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XVII

Mefistófeles

"¡Corre, corre, Damasco!" Gritaba en sus adentros, mientras galopaba el fuerte y joven equino, abriéndose paso entre la arboleda que marcaba el límite de la propiedad Hellsing, un poco más allá, hasta que la porción boscosa terminó, hallándose frente a otra extensión de pradera viva, limitada por una cerca de piedras encimadas, la cual, Integra hizo que el caballo saltara sin mayor proeza. Una vez allí, aminoró considerablemente la velocidad del animal que echó a trotar a través del terreno llano y solitario. "La propiedad Astor", se dijo a sí misma al contemplar las tierras amplias ─ a lo lejos la gran mansión que los protagonizaba─. En esos momentos la nostalgia del pasado la invadió. Recordó cuando niña, solía montar en bicicleta hasta esos parajes, para reunirse con sus compañeros de juegos: el hijo e hija de los lores Astor. Suspiró guiando a Damasco hasta lo alto de una colina. Desmontando de él, lo haló por el bocado a través del césped, hasta a la sombra de uno de los robles que estaban sembrados, debajo del cual tomó asiento. Recorrió con la vista el paisaje: el atardecer, el verde del verano, el viento ululando. Evocó entonces esos breves años de infancia feliz y plena junto a dos de los pocos amigos que tuvo, los que sin embargo perdió muy pronto. A los doce años, la hija, un poco mayor que Integra, fue internada en un hospital psiquiátrico, víctima de un grave trastorno esquizoide. Luego el hermano emigró a Norte América. Integra rió con ironía, cayendo en cuenta que la locura y la muerte la habían estado persiguiendo desde que tuviera memoria. Fue allí entonces, cuando estuvo en completa calma, que no pudo seguir reprimiendo los sentimientos que corroían sus entrañas. Ahora los insultos, las humillantes palabras de Alucard: "¡tempano de hielo!, "¡ve y despósate con ese niño mezquino y arrastrado que te han escogido porque no es más de lo que tú te mereces!", rebotaban en su cerebro. La situación la estaba superando al grado de permitirse comenzar a llorar de veras, a llorar como hacía tiempo no lo hacía, y si ahora se dejaba hacerlo, era porque estaba en complicidad con aquella tranquila y casi total soledad, que sólo era interrumpida por la mirada apacible del caballo Damasco.

─ ¡Maldita, maldita Integra Hellsing! ─ mascullaba entre dientes el rey no muerto mientras se aproximaba a la casa, abriendo puertas con violenta telequinesis, e incluso, haciendo levitar cualquier objeto que se interpusiera en su camino, (como el florero o el taburete que estuvieron a punto de impactar contra una tórtola, de no ser por los rápidos reflejos de esta, quien alcanzó a esquivarlo). Cruzó el corredor principal hasta la cocina ahuyentando a toda alma que estuviese lo suficientemente cerca y fuera lo suficientemente lista para percibir que, en esos momentos, no era buena idea permanecer en el mismo lugar que el gran vampiro. Así llegó hasta la cocina, haciendo desaparecer a las empleadas con su furiosa presencia. Y llegó porque el hambre por unos tragos de sangre espesa le imploraba ser saciada, así, apenas allí, se dirigió a la nevera reservada para guardar las bolsas, que, semanalmente eran entregadas desde todos los bancos de sangre de la ciudad.

Extrajo entonces dos porciones, ("¡Me lleva el demonio!, ¡¿cómo pude ser tan estúpido?!") las arrojó dentro del horno microondas para calentarlas, mientras se hacía de una botella de vino y una copa de cristal ("¡Pero esto y más merezco por imbécil!"), destapó la botella con los colmillos, llenando la copa para dejarla sobre la barra del desayunador; luego dio media vuelta para sacar del horno el que sería su alimento. No bien había virado de nuevo cuando, víctima de su propio y profundo ensimismamiento, de sus pensamientos atormentados y su ira, no se dio cuenta el momento en que Walter (más furioso aún, ¡si era posible!) entró veloz como un tifón, sin pensar nada ni meditar mucho menos las consecuencias, tomó la copa que estaba sobre el desayunador para arrojarla, sin miramientos, sobre el rostro de Alucard, quien se quedó boquiabierto, pasmado, estupefacto ante tan violenta y humillante agresión, que apenas tuvo tiempo de decir nada cuando fue encarado por el mayordomo quien, al parecer, había perdido todo rastro de cordura pues se fue contra el vampiro (como si fuera apenas plausible o sensato hacerlo), a dos centímetros: ─ ¡Sabía que eras un cochino degenerado pero esto ha sido aberrante!

