La madrugada recrudeció hallando a Alucard dormitando en intervalos de un sueño ligero. Cuando cerraba los ojos y lograba conciliarlo, llegaban a su subconsciente retazos de pasado, los abría entonces para mullirse en el cuerpo tibio de la doncella que dormía a su lado. "¡Me has robado lo poco que me quedaba!" Pensó antes de pasar un brazo por el talle y asirla mientras aspiraba el aroma de su piel limpia, y su sangre joven, pero ella, reconfortada por la curación divina, dormía profunda y tranquilamente a pesar de todo. En un momento, el gran vampiro volteó hacia la ventana. La aurora aún no se anunciaba. Aburrido, creyó buena idea echar a dormir al fin, no le vendría mal. Cuando se disponía a hacerlo, Integra comenzó a moverse. Él la vio abrir poco a poco los parpados, mirando a todos lados, hasta que volteó detrás de ella y lo halló. Se dejó recostar boca arriba sobre su almohada sobando sus sienes, como si estuviera recordando todo lo ocurrido hacia unas horas. Volvió a cerrar los ojos y suspiró: ─ ¿A qué horas son?
─ Van a dar las seis de la mañana, ¿no crees que puedes dormir hasta tarde, aunque sea por hoy?
Volvió a suspirar, aún sin abrir los ojos: ─ ¿Ha regresado la electricidad?
─ No…
─ …Alucard…
─ ¿Qué?
─ …Quiero contarte ahora mismo lo que Asmodeo me mostró. Necesito decírselo a alguien.
─ Te escucho… ─ buscando su cercanía, él recargó la mejilla en el delgado hombro de ella.
La joven colocó las manos sobre su regazo, y comenzó a relatar con todos los detalles posibles lo que había visto, sentido y percibido. Le narró cada horror que presenció, el repentino cambio de escenarios, y los personajes que la visitaron.
─ …Y vi a mi abuelo… Abraham…
─ ¡Eeegh!
─ ¡Agradece a él mi existencia, Alucard!…
─ ¡Bueno sí!... Continua…
─ Sin embargo, no se me ocurrió preguntarle qué fue lo que hizo para enojar tanto a Asmo…
─ Mejor ya no digas su nombre, si lo pronuncias tres veces…
─ ¡No me digas que eso es verdad!
─ ¡Pues sí te digo!
─ ¡Está bien! No sé qué habrá hecho mi bisabuelo para hacer enojar al fulano ese.
─ Tu abuelo exorcizó a un marido que intentaba ultrajar y no sé qué otras cochinadas a su joven esposa. Era una pareja muy joven de la burguesía. ¡Había de todo! Celos, riñas, golpes. La esposa estuvo a punto de huir hasta que una madrugada escuchó a su marido hablar dormido en una lengua extraña. Eso los llevó a buscar ayuda contra lo paranormal, lo cual los trajo hasta el viejo Abraham que tuvo la ocurrencia de efectuar el exorcismo al incauto, ¡y le funcionó! Así, quien tú sabes fue echado de ese hogar, pero deseaba tanto a la esposa que le juró venganza a tu bisabuelo. Le hizo manifestar por medio de algunas creativas maneras, que se vengaría en esta vida, la otra y por varias generaciones.
─ ¿Creativas maneras?
─ Mató a sus mascotas, pintarrajeó las paredes de la casa con sangre, se manifestaba en las noches, ¡hasta llegó a empujarlo por las escaleras, a lastimarlo mientras dormía y a tratar de abusar de tu bisabuela! Luego Abraham no tuvo más remedio que pedir ayuda "profesional", y así fue como vino a dar hasta el obispo de Canterbury a bendecir la mansión y toda la cosa…Muchos años después pasaría algo similar con tu abuelo y tu padre… Y antes de que empieces a hacer conjeturas, ¡te juró que no calculé que…lo nuestro fuera a desatar el poder del demonio nuevamente! Creo que lo olvidé. Olvidé la maldición sobre la familia ─ se rascó la nuca. ¡En verdad había tantas cosas en su mente! Recuerdos que se iban, otros que se quedaban, y entre toda esa maraña de memorias, de verdad se olvidó de los acosos infernales. Sería porque nunca le habían importado demasiado, hasta que llegaron a esa época, hasta que llegaron a Integra.
─ ¡Está bien! De todas formas, tarde o temprano habría ocurrido… ¡contigo o sin ti!
Alucard la miró muy fijamente: ─ Porque … de todas formas habrás de desposarte, ¿no?
Ella, ya incorporándose, tan sólo se encogió de hombros. Alucard vio su silueta aún desnuda recortarse contra la luz del alba que las cortinas ya filtraban desde el horizonte. Integra cogió del buró un vaso con agua, bebió un poco y volvió a recostarse, hallando cerca de su almohada, la parte superior de su pijama.
─ Nada te daba derecho a romper los botones de esta camisola, ¡de verdad!
─ ¡Rompería algo más que eso si por mi fuera! ─ se rio tan malicioso como siempre, a un centímetro del rostro de ella, mientras la envolvía entre sus brazos, y besaba sus mejillas.
─ ¡Me imagino que sí!... ─ "¡qué bueno que ya comienzas a ser el de antes!" Pensó mientras se dejaba besar y le acariciaba el rostro ─ ¡En fin! Alucard, tienes que saber que Sixtina estuvo anoche en la pelea… y que también me ayudó…
─ Sí, lo sé ─ dijo apagando la mirada ─ me lo dijo hace un rato la banshee.
─ Sé que te duele que así haya sido, Alucard, ¿por qué …? ¿por qué no me cuentas que historia hubo con ella? ─ acariciaba los labios de él con su pulgar.
La miró unos segundos: ─ Porque no es una que disfrute mucho contar… pero lo haré si quieres… ─ le tomó un momento, luego comenzó a relatar grosso modo toda la anécdota, que terminaba hasta la tarde en que la rencontró en el centro de Londres.
Integra escuchó cada palabra, se conmovió sinceramente al saber que una mujer, a fin de cuentas, noble de corazón, hubiera padecido tantas injusticias a todo lo largo de su vida.
─ ¡Alucard, qué reverendo pendejo fuiste!
─ Lo sé, ¡lo sé!... Es como si me mereciera todo lo que me ha pasado, ¿verdad?
─ ¿Todo sufrimiento sobre la Tierra es justificado?
El vampiro no supo que contestar ante eso último. Lo que había escuchado hacía algunas horas: ─ Eso dicen… ─ su mirada contempló tristemente a la nada.
─ ¿Y por qué no me dices que fue lo que supiste anoche? ¿Qué te dijo el demonio para causarte tanto dolor? ─ Alucard se quedó callado un momento, luego trató de suspirar hondo: la tristeza seguía aún allí, en realidad nunca se iba por completo. ─ ¿es que no confías en mí? ─ la joven se acercó un poco más a él hasta que ambos rostros estuvieron a dos centímetros de distancia sobre la almohada.
