XVIII
Codex gigas
Hacia un par de horas que todos se habían marchado a dormir. Gracias a mis agudos sentidos me percaté del momento exacto en que la última tórtola hizo su ronda nocturna para apagar las luces de la mansión. También escuché a detalle como Walter hizo su inspección final, linterna en mano, recorriendo cada pasillo, dando las últimas recomendaciones a la guardia, para luego retirarse. Fue entonces que toda la casa quedó a solas, ¡completamente callada! Dormida, noctambula, adormecida. Sólo los sonidos nocturnos entonces: perros, cigarras, grillos, lechuzas, aletear de murciélagos y el silencio…El silencio que te dice cosas, el eco de los espíritus, ¿sabes? Suele contarme sus secretos. Me gusta hablar con él mientras pasan las largas horas de la madrugada, las más aburridas cuando no hay monstruos que destruir, ni demonios que condenar. Tediosas cuando te has vuelto casero, cuando te has comido las alas para domesticarte, convirtiéndote en un instrumento de tortura arruinado y consumido por el peso de la existencia eterna, con más ganas de quedarte a matar horas de ocio entre cuatro paredes, que salir a cazar durante la noche.
Así me hallaba yo esa madrugada de junio: fatigado por los tercos gritos de mi consciencia (que la noche anterior había tenido la desfachatez de despertar), "¡ya te extrañaba!", pensé. "Hace veinticuatro horas la estabas pasando, pero muchísimo mejor que ahora, ¡mírate! Viendo el televisor, acostado en este viejo sofá, fumando, bebiendo whisky, olvidado en este triste ático lúgubre, ¡infausto! ¡Estás en las Antípodas de tu miserable existencia! Ahora solo, ayer, ¡retozando en sus brazos!"…Sí, pasaban de las dos de la mañana. Miré el reloj infantil colgado en la pared frente a mí (ese reloj era una vieja y olvidada pertenencia de Integra). Yo estaba tumbado en el sofá, mirando programas al azar, cambiando canales con desenfado, dentro de ese ático que, además de guardar pertenencias rancias, a veces se convertía en la guarida de la ama, (donde se encerraba a hacer los deberes, a leer, a estar consigo misma, a consumir interminables horas de televisión, como yo ahora).
En un canal de películas clásicas transmitían Casablanca. Recordaba haberla visto en el cine recién la habían estrenado, (dos semanas después me re enviaron a servir al frente, a luchar en la Gran Guerra). Más ahora me adormecía con las escenas románticas de esa historia de amor imposible, ¡arruinado por las circunstancias de la vida! "¡Desearía estar teniendo sexo con Integra en este momento!" Cerré los ojos, las sensaciones estuvieron allí, ¡la añoranza de tenerla también! Reaparecía hermosa, sensual, desnuda bajo mis caricias y mi cuerpo… "¡Diosa!" Decidí cambiar de canal, apartar mi mente de los sinsabores amorosos. "En el reino animal, los felinos suelen estar dentro de la categoría de los más promiscuos"… ¡Mala idea! Volví a cambiar de canal: una película americana de adolescentes, y allí, en la actriz protagonista estaba el rostro hermoso de Integra, su piel suave, ¡sus insoportables diecisiete años! … "No, ¡otro canal!" Seguí pasando, mirando a ratos, hasta que llegué a donde se exhibía una película corriente, francamente pornográfica. Sobre el cuerpo de la actriz y sus orgasmos fingidos se transformaban, como por arte de magia, los senos discretos, la espalda angosta, la cintura estrecha, el vientre plano, los muslos, ¡el sexo de ella! … Después de todo aquello, un minuto después tenía dos opciones entre las cuales escoger: o desahogarme como un patético adolescente o ir a buscar quien me ayudara.
¡Oh, mierda! ¿Cómo es que lo lograba? ¡Pero es que me tenía enfermo! "¡Peor para ti, porque no vas a volver a ponerme una mano encima, nunca!" La evoqué gritándomelo a la cara, ¡cruel! ¡Cruel niña!
"El amor es una enfermedad en un mundo donde lo único natural es el odio", leí una vez. ¡Cierto! Es infeccioso y corrosivo, ¡Infame! ¿Qué iba a hacer? Apagué el televisor, arrojé el control remoto, clavé la vista en el techo. Las imágenes que desfilaban por mi mente eran más eróticas que cualquier basura transmitida en la TV. Cerré los ojos tratando de ahuyentarlas mientras me bebía lo que quedaba en la botella, ¡pero fue inútil! Suspiré una, dos veces, ¡luego decidí que no tenía por qué reprimirme! Entonces mi mano comenzaba a bajar por mi bajo vientre cuando…
─ ¡Mi querido príncipe! ¡Hoy lo hallo más humano que de costumbre!