El gran nosferatu por fin pudo volverse a colocar en la realidad para descubrirse semi bañado en vid, pasar la manga del traje por su rostro, para luego escupir con todo el desprecio del que era capaz: ─ ¡Eres un cretino anciano estúpido! ¡¿Cómo mierda se te ha ocurrido hacer esto?! ¡¿Acaso quieres que te asesine?!

─ ¡Mátame si quieres, al fin y al cabo es lo único para lo que viniste aquí! ¡Prefiero estar muerto que ser testigo de tus ultrajes!

─ ¡¿De mis ultrajes?! ¡¿De qué maldita mierda hab…?!

─ ¡No finjas demencia, mal nacido! ¡De todas las bajezas de las que has sido y eres capaz, aprovecharte de una joven indefensa ha sido el colmo!

Al escuchar eso Alucard, lejos de arremeter, asesinarlo o remontar en su ira, lo que hizo fue rodar los ojos en una mueca de profundo fastidio: ─ ¡Ahhh! ¡Eso! Walter, no seas así, ¡me estabas preocupando!

─ ¡No seas cínico! ¡Vamos de una vez arreglar esto como los hombres!

─ Ósea, ¿Escribiendo nuestro hombre con pipi en la arena, a ver quién gana?

Aquella simplona y estúpida respuesta fue suficiente para que Walter se lanzara en un furioso ataque de sus cables asesinos (que derribaron y rompieron objetos en su trayectoria), las cuales Alucard esquivó con facilidad, adhiriéndose a la pared tras él. ¡Otro violento ataque, el cual detuvo con el brazo derecho (no sin herirse), luego tomar al sirviente por el cuello y arrastrarlo fuera de esa cocina, en dirección a la cava subterránea de la mansión que se hallaba a unos pasos de la pérgola junto al castaño.

La cava era un sótano adyacente de paredes viejas, roídas, olorosas a humedad como mazapán rancio, en cuyas paredes se hallaban apiladas barricas de roble, botellas, así como otros enceres: quesos añejos, vinagre, levaduras. Se llegaba a él por medio de una escalera de madera chirriante, pero esta vez Walter no bajó, Walter rodó para finalmente dar contra el suelo al ser arrojado sin ninguna delicadeza por Alucard, quien sí descendió despreocupadamente cada peldaño para luego cerrar la compuerta por dentro, con telequinesis. Una vez seguros, encendió con indolencia un cigarrillo, se recargó sobre un gran barril de cerveza irlandesa, y ante la mirada asesina de Walter, habló: ─ Número uno, ¡no te pongas loco! Número dos, ¡No seas tan pendejo! Número tres, ¡no montes espectáculos indiscretos en plena cocina! ¡Número cuatro! ¡No tientes a mi paciencia de nuevo o te juro que a la próxima vez que se te ocurra hacer algo mínimamente parecido a atacarme, voy a machacarte de tal forma, que la mierda pastosa del perro tendrá más consistencia si le compara contigo! ¿Entendiste?... Aunque Integra me mandara enterrar al fondo del océano, créeme que lo haría…

─ ¡Juro por Dios que si no fuera por ella, saciaría contra ti toda la ira que tengo al saber de lo que has sido capaz! ¡Pero le hago falta para protegerla! ─levantándose del suelo

─ Aaa…ja, como toda la semana pasada, ¿no? ¡Qué bien cuidaste de ella!

─ ¡Y tú aprovechaste esa ausencia para saciar tus deseos más…bajos!

─ Tsssss, ¡no lo digas así, Walter, suena muy feo! Además, ¡no sabes que pasó! ¿O sí? ¿Es que ella te lo contó?

─ ¡Por supuesto que no!, ¡ella no me ha dicho nada!

─ ¡Aaaah! ¿Así que se trata de un chismorreo de criadas, no? ¡Prffff! ¡Ay Walter, deberías comprender mejor a los miembros de tu propio gremio! Sabes que siempre viven engullendo a sus patrones con habladurías, chismes, injurias….CALUMNIAS infundadas de toda clase que sólo la gente VULGAR se cree, ¿y dónde lo escuchaste? ─burlón, mordaz─ ¿En la cocina mientras fregaban los trastos?

Walter, por toda contestación, terminó de acomodarse la corbata, las gafas y la cola de caballo mientras reía sarcástico: ─ Un sirviente burlándose de otro, ¡qué cómico!

─ No me vengas con eso, ¡qué no somos iguales! ¡Hasta en los perros hay razas! ¡"Estimado" Walter!

