XXV

Preludio

─ No Walter, ¡no insistas! No hay manera en que yo considere ir al baile de graduación. El mayordomo tan sólo guardó silencio, resignado, mirándola inquisitivamente ─ ¡por todos los cielos! ¿Qué ya no te acuerdas de lo que pasó en último evento de esos al que asistí?

─ ¡Yo sí! ─ intervino un Alucard que, sentado junto a Integra, la miró por encima de las ocho columnas del Time.

La chica hizo de cuenta que no había escuchado al vampiro, mientras agradecía el aire acondicionado del auto y la brisa fresca que entraba por su ventanilla. A decir verdad, su vestido, sus medias de seda y zapatos de tacón nuevamente la estaban torturando, y no hallaba la hora de llegar por fin a casa. Cuando lo hizo, cuando el Roll Royce aparcó delante del pórtico principal, Integra abrió la portezuela para bajar descalza. Habiendo abandonado los zapatos en el auto, echó a correr por las gradas y los pisos de mármol hasta el interior de la mansión, con el calor de la tarde prendido al cuerpo, incomodidad y una somnolencia insoportable. Así, lo único que anhelaba era hallar el solaz fresco y silencioso de su biblioteca que la recibió con el aroma a libro viejo y madera que siempre la reconfortaba.

Ya en la privacidad de su bibliofílica guarida se deshizo con desenfado de las medias de seda, y luego del bello vestido color verde oscuro que debió arrojar hacia algún diván mientras iba por ropa limpia al anexo: lugar de fichas y papeles con un pequeño medio baño adyacente, que ella también había convertido en su vestidor.

Pasaron diez minutos hasta que tocaron a la puerta: ─ Señorita, le traigo las flores y sus presentes…

─ ¡Pasa Theodore! ─ decía ella al salir por la puerta del anexo, con una holgada camiseta de un recital de Guns and Roses y unos pantalones deportivos, mientras se trenzaba el cabello. Vio entonces a la ama de llaves colocar sus presentes sobre la mesita de centro. A una tórtola, una jarra con agua fresca y un vaso, y a otra, un florero donde habían puesto rosas rosas, rosas blancas, rosas rojas en agua, que la joven sirvienta colocó como centro de aquella mesita frente al cómodo y amplio sofá que ahora hacía las veces de cama.

─ ¿Se le ofrece algo más?, ¿Le apetece comer?

─ No Theodore, muchas gracias. Ya almorcé ─ lo hizo en un café restaurant en el centro de Londres, junto a Bob, Ralph, Walter y Alucard. Pidió hacer la escala pues tenía mucha hambre después de haberse marchado a la ceremonia de graduación sin desayunar. Por eso, ella casi devoró su almuerzo. Los chicos tomaban capuchinos con pastel, al igual que Walter, mientras un Alucard desenfado consumía cigarrillos acompañados de whisky en las rocas y los diarios que le fueron ofrecidos en el vestíbulo, junto al semanario Hello, que leía con atención. En la portada aparecía una gélida fotografía de los príncipes de Gales hablando por milésima vez de su separación.

─ ¿Cómo es que te interesa la comidilla, Alucard? No puedo creer que leas esa basura, ¡hay que ver para creer! ─ expresó Integra.

─ Sólo me estoy informando de los pormenores de la Casa Real ─ dijo con asomo de burla.

─ Todo un escándalo lo de la separación, ¿no? ─ agregó Ralph Lancaster.

─ ¡Muy lamentable, a decir verdad! ─ respondió Walter moviendo negativamente la cabeza, mientras daba sorbos a su café.

─ ¡Eso ocurre cuando los matrimonios son arreglados, Walter! Nadie, ni Noble ni plebeyo, debería casarse ya por compromiso ─ añadió Alucard mientras sacudía su cigarrillo en el cenicero. El mayordomo miró al vampiro, los chicos e Integra también ─ ¡debieron haber dejado que el príncipe se casara con quien a él le hubiera dado la gana! ─ viendo a su ama directamente a los ojos .

Integra pasó su bocado de filete y tomó naranjada tratando de no mirar al vampiro, mientras sus compañeros se miraron entre ellos y levantaron una ceja.

─ Bueno… Su Alteza es un idiota, ¡no imagino como no amar a una mujer tan hermosa y encantadora como la princesa! ─ dijo Bob como para terminar con la incomodidad del momento.

─ Y dejarla por una querida tan fea… ─ repuso Ralph

─ ¡Fea como la maldad! ─ tuvo Bob que decir, y ambos chicos rieron.

─ El amor va más allá de eso, y no le importa si es correcto o ideal o no ─ sentenció Alucard serio, volviendo a fijar sus ojos aún disfrazados de azul, sobre Integra que no decía nada, tan sólo se apuraba a terminar el almuerzo, fingiendo que no entendía las alusiones de su siervo.

