XI
El golpe
No recordaba haberse sentido tan ridículo desde hace mucho tiempo, no recordaba cuando se sintió tan humillado, por cierto, siendo observado de cerca por una antigua cierva, en medio de un club cualquiera en la ciudad de Londres era testigo de la relación de noviazgo de su ama y señora, "¡qué te quede bien claro, conde, tú ama y señora!" No debía inmutarse, no tenía por qué sentir eso que le estorbaba en la garganta y le impedía pensar y pasar saliva y dejar de apretar el puño y dejar de punzar las sienes y fruncir el seño hasta que la frente se entumió…Automático, la mano con la que señaló, en automático se levantó para cubrir el rostro que ahora se agachaba y contraía en una franca mueca de dolor, "¡¿Qué? ¡¿Por qué te duele, imbécil? ¡¿Por qué estas sufriendo? ¡¿A ti que te importa lo que haga o deje de hacer esa mocosa del infierno?"
─Vlad…. ¿Estás…?
─Vaya que pérdida de tiempo, ¿no?─ impidió que Sixtina terminara de hablar, se sacudió la mente, se confundió a sí mismo─ pues yo creo que no tengo nada más que hacer aqu…
─¿Es ella, verdad? ¿Esa niña de allá es tu ama?
Para cuando Alucard volvió a mirar hacia la pista ya no la distinguió, hasta pudo haber pensado que lo había soñado o alucinado, pero la pregunta de Sixtina no dejaba lugar a esa posibilidad. Sin embargo las parejas en la pista apretujada habían cerrado toda visibilidad entre ellos y tal vez fue lo peor para él porque se imaginó todo un escarceo amoroso entre los dos, oculto en la música y el gentío insufrible de esa noche, lo mejor que le hubiera convenido era ver lo que en realidad pasó, pero como en toda intriga novelesca, no fue así.
─Sí es ella─ contestó con aplomo ante la mirada melancólica y dolorosa Sixtina─ es ella, pero mírala, está muy a gusto con sus amigos y su…y su… La verdad es que no quisiera interrumpir su noche de diversión, ya vi que está a salvo, ya no (Sixtina lo miraba cada vez más incrédula, más melancólica, más lastimeramente pero Alucard pareció no darse cuenta del todo, no comprendía pero sentía la mirada de ese par de ojos espantosamente diáfanos traspasándolo).
Sin más, sin decir más volvió a llevarse la mano a la frente y comenzó a reírse, a reírse de veras, meneó la cabeza negativamente, se dio media vuelta y quiso buscar la puerta de salida del lugar.
─No importa, yo me voy de aquí, eso es seguro─ y con pasos decididos se escabulló fuera del club, salió por la puerta principal y se quedó allí de pie, sin saber que hacer bien a bien y deseando que Sixtina no estuviera a su lado, porque si así fuera tal vez regresaría al club, buscaría a su ama y se la llevaría aunque fuera a rastras, de regreso a casa, ¡no! Mejor aún, tal vez le gritaría, le reclamaría, ¿pero de que le reclamaría? ¿Bajo qué bases le reclamaría?
─Vlad, Vlad…─ le dirigió Sixtina ese nombre y una mirada escrutadora─ pienso que algo en todo esto está muy…está muy torcido en verdad.
─¿De qué?─ que en verdad no tenía idea cabal.
Pero ella no agregó nada más, sólo suspiró hondo y se encogió de hombros, quiso decirlo en voz alta y prefirió morderse la lengua entre los colmillos y pensar: "¿Qué importa que tan poderosos sean? ¡Qué ciegos y tontos son los hombres!"
─¿Qué haremos ahora? Dices que dejarás a tu ama allá adentro.
─Regreso a casa, es todo…lo que me queda por hacer─ y sintiendo que la impotencia lo carcomía, echó a caminar a lo largo de la acera.
Sixtina comenzó a seguirlo de cerca, a su lado, ambos en la noche húmeda y ruidosa, caminaban por la banqueta sin haberse alejado aún mucho del perímetro del club.
─Es muy hermosa y muy distinguida, a pesar de ser sólo una niña─ dijo Sixtina con un tono de resignación.
Alucard se detuvo entonces y la miró interrogante y medio ansioso.
─Tu ama, es una verdadera dama…─ agregó ella suspirando.
Él no le respondió nada, sólo entornó los ojos en una franca muestra de molestia, como si escuchara los balbuceos de una niña pequeña. Sixtina iba a volver a abrir la boca para preguntar si él pensaba irse de regreso caminando porque ella pensaba regresar a Baker Street, cuando una voz los detuvo.
─¡Milord Alucard, espere un momento!─ detrás suyo venía con paso apresurado Lorenzo Cacciatore─ milord, insistimos en que nos ha abandonado demasiado rápido, mis hermanos y yo creemos que debemos de cruzar unas cuantas palabras con usted….
El aludido se paró en seco, volteó unos grados para ver quien le hablaba y con una mueca de hartazgo y rabia apenas disimulada que le producía el recuerdo de su ama, contestó entre dientes: ─ ¿Qué es lo que tienen que decirme? Creo que yo no tengo nada más que decir está noche, señores míos, de modo que deberían evitarme la pena de ser descortés─ y volvió a reanudar la marcha.
─¡Lord Alucard!─ gritó más contundente y segura otra voz masculina, era de Gulio quien se encontraba a una distancia como de cinco metro de ellos, en posición de firmes y un gesto impasible con algunos matices de angustia disfrazada, sin dar otro paso gritó desde su lugar─ ¡Milord Alucard de Hellsing!... ¡¿Cuál va a ser el precio de su indulgencia?
─ooOOoo─
─Integra, Integra yo…─decía un Charles Islands a quien Integra Hellsing miraba consternada, enojada, turbada, incrédula, aún en sus brazos, la primera reacción de la jovencita fue apartarlo lo más rápido posible de ella; no quería sentirlo cerca, no quería sentir que se aproximaba de nuevo y la mano derecha le hormigueaba de las ganas que tenía de estamparla en la mejilla de su atrevido transgresor─ es lo normal en estos casos…
Y las dos manos de la rubia, que se sentía como resucitada, se apoyaron en el pecho del heredero, esta vez para empujarlo hacia atrás.
