X

La Conferencia de Vampiros Unidos de Gran Bretaña e Irlanda

"¡No me detendré, no me detendré, no lo haré!" Pensaba él mientras corría calle arriba, semidesnudo y manchado de su propio sangre. Acababa de abrocharse bien el cinturón y aún era perseguido por una mujer sin cabales que le aconsejaba no continuara con una búsqueda a ciegas.

Veía los transeúntes, las luces nocturnas, los autos; escuchaba voces, música proveniente de muchas partes, motores y claxons de autos silbando sin cesar en esa loca noche veraniega de viernes, en ese Londres ensordecedor que se devoraba el paradero de su ama.

Pero antes de llegar a la esquina con la calle Wigmore, un recuerdo algo vedado cruzó por su mente: "se acaba de ir en un convertible negro BMW con un montón de niños escandalosos", y al recordarlo se detuvo en seco, haciendo incluso rechinar sus zapatos deportivos en el pavimento mojado.

Con sus grandes ojos bien fijos en la máquina estacionada afuera de un club nocturno, repitió en voz baja:─"La muchacha con la que venía se acaba de ir en un convertible negro BMW"…Un…convertible…negro – le dijo el hombre de la gasolinera, ¿cómo había pasado por alto esa pista? ¿Cómo no se le ocurrió preguntar el año del modelo exacto? ¿Las placas? ¿Alguna seña en particular? Porque el auto que tenía frente a sus ojos era un BMW del año, negro y convertible, ¡y por el diablo que tenía grandes posibilidades de que fuera aquel en el que escapó su ama!

En eso pensaba y se sonrió, pero entonces sintió un par de manos que chocaron contra su espalda; otra carrera había sido abruptamente frenada y alcanzó a atascarse en el conde. Sixtina Lo giudice había casi tropezado contra él, a punto de derribarlo al suelo por tercera vez en la noche, pero Alucard logró mantenerse de pie y la detuvo a ella por los hombros, pero no bien estuvieron apoyados en el suelo, que él dio un salto hacia atrás poniendo sus manos como escudo:─No, no, no, ¡no quiero más de tus "muestras de afecto"! Por esta noche he tenido suficiente, ¡gracias! Así que… ¿por qué mejor no te vas por dónde viniste?

─No…yo no, yo no te iba a hacer nada más, ¡pido paz!─ dijo ella alzado la palma a la altura de su corazón─ sólo escúchame…

─Ya te dije que no tengo tiempo para ti, es por demás que tú…

─¡No! Perdona por lo que hice, ¡a veces no soy yo! Es cierto, ya no estoy del todo cuerda… ¡este montón de años encima!

─Ah decir verdad yo tampoco soy el epitome de la cordura, ¡pero esa no es justificación para que casi me hallas violado!

─Al principio estabas contento…Y no exageres, hubiera encontrado "ciertos" impedimentos para abusarte─ respondió ella viéndolo un poco recelosa ante lo que juzgaba una exageración.

─Eso sí─ dijo rascándose la nuca─ de todos modos por hoy tuve suficiente...Y ahora si me disculpas, tengo que hacer mis pesquisas─ y emprendió la marcha hacia la entrada del club, custodiada por un inmenso tipo de color que miraba a todos indolentemente, con los brazos cruzados, mientras que docenas de jóvenes le pedían por una oportunidad de entrar.

─¿A dónde vas?─ le preguntó Sixtina al ver las intenciones de su ex amo.

─Ya te lo dije.

─No puedes buscar a lo tonto a alguien, ¡no sabes si ella está allí!

─Puede ser…tengo una pista.

─¿A sí? ¿Cuál?

─Ese BMW de allá…El hombre que vio partir a mi ama me dijo que había huido con un montón de niños en un convertible negro…y pues…

─Eso desde luego es diferente, ya tienes algo…

─Claro que sí.

Y se aproximaron más y más, a medida que lo hacían escuchaban la música ensordecedora, el cuchicheo de toda la gente dentro y fuera, y miraban las luces neón de un cartel luminoso en la entrada:

221 B

Bar Club

Antes de entrar, el vampiro tenía pensado asomarse al interior del auto custodiado por dos Ballet Parkin. Siempre seguido de Sixtina, él llegó muy cerca y trepó a la acera de junto fingiendo cotidianidad, al acercarse mucho escuchó que los empleados charlaban.

─¿Y nos quedaremos cuidando el auto hasta que el dueño salga?

─¿Qué? ¿No te bastó la propina que nos dejó el mocoso ese? Además ya sabes que este "muchacho" no cabía en el estacionamiento, hoy estamos llenos.