─ Sí confío en ti… Pero verás… ─ hizo otra pausa, era extraño, algo le impedía simplemente hablar de ello, aun así, necesitaba contarlo, ¡liberarse de esa carga! ─ es todo acerca de mi pasado, y todo acerca de mi presente … lo he venido omitiendo la mayor parte de mi existencia ─ Integra le escuchó atenta hasta la última palabra. Él le contó todo el asunto de la apuesta y de cómo su alma ya se hallaba comprometida con los mismísimos amos del mundo y de la raza humana. También le contó lo que le dijeron los arcángeles, (aunque se guardó aquella recomendación que le dieron de amarla. No quería que ella sacara conclusiones erróneas), y para finalizar, le contó acerca del día en que la cruz de la princesa Vasilisa se rompió. Maquinalmente se llevó la mano al pecho para tomarla entre sus dedos, y entonces recordó sus oscuros años en cautiverio y todos los suplicios. Integra, al ver su mirada supo que no debía de tratar de escudriñar ya más en su silencio, por el contrario, suspiró y sonrío sutilmente: ─ Tú mismo me dijiste la otra noche, que el pasado, pasado era, ¿pero sabes que es lo positivo de todo eso? ─ colocada encima de él, recargó la barbilla sobre su pecho, él la observó confundido ─ que Asmo…bueno, que el diablo ese, ¡no le puede poner las manos encima a tu alma!
─ Eso aún está por decidirse…
─ Así será, ¡su gran amo no va a dejar que alguien lo supere! ─ le dedicó otra sonrisa y una nueva caricia sobre la mejilla pálida del vampiro que al recibirla sólo cerró los ojos. Ella le dio un beso en la frente, luego otro en los labios que correspondió con entusiasmo, y así hasta que se quedaron dormidos.
XXXI
Embrujos y confesiones
Charles Islands entró al emblemático despacho principal de la mansión con un gesto de desagrado y anticipado enojo. Inhaló y exhaló profundo mirando al techo cuando la manija giró en su mano. Traspuso el umbral como si entrará al juzgado de una Corte penal. Lo halló aún vacío. Eran las nueve con cincuenta y cinco. Su padre le había dicho que hablaría con él a las diez en punto, y la famosa y renombrada puntualidad británica le dio tregua de unos minutos para observar con detenimiento el lugar de retratos, trofeos y armas. Vio los escudos que de tan bruñidos parecían espejos; vio las espadas en la pared; las antigüedades bélicas atesoradas por tres generaciones de Hellsings; y las cabezas de los trofeos de cacerías sobre anaqueles con tomos y enciclopedias, donde halló la vieja colección de fotografías de sir Arthur. Allí entre los rostros más importantes para el difunto, halló, por supuesto a su padre a lo largo de varios retratos. Desde el jovencísimo etonian en el patio principal del colegio, hasta el hombre maduro que acompañó a su mejor amigo el día de su boda. "¡Cómo te ves me vi, como me veo te verás!" Le había dicho sir Irons más de una vez. Verdad innegable, ¡terrible presagio! Con rapidez quitó la vista de la fotografía de su padre. "¡Yo no soy como tú!" Y luego no pudo evitar mirar de reojo a Sir Arthur con la pequeña Integra en brazos, una niña de tres años peinada de coletas, con vestido de crinolina de tul rosa. Sonreían a la cámara. Charles rio de ironía.
El sonido del pasador de la puerta se hizo escuchar y allí tuvo a su padre, justo debajo del retrato de la desaparecida señora de la casa. El viejo caballero irguió el pecho y agudizó el gesto severo antes de pasar, cerrar tras de sí y caminar hasta llegar frente al elegante escritorio, frente a su hijo.
─ Charles, ¿cómo te sientes? ─ El joven asintió, miró su brazo vendado, dijo que no era nada, y se encogió de hombros incitando a que el viejo sir abordara el meollo de esa entrevista ─ bueno, no todo lo que diré es contra ti, ¡admiré como te comportaste contra esos asesinos! Dentro de tu terrible personalidad hallo valor espartano ─ el chico se rio incrédulo ─ ¡pero como te dije anoche justo antes de la emboscada…tampoco he hablado en forma con Integra y no sé qué planee hacer, si ella decide ventilar esto ante la justicia, no seré yo quien lo evite! …
─ Sí, sir Irons, ¡ya lo dejaste demasiado claro! De verdad…
─ ¡¿Quieres dejar de poner ese maldito gesto ufano y pagado de ti mismo, Charles?! ¡Lo que hiciste no tiene nombre! ¡No sé porque diantres tienes esa actitud orgullosa! Eso es lo peor de todo el caso, ¡que puedo ver en tus ojos que no te arrepientes!
─ ¡Me arrepiento, pero de haber sido tan estúpido como para caer en la burda trampa de Integra!, ¡de eso sí! De lo otro… padre, ¿qué quieres que te diga? No es algo que tenga necesidad, pero… ¡eso de tomar a una mujer si se me da la gana, no sé si es algo que nunca voy a volver a hacer!
Y la sonrisa de maldad y cinismo dibujada en el rostro del jovencito le causó al sir tal repelús y aflicción, que, por una inercia nacida desde el fondo de su desencantado y adolorido corazón, no pudo evitar estampar una segunda sonora bofetada en el rostro de su hijo, la cual hizo gíralo, y sangrar la boca de nuevo. Charles apretó los parpados con tal de no proferir ninguna queja. Había dolido mucho, pero estaba seguro, no más de lo que le dolía en el alma a su padre, al cual miró de reojo mientras girabag.
─ ¡¿Quién eres, Charles?! Dios me ampare, ¡cómo me he equivocado contigo! ─ los cansados ojos azules perlaron lagrimas ─ he estado ciego durante tantos años… ¡que no me di cuenta en lo que te llegaste a convertir!
─ Bueno, ¡cómo bien dijo Integra! Las máscaras ya cayeron, ¿qué quieres que te diga, padre? No voy a pedir perdón porque no estoy arrepentido, ¡ella se lo merecía por zorra! ¡Se merecía las bofetadas que le di y todo lo demás! No es la doncella pura que tú creías, ¡qué más da si juega a la perversa con su mascota? ¡De mí no se iba a reír! ... Y antes de que quieras golpearme de nuevo, ¡excúsame, pero no pretendo ni quiero seguir jugando al hipócrita enfrente de ti! ¡No tiene ningún caso ya! ¡Haz conmigo y de mi lo que creas más conveniente, pero terminemos con esta ridiculez ya! ¡No soy el hijo bueno y obediente ni el gran caballero que te hubiera gustado! Asúmelo y decide…─ el sir tuvo que quitar sus gafas para detener las lágrimas que ya no pudieron contener sus ojos. El joven exhaló un suspiro ─ lo único que lamento es que te hayas tenido que dar cuenta así, ¡no era mi intensión que te constaran mis verdades! De cualquier manera, ¡siempre habías estado muy lejos de llegar a saberlas! Tal vez si no hubiera sido por Integra, nunca te hubieras percatado, ¡te engañabas a ti mismo, sir Irons! Aún no lo sé con certeza, pero tuviste un motivo fuerte para dejarme crecer solo, con criados e institutrices, en colegios caros que pagaste sin ningún problema para que alguien más se hiciera cargo de mi ─ volvió a encogerse de hombros ─ lo siento mucho padre…
Cabizbajo, el caballero levantó la mirada y asintió: ─ Lo admito… ¡efectivamente tu maldad es mi culpa!
─ ¡Pero no te preocupes! Es algo que pasa con casi todos los hijos de la Alta Sociedad, ¿o no? Nacemos con un objetivo claro ─ la sonrisa amarga y cínica del chico─ Venimos al mundo porque tenemos que heredar, ¡la riqueza y el poder no se echan en saco roto! Somos el requisito que hay que llenar, ¡todos nosotros! ─ con un ademán comenzó a enlistar ─ ¡Robert, Ralph, Margaret, Catherine, Blair, Integra y etcétera, etcétera! Luego a veces uno se pregunta: ¿cuántos de ustedes, nuestros padres, se querían de verdad? Pero si piensas que yo no sé qué te casaste con mi madre por deber y por despecho, ¡entonces de verdad me subestimas!
