XXXII
La tenacidad del demonio.
Integra fumaba cigarrillo tras cigarrillo. En el cenicero que tenía dispuesto en la mesita de centro, en medio de la biblioteca, se amontonaban ya media docena de colillas, pero la joven no tenía mente o corazón para hacer nada más. Ningún placer ocioso como leer o mirar el televisor si no tan sólo fumar, escuchar cintas en su Walkman nuevo, pensar y pensar en la reunión que había tenido con los Islands: "¡Hay amores que es mejor no sentirlos porque pueden destrozarnos el alma!" Ella sabía que había querido decir Sir Irons con eso, y no era tan soberbia para echarlo en saco roto, lo tomaba en cuenta: "el enamoramiento es distinto al amor". Cerró los ojos dando otra bocanada al cigarrillo para llenar sus pulmones de tabaco, y ver si así lograba mitigar un poco el efecto de ese otro intoxicante que se carcomía entero su corazón, de ese que se lograba evocar sobre ella, sobre su piel tan sólo al recordarlo: "¿Eres un enamoramiento pasajero, malvado príncipe rumano? ¿Una pasión adolescente o algo así?" Suspiró tan profundo como pudo después de exhalar el humo del tabaco, recordando las caricias del descastado en medio de la madrugada anterior y de aquella otra lluviosa noche. Se dejó recostar en el sofá, cigarrillo en mano, mirando las hermosas pinturas del techo como si fuera la vez primera. Acomodó los audífonos en su nuca, "¿cómo voy a saberlo si has sido el primer y único tipo en mi vida?"
Otra inhalación de cigarro, y pensó en los rituales que acababa de llevar a cabo para comunicarse con los "amigables entes": El sello del señor Abigor trazado con tiza sobre la duela de la biblioteca, las velas amarillas, la manera en cómo él se hizo escuchar a través de las llamas que formaron una lengua de fuego en medio de la cual ella reconoció la voz del duque general: ─ ¿Quién me llama? Responde y dime que deseas o déjame de importunarme.
─ ¡Soy Integra Hellsing! Me dirijo a usted con el atrevimiento de haberlo invocado, para agradecerle lo que hizo por mí en la pelea contra la condesa sangrienta.
Las llamas callaron por espacio de unos segundos, luego: ─ ¡Lady Hellsing? ¡Me agrada saludarla!
Maravillada por la magia que había conseguido conjurar, pero más maravillada por estar hablando con un ser desde otro punto del espacio y la existencia, la chica apenas ponía en orden sus pensamientos para intercambiar ideas con el Señor de la guerra, ideas que finalmente desenlazaron en un: ─ ¡Es una pena que no volvamos a vernos, Su Infernal Alteza!
─ ¿Quién dice que tiene que ser una lástima, milady? ¿o por qué, la de anoche, deba ser la última vez nos veamos?
─ ¡No lo entiendo, Alteza!
─ Usted, como humana viva y hechicera, tiene la facultad de invitarme a visitarla en carne y hueso cuando lo desee. Pensé que lo sabía…
─ ¡No, no lo sabía! En ese caso… ¿quiere venir a tomar el té conmigo está tarde?
─ ¿Por qué no? Usted sólo dígame la hora y el lugar, y le aseguró que a visitaré.
─ A las seis en punto… en la mansión Hellsing.
─ ¡Allí estaré! ¡Hasta entonces, milady!…
─ ¡Hasta entonces, Alteza!
La lengua de fuego se extinguió delante de sus ojos, apagando incluso las pequeñas llamas de las velas amarillas.
Luego de eso, se apresuró a montar el altar que necesitaba para invocar a Ylahiah. En una de las mesitas de la biblioteca puso mantel, velas y rosas blancas orientados hacia el Este. La respuesta de su cándido ángel de la guarda no fue tan espectacular como la del duque, pero sintió su energía llegar hacia ella cuando, después de haber orado de rodillas por ser escuchada, percibió un agradable cambio de temperatura, de ambiente y un aroma de flores.
─ ¡Ylahiah! ¿Estás aquí? ─ no hubo respuesta en sí, sólo esa aura de paz y alegría que la acompañó con el trinar de pájaros posados en las ramas de los árboles cercanos a las ventanas de vitral. ─ Ylahiah, ¡no sé si me escuchas, pero quiero que sepas que te doy las gracias por todo lo que hiciste por mi anoche, en la batalla! Y… ¡también quisiera decirles gracias a los arcángeles! A Saint Raphael por haberme sanado, a Saint Michael por haber luchado a mi favor y a Saint Gabriel por haber contribuido a la derrota del demonio, ¿se los dirás?... ¡quisiera verte otra vez! ¿Sabes una cosa? Invité al duque Abigor a tomar el té conmigo hoy a las seis, ¿vendrías tú?
Inmediatamente después de haber dicho eso, las siete velas blancas se apagaron al mismo tiempo. La joven las observó detenidamente por espacio de unos segundos, aguardando por otra manifestación, otra respuesta, pero ya más nada ocurrió. A su alrededor, la fragancia de flores se desvaneció y el ambiente regresó a la normalidad.
─ ¡Tomaré eso como un sí!
"¿Vendrá Ylahiah?! Se sonrió ante la expectativa, ante aquella que le producía esa ocurrente cita a tomar el té. Ahora, con el cigarrillo a punto de consumirse entre sus dedos, lo apagó contra el cenicero, se quedó allí recostada, cerrando los ojos cuando el ámbar, el roble y el incienso estuvo en todas partes, pero ella no abrió los parpados, suspiró profundo cuando la mano de él tomó las suyas sobre su pecho, y estampó un beso en sus labios cerrados. Ella abrió la boca por instinto, invitando a su vampiro a profundizar un beso, luego del cual ella abrió los ojos.
Reclinado sobre ese sofá que daba hacia la ventana, por vez primera en todo el día, el rey no muerto pudo observar el nuevo corte de cabello de su ama. La miró por espacio de unos segundos, luego dijo: ─ Integra, ¡pareces He-Man!
─ ¡Oye! ─ golpeó con su puño el hombro del gran vampiro.
─ ¡Pero es cierto! ─ él rio de buena gana ─ ¡tienes el estilo de He-Man!
─ ¡Pero que tonto eres!
─ Definitivamente voy a extrañar tu largo cabello…
─ ¡No estoy haciendo una encuesta acerca de mi corte, que yo sepa! Tu opinión sobre él es intrascendente. ─ sentada, se cruzó de brazos moviendo un nuevo cigarrillo entre los dientes.
─ ¡Está bien, está bien! ─ tratando de cesar su risa ─ Mejor dime, ¿qué te pareció mi embrujo?
─ Tal vez fuiste un poco lejos…
─ Pero estará bien, ¡no tienes por qué preocuparte del viejo Islands! A demás creo que él comprendió que su malvado engendro se lo merecía…
─ ¿Y por eso fuiste a asomarte a la ventana?
