VI

Magdalenas

La señora Philiphs tuvo que sujetarse de la silla, aferrarse a las coderas y contraerse en el respaldo para poder recobrarse en sí misma y dar crédito a lo que estaba escuchando y viendo. Desencajada, miraba a Alucard delante suyo y por un momento le pareció que un ser de otro mundo le clavaba los ojos encima; dos pupilas efervescentes que se encendían.

El vampiro sentía que había acabado con la cúspide de su discusión, con las palabras que había dicho hasta hace unos momentos con un tono que se asemejó a la embestida de un toro de lidia. Entonces, recobró la calma y volvió a tomar asiento sin despegar los ojos de encima a la directora que respiraba onda y profundo y se había tornado más pálida que la cera; todo, producto de la ira.

─Bueno…esto…sí es…una total locura…Jamás, ¡jamás en todos mi años como educadora me había topado con una familia de esta clase! ¡Dios santísimo se apiade de mí!─ y se persignó levantando los ojos a la cruz que había arriba del marco de la puerta de su despacho.

─Me parece, milady, que usted y yo tenemos algunas cosas que aclarar, antes de ponernos a gritar como un par de neandertales.

─¡¿Le parece?!

─Desde luego, viéndolo con más calma, la verdad es que ambos nos hemos ofuscado─ dijo a modo de disculpa, no quería que su proceder fuera a afectar a su ama y rectificó, suspirando hondo y largo.

─¡Esto es más de lo que yo pueda tolerar!

─No será por mucho tiempo, se lo aseguro, de todas maneras, mi sobrina ya se marcha de esta institución en unas semanas.

─Bien, eso podría ser un consuelo para mí. ─aún agitada y acalorada, más por la discusión que por los más de treinta y dos grados Celsius del ambiente─ sin embargo, ¡todas, absolutamente todas nuestras alumnas, están "casadas" con su colegio y …todos sabrán que lady Hellsing egresó de este muy renombrado! Entonces, ¡¿qué dirán de mí?! ¡¿Cómo quedaré ante mis antecesoras y sucesoras?!

Alucard la miró y luego se sonrió. Para él, ese asunto del prestigio no tendría ningún inconveniente, lo veía resuelto desde ya.

─¿Ya ves como discutir con la señora Philiphs, no tiene caso?─ intervino Integra, quien ya se sentía la vencedora absoluta de la discusión.

─Puede ser, yo no sé, ¿cómo saberlo si no hemos llegado a una conclusión? Qué espero, sea satisfactoria para ambas partes….

─¡No me venga usted con eso, señor Brenner! ¡Qué estoy a punto de hacerlos desalojar de esta oficina!

El vampiro evaluó la situación y la halló más simple y banal de lo que en un principio creía. Ante él sólo vio a una mujer anticuada víctima de un estrecho concepto sobre la importancia de la vida. De cualquier forma, sabía que su ama estaba y estaría incrustada en ese mundo que personas como la estirada anciana de ojos grises, se empeñaban en construir, por lo que, sacando un cigarrillo del bolsillo, lo encendió y dijo con parsimonia:─Sí milady, creo que usted y yo aún podremos llegar a un acuerdo─…y se atrevió a mirarla con sus ojos de fuego al descubierto de todo encubrimiento, apoyando el codo en su escritorio y sonriéndole con tal seguridad que la directora súbitamente decidió prestarle oídos.

─¡Oye, Aluc…Tío! No quiero estar más aquí, ¿tan sólo podremos irnos? ¿Qué es lo que le vas a decir?

Alucard medio miró a Integra y le respondió:─Te prometo que no tardaré, por lo pronto, ¿podrías esperarme afuera, por favor?

Al escuchar aquello, Integra sintió que su quijada llegaba al suelo, no podía creer que él le estuviera dando órdenes:─Pe…pe…¡pero!

─Integra….─y estrechó una de sus manos en la suya y la miró como hasta entonces nunca lo había hecho, con una súplica casi ronroneante ─ por favor, sal de la oficina, ¡te prometo que no tardaré!

Pupilas con pupilas, Integra pareció haber recibido algún tipo de mensaje especial, por lo que tragó espeso y asintió con la cabeza; se levantó lentamente de la silla, tomó su bolso de lona y sin despegarle los ojos encima al vampiro, salió cerrando la puerta tras de sí.