─ ¡Yyy, bueno, milady! ─ interrumpió Walter, cosa que la joven agradeció mientras que Alucard volvió a hundirse en la lectura ─ me perdí de algo o no me di cuenta si se compró un atuendo adecuado para asistir al baile.

─ Walter, ¿cómo crees? ─ mientras se limpiaba la comisura de los labios con una servilleta ─ yo no sirvo para esos menesteres, ya lo comprobamos hace meses, además lo importante de la graduación acaba de ocurrir hace un rato, ¡lo demás es accesorio!

─ Blair, Cathy y Maggie por eso se fueron temprano, dijeron que tenían cita en el salón de belleza… ¿tantas horas necesitan para estar listas? ¿cómo es eso? ─ se preguntó Bob a punto de terminar su rebanada de pastel.

─ Yo sólo me cambiaré este traje por un esmoquin, ¡y listo, hermano!

─ Yo igual…

─ Milady, sólo piénselo un poco, ¿sí? Se perderá de momentos entrañables con sus amigas…

─ Esta vez no me vas a convencer, Walter… ellas no pudieron por más que insistieron, además las veré aún todo el verano ─ declaró la joven, mientras terminaba de beber la naranjada, con un tono que no dejaba ya lugar a insistencias.

Minutos después abandonaban la cafetería. Bob y Ralph se llevarían el Audi para llegar a casa, e Integra regresaría a Hellsing Manor con Walter y Alucard, en el Roll Royce.

Así, ya instalada en su mansión, cuando el ama de llaves y las dos mucamas se despidieron para dar la media vuelta y salir de la biblioteca, ella sólo dijo:

─ ¡No tomaré el té tampoco! Estoy muy cansada y no deseo ser molestada…

Theodore asintió antes de cerrar la puerta de la biblioteca para dejar a su lady a solas con sus presentes ( a los que sumaron algunos de parte de sus amigos ─ dulces y tarjetas ─ uno de sir Pendwood ─ un frasco de su perfume favorito ─ y otro de sir Irons, el cual no había abierto aún, pero que a todas luces era una joya) y las rosas, las cuales comenzaban a llenar con aroma el ambiente fresco por efecto del aire artificial que la rubia acompañó con un vaso de agua helada de frutas, antes de encender un cigarrillo y dejarse caer cómodamente en el sofá de piel mientras miraba los paquetes frente a ella. Maquinalmente volvió a abrir la bolsa de papel de colores que le había dado Alucard, y no pudo evitar sonreír al tener entre sus manos un auténtico presente de su vampiro. Un presente ordinario, tal vez, pero con todo el valor con el que había sido dado. Mas luego de eso, observó el cuaderno de pastas duras envuelto en papel que Walter le había obsequiado. Lo miró unos segundos, y decidió mejor abrir el estuche que le había obsequiado sir Irons. Al abrirlo se halló ante una cadena dorada de la cual pendía un dije en oro con sus iniciarles: IH. Lo tomó un momento entre los dedos. Ella no tenía más que hacer una simple suposición para saber que ese obsequio no se lo debió de haber dado sir Irons, sino Charles mismo, al que vieron muy apersonado, charlando con Eleanor Grant.

─ ¿Los has visto, rubia? Tu futuro marido parece que está buscando otras opciones. Está con Grant, una burguesa, ¿quién lo iba a creer? Esto le va seguir encantando a Agatha Collins ─ una Blair socarrona caminando junto a Integra de regreso de la huerta, hacia la explanada, mientras que la rubia trataba de mirar lo que podía, pero de reojo.

"¿Es que acaso te diste por vencido, Islands?", ¿Es que así de simple se disolvía un compromiso? No, ¡aquello se miraba demasiado fácil para ser real! Reflexionaba la joven heredera, y estaba en lo cierto. Tal vez ambos podían tener amoríos por su lado, pero llegado el momento, Charles de la Casa Islands e Integra de la Casa Hellsing, tendrían que desposarse tal y como lo había consentido la reina muchos años atrás.

Volvió a colocar el dije en su estuche. Luego se decidió a abrir el cuaderno que le había obsequiado su fiel mayordomo, rasgando al papel de la envoltura, quitando el listón, y abriéndolo para hallarse ante una serie de informes de los movimientos de Charles Islands. Rastrearlo fue algo inteligente por parte de Walter. El cómo consiguió que se hiciera la investigación sobre el hijo de unos de los principales caballeros de la mesa redonda, era otra. Es que el equipo de inteligencia interno de la Hellsing Org. no preguntaba los porqués, sólo ejecutaba las órdenes. Esa había sido la ventaja con la cual habían descubierto cierta información comprometedora con la cual Integra podía contratacar al joven, quien, según él, "la tenía en sus manos", como había sentenciado aquella tarde en la justa ecuestre. Al terminar de leer las páginas, Integra abrazó el cuadernillo. Claro que era información útil, más sin embargo tenía que hallar el modo correcto de usarla, con el cuidado con el que uno trataría de eludir el zarpazo de una fiera, (y no es que le temiera a Charles Islands) sin embargo, su principal objetivo era hacer completamente patente, ante las personas correctas, porque un matrimonio entre ellos era totalmente inviable. Y como descubrir las maldades y corruptelas de su prometido, no iba, después de todo, a ayudar mucho, (si acaso a acarrearle castigos y sanciones al joven rubio), no garantizaba la ruptura del compromiso. Se volvió a recargar sobre el respaldo del sofá, encendiendo otro cigarrillo, pensando en la única esperanza que tenía: usar la ira de Charles a su favor, pero tenía que ser en el momento preciso, en el lugar preciso.

