XIII
Venganza británica
─ ¡Mi padre va a matarme…mi padre va a matarme! ─ era lo único que Bobby atinaba a decir, con la mirada perdida en algún punto incierto, las piernas estiradas sobre el pavimento y la expresión más desolada de Gran Bretaña.
─ ¿Y qué fue eso? ¿Qué fue todo eso?- se preguntaba Maggie a sí misma, a Cathy y a Bobby quienes no terminaban de asimilar su vivencia, mientras rogaban por hacer despertar a Blair de su letargo. Sentados en el suelo, con las espaldas contra la portezuela del deportivo, Ralph Lancaster descansaba en el asiento trasero del automóvil.
─ Es lo habitual en la Organización Hellsing…-dijo Charles, quien se había fastidiado y cansado por todo lo ocurrido esa noche, por la "perra suerte" de haber sido quasi víctima de un par de vulgares delincuentes, porque Integra no se inmutaba ante su existencia y porque estaba físicamente muy fatigado. Con desgano se dejó escurrir hasta el suelo, luego encendió un cigarrillo con ademanes de indolencia.
─ ¿La Organización Hellsing? –Volteó Cathy a mirar al rubio- sí, sabemos la posición que ocupa la familia de Integra, ¡y ella misma!, ¿pero qué tiene que ver eso con…todo lo que hemos visto…?- las imágenes de Alucard y Sixtina sobreviviendo sin ningún tipo de complicación a brutales impactos de bala, primero, luego lo experimentado durante la persecución, rebotaban en sus aturdidos cerebros.
Charles rio con ironía, y dijo como si contara algo trivial y simple: ─ ¡La familia de Integra caza para la Corona desde hace muchos años, y no estoy hablando de corsos y liebres!…Y vaya, después de lo que hemos vivido hoy, no tiene ningún caso que se los sigan ocultando…
Los demás chicos sólo se vieron las caras, luego todas las miradas convergieron en Integra, quien a unos metros, lidiaba con el interrogatorio de la policía, que más parecía acoso al que ella hacía frente de la mejor manera que podía, sin quebrarse ni alterarse.
A unos metros sobre la acera peatonal venía Alucard junto a Sixtina, regresaban desde el otro lado del puente. Ellos habían ido a atestiguar la suerte de los hermanos mal heridos después de que los paramédicos llegaron.
─No tuve opción, tuve que morder al rubio, probablemente se convierta… ─ iba diciendo la vampireza al rey no muerto, mientras caminaban entre oficiales de policía para mirar como sacaban a los jóvenes malandrines de entre los fierros retorcidos.
─ Si se convierte será un vampiro de buen nivel ─ contestó él ─ ¡sinceramente no sé si deberíamos preocuparnos! Además, ni siquiera sabemos su nombre.
Vieron cómo eran puestos en camillas para ser trasladados al nosocomio más cercano, ya bajo orden de arresto: si sobrevivían, su próximo destino era la prisión (o al menos eso pensaban los agentes de Scotlan Yard). Cuando los extrajeron, estaban inconscientes, ensangrentados, hechos polvo, de hecho, era un milagro que continuaran con vida. Alucard los miró sin ningún tipo de compasión. Arrugó la nariz y sintió asco por esas formas de vida mancilladas desde la infancia, tal vez en un dejo de incipiente y odiosa empatía.
─ ¡Buen trabajo!─ le dijo a ella
─Trabajando juntos, ¡Cómo en los viejos tiempos! ─ con lastima dibujada en los ojos ante los cuerpos destrozados de ambos terribles jóvenes al momento que eran colocados dentro de la ambulancia que un minuto más tarde se perdía bajo el lamento de su sirena.
Sí, trabajo en equipo como hace siglos no llevaban a cabo. Esa noche se habían combinado bien para salir airosos, desde que treparon al deportivo en la calle Baker, hasta que salieron juntos del parque montando una motocicleta. Ahora se hallaban en medio de todo el ajetreo policiaco y las averiguaciones, más nadie pareció impedir o cuestionar la presencia de ambos porque Alucard había hecho ya su "trabajo de convencimiento".
─ ¡Alto allí y ponga las manos donde podamos verlas! ─ ordenaron al vampiro, luego esos mismos oficiales corrieron hacia él, momentos después de ver volar por los aires la furgoneta.
El Rey no muerto volteó lentamente hacia los policías, con las manos levantadas: ─ ¿Qué ocurre, oficial?
─ ¡¿Qué, qué ha pasado aquí?! ─ dijeron ellos al ver el terrible estado del vehículo momentos antes fugitivo.
─ Parece que perdió el control y volcó… ¡fue algo extraño a decir verdad! ─ contestó Alucard con un tono apacible, mirando a su alrededor, fingiendo extrañeza
Entonces el oficial de más alto rango ordenó que registraran al hombre pelinegro en busca de alguna arma o cualquier objeto incriminatorio. ¡Ellos lo habían visto con sus propios ojos! La furgoneta salió volando por los aires a escasos centímetros de impactar contra ese extraño "joven" aparecido de pronto en medio del puente, ¡por Dios que lo presenciaron! Ahora no había explicación alguna, el hombre estaba allí, libre de toda evidencia contundente: ─ Entonces, ¿hay algún problema? Yo creo que no hay ningún problema… ¡ningún problema!… ¡ni uno sólo!…─ con sus pupilas bermellón asomándose debajo del hechizo que le proporcionaba su disfraz de humano.
─ Ningún problema…
─ Sé lo dije oficial, todo está en orden…
─Así lo creo…
Una sonrisa de complacencia del colmilludo. Entonces Sixtina apareció detrás, echó a correr hacia él cuando vio que la policía lo interrogaba: ─ ¡Ahora están interrogando a tu ama también! ¡Creo que necesitamos muy buenas historias para justificar todo lo que ha ocurrido!
─ Buenas historias o buenas influencias ─ levantando las cejas, seguro de que no habría mayores consecuencias para nadie que fuese miembro de los doce de la Mesa Redonda.
