XII

El puente de Londres se va a caer.

Jan Valentine había confiado en su buena suerte toda la vida. Había confiado tanto que era francamente muy difícil que perdiera los estribos o que definitivamente no supiera que hacer en una situación extrema, una situación límite como esa. Aún con la perturbadora tibieza de la joven que tenía echada al hombro y con el horror de tener frente a quien sabe qué clase de seres que no caían muertos al suelo por más que les hubiera metido plomo como para hacerlos reventar, él hubiera sabido que hacer, pero ese día, sin pensarlo o imaginado, se había dado un golpe estrepitoso con lo más álgido de la realidad:" ¡todo se va a ir a la mierda!".

El hombre al cual le puso una bala en el costado, aunque escupiendo sangre, reía con una expresión que él nunca había visto jamás, (y eso que se jactaba de haber atestiguado de todo en sus escasos años), pero de esto ni hablar. Contó los segundos que estuvo expuesto, escuchó su corazón arrastrándose en su pecho, reventando sus arterias transido de miedo o conmoción, vio a su hermano pidiendo ayuda por teléfono y después…No supo cómo su suerte le volvió a sonreír, ya que el monstruo que reía frente a él y la mujer con la frente reventada y sanguinolenta (en la que creyó reconocer a la apodada bruja de la calle Baker) de repente los perdieron de vista…La ayuda, los refuerzos, cualquier cosa que hubiera sido, nuevamente les habían salvado el culo a ese par de hermanos con más vidas que un gato, con más estrategias de sobrevivencia que un perro de la calle…Sí, ¡de la calle! Tal vez el único lugar donde eran como peces en el agua, de la cual conocían todos sus secretos y recovecos, por las cuales volvieron a escapar en medio de esa noche extraña, con, por lo menos, una presa en las garras, en las garras del mulato que corrió a través del callejón hasta alcanzar la otra calle. Luke era muy listo, pidió que la furgoneta que había de servirles de transporte simplemente arrancara y buscara la calle de atrás, y dejaron el inútil zafarrancho tras ellos.

Esa noche ya no iban a conseguir nada más pero tampoco regresaban con las manos vacías, estaban secuestrando a una aristócrata. Y para cuando los amigos de su víctima quisieron darse cuenta, surcaban la ciudad en la furgoneta robada, conducida por uno de los chicos "extraños" del jefe, más un copiloto y dos más armados, que les abrió la portezuela trasera y los dejó entrar cuando el vehículo ni siquiera se había detenido por completo por lo que los tres: dos captores y víctima habían caído de panza como muñecos de trapo dentro, y de pura adrenalina y puro gusto, ambos hermanos se vieron a los ojos y se echaron a reír, y luego a carcajear...

─ ¡Carajo, hermano! ¡Los hemos jodido! ¡Nos hemos salido con la nuestra!─ dijo entre risas de júbilo a su medio hermano, quien sólo escondió el rostro en el brazo, boca abajo como estaba, riendo, casi llorando de alivio…

Y los cuatro chicos extraños no expresaron ninguna emoción, estaban como autómatas a los cuales les habían robado un trozo bien grande de alma, porque esos, no eran los mismos que habían salido del barrio tres semanas antes…

─¡Nunca nos atraparán! ¡Estamos muy lejos de su alcance!─ exclamó Luke Valentine triunfante─¿Cómo van a dar con nosotros?

─¡¿Cómo vamos a dar con ellos si ni siquiera sabemos en qué o cómo huyeron?!─ se preguntaba frenética Integra Hellsing. Y si pensaba que no se podía volver a estar tan angustiada como en cierta tarde, en cierto sótano de cierta mansión, estaba muy equivocada.

─Hay una forma pero…no conocemos bien su aroma─ dijo Alucard refiriéndose a Sixtina también.

Integra miró casi desconcertada por unos segundos a la mujer que no había sido presentada.

─Si…si pudiéramos tener una prenda o una pertenencia de la chica─ sugirió Sixtina quien se sintió cohibida por la mirada insistente de la rubia adolescente.

Pero la prioridad era la prioridad y cuando pusieron en las manos el jersey olvidado de Blair, a la vampireza sólo le bastó aspirar el perfume impregnado para resolver que Blair estaba siendo llevada calle arriba, hacia el Regent's Park seguramente.

─¿En qué auto, o cómo?─ preguntó insistente Integra.

Y Sixtina entonces entró en una especie de trance durante un instante, en el que pareció la vampireza había abandonado el callejón y decía ver una furgoneta con seres sobrenaturales dentro, esa furgoneta llevaba arrastrando el aroma reconocido.

─El vehículo es una furgoneta gris, ¡pronto! Se dirigen al parque, ¡puedo verla!…

Al escuchar decir aquello, Integra fue la primera en echar a correr, armas en mano, directo al único auto que tenían disponible: el BMW de Walsh, pronto los demás la siguieron.

─ ¡Yo al volante! ¡Esto no es trabajo de niños! ─exclamó Alucard arrebatando las llaves de la mano a Bob quien no sabía qué hacer, si correr en pos del vampiro o quedarse clavado como estatua

Los otros chicos los siguieron, pero Integra, Sixtina y Alucard (quien ya encendía el motor) habían abordado el auto.

─ ¡Señor! ¡No podemos dejar a Ralph allí! ─ exclamó Cathy señalando al adolescente inconsciente tirado en el suelo.

─ ¡Con un demonio! ─exclamó Alucard y saltó de nuevo, tomó al chico en su espalda como si fuera menos que un bulto ─ ¡abran la cajuela, rápido! ─ luego de ser obedecido en el acto, arrojó allí al muchacho que continuaba perdido quien sabe en qué pasajes de la inconsciencia, luego cerró con premura y volvió a su asiento, junto a él estaba Integra.

