Grupos de estudiantes vestidos con el riguroso frac negro se arremolinaban en pequeños grupos en el estacionamiento del colegio. Muchos de ellos ya habían estado en Saint Marie antes. Desde que tuvieron trece años fueron invitados y la mayoría de ellos asistieron desde ese entonces. Ahora aguardaban a que llegaran sus profesores y miembros del consejo de padres de familia de la escuela, y entonces sí, harían su entrada de honor al salón de fiestas.

Desde sus lugares de espera podían ver y escuchar a lo lejos lo acordes de la orquesta que ya empezaba a afinar los violines; el ajetreo por tener listos los últimos detalles; las luces doradas de las candilejas y faroles que adornaban el pasillo de los cipreses hasta el gran domo y todo decorado en orquídeas blancas y rosas, orquídeas como las que los jóvenes llevaban prendidas a la solapa de la levita.

En la entrada principal no cesaban de llegar lujosos vehículos y descendían de él, colegialas vestidas de gala que entraban al vestíbulo o la sala de recepciones y esperaban el momento de hacer valido el protocolo, mientras miraban de lejos, curiosas y expectantes a los invitados de honor agrupados en el estacionamiento. Y ellos, ellos ocupaban el preámbulo de la fiesta para relajarse, bromear y reír.

─ ¡Esta noche es de fiesta, caballeros!─ dijo sonriendo y alzando la voz, lord Ralph Lancaster, al tiempo que sacaba una licorera de whisky de dentro del saco y abrazaba a dos de sus amigos─ así que hay que empezar a entonarnos.

─ Espera un poco Lancaster, después podrás emborracharte todo lo que quieras, además, hay que estar bien sobrios para ver a las chicas de este lugar.

─ De esta prisión querrás decir...─ respondió él mirando alrededor─ esta escuela es patética.

─ Lo es, como sería tu vida si fueras una chica...─ dijo sarcásticamente lord Robert Walsh Jr, hijo del inflexible y marcial vicealmirante Robert Walsh.

─ Sí, ¡tienes toda la razón!

─ Y pensar que allí dentro, muchos de nosotros conoceremos a las que probablemente serán nuestras esposas.

─ A mí sólo me importa que sea linda... ¡y que sea de buen ver! ─ dijo riendo lord Lancaster.

─ ¡Claro! Eso es lo primordial─ contestó Walsh riendo

─ ¡Ja! Pero estas chicas son todas unas mimadas... ¡costará trabajo domarlas!

─ Bueno, bueno, no es para tanto, está noche sólo tendrán que bailar y conversar con ellas.

─ A mí me gustaría hacer más que eso─ sonrió con malicia Lancaster y todos rieron a coro─ ¿Saben que sería bueno?

─ ¿Qué?

─ ¡Qué Eton fuera una escuela mixta! ¿No sería estupendo tener mujeres por toda la escuela?

─ ¡Sí cómo no! ¿Estás diciendo que quieres ver chicas en el colegio? ¡Olvídalo! Yo estoy mejor de interno que en casa.

─ ¿Y quién dijo que vayamos a casa? ¡Eso es lo divertido del asunto! Podríamos compartir los dormitorios...

─ ¡Tú siempre estás pensando en "eso", Lancaster! ─ dijo riéndose un recién llegado, todos se voltearon a verlo andar elegantemente, con su chaleco de relucientes botones plateados.

Acababa de llegar y allí estaba lord Charles Gregor Ferguson Islands, heredero de sir Hugh, ¡sir Hugh! El gran miembro de la mesa redonda, el incondicional de Arthur Hellsing, el gran señor, el caballero inglés a toda prueba; fiel servidor de su Majestad e intachable hombre de honor, cuyo primogénito formaba parte de lo más selecto del King's College of Our Lady of Eton. Pues Charles era miembro del grupo de los mejores del sexto año, con su impecable historial académico, su matrícula asegurada en la facultad de leyes de Oxford y su prometedor futuro.

Lord Charles era un jovencito muy apuesto, rubio, ojos azules, de rostro elegante y gesto adusto, como lo fue su padre en su juventud, con la diferencia de que el muchacho escondía más que buenos modales detrás del disfraz de rectitud con el que se presentaba ante su padre y ante la sociedad; aunque nada grave después de todo, pues para ser uno de los alumnos más importantes de Eton, había que ser algo más que un caballero.

─ Charles, Charles, ¡mi jamás subestimado y siempre imitado Charles! ─ dijo Ralph abriendo los brazos─ ¡ven a tomar una copa con nosotros!

─ No, no gracias. No todos somos como tú, que no eres más que un borracho empedernido─ respondió el rubio, encendiendo un cigarrillo en sus labios.

─ ¡Mira quién lo dice! Tú y yo somos iguales, ¿o no, muchachos?

─ ¡Sí, sí, es verdad!─ respondieron a coro

─ Espera un poco, después habrá tiempo para hacer lo que queramos─ replicó Charles─ ...es cierto que hay muchas semejanzas entre tú y yo, a diferencia de que eres un tonto descarado sin la menor precaución─ decía mientras se acercaba a él, para luego arrebatarle la licorera─ ¡así que dame esto de una vez!

─ ¡Hey devuélvelo!

─ ¡Cálmate ya! ─ le dijo Charles cara a cara─ tranquilo, sólo velo por tú bien y por el mío, no te olvides que perteneces a mi fraternidad, así que si quedas mal, ¡todos lo hacemos! ... Y como no es mi intención fallar ni en un solo detalle esta noche, mantén tu beoda boca cerrada aunque sea un momento.

Lancaster miró a Charles con ojos de arma de fuego, pero él sólo le dio dos palmadas en la mejilla izquierda y río desenfadadamente.

─ No te sulfures amigo, después de todo somos aliados, tú lo sabes, ¡yo lo sé! Todos los miembros de nuestra clase deben serlo.

─ ¡Charles tiene razón! ─ agregó otro recién llegado, con el mismo frac negro, el mismo chaleco blanco con botones de plata, pero con una marcada actitud de superioridad y petulancia─ no por nada la aristocracia es "el gobierno de los mejores"...

─ Roderick, ¡tú siempre tan oportuno! ─ dijo Charles sonriéndole agridulcemente y mirándolo por debajo del hombro, como siempre hacía por considerarlo un "rico nuevo".

"Roderick Hughes es sólo un burgués con aires de grandeza", había dicho él más de una vez. De hecho, eso se comentaba a las espaldas de todos los miembros de la familia Hughes, en cada reunión, salón o evento de sociedad; "los Hughes son codiciosos, advenedizos y arribistas...tratan de conseguir como sea su ascenso social con buenos modales y amistades escogidas.

