XXIX.

Adiós Saint Mary 2.

─ Milady Hellsing, ¿sería tan amable de concederme esta pieza?

Escuchó una voz a sus espaldas, familiar y a la vez nueva voz que la dejó lívida en una sorpresa estremecedora y volteó lentamente. Frente a ella estaba, efectivamente, la sorpresa más hermosa que hubiera experimentado en su vida, y no en sí por la belleza del adolescente que la miraba fijamente, sino por la imposibilidad tan obvia de que ese jovencito estuviese allí en ese tiempo y espacio de la Historia; transgrediendo todas las reglas de la existencia, ¡tal vez! Pero cierta y tangiblemente allí, de pie junto a ella quien no podía decidirse si esos instantes eran verdad o una fantasía de la melancolía. Y se le quedó mirando con desconcierto, el mismo que el muchacho iba dejando a su paso.

Cuando le habló, Integra no contestó. Después de esos segundos de lividez le observó como analizando la situación, luego le sonrió tan de buen ánimo como rara vez lo hacía, pero ella siguió sin decir nada ante la petición del adolescente de ojos azules y piel lozana, tan sólo se levantó sin despegar los ojos de él, y extendió su mano. Él colocó el brazalete de rosas rojas en la muñeca, luego la tomó del brazo y ambos entraron a la pista bajo la mirada atenta de todos lo que estaban allí, pero sin que la pareja acaso se percatara de que había más personas aparte de ellos dos, como si las decenas de ojos que observan a Integra danzar la delicada balada con el apuesto jovencito alto de cabellos negros, no existieran. Curiosos, miraban al desconocido que usaba un elegante smoking negro, y estaba siendo admirado por lady Hellsing lo cual transgredía su fama de frialdad y dureza.

─ ¿Ya viste eso? ¡Cielos! ─ le expresó Cathy a Blair en un momento que se emparejaron en la pista.

─ Sí... ¡esta velada pinta para volverse inolvidable! ─ expresó la chica con ironía, buscándole el rostro a Charles Islands.

Todos vieron como Integra colocó los brazos en los hombros de él, y él en la cintura de ella. Compañeros, profesores, amigos, enemigos, Charles, sir Irons quien, en eso, entraba de nueva cuenta al salón. Se quedó clavado en su sitio ante la escena, reconociendo al punto al gallardo adolescente que estrechaba en su abrazo a la hija de su difunto amigo. Sus peores conjeturas se materializaban ante él.

Charles, quien no podía evitar que sus mejillas se tiñeran de rojo vivo como tomates maduros, y quien involuntariamente estrechó de más a Eleanor al punto de sobresaltarla, acababa de ver algo que provocó, él le clavara los dedos en la delicada espalda descubierta por el vestido de noche.

─ ¡Charles! ─ exclamó ella.

El rubio volvió en sí y tan sólo se disculpó con torpeza, pero sin dejar de mirar. Eleanor misma buscó la dirección de los ojos felinos de su pareja, y lo comprendió todo. Vio a Integra bailar embelesada y feliz en brazos de un chico desconocido, pero de innegable belleza. Luego Charles trató de recobrar la compostura, ¡de salvar la cara! Miró a todos lados ansioso de que otros notaran su contrariedad, ansioso de las suspicacias y habladurías que "Integra y ese monstruo mal nacido" estuvieran provocando.

─ Creo que... ¡creo que necesito beber algo! ─ le dijo a Eleanor y le indicó con un ademán que si deseaba acompañarlo. Él salió directo a la carpa del cóctel, la dejó pasar a ella primero, ambos atravesaron tan ensimismados que ni notaron al trío de efebos vestidos de trajes oscuros que entraban al gimnasio para mirar.

─ ¡Oh! ¡Miren eso hermanos! ─ exclamó el de corbata blanca. Un castaño de cabellos rizados hasta la espalda.

─Bueno, ¿qué les parece? ─ preguntó un rubio cobrizo de corbata azul que traía la larga cabellera anudada.

─ ¡Yo digo que lo que se ve no se juzga! ─ agregó un rubio platino que usaba corbata verde.

Luego los tres se volvieron a mirarse las caras, y sonrieron sin dejar de contemplar el baile.

─ Ahora sí me sorprendiste, ¡debo admitirlo! ─le dijo Integra sonriendo sutilmente.

Él tan sólo se encogió de hombros: ─ Te confieso que nunca había tomado esta apariencia, y siempre quise hacerlo, quise... ¡no sé! Saber que se sentía ser un mozalbete "normal".

Integra no necesitó indagar a que se refería, ella sabía muy bien que quiso decir. "El príncipe Vlad y su hermano Radu estuvieron presos hasta que Vlad cumplió dieciséis años", pensó al recordar su lectura.

And can you feel the love tonight

How it's laid to rest?

It's enough to make kings and vagabonds

Believe the very best

La canción terminó...

It's enough to make kings and vagabonds

Believe the very best

Las parejas aplaudieron y se dieron las gracias. Unas volvieron a sus asientos y otras permanecieron en la pista para bailar la siguiente romántica melodía. Entre ellas Integra y el disfrazado Alucard, quién continuaron, esta vez con una balada de Rod Steward.

Are those your eyes?

Is that your smile?

I been looking at you for ever,

Yet I never saw you before.

Are these your hands? Holding mine?

Now I wonder how I could have been so blind.

And for the first time, I am looking in your eyes.

─Tenía cierta duda de que esto no te agradara...

─No hiciste bien, tampoco hiciste mal. No me desagrada, pero ...la verdad es que no dejan de mirarnos

─ Como en la mañana...

─ Sólo que ahora no saben que se trata de la misma persona, ─ pudo ver que Charles había desaparecido de la pista. Todo ello beneficiaba la ocasión. Sus ojos cambiaron de dirección y miró a sus amigos que le sonreían desde la mesa, y también Blair quien asentía con una sonrisa pícara y una seña de pulgares arriba.

─ ¿Qué diremos cuando te pregunten quién soy? Puedo decir que soy tu primo lejano, el hijo de tu tío ese que vino a la oficina de la directora...

─ ¡Es buena idea!

─ No sé porque estás tan contenta, pero me alegra...

─ Si todo sale bien, tendré buenos motivos para estarlo.

─ Ah... ¿acaso me estás usando para darle celos a alguien? ─ levantando una ceja, ella sólo asintió ─ ... ¿me veo guapo o qué?

─ ... preguntas como si no supieras.

─ Es que me gusta escuchártelo decir...aunque tal vez prefieras mi yo original.

─ Esta versión es bastante adecuada para la ocasión. ─observando sus facciones aún de niño, su estatura unos diez o quince centímetros menos que la verdadera, y su voz joven.

─ Tú también te vez guapa de marimacho.

Ante en comentario la rubia sólo frunció la nariz con extrañeza: ─ Creo que siempre he sido un marimacho.

─ Qué sexy, ¿no?

La chica no contestó a eso último, levantó una ceja, cambió un poco de tema: ─ Ah... Y, ¿realmente así lucías cuando de verdad tuviste esta edad?

Alucard lo pensó unos segundos: ─No, creo que no. Como te dije eran épocas salvajes y brutales. La esperanza de vida de las personas era apenas de unos cuarenta años, y no había afeites ni nada parecido que pudiera conservar la lozanía demasiado tiempo, así que digamos que en estos momentos luzco como un adolescente del siglo XX, no como uno del siglo XV.

─ ¿Ósea que a mi edad?...

