─ Walter, ¿falta mucho para llegar?

─ Ya hubiéramos llegado si no fuera por este maldito tráfico...

Ambos se desesperaban en sus asientos, Walter al volante, Alucard al lado suyo, tratando de matar el tiempo con un cigarrillo tras otro, cambiando con telequinesis las estaciones a la radio que sólo sintonizaba la AM y esparciendo las cenizas del tabaco en los tapetes del elegante Mercedes Benz clásico, descapotable, flamante, impecable...

─ ¡Pon esas cenizas en su lugar, con un demonio!

─ ¡Y todavía me ordenas como si te fuera a hacer caso!...

─ No sé por qué acepte venir contigo.

─ Porque no te quedaba de otra.

─ ¡Bah!

Walter se aflojó la corbata y aferró al volante, mientras se atascaban más y más entre decenas y decenas de autos avanzando a vuelta de rueda. En esa noche de viernes, por las avenidas céntricas, cada auto hacía sonar su claxon y Walter sentía que su cabeza explotaba.

─ Hubiera sido mejor no venir, porque tal vez nada malo vaya a ocurrirle.

─ ¿Bromeas? No estamos hablando de una niña cándida e indefensa, estamos hablando de ¡sir Integra Hellsing! Integra Hellsing, ¿crees que no corre peligro con personas normales?

El mayordomo se acomodó el monóculo y frunció el ceño: ─ Bueno, en todo caso, ¿a ti que te importa?

─ Pues me importa, es mi ama, juré protegerla. Eso pasó en el sótano...pero no estuviste allí, ¡claro! Deberías de haber estado. En primera, para protegerla de Richard, luego, porque si no te hubieras largado a "quien sabe dónde", ella no hubiera tenido que huir, ni abrir el sótano, ni despertarme y ahora vivirías muy tranquilo; tú y tu linda amita solamente, y no tendrías que soportarme ni ahora ni nunca... ¿lo ves?

Walter abrió los ojos y se pasmó al volante al escuchar al vampiro; como sea, él tenía razón:

─ Pues ya lo dice el dicho, "en el pecado se ha de llevar la penitencia..."─ dijo, arrepintiéndose como nunca de no haber estado en casa ese día.

─ Aja, sí, ¡como sea! Pero me queda una duda... ¿a qué y a dónde fuiste? ¿Qué era tan importante como para dejar sola a una huérfana? ¡A la huérfana que debías cuidar!

─ ¡Hey! Deja, déjaesa frecuencia, ¡cómo me trae recuerdos esa canción! ─ cambió de tema el mayordomo ante la mirada desconfiada y escrutadora de Alucard.

La vieja melodía de una cantante francesa se dejó escuchar:

─ La escuché mil veces en un café de París y la escuché mil veces cuando regresé a Londres.

─ Vaya con eso, ¡no sabía que eras tan romántico, viejo charlatán!─ expresó Alucard al escuchar la letra de la canción─ Pero aunque cambies de tema, yo sé que tú escondes algo, ¡y también sé que lo descubriré algún día!

─ Hay muchas cosas de mí que no sabes, ni aun porque me conoces desde que era un niño...

─ ¿Y eso tiene que ver con francesas también?

─ Sí, así es...

─ ¡Ah vaya! ¿Cómo la que nos visitó hace un rato? Estaba guapa...─ se quedó pensando un momento, con el cigarrillo en los labios, recargando el brazo en la ventanilla abierta.─ mejor me la hubiera "comido", a decir verdad, aún tengo hambre...

─ No puedes comerte a quien te dé la gana, y lo sabes. Además, ella era una invitada de la ama.

─ ¿Tú se la conseguiste?

─ Sí, conocía a la dueña de ese salón...nos conocimos de muy jóvenes, ¡Madame de la Roux! Vino aquí después de la gran guerra...toda la familia fue parte de la resistencia contra los nazis, ¡ella era muy valerosa también! Y bella, y encantadora, y yo... ¡yo era un simple muchacho del servicio!

Alucard miró de reojo al mayordomo con una expresión de malicia y burla y aprovechó que tenía el "corazón en la mano", para preguntarle cosas: ─ Así que, ¿la viste muchas veces?

─ Desde la adolescencia, hasta que ella se convirtió en la estilista personal de la madre de Integra...

─ ¡Ah, ya veo!─ el escuchar nombrar a la gran señora fallecida, le producía a Alucard una gran curiosidad, por ser desconocida para él y legendaria para los demás─ ¿por eso pensaste en la discípula, para Integra?

─ Sí, creo que me deje llevar por la nostalgia... ¡Qué triste es a veces la vida! ¡Que largos los años!

─ ¿Dónde está esa "madame", ahora?

─ Ella murió, murió hace mucho tiempo ya, enfermó de tuberculosis.

─ Ah y... ¿la querías mucho?

─ ¡Sí! La quise mucho, ¡la segunda mujer de la que me he enamorado de verdad en toda mi vida!

Al escuchar eso, Alucard se quedó viendo al mayordomo con una mezcla de sorpresa y burla y entonces se empezó a reír.

─ ¡Pero esto es increíble, increíble en verdad! ¡En verdad sí tuviste una vida sexual o amorosa!─ y reía mientras Walter se enfurecía cada vez más, haciendo crujir el cuero del volante bajo sus dedos─ ¡esto si es de antología! No me lo vas a creer, Walter, pero, ¡pero en algún momento yo llegué a pensar que eras homosexual!

Walter contrajo los músculos de la cara y comenzó a respirar rápidamente, mientras sus arrugadas mejillas se teñían de rojo ante la risa desenfrenada de Alucard.

─ ¡Esto sí es bueno! ¡Es muy bueno! ¡¿O no, o no Walter?!

─ Sí, sí, ya lo creo─ contestó él casi mascullando, fingiendo reírse con él─ ¡que chistoso! Pensabas que yo era homosexual, seguro, que risa...

─ ¿Verdad que sí?

─ Sí, sí, que gracioso...

En ese momento, aprovechando que Alucard estaba absorto en su burla, Walter se ajustó el cinturón de seguridad y repentinamente, en un juego de acelerar y frenar, hizo al auto convulsionarse, por lo que el cuerpo del vampiro sucumbió a la inercia, a la brusca sacudida que se produjo; su espalda chacoteó y su cabeza también, de atrás hacia delante con enorme fuerza y tan rápido que el rostro de Alucard se fue a estrellar de lleno contra el duro tablero del auto, y él no tuvo tiempo ni de meter las manos, por lo que un crujido seco se escuchó cuando recibió el brutal golpazo en plena cara, aterrizando con la nariz.

─ ¡Hijo de perra!─ gritó Alucard, pues ni él podía soportar el endiablado dolor de una horrible fractura de tabique.

Walter entonces empezó a reírse con ganas, al ver al burlón vampiro cerrando los ojos de puro dolor, chorreando grandes cantidades de sangre y flujo nasal. Alucard sólo podía pensar en el dolor de tener su tabique desecho, sentía que su nariz destrozada era un montón de piedras remolidas dentro de un costal...

─ ¡Eso es para que ensucies el auto con provecho, cabrón!

─ ¡Vete al demonio, maldito hijo de puta!─ dijo al sentir mojarse en su propia sangre: sus manos, su pechó; desde su vientre hasta la pretina del pantalón...Pero la hemorragia no demoró en parar; su nariz comenzó a sanar, hasta que el último fragmento de hueso quedó en su lugar y él dejo de sufrir.

─ ¿Ya ves? Si no fue para tanto, ¡nada más estaba bromeando contigo! ─ dijo al tiempo de la luz roja del semáforo

─ ¡Bromeando, bromeando! ¡Espantajo de mierda, esto lo vas a pagar! ¡Eso me dolió!

─ ¡Menos mal!

Alucard estaba a punto de ponerle las manos encima a Walter, cuando escuchó una voz a sus espaldas.

─ ¿Todo está bien por aquí?─ preguntó un oficial de policía, que notando la discusión, fue a asomarse por la ventanilla de Alucard.

El vampiro rápidamente se tapó la cara ensangrentada con las solapas de su gabardina negra, asomando tan sólo los ojos, dijo como si nada al policía: ─ ¡Sí, sí claro, oficial! ¡Todo anda de maravilla!

─ Me pareció notar que discutían...