Hasta entonces, el Sir levantó la mirada, sorprendido: ─ ¿Qué has dicho?
─ Que mi madre fue tu segunda opción en la vida. Que te desposaste porque tenías que perpetuar el apellido de la Casa, y no porque quisieras, ¡eso me hace la única cosa que te ha salido mal en tu vida perfecta de caballero, verdad papá?
─ ¡No, espera! ¿Quién te dijo eso?... ¿quién..?
─ ¡Eso es lo de menos! Lo escuché algunas veces de los criados mientras chismeaban entre ellos: que hubo una dama a la que amaste de verdad, pero no fue mi madre… ¡mas no te mortifiques! Mejor siéntete aliviado de cargar un secreto menos sobre tu alma, ¡y no! No sé quién fue la mujer en cuestión, ¡mejor así! Yo comprendo que en nuestra clase el deber viene antes que el querer ─ asintiendo, mirando fríamente a su padre, el joven, indolentemente sacó un cigarrillo del bolsillo de su hoddie, y lo colocó en la boca mientras buscaba su encendedor en sus jeans…
─ ¡Te he dicho mil veces que odio que fumes enfrente de mí! ─ enojado por todo, el sir retiró el tabaco de la boca de su hijo con un manotazo ─ ¡y de verdad espero que hayas terminado tu juicio contra mí porque ahora es mi turno! ¡No puedo negarte el derecho a tus reproches, ni siquiera por el simple hecho de que soy tu padre y sólo por eso tendrías que morderte la lengua antes de atreverte a hacerlos! ¡Está bien! ¡Lo admito ahora mismo! Es demasiada fehaciente la prueba de que durante dieciocho años fui un mal padre, ¡uno despechado e indiferente! ¡Y ahora la vida que me resta no me alcanzará para terminar de pagarlo! ─ comenzó a andar alrededor de su vástago ─ ¡que tenga ver a mi hijo, el único heredero de mi nombre, convertido en nada más que un canalla y un patán! ¡Oh mi Dios!... ¡Ojalá que nunca te llegues a hallar en mi lugar, ojalá que nunca ningún hijo o hija tuya te deshonre de esta manera! …─ hizo una pausa, volvió a enjugarse las lágrimas ─ ¡un hijo ingrato no merece el sufrimiento de su padre!... Si tu corazón es malo, llegará el momento en que tengas que pagar las consecuencias de tal, ¡lo cual no me complace, sino todo lo contrario! Pero Charles, ¡tal y como son las cosas, no puedo dejar que heredes mi lugar en la Mesa Redonda! ─ Al escuchar eso último, el joven cerró los ojos para que no notara como se tragaba de un golpe bajo─ ¡no voy a ponerte en el lugar de un caballero! ¡No voy a ser cómplice de tal mentira!
─ ¿Y alguien como Integra sí?
─ Integra se ha ganado su estatus sin lugar a discusiones, y lo refrendó anoche. Ha puesto de manifiesto ante todos y ante todo, que no puede haber otra persona mejor que ella para ocupar su cargo, ¡y no ha necesitado la condescendencia ni el favor de nadie para afirmarse! Ni siquiera el mío o el de cualquier otro caballero.
─ ¡Pero le darías tu favor si por ti fuera!
─ ¡Su posición yo no la decidí, yo no la heredé! ¡Integra no es mi hija, aunque pudo serlo!
Boquiabierto Charles escuchó eso último: ─ ¿Qué…qué dijiste, papá? ─ El sir tan sólo cerro los ojos percatándose de su error, mascullando "¡maldición!", al tiempo que Charles, con la mirada desorbitada y la boca abierta no daba crédito a lo que había escuchado, y con esa expresión se giró lentamente para observar el retrato a sus espaldas, el de la mujer apiñonada de cabello negro que le diera la vida a la joven heredera. Así se quedó contemplando a la dama de exótica belleza, descendiente de un majarash, y así le bastaron unos segundos para hacer sus conjeturas. Luego se volvió a ver a su padre que le devolvió la mirada con un gesto que decididamente admitía lo que el joven estaba pensando ─ ¡diablos! ¡diablos, diablos!… ¡Ahora muchas cosas tienen sentido! ─ el chico se dio media vuelta dispuesto a salir de inmediato del despacho. Sus ojos se toparon de repente con la fotografía de bodas de Sir Arthur, donde su padre era el único que no sonreía, pero ¿quién podría sospechar de la seriedad del caballero Irons, después de todo?
Charles iba a seguir de largo cuando su padre lo detuvo.
─ ¡No he terminado de hablar!
─ ¡Mejor ya déjame en paz, papá!
─ ¡Regresa aquí inmediatamente a menos que quieras que te diga enfrente de todos los presentes en esta casa, que tampoco apoyaré una carrera tuya en el Parlamento!
Entonces Charles sí se detuvo, pero ya sus emociones se desbordaban. Por fin había dejado su gesto petulante, ahora todas las verdades se agolpaban en su cabeza como un terrible terremoto que lo sacudía. Volvió a hallarse con su padre otra vez.
─ ¡Sir Irons, avísame de una vez por todas si me vas a desheredar y déjame ir ya!
─ No, no te voy a desheredar. Eres mi único hijo. Te quiero y siempre te querré. Podrás hacer la carrera que desees, ¡sé que llegarás lejos! Al morir yo, que tampoco será dentro de demasiados años, te quedarás con todo lo que es mío, ¡excepto con mi lugar en la Mesa Redonda! Ese le pertenecerá al primer hijo o hija que llegues a tener.
─ ¡Gracias, padre! ─ con mucha ironía ─ es lo menos que podrías hacer por quien hubieras preferido que fuera fruto de la madre de mi ex prometida … ─ movió la cabeza negativamente ─ ¡¿y que carajo es todo esto?!, ¿tú lo entiendes?
En ese preciso instante, detrás de la puerta:
Toc, toc, toc
─ ¡Sir Island, disculpe la intromisión, pero hay algo muy importante que debo decirle!
─ ¡Integra! ─ dijeron ambos a coro.
─ ¡Discúlpame, Integra, ahora no es un buen momento!
─ ¡Ahora tiene que ser, sir Irons, se lo pido, por favor! ¡No puede esperar!
El sir resopló levantando la vista al cielo como para rogar fortaleza. Con trancos se dirigió a la puerta para abrir. Al pasar junto a Charles le dijo: ─ ¡Si acaso dices algo de lo que acabas de descubrir, te juro que sí te desheredaré! ─ el joven tan sólo miraba todo con la misma expresión desconcertada, clavado a dos metros de la salida sobre la alfombra persa. Cuando el caballero abrió, la joven se invitó a pasar.
─ ¡Integra, los asuntos entre tú y mi hijo se zanjarán! Yo mismo he pedido a Su Majestad que se suspenda el compromiso entre ustedes, ¡pero de eso íbamos a hablar un poco más tarde! De eso y de otros asuntos, niña…
─ ¡Le ruego me disculpe, lamento interrumpirlo así! ¡Sé que le puede parecer el momento más inoportuno, y aun a riesgo de parecer una boba, tenía que venir a inmiscuirme en esta charla!… ─ decía sin despegar los ojos de sir Irons, sin siquiera haber volteado hacia Charles que la miraba como si no la conociera, más bien observándola sin un solo rasguño, usando el cabello corto. Sir Hugh, quien miraba tratando de comprender porque la joven deliberadamente sintió la necesidad de allanar esa discusión entre padre e hijo, sacudió la cabeza.