─ ¡Tenía que contemplar el resultado de mi obra! ─ no disimuló una sonrisa satisfecha ─ además, ¡así desahogas responsabilidades! Si sospecha que tú ordenaste embrujarlo, ¡sólo en sospecha se quedará! Por lo demás, ¡dices que fui yo el autor material e intelectual de tal castigo! ─ se encogió de hombros ─ ahora tienes tiempo para lo que sea que necesites.
─ ¡Bien, te lo diré ahora! Te diré porque necesitaba que Charles fuera silenciado ─ Alucard se echó sobre el sofá para recostar su cabeza en el regazo de ella ─ bueno... Anoche durante el baile, Charles se enteró de la manera más simple y tonta de que… Maggie está embarazada de Bob…
─ … ¡Oooh, ahora tiene sentido! Sospeché algo, ¡la chica no bebió nada en el baile!... ¡Vaya, vaya! Creí que, en estas épocas de la humanidad, la gravidez era opcional…
─ ¡Fue un accidente!
─ Eso suena a que ella tropezó y cayó sobre el miembro de su novio…
─ ¡Alucard, no seas grosero!
─ ¡Pues es que eso no puede ser accidental, Integra! ─ replicó bajo la mirada inquisitoria de la joven.
─ ¡Cómo sea! La información era un arma en las manos de Charles, para ser usada como a él se le diera la gana, si yo se lo permitía…Entonces, decidí tomar el control de la situación e ir a contárselo yo misma a sir Islands…
─ Y se lo dijiste todo…
─ ¡Todo! Pero me prometió guardar el secreto, ¡y sé que lo hará!
─ Sí, ¡es probable! Tengo que admitir que Islands es hombre de palabra…
─ Por eso me arriesgué a contárselo…Además, Maggie y Bob se casarán pronto. Se arregla una boda secreta en Bath aprovechando que los padres de Cathy se fueron a vacacionar a América. Iré allá en cuanto hayamos acabado con ese horrible asunto de Gulio Cacciatore…
─ ¡Es cierto! De hecho, vine a buscarte para decirte que tenemos que interrogarle… ¿Cómo será el protocolo? Dejarás que lo haga otro interrogador o…
─ Si me estás preguntando es porque quieres hacerlo tú mismo, ¿no es así?
─ La verdad es que tengo cuentas pendientes con él, ¡aunque eso es lo de menos! Averiguar en donde están las madrigueras de los vampiros que no, definitivamente no estuvieron en la batalla, es medular…
─ Estoy de acuerdo.
─ Además, aún hay secretos que tienen que develar. Esa noche en su club, confiadamente me mostraron un compendio con toda la información de algunos giros ultra secretos, y Gulio, en su afán por amedrentar, me dijo que hay intereses de personas influyentes de por medio.
─ ¡¿Así que eso fue lo que dijo?! Bueno Alucard, esa es otra información que clasificaste tú solo ─ Ante el cuestionamiento él sólo se encogió de hombros.
─ Tienes razón, pero como te he dicho, en mi propósito por tener total certeza de la situación trabajé independientemente, ¡me disculpo por eso de nuevo! Ahora nos tenemos que afanar porque ese hijo de perra diga todo lo que sabe.
Integra lo consideró cerca de un minuto, había algo en todo aquello que le producía una sensación incomoda, luego asintió: ─ ¡Está bien! ¡Hazlo a tu manera! ─ luego se levantó a punto de marcharse.
─ ¡Oye, Integra!
─ ¿Sí?
─ Me quedé pensando en tus visiones del futuro, y me pregunto, ¿el demonio te dijo cuál va a ser la causa de ese holocausto?
─ No… la verdad es que no ─ se acomodó el cabello detrás de la oreja ─ sólo me dijo "Hasta pronto" en alemán.
─ ¿En alemán? ─ un gesto dubitativo. Comenzó a rebobinar inmediatamente sus viejas memorias bélicas en Varsovia o a orillas del río Rin, pero también los vaticinios de Sixtina aquella tarde en su negocio: "¡Aquellos que hicieron la guerra volverán a ver brillar las luces de Europa!"
─ ¿Tenemos una pista, Alucard?
─ ¡Tal vez! Aunque … más bien un acertijo ─ y se echó sobre el sofá con las manos en la nuca.
─ Podrías intentar descifrarlo mientras te quedas dormido otra vez… ─ lo observó cerrar los ojos por inercia, luego se acercó a él ─ Descansa, haremos el interrogatorio al anochecer. ─ y no pudo resistir el impulso de darle un beso en la mejilla, pero él, no conforme con sólo haber recibido eso, la haló hacia él por la nuca y estampó uno en sus labios, que acentuaba e intensificaba mientras acariciaba su nuca, sus orejas y mejillas, hasta que ella se separó de él para respirar.
Colocó su gran mano sobre la mejilla derecha de ella:─ ¡Hasta la noche, entonces, ama! ¡Ah, por cierto, y antes de que te retires! … ¿Cómo va a quedar ese asunto del mocoso Islands? Me refiero en lo que concierne a…la justicia humana.
Integra se quedó quieta unos segundos, pensando en que responder: ─ La verdad no lo he pensado aún.
Alucard no le creyó eso último en absoluto. Inmediatamente dedujo que ella intentaba salirse por la tangente, así que decidió dejar la discusión para luego. Optó por volver a despedirse de ella con beso en la comisura de los labios antes de cerrar los ojos y quedarse quieto. Integra se separó para marcharse. Como atención a él, cerró las cortinas de las ventanas para crear una tenue oscuridad, se acercó a él para besar su mejilla, se dirigió hacia la puerta:
─ Adiós, príncipe de Eternia.
─ ¡Cállate, idiota!
Él se quedó riendo y ella salió de la biblioteca cerrando tras de sí.
-oOo-
─ ¡No entiendo porque no me quiere decir exactamente quienes son sus invitados a tomar el té, señorita! ─ insistía Walter mientras arreglaba la mesa del segundo recibidor de la mansión. Aquel adyacente a la estancia donde, una tarde de primavera, Integra aprendió a bailar vals. Tal recibidor era una acogedora habitación con un librero, cuadros de arte en las paredes, y una mesita redonda para cuatro personas, en donde se podía charlar con total privacidad. Mesa que había sido alistada con los elementos de una reunión elegante. Donde una vajilla de porcelana que perteneció a la esposa del abuelo Abraham, cubiertos de plata y mantel de delicado crochet fue colocado por las tórtolas que ayudaron a Walter con el servicio.
─ ¡No comas ansias, Walter! Pronto sabrás de quien se trata.
Integra miró el reloj, faltando treinta minutos para las seis de la tarde, el teléfono sonó. Theodore contestó desde la cocina. Era una voz masculina, inquietante y extraña que dijo algo así como:
─ Buenas tardes. Soy el mayordomo de Su Alteza, el gran duque Eligor. Hablo para confirmar la cita que mi amo tiene con lady Integra Hellsing. Llegará a tiempo, como es debido…
─ ¡Oh, claro! Yo le notificaré a mi ama, a menos que desee hablar con ella.