En esos momentos una ambulancia más venía en camino. Cathy, por su parte, había llamado a los padres de Blair y Ralph, tan sólo habiendo tenido éxito en hallar a los progenitores del chico. No pasó mucho rato, apenas lo suficiente para que llegase la ambulancia, mientras que una grúa ya levantaba la furgoneta hecha pedazos para comenzar a desalojar el puente y reanudar la circulación. En eso, Sir Hugh Islands llegó al lugar, más pálido que la cera, con la preocupación reflejada en sus, ya de por si cansados, ojos al saber que su vástago estaba involucrado en los hechos. Temiendo por la vida y la integridad física de su hijo, el caballero bajó del auto y se aproximó a donde Integra y sus amigos esperaban definir si eran llevados a la estación de policía para rendir sus declaraciones. Mientras la joven rubia trataba de hacer valer sus influencias.
─ ¿Cree que estoy bromeando…?─ decía ella con las manos en la cintura, ignorando su desmejorado aspecto (cabello desordenado, rostro herido, lentes estrellados, sangre manchando su blusa escolar y el hecho mismo de que estuviera usando un uniforme escolar). Ella hablaba con la seguridad y aplomo de toda una lidereza─ Si sabe lo que le conviene no va a existir registro de lo que pasó está noche y dejará ir a mis amigos ahora mismo.
─ Ajaaa… ¿Y cuál dice qué es su nombre?- preguntaba una mujer policía, con indolencia, anotando declaraciones en un cuadernillo.
─ ¡No seguiré con este interrogatorio si no estamos ante una autoridad oficial competente! Le repito que la naturaleza de este incidente está fuera de su jurisdicción.
La oficial dejó de anotar y la miró con una sonrisa sarcástica que escondía una buena dosis de molestia: ─ ¡No me digas!
─ ¿Le parece qué estoy jugando? Porque no veo el motivo de la diversión─ seria, firme, casi marcial.
La oficial pareció atragantarse con su propia saliva al ver la actitud de la jovencita: ─ ¿Estás consciente de que, aunque seas menor puedo arrestarte por desacato a la ley? Repasemos: tú y tus amigos no sólo están en el epicentro de este desastre, sino que hiciste caso omiso a una orden directa al no detener el auto, y ahora estás aquí tratando de jugar no sé qué clase de prepotente juego, ¿puedo preguntar quién te crees que eres, niña?
Integra la escuchó y la miró esbozando una leve sonrisa, luego preguntó en su mismo tono marcial:
─ ¿Cuál es su nombre, oficial?
─ Teniente Ane Jones de la Policía Londinense Metropolitana…─ riendo sarcástica sin poder creer en el cinismo de la chiquilla que tenía enfrente ─ ¿y el tuyo? No me has dicho el tuyo ─ muy segura, disponiéndose a escribir en nombre de la jovencita también, con un gesto de molestia.
─Sir Integra Fairbrook Wingates Hellsing, Dame de la Orden de la Gran Cruz *
─¿Dame de la Orden de la Gran Cruz?… ¿qué dices? ─ preguntó la oficial sin poder disfrazar una sonrisa socarrona, porque en verdad no creía que esa jovencita fuera tan influyente como pretendía hacerse ver a sí misma, tan sólo una niña rica con aires de superioridad.
─ ¡Lo que ha escuchado! Le he dado mi nombre, yo tengo el suyo, teniente Jones, ¡tal vez le mandé un saludo cuando, para el otoño próximo, se encuentre como celadora en algún penal femenil! ¡Y me voy a asegurar de que sea a miles de kilómetros de esta ciudad!… ─con una sonrisa de autosuficiencia, cruzando los brazos.
─ ¿Qué… dijiste?
─ ¡Sir Integra Hellsing de la Orden de la Gran Cruz!…Es su título completo ─ exclamó Sir Hugh quien llegaba en esos momentos hasta donde ellas estaban ─Yo tomaría en serio las palabras de la dama, si fuera usted, oficial.
─ ¡Sir Irons! ─exclamó Integra, aliviada de ver aparecer a un aliado ─ Me…me alegro que haya llegado
─ Buenas noches, Sir Hellsing, oficial, ¡buenas noches! Soy Sir Hugh Islands, caballero al servicio de Su Majestad la reina
─ ¿Es usted familiar de esta jovencita? ─aún sin reponerse de la sorpresa y el estupor por escuchar a una adolescente hablarle de esa forma
─ ¡Como si lo fuera! Aunque en realidad somos colegas, por lo tanto, he venido a ponerme al tanto de la situación…
En ese momento los chicos posaron sus ojos en el serio caballero, entonces Charles se levantó del suelo para ir al encuentro de su padre.
-¡Papá! ¡Qué bueno que viniste! Por favor, ¡sácanos de este horror! –le dijo al viejo sir, arrastrando las palabras entre los dientes, expresando con sus engreídas pupilas azules un desagrado más allá de lo descriptible.
Sir Hugh suspiró hondo y miró a su hijo con alivio, mas no le respondió, sólo lo apartó con dos palmadas en el hombro y se volvió a dirigir a los oficiales de Scotlan Yard: ─ Les aseguro que lo más loable respecto a esta situación es pasar por alto, que estos jóvenes, quienes por cierto son menores, se vieron involucrados, no necesitan sus declaraciones, mañana por la mañana tendrán un informe de parte de mi oficina en su comisaría…
Para entonces, los señores Lancaster ya bajaban del auto sólo para ver como los paramédicos, (quienes habían llegado instantes antes), encamillaban a Blair y a Ralph.
─ ¡Hijo! ¡Ralph! ─ exclamó lady Lancaster corriendo tras los paramédicos que se llevaban al chico
─ ¿Qué es lo que ha pasado? ¿Por qué no despierta?
─Eso es lo que determinaremos cuando lleguemos al hospital, señora ─le explicó someramente uno de los paramédicos, mientras que el padre del chico trataba de encontrar una explicación con los allí presentes.
─ ¡Blair, Blair, yo me iré con ella! ─Aseguraba Cathy al ver que nadie había venido a responder por su descarriada amiga, corriendo detrás de la camilla donde la llevaban.