─ ¡Vámonos, vámonos, carajo!, ¡¿por qué tardan tanto?! ¡Parecen ancianas!

Sixtina en el asiento trasero portando ya un arma y junto a ella, se hicieron caber Charles y Bob:

─ ¡No crean que me dejarán atrás!

─Nadie lo intenta, ¡si quieres enterarte de que pasa es cosa tuya, pero este es mi auto! ¡Chicas, vayan a casa!

Dijeron a Cathy y a Maggie que se quedaron paradas llenas de nerviosismo, mirando como el auto arrancaba haciendo rechinar las llantas sobre el asfalto, pasando de largo a las patrullas atestadas de oficiales de policía que en ese momento llegaban al lugar donde habían reportado un tiroteo. Pero más tardaron en ser abandonadas, que en hacer la parada al primer taxi que vieron pasar, abordar casi de un brinco y ordenar a coro: ─ ¡Siga a ese auto!

─ ¡Siempre quise decir eso! ─exclamó Cathy sonriendo satisfecha mientras que taxi arrancaba para seguir al BMW a toda la velocidad que podía.

A kilómetros de allí sobre la avenida Alucard apretaba el acelerador, mientras silbaba y esquivaba a todo el que se interpusiera en su camino

─ ¡¿Estamos lejos aún?! ─preguntó Integra, visiblemente ansiosa

─ ¡No! ¡Cada vez menos! ─contestó Sixtina quien se aseguraba que el arma que llevaba en las manos estuviera cargada

─ ¡Si ella tiene un arma nosotros también queremos una!

─ ¡No molestes, Charles!

─ ¡Yo también se pelear, aunque lo dudes!

─ ¡Cállate o te arrojo del auto en este momento!

─ ¡Eso sería excelente! ─dijo Alucard.

─ ¡Vamos en dirección al Regent's Park! ─exclamó Integra

─ ¡Vamos en su ruta, ya no deben estar lejos! ─agregó Sixtina ─…no, de hecho, ¡allí están!

Con su mirada vampírica podía distinguir la furgoneta gris a un par de kilómetros de distancia, viajando a una velocidad suficiente para no llamar la atención de la policía de tránsito, pero sí para escapar.

─Tenemos mucha suerte de que está avenida no esté tan congestionada─ dijo Sixtina

─ ¡Por eso la escogieron! ─masculló Alucard entre dientes y decidió acelerar, pudiendo distinguir el objetivo.

─ ¡Vas muy rápido! Vas a llamar la atención de la policía, ¿es lo que deseas?

El vampiro sólo asintió con una sonrisa lobuna mientras agregaba otra velocidad: ─ Sí, ellos podrían ser de ayuda ahora que vamos en pos de tan pocos…Ey ¡Mira como corre está máquina! ¡Qué buen auto tienes, niño!

Pero Bob sólo estaba mullido en el asiento, encomendándose a Dios porque nada malo fuera a pasarle a su deportivo, so pena de incurrir en las iras del vicealmirante.

─¡Jugando al gato y al ratón como unos tontos! Cuando podría aplicar mis métodos, ama, y no necesitaría de un auto como si fuera un simple mortal…

─ ¡No! ¡No es conveniente llamar la atención de ese modo en pleno corazón de la ciudad, si esto puede quedar como un crimen común y corriente!

Charles por su parte, saciaba su curiosidad por comprobar si los vampiros poseían reflejo o no, sin mucha discreción se asomó al retrovisor y lo que vio lo impresionó de verdad: era como si el auto se estuviera conduciendo solo, como si solamente Integra, Bob y él estuvieran a bordo.

─ ¡Vaya! ¡Entonces era cierto! ─se sonrió al haber resuelto su duda, levantando una ceja se perdió en sus propios pensamientos en los que se planteaba la posibilidad de llegar a ser líder de vampiros, de llegar a casarse con Integra.

─ ¡Allí están! ─ exclamó la rubia señalando con el índice ─ ¡Alucard, baja la velocidad, que no se den cuenta que los estamos siguiendo aún, deja que entren al parque!

─ ¡A la orden! ─dejó de presionar a fondo el acelerador

─ Es mejor ir con cautela, tratemos de no llamar demasiado la atención, y ya sabes a lo que me refiero con demasiado…no quiero un incidente mayor con la convención de los doce… ni mucho menos con Palacio…

Entonces dejaron que la furgoneta siguiera su camino, aunque sin perderla de vista, y sí, efectivamente se dirigía al Regent's Park.

─ Pero… ¿cómo es que no han reparado en este auto? ─preguntó Charles, reflexionando─ Esos tipos estaban en la cafetería de Victoria hoy en la tarde, seguro que vieron en que vehículo nos marchamos, nos siguieron al club, ¡y bueno!...

─ ¿Lo estaban? ─Integra volteó a mirarlo, Bob y Sixtina también.

─Pensé que todos lo habían notado…estaban sentados a la barra del bar cuando llegué…

─Con razón…. ─ expresó Integra volviendo a mirar al frente

Sin embargo los Valentine estaban cometiendo el descuido de no mirar quien los seguía, incluso habían olvidado la existencia del deportivo negro por el momento. Nerviosos, llenos de adrenalina y droga como estaban, esperaban hallar a sus contactos en el lugar acordado, en lo profundo del parque. Luke no despegaba la vista de su víctima que a pesar de todo dormía: "¡algo no anda bien con esta chica…!", se decía, y revisó sus signos vitales: su corazón latía lento, "espero que no se vaya a morir ahora, ¡sería un gran desperdicio!". Jan estaba de pie detrás de los asientos de enfrente, tratando de conversar con sus secuaces, pero sin obtener mucho éxito pues estos parecían haberse transformado en robots, "¡algo no anda bien con estos tipos!", pensó el mulato, rascándose la sesera, frunciendo la nariz mientras entraban al umbroso paso del Regent's Park, a esa hora iluminado sólo por las farolas publicas colocadas entre las decenas de árboles plantados al lado del camino adoquinado que daba acceso a los autos.