"¿Qué le irá a decir? ¿Qué está planeando?" Se puso a pensar Integra, y se quedó de espaldas a la puerta y la voz de la secretaria la sacó de sus pensamientos.

─Ni creas que vas a quedarte allí a escuchar la conversación de adentro…

Un, "no era mi intención" y una cara de asco, fue lo que la secretaria obtuvo de la rubia, que inmediatamente se encaminó fuera del despachó, a buscar mejor aire que respirar.

─Veo, señora, que ambos nos hemos tratado como un par de impertinentes─ decía el vampiro al interior del despacho─ en ese tenor, yo aceptó que me excedí, y por ello pido disculpas.

Inclinó la cabeza hacia la enjuta dama, a la cual no le quedó más remedio que aceptar las dispensas del caballero, y precisamente por eso, porque le habían pedido el perdón con toda corrección.

─Veo que después de todo, demuestra usted la nobleza de su familia.

─Gracias. Sin embargo, debo decirle que usted se equivoca respecto a Integra…se equivoca a tal grado, que su error no le ha permitido ver, lo que para otras personas podría ser tan evidente.

─¿Cómo dice? ¡¿A qué se refiere?! ¡Créame que usted conoce menos a esa jovencita de lo que yo, que he tratado reeducarla por seis largos años! Además, ¡no puede decir nada al respecto, pues la voz de la experiencia, siempre tendrá más sabiduría!

─¡Estoy de acuerdo! Puede ser que la falta de experiencia lleve al error, pero también es cierto que el exceso de ella, puede conducir al prejuicio.

─Hable claro de una vez e ignoraré que me llamó prejuiciosa.

─Usted…no tiene ni la menor idea de quien es Integra…No sabe siquiera la capital importancia que ella tiene.

Por un momento, la señora Philiphs pareció desconcertarse y frunció aún más el ceño en una actitud interrogante.

─Usted está preocupada por el legado, el prestigio y la trascendencia…pues bien, no debe al respecto…estoy seguro de que mi sobrina superará con creces cualquier expectativa.

─¿A sí? ¿Y cómo es que hará eso?─ preguntó y sonrió incrédula.

─Porque ella posee un espíritu inquebrantable…ella es casi una mujer, una mujer con un corazón temerario, que no le se amedrenta ante nada, lo sé, oh, yo lo sé…Ese ímpetu excesivo, que usted considera como un defecto, en realidad es una cualidad…

─No veo como, no en una sociedad como la nuestra…

─Hay quienes simple y sencillamente no nacieron para amoldarse, además, no diría lo mismo si Integra fuera un varón. Nadie la criticaría, al contrario, dirían que conduce su vida perfectamente, que posee gran coraje y valía y lo admirarían por ello, entonces, ¿por qué no pueden, simple y sencillamente darle un poco de respeto a mi sobrina?…

─Se le da el que merece…ni más ni menos.

─No, se equivoca usted y lamento no poder decirle las razones exactas, pero debe escucharme muy bien cuando le digo…─y levantó como un lanza su largo y señorial índice derecho─ usted no tiene idea de lo que hace y dice con respecto a lady Hellsing, no la tiene, porque si así fuera, ¡no la obligaría a fregar pisos y ventanas!

La directora miró a Alucard y se sonrió divertida e incrédula, para ella, Integra no era más que una punzante piedra en el zapato, una de la que estaba contenta de poder librarse pronto. Y en cuanto al discurso de Alucard, la señora lo tomó como los argumentos hiperbólicos que todo familiar enajenado con su criatura, solía dar para defenderla. Sin embargo, algo en el hombre que tenía enfrente la hacía sentir un temor irrazonable y una necesidad de brindarle respeto, por eso, y por el consuelo de que en unas semanas no vería a la chiquilla en su colegio, resolvió decir:─Ya veo, que usted, ¡cómo todo familiar defiende a capa y espada a su retoño! Está por demás decírselo milord, pero, ¡el amor nos ciega! Y el beneficiario de nuestros sentimientos, es siempre un estuche de monerías ante nuestros ojos…Pero bueno, parece que es hora de hacer un arreglo, según parece…

─Muy inteligente de su parte apuntarlo, es cierto, hemos llegado a esa parte…─con cierta molestia se pasó el dedo por el cuello redondo de la camiseta. "Amor", y la palabra junto a toda su carga semántica, lo hizo incomodarse.