─ ¡Bien, niña, te escucho! Y date prisa porque estamos en algo importante…
─ ¡Yo me voy! ─ exclamó el chico.
─ ¡Tú te quedas!
Integra agradeció que así fuera, luego, suspiró profundo y dijo sin titubeos: ─ Sir Islands… ─ se volvió a mirar a Charles quien ahora la observaba expectante ─ vengo a confesarle que … que Margarett Parrish está embarazada de Robert Walsh.
Y de nuevo la quijada de Charles Islands se fue hasta el suelo.
-oOo-
Integra durmió un par de horas más en los brazos del vampiro, sin embargo, sus múltiples pendientes le impidieron holgazanear. En lugar de eso, perdió el sueño cuando el sol ya apenas subía por el cielo. Abrió lentamente los ojos para ver sus rayos filtrarse por la tela de las cortinas. Suspiró profundo y estiró las extremidades. Enredados en ella estaban los brazos de Alucard cuya mejilla apoyaba en su espalda, y las manos desinhibidas que descansaban sobre sus partes privadas.
─ Alucard ─ con el dedo índice pico su hombro para despertarlo, lo intentó una vez más, hasta que el rumano abrió los ojos que se clavaron fijamente en ella ─ es hora de levantarse…
─ ¡Apenas son las ocho de la mañana! ─ rezongó mirando el reloj en la pared de enfrente.
─ Alucard, ¡de verdad! ¡Me tengo que levantar, suéltame ya!
─ ¿Estás segura? ─ libidinosa deslizó una caricia por su entrepierna, ella ahogó un jadeo mientras él buscaba sus labios para callarla a besos, (o lo intentaba)
─ Sí, estoy segura… ─ dijo apenas pudo, entre la boca insistente de él, que como el continuase en lo suyo, un par de minutos después ella se liberó trabajosamente, cayendo boca abajo al suelo.
Alucard se rio al asomarse y verla levantándose al mismo tiempo que se ponía la ropa que allí yacía: las pantaletas y la camisa sin botones. Como desquite a la risa, ella tomó su almohada y la estampó con fuerza sobre el rosto de él.
─ ¡Lo digo en serio, sanguijuela! ─ unos almohadazos más mientras que él no hacía otra cosa más que hacerse un ovillo y reír ─ ¡también levántate, vístete y márchate de aquí ahora mismo! La puerta está bien cerrada, pero no creo que quieras que te hallen aquí echado y en "traje de Adán", ¡esa no es mi idea de discreción! ─ luego fue a buscar unos jeans, sujetador y camiseta en su armario. Alucard se levantó con un gesto de mala resignación ─ ¡eres como el más perezoso de los gatos! Quieres estar echado allí, ¡en mi lecho!… ─ ella se vestía detrás de la puerta del armario, y se calzaba con unos Converse rojos.
─ ¡Soy sensual y bello como gato, más bien! ─ él se cubría la desnudez que Integra evitaba ver a plena luz del día, volteando a otro lado.
─ ¡Sí, sí, sí, ya te vi!
Luego, con la mirada en el suelo, ella cerró su armario, y sin saber cómo, de repente lo tenía a un centímetro de distancia: ─ ¿no me vas a dar un beso de buenos días? ─ tomando su barbilla en la mano derecha
─ No Alucard, ¡no te voy a dar un beso de buenos días! ─ se deshizo de su agarre, y se dirigió al tocador. Su reflejo le causó un gesto disgustado.
─ Mejor buscas que hacer con tu cabello, Integra, ¡se te ve horrible! ─ al dar un paso, sintió bajo su pie un botón que pertenecía a la camisa que él había abierto a la fuerza la noche anterior, "¡los detalles siempre cuentan!", pensó, no lo dijo.
Desagradada, buscó un hoddie para esconder la cabeza en la caperuza, y fue hacer su cama, con un miedo disimulado de que se notara que no durmió sola. Alucard la observó esbozando una risa: ─ No te preocupes, ¡nadie se va a dar cuenta que estuve aquí! ─ aspiró el aroma en el ambiente: olía, efectivamente, a los afeites y el perfume de ella, pero también al de él. La rosa búlgara y el almizcle se fundían con el roble e incienso ─ ¡mejor abre las ventanas! Así como tip ─ ella le miró unos segundos, él le guiñó el ojo y con telequinesia hizo girar las aldabas y los pestillos de las ventanas para abrirlas de par en par, la brisa matutina entró ─ ¡bueno, milady! Nos veremos al anochecer ─ y antes de que ella pudiera evitarlo, él se teletransportó para darle un beso breve que duró un segundo, se separó, le sonrió y en un santiamén, se marchó de allí en medio de la nada, dejando a Integra desconcertada, con su colcha de damasco en las manos.
─ ¡Vampiro loco! ─ exclamó para sí misma.
Minutos después, salía de la habitación hacia la cocina. Al ir bajando por las escaleras un sabroso aroma a vainilla y harina la recibió. Escuchó el televisor de la cocina prendido, "¡al menos ya hay electricidad!", y a la primera tórtola que se encontró preparando hot cakes, le preguntó si Charles ya se había levantado, la chica le contestó que ya, que seguramente no tardarían en servirle el desayuno.
─ ¡Bien! ¡Yo tomaré algo ahora, aquí mismo! ─ Y siempre escondida en su hoddie, se sentó a la mesa redonda de la cocina a comer cereal con leche, a leer los encabezados de los diarios con el resumen del acontecimiento, y a ver dibujos animados. También escribió rápida una carta y pidió que la llevarán con rapidez a Bath, allí les narraba a sus amigos, a muy grandes rasgos lo que le había ocurrido. En eso, por la puerta de la cocina entraron dos tórtolas con expresiones de cansancio y malestar en sus pálidos rostros. Al ver a su ama allí, las chicas trastabillaron, se miraron asustadas a las caras, y dieron los buenos días para salir por la puerta del comedor, tratando de esconder su evidente resaca. ─ ¿y estás?
La joven que cocinaba le explicó que la intención de los soldados de celebrar la victoria se había cumplido, llevándosela hasta los terrenos de la Casa Astor donde el viejo Wallace había prestado su viejo fonógrafo, lámparas de aceite para alumbrar el patio, y donde había corrido la cerveza y el wiski, entre todas ellas, los soldados y los criados de la mansión vecina.
─ ¿Cortesía de la Casa Hellsing, no? ─ la sirvienta sólo se encogió de hombros con un cierto temor a confirmar ─ ¡ah, no importa! ¡Se lo ganaron en verdad! Después de todo lo que pasó, no podría enfadarme por botellas de alcohol ─ miró a la nada y se sonrió. A su manera, todos habían tenido un festejo vikingo, unos con una juerga, otros… ─ ¡ah, y otra cosa! ¿Siguen aquí los de Iscariote?
─ Atendidos en los cuarteles… ─ contestó la chica mientras ponía un plato de hot cakes y otro de fruta frente a su ama.