─ Tan sólo hágale saber que el gran duque viene acompañado del señor Ylahiah. Buenas tardes. ─ sin esperar respuesta, el extraño mayordomo cortó el telefonema.
Theodore se quedó mirando el auricular con extrañeza. No podía negar que la voz le provocó escalofrío, (lo cual ya era difícil, si tomaba en cuenta que llevaba cuarenta años trabajando en una mansión donde lo sobrenatural y lo terrorífico eran peccata minuta). Con ese sentimiento de perturbación, la ama de llaves fue a comunicar el recado que había recibido. Integra sonrió complacida, miró el reloj y dijo: ─ Ahora ya sólo tengo tiempo de ponerme presentable. ─ mirando sus converse rojos y su jean, decidió que ese no era un atuendo apropiado para la tertulia. ─ estén atentos, ¡ya no falta mucho!
Cuando Integra se fue, Walter preguntó a la ama de llaves quién había llamado y que habían dicho. La mujer le contó, y el mayordomo casi no lo pudo creer: ─ El duque Abigor, ¿aquí? ─ se quedó pensando en los alcances que su joven ama estaba comenzando a tener, no sólo como lideresa o guerrera, sino también como hechicera.
Luego los minutos restantes transcurrieron veloces, y a la seis en punto, la pesada aldaba de la puerta principal dejó escuchar tres golpes pausados. Walter y Theodore se voltearon a mirar las caras. "¡Así que ni siquiera fueron notados por los guardias de la reja!" Razonó el viejo sirviente. Y no, se habían materializado mientras andaban por el camino de adoquines, así de repente, ¡así nada más! Luego, siendo Abigor el más alto de ambos, cogió la aldaba en sus manos para llamar. Después de unos segundos la puerta se abrió y fueron invitados a pasar con todo protocolo de etiqueta, por una Theodore que hizo la reverencia reservada para los miembros de la Realeza, pues le habían dicho que recibiría a un duque y un caballero más, un jovencito luengo y espigado, pelirrojo, de ojos color azafrán y piel pálida que usaba un atuendo juvenil al mismo tiempo que formal: saco sport, pantalones de denim y mocasines de gamuza. En seguida ambos invitados vieron a Walter al pie de la gran escalera. El mismo mayordomo que habían visto pelear con fiereza, los contemplaba como lo que eran, apariciones de otro mundo: ─ Mi ama, lady Integra, está por bajar, caballeros, ¡tengan la bondad de seguir…!
─ ¡Ya estoy aquí, de hecho! ─ Ella había elegido usar uno de sus elegantes y serios vestidos con los que atendía reuniones importantes, o asistía a la iglesia. Era de color azul marino, lo acompañó con zapatos rojos, de raso y tacón bajo. Antes de terminar de bajar los escalones, sonrió mucho al ver a sus defensores de la noche anterior: Allí estaba el pelirrojo ángel de la guarda, cándido y gentil, y el duque, ¡elegantísimo! Usaba un fino traje a medida color rojo caoba bajo el cual su piel bronceada resaltaba mucho más.
─ ¡Lady Integra! ¡Es un placer! ─ dijo el duque recibiendo la mano de la dama en cuanto ella terminó de descender
─ ¡Lady Integra, es agradable ver que está usted completamente bien! ─ exclamó Ylahiah, haciendo algo parecido al duque.
─ ¡No lo estaría de no haber sido por usted y por Saint Raphael, según me dicen! ─ Ylahiah asintió.
─ Bueno, ¡cómo les decía! Tengan el favor de seguirme, el té está a punto de servirse ─ Integra indicó con un ademán y le pidió a Walter guiarlos al segundo recibidor. Ambos a su paso iban dejando sensaciones distintas (Ylahiah calidez, Abigor un clima frío, como de noches de octubre) y aromas agradables, aunque contrastantemente diferentes. Ylahiah llevaba consigo su sempiterno perfume natural, y Abigor una fragancia artificial, un perfume, seguramente muy costoso, que dejaba notas de cardamomo y ámbar gris. Los demonios no poseían un aroma natural que los hiciera agradables, o al menos eso había escuchado ella: que el infierno hiede a azufre.
Unos minutos después, los tres tomaba las infusiones especiales de la casa, y el duque solicitaba alguna copa de coñac, o tal vez vino. Ylahiah se contentaba con probar el té de hojas de menta, y la repostería. Ylahiah, como atención a la anfitriona, le había traído un obsequio: en un primoroso cofrecito de madera dentro del cual un frasco de hermoso cristal cortado lleno de la más auténtica agua bendita que pocos mortales podían poseer, y otro con un óleo bendecido, además de inciensos que aseguró el ángel, tenían la facultad de sanar el alma.
─ ¡Esto es más de lo que yo podrá aceptar, Ylahiah, se lo agradezco mucho, aunque no tenía que darme nada…!
─ Una pequeña atención nada más…
Abigor por su parte, le extendió su presente. Integra abrió la caja decorada: vio un frasco de perfume y un estuche de habanos, leyó la marca en el empaque rojo: Henri Wintermans, al abrirlo los halló delgados, con un aroma que delataba su fineza.
─ El perfume úselo cuando quiera ser irresistible ─ guiñó el ojo ─ … ¡Y ese es el mejor tabaco que pueda hallar en este lado del mundo! Por supuesto mucho mejores que los cigarrillos baratos que pueden darle un enfisema de aquí a unos años.
─ ¡Oh, muchas gracias, Alteza! Si me agradan espero conseguir más de ellos después.
Ylahiah pudo objetar algo sobre el hecho de que la estuviera alentando a un vicio, sin embargo, supuso que en el futuro había algo relacionado con su adicción al tabaco que el duque había tratado de aminorar.
─ ¡Toma una copa, Ylahiah!
─ No puedo, Abigor...
─ ¡Déjame adivinar! …
Los dos a coro: ─ ¡Es pecado!
─ ¡Vaya, qué aburrido ser ángel! ─ llevándose el licor a los labios, entornando los ojos.
─ Bueno… ─ moviendo con la cucharita plateada la infusión ─ en la gloria, el estado de gracia de un espíritu es perfecto y no necesita de estimulantes de ninguna clase…
─ Pero esos estimulantes han servido para sublimar la perfección de la que hablas, ¿quién enseñó el arte a los mortales sino los príncipes y duques del infierno? Luego lo divino inspiró ese arte, ¡y allí tienes obras casi eternas en este mundo!
─ Ah, eso es porque nos complementamos… ─ en el semblante pecoso de Ylahiah una sonrisa vehemente antes de beber otro trago ─ ¡no niego que la belleza también es digna de pertenecer a los mortales, no sólo a Dios!
─ Eso, Ylahiah, ¡es lo más transgresor que te he escuchado decir como en mil años! ─ con una sonrisa maliciosa ─ tal vez podrías pasar al lado oscuro… ─ rio bromeando.