─ ¡No te compares con los perros, eso sí son fieles! ¡No muerden la mano de su amo!

Alucard se carcajeó. Le dio otras bocanadas a su cigarrillo, luego dijo, ya más serio: ─ No sé qué demonios te dijeron que ocurrió, ¡y no me importa! Lo único que diré aquí y ahora es: yo no le hice ningún daño a tu ama, ni ella hizo nada "inapropiado". No sé qué imaginación tienen las criadas y tú para imaginar toda clase de estupideces jugando con la honra de su patrona, ¡o sí les satisface mucho llevarla de boca en boca! Pero aunque de verdad hubiera hecho algo "indecente" con ella dentro de su habitación, ¡jamás lo admitiría!

─ ¡¿Niegas categóricamente que la has…?! Bueno, ¡eso!

(Un risilla de burla al notar que el mayordomo se enredaba en todos los eufemismos posibles al no ser capaz, ni un poco siquiera, de considerar a su ama como un ser sexual)

─ ¡Sí! ¡Lo niego! Nada pasó entre esa niña y yo que no te pueda contar, ¡y no lo diría porque no debo explicaciones! Sin embargo lo voy a hacer ya que no deseo perjudicarla con un silencio que otorgue… ─echó a andar lentamente por la cava ─ ¿te contó que hubo una refriega en la ciudad?

─ Sí

─ ¿Te contó que, para evitar que volviera a escapar (porque escapó), la transporté en un bote por el río, sobre el cual ella se embriagó?

─ No, me parece que no

─ Bueno, ¡Integra se embriagó como un irlandés de taberna en un día de San Patricio!... Así como tu papá…

─ ¡Mi padre no era un irlandés ebrio!...Bueno, sí, pero también era trabajador y… ¡no te salgas del tema!

─ Aja, bueno ─ dominando las ganas de reírse ─ cuando llegamos aquí, bajo una incesante lluvia, estaba tan en mal estado que no podía sostenerse sola, así que al tratar de subir por ella misma la escalera de la cocina, resbaló, se golpeó la rodilla con un escalón, de modo que la tomé en brazos, la llevé a su habitación donde ayudé a curar su herida y esperé a que se quedara dormida…fin de la historia.

Walter levantó una ceja, puso las manos en la cintura, resopló. Quería creerle al vampiro, ¡de verdad quería creerle! Sin embargo las versiones no coincidían y algo dentro de él le decía que no era verdad: ─ ¡Pues no te creo nada!

─ ¡Bien! ¡No es mi problema, sino tuyo! Que vivas pensando cosas así de la niña que tanto dices querer…Será una cruz que nada más tú vas a cargar, ¡yo ni creas!

─ ¡Tú no tienes calidad moral ni consciencia para sentirte culpable por nada, maldito bastardo!

─ ¡Da igual! La culpa es como un saco de piedras, para librarse de ella sólo es necesario ponerla en el suelo y continuar…

─ ¡Eres un monstruo perverso que sólo esperará la oportunidad perfecta para llevar a cabo sus asquerosas maldades…!

─ Dime más, Walter, dime más… ─ riéndose

─ ¡Te aprovechaste de una doncella!

─ ¡Basta! ¡Tú ama sigue tan doncella como el día en que nació!... ¿No te satisface mi versión? ¡Bien! ¿Cuál sería la otra? ¿Qué te diga que pasó de todo entre ella y yo?…

Walter retrocedió negando con la cabeza

─… ¿qué le gustó, que ha admitido que no le soy indiferente?…

─ ¡Cállate, maldita bestia!

─ ¡¿Que no me aproveché de nadie porque ella sólo necesitaba un pretexto, una noche de soledad conmigo?!... Y que ahora… ¡yo me he dado cuenta que la amo!

Al escuchar eso último, Walter abrió los ojos que había cerrado ante la impotencia de escuchar las palabras del vampiro (que sospechaba, eran la auténtica verdad), con rostro desencajado, incrédulo, preguntó demasiado estupefacto para disimularlo: ─ ¿Qué?... ¡¿qué has dicho?!

─ Que amo a nuestra joven dama…─ sonriendo mezcla de ironía y orgullo─ ¡que estoy enamorado como un estúpido de Integra Hellsing! ¡Hasta la medula de los huesos!

─ No…

─ ¡Sí! ¿Qué te parece? ─abriendo los brazos ─ ¡una mocosa ha logrado que el rey no muerto este a sus pies! ¡Ahora sí, sin ninguna objeción! ¡Bravo! ¡Plan maestro! ¡Vlad Dracul cero, la Casa Hellsing mil! ¡Fin del juego! … Caí en la trampa más grande de la familia … ¡más no me arrepiento! Es más, ¡considero un verdadero privilegio el haberla conocido!