─¿Qué es lo que ofrece usted?

─Milady─ se puso de pie casi de un golpe, caminó unos pasos con las manos a la espalda─ si usted hace el esfuerzo por tolerar, ¡ya no aceptar! A mi querida sobrina, yo le prometo que ella reivindicará cualquier falla que haya tenido en este presente…lo único que debemos hacer es darle tiempo y veremos ante nosotros algo casi inverosímil, difícil de comprender, pero no de admirar, se lo aseguro…

─Explíquese…

─Le repito, es una lástima que ahora no pueda, pero yo... ¡yo le juro!...─ se detuvo de nuevo frente a la directora, en el escritorio─¡yo le juro por el honor de mi familia que Inglaterra no olvidará fácilmente el apellido Hellsing…! Y allí, ganará usted en su prestigio.

La señora Philiphs, lo escuchó, con ciertas reservas, pero asintió frente a Alucard, que le hablaba con una seguridad y un aplomo pleno.

─ Está bien, creo que nos hemos puesto de acuerdo en algo, aunque no le entiendo, señor Brenner, ya que lo que yo intentó enseñarle a Integra, en este colegio, entre otras cosas es la manera en como una señorita debe actuar en la vida diaria, como debe respetar y dar respetar su nombre y así, ser digna de la sociedad a la que pertenece y del apellido que herede.

─Pero ella ha heredado todo de su padre, ¿qué más podría hacerle falta? ¿De qué apellido habla?

─¿De cuál va a ser? ¡Pues del apellido que su esposo le dé, por supuesto!

─¿Esposo?─ preguntó Alucard tomando asiento nuevamente, sintiendo como si su propia manzana de Adán se le atorara en la tráquea y lo ahogara─¿esposo dice? (y la palabra misma pareció quemarle los labios de sólo pronunciarla).

─¡Claro, desde luego señor Brenner! Una de las principales misiones de esta institución es formar a las alumnas para ser unas esposas dignas e ideales, de hecho, es parte del plan curricular; asignaturas como Etiqueta, por ejemplo, hacen de las niñas, mujeres refinadas para brindar orgullo a sus esposos y a sus familias políticas…

Alucard trataba de asimilar, lo que el juzgaba un "montón de tonterías juntas", el sólo hecho de imaginar a su ama tomando el té, vestida de rosa, charlando con amiguitas insulsas de tonterías de sociedad, le producía una mezcla de asco y risa, pero lo otro…esposo, ¡esposo! Nada más de pensar que algún día un petulante "y asqueroso niño de sociedad, hijo de mala madre, cachorro mimado, mal nacido…", pudiera llegar a nombrarse su amo y señor, no por derecho de sangre, sino por consorcio, hacía que el vampiro se demoliera por dentro, sintiera que sus entrañas explotaban y que en cualquier momento iba a lograr la transformación canina para salir huyendo de la oficina con la cola entre las piernas.

─¿Se siente usted bien?

─Ah, sí, sí, es sólo que…creo que el calor me está haciendo mella.

─Comprendo…y volviendo al tema del matrimonio, sería bueno ponerlo al tanto en lo que respecta al prospecto de lady Hellsing.

─¿Cómo dice?

─Que ahora mismo le voy a mostrar quien es su futuro esposo…No todas las alumnas tienen la fortuna de estar comprometidas desde el nacimiento, ¡menos con un partido de tan noble cuna! Pero su sobrina lo ha estado desde hace años…─buscaba en el enorme expediente una carpeta─ ella está comprometida con lord Charles Islands, hijo de sir Hugh Islands, parte del gabinete personal de Su Majestad…

Y puso al frente la carpeta con información del susodicho joven: fotografías de él que lo mostraban desde su infancia; algo sobre su trayectoria académica; su historia familiar; el noble árbol genealógico y por supuesto, ¡su blondo retrato actual! De él, a los dieciocho años…Entonces, Alucard pudo reconocer en ese joven aristócrata con casco y casaca para montar, ¡al rubio que besaba a Integra! En la foto que él mismo vampiro vio aparecida en el Daily Mirroraquella mañana de hace tres meses.