─ A tu edad ya había regresado de mi exilio en Turquía, y buscaba vengarme de los asesinos de mi familia a como diera lugar ─lo dijo con simpleza, antes de encogerse de hombros. Integra ya no preguntó nada más al respecto. Alucard aprovechó el mutis para estrecharla aún más por la cintura, contra sí mismo. Ella sintió sonrojarse ante esa cercanía insoportable al tiempo que la letra romántica de la canción hacía el ambiente. Suspiró y se dijo a sí misma, "¡al diablo!" Terminando por abrazar por el cuello a ese príncipe adolescente, porque su corazón se lo pedía a gritos, porque en esos instantes era egoísta o porque quería que la vieran hacerlo, ¡o todos esos motivos juntos!

─ No sé porque motivo o razón estás tan desenfadada, Integra, pero no te niego que me está beneficiando mucho ─le dijo con voz queda, apagada. Ella sólo sonrió traviesamente y se encogió de hombros. ─ tanto que te juro estoy a punto de besarte aquí, ¡enfrente de todos!

Ella levantó una ceja con una expresión divertida y negó con la cabeza: ─ Tampoco retes a tu suerte...

Chasqueó la lengua: ─ ¡Pues maldita sea mi suerte!

A lo lejos, los comentarios.

─ ¡No se puede negar lo bien que se ven juntos! ─opinó Maggie quien se deshacía de sus zapatos de tacón al comenzar a sentir cansancio.

Los otros chicos asintieron con la cabeza.

─Espero que algo se pueda hacer al respecto, y sin tanto problema ─ agregó Ralph.

─ Aun así... me temo que, para alguien como él y alguien como ella, es más bien difícil ser felices ─ dijo Blair.

─ La felicidad es relativa ─ repuso Cathy ─pero aquí hay varias opciones: o a Su Majestad, pragmática y experimentada como es, no le importa que ellos se enamoren, o tendrán que vivir con sus sentimientos "prohibidos" a cuestas.

Can't believe how much I see,

When you're looking back at me.

Now I understand what love is

Love is

For the first time.

La canción terminó, ellos conversaron un par de palabras más y fueron a reunirse con los amigos.

─ ¡Bienvenido a la fiesta Lord Alucard! ─expresó un jovial Bob, y los demás chicos le imitaron.

─ Gracias chico, ¿y cómo va todo?

─ ¡Va, y eso ya es ganancia!

El rey no muerto palmeó el omoplato del jovencito y se sentó a la mesa mientras hacía que le trajeran vino.

─ ¡Espero que estén sirviendo una buena cosecha! ─ dijo para iniciar la charla.

─ Alucard... ¡ahora sí te luciste con esa transformación! ─ decía Blair con una sonrisa entre las bocanadas de su cigarrillo

─ Mejor apaga eso, Hamilton ─ le indicó Cathy mientras le señalaba con la mirada a Maggie

Alucard tan sólo levantó una ceja sin darle más importancia al detalle del cigarrillo: ─ Gracias, Blair.

Ella entornó los ojos y talló el cigarrillo contra el cenicero, mientras decía: ─ Cuando eras humano tuviste hermanos, ¿no?

Integra sólo escuchaba y miraba la conversación.

─ Así es... Radu y Mircea, una hermana también, Alexandra. Yo fui el de en medio

─ Ya... ¿Y todos eran tan guapos como tú? ─ Muy curiosa e interesada Blair

Alucard contestó pensativo: ─ Creo que yo era el feo...

Los chicos rieron al unísono, incluida Integra. Después de un rato, ni tarda ni perezosa Blair pidió bailar con Alucard, a lo que él accedió.

Ambos pasaron a la pista cuando el DJ ya ponía algo más rítmico. Los amigos, Bob, Maggie, Ralph, Cathy e Integra se quedaron charlando en la mesa. Blair animada insistía en la pena que le producía que el guardaespaldas de su amiga no cumpliera con su promesa de tener una cita con ella, como había dicho aquella tarde de primavera cuando se presentaron en la cancha de baloncesto. Él le contestó que, desde ese punto de sus relaciones con su ama, sería un tanto inapropiado. Ella contestó que si Integra no fuera su mejor amiga, le daría su número, y él dijo que seguramente lo aceptaría. Ambos voltearon a mirar a Integra quien bebía el café que los camareros habían servido en las mesas junto al pastel de generación que varias alumnas y profesores estaban cortando. Distraída de su amiga y su vampiro, segura de sí misma y de lo que tenía con el rey no muerto, los celos simple y sencillamente no tenían cabida en ella. No así Charles Ferguson Islands a quien su padre buscaba. Charles que ya se estaba bebiendo su tercer whisky doble en la carpa elegante que continuaba semi desierta. Eleanor se había excusado ante la incomodidad de ver a su acompañante sufrir los estragos de sus propios demonios, dejándolo solo, para ir donde sus amigas, mientras que él fumaba cigarrillos y se bebía un trago tras otro.

En un momento, Alucard pretextó tener antojo de algunos tragos y se dirigió a la carpa donde halló a Charles absorto en su propia rabia, bebiendo sin parar (o tal vez solamente acudió al anexo con la intención de fastidiarlo). Se acercó a él sutilmente mientras se servía un trago de whisky. Islands, al olfatear la misma fragancia que él usaba, se tensó al percatarse que el rey no muerto estaba cerca de él, volteando maquinalmente como si fuese víctima de alguna posesión demoniaca, lo comprobó: vio a ese jovencito pelinegro cuya apariencia era la de alguien que no alcanzaba ni los veinte años, colocar hielos al vaso con whisky. En su rostro lozano se dibujaba una sonrisa pagada de sí misma, burlona. Al sentir los ojos de Charles sobre él, Alucard volteó apenas para encontrarse con un par de ponzoñosas pupilas que lo habrían traspasado si hubieran sido dagas, lo cual sólo azuzó su sonrisa cínica. Sin prisa se llevó el vaso a los labios, sin voltear a ver a Charles, dijo: ─ Lamento que las cosas con mi ama Integra no le hayan funcionado, lord Islands, pero... una mujer como ella no es para cualquier tipo de hombre, ¡usted sabe! No es para aquel que se siente intimidado o disminuido por una mujer poderosa, sino para... hombres en toda la extensión de la palabra ─ Alucard estuvo seguro que las mejillas de Charles enrojecieron al grado que parecía que el rostro le iba a explotar, que apretó el vaso entre sus dedos tan fuerte, que creyó que lo iba a romper, así que sólo concluyó con un: ─ con su permiso. ─ Y se dio la media vuelta para regresar al gimnasio, ufano y feliz.

Minutos más tarde, cuando el viejo Sir Hugh traspuso la entrada de la carpa, vio a los meseros instalados en su propia reunión; unas cuantas parejas de padres charlar, y al fondo de la mesa de servicio, a su hijo que tenía toda la intención de embriagarse. Con molestia exhaló un suspiro y fue hacia él, mientras sus pasos firmes eran observados por los tres efebos que charlaban en la entrada de arco de follaje.

─ Parece que todo el mundo se dio cita hoy aquí...

─ Esta noche es de esas que constituyen puntos de inflexión, ¿no?

─ No lo sé, pero ya los vi, ¡a ambos! Ella y él, hace un rato estaban en el estacionamiento.

─Bueno, sabíamos que no podían de dejar de cumplir con sus planes. Están esperando el momento preciso tan sólo.

─ ¿Crees que hayan reparado en nuestra presencia?

─ Es lo más seguro, ¡aun así no les va a importar en lo absoluto que estemos aquí! ¡Como siempre ha sido!

─ Tienes razón. Ahora todas las piezas están en su lugar. Por lo pronto veamos que hará lady Hellsing con respecto a ese chico de mal corazón.

Volvieron a asentir, y de nuevo se concretaron a ser espectadores de los acontecimientos.