─¡No te me vuelvas a acercar! ¡¿Quién rayos te crees que eres?
─A estas alturas, ¡el que debía ser tu novio!
─¡¿Qué? No lo puedo creer, ¿con qué esas tenemos? ¡Pues por muy Islands no te permito que…!
─¡Blair, Blair!─ gritó apurado Ralph
La chica trataba de abrirse paso entre la gente con una mano en la boca, a punto de vomitar. Ralph la siguió como podía, Integra le dirigió una última mirada de reproche a Charles y ambos siguieron a sus amigos hasta la salida.
Después de algunos minutos, Blair volvió el estomago hasta el cansancio dentro de un bote de basura, ayudada por Integra y por Charles. Ralph, quien también estaba muy intoxicado, sólo atinó a recargarse en la pared y menearse como si fuera la manecilla de un reloj, metió las manos en los bolsillos, en los dedos estrechaba involuntariamente un sobre de plástico que no le había dicho a nadie que había conseguido, excepto a su novia, con quien sí lo había compartido.
─¡Blair, Blair! ¿Estás mejor ya? ¡Cielos, que pedazo de ebria!─ expresó Integra con una leve ironía, mientras que halaba a su amiga sólo para comprobar que se había quedado dormida.
─Perfecto, ahora ella está inconsciente y nosotros aquí…y a todo esto, ¿dónde está Walsh y su auto?
─Ahora que lo dices…hace ya un buen rato que los perdí de vista
─¡Deben de haberse ido a hacer cosas sucias! Jajajaja─ dijo Ralph escurriéndose por la pared como si estuviera hecho de agua, hasta quedar sentado en el piso sucio, con las rodillas en la frente─ cosas sucias, ¡hip! Se han llevado el auto…. tendremos que irnos caminando a casa…jajaja…¡hip!...
Charles e Integra estaban observando cómo su amigo se iba quedando casi inconsciente.
─¡Qué molestia! ¿Qué hacemos con dos borrachos inconscientes, para variar? ¡Maldito Walsh! Si no regresa, ¡rayos! Merece que le llame al vicealmirante para que le cuente todo, sólo por eso…
─¡¿Qué? Tú, tú maldito soplón de porquería, ¿por qué habrías de hacer algo así? ¿Por qué te crees el dueño del todo el mundo? – espetó Integra llena de indignación ante las veleidades y petulancias del aristócrata─ Etonian ridículo, ¡chaleco plateado idiota!
─¡Integra Hellsing! …Nadie nunca me había hablado así….─pareció desconcertarse y la miró de nuevo con más avidez que nunca. Recordaba haber leído sobre fierecillas domadas en alguna obra de Shakespeare y hasta ese momento entendía por qué las fierecillas eran tan atractivas.
─No, seguramente que no, ¡a tipos como tú todo el tiempo se la pasan adulándolos! ¡Pero no te equivoques conmigo, Charles, porque no soy, ni seré una de tus pertenencias! Nunca…
─No es exactamente lo que estaba pensando, ya veo que serías una muy difícil de controlar…
─¡Me rehusó a tener que haber nacido para ser el trofeo de un mequetrefe engreído como tú!─ le decía acercándose a él, con los puños hechos, el pecho erguido, la mirada amenazante─ ¡No como soy tu perro, tu caballo o tu mansión! …
─Vaya, no pensé que tuviera un reto así por delante, pero acéptalo, eso ni tú ni yo lo decidimos…es el precio a nuestra privilegiada posición, ahora sí me disculpas…─ y se dio media vuelta buscando en su chaqueta su teléfono celular.
Integra lo miró molesta, cruzándose de hombros, mientras que él marcaba un numero. Momentos después le contestaban desde la mansión Walsh, él pedía hablar con el vicealmirante en persona, al no hallarlo, dejo el recado diciendo que él, lord Charles Islands, había estado buscándolo toda la noche movido por la preocupación, pero que no había conseguido hallarlo, que se encontraba en las calles Wigmore con Baker, asegurándose que el vicealmirante recibiera el recado: ─ En cuanto el amo llegue será notificado─ aseguró el mayordomo.
─Bien, y por favor dígale al señor que últimamente Robert…
─¡Sinvergüenza traidor!─ gritó Integra al tiempo que arrebataba el teléfono de la mano de Charles─ ¡eres tan venenoso como una serpiente!
Y ante los atónitos e incrédulos ojos del rubio, Integra arrojó el móvil contra el suelo haciendo uso de todas sus fuerzas.
─¡¿Pero qué has hecho?─gritó él, apresurándose a recoger lo que quedaba de su móvil ahora hecho pedazos en el pavimento sucio─ ¡¿cómo te atreves, niña estúpida?
─¡Vaya, vaya! ¡Qué poco ha sobrevivido el caballero! Mequetrefe rastrero, ¡y tonto además! ¡Porque si lo que querías era conquistarme con esto has perdido tu última esperanza! ¡¿Con qué derecho expones a Bob a la ira de su padre?
El porqué era muy simple, el heredero no pudo pasar la oportunidad de desquitarse de su compañero. Bob Walsh simplemente no quiso tener nada que ver con sonsacar una chica, ni con fomentar la doble moral y la personalidad fingida del aristócrata, además, el mismo Charles era de esos tipos que se ufanaban de conquistar muchachas sin ninguna dificultad y por sus propios medios, sin embargo, con Integra, a quien creía suya por derecho de nacimiento le planteó serias dificultades, todas sus habilidades de don Juan quedaron en entredicho.
─Charles en serio─ él recordaba la conversación que había tenido con su amigo─ esta vez no puedo ayudarte, tendrás que arreglártelas tú solo. Integra Hellsing no es otra de tus chicas y aunque pudiera hacer algo no lo haría. Deberías tratar de ser tú mismo, ya sabes, de todas maneras la pobre tendrá que casarse contigo algún día.