─ ¡No, no para nada! ¿Cómo cree? ¡Lo que pasa es que estaba bromeando aquí con mi "abuelo"!

Walter de nuevo frunció el ceño.

─ Ah, ¿su abuelito? ¿Todo bien, caballero?

─ Sí, oficial, todo bien...

─ ¿Qué le pasó en la cara, amigo? Me parece que está sangrando, ¿y qué le pasó en los ojos?

─ Oficial, usted hace muchas preguntas.

─ No, no, pero es que...

─ Le digo oficial, ¡qué todo anda bien!

─ Pero como...

─ Todo...anda...bien...─ dijo Alucard usando sus poderes mentales de hipnosis ─ ¿me entendió?

El oficial de pronto quedó bajo la influencia del vampiro y asintió con la cabeza, dando la media vuelta según lo ordenó Alucard.

Luego, el rey no muerto volteó a mirar a Walter con odio, abrió la guantera sacando pañuelos desechables para limpiarse la cara y cerró el saco de cuello Mao, hasta el último botón para ocultar las grandes manchas rojas que el algodón de su camisa blanca ya había absorbido.

Walter contestó con un gesto de similar sentimiento, ambos desviaron sus miradas y no volvieron a dirigirse la palabra en todo el resto del camino. En sus mentes sólo anidaban un deseo y hacían una promesa; algún día desahogarían sus rencores.

Mientras que en St. Marie, la fiesta continuaba. La pista se llenaba de parejas, el salón de charlas y risas y el ambiente de fiesta al más puro estilo del jet set inglés. Afuera, en el amplio jardín oloroso a flores nocturnas, entre el rezongo de los sapos y demás criaturas, también podía escucharse el grave sonido de una voz que desde hacía rato entablaba un monologo que sólo era contestado por las leves miradas de una dama aburrida envuelta en la levita de un frac negro.

─ ...y así fue como yo fui a quedar dentro del grupo de los "chalecos plateados", tú sabes, ¡es la fraternidad más importante! Por cierto que mi padre está muy orgulloso de que yo pertenezca a ella y lo está más ahora que voy a ir a la facultad de leyes de Oxford... ¡estoy seguro de que todo irá bien! Ya quiero que se termine el semestre, será genial ser universitario, ¿no crees? ¿Tú también irás a Oxford, verdad?

─ ¿Qué? ¿Decías, me hablabas?─ se volteó Integra a mirarlo con total desenfado.

─ Ehhh, sí, de hecho, estaba intentando conversar contigo...

─¿Has estado hablando todo este tiempo? ¡Vaya!

Charles exhaló un suspiro y alzó su mirada al firmamento tachonado de estrellas como pidiendo a Dios y a todos los santos que le mandasen más paciencia para soportar los desaires de la bella orgullosa.

─ Y bueno, ¿qué decías?

─ Te preguntaba acerca de tu ingreso a la universidad, ¿irás a Oxford?

─ Sí, por supuesto, sí iré.

─ ¿Qué estudiarás?

─ Ciencias políticas ... aunque tal vez de última me decida por Historia.

─ Ya veo...─ se quedó pensando un momento cuando una idea le vino a la cabeza─ oye Integra, estamos muy apáticos, a decir verdad, creo que nos hace falta romper el hielo de una vez por todas, ¡te invitó este fin de semana a casa de Ralph Lancaster! ¡Estaremos de cacería!

─ ¿De cacería? ─ preguntó Integra mirando fijamente al lord.

─ Sí, de cacería...iremos todos los chicos y yo, pasaremos el fin de semana en la villa campestre. Lady Lancaster ya aceptó, así que nos la pasaremos toda la mañana cazando en los cientos de acres de su bosque privado...

─ ¿Y qué piensan cazar?

─ Pues...ciervos principalmente, pero no te preocupes, todos los animales fueron seleccionados sólo para eso, no mataremos a ninguno que no esté destinado para ello y lo mejor es que no podrán escapar, están dentro del perímetro.

Integra miró al jovencito aún más sorprendida y de la sorpresa pasó a la rabia, "no podrán escapar, están dentro del perímetro", entonces se decidió a confrontarlo: ─ ¡¿Y en verdad eso se te hace divertido, recreativo?!

─ Pues Integra, ¡es uno de los deportes con mayor tradición en nuestra sociedad!

─ Deporte, ¡deporte y un carajo! ¡¿Crees qué es muy recreativo perseguir a una pobre criatura indefensa en un lugar donde no hay escapatoria?!─ se levantó de la banca y miró a Charles a los ojos─ ¡¿Te crees muy valiente matando a sangre fría a una criatura que no se puede defender de ti, acorralarla, cerrarle el paso y que ella sólo pueda mirarte con angustia ?! ¡¿Qué diablos se creen ustedes?!

Charles se retrajo en su asiento y miró a Integra más que sorprendido: ella estaba molesta, con las manos a la cintura y reprendiéndolo y él sólo atinó a decir: ─ No es para tanto, era sólo una invitación, ¡no te enojes! Es que...

─ ¡Es qué nada!

─ Bueno, tú también matas...

─ ¡No compares! Yo mató monstruos, aberraciones, seres del mal...pero ustedes y su famosa cacería... ¡no! Esto ha sido bastante, ¡me marchó de aquí!

Y desprendiéndose de la levita, la arrojó a la banca y comenzó a caminar de regreso al salón, Charles le dio alcancé y la detuvo por un brazo, para que se quedara.

─ ¡Está bien, está bien! No volveré a mencionarte nada relacionado de ahora en adelante, ¡me disculpo!

─ ¿De ahora en adelante? Charles, ¿qué te hace pensar que habrá un "adelante"?

─ Integra, hablemos claro; tú y yo sabemos perfectamente porque nos reunieron esta noche.

─ Creo que no te entiendo─ fingió demencia.

─ ¡Ay, milady! ¿Para qué seguir haciéndonos tontos? Sabes perfectamente que tú y yo...

─ ¡Charles! Charles, ¿Dónde estás?

Ambos escucharon de repente la voz de sir Hugh que buscaba a su hijo, entonces Charles soltó a Integra y dio un paso hacia atrás, justó cuando su padre apareció al final de la vereda empedrada y los vio de lejos.

─ Charles, ¡allí estas muchacho! ¡Te había estado buscando!

─ Sí padre, aquí estoy.

Integra se cruzó de brazos y disimuló la mirada, sir Hugh llegó y la saludó con una sonrisa amistosa; "buenas noches, sir Integra, ¿cómo la está pasando?" Y no hizo preguntas ni comentarios que sobraban, todo lo dio por hecho y se hizo el desentendido, mientras que a la mente de la joven llegaron de nuevo las palabras que escuchó sin querer y tuvo que hacer un esfuerzo para disimular su enojo y sonreírle al caballero.

─ La...estoy pasando muy bien, sir Hugh, gracias por preguntar.

─ Ya lo creo. Integra, ¡me da mucho gusto verte está noche!

─ A mí también.

─ ¿Sabes? Así como luces, te pareces mucho a su difunta madre...

Al escuchar aquello, Integra miró intensamente a su camarada y vio una expresión llena de simpatía y hasta cariño. Y era verdad, pues no era que sir Hugh no la quisiera, pero tampoco podía luchar con decenas de años de una educación conservadora y decidir que Integra se bastaba ella sola, no. Además, para ganarse el completo respeto de todos los caballeros de la mesa redonda, a la heredera aún le faltaba senda por recorrer.

─ Bueno muchacho, yo sólo venía a avisarte que ya es tiempo de irme.

─ Sí, papá.

─ Pórtate bien el resto de la noche, y en casa de los Lancaster.

─ Sí, papá.

─ Nos veremos el...

─ No papá, el domingo no iré a casa y el lunes temprano regresaré al colegio con los demás...

─ Pero Charles...

─ Ya te dije lo que haré papá...no iré a casa el domingo ─ le dijo lleno de molestia, entornando los ojos.

─ Está bien, como quieras...Sir Integra, un placer.

Le dio una última mirada a su hijo y dio la media vuelta.

─ Mi padre siempre se preocupa tanto por mí...

─ Eso hacen los padres, al parecer.

─ Sí, aun así siento que ya no tengas a tu padre contigo...