─ ¡No, eso nunca! Mi carácter no es intrépido para ser un ángel caído ─ se encogió de hombros. ─ yo soy dichoso sirviendo a Dios.
Integra aún los observaba fascinada detrás de su delicada taza de té.
─ ¡Milady, una disculpa! Estamos siendo descorteses al dejarla de lado en nuestra charla…
─ ¡Oh no! De ninguna manera, ¡es tan interesante y emocionante escucharlos charlar que podría hacerlo por horas! ─ sonrió sinceramente.
─ Aun así no es correcto dejar a la anfitriona en silencio…
─ Mejor cuéntenos si tuvo muchos inconvenientes después de la batalla.
─ No, la verdad es que todos mis hombres y mis colegas de la mesa redonda me reconocieron como a una verdadera heroína, sin embargo, ¡eso no hubiera sido posible sin su intervención! Por eso no podía dejar de agradecerles y los invoqué…
Walter y la tórtola Clarice iban y venían ateniendo las peticiones de los invitados, pero más que nada, el mayordomo temía dejar a su ama sola, en compañía de un alto demonio. Integra lo comprendió cuando observó como su sirviente no despegaba la mirada desconfiada y escrutadora de encima del duque general cada vez que entraba a la habitación, mas no le tomó importancia, no sólo por el hecho de estar en presencia de su ángel de la guarda, sino porque, por alguna extraña razón, Abigor le inspiraba confianza.
Así Integra comenzó a hacer preguntas acerca del cielo y el infierno, que ambos contestaban de muy buena disposición, sin embargo, cuando la joven tocó el tema del futuro:
─ Duque Abigor, Yhaliah, ¿ustedes conocen el porvenir?
─ Yo no, ¡no es una de mis virtudes! Aunque algo sé…
─ Yo sí, es una de las mías, por eso soy estratega. Pasado, presente y futuro, ¡todo está aquí! ─ tocando con el dedo índice su sien ─ como un enorme computador.
─ …Entonces, lo que yo vi… Ese apocalipsis sobre Londres, ¿por qué ocurrirá?
Ambos se voltearon a mirar las caras: ─ Me temo que no podemos decírselo, milady…
─ ¡Va contra todas las reglas! De hecho, Asmodeo no tenía por qué haberle mostrado eso… ¡Esa fue otra norma que desobedeció!
─ Si le decimos por qué y cuándo ocurrirá, alteraremos su destino.
─ ¡Así es! Siempre que un mortal conoce su futuro, muchas calamidades le acaecen. Ya suficiente daño ha hecho esa visión. Lo que intentaba hacer Asmodeo era robarle su paz, no deje que lo logre.
La joven suspiró y asintió con una resignación forzada mientras movía el café que bebía, de repente, levantó la mirada y sin ningún preámbulo: ─ Duque Abigor, ¿Cuál fue el verdadero motivo de que usted me ayudara?
─ Ah pues… por la misma razón que lord Alucard decidió jurarle lealtad. ─ Integra recibió la respuesta con cierta sorpresa, en verdad nunca se había puesto a analizar por qué Alucard había decidido ponerse bajo las órdenes de una niña a la que bien pudo matar en el sótano mismo. ─ él supo de su carácter al probar su sangre, yo lo supe al verla pelear, ¡no podía permitir que alguien como Erzsébet Bathory la venciera!
"¡A Asmodeo le mueve la admiración, no la compasión!" Alucard de nuevo había estado en lo cierto.
─ Debo decir que es un gran orgullo para cualquier ángel de la guarda, que un demonio se solidarice con las causas de su mortal, ¡me pregunto cuántos ángeles tienen esos honores!
─ ¡Querido Ylahiah, eso es soberbia y vanidad!
─ ¡Oh, por el reino de los cielos, es verdad!
A ello Abigor e Integra echaron a reír, y luego se unió Ylahiah diciendo que después tendría que pedir perdón por ello. De repente, el sonido de un trueno retumbante los interrumpió.
En esos momentos, en la Biblioteca, el trueno que anunciaba una tormenta y los sonidos no familiares despertaron a Alucard: voces de invitados, aroma a tés, café, licores, pero además… fragancia de ángel y otra que no logró identificar. Abrió los ojos lentamente, se halló en medio de la oscuridad de la biblioteca, las cortinas estaban cerradas aún pero además ya había caído la noche. Se levantó con modorra y agudizó más los sentidos. "¿De verdad?" Pensó, luego se dirigió a la salida la cual traspasó y siguió el camino donde se adivinaba una reunión, mientras aplacaba sus cabellos desparpajados con los dedos. Así, al llegar se dio cuenta de la identidad de los invitados. Antes de entrar manifestó su fastidio para sí mismo. Volver a ver tan pronto a quienes habían atestiguado su derrota no era su concepto de una noche agradable, ¡pero no había remedio!
─ Buenas noches a todos ─ dijo él entrando al recibidor.
─ ¡Alucard, es bueno ver que ya despertaste! ─ expresó Integra aún con restos de risa en su rostro.
Los invitados voltearon a verle y de inmediato le saludaron.
─ Lord Alucard, acompáñenos por favor. ─ dijo Abigor.
Alucard devolvió la sonrisa de cortesía (más de compromiso que de ganas, sabiendo disimular bien). Luego se volvió a ver Integra que refrendaba la invitación con la mirada y ademán amistoso. La observó usando ese bonito vestido y un discreto broche adornando su cabello (con ese corte nuevo, lucía incluso más joven) Luego él tomó asiento en la silla que aún estaba desocupada.
─ ¡Pero por supuesto! ─ expresó como si en verdad quisiera estar allí y no a solas con ella, mientras intentaba comprender que era lo que estaba pasando.
─ Tal vez se esté preguntando que estamos haciendo aquí, Lord Alucard…
─ ¿Es que acaso ya lee la mente también, Ylahiah?
─ Lo que ocurre es que los seres ultraterrenos podemos manifestarnos también para agradables propósitos sociales. ─ agregó Abigor
─ Yo los contacté por medio de rituales, para darles las gracias y a última hora decidimos esto.
─ Pues es conveniente verlos aquí, ¡así puedo agradecerles yo también por lo que hicieron por mi ama! ─ muy diplomático él.
Los aludidos asintieron, contestaron casi con las mismas palabras que ya habían dicho a Integra. En ese momento Walter regresaba al recibidor para preguntar si se les ofrecía alguna otra cosa, Alucard inmediatamente dijo que le apetecía que llevara las raciones de sangre que acostumbraba beberse (aunque bien sabía que el mayordomo nunca le hablaba a él). Walter trató de disimular una mirada asesina que a Alucard sí le intrigó pues hasta apenas unas horas, el mayordomo se había comportado de una manera más apacible con él a causa del alivio que todos sentían por haber superado los peligros, mas ahora los ojos azules del sirviente se clavaron en él, hostiles y enfadados. Alucard contestó aquel gesto con la indolencia de siempre, si iba a enterarse que motivaba el nuevo enfado de Walter, iba a ser pronto.