─¿Te niegas a ayudarme y encima me insultas?
─Chuck, somos amigos, ¿no? Por lo mismo tengo que decirte las cosas como son, sin más, ¡qué mal que ella y tú no se hayan llevado bien desde el principio! Créeme que yo soy el primero en lamentarlo, ya que debe ser muy triste casarse sin amor.
─¡Bah! Lo dices porque eres "¡tan feliz con Margarett Parrish!"
─Pues aunque lo digas en ese tono, es cierto, lo mío con Margarett es muy diferente, que mal que lo tuyo no haya sido así…Aún así no creo poder "promocionarte" con Integra, es una pena.
─Claro amigo, tienes razón─ y se sonrió de una forma que a Bob poco le gustaba─ es una gran, una enorme pena
Y arrojando al suelo el cigarrillo que llevaba en la boca, se dio la media vuelta
─¡Pero si estas luchando por ella que sea por amor, no por ego!─ fue lo último que Bob le gritó a Charles.
Pero ahora el malvado rubio se vengaba de su amigo. Charles Islands nunca dejaba un cabo por atar, así que aprovechando un desliz del chico, ahora lo exponía, como bien había dicho Integra, a la marcial ira del Vicealmirante.
─¡Te odio!─ volvió Charles a escucharla─ ¡te odio Charles Islands, eres el tipo más petulante y exasperante que conozco!
─¡Ese es tu problema, Integra! Porque en cuanto a mí, ¡estoy harto de tratar de tratar de complacerte en todo momento y hacer contigo más de lo que debería!
─¡¿Qué clase de patán eres? ¡Tú…tú maldito Neanderthal prehistórico!
─¡Tú, niña mimada y consentida!
─¡¿Mira quién habla?
─¡Fenómeno!
─¡¿Ah qué bueno que lo admites! ¿Puedes entonces dejarme en paz y aparentar que tienes un poco de dignidad dejando de arrastrarte?
Los azules ojos de Charles se encendieron, las palabras de Integra habían tocado su propia llaga.
─¡Pues te guste o no, tú y yo vamos a casarnos algún día! ¡Tú serás una Islands, y como tal deberás comportarte!
Integra se quedó de una pieza al escuchar aquello, la idea de tener que obedecer y estar unida de por vida a aquel hombre al que lejos de querer, aborrecía, era suficiente para cavarle una fosa en el pecho, pero antes de mostrar su desasosiego miró fijamente a los ojos a su interlocutor y le dijo si un ápice de preocupación:─Eso… ¡está por verse!
Charles entrecerró los ojos y apretó los puños de pura frustración ante la perspectiva de no obtener algo que deseaba. Integra no se inmutó más y de nuevo fue hacia donde su amiga, que aún yacía en el suelo inconsciente y recargada en el bote de basura.
─Está bien Blair, como sea te llevaré a casa.
En eso estaba pensando ella, en como haría para transportar a su amiga sin requerir ayuda de Charles y sin saber dónde estaba Bob y su auto, cuando de repente sintió el frío, el helado acero de un cañón contra su nuca y en seguida el inconfundible chasquido de un corte de cartucho.
El asombro, el susto, el estupor y la confusión la invadieron en una fracción de segundo y lo que sobraba de sus sentidos le ayudó para escuchar una orden proveniente de una voz detrás de una máscara de tela:
─¡Levántate lentamente y sin hacer ningún tipo de escándalo o te vuelo la tapa de los sesos! ¡Levanta las manos donde pueda verlas!
Integra sabía que no tenía más remedio que obedecer, estaba en manos de su agresor, de cualquier modo, trató de conservar la calma ya no se permitiría lucir asustada o vulnerable, tenía que hacerlo por ella, por sus amigos indefensos, incluso por Charles a quien vio en las mismas condiciones que ella cuando fue obligada a virar ciento ochenta grados.
Otro tipo, el cual usaba una máscara pasa montañas y un par de gafas oscuras empujó a Charles hacia la pared donde estaba su amigo Ralph inconsciente y sentado en el piso, sin percatarse de nada. Sin embargo Charles forcejeo y el hombre que trataba de amagarlo trastabilló cuando el rubio le propinó un pisotón y luego un codazo en las costillas. Integra, aprovechando la confusión, estando como estaba, aún enfrente a los tambos de basura, hizo uso de toda su astucia y dio un codazo en el abdomen a su captor para luego apresurarse a asirse a una de las redondas tapas de acero del contenedor de desperdicios y propinar unos golpes en la cara al hombre que apenas si sostenía el arma en la mano.
Charles, mientras tanto, era de nuevo sometido por un golpe que le dejó fuera de combate en el suelo. Integra había aprovechado el estado de su atacante para patear la mano que aún conservaba la pistola, aprovechándose de que el otro estaba ocupado amagando con unas esposas a Charles.
La chica, una vez pistola en mano, no perdió tiempo y gritó: − ¡Estoy armada y tu compañero fuera de combate!
El delincuente que estaba a punto de darse la vuelta dudó un momento antes de hacer cualquier cosa, hasta que Integra volvió a hablar:─¡Si yo fuera tú, ponía esas manos donde pudiera verlas porque te aseguro que ardo en ganas de hacerte puré el cerebro!
El hombre obedeció y puso las manos en la nuca.
─¡Voltéate!
Él obedeció
─¡De rodillas!
Y él pretendía volver a obedecer al observar la expresión segura y autoritaria de la jovencita.
─¡Parece que ahora te vas a arrepentir de habernos elegido como victimas!
Y allí estaban ambos, ella a punto de comenzar a buscar las llaves para quitar las esposas a Charles, cuando por la misma puerta de servicio por donde habían salido momentos antes, salieron dos tipos más, ambos con el rostro cubierto, ambos altos, delgados y jóvenes, sólo que uno era rubio y el otro mulato, pero lo más sobrecogedor era que llevaban abrazada a Catherine Marshall y uno de ellos, el mulato le apuntaba la sien con el arma.