Zona peatonal, disminuya su velocidad

Se leía en señalamientos a la orilla del camino, Integra y los demás supieron que estaban entrando de lleno a aquel bosque citadino, razón por la que se habían quitado de enfrente a casi todos los autos, con excepción de los pocos que seguían ese sendero, pero en un momento se quedaron sólo la furgoneta, el convertible y el taxi, fue entonces que a Jan se le ocurrió mirar por uno de los espejos y descubrió que efectivamente estaban siendo seguidos.

─ ¡Maldita sea! ¡Esos bastardos nos han hallado! ─exclamó rabioso, tomando uno de los rifles que yacían allí.

─ ¡¿Quiénes?!

─ ¡Los que escaparon y seguramente el tipo alto que llegó después!

Y ambos hermanos se asomaron al retrovisor que daba al lado del chofer, lo que vieron los dejó desconcertados del todo, pues por el espejo parecía que el auto venía conduciéndose solo, como por arte de magia. Se voltearon a ver las caras muy sorprendidos, sin posibilidad de ver directamente pues la furgoneta carecía de mirillas para ver al exterior a través de la caja.

─ ¿Pero qué dem…?

─ ¡Allí está la maldita rubia que le pateo el trasero a los otros! ¡Puta estúpida!, ¿qué cree que va hacer?

─ ¿Pero por qué mierda nadie conduce el auto? ¡No entiendo nada!

─ ¡Eso ya no importa ahora, sino que nos deshagamos de ese problema! ¡Tú, dales una lección! ¡A trabajar, sabandija! ─le ordenó Jan a uno de los jóvenes extraños, quien asintió y obedeció en el acto, yendo seguro y conciso a tomar un rifle, abrir una de las puertas traseras de un punta pie y apuntar el arma para después…caer de espaldas con una bala metida en el cráneo hasta el cerebro que entró a través de su ojo.

─ ¡Parece que la fiesta acaba de comenzar! ─dijo Integra, guardando equilibro con una pierna doblada sobre el respaldo del asiento y otra sobre él, pues acababa de hacer un certero y contundente disparo justo en el ojo del tipo que vio asomarse por la caja de la furgoneta.

─ ¡Tú lo has dicho, ama!

─ ¡Perra suerte! ─ exclamaba Jan Valentine al asomar los ojos por una de las puertas abiertas de la furgoneta y darse cuenta que la rubia maniática estaba armada y que el loco alto, moreno y terrible era quien conducía el deportivo. Como de rayo tomó el rifle que el finado ya no iba a usar

─ ¡¿Qué es lo que está pasando?! ─ preguntó frenético Luke, sólo para asomar la cabeza un tanto y ver al nosferatu conduciendo con una sonrisa sádica y enferma, y a la rubia parada sobre el asiento del copiloto, apuntándolo, en ese instante tuvo la suficiente suerte y los reflejos rápidos para meter la cabeza antes de que ella le volara la tapa de los sesos, por lo que el plomo dio contra la lámina de la portezuela ─ ¡Coño! ¡Pero qué buena puntería tiene esa perra! ─exclamó al tiempo de armarse también, ordenar que aceleraran todo lo que podían y a los otros dos extraños, que se pusieran en guardia.

─ ¡Ya casi llegamos al punto de encuentro! ─ exclamó Jan miedoso de volver a enfrentar al "tipo loco que no moría".

Al ver acelerar la furgoneta, Alucard hundió el acelerador también, detrás de ellos, el conductor del taxi se había negado a seguir en esa persecución donde participaba una colegiala armada y peligrosa contra ampones dispuestos a matar también, pero sorprendentemente Cathy hizo que el chofer prefiriera bajarse antes que enfrentar a una chiquilla pistola en mano.

─ ¿De dónde has sacado eso, maldita loca, si tú no sabes ni usar una resortera? ─preguntó Maggie visiblemente asustada al ver bajar al taxista temblando de miedo después de que fuera encañonado por la nuca bajo amenaza de muerte sino salía en ese momento del vehículo.

─ ¡Lo sé! ¡Sólo la tomé del piso atrás del club y la traje conmigo cuando Integra se hizo de las suyas! ─ riendo, mientras pasaba al asiento del chofer para encender el motor y seguir la marcha ─ ¡no pensaba usarla de todas formas! ─arrancando y acelerando sobre ese camino casi solitario de no ser por la furgoneta que escapaba del deportivo donde Integra estaba ansiosa por rescatar a su amiga.

─ ¡Alguien más nos está siguiendo! Al parecer son las chicas que dejamos atrás ─dijo Sixtina asomándose atrás

─ ¿Maggie y Cathy? ─dijeron a coro los tres jovenes, volteando a mirar

─ ¡Vaya!

─ ¡Oh no! Maggy, ¿qué hace exponiéndose al peligro! ─exclamó Bob visiblemente ansioso.

─ ¡Estos bastardos no esperan continuar solos por mucho tiempo, si no nos han dado batalla es porque saben que no pueden! ¡Están solos en este momento, yo diría que sería uno muy bueno para atacar! ─exclamó Alucard que en ese momento no pudo esquivar unos señalamientos de madera al pasar por una curva muy pronunciada, chocando contra ellos y haciéndolos volar por el aire.

─ ¡Cuidado! ─exclamó Sixtina

Integra se volvió a sentar de un brinco para no ser alcanzada por los maderos volando por encima de su cabeza

─ ¡No! ─exclamó Bob como si el golpe no lo hubiera recibido la defensa y cofre del auto, sino su carne misma.