─ ¡PUTA MADRE! ─ rodé con tanta fuerza hacia el respaldo del sofá que lo tiré con el peso de mi cuerpo, luego asomé los ojos ─ ¿Qué haces aquí?
─ Es necesario que me escuche, príncipe… ─la banshee en su apariencia de niña, levitando a veinte centímetros del suelo
Me levanté apenas, la miré con fastidio: ─ ¡Gracias por elegir el momento idóneo! ¡Qué bien! Dos minutos después y la cosa se hubiera puesto más interesante…
La criatura me observaba sin ningún rastro de incomodidad o malicia: ─ Yo no comprendo mucho acerca de las pasiones humanas. Yo, como mis hermanas, cuido de mis amos, de los huesos de los difuntos entregados a la tierra y de los fetos en los vientres de sus madres.
─ ¡No soy humano! ─ levantándome del suelo, yendo a buscar entre las botellas que estaban tiradas por el piso, una que aún contuviera alcohol, me sentía tambaleando, ¡había tomado tanto que había logrado afectarme! Pero quería más… ¡necesitaba más!
─ Es un no-muerto pero su carne, sus pasiones y su alma condenada es humana aún ─ me señaló: yo medio borracho, desaliñado, loco. Bebí más tragos de la botella que logré hallar entre las demás.
─ ¿Viniste a decirme eso?
─ No y sí…
─ ¿Hace cuánto que me sigues?
─ No lo sigo a usted, he sido omnipresente en esta casa desde hace muchos años, sólo que puedo pasar inadvertida si quiero, incluso para alguien como usted, príncipe. Yo pertenezco a la casa O'Dornez… ─la miré levantando una ceja, todo lleno de confusión ─ desde hace siglos…
─ ¿Me estás queriendo decir que viniste desde Irlanda siguiendo a Walter?
─ A sus padres, sí
─ ¿Y qué Walter alguna vez fue aristócrata?
─ Su nombre sigue siendo importante, mi hermandad no apuesta su lealtad en oro… El nombre O´Dornez es ancestral, he cuidado de sus fetos y sus muertos por decenas de generaciones…
Confieso que descubrir que la familia de Walter era venida a menos, o dicho de otro modo, que en alguna época sus antepasados habían sido de alcurnia, me produjo una leve molestia pero también sorpresa. Todo lo que sabía del viejo Walter era que había nacido en este país, que sus padres eran inmigrantes pobres, que cuando llegó a la mansión, era un huérfano desprotegido, luego amparado por la lastima del Hellsing en turno, ¡nada más! O' Dornez… ¿no? Debieron haber transformado el apellido al llegar aquí, lo más lógico, porque la presencia de una banshee en pos de su amo, no tendría otra explicación. Verás, curioso lector, una criatura fantasmal como esa pertenece para siempre a sus amos, ¡cada familia opulenta e importante de Irlanda tiene una en su haber! La cual anuncia la muerte de un miembro de la familia; llora su partida desde su lecho; lo acompaña hasta el Campo Santo confundiendo sus chillidos entre los de las plañideras; vela por sus huesos en la tumba y ahora, ahora tenía a la banshee de la casa…O'Dornez frente a mí.
─ ¿Walter te ha percibido? ¿Sabe que estás aquí?
─ No, el amo Walter no puede verme ahora, lo hará a su tiempo, cuando yo deba anunciar su propia muerte…
(Escucharlo llamar "amo" me causaba una especie de escozor y risa)
─ ¡Por favor dime que al viejo ya le toca! ─ me miró confundida ─ ¡me harías un vampiro muy feliz si me dijeses que estás aquí para anunciar la partida de Walter!…
─ No Alteza, estoy aquí por otro motivo…mi propósito es ayudar a salvaguardar un tesoro del amo…
─ ¿Walter tiene tesoros? ¿Entonces porque trabaja como sirviente?
─ Príncipe ─ sonriendo, mirándome casi con ternura ─ no todos los tesoros consisten en oro…el tesoro de mi amo duerme apaciblemente en este momento, y ahora sé, qué es el mismo por el que usted sufre…
¡En eso entendí todo! Incluso su presencia en el Regent's Park, sin embargo…
─ ¿Y por qué reapareces ahora?…
─ Porque ella ha comenzado a peligrar…
Fruncí el ceño: ─ ¡Explícate!
─ Muchas fuerzas se desmadejan, se lo dije en el lago, Alteza …Las visibles por el ojo humano, las tangibles por sus leyes y sus armas, incluso aquellas que permanecen ocultas en un mundo que sólo a seres como usted y a mí nos concierne ─ levanté una ceja, no terminaba de entender ─ su sello, ¡el que lleva siempre con usted! ¿Es lo suficientemente fuerte?