Con la cabeza hecha nudos, cerró los ojos a punto de quedarse dormida, sin embargo, la necesidad de ocultar el cuaderno la hicieron despertar de nuevo. Con la información bajo el brazo subió las escalinatas hasta el segundo nivel de la biblioteca para ocultarla entre otros libros. De nueva cuenta se topó con el grueso volumen de la madrugada. Pensó que tal vez pudiera leer un poco más de aquellas oscuras historias. Tomó el libro en brazos, volvió a descender y fue a instalarse de nuevo a su sofá. Después de haber bebido otro medio vaso de agua fresca, se recargó para leer un poco, (desde donde el sobre de la casa Bathory fungía como separador). Acaso pudo leer unas hojas más, que el sueño acumulado la fue venciendo hasta que tuvo que dejar el volumen y las gafas en la mesita. Aspirando el aroma de rosas, maderas y libros viejos, se tendió apoyando la cabeza en su almohada de pluma de ganso para entregarse al fin a la siesta que su cuerpo tanto le reclamaba.

Pasaron los minutos… una hora entera quizás, cuando una presencia más prorrumpió en la biblioteca. Las pisadas descalzas sobre la alfombra hacían el rechinar de las duelas del suelo. Con la cautela de un gato, el recién llegado (ahora sólo vestido con los pantalones y la camisa del que había sido un elegante atuendo) miró a ambos lados del recinto, aspiró el aroma: el perfume de ella mezclado con el de las rosas frescas embriagadas de frescura y verano. Dio unos pasos más y halló a la dueña de la rosa búlgara, almizcle y sudor limpio, profundamente dormida sobre el sofá cómodo y espacioso, donde su delgada figura se estremecía en el sueño más profundo. Se acercó para admirar su belleza, como siempre lo hacía. Rímel, sombra y delineador empezaban a correrse por sus ojos cerrados cuyos parpados temblaban, y aun así se veía preciosa ante sus ojos, como siempre, aún con esa ropa desaliñada, y la trenza desgreñada. Un minuto después ella exhalaba un suspiro para adoptar una nueva postura.

Él también suspiró, observando la mesita, los objetos junto a las rosas, el presente de él, agua, gafas…Un volumen grueso y grande que tomó en las manos para mirarlo, hojearlo para ver el sobre que descuidadamente él había dejado en el despacho de Walter, haciendo de separador en una página donde se hallaba el retrato de la condesa sangrienta. "Ahora ya lo sabes todo, Integra…Me reñirás más tarde por eso, y luego…" La volvió a mirar cómo se mira "¡lo más anhelado en este mundo!". Su rostro tranquilo que se moría de ganas por acariciar y besar como un loco. Cerró los ojos para volver a inhalar y exhalar profundo mientras deshacía en los puños la frustración de quien sabe cuántos deseos contenidos.

Entre el cuerpo dormido de la joven y el filo del asiento había un espació que el oscuro caballero ocupó de asiento para pasar las páginas gruesas y afiladas del libro donde su propia historia era contada por académicos, como un indiferente informe. Se rio un instante al momento de pasar una hoja con la yema del índice derecho cuya piel se rasgó y una gota de sangre lloró a través de la carne rebanada, la cual miró divertido aún más por las contradicciones de un ser como él, que está muerto, pero sangra, siente y añora.