─¿Este es el auto?─ preguntó ella en voz alta, mientras que Alucard discretamente husmeaba buscando pistas que le dijeran que pertenecía a un adolescente (y vio en el suelo del asiento trasero una pelota de baloncesto, recordando que Blair y las otras colegialas habían estado en la escuela jugando, precisamente, baloncesto).

─Sí, y, ¿podrías dejar de seguirme? ¿A qué horas te dije que podías hacerlo?…

─Me da igual, no me importa si tengo autorización o no─ contestó cándida otra vez, encogiéndose de hombros─ Pero, me preguntaba, ¿quieres pasar al pub a buscar?

─Pues claro que sí.

─Oh, bueno, es que…podrías ahorrarte ese bochornoso intento─ y ella le señaló la larga fila de personas esperando por entrar.

─¿Cómo crees que yo voy a ser fila? ¡Alucard nunca hace filas!

─Por eso…

─¿Por eso, qué?

─Que yo conozco a los dueños de este lugar y podemos entrar por la parte trasera, pasar desapercibidos y sin problemas, si quieres…

─¿Cómo? Conoces a… ¿y por qué no me lo habías dicho?

─Porque no me habías preguntado. Entonces…

─Sí, sí, la verdad es que prefiero tu alternativa…

─Perfecto─ y sonrió─ sólo sígueme.

Alucard había pasado por el lugar correcto, en el momento correcto, porque en cuanto los dos se dieron la vuelta, por la puerta del lugar salieron Bob Walsh y Maggie tomados de la mano, dándose besos apasionados se abrazaron muy fuerte antes de dirigirse al auto, darle otra propina a los ballets parking, arrancar y dejar el lugar para ir a quien sabe dónde.

De camino a la entrada por el callejón trasero del lugar, Alucard iba terminando de limpiarse la cara, observándose en los reflejos de los autos; sangre ya casi seca embarrada en algunas partes de su rostro, goterones rojos adheridos a su camiseta de algodón; se veía tan desaliñado que prefirió subir la bragueta del hoddie que llevaba para ocultar las señales de las heridas.

─Sí que pegas fuerte…─le dijo Alucard a Sixtina.

─Gracias─ le respondió ella con una sonrisa─ por cierto, antes de que sigamos, ¡por lo que más quieras Vlad, prométeme una cosa!

─¿Qué cosa?

─Prométeme que no te meterás en la vida de ellos, es decir, son decentes, sólo tratan de ganarse la no─vida pacíficamente.

─Y yo ya te he dicho que no molesto a las criaturas que no se meten en problemas, por muy de la noche que sean, así que debes creer que si no me veo obligado a hacer mi trabajo, simplemente no lo hago…No es que me haya enamorado de pronto de la justicia o que me hayan brotado los escrúpulos.

Esa respuesta fue suficiente para Sixtina quien asintió:─Te van a caer bien, son un trío de hermanos, ¡tan italianos y vampiros como yo!

Al cabo de unos minutos, la vampireza tocaba la estrecha puerta trasera con algún tipo de clave, mientras era observada por Alucard que esperaba recargado en la pared. No tardaron mucho en escuchar pasos provenientes de dentro y cuando el dueño asomó la cara, ellos se encontraron con uno de los hermanos Cacciatore que en cuanto vio a Sixtina, sus pupilas hirvientes se encendieron aún más y una colmilluda sonrisa se le dibujo de oreja a oreja antes de abrir los brazos como un abanico y exclamar:─Ciao donna! – y se saludaron con un cálido abrazo─ come stai? ¿Por qué ya no habías venido a visitarnos?

─¡Oh, scusi! Pero he estado un tanto ocupada y la verdad es que soy una mala amiga y no hubiera venido a tocar a tu puerta de no ser por una petición.

─¡Oh pero no te preocupes! Yo encantado y dime, ¿cuál es?

─¡Sólo que nos dejes pasar gratis a tu club!

Hasta ese momento, el elegante y refinado vampiro reparó en la presencia de Alucard quien le sonreía con indolencia.

─Oh, ya veo, es que traes invitados está noche─ lo dijo con algo de precaución.

─Sí, pero no hay ningún problema, es uno de nosotros…

─Lo sé, puedo verlo…

─Te presento a…a un amigo mío muy querido, él es…

─Piacere─ contestó Alucard que no quería que lo presentaran con su antiguo nombre─Il mio nome e' Alucard.

─Piacere, Io sono Giulio Cacciatore, y los amigos de Sixtina, son mis amigos también─y le dio la mano al rey no muerto─ ma, avanti, avanti!

Una vez dentro caminaron por un estrecho pasillo iluminado con lámparas de luz roja, alfombrado y decorado con exquisito gusto, con un estilo victoriano, con cuadros y litografías de la época. Giulio Cacciatore los guiaba cuando aparecieron los otros dos hermanos; Sicilia y Lorenzo.