─ ¡Ouch, vaya golpe! ─exclamó Charles

─ ¡Lo siento ama! Bueno, te iba a diciendo, dispara ahora contra ellos, rompe sus neumáticos, ¡los detendrás antes de que lleguen a su destino!

─ ¡No! Si lo hago la furgoneta se volcará y Blair puede resultar herida…

Alucard hizo rodar los ojos: ─ Bueno, en ese caso, déjame que lo arregle yo, ¡estos bastardos van a detenerse aquí y ahora! ¡Voy a saltar a la furgoneta, pero primero me acercaré! ¡Integra, ponte el cinturón, pero cuando salte, deberás estar lista para tomar el volante! ─ la joven asintió, se abrochó el cinturón porque sabía que es lo que él iba a hacer. Entonces, hundiendo el pie a fondo en el acelerador, marcó otra velocidad con la palanca hasta impactarse contra la defensa de la furgoneta.

─ ¡Oh por Dios! ─exclamó Bob horrorizado al ver crujir la defensa y la fascia de su auto contra la odiosa furgoneta.

─ ¿¡Luke, qué rayos fue eso!? ¡Maldita sea, nos están provocando! ─los hermanos apuntaron bien su rifle, dispuesto a matar a morir, pero sin atreverse a sacar la cabeza para atacar, temían demasiado al loco inmortal.

─ ¡Sixtina, dame tu rifle!─ ordenó Alucard.

─ ¡Aquí va! ─ tendió el arma, el rey no muerto la tomó con una mano

─Integra, prepárate ─ella desabrochó su cinturón y se dispuso a hacer el cambio de asiento ─ a la una, a las dos… ¡ahora!

El nosferatu dio un tremendo salto que lo llevó a aterrizar casi sin problemas sobre el toldo de la furgoneta, el deportivo desaceleró los segundos que le tomó a Integra apoderarse del volante y el control del auto, antes de eso, el vehículo zigzagueó a punto de incrustarse a su izquierda, pasando a golpear a una hilera de barandales de acero que golpearon profusamente el costado del auto, haciendo añicos un espejo retrovisor.

─ ¡NOOOOO! ─exclamó Bob completamente consternado

─ ¡Wow, miren como vuela la pintura! ─ agregó Charles

─ ¡Listo, ya está! ─ dijo Integra controlando firmemente el volante, sin despegar los ojos de Alucard en el toldo, lo vio cortar cartucho, y como el sonido de sus pies alertara a los facinerosos una bala salió desde dentro, y allí mismo él detonó su arma hiriendo a su atacante cuando otra bala se impactó en su mentón, rugió, tomó el rifle, cortó cartucho otra vez mientras su carne escupía la detonación, luego de eso masacró a bala limpia al vampirillo ya herido que le había vuelto a hacer sangrar, así abrió con bestial fuerza el toldo a partir de los orificios ya hechos y de un salto se halló dentro (juzgaba que de esa manera aterrorizaría más a los maleantes que sólo traspasando), irguiéndose luego amenazador y terrible ante los medio hermanos que miraban aterrorizados como un par de ojos escarlata brillaban enardecidos en dirección a ellos desde esa sombra alta, imponente, terrible y despachando de un tiro en la nuca al otro extraño que trato de atacarlo (no así el chofer, el último de los extraños en ese transporte, que no se inmutaba ni perdía la concentración de su tarea de conducir, y pareciera que no iba a serlo a menos que recibiera la orden, era como un zombie, como una simple computadora): ─Sus últimas palabras antes de que los mande al infierno, ¡par de hijos de puta!…─dijo con su voz de trueno, arma en mano─ ¡y hagan énfasis en porque debo tenerles piedad y matarlos lo más pronto posible…!

¡¿Por qué tardaron tanto?! ¡Recién los hemos distinguido! ¡Más de mis muchachos van para allá!

Escucharon todos en el interior a través del inter comunicador instalado en el tablero, Alucard entonces vio lo que podría ocurrir a continuación, con claridad supo que su ama estaba en peligro y rápido, sin dejar de amagar a los hermanos, hizo aún más tiempo para pedirle a Sixtina que alejara a Integra de la furgoneta: "¡No estamos solos, más de esos cabrones vienen hacia acá, haz que ella se desvíe del camino, ahora!". Usó telepatía…

Sixtina le escuchó y sin pesar dos veces tomó la oportunidad que el camino le ofrecía metros más adelante, abalanzándose sobre el volante para hacer que la rubia saliera de: ─ ¡¿Pero qué demonios estás tratando de hacer, lunática?!

Los demás a bordo se aferraron de donde pudieron, quejándose y maldiciendo. Integra perdió el control del auto durante unos segundos en los que avanzaron girando trecientos sesenta grados sobre la desviación de adoquines, hasta que ella pudo detenerlo por completo para después saltar enardecida, Charles siguiera maldiciendo y Bob no hiciera más que lamentarse porque su padre seguramente le iba a dar muerte: ─ ¡Me quieres explicar qué mierda fue eso, tú…quien quiera que seas!

─ Él me lo dijo ─tranquila, sin inmutarse un milímetro siquiera ante el agresivo cuestionamiento de la rubia, sólo señaló con la mirada hacia el camino que habían dejado ─ no estamos solos…

La furgoneta también se había detenido en medio del camino, rodeada por un número considerable de "extraños" que les habían alcanzado motorizados, ya fuera en auto o en motocicleta.

─ ¡Supimos que él estaría aquí! ─dijo un hombre sombrío que vigilaba atento desde las sombras del parque─ ¡ahora contemplaremos una función de primera! …

─ ¿Qué es lo que dices? ¿Qué…quién llego? ─cuestionó la rubia a la bruja, toda llena de confusión

─Integra…In…Integra….