─ ¡No me compadezcas! ¡No necesito la compasión de nadie! Y a decir verdad, ¡no sé qué rayos hago aquí, así que si me disculpas!

─ Y esa preocupación legítima de nuestros padres debe ser bien remunerada, ¿no crees?

─ ¿De qué hablas?

─ Integra, ¿fue el tuyo un buen padre?

─ ¿Por qué me preguntas eso? ¡Claro que fue un buen padre!

─ Sí, lo suponía, pues mi papá siempre habla tan bien de él...y yo creo que sir Arthur estaría muy orgulloso de ti, sobre todo porque eres una hija muy obediente, ¿verdad? Y yo considero que nada le daría más gusto que ver cumplidas sus últimas voluntades... ¿no lo crees así?

Integra entendió el tono chantajista de Charles y lo miró con ojos rencorosos, pero eso no evitó que pensará en el rostro sereno de su padre. Se lo imaginó sentado en su silla favorita de la biblioteca, donde solía darle sus clases; se lo imaginó dándole la noticia de su compromiso matrimonial con el hijo de su mejor amigo; casi pudo escuchar su voz hablándole de su boda, ¡de una maldita boda que tenía que llevarse a cabo tarde o temprano! Y entonces sintió que una jareta halaba de su cuello, al mismo tiempo que en su cabeza volvía a oír las palabras de Catherine Marshall: "aunque no nos guste... Somos mujeres y el mundo no es justo con nosotras, así que lo único que nos queda por hacer, es disfrutar de los beneficios". Tragó saliva e hizo un mohín exhalando un suspiro: "¡valor, valor! ¿qué eres? ¿Una mujer o un ratón?"

─ Sí, yo creo que, nada lo haría más feliz que ver...que ver que yo cumplo con todas sus expectativas─ dijo un tanto cabizbaja.

─ Ya lo creo, porque, ¡los padres siempre quieren lo mejor para nosotros! Ellos no nos pedirían hacer algo que no nos conviniera─ y seguía y seguía con su discurso en un tono tan falso que ni él mismo se creía.

─ Charles, si me disculpas...quiero regresar al salón. ─ y sin mirarlo echó a caminar al interior.

Para entonces, luces de neón comenzaban a preparase dentro. Como cada año, la fiesta para los estudiantes estaba por comenzar y se tocaba música moderna, mientras que los más serios y adultos asistentes le decían adiós a esa edición de la fiesta anual. Y los adolescentes sedientos de noches de diversión empezaban a juntarse en la pista, como atraídos por un imán.

─ ¿Cuándo va a empezar la fiesta de verdad?─ había preguntado Ralph Lancaster con un tono modorro, ya bajo el efecto de la quinta copa de whisky en las rocas. A punto de perder todo ápice de elegancia y haciendo un esfuerzo titánico para "comportándose" porque su padre estaba presente.

Sus deseos no tardaron en satisfacerse, con unas cuantas melodías de la orquesta, después de las cuales los integrantes dieron las gracias para retirarse, acompañados el aplauso del público, la secretaria de la señora Philiphs subió al escenario para anunciar lo siguiente programado y todo comenzó a prepararse.

─ Es hora de que los viejos nos vayamos por donde vinimos─ le dijo sir High a sir Randall Lancaster, palmeándole la espalda.

─ Sí, tienes razón─ contestó el sir, que no le quitaba los ojos de encima a su beodo hijo.

─ Oye, por cierto, gracias por soportar a los muchachos en la finca, el fin de semana.

─ ¡No es nada! Prefiero tenerlos cerca que "sabrá Dios" donde.

En los minutos siguientes el ambiente se transformó para dar paso a la música mezclada en torna mesas, acompañada de luces de colores psicodélicos en medio del salón medio oscuro.

─ Se los digo─ expresó sir Hugh gritando para hacerse escuchar─ ¡cada vez entiendo menos estas modas yanquis! ¡Si a eso le llaman bailar!

Y riendo, él y sir Lancaster se retiraron, mientras que el vicealmirante les daba alcance, después de haber dado bruscas recomendaciones al delirante Bob que apenas si escuchaba a su padre.

Salían los tres caballeros de la fiesta hacia el estacionamiento, cuando escucharon:

─ ¡Caballeros! Esperen un momento─ pidió Lord James─ discúlpenme, sé que este tal vez no sea el momento, pero deseo hablar con ustedes, es un asunto de la mesa directiva.

Y no tuvieron más remedio que aceptar.

Para esos momentos, Integra en verdad comenzaba a hacerse extrañar. Catherine, Maggie y Blair la buscaban con la mirada.

─ Y bueno, ¿dónde caramba se ha metido esta Hellsing?─ preguntó Catherine con las manos en la cintura, estirando el cuello como un periscopio y mirando a todos lados.

─ ¡No se preocupen! Creo que ella y Charles Islands ya ligaron... ¡deben de estar "conociéndose mejor"─ dijo Blair, riéndose.

─ Eso me extrañaría mucho de ella, aunque ahora que lo dices, no veo por ningún lado a Charles, ¿Tú ves a alguno de los dos, Maggie?... ¿Maggie? ¡Maggie!

─ ¿Qué? Ha perdón, no estaba escuchando.

─ Sí, ya vimos que estas en la luna.

─ No, sólo estoy enamorada.

─ Ah, ¡con razón! ...Pero, ¿enamorada? ¡Si apenas lo conoces!

─ Eso no importa...─ y recargó la barbilla en la mano, apoyando el codo sobre la mesa y mirando en dirección donde los famosos etoines ya aparecían.

Y al distinguir a Ralph, Blair comenzó a fumar de una manera lasciva, por lo que Catherine la reprendió

─ ¡Por Dios, Blair! ¿No me digas que tú también estas enamorada?

─ No seas tonta, ¿Yo enamorada de ese patán? ¡No, claro que no! Es sólo que me gusta... además besa muy rico.

─ ¡Eres una loca!

Y cuando los muchachos llegaron hasta ellas, se las llevaron a la pista y comenzaron a bailar. Sólo Catherine quedó sola, a decir verdad, su pareja muy poco soportaba la presión y se había escabullido desde hace rato. Considerando la posibilidad de marcharse, se detuvo al ver a Integra casi llegando a la mesa. Tuvo que enfocar bien la vista para reconocerla en su modificada apariencia, entre los cambios de luz y el desparpajo de las parejas.

─ ¡Integra! ¿Dónde estabas, mujer? Y, ¿qué te ha pasado? ¿Por qué estas toda despeinada?─ preguntó eso último con una sonrisita.

Entonces la joven rubia supo que no era buena idea contestar con la verdad: "Charles Islands me deshizo el peinado", ¿Qué es lo que su amiga iba a pensar?

─ Na...nada, es sólo que me harté de él y los desaté...

─ Ya veo, ¿y dónde te has metido?

─ Yo estaba tratando de sobrevivir a todo esto...no es mi "habitad", lo siento─ dijo sentándose a la mesa, apoderándose de la copa de Blair y acabándosela casi – necesito otro cigarrillo.

Buscó en el bolso de Blair y halló lo que buscaba, encendió y fumó de una manera que sólo un sediento se bebería en el desierto el agua.

Mientras que "la cofradía" observaba como era su costumbre, lo observaba tan bien que notaron la apariencia de Integra, la cual revelaba todo, menos que la heredera estuviera guardando compostura.

─ ¿Ya vieron a la zorra?─ dijo Isadora.

─ ¿Cuál zorra?─ preguntó la condesa Felton, medio despistada por el escándalo del baile.

─ ¿Cómo cual, idiota? ¡Integra Hellsing! ¿Hay otra? ¡Y miren nada más como viene la golfa esa! Seguro que ya hizo de las suyas con Charles Islands...

─ No me extrañaría, esa tipa es una mosca muerta─ agregó Agatha Collins

─ Ya lo creo─ repuso Isadora con una expresión de maldad pura.

En la mesa, con un segundo trago y el cigarro a punto de consumirse hasta el filtro, observada por su amiga que rio al notar que ella estaba descalza, la heredera vio entrar a Charles Islands por la puerta del jardín, venía sonriendo, con una actitud ufana. Muchos lo vieron, no podían evitarlo, él era uno de los más populares en Eton y fuera de él. Se notó que atravesó el salón, y que ya no tenía puesta la corbata, ni los guantes, que el cuello golondrino estaba desabrochado, la camisa desfajada, la pajarilla inexistente y la levita echada al hombro.