─Ciao Sixtina!─ dijeron ruidosamente ambos al unísono, alegres y amigables.

─¡Cuánto tiempo de no vernos! Ni siquiera viniste a la inauguración del club…─ le dijo la hermana.

─ Lo sé, soy tan mala amiga─ le contestó mientras los saludaba a ambos con un beso en cada mejilla.

Alucard observaba la escena y observaba al trío de hermanos también; muy bien vestidos, refinados, guapos, altos, delgados; hablaban con un marcado acento italiano adrede conservado; gesticulaban como si todo lo hubieran ensayado en sus marfileñas caras de esculpidas facciones.

Cuando Alucard fue notado, Sicilia dejó de saludar a su amiga, se acercó a él y pidió fueran presentados con toda formalidad. Ella era una mujer de cuerpo alto y voluptuoso; usaba un vestido fino, elegante y provocativo; su cabello largo y lacio estaba artificialmente teñido con un color vino tinto; su rostro bien maquillado, sus ojos enormes y claros enmarcados por un par de poderosas cejas negras; se adornaba con vistosas joyas y usaba un perfume embriagador; una vampireza en toda la extensión de la palabra, una que hacía ver a Sixtina como una desaliñada y paupérrima hippie.

Ella saludó al rey no muerto con dos besos en la mejilla y lo mismo hizo Lorenzo. Tan plástico y exageradamente elegante como su hermana; tenía los mismos ademanes glamorosos y vestía de conocidos diseñadores italianos; hablaba mucho y se reía escandalosamente; era amigable, obvia y perfectamente homosexual.

─Molto piacere!─ expresó con la misma sonrisa de oreja a oreja, antes de tomar por los hombros y besar dos veces a Alucard en la mejilla, quien sólo se sonrío divertido, notando la inclinación sexual del anfitrión.

─¡Está noche hay que celebrar que nuestra amiga Tina ha venido al club!─ dijo Sicilia, quien hablaba y se movía tan sensual como si todo le fuera a producir un orgasmo.

─Claro que sí. Avanti, avanti─ indicó Giulio, mientras que Sicilia abrazaba a Alucard y a Sixtina por los hombros.

─Grazie─ respondieron ambos, dejándose llevar.

Siendo conducidos a una sala acogedora también decorada en tonos rojizos: el tapiz, la alfombra y las luces; amueblado con un exquisito mobiliario de la era victoriana (divanes, burós, mesa para póker, una cantina bien surtida con lo mejor en licores), esta sala daba a un cancel balcón por el cual se podía ver bien todo el club (y sin que los dueños fueran molestados), a su vez conectaba con la oficina, y por un corredor a la bodega de licores, camerinos, baños y salidas de emergencias.

Fueron invitados a sentarse y les ofrecieron licor y tabaco. Alucard aceptó el cigarrillo cubano y pidió saber dónde podía hablar por teléfono (se le ocurría que Integra hubiera regresado ya, que mientras él buscaba, a lo mejor ella estaba en la mansión, y quería agotar esa posibilidad), por lo que pasó al despacho privado y marcó con rapidez el número de la casa, y después de esperar unos minutos escuchó la voz delgada de una de las tórtolas respondiéndole:

─¡Buenas noches milord! ¿La ama? No, no ha regresado desde hoy muy temprano cuando la llevaron a la escuela…Pensamos que estaba con usted. ¿Acaso no es así? Porque ahora mismo nos estábamos preguntando si ella vendría a merendar...Oh bueno en ese caso, sí claro, claro…No se preocupe, no diremos nada al respecto…no, ni al señor Walter. Él ha llamado, dice que volverá el domingo en la mañana, sí, pero no diremos que usted y la ama llegarán tarde. Sí milord, sí. Buenas noches, hasta luego.

Y cuando la tórtola colgó el auricular y se escuchó la línea muerta, Alucard vio perdida su última esperanza. A sus espaldas descubrió que la oficina, levantada en otra planta por sobre el nivel del club, también tenía una gran ventana con cristales por los cuales podía ver sin ser visto. Se acercó lentamente, se pegó al cristal como un niño ante un aparador de juguetes y agudizó bien la mirada para buscar entre todos aquellos asistentes: la noche de viernes, el nuevo club llenó de jóvenes adultos y adolescentes bailando, escuchando la música y charlando en grupos, bajo las luces neón parpadeantes. Él se quedó un rato allí mirando, pero era bastante difícil dar con un paradero entre aquella muchedumbre alegre. Suspiró profundo y decidió regresar donde sus anfitriones.