─¡Vaya, vaya, hermano! Parece que confiamos en principiantes, ¡mira lo que este par de estúpidos ha hecho!─ dijeron observando la escena: Blair y Ralph aún estaban sentados en el suelo e inconscientes, Charles atado de manos con el pecho contra el suelo y la boca sangrante, y los hombres que habían comandado a amagar a los jóvenes, fuera de combate─ lo siento hermano pero creo que subestimamos a estos mocosos, ¡sólo mira a la rubia parece que sabe lo que hace!
─¿Tú crees? Bueno, pues si sabe lo que hace, ¡va a dejar el arma en el suelo y va alzar las anos donde podamos verlas o su amiga va a perder la cabeza!
Bien dicho hermano, pero antes, eliminemos algo de escoria que nos ha causado problemas─ y sin miramientos, sacó una pistola con silenciador y apuntó a la nuca del hombre que Integra ya tenía de rodillas, un disparó salió del arma y el hombre cayó con el occipital destrozado que ahora escupía sangre─ los errores se pagan caros, ¡mira que ser controlado por una niña!
Hasta entonces Integra salió de su shock, del trance de adrenalina que hasta entonces la había invadido y con el rostro desencajado observó la escena delante de ella, las caras burlonas de los dos que ahora amagaban a su amiga, pero sobre todo, el estupor al sentir como el mulato le acariciaba las mejillas con el cañón de la pistola y pegaba sus pómulos a los de ella en una franca muestra libidinosa.
─Bien muñeca rubia, no creo que quieras que tu amiga muera, así que, deja la pistola en el piso y levanta las manos─ ordenó con un tono de sarcástica amabilidad.
Integra, con un gesto de odio y frustración, no tuvo más remedio que obedecer. Momentos después, Catherine y ella eran esposadas. Catherine fue obligada a sentarse junto al aún Charles a Blair y a Ralph (quienes por suerte no se daban ni por enterados). Luego colocó una mordaza en la boca a la llorosa y compungida Cathy quien se ahogaba en hipos de llanto y al iracundo Charles.
Parece que fue más fácil de lo que pensábamos hermano, después de todo, no necesitamos los refuerzos que nos envió "Bad dog".
─¡Y nosotros que pensábamos que estos niños ricos traerían alguna escolta! De veras no pensé que estuvieran solos, ¡vaya que este fue un golpe afortunado!─ dijo el mulato riéndose sin soltar a la esposaba Integra─ y dime hermanos, ¿cuánto pediremos de rescate? Porque, bueno, ¡considerando el material!
Y tuvo la ocurrencia de acariciar, más libidinosamente aún, el rostro de Integra, quien se retorció de asco, y luego siguió con el talle de su cintura y la rubia no aguantó más y sin pensarlo le propinó un escupitajo aprovechando que aún no la habían amordazado.
─¡Perra estúpida!─ gritó el mulato lleno de ira y le dio una bofetada que la envió al suelo.
─¡Jan, no! –gritó el rubio─ ¡no maltrates la mercancía si aún no la hemos ni cotizado!
─¡La maldita perra me escupió!
─¡No es pretexto! ¡No hagas tonterías o te meterás en problemas graves! No siquiera sabemos a qué familias pertenecen!...Y ahora que lo pienso…nos faltan dos aquí, no están todos los que vimos en la cafetería. Maldición…¡se han salvado!
Furioso aún, Jan terminó por amordazar a Integra quién temblaba de rabia con la boca partida.
─Pediré que nos ayuden a cargar con ellos─ agregó el hermano rubio, y tomó su teléfono celular marcando un número─ con dos inconscientes esto no será tan difícil.
─Yo me adelanto con esta─ dijo Jan cargando en su hombro a Blair cual costal de papas, sosteniéndola por las muslos desnudos por debajo de la falda escolar.
Él iba a echar a andar para salir del callejón donde los esperaba una camioneta cerrada con una razón social pintada en el costado que acreditaba al vehículo como propiedad de una empresa de mensajería (vehículo seguramente robado). Confiado iba, cuando vio algo que lo hizo detenerse en seco justo antes de salir del callejón. Con las medias luces de la noche y los faros altos de los autos pasando detrás, Jan no pudo distinguir con claridad, aún así se dispuso a bajar al suelo a Blair y empuñar el arma para eliminar a los intrusos que repentinamente habían aparecido en la desembocadura, intrusos dueños de dos siluetas; una de mujer delgada con cabello largo, la otra de hombre, muy alto y ancho de espaldas, ambas se recortaron contra la luz del tráfico nocturno al final de callejón.
─ooOOoo─
Y sí, Gulio había elegido poner de una vez por todas las cartas sobre la mesa, había logrado parar en seco al Rey no muerto con su franca y repentina exclamación. El vampiro italiano había apostado por agarrar al toro por los cuernos y hacer frente de una vez por todas a la innegable verdad. Había acabado de estar bebiendo coñac con él en su despacho, había estrechado su mano y le había revelado insondables secretos al nosferatu más poderoso del que se tuviera conocimiento y no fue sino hasta mucho después que él, Gulio Cacciatore, había recordado súbitamente donde había escuchado antes el nombre de Alucard.
─¡Lord Alucard de Hellsing!
El gran vampiro había escuchado bien claramente deletrear su nombre, desde luego, en un inicio el sintió que poco o nada tenía que ocultar al hermano mayor de los vampiros de la calle Baker; había leído que lo reconocía, que los ojos del italiano lo habían identificado…Después de todo Alucard se había presentado con su nombre de vampiro: no tenía nada que esconder.
Deteniendo su rápida marcha que no iba a ningún lado, se detuvo, sonrió entonces con un dejo de satisfacción al haberse sentido reconocido; todavía se dio tiempo de meter las manos en los bolsillos del pantalón ante la mirada expectante de Sixtina, entonces giró lenta y despreocupadamente la cabeza, observó a Gulio visiblemente nervioso y vio como los alcanzaban Lorenzo y Sicilia turbados, agitados por la urgencia y la preocupación.