─ ¡Gracias, Anne!…
Integra terminó de desayunar lo más rápido posible, luego, terminando de beber un vaso con jugo de naranja, salió por la puerta de la cocina en dirección a la caba, donde tenía ocultos sus materiales y elementos para la hechicería. "Si no puedo entrar ahora mismo a la biblioteca a buscar el grimorio que me hace falta, ¡por lo menos comenzaré a preparar todo!" En uno de los bolsillos de su jean sintió la servilleta de papel que envolvía los cabellos de Charles. Absorta en el repaso mental de sus embrujos iba, trotando hacía la escotilla de madera a ras de suelo, cuando escuchó la voz del padre Morelli a sus espaldas.
─ ¡Boungiorno, milady!
─ ¡Buenos días, padre!
Se volvió rápidamente para ver al religioso andar hacia ella con una sonrisa amable, agitando la mano derecha. Caminaba bajo los rayos de sol de esa mañana bella, pisando el césped aún bañado de rocío. A su alrededor, soldados charlaban, iban y venían. Detrás de él pudo ver curas y monjas agrupándose, al parecer ya listos para partir. A un costado, de lado de los establos, escuchó las alegres charlas de otras tórtolas y de Theodore, quienes se dedicaban a tender manteles y sábanas blancas sobre tendederos, a sacudir tapetes y a pulir platería resplandeciente. Las miró de reojo, las sirvientas las saludaron y ella contestó antes de que el padre llegara justo frente a ella.
─ ¡Un gusto poder saludarla, lady Integra! ─ hizo una pequeña reverencia ─ sólo he venido a agradecerle las atenciones y a despedirme. Vuelvo a mi parroquia y mis hermanos a sus conventos y seminarios.
─ No tiene nada que agradecer, ¡es lo que recíprocamente me correspondía hacer luego de haber recibido la ayuda! Espero que no haya tenido bajas que lamentar.
─ ¡Un par de ellas!
─ Lo siento mucho… Los gastos funerarios… correrán por cuenta de la Organización, si usted lo permite.
El sacerdote negó con la cabeza: ─ Cada hermano o hermana de Iscariote, sabe que su vida siempre puede estar en riesgo, ¡ellos ahora están con Dios! Por lo que se refiere a los funerales, ¡pagados por la Santa Sede están!
─ ¡Bueno, en ese caso, esta sería la despedida, si no hay otro asunto que tratar, claro! ─ la joven le extendió la mano, la cual fue estrechada por el padre por unos segundos.
─ ¡Diré hasta luego! No creo que sea la última vez que nos veamos…
─ Según la misión de nuestras divisiones, no…
─ Lady Integra, ¡sinceramente debo decir que ha sido un gusto conocerla! En Roma pronto conocerán con todo detalle acerca de lo ocurrido anoche, de sus inusitadas hazañas y su valor porfiado, ¡déjeme decirle que es usted como una Juana de Arco inglesa!
─ ¡Por favor, padre, no exagere! Juana de Arco era una Santa.
─ ¡Una doncella guerrera!... Lo que nuestros ojos han presenciado, lo que su causa provocó, difícilmente tiene paragoge… ─ por supuesto omitió decirle que su alegría y satisfacción en mucho se debían a que el Vaticano se había llevado consigo pruebas irrefutables y científicas de "los milagros" ─ ¡le aseguro que sus rivales conocerán acerca de su reputación, antes que a usted en persona! ─ Y con una leve reverencia ─ sin más, ¡hasta luego, lady Integra Hellsing!...
─ ¡Hasta pronto, padre Morelli!
─ ¡Dios la guarde! ─ se dio la media vuelta para echar a andar sobre el césped, a donde su tropa lo esperaba para consumar su partida.
─ ¡Igualmente, padre! ─ Integra se colocó la mano sobre los ojos para poder observarlo a lo lejos sin ser lastimada por la luz del sol, cuando…
─ ¡Milady, muy buenos días!
─ ¡Walter! ─ ella contestó con una amplia sonrisa.
─ Milady, ¿cómo se encuentra?
─ ¡Muy bien! ¡Y tú!
─ ¡Tan bien como se podría esperar después de una refriega! Y muy efectivo el milagro de aquel buen desconocido, sin duda... Señorita, hay dos asuntos que debo comunicarle. El primero: el prisionero Gulio está en los calabozos del sótano, y a pesar de que trataron de alimentarle, se ha reusado a beber sangre, ¡mucho menos a decir algo!
─ ¡Gulio Cacciatore! Casi lo olvido ─ resopló, su mirada se ensombreció por el pesar del deber ─ ¡está bien! De cualquier forma, lo que le espera aquí no será agradable ─ pasó saliva. No era algo que disfrutara, pero tenía que hacerse. ─ esta misma noche, será interrogado… ¡y tú sabes lo que eso significa, Walter!
─ ¡Lo sé, milady! Siento que tenga que cargar con asuntos así.
─ ¡No importa! Es parte de mi deber…
─ Y el segundo asunto, ¡mucho más liviano! Vine para avisarle que ha llegado la peluquera que le arreglará… ─ el mayordomo hizo un ademán para señalar el cabello. ─ Theodore y yo llegamos a la conclusión de que necesita ayuda profesional. Acompáñeme, por favor.
─ ¡Qué considerado, Walter! ─ riendo con bochorno, la joven se encogió de hombros y siguió al fiel sirviente, mirando la escotilla y pensando en el grimorio que necesitaba, guardado en la biblioteca.
Diez minutos después, Integra era atendida por una joven peluquera que le dio su diagnóstico: tenía que dejar el cabello un poco más corto para lograr emparejarlo, de modo que cuando el trabajo estuvo terminado, Integra contempló en el espejo del recibidor un corte, que por detrás llegaba a su nuca, pero hacia el frente, lacio y pesado caía apenas a la altura de su mandíbula. Con un gesto de resignación resopló y se encogió de hombros: ¡iba a extrañar su larga cabellera dorada!
Luego por fin pudo entrar a su biblioteca, donde ya no estaban ni Charles ni sus pertenencias. Al pasar por el reloj de péndulo vio que eran las nueve con treinta. Al entrar al recinto de libros, fue a un lugar preciso entre los libreros, donde no tenía que buscar mucho más. El Legemeton que había sustraído de la biblioteca subterránea de Westminster, tenía las respuestas que necesitaba. Halló el sello del duque Abigor, y su conjuro entre las páginas del Ars Goetia. En algún otro grimorio de brujas tan viejo que las páginas amenazaban con resquebrajársele en las manos, halló el método y los elementos para lograr comunicarse con él: Velas amarillas, conjuro durante día para comunicarse con Abigor, demonio protector y consejero en asuntos bélicos y amorosos… "¡Bien! Ahora tengo que averiguar cómo hago contacto con el ángel Yhaliah…pero antes… ¡el hechizo silente!" Del bolsillo extrajo los cabellos de Charles, con ellos intentaría hacer un embrujo para evitar que el malvado jovencito revelara el secreto de Maggie y Bob. Sin embargo, la voz de sir Irons a través de la puerta cerrada, la interrumpió. Rápidamente corrió a asomarse por una rendija de la puerta semi abierta: Vio al Sir dar instrucciones a Walter para no ser interrumpido por ningún motivo pues tenía asuntos que tratar con su hijo, en el despacho principal. "¡Oh rayos! Ahora mismo, si Charles se ve acorralado, ¡puede soltar la sopa a sir Hugh tan sólo para fastidiarnos!" Miró de nuevo las hebras doradas sobre la servilleta en su mano. Luego se quedó considerando un plan más arriesgado: "tengo que jugármela el todo por el todo, ¡pero no voy a permitir que ese cabrón me chantajee de ninguna forma!" Suspiró profundo, luego, con los cabellos en el puño derecho, salió corriendo en dirección a la puerta debajo de la escalera principal que daba a la entrada de los sótanos, luego bajó cada peldaño con prisa, de un salto se colocó en el pasillo que daba a la celda de Alucard, al llegar empujó con todas sus fuerzas la maciza puerta y halló ante ella la guarida que hacía algún tiempo no visitaba, "¡porque él siempre es que el que sube a la casa!" Razonó, mientras trataba de acostumbrarse a la semi oscuridad que sólo palió encendiendo una de las luces verdosas. Vio los mismos muebles victorianos de siempre: los libreros, un sofá, la señorial silla de alto respaldo, y el ataúd al fondo, allí donde seguro él estaba descansando. Con premura se aproximó a levantar la tapa del féretro donde lo halló igual que si fuera una estatua de porcelana: dormido e inmóvil, boca arriba con las manos sobre el regazo.