Ella sabía que llevaba el pentagrama, no sólo en los guantes que en ese momento no usaba, sino tatuado en mi espalda. Entonces resolví quitarme la camisa y mostrarle el omóplato izquierdo donde me fue grabado. Ella levitó acercándose para mirarlo de cerca, comenzó a describirlo en voz alta, para sí misma: ─ Un pentagrama orientado hacia el cielo, simbolizando la victoria del espíritu sobre lo terrenal, encerrado en un círculo perfecto, reminiscencia de la perfección del cuerpo y el alma, del ciclo vida, muerte, resurrección…El circulo también lo delimita, príncipe, contiene su espacio, su poder ─ di media vuelta y la miré a los ojos.
─ También es la frontera entre mundos y la protección por excelencia ─ le dije mientras volvía a ponerme la camisa.
─ Magia blanca, ¡una de las más poderosas que he visto!
─ Fue desarrollada por mis antiguos amos a través del tiempo…Abraham Van Helsing, ¡ese viejo era más sabio de lo que a mí me hubiera convenido! Terriblemente sabio y astuto, ¡y un formidable enemigo! Él sentó las bases de lo que soy, gracias a su vasto conocimiento en ocultismo y magia.
─ Será suficiente para ambos, para usted y su ama. Cuando llegue el momento tendrá que decidir que hacer con el gran poder que le pertenece a ella por medio de usted, príncipe. Se lo he dicho, un holocausto se acerca, fuerzas oscuras de toda clase se desatarán y algunas irán tras ella, alguna de las cuales no podría combatir si es vulnerable…
─ Explícate mejor, ¡acertijos hoy no!
─ El mal nunca viene por sí solo, muchas fuerzas en la sombra se desatan, fuerzas que los humanos mortales están muy lejos de ser capaces de ver…
─ ¡Lo sé!
─ ¿Qué pasaría si esas fuerzas se ciernen (que se cernirán), sobre la cabeza de esta Casa? Su alma, entonces, tendrá que luchar su propia batalla en el mundo espiritual, pero…esa alma tendrá menos protección si el cuerpo que la contiene sufre una macula… ─ ya comenzaba a comprender hacia donde ella iba… ─ la sangre virgen de la niña es lo que lo trajo de nuevo a la vida, lo que lo rescató de las sombras.
─ Así es…
─ ¿Recuerda exactamente dónde estaba? ¿Dónde vagaba?... ¿sentía, pensaba?
Entrecerré los ojos tratando de recordar, pero era como haber estado de nuevo en la oscuridad del vientre materno: ─ Debí haber estado en el limbo, ¿no es así? No puedo morir, no puedo ir al cielo o al infierno, así que debí haber estado atrapado entre este y el otro mundo…
─ ¡Que pócima tan prodigiosa es la sangre de un virgen! Sea este hombre o mujer, humano o animal, pero mucho más si alimenta el cuerpo que contiene un alma vigorosa como la de la ama Hellsing….
─ En conclusión…
─…Ella debe permanecer inmaculada por algunos años más para asegurar la sobrevivencia de su espíritu, pero también para prevenir que pudiera ser arrastrada a las sombras por un ataque vampírico… ¡usted me entiende!
Asentí entonces tragando saliva, el sólo hecho de pensar que Integra estuviera en peligro de ser convertida en ghoul, me ponía la carne de gallina.
─¡Llegará el día marcado en que deban usar toda su fuerza! Mientras tanto… ¡manténgala a salvo! Yo puedo interceder en pocos asuntos aquí en la Tierra de los vivos. Mis dominios son de ultratumba, pero usted sí puede actuar en el mundo de los vivos.
─ Nadie tiene que pedirme eso…
─ No baje la guardia…─ mirando a su alrededor, observando, fijando al fin la vista en punto determinado─ ahora mismo…no estamos solos…
Guardé silencio y presté toda la atención al ambiente, a cada objeto, ¡a cada sombra! Percibí entonces un gélido aliento que enfrió el ático hasta que lo sentí en mis huesos, también un olor nauseabundo que ofendió mi olfato, entonces miré a la Banshee con complicidad…
─ Allí está…─ me dijo con un susurro, señalando una de las esquinas de la habitación con sus espantosos ojos grises, por lo que miré de reojo… ¡efectivamente! En una de las esquinas, ─entre cajas de cartón, ropas viejas y otros cacharros ─ se hallaba una sombra abismal y escalofriantemente densa, una presencia de diabólica oscuridad. No era, pues, como otros fantasmas que por temporadas solían rondar la casa (de los cuales sólo yo daba cuenta, mirándolos a horas indistintas, en todos lugares). Esa presencia era bien diferente en esencia, ¡más negra, más poderosa!
─ ¿Sabe usted de quien se trata, príncipe?