Con un hondo suspiro estiró las extremidades en medio de un bostezo que le recordaba, llevaba muchas horas despierto. A punto estuvo de ponerse de pie e irse a buscar el silencioso refugio de su cubil subterráneo, cuando una idea, un capricho, ¡un simple antojo! Atravesó por su mente al momento de observar de reojo a la dama... "lo peor que puede pasar es que me eche". Se encogió de hombros, y volviendo a bostezar, con mucha más cautela, se echó entre el respaldo del sofá y la joven, compartiendo con ella la misma almohada, rostro con rostro. A unos escasos centímetros de separación, contuvo todo movimiento o impulso por unos segundos hasta que la deliciosa tortura que se acababa de auto infligir era demasiado para soportarla sin permitirse hacer nada más. Sin tocarla… "¿cómo podría evitar tocarla?" ¡Imposible! Así, con toda la delicadeza de la que fue capaz, deslizó el brazo fuerte sobre la cintura de ella, la mano subió por la espalda esbelta sintiendo por encima de su fea camiseta la espina dorsal, las costillas, los omoplatos. Ella se movió bajó esa caricia dando la vuelta sobre sí. Él contuvo la que hubiera sido su respiración, al comprobar que debajo de esa prenda no llevaba nada puesto, al observar sus senos bosquejados debajo de la tela de algodón gris claro. Luego de que ella le diera la espalda, no pudo, ni pretendió resistirse a asirla de la cintura y el tórax con ambas manos "hasta que despierte y me eché de aquí, ¡habrá valido la pena!" Contó los segundos, hasta que ella suspiró con la boca abierta saliendo del sueño profundo, volteó de soslayo para abrir un poco, el azul profundo de sus ojos manchados de cosméticos. Él se quedó estático, tan sólo observándola, a la expectativa de cada movimiento de sus músculos, pero lo que ella hizo, él no lo esperó. La joven cerró de nuevo los parpados, se volvió a girar para corresponder el abrazo que él recibió con agradable sorpresa al sentir que su ama se le prendía al cuello con sus manos delicadas y hundía su rostro en su cuello para aspirar su perfume, en un suspiro. Entonces, él, con una de esas felicidades que pocas veces experimentaba, la estrechó como lo había hecho horas antes ante todo el mundo, sólo que con más pasión acaso, cobijado en la intimidad que la soledad de ese recinto les daba, y rogó para perpetuar ese momento por siempre, ¡por llegar a tenerlo muchas veces más!

Esperó unos segundos, un minuto tal vez, mientras su aroma femenino lo embriagaba y los latidos de su corazón que podía sentir en su pecho contra el suyo, luego se decidió a volver a acariciar desde su espalda hasta sentir su ropa interior debajo de la delgada tela del pantalón deportivo. Transgresor y desenfadado, dejó la mano sobre las nalgas de ella, sólo para notar que la joven dormitaba contra su pecho. Posando la nariz y los labios sobre la frente de la joven, le dio un beso suave. Ella tan sólo suspiró y se movió un poco. Acto seguido, la mano de él avanzó sobre su tórax por encima de la camiseta donde vagó por encima del emblema de la susodicha banda norteamericana, siguiendo la línea del esternón con su dedo índice, hasta el cuello, los labios, la nariz de la joven que tembló debajo de la caricia. Más luego, él decidió que no quería, ¡no podía soportar el impulso de tocar su piel! Deslizando los dedos por debajo de la prenda hasta que sintió quemarse al sentir la carne desnuda de ella, su abdomen, sus costillas…sus senos. Instante en el que ella respingó en un gemido, y él sintió un placer que luego no iba a saber cómo demonios sosegar, porque esa misma mano hizo la proeza de bajar por el abdomen suave, por debajo del ombligo y la prenda más íntima, en una sensación insoportable que luego de un momento la humedecería y la hiciera arquearse con la respiración entre cortada. Pero cuando él, transido de deseo hasta un punto intolerable, pretendió besarla, ahora ella le negó sus labios para decir: ─ No… ─ "¡basta! Porque si me besas no estoy segura de que pueda…o quiera detenerte" Lo pensó, más no lo dijo, luego se giró para que él dejara de tocar su entrepierna ─ ¡qué abusivo eres! Yo te permito dormir junto a mí, ¿y qué haces?... ¡Deja de manosearme y duérmete o te puedes largar de regreso a tu madriguera! ─ dijo dándole la espalda, sin abrir los ojos siquiera.

El vampiro se quedó de una pieza unos instantes, quieto sin saber que hacer, observando a Integra suspirar profundamente para disponerse a continuar con su sueño. No quería irse, ¡eso era seguro! Pero tampoco se decidía si le era permitido acercarse más de la cuenta. E Integra estaba pensando que debía ser fuerte o pasarían cosas de las que se podía arrepentir, lo que tampoco le impedía disfrutar un poco de las licencias de su loco enamorado. Tampoco sabía si lamentarse o reír de sólo imaginar el suspenso del vampiro, o su confusión en todo caso, pero al final de cuentas decidió reír al notar que se había quedado quieto en su sitio, como un cachorro regañado, entonces ella haló uno de sus brazos como si fuera una frazada, para echarlo sobre sí: ─ Está algo fuerte el aire acondicionado ─ pretextó, y Alucard, quien no terminaba de entender a que ella estaba jugando, tampoco se quejó está vez, sólo levantó una ceja en un gesto dubitativo, mientras que bajaba un grado al clima artificial, por obra de su telequinesis.

─ Listo… espero que el clima este bien a….

─ ¡Ya cállate y duérmete de una buena vez! …─ ordenó la chica con voz modorra…y el gran vampiro tan sólo la obedeció. Estrechándola bajo su brazo, se quedó quieto hasta que el sueño lo venció.