Tal vez lo hizo justo a tiempo para no descubrirla aún, porque a lo mejor hubiera notado a la pareja de adolescentes vestidas de colegialas que salieron del baño para unirse de nuevo a la fiesta. Blair y la rubia más buscada de la ciudad habían estado tratando de hallar a Margarett Parrish sin éxito, mientras Catherine Marshall se divertía con un chico que había conocido en medio del ajetreo de la pista. Hacían su regreso por el pasillo perfumado con un aroma artificial a moras mezclado con tabaco. Blair Hamilton III zigzagueaba, victima ya de los efectos del alcohol.

─Así que no sólo eres una zorra, ¡también eres una maldita ebria!

─Lo siento, es cosa de familia: mi abuela fue una maldita ebria, mi madre es una maldita ebria… ¡yo soy una maldita ebria!─ le contestó con voz modorra, con la cara roja como manzana por tanto alcohol en la sangre.

Y regresaron a sus lugares, donde había el calor del verano y de toda la gente junta y sus cuerpos zangoloteados y sudados; decenas de alientos, charlas y cigarrillos encendidos, en medio de la música ensordecedora de la banda de rock que tocaba canciones modernizadas de veteranos como los Doors. Al poner el pie, un instante cerca de donde habían dejado a sus parejas, Islands y Lancaster las alcanzaron.

─¡Integra vamos a bailar!─ y sin esperar respuesta, Charles la tomó de la mano y se la llevó con él

─¿Segura que todavía puedes bailar?─ le preguntó Ralph a Blair─ ¿no caerás en medio de la pista?

─¡Oh no! ¡hip! Aún no.

Y desaparecieron en medio de la muchedumbre bulliciosa al ritmo del rock psicodélico y el montón de gente. Blair se echó a las brazos de Ralph como si estuvieran danzando una balada, Integra se sintió forzada a seguir el movimiento que le fijaba su compañero y a fingir que la pasaba de maravilla, cuando en realidad pensaba en su deseo de salir de allí, sin presentir o sentir la presencia del vampiro.

El vampiro no vio nada de la pista, arrastrando los pies entró a la sala donde todos bebían, fumaban y charlaban alegremente. Al entrar de nuevo pudo notar el decorado y la intención del lugar, adornando las paredes de papel tapiz rojo había toda clase de retratos, cuadros y dibujos alusivos a Sherlock Holmes; de todas fechas, tamaños y variedades, el recinto en el que se administraba el club era como una alegoría a la oficina victoriana del famoso detective.

─¡Y no nos han contado a que debemos el honor de su visita esta noche!─ le decían a Sixtina que se quedó sin saber que contestar.

─O bueno, la verdad es que nosotros…

─Estábamos buscando a alguien…─agregó Alucard quien en ese momento entraba.

─¡Que interesante! Dos vampiros en busca de una… ¿persona?

─Así es─ repuso Sixtina un poco más relajada de que Alucard hubiera reaparecido.

─No queremos ser indiscretos─ dijo Lorenzo─ pe…

─Pues no lo sean─ repuso Alucard con una sonrisa algo irónica.

─Bueno hermano, no debes meterte en asunto ajenos─ interrumpió Giulio quien miraba a Alucard como escudriñandolo, mientras daba una copa de coñac y le ofrecía tomara asiento.

El rey no muerto ocupó un diván junto a Sixtina. Los hermanos no dejaban de traspasarlos con la mirada y Sicilia resolvió reanudar la plática.

─¿Y qué le ha parecido nuestro club, Alucard?

─Muy elegante, acogedor y…victoriano.

─Oh sí, mediados del siglo diecinueve es nuestra época de nacimiento y después emigramos aquí, ¡bellas épocas!─ agregó Lorenzo entornando los ojos─ aunque siempre extrañando a nuestra vieja patria; aquí seguimos siendo extraños.

─Pues más bien parece que les agrada este país, veo que esta es toda una cueva inglesa.

─Es la casa de Sherlock Holmes, claro, el 221 B de la calle Baker─ aclaró Lorenzo─ Fue buena idea bautizarlo así, a los ingleses les encanta que los demás los alaben, es cosa de nacionalidad, una cuestión en la que ellos pueden sentirse que les besan los pies.

Se escucharon algunas risas, pero entonces la hermana interfirió: ─Calla hermano, que no sabemos la nacionalidad de nuestro invitado.

─Soy rumano, gracias… no se preocupen.

─Oh bueno, entonces todos somos extranjeros en una tierra extraña─ alzó la copa Sixtina y todos brindaron por ello.

