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La fría mañana cruda me encontró en el gran diván de la biblioteca, leyendo con acuciante ansiedad un libro de gastadas pastas y hojas amarillentas por los años. No lo voy a negar, me mordía los nudillos mientras pasaba las hojas como si fuese a encontrar, mullidas entre las letras, las respuestas que ansiaba engullir para dar sosiego a mis ansiedades.

Era ficción, ¡ya lo sabía! Había leído esa novela hace muchos años atrás, antes de que me encerraran en el sótano. Más esa madrugada, la recordé. La busqué hasta dar con ella entre los grandes y bien surtidos anaqueles de esa biblioteca de dos pisos concéntricos (construidos alrededor de una cómoda sala de estar donde casi la mitad de los libros habían pertenecido al acervo personal del mismo Abraham Van Helsing). La susodicha trataba acerca de un tipo, un perverso, un sucio despreciable, ¡un pobre idiota terriblemente enamorado de una ninfa! Obsesionado hasta la medula de los huesos con un ángel. Un patético infeliz dispuesto a matar o a morir por el amor de una niña. Lolita, se leía en la gastada portada de esa primera edición de pastas suaves que alguna vez, Arthur debió comprar desenfadadamente en alguna librería barata. La escribió un tal Vladimir Nabokov. El libro había llegado a la Mansión a mediados de los cincuenta, como tantos otros en aquella época. Si Arthur la leyó, si alguien más llegó a hacerlo, ¡no importa! Yo lo hice en algún momento de esa década lejana de cuya fecha exacta no puedo ni deseo acordarme, ¡y hasta me divirtió! Me hizo gracia leer como un hombre ya entrado en años ─ cual si fuese un estúpido adolescente─ era capaz de perderlo todo sin que le importara acaso, a cambio de las caricias de una…mocosa veleidosa. Ahora, por más que forzara a mi sarcástico y negro sentido del humor, no lograba verle el lado divertido.

Tragando espeso, mientras leía las líneas que describían el suplició del sucio amante, leía con exacto detalle de empatía, como él era capaz de aniquilar a sangre fría con tal de alejar a quien quisiera arrebatársela, ¡con tal de que nadie le hiciera daño! Él había quitado del camino lo que le había estorbado y luego… ¿qué fue de ese pobre cretino? ¡Nada más que la ruina! Al desdichado no le quedó nada, se auto destruyó engullido por el vórtice de su propia pasión enfermiza y desbocada.

La miré y la miré, y supe con tanta certeza como que he de morir, que la quería más que a nada imaginado o visto en la Tierra, más que a nada anhelado en este mundo. ¡Que la iba a querer hasta el Día del juicio final! ¡Hasta el final de mis últimas fuerzas! Yo, ¡el esclavo! Yo, ¡el perverso! ¡El sucio que no había merecido tenerla! Que no había merecido ni un ápice de cada beso o caricia que le hice, ¡Pero sucedió! la tuve en mis brazos, ¡sí! Hacía unas horas que había ocurrido, y el vívido recuerdo de su martirizante belleza me taladraba, ¡me hería! Así, ¡en momentos deseaba nunca haberla tocado! Más luego transigía de mí mismo, rebelándome, jurando y perjurando que lo volvería a hacer si pudiera.

Lolita ─ dije ─, esto quizá no tenga pies ni cabeza, pero debo decírtelo. La vida es muy corta. De aquí a ese viejo auto que conoces bien hay sólo veinte, veinticinco pasos. Es un trecho muy corto. Da esos pasos conmigo. Ahora. Ahora mismo. Vente así, como estás y viviremos felices el resto de nuestras vidas.

Cerré los ojos, tuve que hacerlo ante la muy real y sórdida sensación de una estaca, una punzante astilla clavada en mi pecho. ¡Qué ella estuviera conmigo para siempre! ¡Qué ella fuera para mí! ¡Qué pretensiones tan absurdas! Hice virar mis cansados y demacrados ojos hacia la fotografía de su padre, casi pude percibir que sonreía burlonamente, ¡con triunfo!

Exhalando un suspiro volví a mirar las palabras en las páginas de aquel ajado libro: ─ ¡No, Lolita! ¡No me toques! ¡Si me tocas voy a morir! ─ imploraba el desdichado, después de que ella lo rechazara.

Evoqué esas manos de seda sobre mí, su piel lozana contra la mía, el aroma embriagante. La recordaba a cada momento enredada a mí, respondiendo a mis besos, regalándome caricias, ¡y dolía! Si no me toca, ¡si no vuelvo a tocarla nunca, creo que voy a volver a morir! ¿Qué hacer? Estoy atado a la cadena que ella sostiene, ¡lo que es más! ¡Yo colocaría el grillete al rojo vivo por mi propia voluntad!... ¿Acaso podría huir? Ocultarme en el abismo del tiempo y la distancia para no volverla a ver jamás, pero, ¿para qué engañarme? No podría hacerlo, ¡me faltaría el valor! Y ahora llevo marcada en mi carne, como los antiguos amos solían marcar a sus esclavos con hierros candentes, la marca de la propiedad que ejerce sobre mí.

Estoy jodido, ¡ya lo sé! Si tercamente no me había querido dar cuenta, en esta madrugada por fin me estrellé con brutal fuerza contra la realidad. Estoy aquí, rompiéndome la cabeza contra el añil de esta mañana nublada y lluviosa, porque aún no sé cómo y cuándo ocurrió con exactitud…Trato de escudriñar el momento exacto, aunque de nada sirva saberlo, el hecho innegable es que la amo, ¡la amo tanto que duele!

No me importa sí te ríes, si no comprendes ─ignoto y curioso lector─ así como no importa si nadie más lo entiende, si la sociedad y la religión lo condenan, si el diablo y Dios quieren separarme de ella, o jugar conmigo este juego cruel de verla, ¡de estar a su lado pero sin poder reclamarla! ¡Nada de eso importa ya! Porque lo que siento es tan legítimo que aún en el infierno hallaría la forma de reunirme con ella, ¡y me aferró a esa verdad que me sobrepasa como el niño ultrajado se aferraría al último rescoldo de su paraíso perdido! Porque estando prisionero en un sótano, un día de esos, el menos pensado, ¡tuve luz! ¡Y no voy a agradecer por eso a nadie! Tuve luz, belleza y un ángel que me trajo de nuevo a la no-vida con su sangre pura, que ahora azuza la recóndita y mínima parte de mí mismo que aún me pertenece, ¡que me ha pertenecido más allá de la ira de Dios y la esclavitud de los hombres!... El ínfimo fragmento de humanidad que aún me queda…

¡Por obra y gracia del Señor, el amor es la más cruel de todas las cámaras de tortura! El amor nos vulnera; nos fractura en pedazos; se venga de nosotros a la vez que nos venga de la vida, y cuando se ultraja, cuando se quiebra, cuando se corrompe por la inmundicia del mundo, se torna en un odio brutal. Como el que me transformó en lo que soy. Mi pasaporte al inframundo que he de caminar aquí en la Tierra, una tierra envilecida, manchada y repugnante donde, sin embargo, hay ángeles que torturan patéticos y asquerosos infelices como yo, ¡sólo porque Dios así lo ha dispuesto!