Cobijada por su guardián, durmió profundo y sonriendo como él, que esa tarde no estaba pensando en las profundas soledades de la vida eterna o los horrores del pasado, sino en la doncella que estrechaba entre sus brazos. Así, no tardaron en soñar sueños profundos mientras que afuera, al correr de las horas pequeñas gotas de agua comenzaron a precipitarse desde la borrasca que oscureció el cielo mucho antes el crepúsculo, cayendo para despedazarse contra los cristales del vitral y de la ventana que estaba abierta. Alucard, primero en abrir los ojos al sentir como la temperatura había descendido aún más con la humedad de afuera, con telequinesis apagó el aire acondicionado y cerró la ventana y hundió la nariz en la dorada sedosa cabellera de ella quien sólo suspiró hondo, apoyando la cabeza contra el pecho de él.

Más tiempo transcurrió, ¿cuánto? A lo lejos escuchaban el transcurrir del tic tac, más lejos aún las campanadas del reloj de péndulo del gran recibidor, y el cucú del comedor, y el péndulo menor del estudio, todo al unísono en una pertinaz cacofonía de algunos segundos. Integra en lo profundo de sus sueños, supo que eran las seis de la tarde al contar los tañidos. Sin embargo, su letargo no desaparecía. Echa un ovillo se cobijó aún más en su inverosímil acompañante que le respondió con un nuevo estrechamiento. Pasó el tiempo hasta que se agotó de dormir cuando un trueno retumbante, estremeció todo a su alrededor. Él la sintió moverse contra él, la vio abrir los ojos mirando hacia la ventana, y estirarse.

─ ¿Qué hora es? ─ preguntó incorporándose, poniéndose un hoddie que había dejado en el respaldo del sillón, mas incapaz de enfocar las manecillas del reloj sin sus gafas.

El vampiro se volvió a mirar el reloj de pared: ─ Ya pasan de las siete de la noche.

─ Bueno, de cualquier forma, hoy no tengo ganas de hacer nada, ¡el verano empezó oficialmente para mí! ─ "hasta que haya una redada, una misión o algo así" ...─ ahora…creo que tengo que ir al baño ─ dijo al levantarse mientras que Alucard seguía dormitando. A los pocos minutos la escuchó regresar para volver a echarse directamente sobre él con un salto travieso, la recibió con un sonido ahogado al sentirla llegar de repente y caer encima de él, secándose sus manos recién lavadas sobre su camisa (sí, como una niña, al fin y al cabo). La joven volvió a suspirar hondo recostada sobre el pecho fornido de su vampiro, que puso una de sus manos sobre su nuca y comenzó a acariciarla.

─ Eres cómodo

─ Pues ya es ganancia, ¿no?

─ Sí, es bueno que sirvas para algo ─ cerrando los ojos, recargada aún ─ ya que para obedecer como es debido no… ¿por qué no me dijiste que la condesa asesina fue quien vino anoche?, ¿cuánto tiempo creíste que me lo podías ocultar?

─ No quise preocuparte…

─ ¡Qué considerado!

─Se supone que hoy ibas a estar de fiesta, ¿no? Tenías que estar contenta, en paz…

─ ¡El gran rey no muerto preocupándose por mis emociones!

─ ¿Por qué no? Esa es la verdad, no te quise asustar.

─ ¿Debería estarlo?

─ Es posible que sí, es una terrible asesina…

─ ¡Qué interesante familia la tuya!

─ Familia lejana y política…Y así eran las familias poderosas. Eran otros tiempos, ¡tiempos muy brutales!…

─ Lo sé, ¡pero esa mujer se llevó las palmas!

─ Estuviste leyendo al respecto, ¿no?

Integra asintió: ─ Sobre la vida de tu familia, de tus hermanos y tu primera esposa…

─ Sobre mi "hermosa" familia…

Ella asintió y hasta estuvo a punto de decir que lo sentía, como que lamentaba que él tuviera que haber pasado por todo ello, pero se contuvo pensando que podían sonar a palabras huecas, que podía creer que le estaba compadeciendo. En lugar de eso, mirándolo fijamente, tan sólo preguntó: ─ ¿Y cómo...?, ¿cómo se puede sobrevivir a tanto horror?

Al escuchar la pregunta, el rey no muerto se quedó estático, pensando por espacio de casi un minuto en eso justamente, en la esencia de su propia testaruda resiliencia: ─ ¡Por momentos como estos!… ─ dijo al instante de acariciar su mejilla y mirarla como si fuera lo único y lo último en todo el reino, (o en todo el mundo).

Integra cerró los ojos al sentir la caricia, tragó saliva sin saber exactamente que decir: ─ No…no hagas eso… ¡no me conviertas en tu tabla de salvación!… ─ mientras descendía de él para ocupar el lugar junto al respaldo del sofá, dándole la espalda.

Él frunció el ceño, luego la miró fijamente, aunque ella se negaba entonces a devolverle la mirada: ─ ¿Y qué si quiero hacerlo? ─ para tomar entre sus dedos la barbilla de ella y obligarla a mirarlo, serio y cabal, mientras que ella le miraba con pesadumbre.