Walter le escuchaba boquiabierto, consternado y hasta celoso: ─ ¡Tienes que estar mintiendo!

─ ¿Por qué? ¿Por qué tendría que hacerlo? ¿Qué ganaría yo?

─ ¿Entonces por qué me lo estás diciendo?

─ Para que compartas el secreto conmigo, Walter amigo… ¡Yo no voy a cargar tus cruces de culpa, pero tú sí vas a cargar mi cruz de ahora en adelante! ¡Vas a guardarme, celoso, este "insondable" secreto a voces! A menos que quieras ir corriendo a decirle a tu ama lo que he confesado aquí.

El mayordomo lo miró negando con la cabeza: ─ ¡Eres una víbora! …

─ Sí, ¡puede ser! Pero de ahora en adelante tendrás que proteger el secreto de esta víbora porque si no…

─ ¡No es mi problema si crees haberte enamorado de ella! ¡Peor para ti! Porque, ¿qué vas a hacer? ¿Eh? Piensas conquistarla, ¿cortejarla?

─ ¿Y por qué no? ─mirada ufana, vanidosa, ante la cual el viejo sirviente echó a reír.

─ ¡No tienes ninguna posibilidad! ¡Ella nunca te va a corresponder! No lo hará por más artimañas y tretas que uses, ¡no va a caer en tu trampa porque es demasiado Hellsing para hacerlo! Antes preferiría morir que ser como tú, ¡o ser de ti! Integra tiene principios, valores, ¡creencias firmes! Y la convicción de hacer honor a la memoria de su padre, ¡así que no va a cambiar todo eso, no se va a vender por un seductor barato!

Alucard le escuchaba temblando por dentro, algo de lo que decía el viejo podría ser verdad, ¡más que verdad! Sin embargo no le demostró su desasosiego. Lejos de mostrarse mellado por sus palabras, le dio otra aspirada a su cigarrillo, luego ufano, declaró: ─ Eso, ¡está por verse! Después de todo, ¡Dios no fue tan cruel conmigo! ¡Me dejó algo para mi entero provecho! ─ Y se miró en el reflejo de una vitrina que contenía vinos caros.

─ ¡Así! Tu eterna juventud… ¡tú apariencia! ─se sonrió burlón ─ ¿la crees tan simple y ordinaria para venderse por una cara bonita? ¡Tú no eres más que una sucia y asquerosa puta!

─ ¿Por qué será que la gente siempre me dice cosas que ya sé?

─ No posees ni poseerás las cualidades para conquistar a una dama como ella, ¡nunca!

─ Jajajajaja, ¿Y tú sí?

─ ¡¿Qué?! ¿Qué has dicho, bastardo?

─ ¡Nada! Sólo estoy…especulando, ¡arrojando el anzuelo a ver si caes! ─ Una risa malvada ─ No sé, Walter, a veces, AVECES parece que lo que sientes por ella es algo más que un amor paterno ─ los ojos llameantes, ¡fulgurantes de Walter!, cuyas mejillas estaban del mismo color ─ ¡a lo mejor estoy equivocado! O tal vez ahora mismo caen todas las hojas de parra. Yo no sé… ¡ojala no sea cierto! Porque si no…─rió más que divertido ─ ¡pobre de ti!

─ ¡Sólo alguien tan perverso como tú puede confundir un cariño puro con esa lujuria tuya que llamas amor….!

─Bla, bla, bla, bla…

─ ¡Eres un ser tan bajo, tan inicuo y ruin que eres incapaz del amor verdadero…!

─ ¡No me digas!

─ En unos años ella se va a desposar con lord Charles Islands, ¡jamás será tuya!