─ Y bien Lancaster─ continúo diciendo Sean─ ¿qué nueva estupidez hacías ahora? (se le acercó y olfateo su aliento), ¡ya apestas a alcohol! ¡Pobre de la que vaya a ser tu pareja esta noche, y pobre si se tiene que casar contigo algún día!

─ ¡Conmigo no te metas sanguijuela o te parto la cara! ─ advirtió Ralph a punto de abalanzarse a Roderick con el puño hecho, por suerte sus amigos lo tomaron por los hombros y Charles haló al agredido por el brazo.

─ ¡Lancaster, cálmate ya! ¡No lo eches a perder todo! Y tú, Hughes, ¡mantén quieta tu impertinente lengua de víbora, porque a la próxima vez dejaremos que Lancaster o quien sea te parta la cara! Es más, ¡estoy seguro de que, si sigues así, algún día te costará muy caro, "amigo"!

─ ¿Me estas amenazando, Islands?

─ ¡No! No, ¡qué va! Sólo digo que llegará el día en que te topes con alguien que no te tolerará, ¡y entonces sí...!

─ Yo sólo decía que Lancaster puede echar a perder todo con estas chicas. ─ replicó él acomodándose la levita.

─ Sí, sí, bueno caballeros, mejor calmémonos─ intervino Bob Walsh─ y díganme ¿alguno de ustedes sabe quién será su "afortunada"?

Casi todos respondieron que no, sólo Charles sonrió calculadoramente y perdió la mirada, como diciéndose algo a sí mismo.

─ Por esa cara, Charles, creo que sí sabes quién es tu pareja─ le dijo Bob con una sonrisa socarrona.

─ Bueno, la verdad es que...

─ ¡Hey! Pues yo les digo, a mí la que me interesa de verdad es Integra Hellsing...una soltera con apellido y forrada en libras, saben que la fortuna que los Hellsing amasaron antes de venir a Inglaterra aún suma dividendos... ¡y además es huérfana! Eso garantiza cero intervenciones de suegros molestos y entrometidos...─ lo interrumpió Roderick.

La intención de Charles de decir algo se quedó truncada cuando Roderick habló. Las palabras se le hicieron nudo en la garganta y se quedaron atoradas y pasmadas en su lengua cuando escuchó el apellido pronunciado. Miró a Roderick con ojos desmesurados y como si le costase trabajo hablar, pensaba "¡¿Qué se está creyendo este cretino?!", porque el caballero Islands era posesivo y caprichoso, acostumbrado desde pequeño a tener todo lo que él quería sin oposición ni la obligación de compartir, ahora sentía el impulso de tomar a Roderick por las solapas y gritarle que no se atreviera a poner sus ojos en lo que, consideraba, ya era suyo. Creía que iba a explotar, creía que no iba a resistir las ganas y que sus impulsos gobernarían, sintió sus blancas mejillas al rojo vivo, estaba a punto de hablar cuando una voz a sus espaldas lo detuvo.

─ ¡Muchachos, muchachos! Ya casi es hora, reúnanse aquí.

Era lord Henry James, el rector en turno del colegio que los convocaba para una última instrucción y entregarles en un sobrecito cerrado el nombre de su pareja, así que todos los chicos del sexto año fueron a su alrededor para escucharlo. Era el momento de avanzar hacia el salón de fiestas y esperar a las jovencitas, era el momento de llevar a cabo el protocolo, de modo que sólo se les reiteró que debían observar un comportamiento de caballeros.

Cuando recibieron la orden y el sobre, los muchachos formaron un grupo ordenado y caminaron detrás de sus profesores. Allí iban todos los niños del sexto año, desde los de más alto rango (con sus botones de reluciente plata en el chaleco), hasta los King's Scholars con sus capas negras sobre los uniformes (los "estudiantes del rey ", cuya educación corría por parte de la corona), pasando por los Oppidans y los Pop con sus chalecos de colores indistintos. Allí iban casi todos los profesores o "Beaks", como se les llamaban. Estaban los docentes con años de experiencia y los de reciente ingreso, así como los amos de las casas donde vivían los Oppidans.

Entre la concurrencia de esos bachilleres inquietos, se escuchaba todo tipo de comentarios y bromas. A todo eso, Charles sólo escuchaba tratando de salvar la cara de la terrible sensación que le produjo el comentario de Roderick, y apretujando su sobre en el puño para desahogarse.

Con el barullo que precedía al momento de la presentación, los dieciochoañeros inquietos, estaban por ser presentados en el epicentro de la fiesta. De pie, en espera, esos hiperactivos seres se desparpajaban, reían a carcajadas, se empujaban y hacían bromas pesadas.

─ Bien, caballeros, es hora de sacar la casta─ dijo a voces lord James─ ¡Se les ve muy emocionados! ¿Lo están? ¿Están ansiosos de conocer a esas hermosas chicas?

─ ¡Sí!─ contestó todo el contingente entre vivas.

Los jóvenes armaban barullo y desparpajo, unos más que otros, los tímidos e introvertidos preferían guardar silencio y esperar. Entre estos se hallaba un chico taciturno de ojos tristes llamado Daniel Calne, que de vez en vez era víctima de los comentarios jocosos y hasta mordaces de sus compañeros quienes, para esas horas, no paraban de hacer bromas. Daniel era miembro de la fraternidad de los pop, y aunque pertenecía a una buena familia, no daba señas de brillantez, ni de grandes promesas para el futuro.

─ ¡Oh! ¡Miren al buen Daniel! ─Exclamo Ralph Lancaster señalándolo─ ¡tiembla como una hoja! ¿Qué pasa Calne, le tienes miedo a la chicas?

Al escuchar la arenga otros locuaces pretendieron unirse a la broma pero la voz de lord James los contuvo: ─ ¡Basta ya, no voy a tolerar está clase de comportamiento y faltas de respeto!

En ese momento el episodio fue interrumpido por la llegada de una dama, era la secretaria personal de la señora Philips.

─ Buenas noches, milord─ dijo dirigiéndose a lord James─ la ceremonia está a punto de comenzar, así que, tenga la bondad...

Con un mohín amenazante, lord James hizo seña de silencio, y todos los jovencitos le siguieron hasta el jardín de fiestas, que estaba casi repleto de gente; de alumnos de ambos colegios de años inferiores; profesores, padres y madres de familia...La víspera de la fiesta estaba por llegar a su punto climático.

Antes de que aquello sucediera, en la estancia de las chicas del sexto año, estaban las orgullosas hijas del St. Marie, tronándose los dedos, paseándose de un lugar a otro, o simplemente charlando para calmar los nervios.

A su llegada les eran entregados los abanicos especialmente hechos para el evento, aquellos que por tradición tenían el escudo de la institución finamente dibujado con tinta china, además de otros elementos decorativos y simbólicos en tonos suaves. Todas tenían que llevar el suyo; era de rigor, así que las prefectas se daban a la tarea de repartirlos y tachar en una lista los nombres de quienes ya tenían el objeto en las manos; Catherine Marshall, Margaret Parrish y Eve Blair Hamilton II, fueron de las primeras: las tres amigas de Integra habían asistido más que puntuales.