Al poco rato, el alimento de Alucard fue enviado por una tórtola, y veinte minutos más tarde, los invitados, Integra y el Rey no muerto habían pasado a la biblioteca donde continuaron sus charlas, y donde Ylahiah curioseaba los anaqueles de todos los niveles, incluso levitando para alcanzar los más altos. Afuera la lluvia caía, Abigor y Alucard ya se bebían su cuarto whisky y fumaban mientras recordaban anécdotas de las guerras.
─ ¿Finalmente, fue usted Alteza, quien ideó el plan de Calé para despistar a los alemanes?
─ ¡Ah no! Eso fue cosa de Eisenhower, ¡debo decir que me impresionó mucho! ¡Aaah, lord Alucard! ¡Esa guerra fue magnifica! ─ sus ojos brillaban al igual que su sonrisa ─ ¿usted estuvo en la operación Overlord?
─ Desde aquel famoso seis de junio, Alteza …
─ Pues le dije a Montgomery y a Eisenhower que todo saldría mejor si planeaban el desembarco en un día así … de especial denominación, ¡usted me entiende!... ¡Qué épocas aquellas! ¡Qué momento para la humanidad! El cielo y el infierno se agitaban, lord Alucard, ¡todas las jugadas estaban sobre la mesa! ─ perdiendo la mirada para evocar sus recuerdos con alegría, Alucard tan sólo asintió sin saber que sentir al respecto. En su mente ráfagas de recuerdos como las metralletas que destrozaron hombres en aquella playa ensangrentada. Se recordaba así mismo empuñando sus armas, avanzando, uniformado como elemento del ejército británico para confundirse entre los demás soldados sobre olas dantescas teñidas de rojo. Podía evocar la excitación y el frenesí que sintió al haber estado allí, rodeado de guerra, muerte y sangre, ¡sus elementos! Sintiendo las balas atravesar su cuerpo, pero sin significarle el menor obstáculo. Al final también sonrió al recordar la malsana satisfacción que le provocó mirar las caras aterrorizadas de los enemigos al verlo ileso de la violencia de su defensiva.
─ ¿Y por qué no les cedió su favor a los alemanes?
─ ¡Lo hice al principio! Lo hice durante la primera gran guerra, lo hice después, pero… ¡me les negué cuando empezaron a corromperlo todo con su carroña! El asunto dejó de ser de guerreros solamente para transformarse en uno de viles carniceros, ¡los eché de mi gracia!
Ylahiah contenía algunas expresiones de dolor ante el recuerdo de aquel apocalipsis bélico. Integra escuchaba absorta, algo temerosa de la naturaleza de ambos príncipes guerreros, pero igualmente fascinada. Al ver los tabacos arder en manos de los caballeros, no resistió la tentación de probar su obsequió, y abrió la caja de habanos, para luego pedir fuego que el duque le facilitó. Alucard levantó una ceja: ─ Esos son nuevos, creo yo.
─ ¡Ah sí, han sido un obsequio del duque! Recién probaré el primero ─ diciendo y haciendo, dio la primera bocanada para hacer arder el tabaco: el aroma, el sabor y la textura del humo en sus pulmones fue lo mejor que hubiera probado en cuanto a cigarrillos. ─ ¡tenía razón, Alteza! ¡Creo que ya no querré de otra marca de ahora en adelante!
─ ¡Se lo dije, milady! ¡Salud!
Integra, el duque y un Alucard que había mirado la escena con celosía (¿para qué negarlo? Al vampiro no le gustaba en nada la admiración como Integra miraba al duque), levantaron los vasos con licor para brindar. El vampiro tuvo que mirar la escena de la jovencita del vestido recatado sosteniendo una copa de coñac con la mano izquierda, y un habano en la mano derecha. Le pareció extrañamente gracioso: esa chica no era la mujer que acariciaba horas antes, ni tampoco era la brava amazona caza vampiros, flagelo de los engendros del infierno, era las tres cosas juntas y un poco más. Integra notó la mirada de Alucard, iba a preguntar cuál era el motivo de la risa, cuando el timbre de la mansión volvió a sonar, unos instantes después, la joven heredera fue escuchando la alborotada y escandalosa voz de su amiga Blair a medida que esta se acercaba donde ellos estaban.
─ ¡Ay, Theodore, cómo llueve! ¡Y es una barbaridad que yo no sepa nada de lo que pasó desde ayer en la noche! ─ exclamaba la joven mientras seguía por donde la ama de llaves la guiaba.
─ Milady, lady Blair está aquí ─ anunció tímidamente la empleada al tocar la puerta entre abierta de la biblioteca.
─ ¡Blair! ─ exclamó Integra poniéndose de pie de un salto, cuando la otra chica apareció en el umbral. El duque Abigor se levantó, Ylahiah dejó de atender el libro que tenía en las manos para preparase a saludar porque otra dama había llegado.
─ ¡Por Dios, estás aquí! ─ y sin reparar en la presencia de nadie más, la alocada castaña corrió hacia su amiga a quien dio un sentido abrazo correspondido. ─ ¡toda la noche de ayer juré que tal vez no volvería a verte, y tú eres tan ingrata que ni siquiera te molestas en llamarme!
─ Pero envié un mensaje a la casa Parrish en Bath, ¡Cathy me dijo que todos estaban allá!
─ Estábamos, sí, pero yo tuve que regresar a Londres muy temprano por un asunto que ahora te cuento, ¡y no me enteré!… ─ la mirada de la joven hasta entonces se percató del nuevo look de su amiga ─ Oye Teggy, ¿por qué te cortaste el cabello como He-Man?
Integra exclamó: ─ ¡Otra! ─ mientras que Alucard soltaba una gran carcajada.
─ ¿Otra qué? ─ Blair desconcertada.
─ He-Man, suena a nombre de guerrero.
─ ¡Lo es, Ylahiah, pero de dibujos animados! ─ aclaró Abigor, también riendo por la comparación.
En ese momento, la castaña notó las otras tres presencias de la biblioteca, sonrió entre amable y coqueta ─ ¡Oh, pero que mal educada he sido! ¡Muy buenas noches a los tres! ─ Y se acercó a ellos. Detrás una Integra que trataba de sobreponerse al bochorno, y lanzaba una mirada a Alucard que apenas lograba dejar de reír: ─ ¡Soy Lady Blair Hamilton III! ─ Extendió la mano a Ylahiah y este la recibió para besarla. Abigor dio dos pasos al frente y tomó también la mano de la joven para hacer lo mismo. Ella en esos momentos no sabía cuál de los dos extraños le parecía más apuesto, si el jovencito pelirrojo con ojos de asombroso color, o aquel que dijo ser el duque general Eligor. Blair supuso que tal vez fuera un príncipe de tierras lejanas, un árabe a juzgar por la riqueza de su indumentaria, de las joyas: el fistol en la corbata, la esclava en la muñeca y el anillo de extraño símbolo en el índice de la mano izquierda, pero sobre todo por su color de piel, como el trigo tostado, la cual contrastaba con la piel rosada clara del pelirrojo, y con la pálida y blanca de Alucard quien se había puesto de pie para darle la mano y besar su mejilla.