─ Me parece que no…
─ Es un emisario. Ha venido aquí a través de los pasajes de lo eterno y sus intenciones no son buenas ─La miré alarmado ─ es uno de los demonios antiguos que le siguen el rastro a la familia Hellsing desde hace mucho, ¡mucho tiempo! Esa es la razón del porqué ella es la última de su estirpe… ─al escuchar aquello, lo confieso, ¡tuve miedo! ─ los han exterminado… ¡han exterminado con éxito a los Hellsing desde hace mucho tiempo! Sólo piénselo: familias pequeñas con un solo hijo, muertes tempranas de hijos e hijas, esterilidad… incluso, la prematura partida de la madre de su ama… ¡Nada de eso ha ocurrido porque sí! El doctor Abraham Van Helsing, él fue el primero de la estirpe en retar a uno de los príncipes de los infiernos, por esa razón sus descendientes han pagado con sangre y vida.
─ Están malditos….
─ ¡Me temo que sí! ¡Todos ellos! La Casa del doctor fue maldecida por siete generaciones… ¡dolor, locura y muerte han caído y caerán sobre ellos!
─ No, ¡ella no!
─ Muy difícil es romper una maldición, pero ¿hasta qué punto está dispuesto a llegar por ella?
─ Mi no-vida le pertenece, ¡sería capaz de darla por ella!
─ ¡Entonces espero que pueda ser de ayuda!
Escuché, cerré los ojos rogando que así fuera, respiré con aplomo, volví a abrirlos para clavarlos en el espectro que comenzaba a tomar forma humanoide frente a nuestros ojos. No corpórea por completo, no uniforme, sino un ente de silueta antropomorfa que nos mostró una dentuda y macabra sonrisa al tiempo de comenzar a avanzar.
─ Si fuéramos dos simples mortales, estaríamos echando a correr despavoridos, ¿verdad?
─Así es, príncipe…
Ambos inmutables frente al espectro, yo mirándolo con impaciencia, cuando de repente, escuché las campanadas del reloj de péndulo, ¡eran las tres de la mañana en punto!
─ ¡No!
El demonio soltó una siniestra carcajada dejándose escurrir como agua por entre las hendiduras del suelo del ático, ¡entonces yo le seguí sin dudar! Traspasé el suelo, luego las paredes por donde iba dejando su gélida estela de espanto que los perros husmearon para comenzar a aullar lastimera e insistentemente, mientras un lunático viento se desataba, haciendo remolinear árboles y matorrales. Yo seguía al ente, ¡lo seguía de cerca! Sólo para comprobar con angustia que su destino era la recamara de Integra. Me convertí en niebla para seguirle el rastro a como diera lugar.
Dentro de su habitación, mi ama dormía tranquilamente, agotada como estaba aún por las emociones, el desgaste y, para colmo, ¡mis crueles palabras!
Años después, ella misma me describiría lo que experimentó esa noche. Me dijo que algo consiguió traspasar el recinto de sus sueños para importunarla…
─ ¡Arderás en el infierno, casquivana! ─ le siseó una voz cavernosa, que ella calificó como "un perfecto susurro de ultratumba".
Pero no despertó aún, ¡no! Sus sueños, entonces, se tornaron en pesadillas demoniacas que le angustiaron al punto de hacerla retorcerse sobre el lecho y provocarle el llanto (aunque nunca quiso decirme que fue exactamente lo que soñó, algo me mencionó sobre ver a su padre torturado en las bóvedas del infierno).
─ No… ¡no! ─ balbuceaba sin poder despertar
─ ¡Arderás, arderás eternamente!
─ ¡No!
Despertó. Mi ama logró despertar sólo para ver moretones en sus brazos, marcas de unos dedos tan largos, tan amorfos, ¡qué no pertenecían a criatura alguna de este mundo! Los miró con espanto y confusión, al instante que un miedo, un frío gélido recorrió su espalda por debajo de su pijama. Entonces allí, sentada aún en su lecho, levantó lentamente la vista para clavarla en un punto preciso, detrás de la puerta rechinante, semi abierta de su baño, detrás de la cual algo siseaba, crujía, dejaba escapar rasguños, jadeos, risitas desquiciadas que por segundos eran agudas y en otros, graves, luego una voz espantosamente profunda y cavernosa: ─ ¡Arderás, arderás, casquivana! ¡Satanás te ultrajará! ─ Con premura alcanzó las gafas sobre el buró. Con todo valor del mundo se las colocó para poder enfocar mejor y comprobar que no eran sombras caprichosas de la noche, ni una visión fantasmal escapada de sus sueños. No, ¡No iba a negarlo! Su carne se erizó, sus músculos se tensaron, sus pupilas se dilataron ante la sórdida y escalofriante sensación que la vista del espectro le produjo, pero haciendo uso de su característico aplomo: ─ ¿Quién eres? ¡¿Por qué estás aquí?! ¿De dónde has venido? ¡Contesta! ─mientras intentaba alcanzar de debajo de su cama, un frasco son sal pura de mar, que guardaba entre otros artilugios.