─ ¡Ahora no Charles!

─ ¡No! ¡De verdad tienes que mirar!

La rubia, Sixtina y Bob siguieron la mirada de Charles quedando congelados en el acto…

─ ¡Así que esto se pone más interesante! ─ Con su sonrisa pérfida tan característica, añorando como pocas veces el gélido y mortal acero plateado de la Casull que ahora se hallaba a kilómetros de él, resguardada en la oscuridad de la mansión…

─ ¡Oh no! ─exclamaron Cathy y Maggie quienes de alguna distancia miraron como Integra había desaparecido violentamente por la desviación que no terminaba en otro lugar que en uno de los profundos lagos del parque

─ ¡Tenemos que hacer algo! ¡Bob…no!

Ahora varios engendros motorizados habían seguido a Integra y los demás con ella, ¡inevitable!...

─ ¡Oh sí! ¡Ahora veremos de lo que él es capaz de hacer! ─ decía el misterioso hombre que había orquestado todo aquello ─ ¡quiero verlo con mis propios ojos!

Mientras el rey no muerto avanzaba desde la oscuridad de la furgoneta, donde había tenido que dejar vivir al "par de asquerosas ratas de alcantarilla", bajo la amenaza de: ─ ¡Sal inmediatamente sin hacer daño, monstruo, o verás morir a la mocosa!

Fue suficiente para empujarlo hacia afuera, imaginando que habían capturado a su ama pero al salir lo único que vio fue a casi media centena de vampirillos que no eran otra cosa que adolescentes y jóvenes salidos de los barrios bajos, macilentos, pútridos a los ojos del conde, ¡mísera escoria! (Y al final de contingente la vio: una niña pálida de cabellos albinos, vestida como se vestían las chiquillas impúberes hacía más de un siglo). Él se detuvo en el filo de la compuerta antes de dar el último salto para tocar el suelo, sostuvo el arma entre un brazo y comenzó a aplaudir: ─ ¡Vaya, vaya! ¡Qué conmovedor espectáculo! ¿Así que están aquí todos por mí? ¡Qué buen detalle! ─y comenzó a carcajearse haciendo que sus enemigos se preguntaran cuál era el motivo de la diversión si es que acaso había uno… ─bueno, ya que todos ustedes se han molestado… ¡Ahora pueden irse al infierno a joder con su perra madre!…. ─y de un salto se colocó en medio de aquel circulo de inmundicia…

─ ¡Integra, son demasiados y sólo tienes tres armas…y nosotros somos sólo cuatro!

─Yo no necesito un arma, señorita Hellsing ─Sixtina, dando un paso al frente, Integra tan sólo entrecerró los ojos para tratar de reconocerla si es que la había visto antes ─ ¡tomen las armas ustedes y defiéndanse!

─Charles, Bob, ¡tomen! Bob, ¿sabes disparar, verdad?

─ ¿Bromeas? ¡Soy hijo de un militar de carrera!

La rubia asintió entonces y arrojó a las manos de ambos los dos revólveres que traía en la pretina de la falda tableada, mientras que se ponía en guardia apuntando su rifle, frente a ellos se hallaba ya una hilera de motocicletas con dos ocupantes cada una, ocupantes que los miraban con expresiones sádicas y tenebrosas, sin decirse a embestir aún.

─ ¡Preparados! ─ gritó Integra, mientras que los engendros desmontaban y se aproximaban a ellos con contundente paso…

─ ¡No podemos acercarnos! Es mejor que pasemos lo más desapercibidas posible, ¡sólo le estorbaríamos a Integra y a los demás!

─ ¡Pero algo tenemos que hacer!

─ ¡Por lo pronto ocultarnos! ¡Vamos a bajar de aquí!

Cathy y Maggie bajaron del taxi temerosas de convertirse en carne de cañón, y desde el cobijo que les proporcionaron mogotes de pinos, pensaron en algo que pudieran hacer.

─ ¡¿Dónde está ella?! ¡¿Dónde está Integra Hellsing?! Y sino se halla aquí, ¡¿quién ha osado nombrarla en vano?!

En ese instante habló la pequeña visión, aquella que lucía como una niña pequeña y que vestía a la usanza victoriana: ─ Ella no está aquí, querido príncipe…pero no quiere decir que no se encuentre en peligro ─ y señaló en dirección al lago.

Alucard entendió en seguida que aquello no había sido sino una emboscada. Que el supuesto secuestro, ese crimen del fuero común y el par de hermanos, esos ordinarios delincuentes, ¡incluso ellos mismos! No eran más que piezas de algún enfermo rompecabezas. Con toda la rapidez que pudo, estableció contacto mental con Sixtina: "¡Esto era una trampa! Por lo que más quieras, ¡saca a mi ama de aquí! ¡Yo en este instante me encuentro rodeado, no puedo ayudarlos ahora!

─ ¡Apunten! ─ella y los muchachos, en fila, dispuestos ya a luchar por sus vidas (Bob sin titubear, sacando la casta, Charles sonreía como si incluso lo estuviera disfrutando)…

─ ¡Vlad! ¡Vlad está rodeado también! ─Integra desvió los ojos para mirarla, sorprendida ─ y desea escuchar sus órdenes…

La joven Hellsing sólo tuvo una fracción de segundo para pensar y sin embargo resolvió, pero sin bajar la guardia: ─ La restricción de poder más sencilla… ¡Restricción seis, con aprobación de Cromwell! …¡Qué los haga pedazos!

Sixtina asintió y comunicó el mensaje al gran nosferatu quien sonrió habiendo captado la orden: una liberación de poder modesta. La joven Hellsing deseaba limpieza eficaz pero sin demasiada parafernalia, sólo practicidad.

─ ¡Lo que ordene mi ama!... ¡Y nadie debe proferir una amenaza contra ella o contra mí en vano!