─ ¡Alucard!, ¡seguro defendiste bien a Integra!
─ ¡Con toda la fuerza de mi existencia!
La joven palmeó el pecho del vampiro, luego siguió desparpajada y jovial: ─ ¡Por eso adoro venir a esta mansión! Siempre hay algo interesante que hacer o ver, ¡y parece que llegué en un buen momento!
─ ¡Así lo creemos, lady Hamilton! Estábamos en lo mejor de la charla con lady Hellsing y lord Alucard ─ agregó Abigor…
─ Blair… ¡antes de otra cosa, necesito que vengas un momento, por favor!
─ ¡Oh, Integra! Pero si acabo de llegar… ─ replicó sin saber a qué apuesto caballero mirar primero.
─ Ahora regresamos, Blair, ¡en serio! ─ tomándola de un brazo la dirigió de nuevo a la salida de la biblioteca ─ ¡no tardamos nada! ─ aseguró la rubia jovencita antes de cerrar tras de sí.
─ ¡Más te vale que sea algo importante, Teggy! … ¡Ay! ¡Te juro que amo ser tu amiga! ¡tienes un buffet allá dentro! ¿De dónde sacas tanto galán?
─ Unos del infierno, y el pelirrojo del cielo…
─ ¡Ay qué graciosa!…
─ ¡Es en serio! El duque es un demonio de alta jerarquía y Ylahiah mi ángel de la guarda ─ se encogió de hombros ─ anoche ambos me ayudaron a que no me patearan el trasero.
─ Rayos, ¡estás hablando en serio! ¡Qué lástima! ─ se mordió el labio un poco decepcionada
─ ¡Pero no es eso lo que quiero decirte! Osea, después te cuento todo a detalle, ahora …
Blair hizo un ademán de: "¡dímelo entonces!"
Integra suspiró muy profundo para lo que a continuación iba a decir…
Dentro de la Biblioteca, los tres quedaron charlando:
─ Entonces dígame, lord Alucard, ¿usted ha interpretado ya las visiones de lady Integra?
─ No con exactitud, ¡y no le preguntaré a usted porque sé que no me lo dirá!
─ ¡No, claro que no! ─ Abigor volvió a sonreír con otro tragó de coñac. ─ aun cuando usted desee tener una certeza para saber que hacer… me parece que ya empieza a hacer conjeturas.
─ Algunas sí, ¡ya había escuchado antes a una pitonisa hablar del final de siglo!
─ ¿Y? ¿A qué conclusión ha llegado? ─ expectantes, los dos ultraterrenos se le quedaron mirando fijamente.
Alucard se tomó su tiempo para responder, luego dijo viéndolos a los ojos: ─ Creo que los enemigos del futuro han sido mis adversarios en el pasado.
Abigor y Ylahiah se miraron las caras:
─ Sólo podríamos recomendarle que no baje la guardia, además parece que ya le han dado una fecha para esos funestos eventos … ¡salud!
El duque y Alucard volvieron a brindar, Ylahiah dijo: ─ Lord Alucard, disculpe el cambio de tema, pero déjeme decirle que puedo percibir lo que siente por mi protegida.
─ ¿Quién no? ─ agregó el gran general.
El vampiro dejó de sonreír: ─ ¿A qué viene esto, caballeros?
─ Yo estoy interesado en saberlo, ¡soy su ángel de la guarda!
─ ¡Y yo también! Después de todo, soy consejero en las estrategias del amor.
─ ¡Casi lo olvido, Alteza! ─sarcástico.
─ Milord, ¿de verdad la ama? ─ cuestionó Ylahiah mirándolo fijamente.
Alucard le devolvió la mirada sintiéndose incómodo.
Abigor intervino: ─ ¡Díganos cuanto, milord!…
El gran vampiro se puso serio, sabía que estaban tratando de hallar un atisbo de falsedad, Ylahiah como guardián, Abigor como demonio, malicioso al fin. Pero él, suspirando dijo seguro de sí mismo: ─ ¡Como a la condena y a la absolución juntas!
Ambos sonrieron al mismo tiempo.
─ Si Dios quiere, ¡todo llegará a salir bien, príncipe Vlad!
─ Yo sólo puedo aconsejarle que … ¡no falle, lord Alucard! El amor, como la guerra, a veces sólo necesita un solo error, una claudicación para que todo se desmorone o se complique más de la cuenta. Ambas cosas son para los más arrojados, los más tenaces, pero también para los más leales… Así que sin importar lo que pase con los demás a su alrededor… ¡cuídese los pasos!
Ylahiah se había colocado a las espaldas de Abigor, moviendo afirmativamente la cabeza. Alucard se quedó callado repasando lo que había dicho el duque (seguramente era algo que había visto en su futuro), iba a hacer una pregunta más cuando la puerta de la biblioteca volvió a abrirse para dar paso a una Blair vivaracha y alegre que fue a tomar asiento entre ellos. Detrás estaba una Integra algo pensativa que acaba de confesar a su mejor amiga que había revelado la verdad del embarazo de Maggie a sir Islands, y la incertidumbre ante los días siguientes estaba dibujada en su rostro.
Dicharachera y amigable, la chica prosiguió a entablar una charla amena, después de unos minutos dijo: ─ ¡Vamos a hacer algo divertido, caballeros! ¡Juguemos! ─ en ese momento recibía una baraja de las manos de una tórtola que había entrado a la biblioteca sólo a eso. Todos allí accedieron, menos el ángel que prefirió continuar con su lectura.
Para ese momento Alucard se había fastidiado por la falta de sangre, y antes que mandar llamar a una sirvienta, se excusó y pidió no le contemplaran en el juego sino hasta la próxima partida y fue a buscar más alimento a la cocina. Al entrar la halló vacía. Abrió el frigorífico donde la sangre estaba para calentarla en el horno de microondas. En eso vio a Walter en el patio, a través de la ventana. Él iba entrar de nuevo, Alucard decidió esperarlo allí para provocar su enojo y obtener la razón de la nueva hosquedad.
El mayordomo sintió la mirada insidiosa del vampiro, levantó la suya, lo halló vertiendo el contenido de la bolsa en una copa de cristal cortado, se sonreía burlón, a la ofensiva.
Sin alterarse demasiado, Walter se quitó el monóculo y prosiguió a limpiarlo con su pañuelo, volvió a colocárselo después de un suspiro. Luego metió la mano al bolsillo de su chaleco de satén, allí tenía guardados seis botones de plástico color azul celeste, los mismos que mostró en su mano extendida:
─ ¿Los reconoces?
El vampiro les echó un vistazo mientras se llevaba la copa a la boca, luego, sin ningún gesto en particular, asintió lamiéndose los labios: ─ Son del pijama de Integra… ─ hizo que le importaba más el plasma que se bebía, mirando su dedo índice dar vueltas dentro de la copa.