─ Entonces…─ incorporándose lentamente, sin dejar de verlo directamente a los ojos, con expresión combativa ─ ¡luego no me culpes si naufragas! ─ trató de dar un salto para llegar al suelo, pero él la sujetó por el brazo.

─ Aún es muy pronto para saber que va a pasar ─ acercándose demasiado a su rostro.

─ Es exactamente lo que yo digo…Y tenemos desafortunadas cosas en común…fuiste creado para la guerra, príncipe de los Cárpatos, ¿acaso puedes negarlo?

El rey no muerto, quién ahora la sujetaba por ambas mejillas, sonrió malicioso, asintiendo: ─ Y tú también.

─ Puede ser… pero luego están aquellas cosas que jamás tendremos en común… ─ pasando saliva de nuevo, conteniendo con todas sus fuerzas lágrimas que quemaban sus ojos. Lágrimas por su infancia sin madre, por su padre muerto cuando más lo necesitaba, por su adolescencia anormal, por su paz robada, por no llegar a conocer el remanso de una vida feliz, pero, sobre todo, ¡por haberse enamorado de un ser al que no podía seguir, ni podía seguirla! ─ fui nacida para buscar y destruir, y tú….

─ ¡También! Cómo desde que tengo memoria…Desde la oscuridad de mi tierra natal, la guerra siempre ha sido mi medio y mi fin…pero sucede que estoy cansado, cansado de todo eso, ¡cansado de existir sólo para destruir!… ¿No se te ocurre que ya no quiero hacerlo? Que preferiría… ¿tener la osadía de intentar ser feliz?

─ Y yo, ¿cómo te podría ayudar con eso? ─ cada vez más molesta por estar siendo "aprisionada" por las manos del nosferatu.

─ Tú sabes bien como….

─ Alucard, ¡por favor! ¿Acaso no estás consciente de la situación? ¡Sólo tengo diecisiete años! Aún… ¡aún estoy esperando que mi cuerpo termina de crecer!, ¡no tengo idea de muchas cosas y menos de que como puedo hacer feliz a alguien como tú!

─ Puedo esperar a que lo averigües, es cuestión de tiempo…

─ ¿Esperar a qué? No te encapriches conmigo, Alucard…

─ No entiendes Integra, ¡claro que no es un capricho!

─ A veces creo que sólo te devoran las ganas de acostarte conmigo y nada más.

─ Si fuera eso, ¡te habría tomado aquella noche! ─ en ese momento la soltó ─ ¡nada me lo impedía! Hubiera sido lo más fácil del mundo, ¡y ya ves que no lo hice!

─ ¿Y por qué? ─ completamente inquisitiva, con las manos a la cintura, mirándole a quemarropa, ahora de pie frente a él ─ ¿por qué no terminaste lo que empezaste?

Él dejó de ver al vacío para sostener su mirada granate contra la azul de ella, para decir serio, con aplomo: ─ Porque no pienso tomar algo si no estás completamente segura y consciente de ello. Estabas borracha, cansada y … ¡sabemos perfectamente que no estaba bien!

─ El rey no muerto… ¿tiene moral?

─ ¡Ni yo sabía que la tenía! Ese es el efecto que tienes en mí, ¡y no soy un patético abusador que necesita la embriaguez de una mujer para lograr poseerla! El día que seas mía, será bajó tu completa consciencia y consentimiento…

─ ¡¿El día que yo sea tuya?! ─dio un paso hacia atrás, incrédula de lo que escuchaba ─ ¡Y lo dices con esa seguridad!

─ ¡Porque así será!... ─ sin asomo de duda.

Integra iba a decir algo más cuando el bip bip percutido de su localizador la interrumpió al punto de hacerla saltar al haber olvidado que tenía el aparato en el marsupio del hoodie que ahora llevaba puesto. Con premura lo extrajo, leyó el mensaje que estaba escrito y comprendió que debía responder de inmediato. Ignorando ya a Alucard corrió hacia el teléfono móvil que estaba descargado y apagado: ─ ¡Maldición! ─masculló entre dientes para echar a correr en busca de una extensión donde pudiera hablar con privacidad que halló en el despacho de Walter.

Alucard se quedó absorto, mirando aquel extraño y misterioso actuar de su ama, y al mismo tiempo, pensando en la conversación que acababa de acontecer. Se pasó la mano por los cabellos para terminar más despeinado de lo que ya estaba. Se levantó del sofá y elongó sus extremidades, luego salió del recinto.

Y ella de camino al despacho de su mayordomo: "¡Esto es demasiado para mí!, ¡demasiado para una mocosa que muy apenas sabe diferenciar lo que siente!" Iba pensando al momento de recluirse en el privado forrado de madera donde se despachaban los quehaceres y la administración de la mansión. En ese momento, el teléfono sonaba en todas las extensiones.