─ ¡Ey, ey! ¡Despierta! ─ volvió a colocarse la caperuza del hoddie, tomó una de sus manos en la suya y la zangoloteó. El vampiro abrió los ojos de repente.
─ ¡Ah! ¿qué?... ¿Integra? ─ tratando de enfocar la imagen, modorro, apenas consciente.
─ No, ¡la reina Victoria! Anda vampiro, ¡despierta bien! ¡Tienes que ayudarme! ─ ante la mirada confundida ─ Te lo explicaré rápido: sucede que hay un secreto que Charles sabe y que no debe revelar, ¡pero como es un hijo de perra seguro lo hará a la primera de cambio! Acaba de llegar Sir Irons, seguro lo reñirá por lo que ha hecho, ¡entonces es muy probable que Charles aprovechará para decirlo todo!
─ ¿Decir que? ─ con los ojos entrecerrados, el vampiro se rascaba la nuca mientras se incorporaba tratando de comprender.
─ ¡Luego te cuento! Ahora, hazme el favor de hacerle un embrujo silente ─ y puso en la mano del vampiro la servilleta con los cabellos del chico.
─ Integra… ¡me estás dando cabellos del mocoso maldito y sólo me pides un embrujo silente? ¿Y qué pasa si en vez de hablar, escribe unas cartas, eh?
─ ¡Entonces haces un embrujo poderoso!... ¡Y nada más, Alucard! ¡Te prohíbo que intentes hacer una cosa peor! Sólo…sólo evita que hable… ─ el rey no muerto la miró receloso ─ ¡es en serio! Sólo eso, ¡él no debe revelar ningún secreto!... ¡Pero date prisa, por favor!
─ ¡Ya voy, ya voy! ─ se levantó poco a poco, arrastrando la pereza de su sueño truncado.
─ ¡Ahora me tengo que ir! Si no puedo evitar que se lo diga a su padre… ¡tampoco voy a permitir que me chantajee! ─ dijo ella corriendo hacia la puerta.
─ ¿Chantajear con qué? ─ mirándola de reojo, mientras se dirigía al baúl y a los anaqueles donde entre libros y grimorios, guardaba sus artilugios de brujo.
─ ¡Luego! ¡Ahora me tengo que ir! ─ dio un portazo y se fue. Él la escuchó correr. Él se aguantaba las ganas de hacerle a Charles Islands un embrujo tal que lo destruyera para siempre, que lo pudriera en vida o lo volviera loco de remate, pero se contuvo y limitó a las órdenes de la joven, sólo por no arriesgarla con ningún daño colateral.
"A ver… aaah, ¡está casi todo lo necesario!... pero… ¡no queremos que el infeliz pueda hablar pronto y fácil!, ¿verdad? Ni tampoco podemos confiar en que el carajito no pueda estar planeando otra venganza, ¡entonces tomémonos esto en serio, amadísima Integra! Magia poderosa, ¡oh sí! ¡Necesitamos brujería que surta efecto!" Con una sonrisa maléfica, tocándose la punta de la nariz con el dedo índice, Alucard miró los lomos de sus viejos grimorios, mas no tenía que estudiarlos, solo repasarlos en la mente, dejarse en claro algún detalle si así lo necesitaba. Su experiencia como hechicero y brujo lo precedía, era uno temible, adiestrado y malvado como pocos. "¡Lo tengo! Y no, no le haré daño… ¡no uno que sir Irons lamente demasiado!"
Con su habitual sonrisa maligna, salió rumbo a la superficie. Luego de que estuvo en la casa, salió por la puerta del gimnasio hacia el campo, "esto quedaría excelente con sangre y partes humanas, ¡no tengo tiempo que perder buscando algún candidato o candidata! Con un animal me tendré que conformar" Así siguió sobre el césped hasta la mansión Astor, donde sabía que el viejo Wallace criaba una pequeña granja.
Dentro de la mansión, Integra esperaba en las inmediaciones del gran despacho, el momento preciso de hacer su entrada. Se colocó lejana, no quería, por ningún motivo que la fuesen a hallar husmeando esa pelea privada entre padre e hijo. Desde su puesto en la desembocadura del pasillo apenas escuchaba el murmullo de ambas voces alteradas.
"En estos momentos no hay maneras oportunas de entrar". Se dijo así misma, luego, inhalando profundo, fue con determinación a tocar a la puerta. Insistió en entrar a pesar de que Sir Irons no quería permitírselo, donde él le abrió con un gesto descompuesto y le apremio hablar. Ella entró para decir clara y contundentemente la verdad, ante ese Charles que la miraba como si ella se hubiese transformado en un monstruo: ─ … ¡Margarett Parrish está embarazada de Bob Walsh!
Y la sorpresa del joven Islands de verdad que no tuvo límites, pero tampoco la de Sir Irons: ─ ¿Qué…qué has dicho, niña?
─ Lo que ha escuchado. Es algo de lo que me enteré recién ayer…
─ ¡No, no, pero…tiene que ser una de las malvadas bromas que suelen gastarse entre ustedes! ─ el caballero se llevó los dedos a la sien, y con lentitud fue a tomar asiento a la gran silla detrás del escritorio. Integra por un momento creyó que a su colega le iba a dar algo, pero aspirando profundamente, con los ojos al cielo, dijo con suma severidad ─ ¡acaso hay algo de lo que aún me deba enterar! ¡¿Qué carajo más quieren de nosotros, mocosos ingratos?!
─ ¡Perdóneme, sir Irons!, ¡perdónenos! ─ actuando un poco, aunque realmente estaba asustada, mortificada y en plena incertidumbre al no saber qué iba a decidir hacer el enojado caballero.
Charles ahora sólo miraba a su padre y a ella, aún sin poder salir de su propio desconcierto. "¡¿Fuiste capaz de entregar a tus propios amigos con tal de dejarme sin jugada?!" Y sus ojos azules se clavaron con incredulidad en ella, incluso con cierto temor. Ella recibió la mirada estando seria y fría, levantando la barbilla en señal de poder
─ Hay otro motivo el que te orilla a venir a hacer esta confesión no imprescindible y aquí, frente a mi hijo…
─ ¡Es cierto! Lo hubiese callado para no causar ningún riesgo a mis amigos, pero siendo chantajeada por Charles, decidí venir a contárselo de una vez por todas. Él, al no recibir ya nada de mí, sería capaz de contarlo a los cuatro vientos...