No hay que decir lo que "la cofradía" y algunos alumnos más sacaron en conclusión. Pero la cara de burla, las miradas insidiosas y las risitas que las venenosas muchachas le dedicaron a Integra de mesa a mesa, la hicieron palidecer.

─ ¡Integra!, ¿qué fue lo que...?

─ ¡Nada! ¡Te juro que no es nada de lo que estás pensando! ¡Te lo aseguro!

─ Está bien, Integra, yo te creo...pero...

Charles les dio alcance a sus amigos que bailaban enfilados delante de las muchachas, él, saludó a ambas con un amistoso beso en la mejilla. Justo en esos momentos la tanda de música terminaba, y el DJ anunciaba un descanso. Al ver aparecer de nuevo a Integra, Blair y Maggie fueron a reencontrársele

─ ¡Charles! ¿Dónde estabas, viejo?─ preguntó un desfajado y casi tambaleante Ralph.

─ Pueees, por "allí" – dijo riéndose con malicia.

─ Ah, Integra Hellsing, ¿estaba contigo?

─ ¡Ah mi ingenuo Bob! ¡Claro que estaba conmigo!... Es obvio, ¿no les parece?

─ ¿Ósea qué?─ preguntó Lancaster insinuando con ciertos gestos y ademanes a los que Charles sólo asintió─ ¡eres mi héroe, hombre!

─ Bueno, Islands─ agregó Bob que lo miraba muy serio ─ con esto compruebo que para pertenecer a esta fraternidad, ¡hace falta más que ser un caballero! ─Y dedicándole una mirada de desaprobación a Charles, (la cual por cierto a él le importó muy poco), Bob se dio la media vuelta.

En la mesa, Integra trataba de serenarse y fingir que por dentro no se sentía como una olla exprés a punto de reventar. Ella hacía y actuaba como si todo anduviera muy bien. Dueña de sus emociones, charlaba con sus amigas y contestaba a las bromas de la manera más tranquila, aunque eso sí, estaba muy lejos de sospechar siquiera que el Mercedes Benz ya estaba en el estacionamiento del colegio.

─ Walter... ¿nos vamos a quedar aquí sentados toda la noche?

─ Sólo vinimos a ver que todo estuviera en orden.

─ ¡Ah, pues sí! Y supongo que desde el auto nos vamos a percatar de todo, ¡en ese caso nos hubiéramos quedado en la mansión!

─ Bueno, ¿Y qué?, ¿Qué quieres hacer? ¿Pasar y que ella nos vea, qué luego se moleste por que andamos husmeando en sus asuntos? ¿Qué crea que no confiamos en ella?

Alucard ya no le contestó, sólo entornó los ojos, se cruzó de brazos y conformó con esperar, por el momento.

Y ambos se mantuvieron en silencio, no tenían nada que decirse y sólo el bullicio de la fiesta era lo que se podía escuchar. Walter, él seguía pensando en lo que dijo el vampiro y reflexionaba: "si no me hubiera ido, si en esos días no me hubiera marchado al Brasil, ¡no estuviera aquí!"

Mientras tanto, Alucard rememoraba ese pasaje con los eventos exactos: "sé que eres un viejo charlatán y que algún día se caerá tu mascara". Paseando sus dedos por los labios, pensaba en el hambre que aún tenía, pensaba en esa fea sensación de un hueco en el estómago, la misma que había tenido que soportar muchas veces, por largos periodos, como aquel en que fue amagado y encerrado en el calabozo del sótano. No le extrañó haberse convertido en un cadáver seco de pelada calavera, después de todo, se apagó de pura hambre e inanición..."Y ese bastardo de Walter que un día se dijo mi aliado, pero que a las primeras de cambio ayudó más que activo y feliz a que el amo me encerrará". Aunque se necesitaron más de una veintena de hombres para darle una paliza y dejarlo como un "Santo Cristo", y hubiera sido su amo el que le dio los "buenos días" con una carga entera de balas benditas en el corazón para dejarlo vulnerable y pudieran molerlo a garrotazo limpio. Aunque siempre un detalle que Alucard nunca esclareció del todo. Una presencia extraña que llegaba a las sesiones de sometimiento. Alucard nunca definió si era una persona u otra clase de ser, ni tampoco si lo soñaba, lo alucinaba o sólo lo recordaba, pero sí recordaba que Walter fue quien presenció todo, quien le puso la camisa de fuerza mientras no recuperaba el conocimiento y quien, después de esos largos veinte años, casi se cae de espaldas al verlo resucitado, al regresar de su viaje. Alucard nunca olvidaría ese reencuentro; la molestia de él, su contrariedad y desacuerdo.

"Ya me las pagarás, algún día", juró y juraba Alucard, pero ahora sólo se aburría como una ostra que no estaba dispuesta a seguir esperando, así que sin dar ninguna explicación, salió del auto.

─ ¡¿Alucard, a dónde vas?! ¡Espérate, espérate! ¡Alucard!

Pero el rey no muerto hizo oídos sordos y continuó caminando en dirección del salón. "Con suerte pueda beber un poco de sangre", pensaba lamiéndose los colmillos.

─ ¡Con un demonio, vampiro!

Walter no sabía qué hacer, estaba pensando en que era preferible; si enfrentar el posible enfado de Integra o dejar a Alucard a sus anchas.

Con grandes zancos, Alucard entró por la parte trasera del salón, cerca de los vestíbulos, entonces tomó más precaución y fue con cautela, embozándose en el cuello de la gabardina que traía puesta y no sabía porque pero experimentó una gran necesidad por ver a su ama, aunque fuera de lejos. Así que se escabulló hasta el salón, no entró al corazón del mismo, sólo se quedó atento tratando de distinguir entre las luces neón a Integra. Con su aguzada vista logro verla, logro verla cuando era halada a la pista por sus amigas. Al verla, él no pudo evitar sonreír de muy buena gana y se quedó oculto en las sombras unos minutos, observándola imitar a sus compañeras en ese baile extraño. Volvió a suspirar, se encogió de hombros y una vez satisfecha su curiosidad, se dio la vuelta hasta los vestíbulos: "tal vez Walter tenía razón, tal vez ella está muy bien y hemos venido aquí en vano..."

Decidió regresar, iba encendiendo un cigarrillo en su boca, cuando de repente sintió chocar con una persona y esa persona no era otra que la prefecta Norris, famosa en el colegio por ser una viuda reprimida con ganas de aventura y enamorada del amor.

La prefecta Norris (quien a pesar de superar los cuarenta, estaba de "muy buen ver"), dejaba salir todo su temperamento parrandero, su personalidad verdadera y sus ansias de vivir cuando se llenaba de alcohol, así que, al toparse con el vampiro, ella en vez de molestarse por casi derramar encima la copa, lo miró con el asombro con que se mira una maravilla y le sonrió como si lo conociera de toda la vida. Alucard que no sabía qué hacer ante esa lunática expresión, no se movió, pero la prefecta había decidido no dejarlo escapar, así que: ─ ¡Hola, guapo!─ decía riendo─ ¿de dónde has salido tú? ¡No te había visto!

─ Eh, yo, iba pasando por aquí...─ contestó respondiéndole la sonrisa.

─ Ah, ¿te perdiste? ─ decía arrastrando la lengua a causa del alcohol.

─ Algo así─ dijo riendo Alucard, saboreándose ya.

─ ¡Ah pues no te preocupes! ¡Ya no estás perdido! ¡Ya te encontré! Así que, ¿no quieres tomar una copa conmigo?

─ No tengo ni una maldita idea de quien seas, ¡pero sí! Sí quiero...

Y se dejó conducir por la mano que agarró la alcoholizada prefecta. Ella llegó directo a la barra de servicio que se escondía del salón junto a la cocina, y sin soltar al vampiro anunció a sus compañeros: ─ ¡Hey, muchachos! ¡Miren lo que me encontré allá atrás! ─ y le palmeaba el pecho como si fuera un cachorro─ lindo, ¿no?

Todos en la cocina miraron a la prefecta Norris con una mezcla de sorpresa y risa, intercambiando miradas, pero también escrutinio, cuando vieron a Alucard y a todos en la cocina les pareció como "un caballero muy extraño".