─ Charles, te he dicho muchas veces que no puedes beber en exceso!

─ ¡Oh no padre, ahora no! Por favor.

─ Hijo ─resopló el caballero cruzándose de brazos ─ no puedes abandonarte al agravio que te causan los problemas con Integra. ─ Charles hizo rodar los ojos con descarada molestia. ─ No es el fin del mundo. Esta misma noche estas fijando tu postura al haber venido con esa joven Grant. Charles, escúchame ─el chico miró fijamente a su padre con ojos recelosos ─ si tiene arreglo así será ... si no.

─ ¡Ay papá por Dios! ¡¿Cómo va a tener arreglo ser el hazmerreír de toda la sociedad?! ¡Y todo por culpa de las concupiscencias de Integra Hellsing! ¡No recuerdo que el ser un imbécil sea parte de la agenda de un caballero, papá! ─ y arrastró entre los dientes esa última palabra.

─ Charles, el corazón roto tiene muchas maneras crueles de expresarse...

─ ¡No tengo el maldito corazón roto! ¡Lo que tengo rotó es el orgullo!

Sir Irons se quedó viendo fijamente al chico, y de reojo a las pocas personas presentes que de repente guardaron silencio ante la voz alta del etonian. Suspiró entonces ante la evidente verdad: ─ Baja la voz, Charles. Quieres decir que no estás enamorado de ella, ¿verdad?

─ ¿Cómo podría estarlo? ¡Es la mujer más insoportable y altanera del reino entero! ¡Y lamento como no te das una idea que tú y sir Arthur hayan arreglado un compromiso entre nosotros!

─ ¡Te dije que bajaras la voz! Esas cosas se discuten en privado ─tomó al chico por el brazo y lo llevó fuera, en dirección de la huerta, mientras no dejaba de escuchar rezongos suyos. ─ bien Charles ─dijo una vez llegaron a las inmediaciones del estanque ─ dime una cosa, si no has estado enamorado de ella...

─ No, nunca en realidad, ¡y mira que intenté que entre ambos hubiera algo! ¡lo intenté de veras!

─ ¿Pero no lo hubo? ─ Sir Islands, aun aferrándose a la última oportunidad como un náufrago a un pedazo de madera. Por toda contestación el jovencito sólo rio irónico. Transido de rabia, el alcohol había hecho mella en su ensayada hipocresía, y ahora estaba dispuesto a decir todas las verdades que le fueran requeridas. ─entonces... ¿Integra con quién? ... ─ la expresión de desasosiego en el rostro del caballero.

─ ¡Ay, vamos papá! ¿Es que acaso aún no deduces con quien ha estado acostándose esa pequeña ramera?

─ ¡Charles!

─ ¡Tú siempre y tus cosas, sir Irons! ¡Siempre intentas ser tan correcto que crees que los demás a tu alrededor también! Ve dos centímetros más allá de tu nariz, papá, ¡suma dos más dos, por Dios Santo! ¡si es que no te diste cuenta al verlos hoy en la mañana abrazados, o hace unos instantes en medio de la fiesta! ─Sir Hugh tan sólo movía negativamente la cabeza con una mueca de dolor grabada en su cansado rostro ─ ¿Y bien?

─ ¿Lo que me estás diciendo es que Integra y Alucard?...

Ding, ding, ding...

─ ¡No puede ser! Ella es una dama y él un...

─ ¿Monstruo? ¡Ay padre! ¡Para efectos prácticos son un hombre y una mujer que se gustan y viven bajo el mismo techo! Y en lo que a mi concierne, ¡no estoy dispuesto a ser el pelele de una zorra sin escrúpulos por muy sir Hellsing que sea! ¡Esto se ha terminado aquí y ahora! ¡Adiós papá! ─ diciendo aquello, el beodo jovencito se dio la media vuelta para regresar hacia la fiesta con grandes trancos, dejando a su padre sumido en un mar de tribulaciones; incapaz de reaccionar en ese instante; tan sólo viendo como su vástago se alejaba hundido en alcohol y furia. Combinación funesta que estaba a punto de explotar cual si fuese un polvorín.

─ ¡Charles, Charles! ─ su padre lo llamaba a voces, pero el muchacho simplemente se negaba a escuchar. El sir le siguió a través del camino de regreso a la explanada. Casi trotando el muchacho entró de nuevo bajo la carpa iluminada con farolas de luz plateada. Sir Irons iba a hacer lo mismo cuando una voz bastante conocida la detuvo a sus espaldas.

─ ¡Buenas noches, Sir Irons! Lamento si le interrumpo, pero hay algo importante de lo cual debo hablarle, ¡y no puede esperar!

Al voltear, el viejo caballero vio a Walter. Enfundando en su abrigo azul marino, sostenía un paraguas negro que le protegía de la persistente lluvia que había humedecido el smoking del veterano aristócrata.

─ ¡Walter! Si no has venido a decirme lo que creo, ¡entonces traes peores noticias!

El viejo mayordomo tan sólo asintió: ─ Me temo que sí, de lo otro, de mi ama y Alucard ... ¡creo que ya lo sabe!

Mientras, Charles había pasado de nuevo por el acogedor clima bajo el techo, pasando la mano por su cabellera húmeda, suspiró profundo antes de volver a entrar al gimnasio cuya pista estaba atestada de parejas y grupos que bailaban. Buscó en todas direcciones mientras luchaba con su rabia para poner sus ideas en orden antes de dar el siguiente paso. En su mente maquiavélica ya trazaba un plan, ¡un buen plan para fastidiar a Integra!

"¡Estos deben traerse algo entre manos!" Se dijo a sí mismo cuando vio a los cinco chicos abrazados durante el discurso de la señora Philips. También había presentido algo extraño en la mañana, cuando vio regresar al grupito de amigos de la huerta. "Margaret estaba llorosa, Robert se veía muy atribulado, ¡y todos parecían preocupados más de la cuenta!, pero ¿por qué?" Recordaba haberlos visto andar mientras hablaban con premura entre ellos, mientras él charlaba con Eleanor y su familia. Con el rabillo del ojo los miró secretearse antes de alcanzar a Pendwood, al vampiro y a sir Irons. Mientras él, con el resto de su atención, charlaba con los padres y los abuelos de la recién graduada Eleanor. Ahora, atravesando la pista entre luces neón al ritmo de música dance, y reflejos dispersos de la bola de cristal, buscaba con la mirada a Maggie Parrish y a Bobby Walsh, los halló sentados a su mesa charlando animadamente junto a Catherine Marshall y Daniel Calne. Todos estaban bebiendo champagne o cerveza, menos ella que bebía soda de un vaso desechable. Volvió a revisar el salón improvisado con su vista de halcón buscando a Integra y a Alucard pero no los halló, sólo vio a Blair Hamilton y a Ralph Lancaster bailando alocadamente. La castaña ya ruborizada por efectos del alcohol movía la cabeza mientras su peinado se terminaba de deshacer. Él se volvió a su izquierda, distinguió a Eleanor quien se miraba como si se estuviera despidiendo de sus amigas, "¡este cabo no puedo dejarlo sin atar!" Mirando aún a todos lados se dispuso a seguir a la chica Grant que se dirigía a la salida del gimnasio por su abrigo, donde unos prefectos habían instalado un guardarropa. Pero al mismo tiempo, Charles vio un poco a lo lejos, entre la gente, como Catherine Marshall les pedía a todos que apagaran su cigarrillo, con la cabeza señaló a Margareth, y Charles levantó una ceja muy intrigado con la escena. En ese momento pareció recordar a Eleanor y se fue tras ella.