─Veo que es hora de presentarnos como se debe─ dijo Alucard sin énfasis─ sí, lord Alucard caballero principal de la Organización Hellsing en persona, ¿puedo ayudarle en algo, señor Cacciatore?
Gulio entrecerró los diáfanos ojos y tragó espeso como pensando en la mejor manera de confrontarlo.
─Tal vez lord Alucard…creo que sería una tontería seguir disimulando las intenciones, nos ha descubierto, descubierto por completo… ¡Sí! Somos vampiros, y sí, ¡vendemos mercancía ilegal!...
─¡Rayos! Parece que están metiendo la pata─ dijo Alucard con ironía entornando los ojos en un burlón remedo de preocupación.
─¿Qué es lo que va a hacer?─ preguntó Gulio serio y tajante─ ¿nos va a denunciar por eso?
─No lo sé, ¿lo haré?─ ironizó de nueva cuenta─ ¿Por qué habría o no de hacerlo?
─No tiene porque no hacerlo, aparentemente, milord, sería una cuestión de honor, creo yo, pero todos somos todos hijos de la noche, ¿Por qué traicionarnos entre nosotros?─ agregó Sicilia, quien no soportaba ya la tensión─ milord, nosotros confiamos en usted.
Alucard observó y sopesó la intención de la vampireza quien en verdad se escuchaba sincera y convencida de sus propias palabras, él volvió a meter las manos en los bolsillos y se encogió de hombros en un gesto de indolencia, bajando la mirada contestó sonriendo: − Yo jamás les dije que podían confiar en mi… ¿Por qué creyeron que yo era de fiar? Jamás dije o les aseguré algo.
─Vlad, por favor─ quiso interrumpir Sixtina, pero fue ignorada categóricamente por el Rey no muerto, que continuó…
─Y aunque así lo hubiera hecho, aunque hubiese jurado ante la tumba de mi madre que yo era digno de confianza…je, la traición no es, por mucho, una de las peores cosas de las que soy capaz de hacer, así que…scusi signora!
¡─Vaya! ¿Qué tenemos aquí? Un vampiro que traiciona a los suyos en nombre de la justicia humana y mortal. Vaya que debe de tener una buena razón─ expresó Lorenzo.
─No nos interesan sus razones, hermano, lo que se discute aquí es si podemos llegar a un arreglo.
─¿Un arreglo, dice, signore?─ interrogó Alucard sin borrar la cínica sonrisa de su rostro─ ¿y un arreglo por qué? ¿Yo que tengo que perder?
─Tal vez la confidencialidad de su Organización─ contestó ahora más firme y seguro el hermano mayor.
─¿Qué es lo que me está queriendo decir exactamente?─ preguntó el gran vampiro que parecía muy divertido con todo aquello.
─Que si la Organización Hellsing pierde su calidad de ultra secreta, sus amos se van a meter en serios problemas…Y le juro, milord, por Dios o por el Diablo o por mí no─vida, que si usted nos delata, ¡todo el Reino Unido, no, todo el mundo se va a enterar de que hay una asociación gubernamental dedicada a combatir criaturas sobre naturales! Y quisiera saber cómo va a reaccionar la opinión pública ante el gobierno, y el gobierno ante los líderes de dicha Organización.
─¡Gulio!─ expresó Sixtina de nuevo.
Alucard escuchó la amenaza del italiano con una expresión escrutadora, como aprobando lo que se le decía.
─Admito que lo he subestimado, Cacciatore, parece tener agallas…
─¡Haría todo lo que fuera necesario para defender a mi familia, a mi clan, a mi estirpe!
─Eso suena muy romántico de su parte, pero, ¿Por qué piensa que me importa la suerte de mis amos, los jefes de la organización?─preguntó desenfadado, disimulando la contrariedad de estar siendo amenazado en su talón de Aquiles.
─No lo sé con certeza ni quiero saberlo, es sólo una corazonada…
─¿Y cómo piensa lograr su cometido, signore?
Esta vez el que sonrió fue Gulio: ─ Milord… la Conferencia de vampiros de la Gran Bretaña… ¡no tiene idea, ni usted ni nadie de su Organización de todo el poder que tiene! Sus influencias van más allá de lo que puede creer, ¡me sorprende que no lo sepa! Hay más familias poderosas de origen vampírico de lo que usted se imagina. No somos ratas a las cuales se las pueda cazar fácilmente, hay poder y hay dinero…y le digo, que la guerra que la Organización Hellsing intenta liderar es sólo una pantonimia que la corona orquesta…
─Entonces, ¡¿estamos hablando de peces gordos?─ interrogó Alucard con sumo interés, a lo que el hermano mayor asintió, ambos siendo observados por los otros, menos por Sixtina cuya atención fue atraída por algo más importante aún, de modo que ahora su mirada estaba fija y absorta en dirección del club─ vaya, no me hubiera imaginado que los no─ muertos de este reino estuvieran tan bien organizados, ¡de verdad que le agradezco la información, signore! No pensé que fuera tan importante la Convención (A Gulio no le agrado el tono de felicidad que el vampiro ponía en sus palabras), observé que era numerosa, ¿pero esto? ¡Esto lo cambia todo! Vaya, creo que mis amos (sonrió él aún más al comprobar que desconocían la identidad de su ama, que si ese detalle continuaba oculto, entonces los miembros de la Convención no eran ni tan poderosos, ni tan influyentes como el italiano decía), mis amos estarán realmente complacidos cuando les informe de quienes podríamos estar hablando…
La preocupación se reflejó en los rostros de los hermanos menores. Gulio entrecerró los ojos con rencor ante la nueva estocada. Alucard ahora se mostraba complacido y Sixtina había avanzado unos pasos en dirección al club, como olfateando, como observando…
─¡Gracias signore Cacciatore! Esto no se habría logrado sin su valiosa cooperación o, ¿cómo cree que reaccione su Majestad o la Cámara de lores cuando sepan que miembros importantes de la sociedad, como usted dice, no han tenido cuidado de no revelar sus grandes secretos? ¡Sería un golpe fabuloso y mis amos estarán tan complacidos de esto y el país tan libre de amenazas que seguramente recuperaré mi libertad! Que a fin de cuentas es lo único que me interesa. Así que si me disculpa signore, tengo muchas cosas que hacer…
Y esquivando a los tres hermanos, Alucard dio un par de pasos sobre la acera donde Sixtina miraba absorta, no bien él hubiera hecho eso, que de repente se quedó frío y pasmado en su lugar, rígido, quieto y sorprendido por algo que acababa de escuchar, de sentir, de olfatear…
─¡Milord Alucard, no tan rápido!...