Sin poder leer una palabra más, arrojo el libro detrás de mí. Cierro los ojos y me llevo los dedos a la sien, Luego a los labios que estuvieron en ella. Aterido me estremezco por una extraña sensación…"¡La deseo tanto que quema!

─ ¡Voy a salir! Volveré antes del medio día para almorzar…

Escuchar su voz de repente, en medio del pasillo principal, me sacó de mis tribulaciones, dando mi consciencia y mi corazón un vuelco. La escuché andar, dar instrucciones a la madrugadora ama de llaves (miré el reloj de péndulo en la pared y vi que faltaban cinco minutos para las siete de la mañana).

─No, ¡no quiero que nadie me lleve, prefiero conducir yo misma! El Audi ya está aquí enfrente... sí, Teodora, ¡gracias! Ya tomé un café…─ buscó, recogió algo del perchero y salió.

Entonces, de repente, en mi se encendió una idea, una tal vez muy lejana y débil esperanza, la cual sin embargo estaba dispuesto a agotar, como hace siglos estuve dispuesto ─ bajo juramento de sangre, locura y muerte─ a luchar mil guerras en nombre de la gracia de Dios. Entonces así, así mismo iba a aferrarme a esa posibilidad ínfima e ingenua: "¿Y si ella me amase también?"…

Cerró la puerta de enfrente, encendió el motor del auto y se marchó…

XVI

Iron Maiden

─ ¡Otra! ¡Una vez más! ─lanzaba las estocadas feroces y hábiles contra su oponente, el instructor de esgrima en turno, quien más bien parecía un receptáculo de los desfogues iracundos de la heredera.

─ ¡Vamos! ¡Atáqueme como si supiera lo que está haciendo! ─ Y una estocada de su espada casi le arrebató la careta del rostro al hombre experimentado en ese combate, que había estado entrenándola desde hacía algunos años.

─ ¡Señorita Hellsing, tenga cuidado! ¡Los golpes al rostro se penalizan!

Ella resopló, se quitó la careta también: ─ ¡Disculpe, usted! No…no soy yo misma está tarde.

─ Eso me parece, así que será mejor dejemos la práctica para después. Aunque si gusta continuar con su catarsis, puede hacerlo con los dummies─ señaló los muñecos de hule espuma que estaban colocados frente a la pared, acto seguido se dispuso a abandonar la habitación que había sido habilitada como gimnasio de la mansión ─ es usted brillante en este deporte, ¡una de las mejores esgrimistas a las que he instruido en toda mi carrera! Sólo tiene que moderar su temperamento, recuerde que las mentes piensan mejor si se mantienen frías ─ despidiéndose con una sonrisa esbozada, dio las buenas tardes y se marchó.

Integra contestó asintiendo. Luego se quedó sola en medio de la habitación, con la respiración aún agitada, soportando los malestares de la resaca, tratando de analizar, de poner en orden la marejada de pensamientos, emociones y sentimientos que se desgajaban dentro de ella, cayendo, fluyendo como una catarata. Contrajo el rostro en una expresión de rabia, miró su espada y siguió el consejo de su instructor, aproximándose con velocidad hacia los dummies, atacándolos sin piedad con hábiles y bien asestadas estocadas, (un año más tarde, sus habilidades le valdrían un puesto sobresaliente en el equipo de esgrima de la Universidad).

"¿Por qué lo hice? ¡¿Por qué lo permití?! ¿Cómo fue que lo dejé hacer? ¿En qué estaba pensando? ¡No! Yo no soy así, ¡yo no soy una cualquiera! (golpes y más golpes contra los maniquíes) ¡Yo no debí comportarme como una cualquiera! (se detuvo jadeando por el esfuerzo, enjugando el sudor de su frente con la manga de la sudadera)…Es que estaba muy ebria, ¡sí! Debió de haber sido eso; el alcohol, la adrenalina, el ajetreo…el deseo… ¡no! Sí, es cierto, ¡el deseo!… ¡Yo no era eso!...Yo no era para ser una mujer que se entrega con tal facilidad, con tal liviandad, ¡yo tengo dignidad! Pero fui débil, ¡eso!, ¡fue un momento de debilidad!...Que… ¡me gustó! No puedo negarlo, ¡en verdad no puedo! (se dejó sentar en el suelo, como desvaneciéndose)…Me gustó sentirlo, me gustó tocarlo, ¡besarlo! Y que él me respondiera, y me dijera que soy hermosa, ¡qué gusta de mí!...Además…tampoco fue un bruto, no fue salvaje, ni siquiera …obsceno…fue…exquisito…creo yo. No tengo una referencia para compararle, para hacer la diferencia, ahora sólo sé de él y la verdad… ¡no quisiera, ni me importaría saber de otros! … Pero, ¿Cómo retornar de él? ¿Acaso es posible regresar de un hombre así? ¿Regresar de esa forma de mirar, de tocar?…" Se descubrió abrazándose a sí misma, cerrando los ojos para después dejarse caer de espaldas sobre el tatami donde había tomado asiento. Recostada, tranquila. El ejercicio físico le ayudó a matar el estrés, sintió gotas de sudor resbalar por su frente, su espalda, en medio de sus senos. Suspiró recordando cómo había sido sentirse sensual por vez primera... "¡Hermosa Integra Hellsing!" Su profunda y gruesa voz taladrando sus oídos, ¡todo el episodio aquel que regresaba y regresaría intacto con cada sensación cada vez que lo evocara! Más luego…el recuerdo del final abrupto. Ella frunció el ceño cuando llegó el momento de enfrentarse a esos recuerdos pues no alcanzaba a atisbar los motivos: rechazo, desdén, juego, ¡el colofón de una broma malvada!…O tal vez piedad. Pero antes de que pudiera discernir que, con la consumación de la relación él no perdía nada, sino ganaba, el sopor del cansancio acumulado desde el día anterior, el dolor de las heridas y los malestares de su resaca comenzaron a aletargarla en una siesta vespertina.

"No puedo permitir que esto siga barriendo conmigo, ¡qué me siga desasosegando! Soy más fuerte que esto, ¡soy más fuerte que esto!" A punto de dormir, aún pensaba, y se obligaba a reprimir sus emociones como bien había aprendido a hacer por sobrevivencia, por practicidad y ahora, porque ese día en la mañana estuvo a punto de chocar con otro auto al pasarse una luz roja. Producto de su exaltación y frágil estado emocional, habiendo sobrevivido a una de las noches más tormentosas de su vida, en la cual pudo conciliar el sueño apenas unas horas. Pero de allí a más, abrió los ojos al filo de las seis con treinta de la mañana. Con tres horas de descanso a lo sumo sus pupilas se hallaron clavadas en el techo de esa, su habitación victoriana que, con el tiempo, había sido adaptada poco a poco hasta llegar a ser una típica recamara de adolescente: a pesar de que Integra era organizada con sus propias pertenencias, en ese entonces (final del bachillerato), su recamara lucía desordenada: con libros y cuadernos esparcidos, así como prendas de vestir a medio usar en la silla del escritorio, en el diván a los pies de su cama, y en su ya atiborrado perchero (tenía instrucciones de que nadie entrara a mover sus pertenencias, así que las tórtolas no tenían acceso a tal habitación).