Cuando ella pidió una botella de vino de tinto, según gusto de Alucard, nadie se negó a dársela; ese era el estilo de prefecta, quien se sabía, había acabo con la mitad de la planta docente del colegio, (y sólo porque la otra mitad era de profesoras).

La insigne pareja se quedó a beber, allí cerca, en la alacena. Y Alucard tomaba directo de la botella, mientras que rellenaba la copa de la prefecta, charlando, sonriéndole y dejándose mimar, esperando que en cualquier momento la mujer perdiera el conocimiento y entonces poder alimentarse de ella, después de todo, a él no le desagradaba el sabor a sangre intoxicada con vino.

Afuera, Walter había decidido ir en busca del vampiro, o por lo menos estar atento y tratar de que Integra no lo viera. Bajó del auto, le estaba echando llave cuando escuchó voces conocidas, eran los caballeros de la mesa redonda que habían terminado su charla con lord James. El mayordomo no pudo evitar que lo vieran, en cuando sir Islands lo distinguió, se acercó a él para saludarlo: ─Walter, ¿qué haces aquí?

─ Eh, ¡sir Islands! Bueno, yo, vine por sir Integra.

─ Ah, haces bien, pero, ¿te la vas a llevar ya?

─ Eh, no, sólo estoy esperándola.

─ Ah, ¡muy bien!...

Y en medio de la fiesta, la secretaria de la señora Philiphs había decidido dar la orden de "ley seca", pues observaba que varios de los adolescentes estaban cayendo en un estado inconveniente, de modo que el alcohol dejó de desfilar de la cocina al salón. Integra y sus amigas dejaron de bailar en algún momento, y la rubia hacia esfuerzos por sobrellevar a Charles que se mostraba atento y solicito y que insistió en bailar con ella a pesar de que Integra mal fingía sonrisas agrias. Sin embargo, el colmo fue el momento en que el grupo regresó a la mesa. Entre el alboroto, los fotógrafos se surtían de material para llevar a sus respectivos diarios, después de todo, tener imágenes de los jóvenes aristócratas de la ciudad les iba a redituar. Charles descubrió acercándose a uno de ellos, con un gesto de halcón y astuto como era, se puso de pie, fue de espaldas a Integra y poniendo sus manos en los hombros, sin que ella tuviera tiempo de reaccionar, estampó un cariñoso beso en una de sus mejillas, en la comisura de la boca, justo cuando el fotógrafo disparaba la cámara.

Ella lo miró con ojos asombrados y rabiosos, pero él la ignoró yéndose a sentar como si nada con sus amigos, que en eso notaban la falta de licor. Entre esa discusión, en que Blair y Ralph fueron los primeros en protestar, el asunto del beso fortuito pasó desapercibido por el resto de los jóvenes, e Integra se sintió profundamente molesta y enfadada, insultada, burlada, utilizada y a nadie le importaba. Estaba sola en medio de un nido de víboras para cuyo veneno, su antídoto estaba comenzando a fallar. Tuvo que respirar profundo, pero no pudo evitar sentirse terriblemente mal por lo ocurrido. Ya había tenido demasiado, así que mientras Blair y su pareja discutían con los meseros y todos la ignoraban, ella se levantó bruscamente de la mesa y atravesó la pista de baile casi corriendo. Charles la vio meterse entre las parejas y sólo sonrió satisfecho: "eso es para que aprendas que a lord Charles Islands, ¡nadie lo desprecia o lo pone en ridículo!"

En la mesa, a pesar de ponerse impertinentes y tercos, ni una gota más de alcohol obtuvieron de los camareros. Pero las gargantas empedernidas de ambos obligaron a Blair a tomar una determinación: iría en persona a conseguir una botella a la cocina. Así que, haciendo equilibrio, la joven descarriada fue con toda determinación a llevar a cabo su diligencia mientras que Integra se escabullía una vez más. Necesitaba calmar sus nervios, sobreponerse.

En otro lugar del salón, Roderick conversaba con su prima Isadora, que graciosamente había quedado como su pareja.

─ ¡Maldita sea, no puedo creerlo! ¡Charles Islands pareja de Integra Hellsing! ─ decía Roderick, quien también estaba bastante tomado ya.

─ ¡Eres patético y estúpido! ─ le reclamó Isadora─ ¡mira que venir a hacer pareja contigo esta noche! ¡Qué tontería más grande! Y para colmo, estás interesado en esa zorra.

─ Tienes que aceptar que tiene muchas cualidades...además de un buen apellido, por supuesto.

─ Pues si tanto te interesa─ dijo Isadora, en tono maléfico─ ¿por qué no haces algo al respecto en vez de quedarte mirando como el grandísimo perdedor que eres?

─ ¡No me llames así, perra! ─ dijo muy violento él, tomando a su prima por la cara.

─ Ja ja, ¡mira como tiemblo, Roderick! Pues si tan indignado estás, deberías quitar tus asquerosas manos de encima mío e ir a ocuparlas en algo más provechoso.

─ ¿Qué dices?

─ Que si no quieres parecer tan patético como ahora, y dejar que Charles Islands se salga con la suya como siempre, deberías, ¡no! ¡Tienes que hacer algo al respecto!

A Roderick se le encendieron los ojos en rabia, y ahora que su prima había logrado azuzar su ánimo con el poder de su lengua bífida, estaba dispuesto a prestarle oídos.

─ ¿Qué es lo que sugieres?

─ Roderick, escúchame, esto es lo que debes hacer...

Afuera en el estacionamiento, sir Hugh había aprovechado su encuentro con Walter para preguntarle acerca de cómo marchaban las cosas en la casa, en la Institución y con la ama, aunque el mayordomo sólo pensaba en ir en busca del vampiro, le respondía lo mejor que podía. Cuando los dos se despidieron y el lord se fue, el mayordomo se apresuró a entrar al salón.

En la cocina, la prefecta estaba a punto de caer bajo el efecto del vino, reía apenas y casi no podía hablar ya, Alucard la observaba como una araña a una mosca, en su boca sentía desfilar hilos de saliva. Entre anaqueles de la despensa donde estaban sentados, estaba seguro que iba ser muy fácil escabullirse con su víctima sin que nadie los viera. Sólo era cuestión de minutos y él tendría una sabrosa cerna. De repente a la cocina llegó Blair exigiendo una botella de licor. Aunque los encargados intentaron detenerla, la jovencita, con aires de diva se abrió paso entre ellos amenazando con hacer despedir a todos si no la dejaban hacer lo que ella quería. La chica, en su desorientación, fue a buscar las botellas a la alacena, estaba buscando, justo cuando la prefecta perdió el conocimiento y Alucard estaba a punto de victimarla, mas al ver a la joven intrusa, se detuvo reconociendo en la muchacha a una de las amigas de su ama: "la he visto en la mansión, claro que sí".

Él trató de pasar desapercibido, estaba a punto de huir, cuando la muchacha fijó sus ojos en él, reconociendo de inmediato "al guapo guardaespaldas de su amiga", de quien tanto gustaba.

─ ¡Que me parta un rayo! No puedo creerlo, ¡eres tú! ¡Eres el guardaespaldas de Integra! ─ le dijo señalándole─ ¡sí que sí! ¡Eres el bombón que trabaja para ella! ¡Esta es mi noche de suerte!

Alucard no supo que hacer, la miraba confuso de ver lo mucho que distaba esa imagen del concepto de doncella aristócrata que él tenía, y sabiendo que no podía atravesar una pared o hacer algo extraño: ─ Un gusto saludarla, señorita, si me disculpa...

─ No, no, ¿cómo que si te disculpo? No, tú no te irás, ¡vas a ir conmigo a bailar!

─ ¿Yo?

─ Sí, tú, ¿o quieres disgustar a Integra? ¡Ella es mi mejor amiga y en la escuela compartimos casi todo! Así que vas a venir conmigo.

─ No, no, ese no es mi papel, yo tengo que irme.

─ ¡No seas así! Ven conmigo, anda, anda...nada más un rato, ¿sí?