El joven hizo clavar las dagas que eran sus ojos, sobre la chica.
─ Chantaje…─ repitió Sir Irons moviendo negativamente la cabeza.
─ ¡Y tenías que venir a decirlo, maldita delatora! ¡¿Qué tal si no iba a decir nada?!
─ ¡¿Cómo podía estar confiada de algo que estuviera en tus manos?! ¿Cómo no esperar a que se lo fueras a contar al vicealmirante cuando pudiste hacerlo desde anoche mismo, producto de tu frustración y tu rabia?!
─ ¡Gracias al cielo que has logrado que disuelvan ese estúpido compromiso que había entre ambos, papá, ¡porque si no yo mismo se lo imploraría de rodillas a Su Majestad en persona de haber sido necesario!
─ ¡Charles!
─ ¡¿Qué pasa, padre?! ¡Esto es a lo que me refiero! ¿crees que no lo intenté? ¿Crees que no quise hacer cumplir ese compromiso y tu voluntad con ella?! ─ su dedo índice la apuntó.
─ ¡Oh no! ¡Claro que no lo hiciste! ─ replicó la joven, encarándolo ─ ¡desde la primera noche en que te conocí te dispusiste a ser el peor de los hombres que yo pudiera conocer! ¿Te acuerdas cuando dejaste que todos en el baile de primavera pensaran que habías hecho de las tuyas conmigo, en el jardín del colegio? ¿Como volviste ufano al salón para que todos y todas me fustigaran con su escarnio? ¡Jamás comprendí porque lo hiciste, pero me imagino que para vengar tu imbécil ego porque a leguas viste que yo no iba a ser fácil para ti!
─ ¡Claro que para mí no ibas a ser fácil, Integra! ¡Yo no soy tu mascota para que seas taaaan "accesible!
─ ¡Por supuesto que no! ¡Te lo dije anoche en el colegio, y te lo repito ahora delante de tu padre! ¡No eres ni la mitad de hombre que es Alucard!
Sir Irons se llevó la mano al rostro, por el bochorno, pero sin poder decir o contradecirla en nada. Ahora sólo observaba la discusión entre ambos adolescentes, mullido en el gran asiento, casi con miedo de escuchar la siguiente cosa.
─ ¡¿Pero es que eres tan descarada que lo admites?!
─ ¿Admitir qué, Charles? No tergiverses la situación, ¿Mejor dime que hiciste para que yo pudiera enamorarme de ti? ¿El beso robado que me diste delante de los fotógrafos de sociales durante el Baile de la Orquídea sólo para que todas las malditas del colegio me acosaran por meses con esas fotos en los diarios? ─ él sólo entornó los ojos y se sonrió, como si lo que escuchara fueran necedades ─ ¿o que tal esa vez que delataste a Bob con su padre por lo del BMW, en venganza de que no quiso hacerla de tu Celestino? ¡Llamaste a la casa Walsh para inocular tu veneno! ¿Disfrutaste mucho viendo como el vicealmirante lo golpeaba? ¿también disfrutaste volver a besarme a la fuerza en la pista del club de la calle Baker? ─ Sir Irons puso más atención─ ¿y qué tal esa otra vez que intentaste propasarte conmigo, en el club ecuestre, echándome en cara que sabías … que sabías lo que había pasado entre Alucard y yo? … ─ el caballero ya no sabía qué hacer, pensar o sentir, sólo los miraba a ambos detrás de las aberturas de los dedos de la meno que estaba sobre su rostro ─ lo que usted vio anoche en los vestidores del colegio, Sir Irons, ¡ya sólo fue la cereza en el pastel!
─ Y la tarde en que te amonesté porque creí que eras tú el causante del asunto, te adjudicaste la culpa y te guardaste la que sabías era la verdad, sólo por conveniencia, ¡por estrategia, vaya! ─ agregó Sir Irons moviendo negativamente la cabeza.
Charles no contestó, tan sólo torció la boca y tragó saliva, perdiendo la mirada iracunda matizada con el rojo de sus mejillas, luego sin decir nada más, los miró a ambos, a ella y a su padre, y fue rápidamente hacia la puerta del despacho.
El caballero no lo detuvo, pero sí le dijo antes de que cerrara la puerta tras de sí: ─ ¡Charles, te prohíbo terminantemente que digas algo acerca de Bob y Margarett, o vas a saber lo que de verdad es descender de la gracia de tu familia! ¿Entendido? ─ El chico sólo se volvió para afirmar con todo el recelo del mundo.
Estando a solas, ella volvió a tomar la palabra.
─ Sir Islands, ¡sólo a usted le debo explicaciones acerca de mi vida! Y cuando llegue el momento indicado, ¡se las daré! Disculpe estas escenas, ¡pero tenía que venir! Me estoy jugando el todo por el todo: el futuro de mis queridos amigos, ¡su confianza en mí!… pero también la que tengo en usted.
─ Integra, ¿estás consciente de que mi responsabilidad como amigo de sir Walsh, y como caballero, me obligarían a decir lo que me acabas de confiar? Puedo levantar el teléfono y marcar el número en este momento… ─ puso la mano sobre el auricular de la extensión que estaba sobre el escritorio.
─ ¡Pero no lo hará! ─ por fuera segura de sí misma, por dentro su corazón latía con fuerza ─ no lo hará porque antes que nada es usted un buen hombre, por eso acaba de prohibir a su hijo soltar su lengua viperina, y porque confío en que usted sabe de antemano la imprudencia que significaría contárselo al vicealmirante, así que apelo a su buena voluntad y le imploro que mantenga la información en secreto, al menos hasta que ellos estén a salvo.
─ ¿A salvo?
─ Sí… ellos…planean casarse. Bob no va abandonar a Maggie ahora … ─ la joven sólo bajo la mirada al suelo, sabiendo que había echado a la mesa de juego su última carta.
El viejo hombre la observó, suspiró profundamente, y acomodándose bien en la silla, prosiguió: ─ El detalle está en que… ¡dos familias estarán profundamente contrariadas por lo que ocurra a sus hijos!
─ Lo único que tendría que hacer usted es guardar silencio, hacer de cuenta que no lo sabe…
─ ¡Ahora me has hecho dueño de esa información! ─ negando con la cabeza ─ me has hecho responsable de lo que ocurra con dos jovencitos en una situación delicada…
─ ¡Pero sí callará! ¡No le dirá nada ni a los Parrish ni al vicealmirante!
Hugh Islands movió negativamente la cabeza: ─ Como lo has dicho, no soy esa clase de hombre que expone a un muchacho a la ira de su padre, a una joven a la desgracia, y … a una criatura a un destino incierto.
─ ¡Gracias, sir Islands, no tengo como darle las gracias! ─ realmente emocionada ─ ¡de verdad lamento todos los disgustos que le he causado!
─ Integra, ¡caray! Tú me causas de todo un poco, no sólo disgustos: preocupación, sorpresa, incluso admiración. La guerrera que vi anoche estaba muy lejos de ser la niña que ahora me suplica salve a sus amigos imprudentes, ¡pero eres la misma!
─ ¿Admiración? …Creí que…después de que yo sin querer le confesé … ─ no se atrevía a decirlo, sus mejillas se tiñeron, y negó la mirada.