─ ¡Sería muy bueno que Integra viniera!─ expresó lady Marshall a sus amigas, mientras salían a caminar a la entrada del colegio.

─ Pero ya sabes cómo es ella, Catherine, ¡orgullosa!

─ Yo aún guardo la esperanza.

─ Sí, puede ser, puede ser que de última hora ella se aparezca.

─ Además, ¿ya se enteraron del nombre del posible prospecto?─ preguntó Blair, muy quedamente.

─ No, ¿quién?

─ Parece ser que se trata del heredero de la casa Islands...

─ ¡¿No?!─ preguntaron las tres chicas restantes a coro.

─ ¡Sí!

─ ¡Uy! Entonces, ahora sí, ¡Collins sufrirá diarrea del berrinche!

─ Especialmente porque todos saben que está que muere por Charles Islands...

─ Por él o por su dinero...

─ ¡Por las dos cosas, seguramente! Aun así, él no está dentro de sus posibilidades.

─ Claro que no, Charles es un buen partido...

─ No lo sé, ¡es guapo y refinado! Es cierto─ expresó Blair, con un dejo de enfado─ pero a veces es demasiado estirado...como casi todos ellos (miró a lo lejos a los chicos), parece que no tuvieran sustancia en el alma, ¡cómo quisiera hallar un novio que me sacara de quicio! ¡Qué se atreviera a hacer locuras y no pensar en nada más que en el presente!

─ ¡Otra vez con tus fantasías!─ replicó Catherine Marshall.

─ ¿Y qué tiene de malo? Yo sé que algún día conoceré a alguien así, ¡ya lo verán!...

Lady Marshall iba a decir otra cosa, cuando un auto se estacionó a la reja principal y uno de los balés parking, rigurosamente uniformado con una casaca roja, se acercó a abrir la puerta y ofrecer la mano a la recién llegada. Era una mano fina y delgada que usaba un anillo con el escudo de su Casa. Las tres chicas miraron muy atentas el auto creyendo reconocerlo, y cuando vieron el rostro de la pasajera, no pudieron menos que verse entre ellas las caras y sonreír emocionadas para luego echar a correr para darle el encuentro.

Y esa pasajera había venido tronándose los dedos y frotándose los nudillos desde que su auto saliera de casa. Había venido tratando de controlar el inevitable nerviosismo que le producía la primera vez de algo, la expectativa ante lo desconocido. Colocándose la banda con los colores del escudo de armas de su familia (un listón ocre y guinda de cinco centímetros de ancho cruzado al pecho) sujetándolo con un broche de brillantes en forma del escudo de armas.

Ella estaba rogando al cielo que se presentara algo, un imprevisto que la salvara de asistir al baile porque sinceramente se había arrepentido, así que imploró por que sonara el teléfono móvil del Roll Royce para hacerla volver a casa, volver a usar sus pantalones , enfundarse las armas y salir a cazar seres de la noche.

"Tranquila, tranquila... ¿Qué eres? ¿Una mujer o un ratón? ¡Vamos, has pasado cosas mucho peores! Esto es un estúpido juego de niños... ¡eres más fuerte que esto, eres más fuerte que esto!"

Pero cuando llegó frente a la puerta de la escuela, cuando vio acercarse la reja principal abierta de par en par, (decorada con racimos de jazmines, casablancas y arreglos con listones de organza) estaba hecha un manojo de nervios, con las piernas como gelatina a medio cuajar y las manos perlando sudor frío.

─ Hemos llegado, señorita─ fueron las palabras del chofer al momento de estacionarse y el balé parking abrió la puerta del vehículo para ayudarla a bajar. Entreabriendo a penas los ojos, sobre el cristal de sus gafas se proyectó el haz de las luces encendidas en todo el jardín del colegio, las notas perdidas de las primeras melodías tocadas por la orquesta y los sonidos de la naturaleza; grillos y cigarras danzantes, uno que otro sapo o rana del estanque; cuchicheos de la fiesta, voces de los invitados... sin poder creer que de verdad estaba allí, sintiéndose flotar en una nube, tragó saliva cuando de repente:─ ¡Integra, sí viniste!─ dijeron a coro sus tres amigas, yéndola a encontrar.

Sin darle tiempo a reaccionar la abrazaron, expresándole lo mucho que su presencia les alegraba, "pensamos que ya no ibas a venir", "creímos que cumplirías tu palabra", "¡qué bueno que no fue así!".

─ ¡Pero camina, anda, anda! Tenemos que ir a que entreguen el abanico, debes tenerlo.

Las cuatro muchachas avanzaron al recibidor de las alumnas, donde Integra también pasó lista.

─ Hellsing Integra F W─ dijo ella ante la prefecta que tenía la lista de su grupo.

La mujer alzó los ojos para mirarla casi sorprendida de tenerla enfrente, y con el mismo gesto de incredulidad le extendió uno de los abanicos idénticos.

─ Tenías que ser tú la que llegará más tarde─ no se pudo ahorrar el comentario─ tenías que ser tú, Hellsing, ¡¿cuándo será el día...?!

─ ¿Cuándo será el día que qué?─ respondió ella riéndose del eterno enojo de las prefectas.

─ ¡Olvídalo Hellsing! Toma...─ le extendió de mala gana el abanico.

Ella lo recibió y se dio la vuelta sin dar las gracias. Junto a sus amigas cruzaba la gran sala, cuando a sus espaldas escuchó una voz conocida; una voz melosa, chillona y de un tono que a ella se le hacía insoportable; una voz desagradable y despreciable, como de un cuervo: ─ ¡Vaya! ¡Miren a quien tenemos aquí! Esto sí es para la antología... ¡Integra Hellsing en un baile estudiantil!

Al escucharse nombrar, ella volteó poco a poco con una sonrisa y cruzándose de brazos, contestó: ─ ¿Qué es lo que quieres, Isadora?

La joven venenosa no iba a desaprovechar la oportunidad de hacer rabiar a Integra, ni ella ni su grupo de colegas, ese grupo que las demás en el colegio habían bautizado como "la cofradía".

─ ¿Qué que quiero? Nada, nada, sólo estoy aquí para saludarte y decirte que de veras me sorprende tu presencia, y ver que, de puro milagro, luces como una chica de verdad... ¿Dónde olvidaste el traje de marimacho?

─ Ah pues, hoy le tocó descanso, ¿sabes? Pero tú, tú te equivocaste de evento, porqué o juraste que esto era una fiesta de disfraces o se te olvidó quitarte el traje de mujerzuela... ¡no! Espera, ¿no me digas que a ti y a tus colegas las dejaron salir temprano del burdel? ¡Sí, eso debe ser!