Tic, tac, tic, tac, tic, tac…Las obstinadas manecillas del reloj que descansaba sobre su tocador, los primeros sonidos de esa melancólica y lluviosa mañana de julio….tic, tac, tic, tac…"¿acaso fue un sueño? ¿Soñé la escapada, el club, el secuestro, la persecución?... ¿soñé que me…acosté con él? "Con un gesto de profunda confusión miró a su alrededor: su habitación apenas iluminada con la endeble luz grisácea de las horas antes del amanecer que se colaba a través de las cortinas a medio cerrar. Pequeñas e incesantes gotas de agua colisionaban contra los cristales para luego resbalar… "¿Es posible que haya sido un sueño?"….De repente el dolor de sus heridas: el golpe en el rostro, las últimas secuelas de las quemaduras por detergente en las manos, la rodilla golpeada, le impugnaron esa posibilidad. Se llevó ambas manos a su rostro, arrepintiéndose de nuevo de lo que había acontecido en esa misma pieza, en esa misma cama, apenas unas horas antes, "¡Sí ocurrió!" Sin poder, ni querer pasar más minutos de tranquilidad en los que, sin remedio, se pondría a reflexionar de ella misma, saltó de la cama dispuesta a cumplir su promesa: ir en pos de la suerte de Blair Hamilton, (pues habiendo estado concentrada en su drama personal, casi olvidó que su amiga había sido enviada a un hospital, y que hasta entonces no tenía ni siquiera una noticia de ella).

Fue así como se vistió de prisa, cambiando la pijama por jeans, tenis, camiseta, un par de gafas en buen estado y sudadera. Bajó a toda prisa a la cocina; tomó un café caliente; mandó sacar elAudi de la cochera; luego se topó con Dorotea antes de salir; se despidió; tomó una chaqueta de denim del perchero. Una vez fuera, se montó en el auto que ya la esperaba en la entrada principal y emprendió el regreso al corazón de Londres.

La mañana del sábado le facilitó hallar las carreteras fluidas, despejadas de tráfico, de modo que viajaba a una considerable velocidad, como si, con esa celeridad, quisiera arrancar el pasado y de paso calmar el torbellino que se desataba en su mente.

Así fue como arribó al centro de la ciudad, luego de haber marcado desde su teléfono celular para preguntar a Catherine cual era exactamente el nosocomio a donde su amiga había sido llevada, además de informarse de los pormenores y escuchar con tranquilidad que la alocada joven estaba fuera del peligro de haber muerto por sobredosis. Al colgar, Integra suspiró aliviada de no sentir la necesidad de entregarse a esos vicios (a pesar de haber sido invitada a probar más de una vez), porque con el cigarrillo ya tenía bastante y porque quería vivir sin tener de que arrepentirse de nada… "¡De eso podías jactarte hasta ayer! Ahora tendrás que avergonzarte de ti misma… ¡no sé cómo vas a ser capaz de verte a los ojos cuando te mires al espejo!" De repente su mirada chocó contra el retrovisor, asustándose de repente de sí misma, de escuchar esos terribles pensamientos, de ver algo distinto en sus grandes ojos azules (además de creer ver algo, percibir una presencia en el asiento de atrás que se esfumó en cuestión de una fracción de segundo apenas ella miró por el espejo).

─ ¡Cuidado, maldita mocosa loca! ─ El grito de un automovilista que tomaba su turno de cruzar la avenida a la indicación del semáforo la hizo reaccionar, se había pasado la luz roja y había estado a punto de colisionar.

Quedose entonces de una pieza, aferrada al volante, con los ojos angustiados, pasmados, cesando: haber sufrido ese choque hubiera sido lo que faltaba para colmar sus predicamentos, convirtiéndolos en tragedia, ¿y todo por qué? Con rabia se reprochó a sí misma, y dando gracias por la suerte de que no hubiera ningún agente de tránsito cerca, prosiguió su camino hasta llegar al Hospital Saint Thomas, donde entraría solicitando a la recepcionista, ver a la paciente Blair Eve Hamilton. Mientras esperaba a ser llamada, fue a tomar asiento a la sala de espera, rogando por no toparse de nuevo con la madre de Ralph ("¿por qué es tan fácil odiarme?").

Parientes y amigos, así como otros pacientes, aguardaban sentados mientras se entretenían en mirar el televisor sintonizado en un canal de la BBC que a esa hora emitía el Telediario matutino, donde reportaban un tiroteo y una persecución iniciada en el Regent's Park. La joven levantó la vista para mirar: imágenes bien seleccionadas desfilaban ante los televidentes: las patrullas de Scotlan Yard avanzando por las avenidas, el choque en el puente, uno que otro cadáver censurado (so pretexto de evitar el morbo), ¡y nada más! La presentadora pasó a las siguientes noticias sin agregar al asunto. Integra sonrió con ironía y algo de satisfacción al saberse totalmente protegida por la enorme influencia y poder de la Mesa Redonda.

Después de un rato de espera le permitieron pasar al cuarto donde Blair dormitaba tranquilamente. Integra traspuso el umbral, se acercó lentamente a la cama donde su amiga estaba echa un ovillo. La observó en bata de hospital, pálida y demacrada, conectada a algunas sondas. Fue a sentarse en una silla que había junto a la cama y la joven pareció notar su presencia porque en ese momento abrió los ojos lentamente, la enfocó y sonrió de buena gana: ─ ¡Hey, "Cabellos de trigo", estás aquí! ─ Con débil y quebrada voz.

─ No podía dejar de hacerlo, ¿verdad? Yo prometí que iba a venir a verte, ¡no me fue posible anoche! Pero aquí me tienes…

─ ¡Vaya! Parece que puse a todos de cabeza, ¿no? ─sonriendo débilmente, recostada de lado.

─ ¡Ni te lo imaginas! ─ prosiguió entonces a contarle todo lo que había pasado desde que ella perdiera la consciencia afuera del club (con algunas reservas de omitir los datos más escabrosos para evitar preguntas innecesarias), hasta que la persecución que terminó en el puente de la Torre. Con ojos incrédulos y conmocionados, B escuchó toda la historia.

─ No…me…jodas… ¡No me jodas! ─sorprendida y fascinada ─ ¡¿No puedo creerlo?! ¡Entonces estuvo como de película!… ¡Y todo ese tiempo estuve inconsciente! Te juró que no supe de mi nada, estaba en el viaje…Hace un rato mi padre algo me dijo aunque…Pero, ¡Pero mira cómo te dejaron! ¡Tienes el rostro amoratado…!

─ No, no es nada, ¡he estado peor, no te preocupes! … Luego llegaron por ustedes al puente y los trajeron aquí…─inevitablemente pensó en Alucard, e inevitablemente su mirada es ensombreció en la duda y la inquietud─ me dijeron que Ralph está fuera de peligro también.