─ ¿Y sabes dónde estaban?
─ Seguramente regados sobre las losetas y las alfombras de su habitación ─ se encogió de hombros con total indolencia.
Walter sólo levantó la mirada como si estuviera recibiendo un llamado divino: ─ ¡No sé porque tengo miedo de hacer otra pregunta!
─ Tan simple como no hacerla… No pretenderás escuchar que se quita la ropa ella misma con tal fuerza, ¿verdad?
─ ¡Si tan sólo pudiera matarte! ─ crispado, haciendo los puños, cada palabra mascullaba entre sus dientes.
─ ¡Pero no puedes! …Te lo dije aquella tarde en la cava y te lo repito ahora: no puedes hacer nada para detenerme, ¡tarde o temprano me voy a salir con la mía! Ya has apreciado mis notables avances, ¿o no?
Walter le miró como si quisiera cortar el aire con los ojos, pero no agregó nada. Dejó que Alucard saliera de la cocina, menando su copa de sangre en la mano, ufanándose, riendo malvadamente.
"¿Con qué no puedo hacer nada, dices?... ¡pues veremos!"
Si algún atisbo de duda o arrepentimiento había tenido lugar en el corazón de Walter Dornez, en ese mismo instante se había disipado. Volvió a mirar los botones azules en la palma de su mano, los guardó en el nimio bolsillo del chaleco otra vez, repasó sus pensamientos un par de veces más. Minutos después, con determinación se dirigió a los sótanos, hacia el complejo subterráneo donde se hallaban los calabozos y cuartos de interrogatorios. Por los angostos corredores de luces verdosas, en dirección opuesta donde se hallaban los aposentos de Alucard, donde había custodios armados hasta los dientes, apostados a cada lado de la puerta asegurada detrás de la cual habían depositado a Gulio Cacciatore.
─ ¡Voy a hablar con el prisionero! ─ avisó a los dos que se hallaban frente al cerrojo, los cuales se miraron las caras asintiendo para botar los seguros de la puerta pesada de hierro macizo y ceder paso al mayordomo.
Adentró, Walter pudo ver entre la semi penumbra un ovillo echado sobre el camastro: desprendía un aroma a mugre y sangre seca, apenas si se movía, no emitía sonido alguno. Walter se acercó con pasos lentos hasta que lo escuchó decir:
─ ¿Es hora de que comience el festín? ¿acaso para eso han traído al Alto demonio que está en la casa ahora mismo? Desde aquí puedo percibir su aroma y su gélida presencia.
─ ¡No! El duque general no tiene nada que ver contigo… ─ Gulio volteó a mirarlo. Walter observó su camisa empapada en sangre, su lamentable estado.
─ ¡Pues dense prisa porque pronto moriré! ─ su voz apagada brotaba débil, macilenta. ─ moriré en medio del interrogatorio, ¡puedo sentirlo! He perdido casi toda la sangre que tenía, me he negado a recibir cualquier tipo de asistencia y no, definitivamente no tengo el glorioso don de sanar por mí mismo, así que lo que sea que tengan preparado para mí estará bien, ¡no diré absolutamente nada que les ayude a dar el tiro de gracia a lo que queda de la logia de vampiros! ¡Así que perderán sus energías y su tiempo torturándome!... ¡Por mí todos ustedes se pueden ir a la mierda! ¡Empezando por esa mocosa mal nacida! ─ y volvió hacerse un ovillo sobre el camastro, echado contra la pared. ─ ¡ya no existe nada más que puedan obtener de mí!
Walter cerró los ojos unos segundos. Volvió a suspirar profundo, luego dijo: ─ Yo creo que ni siquiera llegarás al interrogatorio… ¡ese estaba programado para dentro de un par de horas! Alucard estaría contigo "persuadiéndote", ¡tú sabes! Pero yo… yo estoy aquí para darte el bien morir ─ segundo en el que enredaba los mortales cables entre sus dedos. ─ si el ama me cuestiona en algo, ¡diré que estabas dando problemas! Que quise sacarte información, pero se me pasó la mano… Y ella me va a creer.
Al escuchar aquello, Gulio giró con una expresión desconcertada hasta hallarse cara a cara con el mayordomo: ─ ¿Por qué mierda harías eso?
─ …Porque no puedo arriesgarme … ─ Gulio aún no comprendía absolutamente nada, Walter no explicó detalles, sólo pensaba: "no puedo arriesgarme a que, bajo tortura, ¡eches a perder la operación por la que hemos estado trabajando durante tantos años! Integra no debe enterarse" Sus pasos se acortaban contra el prisionero cada vez más, pero él, lejos de intentar defenderse, sólo estaba sentado al filo del camastro, mirando a su potencial asesino con una sórdida expectación. De repente, los pensamientos de Walter volaron hasta Integra: ..."¡Perdóneme, mi princesa! ¡Pero si he de verla perderse en las sombras, prefiero que todo desaparezca! ¡Qué su reino arda! ¡Que haya quien pueda alejar a su rey vampiro de este mundo!" El mayordomo Walter Dornez ya estaba decidido a sellar su destino: ¡se consumaría como traidor esa y las veces que hicieran falta! Si hubiera podido flaquear, de cambiar de idea, ¡ya no lo haría! Su Lady le entregaba el corazón al rey vampiro: él iba a jugar sus cartas con tal de oponerse a ese romance: "¡cómo lo habría hecho tu padre!" Pensaba.
─ ¡Qué muerte tan patética tendré! Aquí, ¡encerrado, inofensivo, a merced de un sirviente de la perra Hellsing!
─ ¡Cállate! ¡Si vuelves a insultarla decidiré no tener piedad! ─ y con el azote de un hilo, hizo una herida en el rostro del vampiro.
─ ¡Hasta aquí llegó tu historia, Gulio Cacciatore!
Gulio aún no volteaba a encarar la muerte después de haber recibido el azote. El infortunado vampiro italiano de repente, en lo que dura un parpadeo, había cambiado de presencia, de espíritu, de esencia. Walter lo notó. Era cierto que la celda no tenía un olor agradable, pero ahora se llenaba de uno fétido y un frío terrible que calaba hasta los huesos en medio del cual, Walter podía ver su propio aliento como si estuviera dentro de un frigorífico, y para cuando el prisionero al fin giró el cuello para verlo, mostró una expresión macabra, hueca y espeluznante de ojos completamente negros, vacíos y con espantosa sonrisa le habló en una voz que no era la suya: ─ ¡Nada es seguro, señor Dornez! Este hombre no va a hablar.
Minutos antes, arriba, en la biblioteca olorosa a habano costoso, perfume y licor. Blair había organizado un juego de póker en el que acordaron apostar pequeñas sumas de dinero.
Detrás de la ventana, la lluvia se había convertido en tormenta, y la electricidad rutilaba con cada rayo.