Mientras tanto, el rey no muerto había pedido hablar a solas con Integra.

─ ¿Y qué es lo que me quieres decir, Alucard?

─ ¡Nada en realidad! Era una treta para que estuviéramos a solas y a ver si teníamos un escarceo pasional, así como en las películas americanas, ¿es como la tradición del baile de graduación, no?

─ ¡Tradición mis bragas! ─ le contestó ella antes de dar la media vuelta violentamente.

─ ¡No, Integra! Espera, sólo estaba bromeando ─ con una risa la tomó del brazo para que no se fuera. Ambos estaban en el vacío vestíbulo de la escuela, ese que tantas alumnas veía pasar todas las semanas, ese mismo que ellos habían recorrido semanas antes, aquella calurosa tarde cuando él salió de la oficina de la señora Philips con telarañas en la cabeza. Ahora sólo estaban entre filas de casilleros, alguna que otra persona que pasaba muy de cuando en cuando, y el escándalo de la fiesta a lo lejos.

─Sé serio, Alucard.

─ Eso intento, ¡lo siento! Ah... la verdad es que no sé cómo decírtelo porque sé que te vas a molestar, ¡y sería una lástima porque la hemos estado pasando muy bien!

La chica se cruzó de brazos y se le quedó mirando con una expresión inquisitiva: ─ ¿Y ahora qué hiciste?

─Un poco más de la cuenta, ¡pero eso sí! En tu nombre...

─ ¡Alucard, otra vez!

─Sí, pero oye, ¡esto te va encantar! ¿Recuerdas esa cosa que he estado haciendo que no te he querido decir? Pues resulta que he estado siguiéndole el rastro a los hermanos vampiro de la calle Baker.

Integra dejó su gesto enojado para mirar al vampiro con interés: ─ ¿Los Cacciatore? Bueno y...

─ Y resulta que he dado con casi todas las guaridas de la que hacen llamar la Convención de vampiros de Gran Bretaña e Irlanda.

─ La misma cuya existencia descubriste aquel viernes...

─ ¡Exactamente! Y si no te había dicho nada es...es porque no quería que te anticiparas si es que a fin de cuentas no se lograba nada...

─ Alucard, ¿qué demonios crees que soy? No soy una quinceañera que se va a sentir decepcionada porque no le compraron un pony. Se trata de asuntos serios, ¡asuntos de mi trabajo!

─ ¡Aun así...!

─ ¡Aun así te sigues pasando mi autoridad de largo! ¡Aun así haces las cosas por tu cuenta como si yo fuera una acéfala incapaz de tomar las riendas!...

─ Nunca he pensado tales cosas, ¡al contrario! Pero esto queda entre tú y yo. Los demás de la mesa redonda sabrán que todo fue idea tuya.

─ Odio que me regalen el crédito ─ muy seria se cruzó de brazos arrugando la nariz. ─ ¡no necesito esa clase de consideraciones!

─ No tienes por qué sentir que te estoy subestimando, pero recuerda que en esos días estabas muy aturdida por todo el problema con esos vampiros novatos, con tu castigo y tu vida de estudiante, etcétera.

Integra resopló profundo sin quitar su mirada severa del vampiro: ─ ¡Como no! Entonces, ¿podrías decirme en que punto del protocolo está "mi" misión?

─ El domingo tenemos cacería. ─ dijo rápidamente, como un niño confesando una travesura a su madre.

─ El domingo, ¿no?, ¿y cuándo pensabas decírmelo? ¿El sábado en la noche? ─ colocando las manos en la cintura, ahora sí estaba molesta.

─ No, de hecho, ya tenía que decírtelo hoy porque además hay otro ...eh...yo juzgo pequeño detalle que debo atender hoy ─dijo mirando el reloj de pulso que llevaba puesto. Casi iban a dar las once de la noche.

─ ¡Alucard! ─ levantó la voz en un reclamo.

─ ¿Qué? Mira, es sólo que... ─ se rascó la nuca ─ es sólo que la Bathory dijo que su jefe me buscaría esta noche para negociar la maldición de siete generaciones sobre tu familia.

Al terminar de decir aquello, Integra se quedó boquiabierta negando con la cabeza.

─ ¿Qué has dicho, infeliz mañoso redomado? ─ sus mejillas comenzaban a pintarse de color rojo. ─ ¿que tendremos otra visita desde la Corte infernal? ¿pero es la santa hora en que yo debo enterarme?

─ En realidad no sé si era estrictamente necesario que lo supieras... ─ rascándose la nuca ─ esto es algo que el señor demoniaco quiere finiquitar conmigo.

─ ¡Lo dices como si no tuviera nada de qué preocuparme! Y contigo, ¡contigo! ¿Por qué contigo? Yo soy la última de los Hellsing, y si la maldición sigue vigente, ¡mi alma y mi vida es la única que está en peligro!

─Tal vez no...es decir, yo quisiera que no.

─ ¡Me importa un bledo lo que quieras! ─ levantando la voz con declarada exasperación.

─ ¡Pues te debe importar porque...!

─ ¿Por qué...? Anda termina...

─ ¡Y lo dicho! Ya te enfadaste...

─ ¡Sin rodeos, sanguijuela!

─ El dichoso Asmodeo me quiere a mí a cambio de paliar la maldición ...darla por cancelada, ¡cesarla! Si yo... ─ Integra ahora lo miraba atónita, sintiendo que su cabeza comenzaba inflarse para explotar. Ante la dubitación del vampiro frunció el ceño hasta que le dolió la frente y arrugó la nariz. ─ si yo acepto ser su servidor ─verdad a medias que se vio obligado a contar.

Ella sólo negó con la cabeza sin borrar su gesto enojado. Prosiguió a decir: ─ ¡No tienes autorización para dividir tu lealtad con otros amos!, ¡yo soy tu amo! Y no me importa si toda la maldita Corte del infierno hace tratos contigo, ¡no vas a aceptar nada, y esa es mi última maldita palabra!

─ ¡Uff! ¡Qué halago siento! Es casi, casi como si me estuvieses defendiendo, ¡"Alucard, voy a pelear por ti ante los príncipes del infierno si es necesario! De verdad, ¡no sé cómo me contengo para no lanzarme sobre ti para comerte a besos y lo que sigue!

Integra cerró los ojos y masajeó sus sienes tratando de hacer esa cuenta regresiva del diez al cero que dicen, es efectiva para recuperar los estribos: ─ En verdad, ¡cuando te lo propones eres un maldito castigo!... ─ arrastró las palabras entre sus dientes. ─ no sé cómo te has metido en este embrollo, ─ picaba el pecho del vampiro con su índice ─ ¡pero no voy a dejar que ningún otro Señor venga a decidir sobre mi pertenencia!

─ ¡Oh sí! ¡Yo te pertenezco! ─ expresó abiertamente emocionado y complacido. ─ ¡podría escucharte decir esa clase de cosas toda la noche!

─ Y en cuanto a ti, maldito lunático ... ¿me quieres explicar porque esa loca de porquería te contactó directamente a ti, cuando los asuntos de los Hellsing sólo me conciernen a mí? ─ molesta, a punto de alcanzar el rostro del vampiro (intento que era más fácil ahora que él medía menos).

─ Básicamente porque en los antros del averno ya se dieron cuenta ... de lo que siento por ti.

Ella retrocedió entonces, le miró unos segundos: ─ ¡Qué excusa más idiota!

─ ¡No lo es! ... ─ ella echó a andar de regreso a la fiesta, él la siguió ─ ¡es la verdad! Saben perfectamente...

─ ¡Oh, vamos! ─ no detenía su rápido andar por el pasillo hasta que alcanzó la puerta que conducía de regresó al gimnasio.