─ ¡Fuego! ─ordenó la heredera, y las armas se detonaron.

Para la bandada de engendros, el grito definitivo de batalla.

─ ¡No seré benevolente con ustedes! ¡No son más que mierda!...

Ambos contingentes demoniacos, en ambos puntos, se lanzaron a matar con furiosa ponzoña asesina brillando en sus cuentas enardecidas y los fieros colmillos derramando hilillos de saliva.

─ ¡Apunten a la cabeza, a la cabeza! ¡Destrocen sus cráneos! ─aconsejó ella mientras descargaba su arma en furioso combate, lo mismo que los etonians, quienes habían olvidado todo miedo. Sixtina, mientras tanto, observaba todo desde la retaguardia, preparándose.

─ ¡Escoria! ─ con un sólo manotazo al aire, Alucard hizo volar por los aires a los vampiros que formaban la primera falange en esa improvisada infantería del infierno, sólo para hacerlos caer desparramados, los demás entonces retrocedieron recelosos de una muestra de poder que no habían conocido antes, y que sin embargo, para el Rey no muerto era nada ─ Liberación seis, aprobación de Cromwell…

─ ¡Son muchos, parece que los eructa el suelo y las balas se agotan! ─ exclamó Charles.

La joven lo comprobó cuando su rifle dio la última percusión: ─ ¡Pues los combatiremos sin ellas! ─fiera, decidida a todo, tomando el rifle por el cañón, avanzando para combatir cuerpo a cuerpo, usando como arma la culata del rifle, cuando en ese instante la vampireza saltó al frente, tenía los ojos brillando en abrumador carmesí, las facciones del rostro contraídas en un gesto deforme, ¡iracundo! Sedienta de muerte y sangre. Sonrió perversa tan sólo para mostrar un par de colmillos afilados, enormes, ¡carniceros!

─ ¡Vengan a mí! ─ caminando en línea recta, señalándose a sí misma, ─ ¡VENGAN A MI! ─entonces la manada embistió contra ella.

Mientras tanto, a metros de distancia, una versión oscura, abismal como los recovecos del infierno, se materializó en medio de ese campo de batalla improvisado. De repente el vampiro que tenían enfrente invocó un enorme can amorfo y macabro, que abría y cerraba sin tregua sus muchos ojos, avanzando, amenazando con engullir todo a su paso…

─ ¡Formidable, formidable! ─ emocionado, extasiado hasta la medula aquel hombre sombrío que observaba protegido desde la sombras, no así el hombre que lo acompañaba, el cual desorbitaba los ojos, lo mismo que el chofer del auto donde se estaban ocultando.

Frente a ellos, el perro infernal de muchos ojos dispares y maniáticos consumiendo a los infelices que iban cayendo destrozados en sus fauces bajo el demente beneplácito del rey no muerto que avanzaba escuchando crujir huesos bajo sus pies, bajo su cuerpo sobrecargado de ese terrible poder que sin embargo sólo era una vaga demostración. El hombre que le observaba desde el anonimato lo sabía bien.

Frente al lago la vampireza Sixtina cercenaba gargantas, tronaba cráneos y cortaba yugulares con su pura y brutal fuerza física. Integra tampoco daba tregua a sus atacantes: eficiente, mortífera, usando la culata del rifle primero, golpeando con inclemente y cruel maestría de algún arte marcial bien aprendido, usando codos, piernas y pies para luchar (lucha cuerpo a cuerpo que no pasaba desapercibida por Charles, quien junto a Bob, se defendía como podía usando herramientas que había hallado en la cajuela del auto, junto al dormido Ralph, al que volvieron a dejar allí como si fuera una llanta de refacción)

"¡Vaya! Si ella es en la cama, como en el campo de batalla, me caso a como dé lugar!" Pensó socarrón cuando en ese momento Integra se hacía de un cuchillo arrebatado a uno de los vampiros, y comenzaba a sacar ojos, abrir pechos, cortar gargantas, cercenar dedos, narices, orejas y demás daños que pudieran hacerse con un arma blanca. Para cuando terminó con su trance asesino, estaba jadeando, sudorosa y casi bañada en sangre.

─ ¿Seguro que consideras seguro casarte con ella? Podría cortártelo mientras duermes y asfixiarte con él… ¡Y nadie la culparía!─ alcanzó a reír Bob observando a la formidable y mortífera heredera Hellsing, Charles le miró con rabia.

Metros adelante Alucard había barrido con toda la escoria posible, dejando estupefacta y transida a la concurrencia, tanto aquella ignota que acechaba entre los árboles, como a los Valentine que temblaban como un par de ratas acorraladas, atrincherados en el único refugio que les brindaba la furgoneta porque observaban la matanza que el terrible sicario de Hellsing había organizado en tan sólo unos minutos.

─ ¡Debimos haberles dado armas! ─decía el mafioso inglés sentado junto al extranjero que reía y gozaba de ver aquella carnicería ─ así por lo menos habrían tenido una oportunidad de defenderse… ¡Vaya desperdicio! ¡Tenía toda una tropa allí!

─ ¡Calma, calma! ¡Ya tendrás más! Siempre hay modo de cosechar más carne de cañón, de modo que no lo veo como un desperdicio, ¡esto es una inversión! Hemos probado el prototipo, ¡la versión beta se debe ir para que venga la alfa! Por ahora he visto suficiente, ¡vámonos! ─ ordenó al chofer y este se echó de reversa para luego desaparecer por entre una vereda tupida de árboles.

─ Esto fue muy fácil, ¡demasiado fácil, de hecho! ─ exclamó Alucard mirando en todas direcciones, cuando la extraña niña que le había hablado volvió a materializarse frente a él.