Y Gulio observó al rey no muerto y observó a Sixtina mirando absortos en dirección del club. Echando un vistazo a sus hermanos también asintió pues habían percibido olor a sangre fresca y caliente en el ambiente, pero además de ese aroma, Alucard había percibido e identificado el olor de la sangre de su ama mezclado con su perfume y su sudor, además escuchó gritos ahogados en la oscuridad y observó el rostro de Sixtina que le dijo todo con la mirada.
─¡Maldita sea! ¡No! ¡no puede ser!─ con rabia y ansiedad expresó el gran vampiro y echó a correr a todo lo que le daban sus piernas, seguido de cerca por Sixtina…
Los Cacciatore quedaron atrás un poco confundidos, pero mirándose entre sí emprendieron el regreso a toda prisa hacia el club, intentando acortar la mucha ventaja que Alucard y Sixtina ya les llevaban.
─ooOOoo─
"¡Si no hago algo ahora, estaremos perdidos! ¡Sino trato de escapar como quiera que sea no habrá modo!...pero, ¡¿qué hago? ¡Y él no sabe ni siquiera donde estoy! ¡Si tan sólo tuviera una manera, una sola oportunidad de decirle que estoy en serios aprietos! ¡No importa si me reprende! ¡No importa si se burla! Sólo que él sepa que está vez sí lo necesito, necesito de su ayuda! ¿Dónde estás? ¿Dónde diablos podrías estar?"
Integra se hablaba a sí misma, amordazada y con las manos atadas a la espalda.
"¡Si estuviera a solas, sino hubiera en este momento otros por los cuales preocuparse, todo esto sería más sencillo! Pero si hago algo estúpido, ¡ellos van a morir! ¡Qué problema! ¡Si tan sólo hubiera cerrado la maldita boca, si tan sólo no hubiera discutido con él! Nada de esto habría pasado, pero ya…No es tiempo de lamentarse, ya es muy tarde para eso, ahora debo pensar, ¡debo pensar!
"El olor de su sangre… ¡No! Ella tiene de estar bien… ¡Debe estar bien! ¿Qué tan grande será el aprieto en el que se habrá metido? ¿Por qué el aire está impregnado con el olor de sangre y su perfume?... ¡qué haya sido otra tontería, qué haya sido otra riña de colegialas!"
Y lo segundos que el vampiro corrió hasta alcanzar el lugar de donde provenía el olor a sangre fueron para él eternidades enteras, aunque corrió y corrió a todo lo que le daban sus piernas hasta llegar al callejón detrás del club, hasta que sus pupilas se dilataron todo lo que era posible y los vio…
Sixtina también vio la escena del callejón: un hombre con la cara cubierta, cargando al hombro a una colegiala inconsciente, probablemente embriagada. Pero detrás, ¿qué había detrás de las dos figuras?...
¡Ama!─ exclamó Alucard segundos después de que el tipo moreno con la chica al hombro, intentó buscar un arma entre la pretina del pantalón.
"¡Allí está mi ama!" Le comunicó sin palabras a Sixtina y parecieron entenderse con la mirada.
─¿Qué es lo que está…?
¡Crack!
Las palabras del vampiro fueron abruptamente cortadas por un chasquido.
─¡¿Vlad?...¿Pero qué?
De nuevo un sonido como de un hueso rompiéndose y Sixtina fue obligada a girar sobre sus pies ciento ochenta grados y a trastabillar al grado de casi caer, sus ojos −opacados por un picante ambiente a pólvora y un dolor penetrante e insoportable en la frente− vieron a Alucard pasmado por la repentina sorpresa del disparo que se incrustó.
Un líquido caliente comenzó a escurrir por el rostro de Sixtina que en ese momento entendió que el hombre delante de ellos había querido asesinarlos, un hedor a pólvora, hueso y sangre quemada junto con dos detonaciones cuyo sonido fue apagado por un silenciador de armas, todo eso en unos segundos. Se giró entonces hacia Alucard tratando de enfocarlo entre los ríos de sangre que fluían por todo el rostro, desde el orificio que tenía en la frente hasta su barbilla.
El Rey no muerto estaba en su lugar apretando los puños, sonriendo entre divertido y furioso, como si le hubieran contado un pésimo chiste y a cada vibración de su pecho, goterones y cuajos de sangre negruzca salían entre la comisura de sus labios; una sangre espesa y vascular como la que le empapaba el abdomen por donde la furiosa bala había perforado a la altura de su hígado, pero él ni siquiera se dignaba a ocuparse de la sensación de quemazón en sus entrañas, a él le estaba divirtiendo la expresión de infinito asombro y de miedo en los ojos del mulato de enfrente.
─No puede ser…─ dijo Alucard tratándose de limpiar con la manga algo de la sangre que escurría de su boca─ ¡díganme que esto no es un chiste!
El tipo ni supo hacer otra cosa que dar pasos en reversa mientras que el rubio quien custodiaba a los rehenes temblaba al contemplar la escena.
─Refuerzos…¡manden refuerzos!─ dijo casi tartamudeando a través de su intercomunicador y bajó la guardia, en ese preciso momento de estupor el cañón de su revólver dejó de apuntar a los adolescentes apiñados en el suelo y la única que no estaba aterrorizada (sino todo lo contrario) sonrió para sus adentros, no así Catherine y Charles quienes veían todo con ojos desorbitados.