─ ¡Tampoco de ti! ─ La mención del rubio chico al fin le hizo salir de sus casillas, había tenido demasiado de esa cantaleta, fue entonces que se aproximó a él, amenazante, grave, oscuro ─ mira, ¡viejo! Escucha una vez más lo que te voy a decir: el mundo, los planes que tengan para ella, sus principios, sus… ¡altas creencias! Y todos sus prejuicios, ¡me importan un carajo! No me hacen ni me harán mella, ¡no me van a obstaculizar! Yo tengo muchos recursos para hacer que ella se enamore de mí, ¡a lo mejor ya lo hace! Sólo que le va a costar trabajo aceptarlo, y para eso yo voy a estar allí, ¡nada me apartará! Además es mi trabajo, ¡el cual haré con todo el placer del mundo! Porque tengo todo el tiempo que necesito, ¡y más! Y tú, querido Walter, ¿tienes tiempo?...─el aludido no contestó, guardó silencio en una inevitable mueca de dolor ─ ¡No! ¡Desde luego que no! ¡Mírate! ─ La joven, bella estampa del vampiro junto a la marchita de Walter, reflejadas sobre la vitrina de los vinos. Alucard burlón, mordaz, se colocó a espaldas del mayordomo, ufano, con una mano en la cintura, dijo ─ ahora no eres más que un patético viejo, ¡un pobre y acabado anciano! ¿Cuánto te restará de vida? ¿Veinte años?... ¡¿Qué son veinte años para un vampiro?! Un suspiro, un instante, ¡nada! Así que seré yo quien se quede a su lado, ¡no tú! (diciéndoselo a la mera cara) Entonces esperaré con la paciencia con que espera un gato, esperaré a que la fruta este madura y caiga por sí sola, mientras tú, ¡tú vas a vivir a nuestro lado por lo que te resta de vida, guardando silencio!, ¡atestiguando como la enamoro, como logro que ella me necesite!

Walter cerró los ojos, apretó las mandíbulas en un lapsus de profundo dolor, era cierto, ¡moriría más pronto de lo que quisiera! La vida se le escurría como agua, ¡como una poluta de humo entre los dedos! Quería, ¡añoraba ser eterno! Ser joven otra vez por la sola oportunidad de estar más tiempo al lado de ella… Deseó ver devuelta su juventud para ofrecerla a su dama, ¡lo deseó con tanta vehemencia qué hubiera vendido su alma al diablo por ello!

─ Pobre, ¡pobre "Fausto" atormentado por la existencia de "Margarita"! ─Alucard, con una mordaz empatía─ No te culpes, Walter, ¡es que es tan, pero tan fácil enamorarse de ella!... Qué bien vale la pena sacrificar la hermosa alma mortal por hacerlo, ¿no? ─se rió ─ ¡Qué fregados estamos!

El mayordomo sonrió con amargura: ─ No sé porque estás tan seguro de que me voy a callar…

─ ¡Bueno pues adelante entonces! Ve y decláralo a los cuatro vientos, ¡mejor para mí! Qué se entere la sociedad, la convención de los doce, la reina misma, ¡el mundo! Para así no tener que esconderme en la patética mentira de que le soy leal por el puro poder de la magia negra y los sellos de su bisabuelo…─ se encogió de hombros con un gesto de indolencia.

─ Alucard ─ calmado, consternado, doliente─…si de verdad la amas como dices, ¡debes desistir de ella! Aún sí se enamorara de ti, ¡aún si deseara estar contigo, no podrán! ¿No comprendes que todo el mundo los va a separar?... No, ¡no la hagas pasar por el tormento de un amor frustrado! ¡Deja que se lleve su amor a otra parte! Ella, ella esta prometida ya a…

─ ¿Cómo es posible que asegures quererla y aun así estés dispuesto a entregársela a un imbécil? ¿Al infeliz destino que le depara ese matrimonio arreglado? ─ preguntó el vampiro hastiado, escupiendo desprecio ─ Walter… ¡suenas tan patético, tan cobarde! Si la vas amar desde la debilidad, la cobardía y la resignación, ¡no la ames! Porque ella no se merece un amor así, ¡como tampoco merece (recordó lo que le había dicho hace unos momentos, junto al establo y le dolió, le dolió de veras, entonces se arrepintió de haberlo escupido) ser esposa de ese niño cretino! ─El sirviente le miró intrigado ─ ¿es que no lo has tratado ni un poco?...Créeme, Walter, ¡te hace falta salir más a menudo de la cocina! ─ palmeando su hombro con un dejo de mofa.

─ Estás diciendo que…

─ Qué los oropeles no compran la decencia… ¡yo seré lo que soy y todos lo saben! Pero de allí a dejar que ese matrimonio se realice… ¡hay un abismo! Ella jamás se va a casar con Charles Islands, ¡eso te lo aseguro!

Le miró alerta, casi asustado por sus palabras pues sabía que, llegado el momento, ¡era bien capaz de hacer cualquier cosa!: ─ Esto no… ¡esto no tendrá un buen final! No para ella… ─abatido.