─ No me lo habrían pedido si no tuvieran la certeza de cuan legitimo es lo que yo sient...

─ ¡Buenas noches, Integra! ─ de repente se toparon con la augusta figura de la señora Philips ─ me pregunto qué haces por estas instalaciones solitarias y en compañía de este joven.

─ ¡Oh, maestra Philips! Sólo le estaba mostrando la que acaba de ser mi escuela, a mi primo lejano ─dijo tratando de apaciguar su ansiedad.

El aludido dio las buenas noches también mientras la educadora agudizaba la mirada: ─ Me parece que yo a usted lo conozco, joven, ¿no lo he visto antes?

─ Es posible que haya conocido a mi padre, el señor Blenner... ─ respondió con un marcado acento rumano.

Integra se quedó escuchando disimuladamente pensando en querer regresar a la fiesta donde hacía unos momentos Blair había chocado adrede con el ofuscado Charles Islands.

─ ¡Charles! ¿pero qué te ha pasado, hombre? ─ con un tono más bien burlón, sin dejar de dar bocanadas a su cigarrillo.

─ ¡Blair, no me estorbes! ─ se veía determinado a seguir su camino, se mostraba apresurado, ansioso. La chica pensó que tal vez el rubio quería marcharse ya de la fiesta.

─ ¡No me digas que ya te vas!

─ Eso es cosa que no te concierne ─ avanzando en la dirección que ya se tenía trazada, entre mesas de grupos que charlaban entre ellos más bien absortos, y otros que ya se despedían entre sí.

─ ¿Es que acaso no pudiste soportar ver a tu prometida bien feliz, pero sin ti?

Esto último hizo que el terrible heredero volteara lentamente a mirar a Blair que le sonreía satisfecha, con una franca actitud revanchista. Con pasos lentos se le acercó, y con bastante frialdad (considerando su estado) le dijo:

─ Cosas que sólo pasan en tu extraviada imaginación, pero entre lo que te bebes y lo que te metes, ya no eres capaz de decir nada razonable, sólo eres una patética y perdida mujerzuela. ─ hizo una seña con su índice dando vueltas junto a su cabeza ─ ¡lo que Integra haga o deje de hacer hace tiempo que dejó de ser de mi cuidado!

─ ¡Repítelo hasta que te lo creas! ─ Charles se dio la media vuelta, ya iba a seguir su camino cuando Blair agregó lo último: ─ ¡luego podremos admitir que esos dos hacen una muy bonita pareja!

El joven Islands sólo se volteó a mirar a Blair, con una expresión fría, llena de rabia y maldad, pero no dijo nada más, tan sólo se sonrió (y Blair juró que era como ver sonreírse a un diablo), luego hizo alto inesperado: asintió con la cabeza diciendo que sí, antes de volverse y continuar con su camino.

Justo en ese momento Integra y Alucard regresaban a la fiesta. Apenas lograban escucharse el uno al otro entre el tremendo bullicio y la escandalera de los muchachos coreando canciones, pero en términos generales, Integra no dejaba de reclamar al vampiro sus libertades tomadas. En ese momento, fueron interceptados por Blair quien se dio a entender con la mirada con Integra. Ella entonces supo exactamente qué es lo que tenía que hacer. Primero que nada, pedir la distracción de Alucard, y parecía que Maggie y Cathy ya habían sido prevenidas pues estaban rodeadas con otras muchachas de la generación que eran neutrales con respecto a Integra y su "rareza", y a las cuales le fue presentado Alucard, como:

─ Mi nombre es Vladislav Blenner. Mi padre es un caballero alemán de Bavaria, pero mi madre es una sobreviviente de la nobleza de Rumania ─ Les decía el Alucard adolescente encantado de la atención de las chicas que, sentadas todas junto a él alrededor de una mesa, no hacían sino llenarlo de preguntas. Mientras que Integra se había escabullido de esa junta femenil de admiración al exótico y bello primo lejano que hablaba con acento extranjero.

En tanto, Charles avanzaba hasta donde un alcoholizado Ralph Lancaster encendía otro cigarrillo, sentado a la mesa, mientras charlaba con Bob. Disimuladamente, el heredero Islands se mantuvo cerca, sacando él también un cigarrillo para fumarlo y apaciguar sus ánimos hasta que lograra que el beodo condiscípulo suyo se hallara solo. Así que, con paciencia de gato ante la promesa de una presa, se quedó vigilando con disimulo mientras escuchaba risas provenientes de donde las chicas charlaban con el "invitado sorpresa".

─ Lo que ocurre es que...lo que ocurre es que Integra y yo hemos estado enamorados desde la infancia, pero mis padres no querían admitirlo porque le han dicho que ella estaba comprometida con un joven inglés ─ decía él, y las chicas asentían, hasta que una de ellas pronunció el nombre Islands.

Las suspicacias llovieron, las conjeturas también, y una Blair encantada de fastidiar dijo que por eso Integra nunca había podido corresponder a Charles.

─Teníamos un compromiso secreto, ¡dijimos que cuando fuéramos grandes íbamos a casarnos! Y así lo haremos. Sólo esperaremos a que concluyamos nuestros estudios universitarios y entonces ella irá a vivir conmigo a mi castillo en Rumania ─ Ante eso último las chicas suspiraron con una exclamación. Fue entonces que Maggie, entre la risa, le cuchicheó a Cathy que se sentía demasiado cansada, que prefería irse a casa. Cathy asintió, se dieron un beso en la mejilla, luego Maggie fue donde Bob, le habló al oído, Bob dijo que sí, se levantó y se despidieron de Ralph. Tomados de la mano se fueron en dirección del guardarropa en busca de sus abrigos. Al salir por la puerta contraria a la del jardín, casi chocan con una extraña invitada más a la fiesta. Se trataba de una mujer alta de cabellos castaños, oscuros, dueña de un sugestivo atractivo y una belleza perturbadora. Iba enfundada en un vestido muy escotado, falda a la rodilla, satinado, entallado con una abertura que dejaba ver sus torneadas piernas. Andaba con paso provocativo en unos inverosímiles zapatos de tacón, en cuyos movimientos resaltaba su sensual silueta. A su paso, los que sí la notaron no pudieron ignorarla después, preguntándose "¿por qué demonios estaba tan variada la concurrencia ese año?" Cuando ella traspuso el umbral de la fiesta, sólo se dedicó a observar a los presentes. Cuando distinguió a Alucard sonrió satisfecha, colocando sus manos en sus redondas caderas. Alucard entonces guardó silenció un momento al sentir la feroz mirada, volteó a todos lados, pero no logró verla. Ella desapareció del campo de vista saliendo por la puerta hacia el resto de la escuela, sin embargo, la percibió y no pudo evitar que su yerto corazón diera un vuelco. Disculpándose con las chicas, se levantó de su asiento y empezó a buscar a Integra con la mirada, llamándola con la mente, pero no conseguía dar con ella.

Y mientras los susodichos demoraban en sentir las férreas miradas sobre sus hombros. Charles ya había llegado donde Ralph luchaba para no dejarse vencer por la somnolencia que ya sentía lo reclamaba.

─ ¡Ralph! No te duermas, hombre ─ El conspicuo rubio llegó y ocupó una de las sillas vacías.

─ ¿Qué? ¡Ah, Charles eres tú! ─ respondió tallándose los ojos ─ ¿Qué es lo que quieres, viejo?

─ Creo que sólo vine a saludar ─ dijo perdiendo un poco la mirada. Se rascó la nariz y suspiró hondo. Aquello tenía que ser rápido, desenfadado.