Integra al ver que trasladaban a la chica, se apartó de la discusión que Sir Hugh tenía con los oficiales de policía, quienes, por cierto, hacían muy patente su indiferencia a las palabras de la chiquilla. Pasaban de ella antes y después de la llegada del caballero, subestimando su edad y su género, lo cual la hacía enfurecer y frustrar, por ello prefirió darse la media vuelta e ir al encuentro de los camilleros y de Cathy quien estaba determinada a subir a la ambulancia.
─ ¡Integra Hellsing! ─exclamó la madre de Ralph al verla aparecer ─ ¡¿por qué no me extraña que si hay problemas te encuentres presente tú?! ─ espetó con desprecio la señora, mientras abordaba la ambulancia, donde también era colocada Blair. Integra se quedó de una pieza, sólo levantó una ceja sin nada más que decir. En ese momento Catherine trató de abordar, pero fue detenida por un paramédico quien le cuestionó su parentesco con la chica, ella dijo ser su amiga, y se negó a dejarla sola, dando un hábil salto para entrar al vehículo.
─ ¡Cathy, todo estará bien, ahora mismo iremos a alcanzarlos, te lo prometo! ─dijo Integra en voz alta antes de que cerraran la portezuela de la ambulancia, encendieran la sirena y arrancaran.
¿Y Sir Lancaster? Bueno, apenas se percató de que los paramédicos se habían marchado con su hijo y con su esposa (la cual desaprobaba a Integra, sí, ¡pero nada en comparación como desaprobaba a Blair!), dejó por la paz cualquier exigencia de una explicación y todo protocolo de por medio, saludó con prisa a Integra y a Sir Irons, y corrió de regreso a su auto para marcharse en pos de la ambulancia.
Atrás quedaron Charles (quien se paseaba de un lugar a otro como un león enjaulado) Maggie y Bob junto al BMW a medio destrozar (rayones y abolladuras de considerable gravedad, espejos y calaveras rotos).
Bobby a esa hora sudaba frío y luego caliente, sentía la boca amarga, temblaba a ratos como gelatina a medio cuajar ante la sola expectativa de tener que enfrentar la ira de su padre. Maggie sólo atinaba a recargar su barbilla sobre el hombro de su novio y a acariciar su mano: -Todo estará bien, verás que no es tan malo…
─ ¿No? ¡Es que tú no conoces a mi padre! –y se compungía aún más, revolviendo su, ya de por sí, despeinado cabello.
Mientras tanto, Sir Hugh estaba llegando a un arreglo con los oficiales cuando recibió una llamada a su teléfono celular, atendió y sí, volvió a repetir que estaban en el puente de la Torre: ─Claro, aquí estamos, todo bien, los niños están bien…no hubo mayores percances.
Alguien más venía en camino.
Por su parte, Alucard y Sixtina regresaban con paso tranquilo para hallar a Sir Hugh dialogando con los agentes. Al verlo, Alucard volteó a ver a Sixtina dándole una indicación con la mirada y ambos se acercaron.
─ Sir Islands…
Integra se sobresaltó al escuchar la voz del vampiro a unos metros de ella, volteó a mirarlo sintiendo alivio de que ya estuviera de regreso, sin embargo, el ver a Sixtina junto a él, le producía un desasosiego muy parecido a los celos.
─ ¡Lord Alucard! Es una garantía de seguridad verlo aquí –dijo el viejo Sir, respetuoso y cauteloso del rey no muerto, el vampiro asintió amable –bueno, oficiales, creo que está de más que sigamos discutiendo sobre este asunto, hemos de aplicar una solución, les agradecería infinitamente su amable atención y su disposición a cooperar para que todo este asunto se agilice…
─ Con todo respeto, Sir Islands, me temo que una situación de esta naturaleza no puede ignorarse como si esos muchachos tan sólo se hubieran pasado una luz roja…Hay muertos, heridos, caos vial, ¡creo hablamos de un asunto más delicado! ─ se apersonó a decir otro oficial.
Alucard escuchaba la perorata con un gesto de aburrición e indiferencia, ¡los procesos jurídicos de los humanos se le hacían tan tediosos! Sir Hugh iba a hablar de nuevo cuando otro auto se estacionó, de él bajó uno de los superiores de Scotlan Yard que todos los caballeros de la Mesa Redonda conocían bien a fuerza de tratar con él frecuentemente. Bajó del auto, dio las buenas noches a Sir Hugh y a Alucard, luego se aproximó a hablar con sus subordinados:
─ ¡Está bien oficiales, hagan todo lo posible por despejar el área y asegurarse que los infractores detenidos sobrevivan y estén absolutamente vigilados! Por lo demás, no tenemos más nada que hacer aquí…
─ Pe...¡Pero capitán! ─ trato de objetar la oficial Jones
─ ¡Oficial! He dado una orden, ¡no hay más crimen que perseguir que aquel cuyos responsables ya tenemos bajo arresto!
─ Capitán, con todo respeto, ¡Tenemos aquí a un grupo de jóvenes involucrados en un múltiple homicidio! Hay… ¡había muchos cuerpos en Regent's Park! ¿Cómo vamos a justificar esa matanza?
El capitán miraba a su oficial tratando de reunir toda su paciencia: ─Teniente, si vuelve a cuestionar mi orden, la suspenderé…
La mujer le miró casi sin poder creer lo que escuchaba, frunció el ceño y asintiendo a regañadientes, pidió permiso para retirarse. Mientras lo hacía, sintió sobre sus hombros la oscura y penetrante mirada del extraño hombre que se hallaba al lado, volteó a verlo durante unos segundos, esté le sonrió de una manera que la taladró hasta los huesos antes de que ella terminara de seguir su camino.
─ ¡Agradezco su cooperación, capitán! ─ exclamó entonces, Sir Irons ─Cómo siempre es un gusto tratar con usted…
Un par de formalismos más, una amable despedida, minutos después el caballero se había desembarazado de la policía: – Lord Alucard, en parte celebro que haya estado usted presente mientras los hechos tenían lugar…
─ Como siempre que mi ama lo necesite… es mi deber cuidar de Sir Hellsing…-decía volteando a mirar a su ama, fumando, sentada en el abollado cofre del auto – ¿tiene un cigarrillo, milord?