─ Pues yo elijo pelear, ¡aferrarme! Como siempre… ¡es mi naturaleza, "Ángel de la muerte"! ─ Una sonrisa amarga se dibujó en sus labios ─ con terquedad, no podría quererla de otra forma, ¡porque sólo así sé! ─se volvió a encoger de hombros, cogió una botella de vino de la reserva especial ─ No hay vuelta de hoja, ni tú, ni el diablo, ¡ni Dios mismo pueden evitarlo! Aún tengo libre albedrío, y aun siendo el más esclavo…sucede… ¡qué ya no me siento esclavo! ─ sonriendo casi con alegría, abrió la compuerta de la cava, salió de ella sin voltear atrás, mientras destapaba el licor para ir bebiendo de él.

Walter se quedó dentro un rato más, tratando de asimilar toda la desasosegante información que acaba de recibir, cayendo en muchas conclusiones que poco o nada le tranquilizaban, sino al contrario.

"¡Como la había visto cada día desde que la trajeron del sanatorio!" Frente a él pareció materializarse la imagen de la pequeñísima Integra balbuceando en sus brazos, o intentando dar sus primeros pasos; la de la niña de coletas que fue a dejar a su primer día de escuela; la de la chiquilla chimuela que ya era instruida en esgrima y combate; la de la huérfana desconsolada velando el cuerpo de su padre. El recuerdo de esas épocas se deshizo en un largo y profundo suspiro. ¡Su ama ya no era más una niña! Sobre lo otro que el vampiro había dicho: "¡A lo mejor caen ahora mismo todas las hojas de parra!"…¡ya podía irse mucho a la mierda! Se levantó entonces de golpe para dirigirse a la salida, a la noche que estaba comenzando a caer al haberse puesto por completo el sol. "¡Pobre Fausto atormentado por la existencia de Margarita!" Sacudió la cabeza como queriendo sacudir las palabras del rey no muerto, levantó la vista al cielo en cuyo lienzo ya se encendían las estrellas. Pidiendo toda la paciencia y la ayuda que su amo Arthur pudiera enviarle, entró de nuevo a la cocina.

Cuando lo hizo las tórtolas ya casi habían terminado de levantar el desorden que se produjo debido a su repentino ataque (más los restos de los objetos que habían sucumbido ante el enojo de Alucard)

─ Donde… ¿Alguien sabe dónde se encuentra milady?

─ Dejamos de verla desde la hora del té, señor Walter…

Esto le inquietó un tanto, a salir a buscarla estaba dispuesto cuando el teléfono sonó. Se trataba del señor Wallace (jardinero, cuidador, fiel sirviente de los Astor desde hace mucho, mucho tiempo) informándole que había tenido el gusto de saludar a su señorita al haberla hallado casualmente en su propiedad, como cuando era niña, lo cual tranquilizó al mayordomo, quien aun así se decidió a ir a encontrarla, saliendo de nuevo al empastado para echar a andar entre grillos.

En esos momentos, Integra regresaba tranquilamente a pie (recordando que aún tenía mucho que estudiar antes de que llegara el lunes con el primer examen final que no había logrado exentar). Halando a Damasco por el bocado, ambos brincaron la valla de piedras, caminaron hasta el bosquecillo que representaba el lindero. Una sensación de estar siendo seguida, observada, se apoderó de ella. Estuvo segura: susurros, pasos sobre la hojarasca y una sombra tenebrosa, oscura, repentina detrás, que se esfumó en el instante mismo de haber volteado, luego el relinchar, el reparo inquieto del caballo, cosa que, sin duda, había logrado asustarla. Así decidió volver a montar para salir lo más pronto posible de allí (de repente sintió el ambiente enfriarse inusitadamente, cual si estuviese en invierno y un olor penetrante y fétido, como azufre), miró a todos lados, vio el vapor de su propio aliento danzar frente a ella, al momento de hacerlo, también creyó ver la figura de una extraña niña cadavérica, cuyos ojos profundos, enormes, grises, se asomaban entre los troncos.

─ ¡Arre! ─ azuzando a su equino ambos salieron lo más rápido posible, cruzando su propiedad a galope, cuando vio caminando por la vereda a Walter, envuelto ya en un suéter abotonado─ ¡Walter!

─ ¡Señorita! Iba a buscarla en estos momentos a la casa Astor, precisamente… ─ al llegar hasta él, desmontó exhalando aliviada ─ llamó el viejo Wallace, dijo que la saludó…

─ Sí, ¡lo hizo! ─ mirando en dirección de la arboleda

─ ¿Qué pasa, señorita? La noto pálida, ¿le ha pasado algo?

─…no, no, ¡nada! Sólo que Damasco se ha asustado y ha estado a punto de tirarme, ¡es todo! ─ tratando de sonreír despreocupada.