─ ¡Pues qué raro! Algo quieres, Fergie, siempre has sido un saca provecho ─ le dijo con voz modorra, abriendo un parpado, luego otro.

─ No ... me ... vuelvas... a llamar Fergie, ¡odio que me digan así y odio ese estúpido nombre!...

─ Sí, sí, ¡cómo digas! Eeegh ─ escurriéndose en la silla donde estaba sentado, que Charles juró que su otrora amigo se había convertido al estado líquido.

─ Irte no sería mala idea, ¡al fin y al cabo tus amigos ya lo están haciendo!

─ B, Cathy e Integra están por allí, emocionadas con tu "socio" cambia formas─ al decir eso último soltó una eupéptica risita. Charles arrugó la nariz y afiló la mirada como una navaja sucia, pero resopló para mantener la compostura ─ los únicos que se han ido son Maggie y Bob ─ recargó la nuca contra el respaldo de la silla.

Y en ese momento, en ese preciso momento, Charles olió su oportunidad precisa, con un tono de complicidad bien fingido, dijo: ─ ¡Qué cosa lo de Maggie Parrish!, ¿no?

─ Eeeh, ¿de qué estás hablando, Chuck? ─ cerrando los ojos. Charles entrecerró los suyos como si quisiera hacer pasar la hebra de un hilo a través de una aguja.

─ ¿Cómo de qué? Pueees ... ¡de qué está embazada! ¡Vaya problemón! ¡Cuando el vicealmirante lo sepa, va a matar a Bob!

Al escuchar eso, Ralph pareció reaccionar de súbito, como si le hubieran echado una cubetada de agua fría encima. Abrió los ojos, se sentó bien y dijo muy desconcertado: ─Pe... pero ¿quién te lo dijo?

Al escuchar la pregunta, el avispado rubio abrió los ojos desmesuradamente, sonriendo con gran satisfacción y malicia, como un tigre a punto de dar el golpe de gracia a su presa: ─ ¡Así que sí está embarazada!

─ ¿Qué? ¡Oye, no! No, quise decir...

─ ¡Muchas gracias! Esto me acaba de ayudar como ... ─ se puso de pie, miró a un desconcertadisimo Ralph a quemarropa, mientras palmeaba su mejilla ─ ¡cómo no tienes una idea!

Y ufano se alejó de allí, dejando a Ralph hundido en una turbulencia: ─ ¡Mierda! ─ dijo dándose un golpe en la frente. Aun tambaleándose se puso de pie y corrió en busca de las chicas, tenía que decirle lo que muy descuidadamente había revelado al terrible heredero Islands.

Para ese instante Charles miraba a sus alrededores buscando a Integra, y vio a Ralph en busca de sus amigas, y a su padre que entraba de nuevo al salón junto a Walter.

"Carajo, ¡¿dónde estás Integra?!" Pero él no tenía que buscarla a ella, ella lo había hallado desde hacía unos instantes, desde que había terminado de sonsacar la verdad al desprevenido Ralph, y ahora mismo la tenía frente a él, a escasos dos metros de distancia, portando su elegante esmoquin, usando ya sus Converse, mirándolo fijamente, impasible. Cuando sus miradas chocaron ella la sostuvo y a él le pareció que una leve, casi imperceptible sonrisa se dibujó en sus labios que poseían la sombra de un lápiz labial sin retocar. No supo en qué momento estuvo a un centímetro de ella, sin perder el poco tiempo que tenía antes de que su padre lo hallara, se escabulló, tomándola del brazo. No se detuvo a pensar porque ella no oponía resistencia o emitía queja alguna. Pero entre los efectos del alcohol en su sangre, por cuyas venas bombeaba su corazón lleno de demonios, también estaba la amarga rabia que no le permitía hacer uso de la frialdad que lo caracterizaba. Todo era confuso para él, incluso el cómo Integra había accedido a ir al edificio de los vestidores y las duchas, donde a esa hora sólo estaban las luces de reserva de los pasillos completamente solitarios; o como la había cercado entre sí mismo y el casillero vacío de alguna condiscípula; o porque ella no reaccionaba en una defensiva como hubiera sido natural de Integra Hellsing. Todo pasado por alto en ese trance beodo de whisky e ira.

El crash de la lámina gruesa del casillero al recibir la espalda de la joven en ese empujón y el golpe de la puerta de resorte del vestidor al cerrarse por sí sola, fue lo que él escuchó hasta que a ella se le dio la gana responder a sus reclamos: ─ ¡Así que por fin te estás descarando!, ¿no? ¡Ya te da igual que todos presencien tu vergüenza, maldita loca degenerada!

─ Para serte franca, sí, ¿por qué? ─ le dijo sin sombra de vergüenza, mucho menos de miedo. Sonriente aún. ─ ¿Acaso crees que ya no soy lo suficientemente digna para ser tu esposa?

─ ¡Ah! ¡¿Pero es lo que tú quieres, verdad?! ─ agarró su barbilla con brusquedad, a ella le dolió la violencia de los dedos sobre su rostro ─ ¿Crees que no lo sé? ¿crees que no es más que evidente que lo que tú quieres es estar totalmente libre para dar rienda suelta a tu perversión con ese demonio desgraciado?

─ ¿Y a ti qué, si eso es lo que quiero? ─ le respondió aún sin exaltarse o mostrarse amenazada ─ no me dirás que aún, después de todo este...escandalo ─ irónica, burlona ─ aún me vas a considerar como candidata para ser tu esposa.

─ A estas alturas cualquiera se da cuenta, incluso mi padre que te tiene en un altar, a saber, porque, ¡la clase de mujerzuela que eres!

─ ¡No sabes que alivio siento!

─ ¡Oh no! Alivio es lo que no vas a sentir, ¿y sabes por qué? ─ahora sujetaba su rostro con ambas manos ─ porque si tú no te enmiendas y ayudas a limpiar mi reputación yo voy a decirle al vicealmirante Walsh que Bobby va a ser papá, ¡y no oses negarme nada porque el imbécil borracho de Ralph me lo ha confesado todo en un descuido! ─ al decir eso último en su rostro se dibujó una perversa sonrisa acompañada del fulgor asesino de sus ojos malvados al ver que por primera vez en la noche Integra palideció, borró su expresión indolente para cambiarla por estupor y sí, preocupación. ─ ¡Oh vaya! Parece que encontré tu talón de Aquiles, ¿no? ─ y rio, rio mucho ante la inesperada tribulación de la muchacha ─ ¿por qué ya no sonríes, Integra, eh? ─ ejerció aún más fuerza a sus manos, y ella hizo un mohín de dolor.

─ ¿Qué se supone que quieres a cambio de que te calles? ─ le dijo mirándolo sólo con un de sus ojos abiertos, detrás de sus gafas que ya estaban por caer.

─ ¡Oh, ya estamos dispuestos a negociar, ¿no? ¡Me parece perfecto! Lo que quiero es que dejes tu vida disoluta, ¡y tus aires de grandeza! Y te dispongas a tomar el papel que te corresponde, ¡y que a mí me convenga, como el de ser una buena prometida para variar!, ¡y así, y así hasta que a mí me dé la gana que nos casemos!

Integra lo miró con un desconcierto abismal, como se le mira a una grotesca y repugnante rareza: ─ Estás... completamente loco, Charles, ¿cómo pretendes aún que nos casemos? ¡Debe ser que estás borracho! ¡Tú y yo estaríamos mejor muertos antes que juntos y mucho menos casados! ¡Es inconcebible!

─ ¡Eso ya lo sé!, y si antes no podía con tu petulancia y tu insoportable rebeldía, ¡ahora te juro que te desprecio con todas mis fuerzas!