─Y ya que hablamos de orígenes, siempre es agradable saber la historia que detrás tiene un vampiro, ¿no es cierto?─ habló Lorenzo riéndose afeminadamente─ de Tina sabemos casi todo; hija bastarda de un señor Italiano, a su aldea la atacó un brote de peste, no sin que ya de por sí fuera tratada como basura por cada hombre nuevo que su madre decidía hacer parte de su vida…

─Lorenzo, a veces eres muy brusco─ interrumpió Sicilia riéndose.

─No, está bien, además eso fue en el pasado, un pasado lejano─ dijo riendo un poco la aludida.

─Hermana es cierto, tú eres la más vieja de este club y brindo por ello…

─¿Y qué hay de usted?─ preguntó curioso Giulio─ Alucard…me parece un nombre de rehúso, dinos, ¿qué hay de su origen?

─Pues sería una historia muy larga y muy penosa de contar…La noche no sería suficientemente joven…

─Pues…¿Qué tan antiguo es?

─Nací en el 1431…si mal no recuerdo.

─¡Un medieval!─exclamaron los hermanos al unísono viendo al vampiro boquiabiertos, haciendo el completo silencio durante unos segundos.

─Es mi creador….él me dio la no vida─ intervino Sixtina casi solemne y totalmente seria.

─No me pudieron haber presentado mejor.

─Por…¡por…todos…los…infiernos!─ dijo medio secó y sorprendido Giulio, ante la mirada atónita del resto de los hermanos, y como si de pronto hubiera cachado algo─ bueno, pues, creo que estamos ante un noble no muerto, porque si usted es el responsable de que Sixtina tenga tales habilidades no es alguien común, ¡oh, no lo es! ¡Salud!

Y de nuevo vaciaron las copas.

─Pero esto es extraordinario, ¿Cómo no sabíamos de usted?─ preguntó totalmente extrañada la hermana─¿Acaso no lleva mucho tiempo en este país? Es extraño que siendo un vampiro de tanto abolengo no lo hayamos notado siquiera…

─Se equivoca milady, llevó residiendo en este país cosa de un siglo.

─Pero es tan extraño que no hallamos sabido nada de usted en todo ese tiempo, es extraño en verdad─ agregó Lorenzo.

─Era para que usted perteneciera a la Conferencia de Vampiros Unidos de Gran Bretaña e Irlanda─ repuso Sicilia.

─Disculpe, ¿la qué?─ preguntó con mucha curiosidad Alucard, mirando a la vampireza por encima del borde de la copa, mientras esbozaba una sonrisa que guardaba el vino. Giulio no supo por qué, pero un cierto escalofrió lo envolvió, Sixtina quiso decir o hacer algo o moverse, pero en vez de eso sólo atinó a ver con cierta preocupación a la vampireza, como rogándole que no continuara. Giulio iba a volver a romper el tema de conversación pero no tuvo tiempo.

─¡Pues nunca es tarde para ello!─ metió la cuchara Lorenzo─ usted puede ser debidamente afiliado e inscrito ante tan noble organización.

Para eso la hermana ya había dejado su asiento y había vuelto con una carpeta de cuero en la mano. Se la dio al rey no muerto que miró el contenido con mucha atención. El registro en cuestión era como un inmenso anuario donde se condensaban datos, fotos y fechas de la dichosa Unión desde el momento de su fundación a principios de siglo y hasta la fecha. Sixtina miraba la expresión del conde con un aire de preocupación pero no atinó a decir nada y casi pudo leer lo que Alucard podría estar pensando; lo que tenía en las manos era un informe valiosísimo para "la Organización" y estaba segura de que tarde o temprano iba a ser utilizado.

─¡Al parecer ustedes son todo, menos ociosos! Vaya que han estado ocupados todo este tiempo─ y pasaba las hojas de la carpeta administrativa.

Gulio miraba y escuchaba todo con un gesto adusto e inquisidor, pero Lorenzo insistía en relatar las hazañas de la Convención, haciendo mucho énfasis en decir que su familia fue una de las primeras en ser afiliadas al padrón.

Alucard, sin embargo, apenas le prestaba atención revisando palmo a palmo cada hoja con fotos, datos, fechas e incluso recortes de periódico donde apareciera mencionado algún incidente, y los había tan buenos como malos…Definidamente esa carpeta contenía información muy valiosa y delataba puntos y posiciones de familias renombradas e incluso de clanes vampíricos enteros que habitaban desde Escocia hasta Gales, pasando por cada provincia y ciudad importante de todo el Reino Unido.

─¿Y qué dice? ¿Se nos une?─ preguntó Lorenzo dando muestras de franca amistad.

─Sería un miembro muy importante y es que usualmente se conceden rangos de acuerdo a la antigüedad de pertenencia a la sociedad, sin embargo, hay excepciones para antiquísimos no muertos como en su caso─ secundó Sicilia.