─ ¡Ya lo creo! Es demasiado majadero para morir tan pronto.

─ B, ¿por qué lo hiciste? ¿Por qué tomaste esas porquerías?

─ ¿Qué más da? Sólo estaba… ¡experimentando! La vida se trata de experiencias, ¿no?

─ Pero no las que descabellada e inútilmente nos ponen en peligro.

─ ¡Bueno! ¿Qué más da si vivo o muero?

─ ¡No digas eso!

─ Es la verdad. No soy inteligente como Cathy, ni tengo buenos sentimientos como Maggy, ¡y vaya! ¡Mucho menos tengo el porvenir que tienes tú! Sólo, sólo soy una tonta descarriada de la que nadie puede hacerse cargo… ─sonriendo con un cierto amargo desenfado y de repente hizo un mohín de dolor.

─ ¿Te duele?

─ ¡Está maldita sonda! ─señaló la dolorosa canalización que se abría paso en la carne de su muñeca izquierda ─ y otras que mejor no te cuento donde están, ¡agrego estos malditos tubos a la lista de las cosas que odio! Junto con la directora, el colegio y mi madrastra….

─Bueno, supongo que esa es una de las ventajas de ser huérfana, ¡no tengo familiares latosos! ─tratando de sonreír por encima de sus ojos cansados, unas marcadas ojeras producto de la resaca y el desvelo, los moretones de su rostro, pero sobre todo, la mirada triste, mortificada, doliente.

─Integra…─observándola fijamente a los ojos. Con un tono serio, que casi nunca usaba para hablar ─ ¿qué te pasó?

La rubia tensó la mirada, tragó saliva y colocó nerviosamente algunos mechones de cabellos detrás de sus oídos, como pocas veces, titubeando, sintiendo que en su rostro se leía lo que pasaba por su mente: ─ ¿A mí?, ¿por qué lo preguntas?

─ Porque te conozco bien, ¡sé que no eres la misma de siempre!… algo te ocurrió, estoy segura ─preocupada.

─ ¿Algo cómo qué?

─ No sé, dime tú…

Ella no dijo nada más, guardó silencio y bajó la mirada.

─ No se trata de Charles, ¿verdad?

─ ¡Por supuesto que no! ─ Con un gesto de hastío ─ el único problema que tengo con él es no acepta sacarme de su vida… ¡No entiende que no soy, ni seré otro de sus malditos trofeos!

─ Sí, nos damos cuenta, ese Charles es como un cólico menstrual marca diablo, ¿no? Molesto pero inevitable…─moviendo la cabeza negativamente

Integra se rió: ─ ¡Lo voy a mandar al carajo como sea!

─ ¡Así se habla! Lo mismo haré con Ralph, al finalizar el verano, ¡o tal vez antes! Con esto, su madre se va a poner todavía más loca, ¡me alucina! Lo más gracioso es que cree que el patán que tiene por hijo es una blanca paloma. ¡En fin! ¡Antes preferiría una tortura china, que tener a lady Lancaster como suegra! Así que para otoño vida nueva, ¡gente nueva! Entonces, ¿no me dirás que te ocurrió? ─ la joven rubia volvió a turbarse al escuchar la interrogante, Blair entrecerró los ojos, suspiró, y con mucha naturalidad y dulzura le dijo─ Integra, escúchame, en serio, ¡sé que soy una loca desastroza, pero también sé lo que digo! Mira… está bien…sea que sea lo que haya ocurrido, y si fue bajo tu consentimiento, no tiene nada de malo. No define lo que eres, ni quien eres, porque… ¿fue con tu consentimiento, verdad?

Integra se quedó más que anonada al escuchar esas palabras, ¿pero es que acaso tenía un letrero en la frente? Con espanto, sin poder esconder está vez sus emociones: ─ ¡¿Qué cosa?! Pero, ¿de qué hablas?

─ Ah sí, ¡fue con tu consentimiento! ─y se sonrió alegremente ─ ya me estaba empezando a asustar.

─ ¡Blair!

─ Oye, ¡está bien! No tiene nada de malo. Escucha Integra, ¡no creas todas las estupideces que dice la gente acomplejada y prejuiciosa como esa brujas del colegio! Eso no tiene nada de malo, ¡tú no hiciste nada malo!

─ Pero yo…

─ ¡Ahora "Cabellos de trigo" ya es una chica grande! ¡Y tú que decías que nunca iba a ocurrir!… ─alegre, bromeando. De preguntar quién había sido, no tenía ni porqué. La astuta joven lo estaba adivinando todo, mientras que Integra estaba convertida en un gran y vistoso tomate rojo─ pero dime, ¿cómo fue? ¿te gustó? …¿Te cuidaste, verdad?

Sin tener que hacer o decir, presa de una sorpresa y un rubor descomunal, la joven se levantó de golpe, le dio la espalda a su amiga, fingiendo mirar por la ventana

─ No es para tanto drama, Integra, ¡algún día tenías que perderla…!

─ ¡No llegue llegué a última base!... Sigo siendo virgen…

─ ¡Ahhhh! Entiendo… ¿entonces qué te preocupa? Bueno mira, por algo se empieza y…

─ ¡Blair! ¡YA! ¡No quiero hablar de eso!…

─ ¡Está bien, está bien! ─ riendo desenfadadamente, restándole toda importancia a un asunto que para Integra representaba una tragedia. Aunque tal vez eso le ayudó a la rubia a sentirse menos mal consigo misma, al menos por el momento.

Luego pasó media hora al lado de su amiga, charlando de otras cosas: de la graduación inminente, de los exámenes finales que comenzaban el lunes, etc. Así hasta que llegó el momento de partir cuando una enfermera le indicó que su tiempo había terminado. Se despidió entonces, besando a su amiga en la mejilla. Una hora después, estaba en camino a casa, con la escampada de la lluvia y el sol en lo alto del cielo, matando con la música de la radio a alto volumen, los improperios que sus demonios no se cansaron de gritar a lo largo de la carretera.

Al llegar a la mansión, se halló con que Walter había regresado un día antes de lo previsto, así que cuando traspuso el umbral de la puerta, halló al fiel sirviente listo para empezar sus actividades, con su uniforme y delantal puestos.

─ ¡Señorita! ─ El viejo rostro se iluminó con la luz del sol todo entero que acababa de trasponer la puerta principal. Como se había iluminado por los últimos diecisiete años cada vez que la vio al comenzar un nuevo día. Como la vio por vez primera desde que, el amo Arthur y su señora esposa regresaron del sanatorio trayéndola en brazos, y supo que el amor a única vista sí existía.

─ Wa…¡Walter! ─ sorprendida, sí, ¿temerosa? ¡También! Temerosa de que otros pudieran ver en su rostro lo que su amiga pudo ─ ¡pensé que regresarías hasta mañana!