─ ¿Quién eres tú? ─ preguntó él

─ ¿Yo? Mi querido príncipe, ¡yo sólo soy una espectadora! ─ En ese momento comenzó a levitar, a dos metros sobre el suelo, su piel comenzó a palidecer aún más, sus miembros a crecer y su aspecto a cambiar hasta transformarse en una mujer, pero no una cualquiera, sino una especie de espectro: su piel era espantosamente blanca; su rostro era casi descarnado; sus cuencas vacías, oscuras, ¡macabras!; sus labios mullidos; sus cabellos como girones de gaza blanca flotando alrededor de su casi pelada calavera; estaba envuelta en un vestido blanco que ondulaba en el aire

Alucard la miró impasible, entrecerrando los ojos como tratando de reconocer su procedencia, luego sonrió con tranquilidad y comenzó a levitar hasta alcanzarla: ─ ¡Vaya! Esto se pone más interesante… ¿verdad? Banshee… ¿eres parte de esto? ¿Las criaturas como tú se alían con seres tan inmundos?

Ella respondió moviendo negativamente la cabeza: ─Mi alimento es la agonía, voy donde la hallo ─con una voz seca, fantasmal, que dejaba un eco─…una sombra te acecha, príncipe, muerte y desesperación…

Él hizo un gesto de incredulidad: ─ Una sombra, ¿a mí?

─ ¡Ahora mismo! Su legado se verá después… ¡agonía y exterminio para todos vendrá!…

En eso, sirenas policiacas se escucharon aproximarse, y en ese preciso momento los Valentine volvían a escapar porque Jan no resistió continuar allí, entonces corrió hasta el asiento del conductor (quien había sido mandado a luchar, y por lo tanto exterminado), aferrándose al volante arrancó con el acelerador a tope.

─ ¡Maldita sea! Expresó Alucard haciendo rodar los ojos, pues prácticamente veía que estaban como en un principio: "¡Sixtina!" Alertó el nosferatu

─ ¡No! ¡Los criminales han vuelto a escapar con la chica! ─ exclamó la vampireza, percibiendo la voz del rey no muerto en su mente.

Al escuchar eso, Integra liquidó al último de sus atacantes y corrió para saltar de nuevo dentro del deportivo: ─ ¡Ahora o nunca! ¡No escaparán! ¡No está vez! ─ encendió el motor, Charles y Bob apenas tuvieron tiempo de saltar tras ella, cuando dio vuelta en U y de reversa, arrollando a los que pudo para luego avanzar sin tregua por el camino. Cuando se re incorporó a él, detrás de ella avanzaba ya un grupo nutrido de patrullas de Scotlan Yard.

Así, todos pasaron "corriendo" por el camino principal detrás de los medios hermanos, y pudieron ver cuerpos esparcidos, las víctimas de una brutal y sanguinaria batalla. Algunos agentes detuvieron sus unidades para bajarse a inspeccionar llenos de incertidumbre y horror al contemplar la naturaleza retorcida de los caídos, por ello tal vez no se les ocurrió ver a lo alto, de haberlo hecho, tal vez habrían visto a Alucard flotando en el aire, frente a un ente que realmente sólo él podía ver.

─ Ya se están ocupando de rescatar a esa chiquilla latosa ─ con mohín de indiferencia mirando de soslayo ─ así que tengo algo de tiempo para preguntarte la razón por la cual me has hablado…

─ Las premoniciones de una guerra no nos engañan, ¡los huesos de los difuntos han hablado a la hermandad! A la postre, ¡tú serás quien incite la discordia! ─ señalándolo con uno de sus huesudos y largos dedos de piel macilenta y uñas negras ─ ¡las demás piezas por su propio peso caerán! Y comenzó a flotar hacia el lago que se extendía detrás de ella, dejando al vampiro sumido en mil y un dudas.

─ ¡Espera! ¡Dime más!

─ El tiempo será quien lo devele ante tus ojos─ hundiéndose poco a poco en las aguas calmas del lago oscuro.

En esos momentos, la persecución continuaba su paso por calles y arterías que, para fortuna de todos, habían cedido paso a la fluidez después del congestionamiento de las horas pico, así podían empañarse en esa frenética marcha.

─ ¡Vaya qué tardó la policía en llegar! ─ expresó Cathy mirando en la pantalla de su celular la hora y el tiempo en el que ella hizo la llamada.

─ ¡Lo que me resulta muy extraño es que no hayan reaccionado por sí solos! Es…como si algo no anduviera bien…

─ ¡Esto no está nada bien!, ¡esto ya se jodió! ─ gritaba Luke a Jan ─ estamos rodeados, ¡toda la maldita policía está encima de nosotros, además está esa rubia loca y el engendro! ¡Está putita no vale la pena!

─ ¡No importa eso ya! ¡Ya no hay vuelta de hoja!

Por las avenidas todos corrían tras ellos: el deportivo encabezaba la marcha porque a pesar de que los oficiales les estaban exigiendo a la rubia detenerse, está no escuchaba:

─ ¡Integra! ¡Están llamándonos para que nos detengamos! ¡No podemos desacatar! ¡Tenemos casi a medio departamento de policía detrás!

─ ¡No me digas eso, Bob!

─ ¡Oye, tal vez sea mejor dejar que ellos se encarguen de la situación! ¡Casi llegamos al puente, están atrapados! ─ Charles, quien ahora iba sentado al lado suyo

─ ¡No! ¡Esto ya es personal! Todo lo que ocurrió en el parque estaba preparado así, ¡no dejaré esto en manos de otros!

─ ¡Maldita sea la hora en que nos metimos con esta gente! ─ exclamó Luke.

─ ¡Cierra la puta boca de una vez! ¡No me dejas pensar que hacer!

─ ¡No hay nada que hacer! ¡Estamos rodeados!