Las amigas de Integra soltaron una carcajada. Isadora Hughes no estaba dispuesta a ser insultada y apretando los labios, chilló: ─ ¡Maldita subnormal ...!─ y trató de darle un zarpazo para deshacer su peinado.

─ ¡No! ¡No, espera, Isadora!─ dijo Agatha Collins tomándola del brazo─ ¡no hagas eso! ¡Deja que esta anormal, piense y diga lo que quiera!

Integra sólo respondió, cruzada de brazos, sonriendo iban a decir algo más, cuando la prefecta las interrumpió y reprendió por el escándalo que comenzaban.

─ ¡Estamos a unos minutos de comenzar con la fiesta, niñas, y ustedes ya están armando desorden! ¡Tranquilícense o mandaré llamar a la señora directora!

─ Nosotras no fuimos, señorita, ¡fue Integra Hellsing! Ella empezó─ se quejó Isadora.

─ ¡Quién haya sido! ¡Guarden silencio! ¡Ya sé que Hellsing es un problema, pero tú, Hughes, no eres un alma de Dios!

Reprendidas, en un instante fueron puestas en orden y ante lo inminente de su presentación, fueron llamadas a alistarse en dos filas; las jovencitas obedecieron y pasaron una detrás de otra; todas tan regias y hermosas que aquello parecía el anaquel de un almacén de muñecas.

Salieron al jardín y atravesaron hacia el lugar de la fiesta. El gran domo blanco que descansaba sobre pilares cubriendo un salón de jardín. Caminaron hasta el lugar, sobre una vereda empedrada e iluminada por una valla de pequeñas antorchas perfumadas con incienso

Se detuvieron a un costado del jardín junto a una cascada artificial que hacía las veces de fuente, y allí aguardaron hasta que apareció la señora Philiphs (enfundada en un traje largo, negro, llenó de pedrería), para desearles la mejor de las suertes, decir otro de sus aburridos discursos y pedirles que se desearan suerte entre ellas. Cuando reparó en la presencia de Integra, también se sorprendió:

─ ¡Señorita Hellsing! Veo que este año ha recapacitado, es bueno tenerla con nosotras, ¡ya que se salvó de un error que pudo haberle costado muy caro!

─ Sí... ¿verdad?─ le contestó ella, sonriéndole falsamente.

Justo cuando acaba de decir aquello, la orquesta comenzó a tocar una pieza que indicaba que el momento había llegado: Pompa y circunstancia empezó a escucharse, y muchas sintieron que la piel de sus hombros semidesnudos se enchinaba de nerviosismo.

─ ¡Muy bien! ¡Ha llegado el momento!─ dijo la señora Philiphs

Dentro, en la expectación de la fiesta, escucharon anunciarlas como: "Las honorables damas del Collegue of our lady St. Marie". Y después de eso tuvieron que comenzar a caminar en perfecto orden, y una vez dentro, cuando fueron apareciendo una a una en medio de la pista, fueron recibidas por un aplauso de la concurrencia que las miraba conmovida. Una a una, con el andar elegante enseñado en la clase de etiqueta, una a una con la barbilla en alto, con sus figuras en ricos trajes de noche que se escurrían por el suelo y sus abanicos cerrados en la mano derecha.

Entonces, los jóvenes de Eton que esperaban igual que ellas, fueron anunciados de semejante manera, y al escuchar el nombre de su institución hicieron su entrada: todos muy propios con los guantes de gamuza blanca bien puestos, avanzaron dentro, donde ya los esperaban todas las chicas del último año. Entraron ellos con la mano derecha a la espalda y el pecho gallardo, bajo la mirada atenta de todos los allí presentes.

Cuando los vieron aparecer, Integra sintió gran nerviosismo e incomodidad por tener que convivir con ellos (sus compañeras cuchichearon: "¡allí están los etonians!"). Convivir con muchachos era algo que no se imaginó tener que hacer y hasta esos momentos se daba cuenta cabal de lo que estaba por suceder: pues no tenía idea de cómo dirigirse a un varón de manera amistosa, "el único hombre con el que tengo amistad es con Walter, a los soldados hay que hablarles casi a gritos, y Alucard...Alucard...bueno él... ¡él es un asno! ¡No debo pensar en él! Ni siquiera eso...aunque, bueno, me enseñó a bailar; eso estuvo bien, se tomó la molestia... tal vez él me aprecie, ¡aunque sea un poco!..."

Gracias a ese pensamiento, Integra pudo quitar su duro gesto de nerviosismo y sonrió, pero sus voces interiores fueron acalladas al escuchar pronunciar su nombre, alzó la vista repentinamente y con sorpresa, sus ojos se encontraron con el rostro de un muchacho que se inclinaba para saludarla. Un guapo etonian rubio estaba delante suyo, sonriéndole desde su reverencia y saludándola: ─ Lady Integra Hellsing, buenas noches.

Ella se quedó pasmada, como si estuviera frente a una criatura de otro mundo y lo miró con ojos de espanto sin saber que hacer (cuando tenía que ofrecerla la mano para que él la besara).

─ Ehh, lady Hellsing, ¿qué haces?─ le dijo él susurrando, sin dejar de inclinarse.

─ ¿Qué?─ preguntó ella echa un costal de nervios, con una mirada interrogante, como si de pronto no entendiera el inglés.

─ Sí milady, ¡¿qué estas esperando?!

─ ¿Para qué?

─ ¡Sólo ofréceme la mano! Milady, ¡te tengo que saludar!

─ Ah, ah, ¡sí...sí, claro!─ y extendió el dorso de la mano, el chico la tomó y apoyó su barbilla en él.

─ Es un placer para mí─ dijo─ soy lord Charles Islands y seré tu pareja esta noche.

Integra escuchaba y no, estaba y no. Veía mover los labios del jovencito con un gesto de incredulidad, entonces Charles cesó la reverencias, ella alzó la cara para ver la del muchacho veinte centímetros más alto que ella. La heredera miró a todos lados y descubrió entre la concurrencia el conocido y ajado rostro de sir Hugh Islands que los miraba a ambos con un gesto de orgullo, aprobación y complacencia. Al verlo sonreírle, la joven sintió ganas de echar a correr. vVolvió a preguntar al estudiante:─ Disculpa, ¿qué dijiste?

─ Qué yo soy lord Charles Islands y seré tu pareja esta noche...

─ ¿Eres hijo de sir Hugh?

─ Sí, así es.

─ ¡Ay no!... ¡Qué me parta un rayo!─ dijo ella sin el menor cuidado, sin pensar.

─ ¿Có...cómo dices?─ preguntó Charles creyendo estar volviéndose sordo o loco.