─ Mis asuntos terminaron mucho antes, ¡así que tomé un vuelo y pasé toda la noche atravesando el océano! Llegué aquí hace un par de horas…─

─ Me alegra que hayas vuelto, te… ¡te extrañaba! ─ Y sin poder contener ya el impulso, se abrazó al viejo mayordomo (quasi padre) buscando refugio. Walter sonrió, pues el abrazo de la jovencita, era lo que él podía definir, a cabalidad, como su auténtico hogar, ¡que no la casona inmensa y vieja que los rodeaba!

Luego de que el abrazo terminó, Walter se fijó mejor en el rostro de la joven. Azorado preguntó a que se debían los golpes.

─Hubo una refriega anoche…Se estaba saliendo de control, pero al final todo salió bien.

─ ¡Lamento no haber estado presente! ─ Una sensación de culpabilidad e inquietud se apoderó de él, más luego resolvió dejar que la joven se explicara mientras era invitada a pasar a la cocina para comer el almuerzo.

Integra aceptó de buena gana. Mientras comía iba narrando todo lo que se permitía narrar, omitiendo, por supuesto, que había llegado ebria, a deshoras de la madrugada, prácticamente en brazos del vampiro. Sintiéndose aliviada de haber entrado con sigilo a la casa la noche anterior, se creyó en libertad para mentir descaradamente hacia el final del relato, ¿es que acaso la inexperiencia de la joven hacía que confiara demasiado en su buena suerte? ¿Es que no contaba con los ojos que la habían visto llegar bajo la fría lluvia, a la una con treinta de la mañana? Ni tampoco con que las paredes y pasillos de su mansión tenían oídos espías, así como tantos o más ojos que Baskerville. Tampoco podía saber en esos momentos, que una hora más tarde, el ama de llaves pediría hablar con el mayordomo a solas para contarle todo lo que las tórtolas habían visto acontecer en el pasillo del segundo piso, en el ala Este…

─Donde se halla la recamara de la señorita….Sí, a eso de las dos de la mañana. Se me informó que lady Hellsing venía en un estado inconveniente…que además estaba herida de una rodilla, entonces…

─ ¿Entonces qué?

─ Entonces fue llevada a su habitación por Lord Alucard…y…

─ ¡¿Y qué?!

─ Lord Alucard no…no salió inmediatamente, sino que él…

─ ¿Él?...

─ ¡Se demoró! Se demoró en salir cosa de una hora…

Y los siguientes, indiscretos y escabrosos detalles que la mujer dio acerca de las condiciones en que las mucamas vieron salir al rey no muerto de la habitación de la joven, hicieron que el mayordomo sintiera convertiste en un misil, un cohete despegando por los aires, impulsado por la fuerza de su sangre en punto máximo, ya no de ebullición, sino de sublimación. Así sintió como la rabia y la indignación escalaban escarbando hasta la punta de su ser, encendiendo una mecha que esa tarde iba a explotar dentro de la mansión, infalible como las mismas leyes de la naturaleza, con todo lujo de violencia.

-ooOOoo-

Antes de las cinco de la tarde, con largos pasos, el rey no muerto avanzaba por los pasillos de aquella mansión Victoriana.

Despertó intranquilo, agotado y sin un rastro de sueño, después de todo, había conseguido descansar después de que Integra se marchara en la mañana, luego de lo cual él bajara al sótano a matar con somnolencia dos que tres pasiones y una que otra angustia. Más, ¿quién podría, al ver al imponente rey no muerto andar con todo aplomo, sospechar siquiera los trepidantes terremotos que se desataban en su interior?

"¿Si detrás de su desprecio hubiera un lugar para mí?, ¿sería posible acaso?...Y sí no, ¡tenía que llegar a serlo!, porque de un ángel así, de una mujer de esa naturaleza, ¡no se puede regresar! …."

Una que era más bien una mujer-niña, llena de vida y sangre virgen. La cual él iba buscando en esos momentos por toda la parte habitada de la mansión: del estudio a la biblioteca, de la sala de estar, el recibidor, pasando por la cocina (el olor a menta y melisa hirviendo para la inminente hora del té, le llenó el olfato), los corredores, las terrazas, para finalmente ser guiado hasta el gimnasio por el aroma de rosa búlgara, jazmín sambac, sándalo, pachuli y almizcle, que de allí provenía. Antes de traspasar la puerta tragó espeso, exhaló un hondo suspiro, se acomodó la corbata "la miré y supe con tanta certeza como que me he de morir, que la quería más que a nada imaginado o visto en la Tierra…" y entró de una vez por todas, procurando que su aplomó fuera más pesado que sus botas negras ecuestres porque si no, ¡iba a vencerlo, a notarse el nerviosismo retenido en su pecho! "Cual si fuese un simple adolescente".

Una vez dentro de la habitación de paredes blancas y piso de duela pulida, buscó con la mirada, pensando hallarla entrenando esgrima, gimnasia o algún arte marcial, pero en lugar de eso la distinguió a unos metros, tendida sobre un tatami de lona, completamente dormida. Exhalando una vez más, acortó la distancia que los separaba, se detuvo a escasos centímetros, se quedó de pie observándola dormir tranquila y plácidamente, con su espada en mano, los cabellos desparramados bajo su espalda, bañada por luz vespertina que entraba por los ventanales. "... ¡Más que a nada imaginado o visto en la Tierra, más que a nada anhelado en este mundo!"…

Cedro, ámbar y roble, ella percibió el aroma. Incluso en lo recóndito de sus sueños sintió la caricia insistente de unos ojos corintos, y despertó. Su mirada azul chocó con la purpura de él y sí, hubo una colisión que a los dos los dejó lívidos, estáticos y tontos, mirándose el uno al otro por unos instantes luego de los cuales ella prácticamente se puso en pie de un salto, sudando frío, con las manos echas hormigas y, estaba segura, las mejillas rojas, por lo que le dio la espalda con el pretexto de poner la espada que aún tenía en las manos, en su lugar.

Él, por su parte, sintió atragantarse con su propia manzana de Adán, (sí hubiera podido, también se hubiera sonrojado, ¡estaba seguro! Si hubiera podido sudar, se le habrían empapado las manos y, bueno, ¡si hubiera podido habría hecho muchas, pero muchas cosas más!). La vio mirarlo sin decirle nada, darle la espalda, ir a colocar su espada en la base que descansaba contra la pared de enfrente. Él observándola a través de sus pupilas dilatadas.

─ ¡Integra!

Ella se quedó inmóvil, como si el sonido de su grave voz la hubiera convertido en piedra. Aún de espaldas a él, suspiró profundo al tiempo de estremecerse, complemente decidida a hacer lo que ella consideraba que se tenía que hacer en ese caso (inexperta sí, pero determinada): ─ ¿Qué, Alucard?

─ Integra…yo…─qué extraño, pero era como si la corbata le ajustara demasiado y no lo dejara hablar, entonces carraspeó aflojándola, ¡y más extraño aún! Aún con toda su elocuencia y sagacidad, en esos momentos se había quedado sin habla, sintiendo que la miraba por vez primera después de años, o que había pasado un siglo desde la última vez que le hablara.

─ ¿Sí? ─ Autoritaria, fingiendo fastidio a la perfección.

─ Sobre lo de anoche…Integra, ¡tenemos que hablar sobre lo que pasó anoche!