"¡Bien! ¡Acaba de empezar la diversión". Y en un rápido movimiento de gimnasia, en menos de lo que se puede contar, Integra apoyó ambas palmas de sus manos esposadas contra en suelo, levantó las piernas los centímetros suficientes para doblarlas y echarlas hacia atrás de los brazos de modo que las manos atadas ya no estaban en la espalda sino al frente. Todo fue tan rápido que el hermano delincuente rubio no se dio cuenta cuando ella se había puesto en pie quitándose la mordaza, ni a qué hora envolvió el cuello con la cadena de las esposas, sólo sintió un violento jalón de los eslabones sobre la tráquea y que su manzana de Adán era trozada en varias partes por la joven, contra ella misma, quien aplicaba una fuerza impresionante.
El mulato, casi siendo acorralado y sin saber que hacer retrocedió tanto como pudo al ver al hombretón que, aun gravemente herido, caminaba hacia él con una lunática mirada asesina en unos ojos que de tan terribles, no había visto otros iguales.
"¡Mi ama está bien! ¡Ya se ha liberado!"
─Sixtina, ¿estás bien, verdad?
Claro, claro, sólo es cuestión de que pueda ver a través de todo esto─ respondió acabándose de limpiar la cara mientras que la bala estaba siendo milagrosamente escupida por el orificio en su frente.
Pero justo en ese momento, sin saber cómo o dónde, aparecieron los tipos que habían sido llamados como refuerzos, jóvenes, visiblemente fuertes y armados. Uno de ellos, con increíble velocidad se interpuso entre el mulato y un Alucard que, de no haber sido por eso, le hubiera despedazado como un trozo de pan seco.
Alucard pudo ver al intruso al rostro y por la fuerza con que detuvo su furioso ataque, comprendió que no se trataba de un hombre común y corriente, sino de un ser sobrenatural.
─¿Cómo así? ¡¿Es qué nos vamos a divertir más de lo que había pensado?!─ dijo Alucard quien sin miramientos atravesó el pecho a su oponente, cuando lo único que tenía en su mente era poder llegar a donde su ama.
Aunque parecía que la rubia tenía toda la situación bajo control pues casi lograba amagar por completo al rubio malandrín con las esposas ante la mirada asombrada de Catherine y Charles quienes no terminaban de comprender que era lo que miraban, si estaban soñando, alucinando o de plano habían fallecido sin que sus conciencias les permitieran darse cuenta. La visión de una batalla campal en sus narices, donde dos tipos que no estaban muertos y deberían estarlo (a juzgar por las heridas de balas en sus cuerpos), rompían narices y huesos como si los demás estuviesen hechos de borra y no tanto, ya que los oponentes no eran pandilleros comunes, poseían una perseverancia que por mucho superaba la gravedad de sus heridas, ni los huesos rotos ni las contusiones eran importantes aquí.
Integra casi lograba ahorcar al rubio, los chicos casi se desmayaban y Sixtina se preguntaba si acaso su antiguo amo no estaría jugando a esa pelea callejera adrede, sólo para sacar la ira contenida y algo había de cierto.
Pero las cosas se pusieron peor cuando el tipo consiguió reunir fuerzas para darle un codazo en el abdomen a la rubia que se dobló sobre sí misma, y Alucard sólo tenía que ver algo como eso para girarse y si acaso la pelea hubiese obnubilado por un momento la mente del guerrero, él corrió de dos trancos el espacio que lo separaba de su ama y cuando la tuviera frente a frente, ¿qué le iba a decir? ¿Qué iba a hacer?
Para cuando estuvo delante de ella, que a duras penas estaba recuperando las fuerzas para levantar la mirada lo único que Alucard, ya con la ansiedad, la rabia y la ira, se le ocurrió hacer fue algo así como tomarla por los hombros para mirar ávidamente sus ojos y darse cuenta de que estaba bien, y como si su mente no estuviera del todo de acuerdo con sus impulsos le gritó con voz exasperada mientras la sacudía:─¡Eres una niña idiota!─ pero estaba feliz, aliviado, enojado a la vez
Integra por fin lo miró asombrada y la vez dichosa de que estuviera allí, el insulto tan sólo la sacudió, la movió un momento de su sitio de inconsciencia adrenalinica que hasta se le olvidó que estaba intentando estrangular a un tipo momentos antes, que había tres adolescentes amenazados detrás de ella, que había un segundo tipo que había intentado llevarse a Blair a cuestas por el callejón, cuando un hombre y una mujer aparecieron y para su enorme alivio y felicidad era Alucard, ¿acompañado? Sí, pero quien sabe de quién, lo importante es que él estaba allí y ella podría atreverse a intentar algo estúpido en contra del rubio y casi lo logra…"No importa", pensó cuando vio la mirada de desaprobación y apuro en los ojos de Alucard que sin darse cuenta cabal ya tenía ambas manos sobre sus mejillas sonrosadas (escena que no le gustó nada en lo absoluto a Charles quien no despega la pupilas) y, bendita sea la costumbre de decir lo primero que estuviera transitando por su mente, ella hizo cara como si algo le estuviera dando asco y, maldición, abrió la boca sólo para decir:─ ¿Quién te ha dado derecho de insultarme de nuevo? ¡Quítame las manos de encima!
─¡Cuidado haya!─ algo había interrumpido, Sixtina previno haber lanzado por los aires a una de sus víctimas, la última de toda la cuadrilla, en dirección a los contenedores de basura.
Alucard entonces se hizo unos centímetros para atrás con una expresión de molestia y algo de cansancio al ver que nunca obtenía la reacción deseada en Integra.
─¡Está bien! Acabemos con esto de una vez por todas─ exclamó él al tiempo de romper las cadenas de su ama como si estuvieran hechas de estambre.
─¡feñor!─alzó las manos y pronunció a media lengua Catherine ─ Feñor… ¿pfdría?