El caballero asintió, sacó una cigarrera surtida con habanos y fuego que ofreció al vampiro: ─ Walter no se halla en el reino, ¿cierto?
Alucard asintió: ─Correcto, se marchó de nuevo a Sudamérica. Viajes, que le confieso, ¡no me gustan en lo absoluto!
─Mmm, lo sé –dijo dubitativo el Sir ─ a mí tampoco, si he de ser sincero.
Ambos se entendieron con la mirada, como viejos conocidos. Sir Irons había aprendido a tratar con el nosferatu y él, a respetar al viejo Sir. Ahora podían convivir mejor, ya que tenían un propósito en común: les importaba la suerte de la hija de Arthur.
─En fin, milord… ¿hay algo en todo este asunto de imprudencias adolescentes, que debería preocupar de más a la Organización y la mesa redonda?
─Lo hay en efecto…no fue una emboscada común…esos vampiros─ negando con la cabeza, mirando al río mientras aspiraba una bocanada de tabaco─ no eran vampiros genuinos, hay algo en ellos que no es…"natural"…
El sir puso toda su atención en el Nosferatu quien explicaba detalles, a unos metros, los demás los miraban charlar. Sixtina era observada por Integra quien la veía escrutadoramente desde su lugar sobre el auto. La veía como se mira un animal exótico y raro. La vampireza se sintió traspasada por esos ojos insistentes. Disimulando su incomodad, le miró también: observó su juventud, su lozanía, su belleza. Entrecerró los ojos envidándola por el regalo de su mortalidad, el de su existencia humana, pero, sobre todo, por ser dueña de lo que ella tanto deseó alguna vez, sin embargo, tuvo como respuesta una sonrisa gentil.
Por toda contestación, Integra apartó su vista con desdén, bajando del toldo y yendo donde Maggy y Bob. Vio a Charles sentado sobre la cajuela, mientras se sobaba las muñecas enrojecidas por efecto de las esposas. Charles, más molesto y cansado de lo que recordaba haber estado nunca, miraba de cuando en cuando al vampiro, repasando en su mente la escena afuera del club. Ese abrazo con Integra, esa actitud, esa forma de mirarla, ¡ese todo! ¡Qué se volviera pobre si ese monstruo no era la razón (en gran parte) del rechazo de la heredera! Apostaba su perfumado pellejo a que así era, ¡y que impotente se sentía ante esa perspectiva! Qué… pequeño e insignificante si se comparaba con un caballero como el rey no muerto, ¡qué sensación tan hiriente para alguien como Charles Islands!
─ ¡Integra! Tal vez tú también debiste haber ido con los paramédicos ─le dijo Maggy al verla llegar, y observar su rostro golpeado que ella intentaba limpiar con las mangas, para después ponerse el suéter escolar que acaba de hallar en el piso del auto (intentando esconder las escandalosas manchas de sangre en su blusa), y tratar de arreglar su cabello con los dedos: ─No es nada, te lo aseguro…
─Integra…qué… ¿qué fue todo eso? ─sin poder contener más su curiosidad y preocupación─ y no trates de hacer como que nada ocurre porque yo sé lo que vieron mis ojos: vi a los monstruos, a tu guardaespaldas haciendo esas cosas increíbles, a esa extraña mujer y…y Cathy nos contó lo que pasó en el callejón.
Integra bajó la mirada sin saber que decir, volvió a mirar a Alucard charlando con Sir Irons, luego a Sixtina, volvió a mirar a Bobby y a Maggy viéndola fijamente, luego a Charles quien los veía de reojo, poniendo atención a la charla.
─Integra… ¿somos amigos, no? Creo que lo somos, ¡quiero serlo! Pero tú no nos has confiado nada en verdad, ¿qué es lo que pasa? ¿Quién o qué es tu guardaespaldas?
Se voltearon a mirarlo…
─Creo que es digno de atención el asunto, mi vieja amiga Sixtina me lo hizo saber… Por cierto, Sir Islands, ella es Sixtina Lo giudice, vampireza…por mi voluntad.
El Sir saludó asintiendo con la cabeza: ─ Señora, gracias por haber ayudado en el rescate, la familia de esa joven y algunos de nosotros estamos en deuda.
─ ¡No ha sido nada! De verdad, es algo que hubiera hecho de todas formas.
─ Sixtina, ¿querrías contarnos acerca de los vampiros artificiales que mencionaste?
Ella miró al rey no muerto, luego al caballero, con recelo finalmente accedió a revelar lo que había visto en sus sesiones de necromancia.
─ ¿Quién es ella, Integra?
─No sé, nunca la había visto ─mientras las punzantes garras que eran sus ojos contrariados, se clavaban sobre la vampireza.
"Lo mira así porque se está muriendo de celos… ¡pequeña ramera resultaste ser, Integra Hellsing! Te ofrezco ser mi esposa y tú… ¡tú quieres ser la meretriz de un demonio! …"
"¿De qué rayos están hablando? ¿Por qué a mí nadie me toma en cuenta? ¡¿Es que acaso estoy pintada?! ¡Todos creen que soy una niña tonta e inútil!"
─Es un vampiro, ¿verdad, Integra? En este país hay seres sobrenaturales de los cuales no quieren que se percate nadie, entonces tú y tu familia han sido los responsables de exterminarlos, ¿verdad? ─Bobby hablándole claro y directo, ella sólo le miró sin saber que decir ─ he escuchado hablar a mi padre sobre eso... sin que se percate…
─ ¿Y cuánto tiempo más tendremos que esperar para ir donde Blair y Ralph? ─ preguntó Integra como para cambiar el tema─ ¡quiero irme ya!
─ Interesante y preocupante lo que nos comenta, señora Sixtina… ─ dubitativo dijo Sir Irons.
─ Hay que ir con cuidado y precaución, esto es sólo el principio, ¡puedo apostar a que lo es!…
─Me temo que así es, lord Alucard, llegará el día en que tengamos que juntar los estandartes para pelear.
