que me quedé en la parte trasera del restaurante. Justo entonces, te vi salir y te seguí.
Kagome se quedó en silencio, sorprendida y sonrojada al darse cuenta de que Inuyasha sí había ido al encuentro; hubo un silencio entre ambos que era interrumpido por los policías seguían acercándose.
—Kagome, ¿puedes ayudarme a recostar mi cabeza en tu regazo? Estoy agotado— Le pidió Inuyasha, con un suspiro cansado.
Ella, con cuidado, lo ayudó a acomodarse, sintiendo su corazón latir con fuerza. Inuyasha cerró los ojos, descansando la cabeza.
—Hueles delicioso —murmuró Inuyasha, haciendo que Kagome se pusiera nerviosa y se sonrojara aún más.
—Pero si justo ayer me dijiste que olía horrible —replicó Kagome, tratando de disimular su nerviosismo.
—Estaba mintiendo... Me encanta cómo hueles.
Antes de que Kagome pudiera responder, Inuyasha quedó inconsciente. Kagome, con el rostro sonrojado y el corazón acelerado, miró a su alrededor. Justo entonces, las luces de la policía iluminaron la escena, y los oficiales se acercaron rápidamente a ellos.
—¡¿Qué está pasando aquí?! —preguntó uno de los policías, su voz autoritaria.
Kagome, tratando de mantener la calma, comenzó a explicar la situación mientras mantenía a Inuyasha junto a ella. Los oficiales los rodearon, asegurándose de que estaban a salvo y comenzando a investigar la escena del altercado. Poco tiempo después los paramédicos llegaron para atender a Inuyasha y junto con Kagome fueron trasladados al hospital.
Continuará…
Les mando saludos a todos, muchas gracias por llegar hasta acá. Poco a poco la historia va avanzando y ocurren cosas más interesantes. El siguiente capítulo ya lo tengo escrito, la verdad… ya se que parece chantaje, pero según los comentarios que reciba, tal vez lo publique rápido… ahrre, super chantajista yo, pero… es que quiero leerlo jajaja LOS QUIERO MUCHO POR LEERME Y A LOS QUE ME DEJAN COMENTARIO, LES AGRADEZCO. Me motiva mucho
MegoKa: Muchas gracias por tu comentario, me motiva un montón, y espero que hayas disfrutado este capítulo. Yo la verdad, aún no decido que hacer con MIroku… creo que necesita una lección para que se le quite lo loquillo… jejeje. INUYASHA, bueno, yo se que a pesar de que intento respetar su personalidad original, aunque yo lo estoy desarrollando a mi manera en la historia… hasta a mi me desespera escribirlo tan tarado… pero bueno es parte de su encanto u_U te amo Inuyasha, jajaja Kagome es una santa por aguantar tanto. Abrazos, espero tu comentario para este episódio :)
: Que bella eres, muchas gracias tanto por comentar y por compartir, me da mucha ilusión cuando leo los comentarios. Inuyasha si es bien testarudo, pero la verdad, es lo que nos gusta de él. Pero como en la serie, su a veces horrible personalidad es resultado de varios traumas, en el siguiente episodio voy a hablar un poco más de eso…
Jalil: Este episodio te lo dedico, por comentar en cada capítulo, lo aprecio mucho :))))