─ No, no, nada, es sólo qué... ¡vaya sorpresa!─ dijo sonriendo forzadamente, casi sin aliento.

─ Sí...sí, que sorpresa─ él hizo un esfuerzo por sonreír y sacando una cajita de mica de dentro de la levita, se la ofreció a Integra─ esta orquídea es para ti.

Él abrió la caja y le colocó la flor en la muñeca:─ Ahora, permíteme llevarte a la pista.

Ofreció su brazo e Integra no tuvo más remedio que aceptarlo, y ambos caminaron a la pista donde ya los jóvenes comenzaban a bailar el riguroso vals. Y todos los presentes ponían sus ojos en las parejas, todos incluyendo a quienes no podían creer que Integra Hellsing y Charles Islands estuvieran designados. A lo lejos, Agatha Collins apenas si podía disimular su contrariedad, así como Roderick, que comprendía el error garrafal que cometió con su comentario, al decirlo frente al propio Charles.

En cuanto a los demás chicos, los que tenían asignada su pareja, ya estaban cumpliendo con lo indicado, como lord Walsh y lady Parrish, que en cuanto se conocieron, en cuanto se vieron a las caras, a los ojos y estrecharon la mano por vez primera, sintieron una sacudida como de electricidad cimbrándolos desde sus entrañas. Las manos se les hicieron un caldo de sudor por debajo de los guantes, la carne como de gallina y se sintieron flotar por los aires, y enrojecer de puro bochorno y de puro gusto. Robert, apenas si pudo presentarse pues sentía que la corbata lo ahorcaba y que si hablaba, escupiría su corazón entero. Margaret no sabía qué hacer ante su tartamudeante pareja, pues a ella se le había olvidado que podía hablar. Robert estiró el resorte de la corbata con el índice y carraspeó la garganta, pero su noble y grave voz se hizo un chisguete y apenas si pudo saludarla. Margaret ni se fijaba, lo miraba embelesada y sin parpadear. Sin embargo, Robert tuvo que reaccionar al sentir la cavernosa y estremecedora mirada del vicealmirante Walsh, su padre, sobre sus hombros. Lo volteó a ver con miedo y casi temblando por la emoción y la presión le dijo a la colegiala:

─ Yo...yo...yo soy lord Robert Walsh junior...y...y... ¡y estoy tan feliz de ser tu pareja esta noche!

─ Aja...─ contestó ella asintiendo con la cabeza y sin quitarle los ojos de encima─ quiero decir, ¡yo también!

─ Bueno, yo, ¡te traje esto!─ hizo lo mismo que Charles al ponerle la orquídea en la muñeca─ y ahora, hay que ir a bailar...haya...─ señaló a la pista.

─ Me parece bien, Robert.

─ Ehh...sólo llámame Bob.

─ Tú llámame Maggie─ dijo ella casi suspirando, mientras tomaba el brazo de él y ambos caminaron a la pista sin dejar de verse las caras.

Y es que esa noche, acaban de conocer lo que era el legendario amor a primera vista. Sin saberlo, esa sería la primera de muchas veces que estarían juntos, pues estaban destinados a quererse toda la vida; a tener hijos; a casarse y escapar al Nuevo Mundo, para estar unidos hasta que fueran un par de ancianos enjutos y cavaran adyacentes sus tumbas en un cementerio tranquilo sin pompas fúnebres...Un destino preescrito que esperó el momento oportuno, y una historia cuyas primeras palabras se escribieron esa noche, sin que ninguno de los protagonistas lo supiera.

Por otra parte, Ralph Lancaster tuvo como pareja ni más ni menos que a la inquieta Blair. Esa fue una pareja que se gustó en cuanto se vio y, que por lo fácil de sus perspectivas y sus temperamentos voraginosos, se cayeron bien en cuanto conversaron la primera charla, y que para el final de la primavera se hicieron novios y después se harían famosos por protagonizar más de un escándalo. Por andarse besando y acariciando desinhibidamente por los rincones en cada evento social al que asistían juntos. Porque Ralph se saltaba la barda del St. Marie para estar un rato con Blair en la huerta del colegio; porque un día los sorprendieron revolcándose como sabuesos en la azotea de uno de los edificios de la escuela; porque Blair se atrevió a meterse a escondidas en Eton, pasada la madrugada, y vestida de hombre; por que juntos andaban de parranda en parranda bebiendo, embriagándose hasta el tuétano.

Pero esa noche repitieron el protocolo. Blair tuvo su orquídea en la muñeca y bailaron valses un rato sin evitar reír por las bromas que ambos hacían, por criticar y burlarse de sus profesores y comunicarse los apodos de moda. Después bebieron tragos y tragos de wiskhy, coñac, champagne y vino tinto.

Pero nada de lo venidero importaba en ese presente, esa noche en que todos vivían y esperaban lo mejor de su futuro o no le daban importancia alguna. Y en la pista, tratando de seguir la coreografía que exigía un baile de salón como aquel. Charles observaba a su pareja, observaba a la Integra que nerviosa e incómoda parecía deshacerse como mantequilla o hacerse pequeñita para que nadie la viera. Él comenzaba a sentirse extraño por lo errático de su comportamiento, pero se contentaba al pensar que había impresionado a la chica.

─ Integra... ¿si te puedo llamar sólo Integra, verdad?

─ Ah... sí, sí, no veo por qué no.

─ Bueno, Integra, yo...me siento muy complacido de que seas mi pareja esta noche.

─ Sí, claro, gracias...

─ Ahhh, esa no es exactamente la respuesta que esperaba...

─ Entonces, ¿Aquí es donde yo debo decir: "igualmente, yo también", y no sé qué, y poner cara de oveja a medio morir?─ le preguntó totalmente desorientada y algo ansiosa.

Charles miró a Integra con total interrogación y moviendo la cabeza, rio:─ ¡Eres muy graciosa! Actúas como si nunca hubieras platicado con un muchacho─ dijo sonriendo de buena gana.

─ Pues no con muchos, aquí somos sólo chicas... ¡y que bueno que pienses que soy graciosa! La mayoría de las personas me encuentran temible, ¡aunque te aseguro que yo sólo mato cuando es necesario! (Charles abrió los ojos ante las indiscreciones de ella)... y creo que no debí decir eso último.

─ No, no, está bien...yo sé, yo sé a qué te dedicas, mi padre me lo contó. De hecho, él y el tuyo acord...

─ ¡Pero qué bonito vals es este!─ dijo Integra para que él no le dijera lo que estaba a punto.