─Ashma…daeva…─ respondió siseando, luego dejó escuchar aquella carcajada hueca, cavernosa que había logrado erizar la piel de todo mortal que logró escucharla, incluso la de ella que, logrando dominar el terror, con la mano derecha se arrancó del cuello la cruz de plata bendecida en la catedral de Canterbury, señaló al ente que amenazante avanzaba hacia ella y comenzó a rezar sin titubeos, en voz alta:
─Crux sacra sit míhi lux, non dráco sit míhi dux, ¡váde rétro sátana! Númquam suáde míbi vana, sunt mála quaë lébas, ¡ipse venena bibas!
La presencia trataba de avanzar, trataba de franquear la protección que mi ama imponía, pero en ese momento entré yo, aún convertido en niebla, rebotando para romper adrede cada uno de los espejos de la habitación para evitar que el espectro se resguardase dentro de uno. Sin embargo, eso no la distrajo, ni la hizo quebrar su defensa. Seguía de pie sobre su cama recitando frases en latín con vehemente firmeza.
─ ¡Sancte Míchaël Archángele, defénde nos in prælio, contra nequítiam et isídas diábolo esto præsídium. ¡Imperet illi Deus, súpplice deprecámur!...
Me materialicé entre la entidad y mi ama. El espectro sólo profirió otra carcajada
─ Tuque, Princeps milítiæ cæléstis, ¡Sátanam aliósque spíritus malígnos! ─ gritó ella.
Avancé con pasos contundes para hacer retroceder a la fétida, ¡a la gélida cosa! Momento en que arremetió contra mí, tratando de poseer mi espíritu. Entonces el que echó a reír fui yo, divertido ante tal tontería.
─ ¡Qui ad merditiónem animárum pervagántur in mundo, ¡divína virtúte, in inférnum detrude! Amen! ─ ella me miró entonces ─ ¡Aprobación de Cromwell!
Ni bien lo había terminado de decir que me convertí en materia amorfa, parpadeando a través de las decenas de ojos de las almas que poseo, después de unos instantes sujeté a la sombra y la expulsé de mí, arrojándola con violencia.
─ ¡¿Eso es todo lo que tienes, demonio?! ¡Vamos!
La cosa no estaba interesada en mí, saltando hacia el techo volvió en su intento de a atacar a Integra, quien se arrojó al suelo para esquivarla. Entonces la sombra viró, comenzó a arrojarle objetos que yo, interpuesto, desviaba de su trayectoria, lanzándolos contra las paredes. Mi ama rezaba en voz alta, afuera los perros enloquecían, la duela del suelo crujía, la habitación comenzó a sacudirse. De repente una embestida furiosa de la negra esencia me impactó contra la pared justo por encima donde estaba mi ama. Me atacó de tal manera que logró cortarme el cuello, el pecho, hacer tajos en mis brazos y piernas con sus enormes garras. Mi sangre se derramó a escupitajos rebotando a mí alrededor, en ese momento perdí la concentración, una fracción de segundo en que aquel demonio insistió en su empresa. Abrí los ojos para ver como ella le arrojaba el contenido de una botella de agua bendita que había sacado de bajo su cama, haciéndole retroceder entre gemidos.
Cuando mis heridas comenzaron a regenerarse, logré salir de mi lapsus y fui capaz de interceptar un nuevo embiste contra Integra, quien sólo podía esquivar a la cosa, pues al ser este una sombra sin cuerpo tangible, ella no la podía herir. En ese preciso instante tomé una decisión, desplegué una protección: sujeté a Integra, "crucificándola" contra la pared justo por encima de su cama, escudándole con el gran poder del sello pentagrama.
─ ¡Alucard! ─ asustada, tratando de forcejear, ignorando de dónde provenía esa fuerza brutal que la contenía.
─ ¡Es tu protección! ¡Estarás bien!
Así, yo también convertido en monstruo canino, me lancé contra el espectro, me estrellé contra él trabándonos en violento combate, rebotando contra las esquinas de la habitación, las paredes, el mobiliario.
Como el terrible alboroto y el ruido de la batalla, así como los gemidos caninos alertaran a todas las almas dentro de la propiedad, Walter no tardó en aparecer. Llegó corriendo, envuelto en pijama, alarmado abrió la puerta de un puntapié y asomó la cabeza para ver la siguiente escena: yo, arremetiendo, peleando cuerpo a cuerpo con algo que él no podía ver, sólo oler (un hedor a azufre combinado con sangre, invadía el ambiente); la habitación en completo caos, sembrada con fragmentos de objetos, de espejos rotos; paredes y colchas manchadas con mi sangre e Integra "crucificada" contra la pared, valiente y a la vez aterrorizada.