El vampiro la miró divertido y se rascó la cabeza, definitivamente para él esas muchachas modernas eran un deleite; tan lindas y tan desenfadadas y la vez tan coquetas, con esas miradas suplicantes, como la que Blair le brindaba, que hasta le pareció una gran jugarreta aparecerse frente a su ama, aunque la hiciera rabiar. Así que aceptó ir con la muchacha, que festejó su triunfo con un grito de alegría y que se fue le cocina con botella y vampiro.

Y mientras que todo pasaba a su alrededor, Integra se había ido a buscar un lugar sin compañías. Como hallará ponche con "piquete" en una mesa larga que sirvió para ofrecer el buffet, se sirvió un vaso y se dedicó a pensar en todo lo ocurrido y tratar de serenar la mente: "es mejor irme de esta fiesta, ya he tenido suficiente". En eso estaba, cuando le llamó la atención un jovencito que lucía más preocupado y nervioso que ella, despeinado por estar rascándose la cabeza, hablaba consigo mismo mientras se aflojaba una y otra vez la corbata, su nombre era Daniel Calne y estaba tratando de hallar la manera de convivir más con su pareja de esa noche, intentando vencer su timidez excesiva. Integra sonrió al descubrir la graciosa estampa del muchacho de chaleco púrpura, después de todo: "siempre hay quien está más mortificado que uno".

No lejos de allí, Blair ya entraba tomando a Alucard por la mano, no paraba de decirle boberas y tontos argumentos para que se pasara el resto de la noche con ella, "tú patrona no se va a negar, ¡te digo que nos prestamos casi todo! Somos unas amigas muy unidas". Alucard, por su parte, estaba muy divertido de verse involucrado con una criatura como esa, y ya quería ver la cara de Integra cuando lo viera. En eso iba la curiosa pareja, cuando él pudo ver a Walter entrando al salón, distinguirlo al alongar el cuello y caminar en su dirección con el ceño fruncido

─ Oh no, niña, ni modo, ¡ya nos cayó el...!

─ ¡Alucard! Lo sabía, sabía que no podías estar sólo sin pretender causar atrocidades, ¿Dónde está la ama? ¿Y qué haces con esta señorita?

─ Ah pues es mi nueva amiga, ¿verdad...? ¿Cómo dices que te llamas?

─ Soy lady Blair Hamilton... ah...¡hola Walter!─ contestó haciendo equilibrio, entre risas e hipos de borrachez.

─ ¿Lady Blair?─ dijo Walter al reconocerla─ ¡pero señorita, mire en qué estado está!

─ No, si no es para tanto, ¡yo sólo me estoy divirtiendo de lo lindo!...

─ ¿Ya ves? "Sólo se está divirtiendo".

─ ¿Dónde está la ama?

─ No la he visto aún.

─ Integra, ¡debe andar por allí bailando, o algo así!─ contestó la muchacha, justo en el momento en que un escándalo provino del otro lado del salón.

Cuando Integra estaba sola, de repente se sintió observaba...y lo estaba. A su alrededor, a poco más de un metro, estaban las miembros de "la cofradía", la estaban mirando con burla y saña través de las sombras de la pista y las luces intermitentes. Allí estaba la condesa Felton, Agatha Collins y por supuesto Isadora Hughes, haciéndose notar por Integra. Isadora les decía algo a sus amigas, y están reían sin dejar de mirar a la rubia.

Integra se sintió convertirse en leona ante aquel insulto premeditado y sutil. Lo presintió. La heredera sabía que algo se traían entre manos y durante unos instantes se sintió inquieta, decidió marcharse de una vez por todas, dio la media vuelta cuando se topó de frente con Roderick Hughes. Ella se sorprendió al chocar, él sólo le contestó con una sonrisa burlona y malvada y unos ojos de sátiro que le hicieron pensar a ella que estaba frente a un lunático.

─ Oh, perdona por eso, con permiso─ dijo Integra tratando de pasar de largo, cuando él la sujetó por el brazo ─ ¡¿Oye, qué te pasa?! ¡Suéltame!

─ Me llamo Roderick Hughes ─ le contestó haciendo caso omiso a los reclamos y sin dejar de sonreírle.

─ ¡Yo no te pregunte tú nombre! ¡Te digo que me sueltes!

─ ¿Cuál es la prisa, encanto? Nada más quiero que nos conozcamos un poquito mejor, ¿sabes? Me gustas mucho... (La atraía hacia él con las dos manos en sus muñecas, ella podía aspirar el olor a cigarrillo y coñac)...eres una niña muy bonita.

─ ¡Suéltame te digo, asqueroso! ¡¿Quién te crees que eres?!

─ No te hagas la tonta, que ya todos nos dimos cuenta como acostumbras tratar con los que acabas de conocer...─ ante la risa burlona de él y esa infame insinuación, ella le dio un machucón, pero su pie desnudo no fue suficiente para hacerle daño y el agresor sonrió apretujándola a lo que Integra experimentó un torrente de adrenalina golpeando sus arterias.

─ ¡Suéltame o te vas a arrepentir!

─ ¡Oye, suéltala! ¡¿Qué no oyes que está diciendo que no?!─ gritó indignado Daniel Calne, que en ese momento olvidó toda inseguridad al ver a una dama en apuros.

Roderick se volteó a verlo incrédulo y amenazante: ─ ¿Tú, insecto, osas tratar de detenerme?

Daniel retrocedió sin saber qué hacer, pero como el gandul hubiera bajado la guardia, Integra lo aprovechó para zafarse de ese abusivo abrazo como sólo una experta en defensa personal sabe hacerlo y fue allí que se inició el desastre. Con el rodillazo en la ingle y un codazo en la espalda parecía haber vencido a su agresor, pero Roderick aún abatido, pudo jalar a la joven por la cola del vestido, rasgándolo mientras ella huía y fue cuando todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo para poner toda su atención en lo ocurrido. Bufando de dolor y rabia, Roderick Intentó abofetear a Integra, pero ella le detuvo la mano y regresó un puñetazo en plena boca. Aquello era una pelea de verdad, por lo que todos los cercanos los rodearon y fue cuando, quien sabe de dónde, raudo, feroz y veloz llegó Charles abalanzándose como un leopardo sobre Roderick. Ambos chicos fueron a caer sobre la mesa cercana partiéndola en dos:─ ¡Grandísimo hijo de perra! ¡Te dije que no volvieras a meterte con lo que es mío! ¡¿Me escuchaste?! ¡Mío!

Y con furia comenzaron a revolcarse en el suelo, a golpearse hasta que el escándalo fue mayúsculo. Integra sólo observaba atónita sin saber qué hacer, como observaban sus amigas, todos en el salón y por supuesto Walter y Alucard que se quedaron congelados, sorprendidos e inmóviles.

─ ¿Lo ves? ¡Te lo dije! ¡Te lo dije!

Bob y otros corrieron a separarlos quitándole de encima a Roderick, a un Charles con la cara partida pero iracundo, que lo montaba y no dejaba de golpearlo.

Todo fue muy rápido, el incidente, la golpiza y por supuesto la señora Philiphs que se abrió pasó para presenciar el escándalo y condenar a su culpable:─ ¡Integra Hellsing! ¡Tenías que ser tú! ─ mientras la señalaba con su largo índice y todos miraban a la rubia como a un monstruo horripilante ─ ¡siempre tú!

─ ¡Lady, milady Hellsing! ¡Sir Integra!─ dijo Alucard en voz muy alta, tratando de esbozarse de nuevo en su gabardina, mientras que seguido de Walter, se abría paso entre toda la gente que los rodeaba─ ¡Celebro hallarla! ¡Sir Integra! La hemos estado buscando, ¡tiene un cometido muy importante!

Eso fue lo único que se le ocurrió hacer a Alucard mientras veía a su ama correr peligro, fue lo único que atinó llevar a cabo para no acarrearle más dificultades, así que sin dirigirse a nadie más que a ella (que no podía reaccionar aún), llegó, la tomó de la mano: ─ ¡Es muy urgente que venga con nosotros, ¡la necesitamos!─ y la sacó de en medio de todo eso.

Sólo Walter le dio las buenas noches a la directora como si nada estuviera pasando: ─ ...si me permite, tengo que llevarme a lady Hellsing, es un asunto muy importante, milady, con su permiso.

Y se dio la media vuelta también.