En eso, el turno inaugural de la orquesta terminó y las parejas se hicieron una reverencia entre ellos, luego todos los demás invitados aplaudieron. Enseguida, entre los aplausos, la directora del colegio subió al estrado preparado esa noche, y pidió la palabra para darles el saludo a todos los asistentes. El saludo de la encopetada señora Philips (luciendo su escueta figura en su traje de luces y su cabello blanco platinado en un peinado alto) fue remunerado con aplausos. Antes de dejar el estrado anunció a la joven que daría las palabras oficiales de bienvenida en ese año:

─ ¡Recibamos con un aplauso a lady Amelia, decimocuarta condesa de Felton!

Al escuchar su nombre, la alumna miembro de la "cofradía", sonrió como si fuera una reina de belleza y caminó hasta el estrado levantando la barbilla, meneándose como un pavo real.

"Ojala se tropiece con la cola de su vestido", pensó Integra, "eso sería bueno". Y se la imaginó, toda como ella era; presuntuosa, ostentosa por tener un rancio abolengo, acicalada hasta el último detalle y enjoyada, cayendo de bruces sobre el piso ante la risa de todos. Pero nada de eso ocurrió. La joven condesa llegó el estrado, y acomodó el micrófono, comenzó a leer lo escrito. Integra juró que no estaba dispuesta a soportar el aburrido discurso y se dio la vuelta para salir de la pista. Charles la vio de reojo, bueno, ¡todos la vieron! Pero él se animó a seguirla y a tomarla del brazo:─ No seas descortés, milady, quédate hasta que ella termine de hablar.

─ No, ¡ni creas! ¡ya tengo sueño de solo empezar a escucharla!─ dijo ella fingiendo bostezar y siguió caminando.

Charles comenzó a acomodarse la corbata para disimular su bochorno, y regresó al grupo de escuchas en medio de la pista, llegó hasta donde estaban de nuevo reunidos sus compañeros: Lancaster y Walsh.

─ ¡Vaya amigo!─ le expresó Ralph Lancaster─ parece que tu chica es un "hueso duro de roer".

─ ¿No? ¡Casi no! ¿Se nota?─ contestó sarcástico él─ pero aun así, ella tiene "un no sé qué, que sé yo...", en fin, es encantadora, a su modo...

─ Sí, es muuuuy linda, con esa piel canela tiene un toque exótico y muy inglés a la vez. Ya habíamos oído hablar de Integra Hellsing. Es popular por despreciar a todo ser con testosterona que se le acerque, es "la reina fría", la "doncella de hierro", etcétera, ¡llámala como quieras! Pero ten en cuenta que necesitarás mucha suerte─ palmeó el hombro de Charles, casi con compasión.

─ Gracias, Lancaster, pero no la necesito...Mejor díganme, ¿ustedes qué?

─ Ah, ¡Pues yo muy bien!─ respondió Ralph─ Esa chica que me tocó es justo "lo que me recetó el doctor", creo que ella y yo nos divertiremos mucho y ¡haremos grandes cosas! ¿Y tú, Walsh?

Por toda contestación, Bob sólo suspiró mientras buscaba con la mirada a Maggie, que platicaba en voz baja con Blair y con Catherine (a quien le había tocado bailar con un tal Daniel Calne, que no le emocionó mucho). Cuando ella descubrió la mirada de él, no pudo menos que sonreír muy coqueta y suspirar.

Lancaster y Islands vieron la escena y se voltearon a mirar las caras con extrañeza.

─ ¡No! ¿No me digas que te enamoraste? ─ preguntó Lancaster.

Bob no contestaba.

─ Pues creo que sí─ repuso Charles─ ¿qué clase de idiota cae enamorado en unos minutos?

Mientras, Integra ya se abría paso entre las mesas de invitados atentos a lo que ocurría en el estrado. Ella iba subiéndose el escote del vestido sin observar ningún modal refinado, pues iba tratando de no caer en sus zapatos de tacón que sus pies primerizos, no aguantaban ya.

"¡Maldita sea! ¡Estos zapatos me están matando, y esto apenas comienza! ¡Tengo que hacer algo!" Con esos pensamientos tomó la dirección de los vestíbulos, tenía que descansar de su calzado, aunque fuera unos minutos.

Los vestíbulos eran unas pequeñas antesalas privadas de sillones púrpura, donde se podía reunir y charlar sin interrupciones, donde ella se fue a refugiar del sopor del protocolo y el dolor de sus dedos apachurrados contra la punta de su zapatilla de piel. Cuando ella se quitó los zapatos, descubrió que en sus meñiques comenzaban a formarse ampollas y se mordió los labios de preocupación al imaginarse el calvario que aún le aguardaba. Pero por lo pronto, sólo pensó en conseguir una buena cajetilla de cigarrillos para fomentar su naciente vicio, y liberarla un poco del estrés.

Afuera, el discurso de bienvenida había concluido y ahora el baile formal continuaba para todos por lo que los demás invitados podían bailar libremente, con algunas piezas de la orquesta que siguió a la de cámara y que ahora tocaba swing. Mientras unos hacían uso de la pista, otros invitados se entretenían en beber champagne y comer los bocadillos ofrecidos en cada mesa, charlar y reír.

De repente, Charles se quedó solo, buscando con la mirada a su pareja, mientras que sus compañeros estaban ocupados con las suyas. Y mientras él buscaba, se le acercó Roderick Hughes a palmearle la espalda: ─ ¡Enhorabuena, Charles! Te tocó un gran partido.

Charles fijo sus ojos de halcón en Roderick y no contestó:

─ Ya, ¡ya sé que la fui imprudente cuando hice ese comentario! Pero discúlpame, yo no lo sabía...

─ Mala suerte─ contestó sin mirarlo, siguiendo con su búsqueda visual, mientras se aferraba a su copa de champagne─ yo lo sabía desde hace mucho tiempo, y a diferencia de muchas parejas de esta noche que no tendrán un compromiso real, ¡yo me voy a casar con ella algún día! De eso no te quepa la menor duda, así que te recomiendo que no vuelvas a poner tus ojos en algo que es mío... ¡o me vas a conocer!

─ ¡Guau! ¡Qué delicado estas hoy, Islands!... Bueno, yo sólo venía a disculparme, pero si no quieres, quédate solo de nuevo, porque, ¡ha sí! No sabes dónde está ella, je, ¡ojala la halles para antes de que termine la noche! ─ extendió su copa y se despidió─ suerte.

Charles suspiró y bebió champagne para pasar el trago amargo. Era cierto, comenzaba a sentir vergüenza por no estar al lado de su pareja, como casi todos lo hacían (él, un etonian apuesto y de elite, que se vanagloriaba por ser un conquistador y tener citas a disposición con las chicas más bellas de la ciudad). Entonces volteó a ver si era observado y se alivió al ver que ni su padre aparecía en escena.: "seguramente está fumando habanos con los demás caballeros de la mesa", pensó, y estaba en lo cierto.