Entre recomendaciones de más cuidado por parte del mayordomo, fueron juntos a reguardar al equino. Cuando entraron a casa, fueron recibidos con la noticia de que había llegado una carta lacrada con el sello de la Convención de los doce.

─Señorita, ¡para usted!

Integra (aun reponiéndose del sobresalto), rompió el lacre después de mirar el remitente, sacó la misiva y allí leyó la convocatoria a una reunión extraordinaria del Consejo, el domingo, a las cuatro de la tarde en el Palacio de Westminster, por orden directa de Su Majestad. Asistiría el Vice Primer ministro en representación del Gobierno oficial, y un representante de Palacio, para "tratar asuntos relacionados con la seguridad Nacional y la protección de información altamente clasificada"…Al terminar de leer, Integra suspiró cerrando los ojos: "el maldito de asunto de ayer en la noche!" Se llevó una mano a la sien.

─ Milady, ¿ocurre algo? ¿Está todo bien?

Por toda contestación, la heredera mostró la carta al mayordomo, quien al leer, comprendió: ─…además de su comandante en jefe, Sir Integra Fairbrook Wingates Hellsing, se solicita la presencia de los miembros de la Organización: El señor Walter C. Dornez y Lord Alucard …

─ Es obvio, Walter, ¡me llamarán la atención por el enfrentamiento en el Regent's Park! ¡Maldita sea! ─ palmeando su frente con mucho fastidio. Tener que escuchar las amonestaciones de los políticos, y enfrentar todos los cuestionamientos de sus colegas, era la cereza en el pastel de ese desastroso fin de semana, y para terminar, ¡los exámenes del lunes! ─ bueno, ¡qué remedio! Hay que asistir…

─ ¡Así es, milady! Tendré a bien alistar todo para mañana en la tarde ─ inclinándose, respetuosamente

─ ¡Gracias Walter! ─ Con una sonrisa afable y cariñosa. Estaba dispuesta a retirarse por fin a su habitación, cuando el teléfono sonó.

─ Buenas noches, Mansión Hellsing ─ Una de las tórtolas que iba pasando cerca de la extensión telefónica ─ sí, ¡entendido! Milady, ¡es para usted! Sir Pendwood al habla…

Integra hizo rodar los ojos, preguntándose "¿y ahora qué? Fue a recibir el auricular. Cuando lo hizo se fijó bien en la sirvienta, tapó con la palma de la mano la bocina, y dijo a la joven que acaba de ubicar: ─ ¡Clarice! Tú fuiste a avisarme sobre la hora del té al gimnasio, ¿verdad?

─ Sí, señorita, así es…

─ ¿Y quién rayos te dijo que puedes abrir la puerta de una habitación donde me encuentre yo sin antes tener el permiso? ¿Es que acaso no te enseñaron las reglas de convivencia para servir en una casa como esta? ¿A quién tengo que reprender también? ¿A Teodora por no haber hecho bien su trabajo de selección? ─ La joven escuchaba con la cabeza baja, todo eso observado por Walter, quien se preguntaba si su ama estaba buscando, ya no quien se la hizo, si no quien se la pagara─ ¡Otra falta de protocolo como esa y te echo a la calle!, ¿entendiste? ─ la muchacha sólo asintió con la cabeza, hizo una reverencia y se alejó a toda prisa, mientras que la heredera atendía el telefonema donde Sir Shelby Pendwood le informaba que, los jóvenes secuestradores que habían sido aprendidos en el puente, habían desaparecido del hospital donde, supuestamente eran custodiados por agentes de Scotlan Yard; que uno de los agentes estaba gravemente herido y el otro, muerto, con brutales heridas en el cuello y la falta de casi toda su sangre…Integra sólo escuchó lívida, estática, ¡harta! Cuando colgó, suspiró hondo, ¡mucho muy hondo! Llevándose las manos a la cintura miró al cielo como rogando paciencia…

─ ¿Señorita?

─ Ahora no, Walter ─ haciendo muchos esfuerzos por contenerse, dando media vuelta y dirigiéndose a su habitación a donde entró decidida a hallar catarsis, ¡cómo fuera! O estaba segura de que iba a asesinar o de menos a golpear a alguien. Así que cerró dando un portazo, buscó entre sus cosas caramelos y cigarrillos que se apresuró a consumir, luego a buscar en su bolso escolar su cinta de música favorita. En ese instante, algo más llamó su atención, su teléfono celular estaba sonando, se apresuró a contestar, era Maggy, quien, en medio de hipos de llanto, le contaba que las cosas para Bob se habían complicado enormemente porque los hombres del servicio de retención de vehículos de la ciudad, habían hallado en la cajuela del BMW, varias dosis de éxtasis y cocaína, luego habían llamado al vicealmirante para comunicárselo; este había montado en furia al creer a su hijo culpable de tal posesión de sustancias, le había propinado una tunda, (pero eso no era lo peor, no), sumada a eso, estaba la muy intransigente y cruel decisión de enviar al chico como interno a la Academia Militar.