Una vez afuera del salón, Alucard se detuvo, la miró respirando rápidamente, con las mejillas enrojecidas de ira e impotencia, el ceño fruncido, el semblante descompuesto: "ama, ¡no sabes cómo me hubiera gustado destrozar a ese niño estúpido y a cualquier otro que te hubiera hecho daño!", pero sólo lo pensó, no se lo dijo:─ Integra, ¿estás bien? No te preocupes, ya paso─ se quitó la gabardina y se la puso, cubriendo el vestido arruinado.

Y la joven, sólo exhaló un hondo suspiro y dijo: ─ ¿Qué están haciendo aquí tú y Walter?

─ Decidimos que era prudente venir a...ver que todo estuviera en orden.

─ ¡Ah pues que comedidos!

Cuando Walter los alcanzó, pudo comprobar que su ama estaba más que exhausta:─ ¿Todo está bien, señorita?─ le dijo tocándole el hombro e Integra que se abrazó al mayordomo para obtener su catarsis y terminar de tranquilizarse. Alucard no quiso seguir mirando cómo se desahogaba en brazos del sirviente (y no en los suyos) y se adelantó al auto.

Cuando los tres abordaron al Mercedes Benz, Integra envuelta en la gabardina del vampiro, sólo pensaba en el gran error cometido, en lo falsa que resultaba su pretensión de ser "normal" y de lo mucho que se arrepentía por haber venido: "odio al arrepentimiento, ¡lo odio!" Pero eso sí, tuvo su segundos de catarsis al aspirar el perfume de su tenebroso sirviente, "el mismo que el de ese Charles Islands", pero con las notas que sólo el aroma propio del vampiro le proporcionaba, las notas que la convertían en una fragancia exquisita.

Al verla tan taciturna, el vampiro sentado junto a ella le preguntó:─ Integra, ¿vas a llorar?

─ ¡No! ...¡Yo no lloro por babosadas!

─ ¡Ah, menos mal!

Y nadie dijo nada más hasta la mansión, donde Integra, apenas puso un pie fuera del auto, huyó a su habitación y no se le vería hasta muy entrado el mediodía del sábado.

El altercado prácticamente había terminado con la fiesta. El profesor líder de la casa de los "plateados", impuso serios castigos a Hughes y a Islands (que se excusó con toda hipocresía argumentando que fue una defensa a su honor y al de su futura esposa). El profesor les ordenó retirarse en esos momentos. No hay que decir la forma en que el veneno se esparció desde las bocas de la "cofradía", detrás de la retirada de lady Hellsing como una estela de pólvora amenazando con estallar.

A los magullados lores, los sacaron sus propios camaradas, mientras que Charles le juraba la guerra a Roderick, y lo metían al auto perteneciente a la casa Lancaster, con un bistec crudo sobre el rostro hinchado. A Ralph también tuvieron que "llegarlo" al auto. Entre dos colegas lo arrastraron hasta depositarlo junto a Islands, en el asiento trasero.

─ Oye...Chuck ... ¡qué buena pelea, viejo! ¡hip!─ dijo conteniendo apenas las ganas de vomitar dentro uno de los mejores autos de su padre.

─ Sí, es que un hombre tiene que hacer ─contestó riendo, sin soltar el bistec sobre su ojo ─ ¡lo que un hombre tiene que hacer!

Cuando el vehículo arrancó llevando además a Bob, Ralph ya había perdido el conocimiento y roncaba sonoramente. Detrás de ellos, sólo dejaron los residuos del Baile de la orquídea, cuya crónica iba a salir en tirajes y tirajes de papel periódico a la mañana siguiente.

oOo

Para la tarde del sábado, Alucard despertó temprano nuevamente, en verdad, su curiosidad por saber el desenlace de la historia lo hizo perder el sueño desde buena hora. Así que subió a buscar su respectiva dotación de sangre y se encontró de nuevo con el grupo de tórtolas que arremolinadas estaban leyendo muy atentas y como escondiéndose en un rincón, las páginas de los diarios por suscripción que en la mañana; Time, Daily Mirror y The sun, como hace décadas, llegaban puntuales cada a la puerta, junto con varios litros de leche.

Por alguna razón, Walter, apenas vio los diarios, no se los llevó al estudio de Integra, como siempre lo hacía, sino que los mandó al sótano juntó con toda la leña a quemarse en la caldera.

─ Buenas tardes, niñas.

Y ante la voz de Alucard las sirvientas se sobresaltaron pues sabían que estaban haciendo algo prohibido por Walter y por la ama de llaves, pero no pudiendo contener su curiosidad, fueron a rescatar los diarios para ver qué es lo que se escondía en ellos.

─ ¡Lord Alucard! ¡Nos asustó!

─ Haber niñas, díganme, ¿qué es lo que están haciendo?─ preguntó tan meloso como una profesora de preescolar.

Las chiquillas no pudieron oponer resistencia, además, le tenían confianza y lealtad suficiente para comentarle que Walter había prohibido mostrar los diarios a la ama.

─ Bueno, mis tórtolas, si son tan amables de enseñarme lo que están viendo.

Y una de ellas le entregó los periódicos en las manos, con una satisfacción y complacencia que si fuera una cachorrita, hubiera movido el rabo de puro gusto.

─ Está bien, chicas, les agradezco mucho─ dijo palmeando la cabeza de la chica.

Y tomando una bolsa médica del refrigerador, sorbiendo con una pajilla, se dirigió al comedor con los diarios en mano:─ Les agradezco tanto, nos veremos luego ─ sonriéndoles a todas que con eso se daban más que bien pagadas.

Pero cuando el vampiro vio la sección de sociales, observó las fotos del baile y leyó las crónicas, incluso llegó a perder el apetito. Cuando él observó las fotos junto con encabezados como: "Amor a primera vista", "Romance intercolegial", "Flechazo de primavera", y un montón de tontas y cursis frases, experimentó una sensación que ni siquiera podía descifrar: "Lord Charles Islands enamoradísimo de lady Integra Hellsing" y la foto impresa en el Daily Mirror de él besándola a ella.

Crónicas que relataban los sucesos en que "los dos jóvenes enamorados" se habían visto involucrados: "torbellino de pasión entre dos herederos. Al final de la noche lord Islands, defendió el honor de su dama..." Alucard experimentó repulsión al leer tantas tonterías, tantas ridiculeces juntas que sólo a los reporteros de la prensa rosa se les podían ocurrir escribir. Sintió que su sangre se agolpaba en su sien, no creyó que el sentimiento fuera de celos, porque para eso, él tendría que querer a su ama... y aquello, "está muy lejos de ser". Pero aunque él lo razonara de ese modo, los hechos, las fotos y las columnas que le dieron la vuelta a la ciudad entera, le molestaban tanto como una roca en el zapato o una espina en la carne. Pasando el trago amargo por la garganta, comenzó entonces a reír, luego a carcajearse: "Integra, Integra, ¡mira en que estupideces andas metida, niña!".

Y por último, como una venganza muy personal, dijo para sí con total menosprecio:

─ ¡Ay mi querida ama! Después de todo, ¡"algo" le tuviste que heredar a tu padre! No cabe duda, ¡de tal palo tal astilla!

Y sin pensarlo dos veces, tomó los ejemplares y se fue a buscarla, la halló en la escalera. Alucard la interceptó en el descanso, fingió estar leyendo con total interés y cuando la tuvo cerca le dijo:─ Oye Integra, ¡qué bien saliste en las fotos! Eres muy fotogénica, ama.

Mostrándole sin miramientos ni compasión las paginas llenas con imágenes suyas, las puso frente a sus ojos, a quemarropa y la expresión de ella, que casi se va de espaldas, en verdad para Alucard no tuvo precio: ─ Felicidades, Integra, "¡ya eres toda una dama!"─ decía con una mano en la cintura, con un tono irónico e hiriente─ y...no se bien que significa esto pero, ¡se ve que encajas a la perfección en esta sociedad!

Ella lo miró con los ojos a punto de derramar lágrimas. Él en verdad había logrado lastimarla como casi siempre que se lo proponía. Así que la muchacha corrió a refugiarse a su despacho, pero aunque tuvo que hacer esfuerzos sobre humanos, no derramó una sola lágrima, sólo se dedicó a mirar por la ventana morir la tarde, pensando en ese malvado niño aristócrata que en esos momentos asesinaba a su cuarto siervo en el bosque Lancaster. Pensando en lo que le esperaba el lunes en el colegio y arrepintiéndose como nunca de haber ido al baile: "¡odio arrepentirme, lo odio!".