─Yo siempre llevaré el mío… por Sir Hellsing.
─ ¿En verdad le preocupa su ama, milord?
─ ¿Lo duda?
Negó con la cabeza: ─No, sólo que me gusta ser precavido en mis confianzas, usted sabe que yo velo por el bienestar de la hija de mi mejor amigo, por ello he de procurarle una familia que la acoja y la proteja.
El vampiro sabía a qué se refería y sonrió forzado.
─ Integra está prometida a mi hijo Charles…─asintiendo con un curioso gesto de triunfo, como si darle la noticia al vampiro, le produjera una especie de placer.
─ Lo sé…pero yo sólo sirvo a una Lady Hellsing, no a un lord ─ asintiendo con la cabeza y una sonrisa despreocupada, retadora y algo cínica.
Sir Hugh respondió con otra sonrisa, divertida y al mismo tiempo cargada de compasión, como si pudiera leer a través de Alucard lo que la vampireza había leido en su mano horas antes, lo que leyó en sus ojos cuando vieron a la rubia niña en el club
─ ¡Bueno lord Alucard! Mi deber me obliga ir en busca de los chicos que llevaron a hospitalizar, no sé si Integra necesita atención médica, aunque el vicealmirante no tarda en llegar y él podría…
En ese momento, llegó un tercer auto lujoso, aparcó con cierta agresividad, de él descendió como una estampida…
─ ¡Papá! ─exclamó Bobby poniéndose de pie de un salto, gesto imitado por Maggy quien nerviosa observaba al severo militar ir hacia ellos.
Sir Walsh llegó en unos cuantos pasos hacia su hijo, se detuvo un par de segundos a mirar el auto que acaba de obsequiarle casi convertido en chatarra.
─ Papá, puedo explicarte….
Por toda contestación, el vicealmirante estampó una brutal bofetada a su hijo, quien tuvo que detenerse del auto para no caer.
─ ¡Bobby! ─ gritó Maggie
Entonces todos les prestaron atención, Alucard, Sixtina y Sir Hugh dejaron lo que estaban para mirar desconcertados. Charles saltó de su lugar en la cajuela, y las chicas miraban aquello sin saber que hacer (incluso los agentes del personal de tránsito, no pudieron evitar mirar)
─ ¡Papá, en verdad, no fue mi culpa!
Pero el vicealmirante no escuchaba, tomó a su hijo (quien ya sangraba por nariz y boca) por la ropa, lo levantó y luego lo incrustó contra la portezuela.
─ ¡¿Es así como pagas mi confianza?! ¿Para eso te eduqué? ¡¿Para qué te comportaras como un vago, y yo tenga que venir a hallarte en el estado de un miserable borracho irresponsable?!
─ ¡Sir Walsh, él tiene razón, no fue su culpa!
─ ¡Usted no se meta, sir Hellsing!
─ ¡Walsh! ¡Por favor hombre, ese no es el modo ni este el lugar! ─exclamó sir Irons, llegando hacia ellos, seguido por Alucard y Sixtina.
─ ¡No me digas como lidiar con mi hijo, yo no te digo como debes lidiar con el tuyo, Hugh!
El aludido estaba allí de pie, mirando la escena, pero lejos de mostrarse culpable o preocupado, tenía una expresión fría y tenebrosa que apenas si escondía una malsana satisfacción, la cual fue advertida por Integra quien miró al rubio con un infinito desprecio.
─ ¡Sir Walsh, por favor! ¡No le haga daño! ─suplicó Maggie
─ ¡Y encima poniendo en riesgo a estas niñas! ¡Debería darte vergüenza! ─le soltó bruscamente, casi arrojándolo ─ ahora vámonos de aquí, ¡vamos ponte de pie, camina! ¡Y no se te ocurra llorar como una mujerzuela!
Sir Hugh se llevó la mano a la sien, tratando de hacer entrar en razón a Sir Robert, al tiempo que Integra intentaba hacerse escuchar, mientras que Maggie lloraba sin saber qué hacer.
─Sir, le doy mi palabra de que Bob no es culpable de lo que ha pasado esta noche, ¡él menos que nadie!
─ ¡Muy nobles sus intentos, Sir Integra! ¡Pero mi hijo y yo tenemos cuentas que arreglar en privado!
Alucard, quien hasta entonces había permanecido callado, sólo observando atento lo que ocurría, (no sabría decir si por compasión o tal vez empatía hacia un chico que tenía la desdicha de tener un padre terrible), dio un paso al frente y muy tranquilo: ─ ¡Vicealmirante! Sir Integra tiene razón…
─ ¿Lord Alucard? ─algo confundido sir Walsh, quien furioso como estaba, no había reparado en la presencia del rey no muerto, hasta ese momento ─ luce algo distinto….
─ ¡Ah sí! ─mirándose, metiendo las manos en los bolsillos del hoddie ─ ¡Es que así me visto los fines de semana! Le decía, su chico no tuvo la culpa de nada, de hecho, yo iba conduciendo el auto, el cual tomé forzadamente para dar persecución a los captores de lady Blair, ¡así que fui yo quien lo dejó en ese lastimoso estado! Su hijo sólo tuvo la desgracia de estar en el lugar incorrecto, en el momento incorrecto, y de hecho, de no haber sido por su inesperada e involuntaria ayuda, tal vez en este momento estuviéramos lamentando la perdida de una jovencita...
Todos se quedaron callados ante la repentina irrupción del oscuro caballero. Sir Hugh suspiró como aliviado porque el vicealmirante pareció recobrar calma; Bobby lo miró agradecido; Maggie se secó las lágrimas; Sixtina tragó saliva al presenciar la compasión de su otrora amo; Charles torció la boca e Integra…Integra se quedó de una pieza al comprobar que su vampiro albergaba, tal vez recónditos, tal vez débiles, pero sentimientos nobles, al fin y al cabo. Luego todas las miradas convergieron en el furioso Sir.
─Bueno─ carraspeando la garganta─ en ese caso, ¡tal vez sólo tenga que reprenderte por haberte tomado la tarde sin siquiera avisar!