Sir Hugh, sir Walsh y sir Lancaster caminaban hacia el vestíbulo, habanos en mano, para charlar. Justamente, en una antesala adyacente estaba Integra con los pies descalzos subidos en un taburete, fumando un cigarrillo largo que le había vendido una camarera en el tocador de damas. Estaba relajada, incluso se había aflojado el peinado, cuando escuchó las voces de los tres caballeros:

─ Estoy muy contento de la suerte que tiene mi hijo─ decía sir Hugh─ ¡no le pude haber arreglado mejor matrimonio!

(La joven rubia se inquietó al escuchar aquello y al saber que no la veían, escuchó con atención)

─ Tienes razón, amigo─ contestaba el vicealmirante─ ¡ya casi no hay muchachas tan serias como esa!

─ Sí, fue bueno que Arthur y yo nos hayamos puesto de acuerdo, además, ¡mi hijo está muy contento con la idea!

─ Falta saber qué opina la joven dama─ observó otro caballero.

─ Pues no creo que este en contra de los deseos de su difunto padre, además, ¡mi hijo es todo lo que una señorita de sociedad puede pedir!

─ Bueno, como sea, ella es nuestra camarada, y no olvidemos que es miembro de nuestra sociedad. Ella es parte de la mesa redonda, y hasta ahora se ha conducido más que adecuadamente...para ser una muchacha. ─ dijo sir Pendwood.

─ Sí, es verdad, ¡ella es muy valiosa para nuestro país!─ agrego sir Hugh─ pero recordemos que hasta una reina debe tener un buen marido, ¿no pensaran que ella deba quedarse soltera?

─ Ah no, por supuesto que no, su dinastía se arruinaría, ¡y se vería terriblemente mal!─ dijo Pendwood.

─ Sí, y eso no le hubiera gustado a mi amigo Arthur, hizo bien en dejarla prometida en matrimonio con mi hijo, ¡en ninguna familia estará mejor que en la nuestra!

─ Sí, después de todo, es sólo una muchacha...necesita de un hombre que la guíe. ─ terció el vicealmirante.

"¡Es sólo una muchacha! ¡Es sólo una muchacha! ¡¿Qué se están creyendo?!", Integra sintió que sus mejillas enrojecían de rabia al saberse tan menospreciada, y sin hacer ruido, se levantó de su asiento y sin calzarse, zapatillas en mano, y de puntillas, (dejando abandonado el abanico) se fue del lugar, refunfuñando para sus adentros, sin salvar la cara y pensando, "¡¿qué necesito un hombre?! ¡Un hombre! ¡¿Y para que? ...¡Pues ni crean que me van a obligar a casarme con uno de estos etonians! ¡Todavía no saben quién es Integra Hellsing!": ─ ¡Sí cómo no! ¡¿Acaso creen que estoy pintada?!

Pero para esos momentos, el brindis ya se anunciaba, todas las parejas debían de brindar con los brazos y las copas cruzadas. Y Charles, Charles en esos momentos sudaba la gota gorda al no hallar a su pareja. Momentos antes, Agatha Collins había intentado consolarlo, había llegado hasta él, caminando y rodeándolo como una minina, hablándole con un tono casi melodioso: ─ ¡Charles! ¿Por qué estás tan solo?

─ Hola Agatha─ siempre caballeroso con las mujeres, no perdió la compostura─ no estoy solo, es que... ella ahora viene...

─ Bueno, estas así porque quieres, ¡ya sabes que cuentas conmigo para todo!

─ Gracias, Agatha.

─ Bueno, ya me voy, ¡nos vemos! ─ y le guiñó un ojo.

Pero Charles sólo deseaba hallar a Integra. Se fue a buscarla hacia los vestíbulos, por suerte, la vio caminando rápidamente y sin pensar ni observar fue hasta ella, la tomó del brazo sin decir nada y de regresó a la pista.

─ ¡Charles! ¿Qué estás haciendo? ─ preguntaba Integra sorprendida, descalza, y medio despeinada ya.

─ Integra, ¡¿Dónde te metiste?!─ sin dejar de caminar ni quedarse a mirarla, casi corrieron a la pista.

─ ¡Oye, espera, espera! ¿Cuál es la prisa?

─ ¡El brindis!

Por fin la miró a la cara, ya estaban a dos pasos de la pista, las parejas ya estaban dispuestas a brindar ante la atención de todos; los fotógrafos de los diarios más importantes de la ciudad disparaban sus flashes sobre los invitados para llenar las páginas de Sociales de la edición matutina. Apurado, Charles tomó dos copas de champagne de uno de los meseros que se paseaban por allí, le dio una a Integra y cuando todos dijeron, ¡Salud! Entrelazó el brazo al de ella y bebieron de la respectiva copa, en el preciso momento en que, una Integra sorprendida, derramándose de su boca el licor, a causa de la premura, fue captada por la cámara de un reportero del Daily Mirror. La imagen de la pareja: de un Charles absorto y de una Integra mirando al lente, desaliñada y con sus zapatillas en la mano, circuló al día siguiente en el diario londinense. Esa, y la secuencia que le siguió: Charles se dio cuenta de todo, entendió el ridículo que hicieron y se llevó la mano a la frente. Integra volteó a ver la seda de su vestido manchado por las gotas de champagne y se tornó aún más molesta de lo que ya estaba, ambos se dieron la espalda, enfurruñados.

Algunos más los vieron, las enemigas de Integra comenzaron a reírse. Para disimular, Charles sonrió, sacó el pañuelo de su levita y se lo ofreció a Integra, mientras le decía entre dientes:

─ ¡Por amor a Dios, cálzate y arréglate!─ sin dejar de sonreír a sus alrededores.

─ ¡No me hables en ese tono! ¡Tú tuviste la culpa!

─ ¡Bueno ya! Milady, que nos están mirando...

─ ¡¿A mí que me importa?!

─ ¡Lo que daría por que algo opacara este momento!...

Y sí ocurrió, Blair, ya encarrilada en copas, comenzó a decir en voz muy fuerte y alzando la mano: ─ ¡Salud! ¡Saludc a todos hoy, qué bonita noche, qué bueno que vinieron!

─ Sí, ¡qué bueno que vinieron! ¡Salud! ¡Salud!─ contestó Ralph, abrazándose a ella, casi en el mismo estado.

─ Bueno, ¡eso estuvo muy bien!─ dijo Charles, pues todos desviaron su atención a ellos.

Para cortar el momento, la directora hizo una seña a la orquesta de swing, para que continuara tocando, y todos comenzaron a bailar alegremente otra vez.

─ No fue para tanto─ dijo Integra limpiándose con el pañuelo ofrecido.

─ Como sea, ¡qué vergüenza hemos pasado!

─ Sólo cuando nos tomaron esas fotos.

─ Ya lo creo. Pero, ¿qué te pasa?

─ Estos malditos zapatos me lastimaron.