Estallando, desquitó su irá en los recuerdos de la velada. Bajó hasta el cuarto de lavado donde halló el maltrecho vestido el cual hizo jirones con sus manos, luego, fue a echarlo al interior de la caldera, que en alguna noche fresca había de encenderse y arder hasta convertir la seda en cenizas, como deseaba que todo lo ocurrido en la noche anterior también se calcinara junto con el dolor escondido en su pecho que le decía: "él no me quiere... ¡él me odia en verdad!".

oOo

"Lo que me espera el lunes en la escuela"...El domingo se le fue como agua y se descubrió a sí misma sentada en el asiento trasero del Roll Royce, con el uniforme y la mochila en el hombro, a punto de llegar a su "prisión de máxima seguridad".

─ Hemos llegado milady─ dijo el chofer al momento de abrirle la portezuela.

Integra bajó de él, convertida en un zombi o algo parecido.

─ ¡Que tenga un excelente día, milady! Con su permiso.

Después de la reverencia, el chofer volvió al auto, ella se quedó de pie en la acerca, estrujando la correa de su bolso de lona y diciendo en voz baja:─ Dios te oiga.

La verdad es que pudo haberse escabullido y no entrar ese día a la escuela, pero ese no era su estilo. Escuchando retocar el campanario de la torre alta del colegio, con aplomo caminó al interior sintiendo que todas las miradas convergían en ella, y no bien hubiera llegado al vestíbulo para sacar sus libros del casillero, que en el pasillo todas sus compañeras se volvieron a verla con una sonrisa divertida, pues por todo el lugar habían sido pegadas las fotos de ella, recortes aparecidos en los diarios. Al fondo pudo descubrir a las miembros de la "Cofradía" terminando de pegar algunos con cinta adhesiva. Pero ella no se inmutó. Haciendo uso de su gran carácter, ni siquiera les dio el gusto de verla enfadarse, y con una sonrisa serena se dirigió a sacar sus libros de su propio casillero, mientras que sus amigas le daban alcance y le hacían toda clase de preguntas.

Isadora no desaprovechó la ocasión y fue a buscar guerra:

─ Bueno, ¡pero de veras que eres una zorra!, ¡y ni siquiera lo disimulas! Para colmo, ¡echaste a perder todo! Bueno, ¿no te da vergüenza?

─ Pues la verdad es que...no.

─ ¡Por tu culpa golpearon a mi primo, por tu culpa Charles Islands le ha declarado enemistad y ha dicho que "si por él fuera, un Islands y un Hughes nunca estarían en la misma habitación"! Y por ello, ¡me las vas a pagar!

─ ¡Mira, Isadora! Escúchame bien y trata de que tu cerebro con retraso entienda esto, ¡yo no tengo la culpa de las estupideces del patán de tu primo! ¡Así que déjame en paz! Eso él se lo buscó y yo no le pido ayuda a nadie, ¡mucho menos a Charles Islands!

Integra se alejó abrazando sus libros y no le prestó oídos, pero Isadora no se quedaría conforme, por lo que inició un acoso de maldades en contra de la rubia. Así que aparte de la mala voluntad de la señora Philiphs, exacerbada por el incidente del baile, la heredera tuvo que lidiar con la insidia de su terrible condiscípula. Sin embargo, el temple de la chica no estaba hecho para quebrarse por las maldades estudiantiles... sin embargo, la cuerda término rompiéndose por lo más delgado.

Meses después la joven Hughes encontraría un motivo perfecto para provocarla. Y ya que la verdad ni el tiempo la borra, la inicua joven llegó esa mañana de verano, sonriéndole muy ufana y satisfecha a Integra.

─ ¡Hay querida! Perdóname por todos los altercados que he tenido contigo pero, ahora sé que no tienes la culpa de todos tus...traumas.

Sí, a través de sus recuerdos y sueños de esa tarde, ese momento de en la mañana regresó a Integra.

─ ¡Ay Isadora, Isadora! ¿Cuándo será el día en que no pienses en mí? ¡Caray!

─ ¡¿Te crees la muy valiente?! ¡No eres mejor que ninguna de nosotras! ¡Aunque te hagas la mosca muerta...eres igualita a tu padre!

Al escuchar nombrar a sir Arthur, Integra se detuvo enfurecida hasta el tuétano:

─ ¿Qué dijiste?

─ ¡Qué ya sé qué clase de hombre era tu padre! Eh conseguido quien me lo cuente todo, y claro, del origen de tu madre, ¡por dios! Pero bueno, ¿qué se podía esperar de ti? Eres una lunática, ¡eres un fenómeno! Y con todo esto, no me extrañaría que también fueras medio invertida, ¡mira que rechazar a todos los hombres! Ósea, ¿cómo podrías hacer eso?

Sin darle tiempo a más, Integra que ya no pudo contenerse, le estampó un puñetazo en el ojo, la derribo y montó sobre de ella halándola de los cabellos. Isadora comenzó a gritar ante las agresiones que no sabía cómo repeler.

─ ¡Tú me las vas a pagar desgraciada! ¡De mis padres no habla mal, nadie!

Fue entonces cuando las prefectas fueron a sujetar a Integra, a reprenderla y llevarla a la oficina de la señora directora, fue entonces que ella quedó castigada para hacer el aseo en las aulas y por eso que, en esa tarde de viernes, tres semanas antes de la graduación, ella se había quedado dormida de calor en esa aula sin aire acondicionado.

"¡...Eres igualita a tu padre!, ¿qué habrá querido decir Isadora con eso?" Dormitando, llena de sopor, poco a poco, los sonidos de la tarde fueron trayéndola de vuelta a la realidad: las aves, las voces, los autos y el insistente rebotar de una pelota de baloncesto sobre el suelo; ¡zas, zas, zas! El sonido se esparcía y brincaba en las paredes y la despertó definitivamente. Abrió los ojos enfocando poco a poco y se encontró sola en el aula, con la blusa húmeda de sudor, un dolorcito de cabeza y un enrojecimiento en las manos consecuencia de los detergentes.

Se talló los ojos con el dorso, limpió sus gafas. Escuchaba desde el patio las risas de sus compañeras que iban saliendo del colegio, observó a unas cuantas conocidas, ¡y también a sus amigas! Reconoció desde esa altura a Blair que, botando una pelota de baloncesto, caminaba junto a Catherine y a Maggie. De repente fueron llamadas por el claxon de un auto negro, deportivo y convertible que se había estacionado al frente. Integra lo reconoció, era el auto que el vicealmirante había comprado a Bob una semana atrás, como premio a su excelente promedio. Traía el estéreo a todo volumen. Una estridente canción de Guns and Roses se dejaba escuchar.

Las tres chicas corrieron a subir al flamante BMW, y a saludar a los que, desde el baile, eran sus inseparables, a Ralph y Bob ya sin el elegante uniforme de Eton. El auto arrancó, e Integra se lo quedó viendo hasta desaparecer de su vista.

Su contemplación se vio interrumpida cuando abrieron la puerta: ─ ¡Hellsing! Ah, veo que ya terminaste con tu castigo... ¡ahora ve a la oficina de la señora directora!

─ ¿Otra vez? ¿Y ahora que quiere "lady momia"?

─ ¡No seas grosera, Hellsing! Ella quiere que estés presente en la reunión, te está esperando allá abajo...alguien vino de tu casa para hablar con ella respecto a tu conducta.

─ ¡¿Qué?! Pero si Walter no está...

─ ¡Mira yo no sé! Nada más me dijeron que te avisara que requieren tu presencia...

─ Está bien, prefecta Norris.

─ Bueno, cuando salgas cierras la puerta, entregas al intendente el material de la limpieza y las llaves.

La prefecta Norris se alejó dejando a Integra con la duda: "¿cómo que vino alguien de mi casa? Eso no puede ser". Cinco minutos más tarde, la muchacha salía del aula cargando sus pertenencias. Ahora no podía librarse del ardor de las manos, el dolor de cabeza, o el calor en el cuerpo. Abandonó los estropajos y fregones, sólo estaba pensando en su reunión con la directora sin saber que era lo que le esperaba y por cierto...dejó la puerta abierta.

Continuará...