Era como si el tiempo se hubiera detenido al producir esas palabras, por unos segundos, Juan solo pudo oír los latidos de su corazón, ajeno al mundo exterior.

-¿qué?-

-Te amo... o eso creo, no sé, nunca me había sentido así...-

-¿Cómo te sientes?-

-Pues, me alegra verte, estar contigo, al principio pensé que solo era amistad porque eres el único que habla conmigo mientras estoy aquí, pero... nunca me había sentido así por nadie y al verte herido sentí como si se me rompiera el corazón en mil pedazos, verte demacrado de esa forma me causa mucha tristeza, no quiero que él te haga daño. ¿Y tú?-

-Yo tampoco deseo que te haga daño, eres lista, adorable y más valiente de lo que piensas, aunque también inconsciente y me gustan todas esas cosas de ti.- Ella rio antes de posar sus manos sobre las de Juan, sus guantes la daba una calidez que la recordaba a su hogar.

-Sí escapase de aquí, o cuando él consiga lo que quiere y me libere, ¿vendrías conmigo?- preguntó ella.

-Sí, pero...¿Qué harías?-

-Yo te ayudaría, a encontrar un trabajo, a leer y escribir y que puedas tener una vida realmente honesta...¡ah! Y también a Gideon por supuesto.- dijo con alegría.- Hablaría con mi padre y te daría una oportunidad, estoy segura.-

-¿De verdad crees eso?-

-Si promete no volver a robar ni estafar seguro que sí.- la chica terminó de vender la oreja del zorro y guardó de nuevos los víveres que había usado para curarlo.- ¿qué tal te encuentras?- dijo llevando un paño húmedo hacia el rostro del animal.-Parece que ya no sangra.- se fijó mientras dejaba que el paño húmedo recorriera su pelaje lavando la sangre y recuperando el tono anaranjado habitual.-No es una herida muy profunda, con unas vendas tal vez sea suficiente.- dijo comenzando a envolver con una tela limpia la herida.- con esto debería bastar.- volvió a guardar los suministros en el baño y acercar de nuevo a Juan para revisar su trabajo.-Parece que está bien ahora, tal vez tarde una semana en curar del todo.- acarició la zona posterior de la oreja y el zorro movió la cola, ansioso, de forma involuntaria rozando los tobillos de la chica.

-Oh, perdona.- dijo Juan.- Soy como un perro con estas cosas.-

-Me gustaría conocerte más.- dijo ella sentándose en la silla que quedaba libre.- ¿Qué gustos tienes?-

-¿Qué quieres saber?-

-No sé... - dijo ella buscando algo que pudiera tener en común.- ¿comida favorita?-

-Las fresas.-

-¿Fruta? Pensé que siendo un zorro te gustaría más la carne.-

-No me disgusta, pero es más difícil de robar que la fruta.-

-Cuando recibas la recompensa por mi rescate no tendrás que preocuparte por comida una temporada.- ella lo miró con tristeza.- ¿Qué pasará si esto no sale bien? Si no podemos estar juntos.-

-Podemos seguir viéndonos a escondidas, donde nadie nos vea. Sabemos los horarios de los policías, les daremos esquinazo durante el cambio de guardia y yo podría buscar un lugar discreto.-

-¿Tienes la llave de esto aquí?- dijo Dalila señalando la cadena que rodeaba su tobillo izquierdo.

-No, se las ha llevado todas excepto la de la puerta del sótano.-

-No quiero estar sola.-

-Me quedaré contigo todo el tiempo que quieras.- Dalila se tumbó en la cama y Juan se sentó a su lado acariciando su cabeza.

El zorro dejó que la joven apoyara su cabeza en su pecho, dejando que sus cabellos castaños se dispersaran como los afluentes de un río sobre sus ropajes. Notó el olor de juventud de la muchacha, su aura sintiendo felicidad de una forma completamente nueva. Mientras ella masajeaba su pelaje con las manos. En cierto momento Dalila se movió rozando las caderas de su compañero provocando que este gimiera de forma lasciva.

-¿Estás bien?- preguntó ella.

-Ah... sí, sí, es solo que...- la incomodidad entre sus piernas empezaba a ser notable.- Bueno... eres una mujer y…-

-Juan, tengo diecinueve años, no soy idiota, mi padre ya se encargó de contratar una nodriza que me explicase… los procesos naturales.- El zorro entonces rodeó con sus brazos la cintura de la joven y la presionada contra las suyas. -¡Ah, madre mía!- jadeó Dalila al notar la envergadura del zorro contra sus muslos.

-Sí aún no estás preparado.-

-¡No!- dijo ella con decisión.- Quiero hacerlo, quien sabe si no podremos volver a vernos. Llevémonos al menos algo bueno de todo lo que ha ocurrido.- empezó a quitarse el vestido amarillo cubierto de tierra que había llevado puesto desde su intento fallido de huir, lo empujó al suelo a los pies de la cama y empezó a desabotonar la parte superior de su corsé, quedando en sujetador, posteriormente se deshizo de sus pololos blancos que la cubrían hasta los tobillos y las medias de seda blanca quedando solo con dos piezas de ropa interior.