─Cuando una señorita tiene un prometido desde la cuna, pedimos que se nos dé un pequeño expediente del mismo, para archivarlo, por supuesto…Este joven es una joya, es uno de los mejores estudiantes del colegio Eton y heredero de una cuantiosa fortuna, por ello, ¡debo felicitarlo! La familia Hellsing hará una gran alianza cuando se concrete esa unión en unos años…

Pero el vampiro ya no escuchaba, sólo pasaba hoja tras hoja contenida en la carpeta de papel; veía las fotografías, las reseñas y los datos que decían que ese jovencito de mejillas sonrosadas (y pulso en las arterias), era el estereotipo perfecto del príncipe azul y hasta maldijo con todas las palabrotas del averno a sir Hugh por haberlo engendrado. Pero más se maldijo a sí mismo por estar sintiendo lo que estaba sintiendo; simplemente no le hallaba definición al estorbo en el pecho, a la obstrucción de la garganta, al calor de las sienes, al vacío en el estómago y en lo que quedaba de su alma…

Con grande esfuerzo, continuó la charla con la señora Philiphs, como si nada pasara, ante todo, quería saber lo posible acerca de ese compromiso:─Y dígame, ¿ellos ya se conocen, no es así?

─Sí, precisamente, lo hicieron formalmente hace tres meses, en nuestro conocido Baile de la orquidea, ya se lo comenté, uno de los dos chicos que pelearon por su causa─ y entorno los ojos─ fue precisamente lord Charles, pero lo que pienso es que, si una señorita es lo suficientemente seria, no tiene por qué dar cabida a ese tipo de situaciones, seguramente ella estaba coquetean…

─Ya, milady, creo que acabamos de quedar en un acuerdo─ espetó Alucard, parando sus habladurías con un ademán de la mano derecha y desviando la mirada, no quería escuchar eso de su ama, sin embargo…

─Ah, y me parece que de eso también tengo que hablarme, milord…acerca del comportamiento ehhh, "sentimental" de su sobrina…─hizo como que le costaba trabajo decir el eufemismo.

─¿Qué pasa con eso?

─Verá, no es que me consté que Integra sea un tanto, "inquieta", pero la noche de la fiesta, y de verdad no se lo quería mencionar…me parece que hay motivos para pensar que ella y lord Charles tuvieron escarceos amorosos en el jardín…(Alucard abrió desmesuradamente los ojos y puso una cara que sólo se comparaba a la que puso el día que doctor Abraham le clavo una estaca en el corazón)…verá, yo sé que a esta edad de efervescencia hormonal, los chicos pueden llegar a ser muy "hiperactivos", sin embargo, es muy importante que le refuercen en casa los valores del recato, ya que aquí se les aconseja que preserven su virtud a cualquier costo, ante todo, somos una escuela de corte religioso, y como usted sabe, consideramos grave falta moral y pecado que nuestras alumnas no llegasen vírgenes al matrimonio…

La directora tuvo que parar un momento su eufemístico discurso, porque su interlocutor estaba clavado como estatua, fruncía los labios y apretaba los puños de indignación, por fin, arrastrando la lengua preguntó: ─¿Está usted segura de eso?

─Tan segura como de la santidad de Cristo resucitado, no, pero como le repito, tenemos buenas razones para creerlo, incluso el testimonio de una de nuestras más renombradas alumnas, precisamente la joven condesa de Felton dijo haberlos visto en una situación…"nada decorosa", junto al estanque, la noche de la fiesta, después, Integra entró al salón, estaba descalza y despeinada, y el joven, ¡vaya! Pues venía desfajado y visiblemente… (Alucard movía la cabeza negativamente, sintiéndose consternado y furioso) bueno, como le decía, no voy a dudar de las palabras de la condesa, ¡ella es una joven tan ejemplar, tan virtuosa y sincera… sería incapaz de mentirme en un asunto tan delicado, cuando ella misma me pidió que moderará la actitud de sus compañeras, por el bien de este colegio!