─ No te juzgo, ¡ni me avergüenzo de ti, si es lo que te mortifica! Es sólo que…me preocupas profundamente. Te apreció mucho, Integra… ¡de verdad! En momentos te he visto como la hija que no tuve ─ ella apenas le miró, tratando de contener unas lágrimas en sus ojos. ─ y no sé si este sea el momento ideal para esta charla, pero… definitivamente tendrás que hacer algo por mi después de lo que yo haré por Margareth y Robert…
─ ¿Algo por usted?
─ Sí…por mí y por ti. Debemos tener otra charla, ¡cuando todos nos hemos calmado un poco! Ahora… ¡no sé ni qué demonios he hecho con mi papel de padre! ─ jugando con la pluma fuente de su amigo, se río de su desgracia porque no tenía más opción ─ a Charles, ¡a mi querido y apreciado hijo por quien tanto orgullo había sentido, es como si lo hubiera perdido este mismo fin de semana! ─ ella no pudo dejar de sentir pena ajena al ver el rostro adolorido del viejo caballero ─ y la verdad… ¡no quiero perderte a ti también! ¡No quiero que te transformes en algo que no debas ser! ¡Ni que cometas errores irreversibles! Sabes a lo que me refiero …─ ella asintió sin poder evitar que lagrimas resbalaran sobre sus mejillas, mismas que se apresuró a enjugar con la manga del hoddie ─ …Integra, dirás que soy un viejo antipático y frío, pero antes de estás arrugas, hubo un muchacho que reconoce esa mirada que has puesto, ¿en realidad te enamoraste, verdad? ─ La chica no tuvo más remedio que asentir con la cabeza, aunque siempre con la mirada baja. Sir Irons suspiró. ─ y sin embargo… el amor es diferente al simple enamoramiento, toma más tiempo llegar a sentirlo ─ poniéndose de pie, se dirigió hasta ella y tocó su hombro. ─ pero hay amores, niña, ¡que es mejor no llegar a sentir porque pueden destrozarnos el alma! ─ él sin querer levantó la vista para ver el retrato de la señora Hellsing ─ ¡hablaremos más y mejor de esto! Ahora me tengo que ir… ─ y echó a andar pausadamente hacia la salida ─ ¡todo saldrá bien con los chicos! Por cierto, ¿qué harás con respecto a la falta de Charles?
─ … El castigo que, estoy segura, usted le haya impuesto será suficiente…
Sir Irons comprendió que ella le devolvía así el favor de su silencio: ─ Gracias… ¡Hasta luego, Integra!
Y sin decir más, cerró la hoja de la puerta, haciendo tronar el pasador, ella escuchó los pasos alejarse. Ya en la discreción de la soledad, no pudo evitar echar a llorar en medio de los retratos de sus padres.
Afuera, en la entrada principal, Charles bajaba a prisa las gradas delante del pórtico, donde charlaban su chofer y una tórtola.
─ ¡No puedo continuar en esta casa ni un minuto más! ─ se decía a sí mismo, dispuesto a marcharse a pie hasta su propiedad.
─ ¡Charles, espera! ─ Pero el joven no escuchó el llamado que su padre le hacía ─ ¡Charles, nos marchamos ya, sube al auto!
─ ¡Caminaré! ¡Quiero estar solo, papá! ─ no bien había terminado de hablar, que de repente sintió una extraña sensación, como si sus pies se hubieran despegado del suelo, como si su cuerpo se hubiere vuelto tan ligero, casi tan imperceptible como el aire, pero no era eso, ¡ni mucho menos! Sino que de repente, se halló desplomado en medio del camino de adoquines, en medio de la voz asustada de su padre que gritaba su nombre mientras corría hacia él, del chofer que hacía algo parecido, de las tórtolas que igualmente exclamaron asustadas, pero cuando él quiso pedir auxilio a su condición inerte, con angustia se dio cuenta que era totalmente incapaz de hablar. Sentía como se hubiese convertido en una estatua rígida y estática, y ahora yacía sin sentido y lánguido en el suelo.
─ ¡Charles, por Dios!, ¡¿qué te ocurre?! ¡Anda, llamen a una ambulancia, o algo…! ─ ordenó Sir Irons a su chofer, pero antes de que continuase hablando, levantó la mirada hacia arriba, hacia una de las ventanas de la mansión donde se sentía observado. Lo que vio fue al rey no muerto asomado hasta la cintura. Estaba admirando el espectáculo como si de una grandiosa puesta en escena se tratase, en sus ojos había satisfacción y en su sonrisa burlona maldad. Entonces el Sir dejó de pedir ayuda. Acuclillado junto a su hijo caído, guardó silencio observando al vampiro, y lo comprendió todo en un santiamén. Se puso de pie, lo miró serio y escrutador.
Los gritos habían, sin embargo, llamado la atención, así fue que Integra salió corriendo para quedarse clavada en el pórtico: ─ ¡Sir Irons, lo escuché gritar!, ¿qué está pasan….?
Y un preocupado Walter asomó la cabeza por la misma ventana donde estaba el vampiro: ─ ¿por qué los gritos?, ¿qué ocurre? ─ preguntó al rey vampiro antes de mirar ─ ¡Por Dios Santo!... ─ le tomaron algunos segundos nada más ─ ¿pero qué es lo que has hecho, Alucard?
Él no contestó, tan sólo permaneció ufano contemplando a Charles tendido, inconsciente en el suelo, y por respuesta a la mirada escrutadora de sir Irons, tan sólo movió afirmativamente la cabeza, luego exclamó ante todos: ─ ¡Estará bien, Hugh! ¡Sólo permanecerá así unos días! No es doloroso, no necesita comer o dormir, ¡está en pausa, como hibernando!
─ ¡Alucard, le hiciste un embrujo! ¡Pero que!... ─ exclamó el mayordomo a lo que su interlocutor sólo le vio de reojo, con la misma sonrisa plena.
Sin poder salir de su sorpresa, la dama Hellsing, volteó a ver como el semblante de sir Irons se ensombrecía al mismo tiempo que sonreía, asintiendo: ─ ¡Puede que esto te impida hacer más diabluras, hijo mío!
"¡¿Qué!? ¡¿cómo puedes decir eso, padre?!" Charles, encerrado dentro de sí mismo: Consciente de todo, pero congelado en su propio cuerpo que ni siquiera lograba sentir físicamente.
─ Sir…¡Sir Irons! ─ Integra quiso decir algo, pero el caballero le hizo seña de callar
─ El vampiro ha hecho su trabajo, ¡tal vez le sirva de lección a mi hijo!
Enseguida ordenó que le ayudarán a echar al jovencito al auto. Lo hicieron entre Walter, que había bajado tan rápido como una bala, y el chofer de la casa Islands.
Sin decir más, el augusto hombre volvió a despedirse de la dama de la mansión con un ademán, subió al auto, y ordenó que se marcharan de una vez.
Desde la ventana abierta de par en par, Alucard los miró alejarse pensando: "¡por mi hubiera matado a tu engendro, sir Hugh!"
Continuará...
Hola a todos! Aquí va otro capitulo con todo y musica de La Rosa de Guadalupe en sus mentes para los momentos drámaticos.
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Yanina: Muchas gracias por la review! Y de hecho lo estoy terminando porque también para el fiquer es como triste dejar algo inconcluso, e igual, como lectora me ha pasado, que me han dejado esperando por un final para siempre y pues =(. Espero que te agrade este capitulo y gracias también por la felicitación
Karina: Gracias por la review! ;)