─¿Esto es como una sociedad secreta acaso?

─Así es, más bien como una orden muy especial, cuyo epicentro está en…

─¡Lorenzo! –emitió un gritillo Gulio y aclarándose la garganta, como no sabiendo que decir continuó apenas─ dejemos lo más interesante para más adelante, además, ¿por qué aburrir al camarada con asuntos tan formales?

─¡Oh! Pero esto para nada es aburrido, de hecho, creo estar muy interesado…─repuso Alucard mirando al hermano mayor con expresión escrutadora.

Gulio iba a decir otra cosa, cuando Alucard se levantó de súbito del diván y dando las gracias, acabó de beber su copa de coñac, sacudió el cigarrillo en uno de los ceniceros, y dijo sin dejar lugar a cuestionamientos:─Bueno, ¡les agradezco mucho las atenciones de esta noche! Y les agradezco más que nos hayan permitido entrar a su club que es…encantador, ahora si me disculpan, hay una búsqueda que aún no he hecho.

Los hermanos se despidieron estrechando la mano del vampiro quien se volvió a ver a Sixtina:─Supongo que deseas quedarte a charlar con tus amigos, está bien por mí, gracias por tu ayuda Tina, te visitaré luego, supongo.

Y caminando hacia la puerta, iba dándole las últimas fumadas a su cigarrillo y meneaba la mano para despedirse, cuando Gulio se aproximó al pomo de la puerta para abrirlo rápidamente, como si tuviera prisa por que Alucard se marchara. Iba a abrir cuando la puerta se abrió de golpe, así nada más;¡plaf! El filo de la hoja fue a estrellarse directo a la nariz del anfitrión quién no supo ni cómo, ni cuando, ni a qué horas, se encontró girando sobre sus pies como trompo y cayendo al suelo alzando las piernas.

─¡Buenas noches tengan todo ustedes!─ fue lo que se escuchó con estrepito aún antes de que el vampiro terminara de aterrizar.

Los hermanos gritaron tanto sorprendidos como asustados. Frente al umbral de la puerta estaba un mortal, andaba vestido con un traje de mal gusto, tenía un bigotillo incipiente y una sonrisa cínica, y lo más interesante era que llevaba ambas manos ocupadas en cargar una caja de madera…Había abierto la puerta de un punta pie y sin decir nada más, antes de que alguno de los presentes se levantara a ver qué había pasado con el hermano mayor, dio pasos adentro diciendo:─¿Cómo están todos? Espero que bien…en fin, aquí les traigo la mercancía que pidieron, si van a liquidar de una vez o lo harán en pagos es mejor que nos pongamos de acuerdo, al jefe no le gusta esperar─ y puso la caja sobre el diván que antes ocupará Alucard, acto seguido, quitó la tapa con lo cual se pudo ver bien todo lo que contenía, de la chaqueta sacó una libretilla buscando el desglose del pedido…

─¡Oh cielos!─ dijo Tina, primera en correr hacia su hermano que para entonces ya se levantaba poniendo sus dedos en su remolida nariz.

El recién llegado reparó en el percance causado, pero sobre todo en la presencia del hombre alto que nunca había visto, el cual lo miraba atenta y divertidamente, de modo que el fulano, como dándose cuenta de un feo error sólo dijo: ─Oh, oh…

Sicilia siguió a Tina a ver como estaba su hermano.

─¡¿Está bien?─ preguntó la hermana.

─Sí, sí claro, ¡demonios!─ contestó Gulio muy molesto mientras su nariz se reconstruía y se limpiaba como podía.

Lorenzo, por su parte, se aproximó a darle un pañuelo para que se limpiara la cara y el hombre de la caja miraba con preocupación al extraño:─Lo siento mucho, no sabía que tenían visitas, pensé que estábamos todos en confianza...

─Bueno, eso ya no importa─ le contestó muy molesto Lorenzo y lo despachó luego de poner un gran fajo de libras en sus manos─ lo cuentas y hablamos, ahora márchate.

Pero en vano intentó hacer algo para que el invitado no se percatara de lo que había en la gran caja de madera. Una vez el rey no muerto comenzó a olfatear un aroma muy peculiar, lo único que tuvo que hacer fue seguir a su nariz para asomarse a la caja y ver que estaba repleta de varios tipos de estupefacientes. Metió la mano a la caja para sacar una bolsilla con un polvo blanco como harina, y mirándola, con un tono casi de alegría dijo:

─Vaya, vaya, ¡parece que ustedes abarcan muchos puntos de acción! – y se limitó a sonreír.