Le quitó el sombrero al zorro mientras él se retiraba el abrigo y los tirantes de su pantalón mientras Dalila desabotonaba la camisa y el chaleco, retirándolos de su torso. Dalila rodeó con sus brazos su cuello y empezó a bajar sus manos mientras lo besaba en el cuello, puso sus manos sobre la cintura del zorro cuando éste la detiene.

-Déjame a mí.- pidió antes de mordisquear con cuidado su cuello mientras se desabrochaba los pantalones y se deshacía de toda la ropa que le quedaba.

Ella empezó a desabrochar su sujetador y lo tiró al suelo viendo la expresión de sorpresa en la cara del zorro.

-Vaya.-

-¿Qué?- preguntó ella.

-Nada, es que... la ropa te hace parecer más pequeña.- dijo antes de poner sus manos alrededor de sus pechos suaves y abundantes.

Dalila bajó su mano para deshacerse de la última prenda de ropa que la impedía estar completamente desnuda ante él y una vez hecho esto él se presionó contra ella mientras besaba delicadamente su cuello.

-Vamos… hazlo.- dijo entre jadeos la joven a su amante.

-No tan deprisa, aún podemos jugar un poco más.- dijo Juan mientras bajaba su cabeza entre las piernas de la humana.

Al inicio ella no comprendía que estaba haciendo, pero gimió y se estremeció cuando notó la lengua del zorro lamiendo su entrada, tensándola y sin saber muy bien que hacer en ese momento, así que colocó sus rodillas sobre los hombros de Juan y dejó que él la guiara.

Dalila sintió un agradable hormigueo recorrer su cuerpo, sus mejillas se calentaron y tiñeron de un color rojo mientras Juan la complacía con gusto, la temblaban las piernas y un sudor cálido caía de su frente, tuvo que morderse los labios mientras notaba como se formaba una extraña presión en su interior, cada vez sentía más calor y humedad en su zona inferior, se retorció agarrando la almohada empapada en sudor antes de que ella soltase un grito de satisfacción al notar estallar algo dentro de ella.

-Vaya, eso… ha sido fantástico.-

-Oh, amor, solo acabamos de empezar.- dijo antes de besarla en la mejilla y bajar sus mandíbulas para lamer su cuello al mismo tiempo que se ponía sobre ella y agarraba sus caderas para alinearse con la entrada de la joven. -Esto dolerá.- informó.

-Lo sé.- vio entonces en sus ojos azules un brillo que no había notado hasta ese momento.

Rápidamente la besó mientras se introducía por su virgen abertura, estirando su interior mientras ella se aferraba a sus hombros con fuerza mientras jadeaba y dio un breve chillido agudo casi inaudible cuando Juan rompió la barrera que marcaba la pureza que la joven le había entregado.

Ella se aferró a él con fuerza, aumentando el agarre de sus manos en sus hombros y sus piernas alrededor de su cintura a la espera de que el dolor inicial se disipe.

-¿estás bien?- preguntó entrecortadamente, ella sintió y de forma tímida el macho de raposo empezó a moverse suavemente, meciendo sus caderas con las de ella, guiando la cintura de la chica con sus manos apoyadas a los lados de la pelvis de la humanos.

Al moverse, ella entendió el ritmo y rápidamente se adaptó moviéndose en sintonía con su pareja, los brazos de ambos se entrelazaron al igual que sus lenguas mientras jugaban como serpientes por el dominio de la situación, el pelo de Dalila se pegó a su piel sudorosa. recubriendo sus pechos y su espalda se curvó cuando Juan volvió a lamer su cuello y amasó sus pechos con delicadeza mientras se mecía suavemente recorriendo con cariño cada parte de su interior con su miembro palpitante entre sus estrechas y húmedas paredes mientras ahogaban gemidos de placer entre sus labios para no ser escuchados.

Dalila se aferró al pelaje del zorro y este aceleró la velocidad, jadeando con la lengua asomando entre sus mandíbulas como un perro sediento, sus orejas se inclinaron de nuevo hacia atrás y su cola se erizó al sentir la liberación que tanto había anhelado antes de caer. sobre ella sudoroso, satisfecho y exhausto al igual que ella.

-Vaya... ha sido...- dijo Dalila entre respiraciones entrecortadas mientras trataba de acomodarse en la cama, pero sus piernas la fallaron debido a la emoción y el reciente esfuerzo físico.- … Nunca había sentido algo como esto... -

-Me alegra que te haya gustado, dicen que cuantas más veces se vuelve mejor.-

-Si mi padre te da su bendición espero pasar así el resto de las mañanas contigo.- Estaban a punto de besarse cuando unos golpes desde la otro lado de la puerta los alertó.

Juan se vistió rápidamente solo con sus pantalones y su camisa.

-¡Gedeón! Ya puede ser importante porque si no...- El gato señaló nerviosamente un ventanal del salón principal y el zorro se dirigió hacia allí para ver a lo lejos un vehículo que se dirigía hacia allí, el carruaje del coche.

Inmediatamente Juan corrió de regreso al sótano.

-Rápido, date una ducha y vístete.- anunció a la chica.- el coche viene hacia aquí.- Juan corrió y recogió lo que quedaba de su ropa en ese lugar para ponérsela.-Yo lo entretendré.-

El zorro corrió al exterior y cerró de nueva la puerta del sótano con llave retocando su aspecto para no levantar sospechas justo al mismo tiempo en la que la puerta se abría.