Entonces ella se encogió de hombros ahogando sus emociones en una sonrisa sarcástica con la cual volteó a verlo (de nuevo portando un elegante traje oscuro italiano, regio, corbata roja, camisa blanca, acicalado, limpio como siempre, oloroso a fragancia). Los ojos de la chica chocaron con los insistentes de él que hizo algo más que verla porque hay besos que se dan con la mirada, pero que ella, fría e inquebrantable esquivó para decir con un mohín de fastidio indiferente:

─ Alucard, ¡telenovelas no, por favor!

─ ¿Telenovelas? ─ levantó una ceja, todo lleno de confusión ─ no, ciertamente no es lo que pretendo, sin embargo considero que debo hablarte de ello…

─ Drama… ¡estás haciendo drama! ─ girando los ojos con petulancia, posando sus manos en la cintura ─ ¿Quieres hablar sobre anoche? ¿Qué hay que hablar sobre anoche? ─cruzándose de brazos, mirándolo como se mira a un imbécil diciendo sandeces.

─ Bueno… ─ cruzando los brazos, adoptando también una actitud sarcástica ─ la verdad es que no se me ocurriría hacer un drama a menos que ocurriera algo de lo que valiera la pena hablar con cierta seriedad, y considerando que anoche pasó algo extremadamente inusual entre tú y yo, pensé sería factible venir a hablarte de frente sobre eso, ¡tú sabes! Darte la cara, decirte las cosas que tengo sin esconderme o fingir que nada acaeció, porque no voy a avergonzarme, ni a bajar la mirada y salir de la habitación con el rabo entre las piernas cada vez que te vea entrar…─ una mirada intensa, fija para ella.

La rubia le respondió con un mohín aún más sarcástico y malicioso. Antes de contestar buscó en los bolsillos de su sudadera un cigarrillo, un encendedor, prosiguiendo a encender uno en sus labios sin dejar de mirar al rey no muerto, después de dar la primera bocanada, dijo con indolencia: ─ ¿Te gustó? ─él sólo le respondió con un gesto taimado, esbozando una sonrisa retadora que escondía rabia al ver la actitud defensiva de su ama, la cual, por supuesto, no esperaba ─ ¿te gustó, Alucard? ─ acercándose a él dos pasos ─ ¿Lo disfrutaste? ¿Cómo estuve? ¿Bien? ¿Mal? ¿Te aburriste un tanto? Es que… ¡me declaro neófita en la materia! ─ dando otra bocanada, luego cruzando un brazo, sosteniendo el cigarrillo, mientras hacia un gesto de interés burlesco.

Alucard la miro haciendo un gesto divertido, pasó la lengua sobre sus colmillos, luego empezó a reír: ─ ¡Eres increíble, Integra! ¡No, pero es que…todo este tiempo te he subestimado! ¡De verdad!... ¡Esto no…! Así no son las cosas, ¡así no fueron las malditas cosas!

─ ¿Qué?... ¿Dije algo que no esperabas? ¿Acaso pensaste que me ibas a hallar convertida en un mar de llanto, sumida en la tragedia porque mi primera experiencia en todo el terreno de la sexualidad fue estando borracha y con un… con alguien como tú? ¿Y que cuando te viera venir iba a correr a tus brazos, destrozada como una indefensa y asustada niña virgen?…

─ Como la niña virgen y asustada que eres…

─ ¡Cállate! ¡No he terminado de hablar! ─ rodeando al vampiro mientras hablaba─ No sé porque no seguiste, ni sé porque te fuiste, ¡cuando nada ni nadie te hubiera detenido! Pero esa broma es la primera y la última…o, ¿qué habías pensado? Que te diría: ¡diablos, Alucard, eso estuvo genial! ¡Vamos a hacer cosas como esa cada noche! ¡Puedes venir a mi alcoba cuando lo desees y revolcarte conmigo!

─ Mmmm, bueno ─ haciendo como que lo meditaba ─ no había considerado eso, ¡no me puedes culpar por tratar de acostarme con mi jefa! ¡Además no suena tan mal si lo planteas de esa forma! Porque, la verdad, ¡y ya que lo dices! No estuviste tan mal, ─con una mueca de estar evaluando algo trivial: un tabaco, un trago barato, un tarro de cerveza─ yo te daría un ocho de diez, ¡y eso que era la primera vez que estabas con un hombre! ¡Pero puedes mejorar con la práctica!

Por tercera vez la joven intentó cruzarle la cara con una bofetada, pero por tercera vez había sido detenida por la mano veloz del vampiro, quien se hallaba irritado, indignado en sus sentimientos más allá de lo descriptible, está vez, en lugar de soltarla, la tomó por ambas muñecas y la puso contra la pared.

─ Alucard, suéltame ahora mismo… ─ habiendo ya soltado el cigarrillo, severa, con un oscuro tono de advertencia.

─ Te lo voy a decir, la verdad es que sí me gusto, ¡y mucho!

─ ¡PEOR PARA TI! ¡Porque tú no me vas a volver a poner una mano encima jamás!

Ella trató de liberarse y está vez Alucard la soltó.

─ Integra, por favor, ¡está conversación! Esto…esto no tiene por qué tomar este rumbo, escucha ─ tratando de recobrar la calma e intentando hacerla entrar en razón como único recurso a su débil esperanza de llegarle al corazón ─ escúchame por favor, no me importa si no quieres que te vuelva a tocar, ¡está bien! Lo que ocurrió anoche…no sé, ¡tal vez estuvo mal, tal vez no debimos llegar tan lejos! Pero ama… (Su mirada intensa, limpia y sincera) ¡No me arrepiento! Eso fue, ¡eso fue lo más bueno y puro que he tenido en años y años de esta sucia no-vida que tengo! No, no me lo niegues, ¡no finjas que no significa nada! ¡Sé que no es así! Integra, ¡yo no sería capaz de hacerte daño! ─ Al escuchar aquello, ella dejó salir por instantes a la chica atormentada y confundida─ esa, ama, es la razón del porque... ¡del porque no pude hacerlo! Del porque no pude consumar lo que habíamos empezado, es que… ¡no deseo tomar algo que no estés dispuesta a darme porque yo te…!

Toc, toc, toc. Escucharon contra la puerta, acto seguido, la voz delgada de una de las tórtolas avisando que ya estaba todo dispuesto para la hora del té, más un intento de abrir la puerta corrediza, el cual fue impedido por la telequinesia de Alucard, quien cerró de golpe, echando cerrojo.

─ ¡No tomaré el té hoy, gracias! ─ contestó la joven, luego echó a caminar hacia la puerta que daba al gran patio trasero de la mansión.

Alucard maldijo la tan inoportuna intromisión, yendo tras ella.

"No, ¡él no me puede estar diciendo eso! No puede ser que él… ¿será posible acaso?"

─ Integra….

"Ella debe estar fingiendo esa indolencia, ¡pero claro! Su orgullo se interpone, ¡más estoy seguro de que no le soy indiferente!"

La muchacha no se detenía, seguía avanzando a través del verde césped por el camino de adoquín, en dirección a los establos.