Alucard esbozó una débil sonrisa, y todos respiraron aliviados también, todos menos Charles, quien odió el noble gesto del vampiro.
─Como es así, mi Casa pagará los daños de su auto, ¡todos por completo, Sir Walsh! ─intervino Integra otra vez ─ en nuestro intento por rescatar a Blair, Alucard y yo fuimos los culpables de esto.
El vicealmirante suspiró, volvió a carraspear la garganta: ─ ¡No puedo permitir que una dama haga tal cosa! No es el dinero, ¡es la acción! Pero si fue en cumplimiento de su deber…no tengo ya nada más que decir, me parece…─echó unos pasos hacia su auto- Robert, ¡Vámonos! Margaret, te llevaré a casa… Buenas noches a todos, con su permiso.
La chica siguió a su suegro: ─Vicealmirante, ¡señor!, quisiera ir al hospital a ver cómo están Blair y Ralph.
─Eso no, llamé a tu casa, tus padres no están, me respondió tu nana. Le dije que te llevaría de regreso cuanto antes.
Maggie guardó silencio entonces, miró a Bobby y asintió: ─Está bien, como usted diga, sólo…un minuto─ y echó a correr en pos de Integra, le explicó que tenía que marcharse pero que al día siguiente a primera hora iría a visitar a sus amigos, luego tomó su mochila escolar de la cajuela del auto, tomó la de Bobby también, y volvió a correr para alcanzar al vicealmirante, no sin antes darle un beso en la mejilla a Integra quien le respondió de igual modo. Minutos después el auto de Sir Walsh los llevaba de regreso a Casa.
─Bien, ¡entonces vámonos! Le prometí a Cathy que la alcanzaría en el hospital…
─Sir Integra, no se preocupe, yo iré ahora mismo a ver que necesita lady Blair, y también a enviar a lady Catherine a casa ─miró su reloj de pulso, faltaban quince minutos para las once de la noche ─ así que creo que usted debería hacer lo mismo que hizo lady Margareth y regresar a Hellsing Manor.
─ No, ¡yo quiero ir donde Blair, le prometí a…!
─Lo sé, pero le pido que, si no cree necesaria la atención médica para usted misma, opte por retornar a su hogar.
─Pe…pero…
Sir Hugh la miró, no severo, no autoritario, sólo tranquilo, muy parecido como solía hacerlo Sir Arthur: ─ Sir Integra, ¡aún tengo asuntos que hablar con usted sobre lo ocurrido esta noche!
Ella guardó silencio y tragó saliva entendiendo la intensión de esa casi advertencia.
─Sir Hugh tiene razón, Integra, mañana podrás hacer cosas de más provecho por tu amiga, que ahora.
─Lord Alucard, escóltela bien de regreso a casa.
─No me lo tiene que pedir, eso haré.
─Siendo así, Sir Integra, me despido, ¡qué tenga buena noche!… ─asintiendo en una muy sutil reverencia ─ Lord Alucard, señora Sixtina, un placer ─le dio la mano─ ¡Charles, vámonos!
Haciendo rodar los ojos pensó: "¡Ya era hora!"
─ ¡Claro, padre! ─ se acomodó la ropa, buscó su mochila en el auto, caminó hacia Integra, la tomó por los hombros y le estampó un beso en cada mejilla ante la mirada atónita de ella y el cómico gesto fastidiado de Alucard ─ Hasta mañana, Integra, qué pases buena noche, trata de descansar ─tomó su mano en la suya─ ¡esté ha sido un viernes fatal! Así que cuídate mucho, ¿lo harás? ─fingiendo cariño, preocupación, dulzura, tanta, tan empalagosa y falsa, que Integra (quien se quedó de una pieza, como una estatua de sal) creía que de los oídos del terrible jovencito iba a comenzar escurrir miel artificial en cualquier momento. A unos pasos, Sir Islands sonreía con agrado y aprobación al ver las acciones de Charles, pensando, tal vez, que había criado a un noble y gran caballero. Luego de eso, el chico siguió su camino tras su padre, abordaron su auto y se marcharon.
En su sitio quedaron Integra, Sixtina y Alucard, este último con una expresión como de haber chupado un limón agrio, o de haber metido la cabeza en una letrina, o de haber comido un manojo de ajos, que incluso le sacó una risita a la vampireza. Integra se volteó a mirarlo lentamente, aun sintiendo un asco y un escalofrío recorriéndola luego de haber sido besada por Charles, clavó sus ojos en el vampiro y le preguntó como si aquel fuera un retrasado mental: ─ ¡¿Y tú qué?!
─ Ay… ¡pero qué estupidez! ─contestó el vampiro con un mohín de fastidio sin fin, Integra sólo contestó con otro gesto igual ─ ¡preferiría ver a Walter en ropa interior antes que volverte a ver interactuar con ese… ese niño pendejo que tienes por novio!
En ese momento unos trabajadores de la ciudad habían llegado, estacionaron su grúa, bajaron y se aproximaron a enganchar el auto para sacarlo del puente de una vez por todas. Al ver la pelea entre la colegiala y el "joven", se codearon entre ellos y sonrieron con picardía.
Sixtina está vez no pudo evitar reírse, no conocía a Walter, pero la escena entre ama y siervo le parecía divertida más allá de alguna razón. Integra sin embargo, estaba muy lejos de hallarle el lado cómico al asunto: ─Ese…infeliz… ¡NO…ES…MI NOVIO! ─ se agachó al auto (a un minuto de ser arrastrado) para recoger sus pertenencias escolares, y echó a caminar para dejar el puente de la Torre de una buena vez, pero sin tomar la dirección a casa.
─ ¡¿A dónde vas, Integra?! ─ comenzó a seguirla.
─Vlad, yo… ¡yo me voy ya!… ¡tengo que regresar a casa también! ─dijo en voz alta, Sixtina.
El vampiro se detuvo un poco: ─Espera un momento, es que…no puedo dejarla sola.
─ ¡Lo sé! Sé que no puedes… ni podrás dejarla…
─ ¡Integra, ese no es el camino a casa!