─ ¡Oh no, Maggy! ¡No puede ser! ─ sacando calma y empatía de quien sabe dónde, tratando de ser buena con su inconsolable amiga, y sintiendo pena por Bob. Sumando dos más dos, cayó en cuenta quién era el verdadero dueño de los estupefacientes hallados: Ralph Lancaster, quien había sido arrojado a la cajuela por Alucard. Minutos más tarde, habiendo hablado con la chica, diciendo que ella trataría de interceder por Bob ante el vicealmirante, colgó sintiendo que su cerebro explotaba de veras. Así que siguió buscando esa cinta, la que lograba calmarle los nervios siempre que lo necesitaba, ¡la que sacaba su estrés! (Y que además poseía un gran valor sentimental al haber sido autografiada por los miembros de la banda cuando tocaron en Londres). Pero nunca la halló por más vueltas que dio al bolso…fue en ese momento que cayó en cuenta que la había dejado en el toca cintas del auto que, tan irresponsable y desenfadamente, el vampiro había abandonado en el centro de la ciudad.

─ ¡AAAAAARRRRRRGH! ¡HIJO DE PERRA! ─ gritó la chica a todo lo que dieron sus pulmones, haciendo que el alarido se propagara a lo largo y ancho de las alas habitadas de la mansión.

─ ¡ALUCARD!

─ ¡¿QUÉ?! ¡Yo estoy aquí, Walter! …─ replicó el vampiro, quien en esos momentos atravesaba la habitación de la escalera hasta donde el grito había llegado, para dirigirse a la cocina en busca de más porciones de sangre médica.

El mayordomo sólo lo vio alejarse con un gesto de profunda desaprobación, moviendo negativamente la cabeza, estando completamente seguro de que él era aludido del procaz alarido de su ama, el hijo de perra por antonomasia.

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Continuará...


* Fausto y Margarita, personajes de Goethe. El viejo dorcor Fausto le vende el alma a Satanás a través del demonio Mefistofeles, con tal de ser joven de nuevo y poder estar al lado de la bella Margarita.

Hoy no se me ocurrió ninguna canción =(

Reviews:

Palomixta. Hola! Muchas gracias por la review, qué bueno que les logro transmitir lo que me imagino y voy sintiendo en cada uno de los personajes =). Tus comentarios me motivan a seguir, así que os preocupéis (XD), no dejaré botada de nuevo la historia, aunque tal vez para algún capitulo me demoré un poquito en publicarlo porque estos días no he tenido mucho tiempo libre para escribir con toda concentración, pero siempre procuro escribir algo.

abrilius Gracias por tu review y tus comentarios! Te digo que esos reviews largos que comentan los aspectos que uno va diseñando son los más gratificantes de recibir =).

Sobre la relación que va naciendo como tal entre esos dos, pues sí, yo siempre veo que Alucard es el ente pasivo, es la reina en el tablero de ajedrez (va y viene, hace de todo con tal de proteger a su rey), así que definitivamente él no lleva los "pantalones" en esa relación LOL, más bien está jugando el rol sumiso, entonces Integra tenía que tomar la situación en sus manos con el carácter frío y calculador que la caracteriza (aunque se hiera a sí misma en el proceso), de modo qué pensé? "De qué manera se puede deshacer de las tentaciones?" Pues rompiéndole el corazón al tipo, quien tampoco es "perita en dulce", combinas eso y kaboom! XDD Está vez espero que no se hayan quedado con las ganas de que ella le diera su merecido por haberle dicho tanta basura. Sobre Walter, bueno, en este episodio se ve que pasa con Walter, como seguramente ya habrás leído.

Gracias de nuevo por tu comentario =)

Gracias por tu review y tus comentarios, jeje, esa frase recuerdo haberla escuchado, o algo parecido, y pensé que sí, cuando dos personas se quieren, se preocupan la una de la otra aunque desde el enojo, verdad?

Sobre la Lolita literaria, pues sí! Definitivamente Integra es una al haber logrado seducir al hombre que es Alucard =P, (tarea nada fácil).

Bueno Hellsinguers, ahora sí, hasta pronto!