Alucard entendió, y aproximándose hacia ella, reventó las esposas y retiró la mordaza (detrás de ellos Sixtina había dado por concluida la batalla y se afanaba de nuevo en tratar de limpiarse el rostro lo mejor posible).
Entonces los ojos de Alucard tropezaron con los azules de Charles Islands, de pie contra la pared, amordazado y atado por las muñecas lo miraba sin tregua, y decididamente era una mirada que hubiera podido congelar el aire, a lo que el vampiro dio la importancia que siempre concedía a los asuntos más banales, pudo hacer o decir otra cosa, pero en ese momento los hermanos Cacciatore arribaron junto a una escolta personal, bordeando el callejón, Gulio profirió una exclamación de disgusto y estupefacción:─¡¿Pero qué diablos es esto?
Nadie pareció querer contestar, en vez de eso, Alucard se sonrió burlonamente y se dirigió a Charles para arrancarle bruscamente la mordaza a modo de causarle dolor.
─¡Auch!─ gritó el pálido joven.
Y luego fue virado por los hombros y de nuevo el vampiro rompió muy bruscamente la cadena para causarle más dolor, por último lo empujó con un ademán de insignificancia y desenfado, y la poca fuerza que le ejerció en esto, fue necesaria para tumbarlo de rodillas en el suelo.
─¡Gulio Cacciatore, estás jodido, hombre!─gritó Alucard muy alegre al hermano mayor mientras lo apuntaba con su dedo índice y luego le señalaba con la mirada lo que fue el campo de batalla: cuerpos y armas que apenas si habían sido usadas, todo esparcido hacia todas direcciones sobre el callejón.
─Pero, ¡¿qué?! ¡¿Cómo?! ¡¿Cuándo?! ─pero Gulio tuvo que guardar silencio al escuchar el sonido de las sirenas policiacas a lo lejos.
─Te lo dije, estas jodido…
Y como si fuera un auto reflejo, la puerta de emergencia se abrió de golpe para escupir de súbito una manada de chicos y chicas emprendiendo la huida, disparados en todas direcciones, lo mismo que se desbocaban por la puerta principal.
─¡Aquí es donde huimos!─le decía un chico a su pareja mientras la arrastraba por la mano.
─¿Por qué? ¡No hicimos nada malo!
─¡Lo sé, pero cuando viene la policía hay que huir!
Y pasaron como de rayo en medio de todos los presentes del callejón. Entre la confusión y el revuelo causado por los restos de la pelea, con cuerpos esparcidos en todas direcciones, y el chico inconsciente en el suelo que no hacía otra cosa más que estorbarle a los escurridizos que iban saliendo sin parar; Catherine y Charles de espaldas contra la pared a modo de no chocar contra nadie en su camino; Integra aún adolorida de súbito pareció recordar algo y comenzar a buscar con los ojos por los rincones de un lado a otro; Sixtina quien se encontraba acorralada entre el flujo de jóvenes que pasaban incluso empujando a Gulio Cacciatore discutiendo con sus hermanos.
─¡¿Pero quién pudo haber sido el autor de este atraco?! Fue ese malnacido de Bad dog, ¡estoy seguro de que esas mal olientes pandillas de Whitechapel están detrás de todo esto!─ gesticulaba y manoteaba Gulio frente a sus hermanos quienes miraban en todas direcciones.
─¡Ahora tenemos que ver de qué manera nos quitamos a la policía de encima!
─¡Cómo siempre! ¡Tenemos que prepararle un buen soborno a Scotlan Yard!
Y ajenos a todos eso, Integra seguía buscando de aquí para allá, ahora lucía angustiada, casi conmocionada, como si hubiera perdido un millón de libras entre los botes de basura. Alucard también hacía pesquisas. Cuando el flujo de chicos se hizo menos grueso, le dio tiempo de revisar los cadáveres esparcidos en el suelo (desnucados, con el pecho atravesado en su mayoría, tal vez aún quedara uno vivo), él movía sus rostros con el pie y miraba cautelosamente para confirmar lo que sospechaba y se decía así mismo que los Cacciatore iban a tener muchos más problemas de los pensados.
─¡Vámonos de aquí!─ dijo casi ordenando Charles a Cathy quien estuvo muy de acuerdo
─¡Integra, vámonos!─ habló Cathy a la chica que parecía turbada y aún incrédula─ ¿Integra?
Por mí ha sido todo─ dijo Alucard a Sixtina quien en ese momento lo alcanzaba─ es hora de regresar a casa, debo llevarme a mi ama de regreso, así que arrivederci!─ movió alegre el brazo para despedir a Gulio quien junto a su hermana corrían a la entrada principal del club. Lorenzo se había quedado organizando la remoción de los cuerpos en el callejón.
─Yo debo quedarme y ayudar, tal vez podamos ocultar evidencias o van a tener problemas con la justicia.
─ No lo van a hacer, la van a comprar, pero como quieras Tina, yo me despido aquí, es hora de…
─¡Alucard, Alucard!─ gritó Integra agitada, Charles y Cathy venían detrás de ella.
─ ¿Qué pasa?
─¡Tenemos un problema, un grave problema!...
─¡¿Qué ocurrió aquí?!
De repente escucharon una voz conocida, todos voltearon para ver a quien pertenecía y vieron a Bob y a Maggie frente a ellos.
─¡Walsh! ¡¿Dónde te habías metido?!─ gritó con alegría, Cathy.
─Ya era hora─ dijo sombrío Charles.
─¿Qué…qué fue lo que pasó aquí?
─¡Te explicamos luego!─ exclamo Integra─¡ahora estamos en aprietos!
─¿Qué es lo que pasa, Integra? ¡Sólo dilo!
─¡Es lo que estoy tratando de hacer!..
─ Y no nos dices nada, ama.
─Sí, te escucharemos.
─¡Basta!... ¡¿Qué no se han dado cuenta que Blair no está?
Y una mirada de sorpresa se dibujó en el rostro de todos quienes intercambiaron miradas.
─¡Esos tipos han desaparecido junto a ella! ¡Ellos han logrado secuestrar a Blair!
Continuará...