─ ¡SEÑORITA! ¡AMA! ─ intentó entrar, pero la fuerza maligna de la sombra se lo impidió.
Detrás de Walter pronto aparecieron las tórtolas, también la ama de llaves, momento en que una estridente voz femenina terriblemente aguda y penetrante se dejó escuchar por toda la mansión. Era la Banshee que traspasaba las paredes de la habitación (la que hizo que todos gritaran y se agazaparan por el dolor que el chillido produjo en sus oídos), ella ─ transformada ahora en esa entidad de espantable y mondo rostro, cuencas vacías, cabellos largos, vestida de girones─ entró embistiendo contra la sombra quien, enfurecida, seguía empeñada en poseer a Integra. Ambos: demonio y banshee salieron disparados por la ventana, hacia el patio trasero, dejando tras de sí la estela del aullido aturdidor de la banshee que taladraba los tímpanos
─ ¡¿Qué fue eso?! ¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ? ─ gritó Walter, al tiempo que yo aterrizaba de pie sobre el suelo para tomar mi apariencia de siempre, e Integra caía boca abajo sobre su cama, jadeando, temblando de pánico ─ ¡Señorita! ─ Él corrió hacia ella, casi neurótico.
─ ¡Estoy bien, estoy bien! ─ decía ella jadeando, arrastrándose hacia la ventana para tratar de ver lo que ocurría.
─ ¡Está usted herida! ─exclamó al mirar los grandes manchones sobre su pijama.
─No, es sangre de Alucard…─y se encaramó sobre el dintel de la ventana rota.
Unos segundos después todos la imitamos. A media regeneración me apersoné para mirar como ambos, banshee y espectro, peleaban brutalmente suspendidos en al aire.
─ ¡¿Qué es lo que pasa, señorita?! ¡¿Qué está usted mirando?! ─ preguntaba Walter, angustiado al no ver nada frente a sus ojos, lo mismo el resto del servicio, quien sólo era consciente del viento gimiendo, azotando los árboles y el ladrerío de perros ─Entonces lo supe: sólo Integra y yo éramos capaces de verlos intentar despedazarse mutuamente, ¡había heredado a la perfección las facultades metafísicas de Van Helsing!
De nuevo el grito ensordecedor de la Banshee que hizo que todos se taparan los oídos otra vez, después se aferró a la sombra, se incrustaron contra la vieja y cadavérica fuente del jardín terminando por destruirla, y desaparecieron entre el agua. Integra y yo nos miramos a la cara, desconcertados como estábamos, momento en el que, sin dudar, salté al patio para echar a correr hacia la fuente, ¡tratar de averiguar que había pasado!
Cuando arribé a la fuente despedazada cuya verdosa agua de lluvia se desparramaba, lo único que vi fue un remolino consumiéndose en el interminable girar de sus círculos concéntricos, eructando vapores de pestilencia azufrosa, ¡pero nada más!
─ ¿Quién eras? ¿Por qué viniste a mi ama? ─ Le pregunté a la nada…
Y la interrogante se perdió en el viento que por fin cesaba, entre los ladridos que poco a poco se fueron apagando, en el revolotear de murciélagos que siempre surcaba las praderas de todo el vecindario.
Exhalé, eché a correr para regresar a la casa por donde entraban y salían soldados alarmados, preguntando si acaso tenían que buscar al enemigo, sin saber que el enemigo se había derramado hasta las entrañas del infierno dentro de una olvidada fuente bajo el cielo nocturno.
-ooOOoo-
Me dijeron que Integra no tardó ni cinco minutos para salir corriendo de su habitación (sí, me lo dijeron las mucamas, las condenadas tórtolas con quienes, después de saber que me habían delato, dejé de hacer amistad como lo había venido haciendo. Una cosa era el coqueteo inocente que mantenía con ellas, y otra darles alas para que siguieran metiendo la nariz donde no les concernía). Entonces la ama abandonó el piso llevando su almohada, unos cobertores y el frasco de sal de mar que guardaba bajo su cama. La vieron salir aún pálida como la luna, con el pijama manchado con mi sangre, bajando las escaleras en dirección a la biblioteca donde pasó la noche, y la siguiente, y la siguiente, hasta que el verano terminó y se marchó a la Universidad. Arriba la recamara sería, por algún tiempo, considerada casi, casi como la escena de un crimen, el campo para una investigación paranormal y hasta un portal donde convergían este y otros mundos. Un par de años después, Integra decidió mudar sus pertenencias a otra habitación, en el ala contraria de la mansión. (Sinceramente yo creí que estaban exagerando: no era la habitación en sí lo que estaba maldito sino el apellido Hellsing, ¡lo que es un tanto peor!). De modo que en los siguientes días fue visitada por toda una "fauna" de extravagantes: para-psicólogos y metafísicos supuestamente acreditados.