─ ¿Bueno, mansión Hellsing? ¡Oh, señorita Blair! ¡Claro, en un momento la comunico! ─ Theodore anunciaba que había llamada para la ama, de parte de su amiga. Integra gritó desde el despacho que la tomaría, y la ama de llaves colgó.

─ ¡Rubia! ¡Hasta que te manifiestas! ¡Te he estado tratando de localizar durante un buen rato y nada!

─ El maldito cacharro de teléfono móvil ese se quedó sin batería, ¡es insufrible, lo sabes! ¡Si no fuera por el mensaje que mandaste al localizador, yo ni en cuenta!

─ ¡Claro! Y ahora estoy hablando desde el teléfono público en el pasillo de los casilleros…Integra, recordé lo que me dijiste hace rato mientras íbamos de la mansión al colegio, todo acerca de tu plan, y me dije, ¡Blair, es ahora o nunca! Porque sir Irons llegó poco después que Charles, ¡ya sabes! Cómo prácticamente este baile es tan intercolegial como el de primavera, pues algunos padres de la sociedad de Eton están aquí, entre ellos tu "suegro" ...

Al escuchar aquello, Integra se quedó muda por unos instantes, sopesando que, efectivamente, esa era la oportunidad idónea para llevar a cabo su plan. No perfecto, sino más bien azaroso plan, uno que rondaba dentro de las pocas oportunidades que tenía de desenmascarar a su terrible prometido con algo más que acusaciones: pruebas fehacientes.

─ E…entiendo, ¡entiendo muy bien! Ah… ¡haré todo lo posible para llegar lo más rápido que pueda! ¡Nos vemos luego, Blair!

Antes de colgar sólo se oyó el "¡yuhuuu!" de Blair al escuchar la resolución de su mejor amiga, la cual salía totalmente apresurada del despacho hecha un tumulto de prisas y pensamientos alborotados. Se quedó a medio pasillo sin saber exactamente que hacer o a donde ir. Miró el gran reloj del recibidor, ¡ya casi daban las ocho de la noche! "Haber conseguido un atuendo adecuado para el baile". Recordó las palabras de Walter, ¡y maldita sea! De verdad que aparte de unos cuantos vestidos para asistir a ceremonias religiosas, y un par de faldas de vestir, en su guardarropa no había nada más que jeans y pantalones.

─ ¡¿Y ahora qué?! ─ en voz alta para sí misma, como hablándole al cielo, deseando no ser tan poco ortodoxa en aquello de la feminidad, ante las puertas abiertas de su frugal closet, en medio de su recamara semi vacía. "Debo ser la única heredera rica en toda Inglaterra que no tiene el guardarropa a reventar de modas, ¡así soy yo de auto saboteadora!" Pensaba mientras recercaba las manos en el umbral de las puertas del espacioso armario. Cuando de repente levantó la vista para tocar un conjunto negro que no había tenido ocasión de usar. Una idea pasó por su mente… "¿y por qué no?" Sacó las prendas guardadas en una funda plástica para su conservación, el Dolce&Gabbana sedoso y elegantísimo que nunca había usado, "¡esté será!"

Algunos minutos después, bajó a la cocina por la escalera de servicio. Allí se halló a Walter y a Theodore preparando merienda; a una de las tórtolas que fregaba trastos y otra que los secaba; y a Alucard sentado a la mesa, sorbiendo ya su segundo litro de sangre fresca con una pajilla, mientras se entretenía en mirar Mr. Bean (uno de sus shows favoritos) en el televisor que estaba conectado junto al tostador.

El gran rey no muerto, (desfajado, descalzo y despeinado) reía ante cada bobada del programa. Walter, demasiado pensativo, apenas si contestaba la charla de la ama de llaves, y las chicas trabajaban en silencio, pero todos dejaron de hacer lo que estaban haciendo para poner toda la atención a lo que Integra llegó a decir con exaltación y premura: ─ Anne, Nicole, Theodore, ¡la que sea!, ¿saben maquillar?

Las cinco personas allí reunidas (incluido Alucard) sólo levantaron una ceja, confundidos por tan inusual pregunta de la joven sir.

─ Yo… ¡yo sé ama! Aunque muy poco ─ aseguró la chica que se llamaba Nicole, aún con un plato en las manos.

─ ¡No importa, con eso me basta!... Quiero que subas a mi habitación en unos minutos, ¡sólo tomaré una ducha y te llamaré para que me ayudes con eso, por favor!

─ Sí, milady, ¡lo que usted ordene!

La rubia asintió dando la media vuelta a punto de trepar de nuevo los escalones, Walter preguntó con cierta confusión: ─ ¡Sir Integra!... ¿Acaso ha cambiado de opinión con respecto al baile?, ¿asistirá?

─ …aaah, sí Walter…¡tengo que ir! Detalles luego… ─ y subió a toda prisa, a tomar, como ella había dicho, la segunda ducha en doce horas ─

Alucard no dijo nada, ni una sola palabra. Libando sangre a través de la pajilla, tan sólo levantó una ceja y sonrió con intriga. Al tiempo que Walter se había quedado junto a la escalera, tratando de deshilvanar porque la joven había cambiado tan repentina y radicalmente de parecer con respecto al festejo.