─ ¡Integra, espérate, por favor!

─ ¿Qué quieres, Alucard? ─ muy fastidiada, casi con un tono de súplica ─ oye, ¡supéralo!, ¿sí? ¿Qué esperas que diga o qué esperas que pase? Mira…voy a ser muy sincera…Yo…yo estaba ebria, no sabía, ¡no tenía consciencia plena de lo que hacía y pasó lo que pasó! Tú estabas allí, yo…yo cometí imprudencias, ¡lo acepto! Y, bueno, ¡te lo dije! ¿No? ─llegando ya a los establos que tan sólo guardaban a una yegua y a su hijo, un caballo andaluz, pertenencia de Integra.

─ ¿Qué cosa?

─ Que me…gustas, sí, creo habértelo dicho anoche…me gustas, y yo estaba muy relajada y, ¡bueno! ¡No soy de piedra, Alucard! Tengo hormonas, ¿sabes? ─ abriendo la puerta del compartimiento donde el equino los miraba curioso.

─ Qué… ¿qué carajo me estás tratando de decir?

─ ¡Fue sólo sexo! ¡No! ¿Pero qué digo? ¡Fue sólo ensayo de sexo! Nada más…

Aquella respuesta dejó al vampiro lívido y descolocado, sin embargo creyó que tal vez los cientos de años en su haber le estaban pasando factura y a la par de simple y estúpido, se estaba volviendo sordo.

─… ¿qué?...

─ Alucard, de verdad, ¡sólo… supéralo! ¡No… no fue nada!

Su mandíbula se quedó atascada entre la sorpresa y las palabras que ya no tenía caso decir porque con una sola mirada y una sola frase, la cruel niña rubia lo había desarmado.

─ Disculpa, ¿qué dijiste?...

─ Que…fue sólo sexo, ¡eso no significa nada! No sé, ¡ni quiero saber que intentas decirme! Porque, bueno, la mitad de las chicas de mi clase harían lo que hice yo contigo, ¡y más! Así que, ¿qué querías que yo hiciera?

─ Integra… ¡no me digas eso! ¡No nos hagas esto!

─ ¿Hacer qué? ¿Qué es lo que yo hago? Oye, tú lo disfrutaste, ¿no? Yo…mentiría si dijera que no, eres un tipo, ¡bueno! Eres muy guapo, atractivo y… cualquiera en mi lugar… Tú me entiendes…

─ Integra…─ negando con la cabeza ─ ¡no!

─ ¡Los dos obtuvimos algo! ─ colocando la silla de montar sobre el lomo azabache del noble animal─ Tú satisficiste un deseo, yo…. ¡conocí las novedades del sexo! (irónica) Y además te recuerdo que yo no me aproveché de alguien en estado de ebriedad…

─ ¡Yo no me aproveché de ti!... ─negando con la cabeza─ ¡así no pasaron las cosas!

─ Estando en mis cinco sentidos nunca hubiera ocurrido…

─ Pero me correspondiste, ¡te gustó!

─ ¡Bueno sí! Lo admito, ¡me gustó! ─ tomando el fuete, halando al caballo por el bocado ─ Y si fuera más descarada y menos precavida de mi misma tal vez te diría que lo repitiéramos, ¡qué nos volviésemos amantes! No sé, ¡no sé qué quieras escuchar! Pero debes entender que una mujer en mi posición social no puede darse esos lujos… ─ él la miraba entrecerrando los ojos, consumido en una rabia infinita ─ no, no me convienes, Alucard, ¿qué dirían los demás si se enteraran? ¿Puedes imaginar el escándalo? ¡Todo lo que soy y debo ser quedaría arruinado!… ¡Qué vergüenza! ─ fría, calculadora, tan, pero tan pragmática que hería, hería profundamente al vampiro, quien en esos momentos se estaba arrepintiendo de haber desnudado su alma, de haber estado a punto de sincerarse momentos antes ─ ¡es que somos tan diferentes! Tú… ¡un monstruo! ¡un lacayo! (escupiendo un desprecio inaudito) Yo… ¡Bueno! Así son las cosas, ¡nada se puede hacer para cambiarlas!…Aunque suena tendedora tu oferta, ¡no podría aceptar!

─Ahora mismo no te estoy ofertando nada, ¡maldita mocosa engreída del infierno! ¡Eres tan falsa, artera y maliciosa como todos en tu familia! Como el licencioso de tu padre, ¡como el maldito loco de tu bisabuelo! (los ojos de la rubia se transformaron en llamas al escuchar esas palabras) ¡montón de embaucadores! ¡No son mejor que nadie! ¡Tú no eres mejor que yo! Pequeña aristócrata petulante, ¡quién dijo que quiero volverte a tocar o que seas mi amante! Eres un triste tempano de hielo, (las mandíbulas de la chiquilla se apretaban, su respiración se agitaba). Así que no me vengas con esos aires de superioridad, ¡anda!, ¡ve y despósate con ese niño mezquino y arrastrado que te han escogido porque no es más de lo que tú te mereces! (ella ya apretaba entre las manos la fusta) ¡despósate, procrea hijos de "buena cuna"! ¡Haz lo que te venga en gana! Desde ahora no será problema mío, y por lo pronto, ¡puedes irte con todos tus honores al demonio!

Lo que el vampiro recibió como respuesta fue un contundente azote en el rostro, propinado con la fusta que la rubia hacia crujir entre sus manos, ¡y nada más!

Ella hubiera querido, tal vez, responder con más palabras a todos los insultos del vampiro, pero la rabia sumado al profundo dolor que estás le produjeron, nublaron toda habilidad retórica, ¡todo animo de defensa! Así que, segundos después de que Alucard fuera silenciado con el fuetazo, ella montó a prisa, azuzó al caballo y salió huyendo a todo galope, a través de la amplia, de toda verde extensión de tierra que le pertenecía y más allá, a las praderas vecinas.

Alucard quedó clavado en su sitio, sintiendo, ya no el ardor del azote en el rostro, sino el de su alma rota, "¡Este sí lo merecía!" Cerrando los ojos, sintiendo como cada insulto de ella le escaldaba por dentro, como los que él le propinó a ella le desgarraban a girones. Abrió los ojos apenas para verla alejarse sobre la montura del negro equino, con el sol poniente frente a ella. Exhalando un largo suspiro, volteó la mirada hacia donde descansaba la gran fuente antigua, a medio desmoronar, llena al descuido por el agua de lluvia, abandonada, tenebrosamente vieja, alrededor de la cual caminaba juguetonamente la banshee, en su apariencia de niña. Al sentirse observada, volteó a ver al nosferatu y le sonrió. Él hizo una mueca de fastidio. Transido, desasosegado al límite, echó a andar de regreso a la mansión, ¡furioso! Mientras el verdugón de su rostro iba sanando.

"¡Pero qué guapa se ve cuando se enoja!" Tocándose la cara…" ¡Y la a quiero tanto que cuando la mando al carajo, me quiero ir con ella!"