-ooOoo-
─Ashma daeva…─ se repetía para sí, una y otra vez, yendo y viniendo ─ ashma daeva…
─ ¡Señorita, le he traído un té! ─ Walter entró trayendo una infusión de Tila con gotas de valeriana ─ ayudará a calmar sus nervios.
Ella agradeció el gesto, bebiendo muy apresurada aún asustada como estaba.
─ Walter─ murmuró ─ ¿has escuchado el nombre de Ashma daeva?
El criado no respondió al instante, se detuvo un segundo, luego siguió acomodando sabanas y cobertores sobre el sofá más grande que haría las veces de cama.
─…no estoy seguro, señorita… ¿por qué lo pregunta? ─ ¡Aja! Walter sabía de qué ella estaba hablando, pero no lo iba a decir, así que pretextó ─ he trabajado desde mi infancia en una casa de metafísicos y espiritistas como está, así que he escuchado muchos nombres demoniacos a lo largo de mi vida, ¡y no soy avispado en esos menesteres, me temo! ¡Lo que es más! Le diré que no fui capaz de ver nada allá arriba, sólo usted y Alucard podían, ¡tiene oscuros dones, milady!
─ Walter, ¡yo no te dije que Ashma daeva era un nombre de demonio! Yo ni siquiera estaba segura de eso…sino que fue lo único que el espectro dijo ─ cruzándose de brazos, mirándolo inquisitoriamente, y entonces Walter se quedó sin nada que decir ─ Walter, ¡dime lo que sabes!
─ Señorita, yo…
─ ¡Integra! ¿Estás bien? ─ el vampiro haciendo su entrada inesperada en la biblioteca, abriendo de par en par las hojas de la puerta (sólo para agregar dramatismo), sin el menor empacho, acercándose a ella para cerciorarse de que en verdad había salido ilesa.
Ella lo miró aturdida y ahora que recordaba estaba enojada con él, sólo asintió con la cabeza en una mueca seca.
─ Ahora no, Alucard, ella debe descansar, ¡y nosotros dos dejarla hacerlo!
─ ¿Dejarla sola después de lo que pasó? ¡Yo me quedo aquí!
─ ¡De ninguna manera!
Ella, que ya marcaba un circulo de sal alrededor del sofá, los miró de reojo, después de todo, ni siquiera se imaginaba que su mayordomo se había enterado de lo que pasó la noche anterior.
─ ¡No pienso dejarla sola después de lo que pasó!
─ No… comencemos…
─ Fuera…
─ ¿Lo ves, Alucard? ¡Ella ha dicho que te marches!
─ Tú también, Walter, ¡fuera los dos!
─ Pero, milady yo opino que…
─ ¡Gracias, Walter! Agradezco tu preocupación… La tuya no ─ señaló al vampiro con la mirada ─ pero puedes retirarte, esa criatura fue abatida por el momento, yo lo vi con mis propios ojos…así que no creo que vuelva por aquí pronto ─ acto seguido se dispuso a ocupar su improvisado lecho ─ ¡ahora si me disculpan!
Ambos se miramos a la cara, suspiraron con mutuo fastidio. El rey no muerto dio la media vuelta para aproximarse a la salida. Walter aún le deseó buenas noches.
─ ¿Puedes apagar la luz al salir, Walter?
Él asintió, antes de abandonar la biblioteca, apagó las luces y cerró tras de sí. Adentro, la ama quedó sola otra vez, entre sus sabanas y el miedo, la confusión, la incertidumbre… y las cuatro de la mañana en el reloj de péndulo, el sonido de sus manecillas, el olor a duela, el de libros viejos…la mirada de sus abuelos y su padre.
─ ¡Papá!... ¿tú qué hacías en estos casos? ─ suspiró, pensó, trató de olvidar por un rato. Al cabo de una hora de lectura de un libro que halló en las hendiduras del sofá (Lolita, el cual, ¡no le gustó!), por fin logró quedarse dormida.
-oOo-
Cinco de la mañana. El vino no basta, ¡el whisky tampoco! Ni la sangre fresca con una cajetilla entera de cigarrillos, ni los interminables programas de televisión, ni las películas viejas, o las pornográficas. No funciona haber luchado contra un demonio por ella, ¡cómo un loco! No está, ni cerca, de ser antídoto regar tu propia sangre… ¡es que no!… No alcanzan las horas de la madrugada, ni la eternidad de la no-vida, pues sólo había una cosa que quería hacer, un lugar donde tenía que estar.