Alucard quiso decir palabra y no pudo, quiso maldecir o salir de allí, pero supo que sería un desastre.

─Entiendo su indignación y su consternación, señor Brenner, pero era necesario que lo supiera…además, creo que la causa de ese comportamiento, puede ser la mala influencia de una de sus intimas amigas…la relación que su sobrina tiene con la señorita Hamilton, Eve Blair es su nombre…

Para acentuar más su desasosiego, Alucard vio la imagen de la lasciva y provocadora B, se acordó de su atrevimiento, de su liviandad y hasta se arrepintió de haber deseado que "su ama fuera así de divertida como ella". Entonces, enojado y celoso (aunque no lo admitiera ni para sí mismo), no le costó trabajo dar crédito a las palabras de la directora.

─….porque ya lo dice el dicho, "el que con lobos anda, a aullar se enseña" y también acuérdese que, "dime con quién andas y te diré quién eres". Pero realmente, no hemos podido hacer nada con la conducta de esta muchacha descarriada, ¡Dios me perdone! Pero esa niña, Blair, es la María Magdalena en nuestro rebaño, a quien desearíamos redimir…

─María Magdalena…─repitió entre dientes Alucard, mientras se sobaba las sienes con la mirada en el suelo.

─Así es, y como toda manzana podrida, es posible que corrompa a las demás que se le acercan, no querríamos más magdalenas en nuestras filas…

Al escuchar esa comparación de Integra con esa celebre mujer bíblica, Alucard casi brincó en su asiento. Comprendió entonces que no tenía caso seguir allí, hasta se sintió ridículo por haber abogado tan apasionadamente por su ama. El discurso de la directora, la estocada perfecta con que había ganado esa batalla, y a su memoria regresaron las fotos en los periódicos; el retrato de Charles Islands; las palabras de la directora; la imagen de Blair y por encima de todo; los recuerdos de las costumbres libertinas de sir Arthur… ¡No! ¡Es que su doncella inmaculada a quien tan fielmente servía, no podía ser eso que la directora decía! No podía ser, porque ella siempre era tan seria, tan entregada a su trabajo, tan fiel a la memoria de su padre…Sin embargo su misma conciencia lo traicionaba; "de tal palo, tal astilla". Sus prejuicios y pensamientos lo atormentaban todos juntos, "yo puedo ser un hombrezuelo bajo, ruin, ladino, ¡sucio!... ¡pero ella no!"…

─Sólo una pregunta, milady…

─¿Cuál?

─¿Tiene conocimiento de que…lord Islands y mi sobrina se hayan seguido viendo, es decir, que tengan una relación de noviazgo?

─Pues, no lo sé con certeza, de la vida privada de su sobrina sabemos bien poco, pero, a juzgar que lady Hamilton y lady Parrish llevan tórridos romances con sus parejas del baile, no podemos descartar esa opción.

Lo último que le faltaba saber, lo que quiso creer por culpa del despecho; "Mi ama es una niña hipócrita…", y se levantó respirando hondo, despidiéndose de la directora con palabras secas:─Bueno, le agradezco su tiempo, milady Philiphs…yo, le aseguro que mi sobrina ya no dará más problemas y que hablaré con ella respecto a lo que me acaba de comunicar…

─Lo siento mucho, pero era mejor que lo supiera…

─Sí, sí, sí…no se preocupe. Lamento las molestias causadas─ le extendió la mano, la estrechó, suspiró hondo y antes de marcharse dijo─ pero una cosa sí le digo; un hombre que se apura a seducir a una joven doncella y no la protege del escándalo, como lord Islands hizo… ¡decididamente no es un caballero! Con su permiso, que tenga una excelente tarde…

"¡Pero eso, eso me pasa por idiota! ¿Quién diablos me mandó venir aquí?"

Así, con todas sus creencias, muy viejas (como la del pundonor y la honra de una doncella) y nuevas (como el derecho de una mujer a reinar y gobernar aún por encima de los prejuicios sociales), revueltas en su cabeza; con un montón de sentimientos ofuscados en su pecho y su mente; con la marejada del enfado circundándolo, cerró la puerta del despacho tras de sí, sintiendo que en verdad, llevaba el rabo entre las piernas.

Continuará...