─ ¿Entonces por qué demonios...?

─ No lo sé... ¡vaya que no lo sé! ─ y comenzó a reírse mientras descendía sus manos por el cuello de ella, quien tan sólo abrió los ojos desmesuradamente, ¡y que ganas tenía de propinarle un golpe bajo y salir de allí! Pero ahora tenía que ser cautelosa o la suerte de sus amigos podría ser desastrosa. ─ hace un rato Eleanor me preguntó que si yo estaba enamorado de ti... ¡qué gracioso! Nunca nadie me lo había cuestionado, a decir verdad, y me puse a pensar: ¿yo amar a esa pequeña hija de perra?, ¡no, creo que no!

─ ¡Oh, gracias al cielo! ─ le decía sin poder despegar sus ojos asombrados de él, esperando la ofensiva del depredador.

─ ¿Entonces que es? Creo que sólo se me da la jodida gana de salirme con la mía, ¡de ganar! Yo no pierdo, Integra Hellsing, ¡yo nunca pierdo!

─ ¡Entonces está será tu primera vez! ─ espetó la joven frunciendo el ceño, en ese instante decidida a contraatacar y arreglar aquello de frente y de una vez por todas. Trató de deshacerse de las garras del trastornado joven, lo cual logró relativamente fácil. Cuando lo hubo hecho se dispuso a salir de la habitación, pero este la detuvo con brusquedad por los brazos y la empujó de nuevo, esta vez contra la fila de casilleros contraria.

─ Ten cuidado con lo que haces si no quieres que Bobby y Maggie ─ decía los diminutivos con sorna ─la pasen muy mal.

─ ¡Entonces iré a darle la noticia al vicealmirante yo misma! ─ le dijo recuperando su acostumbrada valentía ─ estoy segura de que mejores oponentes me habrán de poner en jaque, ¡pero no te contarás entre uno de ellos, Charles! Tan sólo eres un niño estúpido y petulante que no soporta no obtener lo que quiere por primera vez, ¡y nada más!

─ ¡Maldita mujer, maldita seas! ─ colocó la rodilla derecha entre las piernas de ella haciendo presión para no dejarla ir ─

Por toda contestación ella echó a reír: ─ ¡Eres tan patético, Charles Islands!, ¡no eres ni la sombra, ni el remedo del hombre íntegro que es tu padre!

─ ¡Cállate! ─ al borde del paroxismo, ya completamente teñido su rostro por la ira y por el whisky ─ ¡no te atrevas a hablar de integridad porque de ella sólo llevas el nombre, y si mi propósito en la vida es fastidiarte te juro que no voy a descansar hasta lograrlo!

─ ¡Inténtalo! ¡No te tengo miedo, Charles!, ¿puedes ver en mis ojos como es que no te temo ni un poco?

─ ¡Aprenderás a hacerlo, no te vas a reír de mí!

─ ¡Oh pero si ya lo he hecho! Alucard y yo nos hemos reído como no te das una idea de ti!

─ ¡Silencio, bruja!

─ ¡No eres un caballero como tu padre, pero ni siquiera la mitad de hombre que es Alucard, y jamás lo serás!

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Charles estaba llegando a su límite, al escucharla su mirada se encendía, tan sólo negaba con la cabeza con un gesto de odio infinito: ─ ¡Condenada puta!

─ ¿Crees que eres competencia para alguien como Alucard? ¿Qué podrías compararte? ─lo miró con burla, con mofa ─ ¡claro que no! Y, además, si te atreves a hablar contra Margareth y Robert yo le hablaré a tu padre de todas tus corruptelas ─el rostro confundido de Charles ─ ¡sí, lo sé todo! Sé lo de las drogas que te metes a Eton, y lo de las prostitutas los fines de semana, ¡pero que original, Charles! ¡Eres la típica basura de la Nobleza disfrazando tu podredumbre con oropeles!

─ ¡Te he dicho que te calles, maldita perra! ─ y ese último insulto lo acompañó una brutal bofetada que hizo girar el rostro de la joven ciento ochenta grados, y que sus gafas salieran disparadas por el aire. Y a esa otra bofetada le siguió otra y otra hasta que ella cayó al suelo con la boca y la nariz sangrantes. Aturdida por los golpes buscó con la mirada nublada a Charles, sólo para sentir un puntapié en su vientre, lo cual la hizo gritar de dolor, más no se le hubiera ocurrido suplicar de no ser porque lo sintió de repente encima de ella, tratando de someterla ─ ¡¿así que estás segura de que no puede haber otro más hombre que él?! ¡Ahora te voy a demostrar que tan hombre puedo ser, maldita desgraciada! ─ le decía mientras abría con violencia su ropa, y se desataba el cinto.

─ ¡NO, CHARLES, NO! ─ agritaba ella tratando de quitárselo de encima, sin embargo, el dolor el vientre la neutralizaba.

─ ¡¿Ahora suplicas, ahora suplicas?! ¡Te daré razón para que supliques! ─ le gritó poco antes de comenzar a lamer su cuello y tirar del botón de sus pantalones. Integra se retorcía bajo la fuerte mano que sujetaba las suyas por encima de su cabeza, mientras que otra intentaba rasgar su ropa interior ─ ¿qué te parece? ¡acabo de descubrir que me gusta con violencia!

Integra suplicó que no una vez más, mientras Charles no cesaba de besar su cuello y trataba de tocarla por debajo de su ropa interior, cuando la puerta de los vestidores se abrió de golpe.

-oOo-

─ ¡Basta Blair! ¡Aun cuando consiguieras detenerme vendría a buscarla yo también! ¡Me tengo que ir con Integra ahora mismo! ─ venía diciendo un Alucard aún adolescente, apremiante de la visión que había tenido de la condesa infernal, cuando vio a lo lejos a Sir Irons y a Walter entrar al edificio de los vestidores. ─ creo que ya han dado con ella.

─ ¡Alucard, Alucard! ─ Blair, que iba tratando de trotar, se deshizo de sus zapatos de tacón, levantando la falda de su precioso vestido negro. Blair, quien minutos atrás le había dicho a Sir Irons y al mayordomo, en qué dirección había visto marcharse a Integra en compañía de Charles, sin embargo, el que Alucard estuviera allí, no era parte de su plan porque...

─ ¡¿Pero qué?! ... ¡Dios mío, ampárame! ─ exclamó un sir Irons horrorizado ante la escena que tenía ante sí: Integra rogando por piedad debajo de un Charles totalmente fuera de sí mismo, ebrio, desaliñado y que evidentemente estaba tratando de forzar a la chica, pero que hasta el instante que vio a su padre y a Walter frente a él, no recuperó la consciencia para comprender lo grave de su situación, y no terminó de aterrizar en la realidad hasta que el mayordomo corrió en pos de su ama.

─ ¡Sir Integra! ─ exclamó el fiel sirviente antes de lanzarse hacia donde ella se hacía ovillo para llorar, asustada y aliviada por igual.

─ ¡¿PERO QUÉ DEMONIOS ESTÁS HACIENDO, CHARLES?! ─ un sir Irons totalmente ofuscado, furioso, desconcertado. Walter juraba que ni en el momento más aciago de la guerra lo había visto así ─ ¡CONTÉSTAME! ─ se hincó y tomó por las solapas al estupefacto jovencito que no hacía otra cosa que mirarlo fijamente, moviendo negativamente la cabeza, hasta que el viejo caballero no pudo más y le propinó una fuerte bofetada que hizo romper sus labios.