Con determinación me levanté de la barra del desayunador en la solitaria cocina, atravesé algunas habitaciones, llegué ante las puertas cerradas de la biblioteca, suspiré hondo, las miré como si fueran las puertas del "reino beato del cielo". Me reí de mí mismo, ¡pero es que en ese momento ambas hojas se me antojaban, pesadas, enormes! Me encogí de hombros, suspiré y las traspasé.
Todo el silencio, excepto por el tick tock del reloj y la lenta respiración de mi ama. Suspiré de nuevo. Me acerqué al sofá para verla descansar tranquilamente. Me sonreí al presenciar que aún podía dormir como si no debiera nada. Me hinqué junto a ella, recargué mi barbilla en la codera, justo encima de su linda cabeza, la observé respirar lentamente.
─ No debí de haberte dicho toda esa basura…pero es que hieres muy profundo, ¡peor que la estaca de tu bisabuelo! ─ y sin nadie que me juzgara o lo impidiera, acaricié su mejilla con el dorso de mi mano ─ me gusta lo que me haces sentir: debajo de toda la mierda que soy, como si aún pudiera ser un buen hombre ─ descendí lentamente sobre su rostro y tan sutilmente como pude, besé su frente ─perdóname por haberte enviado al demonio…¡ya ves! No tuviste que ir tú, él solito vino por ti… ─ me reí ante la ironía... ¡qué idiota soy a veces! ─ tampoco quiero que te cases con ese niño estúpido, no te preocupes, ¡no voy a dejar que eso suceda! Sé que tú tampoco quieres desposarte con él, no esperaba otra cosa, eres muy inteligente… ¿Sabes? Me gustaría tener tu edad, ser alguien para ti, ser un chico tan sólo, ¡entonces hasta te pediría que fueras mi novia! ─ tragué espeso, miré hacia arriba, negué con la cabeza, riéndome de mi mismo, ¡de mi estupidez! "¡No la martirices con la pena de un amor frustrado! ¡Deja que se llevé su amor a otra parte!" Negué con la cabeza, preguntándome exactamente eso: ¿para qué la quería? ¿Qué podía ofrecerle? Un nudo se me hizo en la garganta comenzando a razonar: el maldito Walter podía tener razón. Ella tampoco se merecía ser víctima de mi egoísmo, pero de una cosa sí estaba seguro, si podía salvarla de ese matrimonio arreglado, ¡lo iba a hacer! Más si llegaba el momento de que ella conociera al tipo correcto… ¡Entonces tuve que parar de pensar! Volví a exhalar con la mirada clavada en el techo ─ te amo, Integra… ─ y sin pensarlo mucho posé mis labios sobre los de ella quien se movió levemente (un segundo más y pude haber sido echado con violencia, pero no), sonrió sin despertar ─ me alegra que ahora tus sueños sean tranquilos, descansa…─me puse en pie, caminé hasta el sofá colocado al frente, dispuesto a ser vigía de su paz, y allí, solos, tranquilos, en calma frente a las últimas horas de la madrugada, pude acaso, sentirme, tímidamente feliz.
Continuará...
REVIEWS.
Abrilius:
Hola! Primero que nada muchas gracias por tu review.
Y bueno sí, esas frases que busco colocar para hacer más amena la situación, después de todo trato de conservar el tono ligero con el que empecé la historia, así que juego con esa relación tensa que Alucard y Walter muestran más que nada al final del manga, cuando Walter se revela como el traidor y el enemigo a vencer, no como se llevan antes de eso, cuando Walter es el mayordomo y tal, en el que se ven que llevan una relación cordial pero que tras bambalinas bueno, creo que Alucard, así como es de soberbio, siente esa superioridad sobre los demás, y no creo q Walter este excento de sufrir el clasismo de Alucard. Sobre lo de Walter y su raro amor hacia Integra, es que a mi me dio esa impresión al final, cuando él vuelve a ser joven y tal, yo allí justamente veo a Fausto que vendió su alma para estar con Margarita, y creo que cobra sentido porque Fausto también fue una obertura de Wagner que fue este gran compositor Alemán que tanto le gustaba a Hitler, y por eso el mayor escucha Opera, y Rip la canta, creo que Hirano rescata ese motivo de los gustos refinados de algunos oficiales nazis.
:
Me da gusto que te agraden esos "chispazos" de buen humor con los que intento hacer más ameno el fic. Y bueno, como yo lo veo y como Alucard le dice a Walter: es fácil enamorarse de alguien como Integra, aunque Walter no lo tuviera muy claro.
Muchas gracias por tu review! Nos estamos leyendo. =)
Palomixta:
Hola! Muchas gracias por tu review! Y pues, lo de ser claros en sus sentimientos no puede ser tan luego, ya que se tiene que forjar la tensión sexual que tanto juego da a la pareja, así que tendrán que esperar =(
Muchas gracias por leerme, espero que te haya gustado este capitulo.
Ahora sí, hasta la próxima, hellsinguers!