"Algo no anda bien aquí", se dijo para sí mismo. Suspirando profundamente se rascó la nuca, dando la media vuelta se topó con la expresión lobuna, quasi divertida del rey no muerto. El mayordomo ya no quiso decir nada. Sobándose las cervicales, el mayordomo prosiguió a finiquitar su tarea: ─ Hay que terminar eso y disponer de la merienda, como escuchaste, la ama saldrá, así que no habrá servicio de mesa está noche.

─ ¡Cómo usted ordene, señor Walter! ─ respondió Theodore mientras las tórtolas se apresuraban a terminar con la loza.

Alucard, en tanto observaba y pensaba, ya sin prestar demasiada atención al televisor, sino más bien, mirándolo maquinalmente. Pensaba en Integra, ¡por supuesto! En lo que acaba de decir, y también recordando la cita de esa noche en la madrugada, de la cual esperaba no causara tantos problemas. "Debiste haberlo dicho, Alucard, ¡ella tiene que saberlo!" Le repetía su ignorada consciencia, pero, ¿cómo iba a tener el aplomo de confesarle que estaba por sacrificar lo poco que él tenía, por ella? Le faltó el valor a medio día mientras la tenía en sus brazos en medio del patio del colegio, le faltaron agallas para hablarle de todo ello en la tarde, cuando durmió estrechándola contra su pecho, y seguramente le iba a faltar el coraje necesario por lo que restaba de la década: "si no era severamente necesaria esa verdad". Pero el reloj de pared de la cocina anunció las ocho de la noche. "¿Cómo voy a decírselo? Por lo menos debe estar consciente de quien vendrá y a que vendrá". Un sorbo más de la pajilla y la bolsa de sangre quedó completamente vacía. Como un autómata se levantó, botó la basura al cesto junto al fregadero antes de salir por la puerta abatible que daba al comedor donde un pedestal pendía la jaula con el canario blanco que hasta hace poco había vivido en la biblioteca.

Walter miró de reojo al rey no muerto, con un gesto entre enojo y reproche. El mismo vampiro sintió los ojos sobre sus hombros como quien sacude una pelusa de su ropa. Había notado que el mayordomo lo estaba ignorando más de lo acostumbrado, pero muy apenas, ¡con lo poco que le importaba!

Aún en la cocina, la ama de llaves mencionó que reuniría a las chicas para que merendaran de una vez, al tiempo que cerraba la hornilla de la estufa donde había cocinado una cena de macarrones con parmesano. Las dos muchachas terminaron de acomodar los trastos, la voz de Integra se escuchó desde el interfono junto a la nevera, y Nicole le pidió a Anne que subiera con ella, ambas lo hicieron a prisa. Con nadie en la cocina, (únicamente las voces del televisor) Walter se quedó solo con sus pensamientos; con los tormentos de la incertidumbre de no saber que le deparaba el futuro a su amada lady; solo con el pesar de haber visto lo que vio en la biblioteca hacía un par de horas (el vampiro y la jovencita, estrechados y felices); a solas con todos sus insondables secretos y con los trepidantes sismos de su alma.

Continuará...

Un capitulo más corto que el anterior, pero consideré que lo que sigue ya no encaja con esto que acaba de salir.

Chicas de las reviews:

Yimena. Te respondo aquí la review como siempre XD. Pues escogí a Erzebet porque Carmilla ya está muy quemada, pero no Erzebet (además se me hace más aterradora porque fue real) Más dramático que Betty XD, no sé, aún hay cosas por venir más telenoveleras (algunas tendrán que ver con el güerejo del mal). Una vez más, muchas gracias por leer y más por dejar review. Me emociona que te emocione.

Palomixta. Hola! Gracias por volver a leer y por volver a dejar review. Espero que sigas disfrutando del fan fic, y que te siga gustando, es bueno saber que no pierde el toque, je.

Julieth. Sí, por allí se me escapan frases memeras, es que parece que hoy en día ya hablamos y escribimos en meme LOL. Gracias no sólo por dejar review y leer, sino por dejarme saber que es lo que más te gusta, y lo que no también. Con respecto a Walter y Alucard, es cierto que su relación es un poco OoC, si la comparamos con la del canon, pero quise hacer esa relación tirante para darle toques de humor y de dinamismo, creo que no hubiera sido lo mismo a lo largo de fic si Walter sólo se hubiera limitado a respetar a Alucard, eso creo yo. Y lo de la ceremonia pues sí, eso sí es algo que todos en su momento hemos tenido, así que nos evoca (también por eso quería publicar ese capitulo en junio, que aquí es el mes de las graduaciones, je). Y también quería avanzar mucho en este mes que se termina, pero no pude =(. En fin! Espero que te guste este capítulo, y nos seguimos leyendo. Saludos