Continuará…


Canción sugerida: Beber de tu sangre, de los Amantes de Lola (tonta de mi al dejar links de you tube, se me olvidaba que FFN ya no deja hacer copy paste XD, so sorry!)

Nota: Los fragmentos textualmente citados en este capítulo (que están escritos en cursivas) pertenecen, precisamente, a la novela Lolita, del escritor ruso Vladimir Nabokov (les recomiendo leerla, o ver la película con Jeremy Irons, que está muy bien adaptada, por cierto.)


REVIEWS!

Palomixta. Hola! Me alegro que te haya gustado y que le consideres el mejor episodio (yo misma no sé si es el mejor, hasta no sabría decir cual me ha gustado más). Sobre las interrogantes que planteas, ¡bueno! A su tiempo verás que es lo que va a ocurrir. Gracias por la review ;-)

. Muchas gracias por la review y por tu felicitación, de verdad que sus comentarios y opiniones me alientan a seguir. Sobre la condición sexual de Integra, pues sí! Se sabe que a sus 22 años (los que tiene en 1999) Integra es doncella aún (y tal vez al final del manga, estaba igual), y yo quise respetar eso porque es muy canónico (en el siguiente episodio quise, también, enfatizar este hecho, ya lo verás). Hirano desde un principio dio mucha importancia al estado sexual de sus personajes al plantear que las personas vírgenes tienen la opción de convertirse en vampiros al ser atacadas por uno, pero una persona no virgen, se convierte directamente en un ghoul, lo cual es un poco drástico, no crees? XD, pero bueno, Hirano así lo determinó, así que por ello creo, Integra es abstemia, tal vez (y es mi interpretación, mi conclusión personal) TAL VEZ lo es porque tiene miedo a ser convertida en ghoul, como si previera eso, como si dijera "si un día un vampiro me ataca, prefiero convertirme en otro vampiro que en ghoul", no sé! Siempre he pensado eso XD (además está el hecho de que este fic es precuela de otro de mis fics, donde narro lo que ocurre con los personajes después del ataque de Millenium)

Iracema Palomo. Jajaja, qué bueno que los síntomas por borrachera de Integra me quedaron verosímiles, (debo agregar que nunca he estado así de ebria, pero sí he observado a las personas que lo están XD) y sé que eso del vómito es un clásico! (Cantar Oaxaca, cómo decimos aquí XD) Usar ese tipo de situaciones ayuda al humorismo, precisamente, lo quise hacer porque Integra siempre está en la pose, pero hay que recordar que es humana.

En fin, sobre los momentos eróticos, pues creo que ningún lector lo espera al comenzar a leer el capítulo, Integra y Alucard tampoco lo esperaban LOL, pero bueno! De eso se trataba, de algo repentino, de esas cosas que sólo suceden! Y creo que un encuentro de esa clase entre dos que tienen en común una tensión sexual tan fuerte, debía ser algo espontaneo, natural! (sí me explico, verdad? XD)

Alucard y sus patanadas, pues sí! Yo no busco hacer una apología de la patanez de algunos hombres, pero recordemos que él es un antihéroe, que es casi un villano y bueno, no podría ser el tipo manso. Además es para agregar drama a una relación con ese toque de agresividad que caracteriza al Alutegra. Pero por eso al final él se arrepiente de consumar la relación. También quise agregar lo que pensaban (porque en el primer borrador, sólo había escrito lo que sentían), precisamente para matizar el momento y darle sentido, pienso que era un momento importante. Con este capítulo (y en general en todo el fic) quiero encontrarle y darle lógica a la relación que tienen Alucard e Integra en el presente narrado en el manga, es una relación muy fuerte, muy sólida, madura, pero llena de misterios, de disimulos, o no?

Sobre la comparación con Twilight, no te preocupes! No pasa nada! No me ofende en lo absoluto (aunque no sé mucho, casi nada, de ese canon).

Acerca del momento de catarsis de Alucard frente a los retratos de sus amos… pues, en un fan fic mío que por allí anda, Todos los santos, hago más énfasis en esa confrontación, la clásica: el enamorado vs el padre de la chica, pero en versión bizarra, claro! (y tal vez ponga un poco de eso en este fic, sólo espero no olvidar ese detalle).

En general, gracias por tu review! Son la clase de comentarios que a uno le gusta hallar, ayudan, motivan y también replantean ideas. =)

Abrilius

Te contesto en orden, también XD:

Fíjate que no me había puesto a pensar en eso, pero ahora que lo dices, ¡es cierto! Lo hace con mucha naturalidad, verdad? Casi como si le gustara (algunos calificaron de lésbica, la escena cuando Integra le da sangre a Seras, XD), pero bueno, este fic es para imaginar cómo era Integra antes de ver bien formada su personalidad y su carácter, así que buen detalle el que comentas! =) Me encantan los análisis!

Claro que Alucard merece ser abofeteado, pero recordemos que no es nada dejado, que tiene una personalidad fuertísima y un carácter soberbio, además de que aún, en la época que intento describir, le falta experiencia para ganarse absolutamente toda la devoción y el respeto que Alucard le tiene después (aunque no por eso deja de trollearla, verdad? XD)

Integra nada más se estaba haciendo tonta ella solita XDDD

Pues dude un poco entre escribir eso o no, pensé que tal vez algunas lectoras podrían sentirse ofendidas, o pensar que hago una apología al machismo, pero no! Yo siempre recalco que una cosa es lo que piensa el autor y otra muy distinta lo que piensan los personajes. Hay un recurso llamado polifonía, que es cuando cada personaje piensa y hace cosas de acuerdo a sus características, y no al criterio de su autor. Yo condeno que una mujer sea valorada por su estado sexual, pero Alucard no deja de ser hombre (y uno que desciende de una tradición y una sociedad muy patriarcal)

Es como dice Hitch (Will Smith en esa película) "y es por eso que es tan difícil enamorarse de alguien!"…Dos personas tan complejas como esos dos no podían tener un romance tranquilo, sano y fácil, creo que debe ser muy shockeante por lo distintos (y lo parecidos que son), después de todo Integra sí es una Lolita a comparación de su pareja! XD

Alucard, bueno, el tipo no escarmienta! Yo, obvio, aquí estoy tomando en cuenta la historia que se plantea en la peli de Ford Coppola, que se convirtió en vampiro por el dolor que le causó haber perdido a su esposa (aunque en el manga es algo distinto su origen), luego sí retomó a Hirano, y Hirano plantea que fue cazado por los Hellsing, cuando él estaba en pos de Mina Harker, y ahora Integra, pues sí vimos que le costó caro ese sentimiento a Alucard, si nos apegamos al manga.

Malina Westerna

Hola! Muchas gracias por tu review! Sí, como le comento a otra lectora, de eso se trataba! Era sexo sorpresa! XD Para los lectores, y para ellos dos! Espontaneo porque hay mucha tensión sexual entre ambos

Sobre los detalles de su relación de este momento en adelante, bueno! Ya en este capítulo vemos que ambos son verdaderamente difíciles, no?

Gracias de nuevo por la review y…nos estamos leyendo =)


Ahora sí! See you, hellsingers! Nos leemos a la próxima!