Los hermanos sólo se vieron entre sí, Sixtina se estrujó las manos, pero fue Gulio quien rompió el silencio:─Nos ganamos la vida como podemos….─ dijo muy serio, y su actitud contrastó mucho con la primera─ no es secreto para nadie que en los centros nocturnos de Londres se…

─¡No! No lo es, ya es algo normal, supongo, es eso o consumen ustedes solos toda una dotación vitalicia…bueno, con su permiso─ contestó Alucard y abandonó la oficina de una vez por todas con una sonrisa de ironía a medio disfrazar.

Dentro, los cuatro vampiros se quedaron viendo las caras y las miradas convergieron en Sixtina quien comprendió el mensaje:─¡Dios! Debes odiarme─ y entornando los ojos salió detrás del rey no muerto, tal vez a tratar de convencerlo que las cosas "no eran como parecían".

─ooOOoo─

Blair sólo recordó caer rendida en los brazos de su novio y que fuera sacada en calidad de bulto por la puerta trasera, pero nada más, aunque ese desvanecimiento debió ser algo positivo para su amiga Integra Hellsing quien ya se encontraba de nuevo involucrada en algunos problemas.

─¡No, no, no, Charles…de ese modo se ahogara!

─¡Esto es taaan desagradable! ¿Cómo diablos terminamos así?

Integra entornó los ojos mientras su amiga regurgitaba todo lo que llevaba dentro, lo hacía en un bote de basura colocado en un callejón trasero del club. Fuera de una las puertas de emergencia se apilaban montones de botes de latón y cajas llenas de basura y allí, allí estaban Integra y sus camaradas ayudando a Blair con el exceso de alcohol en el estómago, cuando minutos antes, todos habían estado aún dentro del club, donde el vampiro…

─¡Alucard, Alucard, tan sólo espera un poco! No vayas a creer que los hermanos Cacciatore son unos criminales, es sólo que… ¡Eso es lo que se estila en los centros nocturnos de hoy en día!

─Eso a mí me importa un carajo, querida Sixtina─ caminando delante de ella, sin voltear a verla, se movía con paso rápido hasta el salón principal para comenzar la pesquisa, pues casi estaba seguro de que su ama estaba allí, y estaba seguro de que la iba a reconocer con el sólo olfato entre mil y un aromas, aun así contestó a Sixtina contundente:─ tú sabes porque estoy aquí, tú sabes a lo que me dedico…

─Sí, pero, pero…

─Oye…─ se detuvo y la miró un momento menando el dedo índice como si hablara a una niña pequeña─ no trabajo para la división de narcóticos, ¡pero si por mala suerte se llegan a meter en problemas por vender todas esas "golosinas" en pleno centro de Londres, no va a ser nuestra culpa si la Organización tiene la necesidad de intervenir!

Encogiéndose de hombros prosiguió la marcha y Sixtina se quedó un rato de pie en su sitio hasta que resolvió volverlo a seguir…La determinación del vampiro no le agradó en lo absoluto.

─¡Alucard, espera, espera!

Al interior del corazón del club, otro hombre provenía de la oficina de los dueños del lugar; era el hombre vestido de mal gusto que había llevado la caja consigo. Se reunió con alguien, un tipo de aspecto algo más estilizado, sentado a una de las mesas, entonces estaba acompañado de otro muy enorme y de aspecto poco amigable. Conversaron un rato, el hombre de la caja parecía asustado y confuso y frotaba la palma de sus manos mientras hablaba al otro, que, con las manos en la cintura, cada vez fruncía más el ceño y apretaba la boca, y en un momento, por fin asió al hombre de la caja por el cuello de la camisa y lo zangoloteó…

─¡Lo….lo siento, jefe! Es que no me di cuenta, pensé que eran los de siempre…A…además de los hermanos sólo estaba la mujerzuela esa… ¡la de la calle Baker! No me di cuenta de la presencia de alguien más, estaba casi detrás de la puerta cuando abrí, incluso golpeé al hermano mayor.

─¿Y cómo era ese hombre?... ¿Era uno de ellos?

─Por lo que pude observar…sí.

─Bueno, pues por tu bien espero que por ser uno de ellos no nos delate a todos, o te voy a arrancar el pellejo como zalea…─ le dijo apretándolo tan fuerte por las mandíbulas que chilló─ Y ahora tengo otro asunto que tratar esta noche…

El hombre de la caja fue soltado entonces y el otro, a quienes todos apodaban Bad dog,volvió a tomar asiento y a esperar a que alguien más llegara. El hombre de la caja, quien llevaba algunas semanas de no verlo a la cara, discretamente lo escudriñaba, pues se daba cuenta de que algo en él había cambiado y mucho, aunque no sabía que podría ser.