La rubia a metros de distancia ya, sin voltear, sólo le hizo una seña obscena con el dedo medio
─Vlad, en serio, me tengo que ir…pero, pero, ¡quiero que sepas que me dio mucho gusto volverte a ver! ─ conmovida casi al punto de las lágrimas.
Alucard se detuvo, miró a Integra alejarse por la acera peatonal, adivinó sus intenciones, quería tomar un taxi para ir al hospital, luego miró a la vampireza: ─A mí también, debo decir, fue… ¡fue como una especie de milagro, Tina! …Si es que Dios me los concediera…
Ella asintió con los ojos llorosos: ─Adiós Vlad, ¡espero que todo vaya bien para ti!…Bueno, ¡en la medida de lo posible! ¿Verdad?
─ Yo… ¡te deseo lo mismo! Aunque no quiero despedirme hoy, es decir, no con prisa… ¡te debo muchas! ¡Eso hasta yo lo sé! ─ Se quedó unos minutos sin saber qué hacer, luego siguió un impulso y le dio un abrazo al cual la vampireza respondió con intensidad, mientras por su mente pasaba que esa muy probablemente sería la última vez que vería a su viejo amado. Integra volteó en ese momento para ver si él la seguía, en su lugar vio a la pareja abrazándose, frunció la boca y el ceño, llena de rabia apretó aún más el paso.
─ ¡Adiós, Vlad! ¡Fue genial poder verte otra vez! ─ le dio un beso en la mejilla y echó a dar pasos en dirección contraria a Integra.
─ ¡Adiós no, hasta luego! ¡Te iré a buscar a la tienda, lo prometo! ─ dando pasos para seguir a su ama.
Sixtina sólo volteó de soslayo, le regaló una sonrisa mezcla de cariño y resignación, luego siguió su camino sin volver a mirar atrás. Alucard la observó marcharse cosa de unos segundos luego de los cuales echó a correr detrás de Integra. Tuvo que trotar para darle alcance, se detuvo a un par de metros, la dejó salir del puente y atravesar varias avenidas, después de un rato llegó junto a ella, quien esperaba en la acerca por un taxi: ─ ¿A dónde crees que vas?
─ ¡¿Qué carajo te importa?!
─ ¿Pretendes ir al hospital, no?
─Sí, ¡Y puedo ir yo sola, no necesito una niñera!
─No, claro, ¡ya vi cuanto te sabes cuidar sola!
─ ¡¿A ti qué más te da?! Si me asesinan o algo, ¡tú quedarías libre!
Alucard hizo un gesto de fastidio: ─ ¡Dices tonterías!
─Entonces, ¿qué haces aquí escuchándolas? ¡Lárgate!
─No pienso dejarte sola otra vez, no para que pase algo igual o peor, ¡ya ves lo que conseguiste por ir con tu estúpido noviecito de porquería!
─ ¡Ya te dije que ese baboso no es mi novio, y además no me fui con él! ¡Y no tengo porque darte más explicaciones!
─Ahhh, ¡vaya, así que acostumbras besuquearte por los rincones con tipos que ni siquiera son tus novios! ¡Y tomar tragos y acariciarte en medio de un antro repleto!, ¡pues qué bueno que no es nada de ti!
Integra lo miró sorprendida: ─Qué…cómo… ¿viste lo que pasó dentro del club? Eso no… ¡¿y en todo caso quién te crees que eres tú para cuestionar lo que hago?!...Vlad, ¡ay sí, Vlad! ─haciendo ademanes burlescos, el vampiro sonrió.
─Así es como siempre me ha llamado Sixtina, y cuando digo siempre, ¡me refiero a siglos! Ella y yo solíamos ser muy buenos "amigos", ¡es más! Está tarde nos volvimos a encontrar, ¡y no sabes lo bien que la pasamos!
Los ojos de la jovencita relampagueaban, sin embargo, sonrió mirándolo de arriba abajo, volviendo a recorrer su indumentaria, la cual estaba totalmente fuera del estilo o el gusto del vampiro: jeans, Converse de lona, camiseta de algodón, un común y corriente hoddie negro con cremallera: ─ ¡Con razón! ─Y lo olfateó, al no percibir ni una gota de su característico perfume ─ con razón hueles como si te hubieras bañado en el estanque de sapos del colegio, o mejor dicho, ¡Apestas a ramera! ¡Qué asco me das! ¡Pero no me extraña nada! ¡Si estás más "pisado" que la Plaza de Trafalgar!
─ ¡Pues tú ahora mismo no eres exactamente el epitome de la elegancia, señorita Hellsing! ─ Burlón, fingiendo que no le importaban las hirientes palabras y miradas de su ama.
Integra iba a contestar de nuevo cuando vio venir el esperado taxi, hizo la parada, el auto se detuvo, y cuando Integra dio un paso para abordar: ─ ¡Vete al demonio o ve a buscar a esa zorra, ¡o las que gustes! ¡Me da igual lo que hagas!
Alucard la detuvo de un brazo y dijo al chofer: ─Lo siento, la señorita sólo estaba bromeando, siga su camino
─ ¿Cómo?, ¿está seguro? ─ interrogó el taxista muy confundido
─ ¡No, suéltame!
─ ¡Haga lo que le dijo, márchese! ─ clavando sus ojos en el taxista, halando a Integra para que no abordara el taxi, ante eso el hombre prefirió alejarse.
─ ¡Suéltame! ¡No me toques! ─y trató de forcejear inútilmente entre las manos de Alucard ─ voy a ir a donde Blair, ¡y no tengo porque pedirle parecer a nadie, mucho menos a ti!
─ ¡No! Ya me cansé de seguir el juego a tus berrinches, ¡ahora mismo vendrás a casa!
─ ¡¿Quién eres tú para darme ordenes?!
─ ¡Alguien que sabe mejor que tú lo que te conviene, niña caprichosa!