─ ¡Alucard por favor, veas lo que veas no vayas a...! ─ la expresión de asombro y susto de Blair al detenerse justo detrás del vampiro adolescente que había entrado para mirar el momento en que sir Islands le rompía la cara a su hijo. El vampiro que sentía que la sangre se le agolpaba en la cabeza como si dentro tuviera un misil; que sus músculos se tensaban y su sangre hervía; que miraba a través de sus ojos inyectados de sangre el espectáculo de Walter ayudando a una golpeada Integra de ropas desordenadas ─ ¡Alucard, no! ─ la joven se abalanzó sobre él, de frente, apoyándose en sus hombros ─ ¡no lo hagas, yo sé que tienes muchas ganas y se lo merece, pero no lo hagas, por favor! ¡Piensa en Integra!

Esos eran los desesperados intentos de Blair Georgiana por frenar la ira del terrible asesino vampiro al que acaban de provocar el más terrible de sus impulsos de matar. Que entraba a la habitación con lentitud, a segundos de asesinar, paso a paso, mirando a Charles como se mira al más ínfimo y desgraciado de los seres sobre la Tierra, hasta que la voz de Integra le hizo volver en sí:

─ ¡Detente Alucard, es una orden! ─ la joven ya de pie, limpiando su rostro con las mangas de su saco arruinado. El vampiro reaccionó y distinguió a Sir Irons suspirando como aliviado al haber escuchado la orden de Integra, y aún sostenía al terrible jovencito por el cuello de la camisa.

─ ¡Integra! ─de un salto Alucard fue junto a ella quien era resguardada bajo el abrazo cálido de Walter. La observó, golpeada, desgreñada, violentada. Apretó los puños, hizo rechinar los dientes, todos sintieron el efecto del enorme poder del vampiro pues la lámina de los casilleros comenzó a vibrar. Alucard se volvió a mirar a Charles Islands que era obligado a ponerse finalmente de pie por su padre quien estaba al borde de las lágrimas por el disgusto y la decepción.

Blair fue hasta donde su amiga, levantando sus gafas del suelo y procurándole sus preocupaciones, exclamando sus pesares al verla en tan mal estado y un: ─ Vámonos ya, ¡tenemos que llevarte a que te vea un médico!

─ ¡Estoy bien! ─ Insistía ella aún sin poder incorporarse del todo debido al dolor abdominal que le provocó el puntapié, pero ante la insistencia de su amiga, discretamente tuvo que guiñarle un ojo ─ de verdad, no quiero ir al doctor ─ le dijo en voz queda.

─ ¡SIR ISLANDS, EXIJO UNA SATISFACCIÓN! ─ decía Alucard plantado frente a él, señalando con el dedo índice. Detrás pudo ver a un Charles que se enjugaba la sangre de la boca con la manga de su camisa.

─ ¡Yo también, lord Alucard! ─ harto, exasperado exclamó el sir por contestación, firme y solemne ante el gran vampiro ─ ¡no crea que voy a pasar por alto los horrores que he tenido que presenciar durante todo el día de hoy! De mi hijo me encargo yo, ¡la Casa Islands no quedara en deshonra por la falta de uno de sus herederos!, ¡pero usted y yo tenemos muchas cosas que tratar, me parece, milord! ... ¡Contigo también Integra! ─ el largo dedo índice de sir Irons apuntó hacia ella que aún permanecía aturdida por el ataque ─ ¡ahora irás directo a un hospital! Walter, hazte cargo... ─ el sirviente asintió, Integra iba a protestar, pero fue callada por el viejo amigo de su padre ─ ¡no está a discusión! ¡Esta noche hago uso de la potestad que tu padre me dio con su última voluntad y voy a tratar de velar por tu bien hasta donde me sea posible quieras o no! ─ y la rubia enmudeció. Walter volvió a asentir ante la nueva mirada de autoridad de sir Hugh, y con dulces palabras se llevó con lentitud a Integra. Blair guardó un silencio que sólo rompió para decir en voz queda a su amiga, que lo mejor era buscar salir lo más desapercibidos. Walter estuvo de acuerdo y propuso ir rápidamente por el Roll Royce y acércalo lo más posible a las inmediaciones de ese edificio.

Mientras tanto: ─ En cuanto a ti, ¡fuera de mi vista Charles! Ya he telefoneado a Leonard y vendrá aquí ahora mismo. Me esperarás en el auto, ¡tú y yo tenemos muchas, pero muchas cuentas que arreglar! Esto tendrá consecuencias permanentes, Charles, ¡esto tenlo por seguro!

El inicuo joven tragó saliva, mirando impasiblemente a su padre, pero no se atrevió a replicar nada, sólo asintió en un rictus de pesada expectación.

Y poco después de que Blair le aconsejó a su amiga irse ya, antes de salir, Integra se detuvo y dijo: ─ Hasta luego sir Irons, ¡me iré! Creo que usted tiene mucho de qué hablar con su hijo...al que, por cierto, acaba de conocer.

Al escuchar eso último, ambos, padre e hijo voltearon a mirarla, sir Irons con dolor, Charles con rabia. El viejo Sir volvió el rostro, seguro de que las lágrimas pudieran estar a punto de traicionarlo, pero Charles no le quitó los ojos de encima a la rubia. Antes de eso, antes de que la joven heredera se fuera, aprovechó la distracción del viejo caballero que ahora se dirigía a rey vampiro: ─ Lord Alucard, debe quedarse, ¡lo que vamos a tratar no puede esperar! ─

Aunque el rey no muerto apenas podía contener la desesperada ira e indignación que lo consumía, haciendo caso omiso, dispuesto a largarse de allí, antes de que la rabia terminara por vencerlo e hiciera algo que le trajera más problemas a su ama.

Integra contestó la mirada de Charles, moviendo los labios pausadamente: "¡caíste!" Susurró que acompañó con una maligna y muy satisfecha sonrisa, antes de desaparecer por el umbral de la puerta.

Continuará...

Este fan fiction evita a toda cosa ser una apología a la violencia, pero sí una crítica contra la impunidad de la que gozan muchos al pertenecer a determinada clase social o económica, como el caso de un miembro de la nobleza.

De la canción de Rod Steward, hay una anacronía porque fue lanzada en 1996, pero me gusta y pues la puse! ^^u

Pues con este capítulo termina el baile!

Reviews:

Julieth. Como comenté, cuando publiqué el anterior capítulo, yo ya había escrito más de la mitad de este, y lo digo porque no creas que cambié cosas adrede para no darte gusto XD. Me alegro que te haya gustado la canción de Elton John, cuando salió la escuchaba el el soundtrack de El rey león cuando era chiquilla (precisamente el Rey León se estrenó en el verano del 94, wow!), así también espero que les guste la canción de Rod Steward. Sobre la reacción de Charles y como se ha resuelto ese embrollo, espero que les guste, es una cosa que se me ocurrió desde que Sir Irons lo regaña porque cree que ha sido él quien se ha "comido la torta antes del recreo", y espero que me haya quedado bien =P. Sobre los momentos románticos Alutegras, pues ya los tengo pensados desde hace un tiempo, sólo hay que esperar un poco para leer. Gracias por tu review y nos estamos leyendo.

Yimena. No sé que decir con respecto a Charles, porque yo desde el comienzo lo planee con un fulano malo, malo como la carne de cochino, y así. Y bueno! He de confesar que dudé entre que hiciera lo que hizo o que sólo quedara en ..bueno, las bofetadas, pero al final me decidí porque quería que de verdad fuera despreciable, y que de verdad se le cayera la mascara, en fin! Espero que te guste este capítulo. Acerca de los extraños rondando, en el próximo capítulo todos entran en acción, esto ya se desmadeja, y sólo espero no estar siendo tan predecible. Muchas gracias por tu review :)