Afuera del club, una hora antes de ese evento, un taxi viejo aparcó para dejar bajar de él a los hermanos Valentine. La fraternidad avanzó a presentarse al enorme tipo de la entrada a quien conocían bien. El chico que enviaron a seguir a Integra y compañía, había hecho su trabajo y los hermanos sólo tuvieron que esperar a los "refuerzos" que llegaron justo a la hora en que Bad dog reprendía al hombre de la caja.

Los refuerzos eran una media docena de tipos no mayores de los treinta y no menores de los veinte; todos chicos del barrio que formaban parte de la pandilla; de todas etnias y nacionalidades. Luck y Jan no acaban de entender por qué ahora eran tan especiales, porque se habían, supuestamente, vuelto tan fuertes, sin embargo sólo obedecían órdenes de su superior, ordenes de Bad dog,y estaban tras cierto objetivo, estaban siguiendo cierto plan fraguado a partir de una idea de la hermandad en una cafetería horas antes, un plan que tenía como objetivo…

─¡Integra! Creo que te estás aburriendo, eso quiere decir que no soy tan buen compañero de baile como se podría pensar─ le dijo Charles al verla bailar desganadamente y con la mirada perdida en lo incierto. El día había sido especialmente largo, pesado y confuso como se sentía ella ahora, con algunos grados de alcohol en la sangre consecuencia de los tragos que no se había rehusado a tomar.

─Estoy algo cansada─ contestó ella sin voltear a mirarlo, como si presintiera que esa noche se iba a inquietar aún más.

─Ya veo, no te preocupes, un rato más y nos iremos…ahora, mejor vamos a sentarnos.

Charles la tomó por el brazo y echaron a caminar entre la pista atestada para buscar la mesa. En ese momento una pareja chocó contra la espalda de la rubia, lo cual hizo que fuera a dar contra el pecho de su compañero… ¡plaf! Las blancas manos contra el pecho del adolescente del "millón de dólares"…Un leve mareo sacudió a Integra, un vértigo travieso mezcla de la música ensordecedora, las luces cegadoras, el ajetreo del ambiente, el cansancio de sus piernas y unos whiskys en su sangre…Las uñas cortas aferradas, como a la manera de un gato asustado al polo de él y las manos del dueño de la prenda que la asieron por la cintura para que no fueran a caer en medio de la pista, una leve inclinación de sus cuerpos y un par de segundos después Charles no pudo dominar la tentación de robarle un beso a la mujer que a esas alturas ya debería ser su novia y estar muerta de amor por él. De modo que acercó sus labios a los de ella y aprovechando su aturdimiento, la besó.

En esos precisos momentos, los hermanos Valentine traspasaban las puertas del club; los hermanos Cacciatore discutían entre ellos completamente consternados y a punto de perder la poca calma que aún les quedaba:─¡No debemos preocuparnos demasiado por él, es uno de los nuestros!

─Yo no estaría tan tranquilo, hermana, hay algo en ese no muerto que no me gusta, y creo saber ahora que es…y donde lo he visto antes…

Alucard llegaba hasta donde la pista, seguido aún por la vampireza bruja que aún trataba de hacerle jurar que jamás delatara a sus amigos. Los hermanos Valentine hallaban ya a su jefe y se reunían con él más que alegremente. Blair Hamilton se llevó una mano a la boca y tambaleante quiso salir corriendo ante una exclamación de su novio de "¿Qué pasa?", mientras que Integra no pudo haberse librado de los brazos de Charles aún y…

─¡Sixtina ya te dije que no puedo prometerte nada! ¡Tus amigos no son ningunos seres decentes y están violando seriamente las leyes de los humanos aquí! No me importa si envenenan a medio mundo, pero no voy a cubrirlos si la policía alguna vez allana este lugar…─ y al decir eso volteó un segundo hacia la pista donde se quedó congelado con el dedo índice bien estirado señalando lo que quería señalarle a Sixtina en sus manoteo, el rostro se hizo más pálido, si es que era posible; sus ojos se pusieron libidos y sintió que su quijada llegaba hasta el suelo; la ira lo invadió todo como la tinta cunde en el agua; se quedó petrificado como estatua de sal con lava hirviente dentro; no atinó a decir nada en aquel segundo, a hacer nada; sus oídos estallaban; la otra mano echa ya un puño apretujaba sus propias falanges con tal fuerza que se hería a sí mismo. Para cuando la intrigada Sixtina dio con lo que su antiguo amo estaba viendo y le causaba tal ataque de paroxismo, Alucard ya bajaba lentamente el brazo estirado y había cerrado la boca, y ahora miraba con los ojos entrecerrados cargados de infinito dolo a su ama, según él vio, ¡siendo "apasionadamente" besada por el blondo insoportable que conoció en el retrato ecuestre!

Continuará...