─ Entonces no habrá mucho que hacer, mejor nos vamos a sentar.

─ Sí, es lo mejor─ y echaron a caminar.

─ Dame, te ayudo con eso─ tomó las zapatillas en sus manos. Las observó un momento y se sonrió─ eres graciosa Integra, pareces una niña pequeña.

─ ¡Pues lo siento! Nunca había usado eso.

─ ¿No? La mayoría de las muchachas lo hacen desde la pubertad.

─ ¿Te parece que soy de las mayorías?─ pregunto irónica─ además, ¿crees que puedo matar zombis usando eso?

─ No, ¡tienes razón!

Llegaron al amplio jardín reverberado en retoños, hojas de ornato, sauces y árboles frutales, helechos y flores olorosas; jazmines, casa blancas y gardenias. Llegaron al cantar de los grillos y el paseo de las luciérnagas, caminaron hasta donde se iba opacando el barullo de la fiesta, donde Integra sentía el rocío del pasto entre sus dedos. Ambos observaron como algunas personas conversaban sentadas en las bancas de alambrón y ellos se sentaron en una que estaba cerca del estanque plagado de sapos.

─ Bueno, es un alivió estar aquí─ dijo él estirándose, quitándose la corbata y los guantes de gamuza chorreados en champagne─ allí adentró hay que estar posando todo el tiempo.

─ Sí, ¡es demasiada presión!

─ Lo más difícil de la fiesta ya pasó. En breve la orquesta se irá, así como la mayoría de los padres... ¡y la fiesta de nosotros empezará! Habrá música de tornamesas, luces neón...

─ ¿A, sí?

─ Sí, ¿nunca habías venido? Cada año es igual.

─ No.

─ Eres especial─ dijo sonriéndose─ en verdad.

─ Mejor di que soy un fenómeno.

─ No, eres...sólo diferente. Y por cierto, ¿qué vamos a hacer con esto? ─ señaló los zapatos que llevaba en la mano.

─ No los quiero, mira─ enseñó sus pies descalzos y Charles pudo ver los delicados dedos ampollados.

─ ¡Eso debe doler!

─ Sí, por eso me niego a seguir usándolos─ dijo tomando el par y lanzándolos uno por uno al estanque, donde se fueron hundiendo entre los saltos de los sapos.

─ Eso sí es algo que hay que ver para creer, ¡una chica que se deshace de sus zapatillas! Eres una heterodoxa cenicienta...

Ella hizo un mohín al recordar las duras palabras de sir Hugh: ─ No soy una cenicienta─ protestó─ ¡yo no necesito un patético príncipe azul que me rescate!─ y se abrazó a sí misma.

Él la observó, parecía tener frío, así que se quitó la levita y la echó sobre los angostos hombros desnudos. Ante ese típico gesto de caballerosidad, ella se sobresaltó, como si le hubieran echado un costal encima. Sin darle tiempo a reaccionar, él dijo:

─ En verdad te ves despeinada, déjame ayudarte con eso─ sin pedir permiso, Charles comenzó a deshacer el peinado por completo, Integra no podía hablar al sentir la cercanía de su compañero. La incomodaba, pero por alguna razón no lo detuvo, sólo se encogió en la levita, como si quisiera desaparecer dentro de ella, y al fin sus cabellos a medio ondular por el calor de las tenazas, cayeron sobre sus hombros.

─ Mejor, ¡te ves mejor ahora! ─ y por último puso uno de sus pasadores a un costado de la oreja.

En la cercanía del lord, ella pudo aspirar su aroma: coincidentemente, ¡era la misma fragancia que Alucard usaba! Sándalo, ámbar y roble... Aunque claro, el matiz del aroma era muy diferente, ¡mucho muy diferente! Entonces, Integra sintió un vacío inaudito en su pecho y no pudo evitar pensar en el vampiro. Miró a Charles con los ojos entrecerrados y pensó que él era un joven muy atractivo, que poseía grandes cualidades y a su edad se comportaba como un gran caballero de sociedad, pero la imagen del rey no muerto reaparecía por encima del heredero, por encima de todos, por más atractivo que fuera alguno de ese puñado de muchachos refinados, en comparación con el vampiro; con ese formidable ejemplar masculino, ¡los demás eran figurines de sastrería, muñecos acicalados de alguna juguetería! E integra se rio al razonarlo de ese modo.

─ ¡Qué bueno, te sonreíste!

─ Sí, ¡es que me conté un chiste que no me sabía!

─ Sí...claro, eso debe ser... Por cierto, ahora te ves...más linda...─ y clavo una mirada insistente en ella, que sin inmutarse dijo:

─ ¡Y aquí es donde empiezas a coquetearme! ¡Qué originales son los hombres!

─ Ah, Integra, por lo menos tengo que intentarlo, ¡es qué tú y yo...!

─ ¡Pero bueno! ¿Qué les pueden enseñar de nuevo en ese estirado colegio?

Ella lo volvió a interrumpir, cuando desde adentro, empezaron a escucharse alegres canciones de Frank Sinatra interpretadas por una cantante. Entre el suspiro de esa larga noche de primavera a Charles Islands se le volvieron a quedar atoradas las palabras en la garganta y se las tuvo que tragar por el momento. Con los brazos extendidos en el respaldo de la banca, miró a Integra como se mira una cumbre empinada y exhalo un suspiro de preocupación. Integra se hizo un ovillo dentro de la levita negra y volteó al lado contrario. Aspirando el aroma que despedía la prenda, cerró los ojos sólo para ver aparecer la imagen del vampiro ladino que desde hace tanto tiempo le robaba horas a sus noches e instantes a sus sueños: "Alucard...Alucard...eres, eres... ¡eres un asno!" Y sin poder evitarlo sonrió sin abrir los ojos.

A lo mejor sería porque su mente se conectaba a la presencia del vampiro como un localizador. A lo mejor ella lo sentía a distancia, porque a esa misma hora, el rey no muerto y el viejo mayordomo atravesaban la ciudad a bordo de uno de los autos de la casa, rumbo a las puertas del colegio, pues como ambos habían dispuesto; no podían dejar sola a su ama.

Continuará...

Notes:

Hay varios fan fictions donde se narra el compromiso de Integra con un hijo de sir Hugh Islands. Yo, desde que lo leí por primera vez, ¡simplemente me encantó la idea! De allí que yo haya rescatado eso del matrimonio arreglado entre ambas casas, porque creo que merece volverse fanon. De allí que ahora Integra se encuentre con un heredero Islands.

Por cierto, algunas cosas acerca del colegio para varones, Eton, son verdaderas y otras, por supuesto sólo las imaginé. El que sí es todo ficticio, es el colegio de Integra, el Collegue of our lady St. Marie , no existe y cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia XD.

Qué les pareció Charles Islands? Será buen o mal partido para Íntegra?