─ ¡Pues prefiero aventarme del puente que ser atrapado por estos bastardos!

─ ¡¿Qué?!

─ ¡Ya me escuchaste! ¡Voy al puente a terminar con esta mierda y que todos nos vayamos al infierno!

─ ¡Jan, no! ¡No digas estupideces! ¡Maldición!

Pero el mulato no escuchaba, sólo conducía con el acelerador al tope, como poseído por una esencia maniática o tan sólo eran la adrenalina, el miedo, la desesperación y la cocaína en su sangre, lo que habían enloquecido su cerebro, pero sí, estaba decidido a terminar con su vida apenas llegaran al puente.

─ ¡JAN, JAN NO! ─ gritaba su hermano en vano, estaba a punto de hacerle chocar si era necesario, cuando escucharon otro estrepito caer sobre el toldo de la furgoneta ─ ¡¿Y ahora qué carajo…?!

Sixtina había dado un brinco dentro de la caja del vehículo, y también se levantó sonriendo amenazadora. Ella había llegado hasta allí a bordo de una motocicleta, había conseguido rebasar todo el contingente y siguió sin tregua ni temor hasta alcanzar la furgoneta. Las chicas en el taxi, Scotlan Yard, Integra y los chicos la vieron pasar como un rayo hasta estar lo suficientemente cerca para saltar de la moto (la cual fue a estrellarse contra un muro de contención más adelante) y caer encima de los fugitivos.

─ ¿De dónde? ¿Cómo? …¡¿por qué?! ─ se preguntó Integra desconcertada.

─ ¡SI DAS UN PASO MÁS ESTÁ PERRA SE MUERE! ─ Luke, usando a Blair como escudo

─ ¡Sabes que es inútil! Entrégame a la joven y tal vez tengan una oportunidad de sobrevivir…

─ ¡No! ¡Ella es nuestra única garantía de que sigamos con vida!

─ ¡Mata a la perra! ¡Mata a la condenada puta!─ exclamó frenético Jan Valentine, que en ese momento al fin vislumbró el puente, y tal vez tenía razón al pensar que su única salida era arrojarse al Támesis, ya que el otro extremo estaba custodiado por más elementos de policía, por eso el puente estaba libre de todo auto civil.

─ ¡Se acabó, me he cansado de este juego! ─ declaró la vampireza antes de abalanzarse contra Luke Valentine para morder su cuello.

─ ¡Arghhhh, NOOOOO! ─ gritó desaforado sintiendo como la vampireza se lo bebía todo, Jan miraba aquello desde el reflejo del parabrisas, horrorizado.

─ ¡¿Qué demonios está pasando allí adentro?! ─ preguntaba una angustiada Integra, a punto de sucumbir a la incertidumbre.

─ ¡El puente de Londres se va a caer, a caer, a caer! ─ escuchó ella tararear a alguien de repente….

─ ¡SE ACABÓ! ─ dijeron al mismo tiempo Jan que en ese momento había cambiado la decisión de matarse solo, por la de victimar a quien estuviera esperándolo al otro extremo del puente; la vampireza, quien saltaba de la furgoneta protegiendo con el suyo, el mortal y frágil cuerpo de Blair e Integra, que vio y escuchó al rey no muerto pasar junto a ella con increíble velocidad y haciendo lapsos de tele transportación ("¡El puente de Londres se va a caer!" Burlesco, juguetón iba canturreando). En ese instante ella frenó y con una hábil maniobra sesgó el auto ante Sixtina que había venido rodando con Blair en los brazos hasta detenerse al "abrigo" del deportivo que le había servido de barrera contra las patrullas…

─ ¡Ah…que no…! ─ Alucard aterrizó metros enfrente de la furgoneta dentro de la cual el desquiciado mulato iba a toda velocidad dispuesto a impactarse contra el vampiro─ ¡SE CAIGA! ─en el momento justo detuvo la furgoneta en plena aceleración con sus tremendos poderes de telequinesis y con la inercia de la brutal fuerza que llevaba, el vehículo se prensó contra el campo de fuerza que el vampiro invocaba con el simple abrir de sus brazos. Sonriendo, Alucard vio como los fierros se trituraban frente a sus ojos, para luego levantarlos muy arriba, y arrojarlos a metros de él.

Para esos instantes Integra suspiró de alivió cuando de un saltó bajó del auto para ver que Blair respiraba y estaba casi ilesa, detrás de ellos algunas unidades de Scotlan Yard pararon, las otras seguían pasando al frente hasta rodear el perímetro. El taxi llegó, de él bajaron Cathy y Maggy para correr hasta Integra quien en esos momentos agradecía a Sixtina el haber salvado al fin a su amiga.

─No fue nada, señorita ─sentándose bien sobre el asfalto, exhalando

Maggy llegó hasta Bob y se lanzó a su cuello, bendiciendo que estuviera ileso.

─ ¡Qué viajecito! ─ expresó Charles suspirando.

─ ¡Ni que lo digas! ─ dijo Bob, abrazando a su chica, consternado al ver que su precioso auto había quedado hecho una lástima ─ bueno, ¡pudo haber sido peor! ¿No?

Los allí presentes se miraron entre ellos y rieron de buena gana.

Detrás de Alucard ya se aproximaban trotando los oficiales. Él, después de atestiguar que su ama sonreía, volteó con indolencia para ver los despojos estrujados de la furgoneta, tendidos sobre el asfalto, entonces rió, no con maldad, sino iluminando su rostro con diversión y alivio también. Miró al cielo sonriendo, con las manos en la cintura, recordando las horas del mediodía cuando se le ocurrió levantar la bocina del teléfono para atender una llamada. Sacudiéndose las manos expresó con humor, negando con la cabeza baja: ─ ¡Y todo esto por haber ido a recoger a una niña a la escuela!