Como Integra siguiera intentando librarse de las garras que la sujetaban por los ante brazos, comprendiendo que por la fuerza jamás conseguiría que él la soltara, lo único que atinó a hacer fue escupir en el rostro del vampiro quien la liberó sólo para limpiarse el escupitajo con el dorso de la mano, levantar la mirada y verla correr a través de la acera, sonrió divertido, ¡mucho muy divertido! En un dos por tres ya la había tomado del brazo de nuevo, haciendo caso omiso a sus protestas, golpes y pataletas, la tomó como si se tratase de una muñeca de papel, se la echó al hombro cual costal de patatas y echó a caminar tranquilamente, sosteniendo con la otra mano el bolso de libros de ella. Caminaba sonriendo, ignorando los insultos e inútiles intentos de la jovencita por zafarse. Así avanzó por la calle casi desierta, silenciosa, con las luces del alumbrado público tachonando el pavimento. Atravesó varios puentes peatonales, desde el segundo puente pudo ver la Torre de Londres, antigua prisión de la Monarquía, cuya silueta rodeada de cuervos se recortaba en el cielo nocturno, y las aguas del río, "bien, ya sé cómo volveremos a casa". Las protestas de la joven no cesaban (pero el contacto de su fuerte mano sobre la piel ella, le producía un calor abrazador escarbándole un cráter en el estómago, donde sentía revolotear polillas). Al bajar del último puente en dirección a la orilla del Támesis, un transeúnte se acercó preocupado, preguntó con tono de héroe: ─ ¡Señorita! ¿Qué pasa? ¡¿La puedo ayudar en algo?!─ A lo que ambos contestaron a coro: ─ ¡Usted no se meta! ─ El hombre quedó confundido y sorprendido, rascándose la sesera, encogiéndose de hombros, siguiendo su camino jurando que el mundo estaba lleno de locos.
─ ¡Cállate ya, Integra, sino quieres que se entrometa la Policía y terminemos dando más explicaciones en una estación!
La rubia pareció captar el mensaje y guardó silencio: ─Bájame entonces, no tienes por qué llevarme como si fuera un bulto…
─No, ¡eso no! ¡No voy a darte la oportunidad a escapar de nuevo!
Así alcanzaron por fin la orilla del río, frente a la Torre. El vampiro pronto bajó las escalinatas que nacían junto a la carretera para encontrase en la angosta acera que constituía la orilla transitable junto al agua, allí pudo distinguir el objetivo que buscaba: un bote motorizado, aparcado en la orilla, que, para su suerte, no tenía dueño visible.
─ ¿Y qué hacemos aquí? ¿Cómo se supone que vamos a regresar? ¿Dónde dejaste el Mercedes?
Él no contestó, tan sólo sonrió muy complacido al ver, con su penetrante vista de vampiro, al dueño de la lancha, quien, víctima de los efectos del alcohol, orinaba metros más adelante bajo las sombras de una cornisa. Entonces Alucard se dispuso a depositar a Integra dentro del transporte acuático, cuando está, cansada y adolorida del abdomen como estaba por haber estado un rato contra el hombro del vampiro, tuvo la ocurrencia de morderlo, él sintió la auto reacción de soltarla, cayendo ella de nalgas sobre el suelo del bote.
─ ¡Aaaauch! ¡Eso me dolió, maldito idiota!
─ ¿Entonces para qué me has mordido? ─con un gesto extrañado, mientras arrojaba el bolso escolar dentro, desataba las amarras para luego abordar de un brinco, hacer un par de intentos para encender el motor y al haberlo logrado, ponerse en marcha. Para cuando el dueño del bote quiso darse cuenta, lo único que pudo hacer fue reclamar su pertenencia corriendo a través de la estrecha acera, aún con los pantalones sin cerrar, gritando con todas sus fuerzas que le estaban robando, llamando a la policía a voces. Pero la pequeña embarcación ya estaba virando sobre el río bajo el mando de Alucard, quien le sonrió al hombre como si fuera su amigo de toda la vida, despidiéndose de él agitando afable la mano derecha.
Integra yacía sentada en el suelo, observando todo como si estuviera en un sueño beodo: miró al hombre víctima del hurto, gritando en la orilla, luego a Alucard quien conducía la lancha con una expresión de satisfacción y triunfo por estar al fin volviendo a casa con su ama, lo que significaba, haberse salido con la suya.
─ ¡Y eras tú el que no quería correr ningún riesgo de encontrarse de nuevo a la Policía! ─ levantándose, tocándose el trasero adolorido, y sentándose sobre uno de los durmientes.
─ ¿Te duele? ¡Si quieres te sobo! …
Por toda contestación, la rubia le arrojó a la cabeza una llave inglesa que encontró debajo del durmiente donde había tomado asiento. La herramienta alcanzó a golpear en la sien al risueño vampiro, quien sólo se llevó la mano a la frente para ver unas gotitas de sangre, tomar la llave, mirarla y decir: ─ ¡Por Dios! ¡Dos inglesas me han golpeado!... ¡Esto es a lo que yo le llamo una venganza británica! ─seguido de una carcajada que fue recibida por la fría mirada de la colegiala, a quien el viento de la última hora de ese "viernes fatal", iba despeinando mientras el bote se abría paso sobre el Támesis.
Y bueno, antes de decir hasta luego, hay un aspecto que debo aclarar, por eso le he colocado un asterisco. Cuando la oficial de policía pregunta por el nombre de Integra, ella responde que es una Dame de la Orden de la Gran Cruz, pues bien, con los títulos y sistema de caballería británicos ocurre lo siguiente: los hombres son Sir y las mujeres con el mismo rango, Dame (y las hay muy famosas, como Catherine Z Jhones o J.K. Rowling). Nadie aún se ha puesto de acuerdo (a menos que se lo preguntaran directamente), si Hirano equivocó este sistema de títulos de los caballeros de la Orden del Imperio Británico, o sólo quiso hacer énfasis en la posición de Integra dentro de su sociedad (que sería lo mismo que decir que una reina por derecho propio, es una mujer-rey, una mujer muy hombre, una varona, como lo es Integra, ciertamente). Como quiera que sea, Integra es una Dame en el correcto uso del título, osea, una Dama del imperio británico con el mismo rango que un Sir, aunque claro, este último suena mucho más...interesante =).
Bueno, ahora sí, sin más por el momento: Hasta pronto y gracias por leer.