─ ¡Señor no, no puedo aceptar jugar con ustedes! El juego y la apuesta son pecados, ¡esto es demasiado mundano! ─ protestaba Ylahiah mientras tosía por el humo de los cigarrillos de los otros cuatro allí presentes.
─ ¡No se apure, señor ! ¡Juegue con nosotros, aunque no aporte ni una libra! ─ sonreía Blair afablemente mientras cortaba el mazo de naipes para repartirlos a cada uno de los presentes.
Ylahiah recibió el suyo a regañadientes. Alucard, sentado entre Blair e Integra dijo algo como: ─ ¡Y a Dios gracias que estamos en el hogar de una dama, porque si no, las apuestas serían con prendas!
─ ¡Oh, pero que magnifica idea! ─ exclamó Abigor
Blair también apoyó la idea.
─ ¡Oh no! ─ asustado detrás de sus cartas, el pobre ángel hizo reír al vampiro, al duque y a la joven Hamilton.
Integra se sintió un poco incomoda por el comentario, más optó por no decir más nada y revisar sus cartas. "Rayos, ¡no tengo nada!"
Comenzaron el juego, e increíblemente, Ylahiah era quien tenía el mejor, así lo demostraba colocando una corrida.
─ ¡Me impresiona que de tan inocente y casto nos vayas a dar una paliza en tu primer juego!... Un momento… ¡No, no! ¡Tonto, tonto Abigor! Este no es tu primer juego, ¿verdad?
El ángel sólo levantó los hombros sin saber que decir. Continuaron así, esa partida también la terminó ganando para llevarse las libras de los demás.
─ ¡Ahora ya tiene con que apostar, señor Ylahiah! ─ aseveró Blair.
Otro juego más, ahora el ángel guardián ponía sobre la mesa una flor.
─ ¡Pero como rayos lo haces? ─ exclamó el duque.
─ Señor Ylahiah, ¡como siga así nos lo llevamos a hacer una fortuna a Montecarlo! ─ dijo Blair. Animada por el ambiente y el whisky en su sangre, se le ocurrió empezar a hablar de la boda (que ya no era para nada secreta), y en una de esas dijo: ─ ¡Ustedes, señores, pueden venir al casamiento! Nos harán falta invitados para alegrar la cosa, ¡y como ustedes no son de por aquí cerca, no habrá ningún inconveniente si asisten! Será pasado mañana en la residencia de la familia Marshall en Bath.
Para sorpresa de Integra, y una mirada entornada de Alucard, el duque dijo: ─ ¡Sí! ¿por qué no? Hace mucho tiempo que no asisto a una boda en el reino mortal, ¡será agradable! ¿Tú que dices, señor ángel de la guarda?
─ Tal vez haga un espacio en mi agenda ─ mullido en el sofá, sonrió apenas, mientras que en su mente desfilaban un sinfín de plegarias: "Señor, ¡perdóname por estar siendo mundano y caer en la tentación del juego! ¡No supe lo que hacía!"
─ ¡Pues ya está! ¡Será genial verlos otra vez!
Integra no sabía si reír o preocuparse de aquella invitación, eso pensaba mirando sus cartas, cuando de repente una desagradable y angustiosa sensación llegó a ella. Como una centella directo a su cuerpo el cual se erizó en cada centímetro posible, en un rictus que le hizo saltar al instante en que escuchaba el insistente golpetear de unos nudillos contra la ventana.
─ ¡La banshee! ─ exclamó la joven, poniéndose de pie de repente.
Abigor, Ylahiah y Alucard voltearon a mirar, la espectro les señaló hacia la reja de salida, luego desapareció.
─ ¡Carajo! ─ exclamó el duque.
Instante en que el ángel, el demonio y el vampiro pusieron todas sus alertas. Blair era la única que no entendía absolutamente nada. Entonces un aterrador lamento y un grito provinieron de afuera, uno que enloqueció de nueva cuenta a los perros, uno que incluso la chica castaña logró escuchar, y fue suficiente para crispar cada poro de su piel.
Sin decirse nada, los tres caballeros se miraron las caras, y como en un chasquido desaparecieron de la biblioteca.
─ ¡OH NO, ESTOY VERDADERAMENTE HARTA DE TODA ESTA MIERDA! ─ gritó Integra enfurecida, al tiempo que se agachaba para buscar debajo del sofá de dónde sacó una gran escopeta que se cargaba con balas benditas, y una cartuchera que se echó al hombro ─ ¡No me importa quién será esa bastarda y repugnante porquería del infierno, pero si cree que me va a asustar o a arrinconar, ¡ESTÁ MUY EQUIVOCADA! ─ echa una furia que ni las suplicas de Blair pudieron contener, tomó en sus manos el frasco de agua bendita que le acaban de regalar, y lo ató al cinto de su vestido, para salir corriendo con todas sus fuerzas.
─ ¡Integra, espérate, Integra! ─ Blair detrás de ella.
Otra vez escucharon el escalofriante lamento, pero la joven cazadora ya salía por la puerta principal bajo la tormenta que caía con fuerza y que empapaba al instante. Por el camino de adoquines, sintiendo que se ahogaba por tan copiosa caída de agua, iba sin soltar su arma.
Blair fue detenida por Theodore y dos tórtolas que nada pudieron hacer para impedir que su ama saliera disparada.
Cuando Integra alcanzó los metros cercanos a la reja, vio en el aire al duque usando sus demoniacas alas de membrana, y Ylahiah, quien había desplegado las suyas de plumas, y conjuraba una protección bendita sobre la mansión.
─Aberración, ¡si pudieras entrar, ya lo habrías hecho! Pero con el poder de Dios, ¡te lo voy a impedir aun cuando lo intentes! ─ gritó Ylahiah desde el aire.
Lo que ambos miraban era una abominable bestia que iba y venía por el perímetro principal de la reja. Era una horrible criatura de tres cabezas: una de toro, otra de león y otra de hombre deforme. En sus tres fauces se devoraba lo que quedaba de los custodios de la entrada.
─ ¡NOOOOOOOO! ─ gritó Integra al ver a sus soldados brutalmente asesinados, luego disparó furiosa una bala contra la bestia.
─ ¡Es el avatar de Asmodeo! Es el poder y la esencia de él manifestada en esa criatura. El castigo de Abigor fue no poder abandonar los antros infernales durante un tiempo, pero la norma no habla de dejar salir el espíritu. Asmodeo es astuto, está aquí por algún propósito. ─ indicó Abigor
Ahora el monstruo había echado a reír, e Integra disparó lo de cuatro o cinco tiros sobre ella. Abigor descendía del aire.
─ Mis manos están atadas y mi voluntad sellada para hacer cualquier daño a otro miembro de la Corte Infernal ─ sintiéndose inútil y algo impotente, no tuvo más remedio que sólo contemplar, pero atinó a decir: ─ ¡Ylahiah! ¡Esta bestia no entrará, pero su espíritu ya está en la mansión!
Todo pasó en un segundo, el ángel entendió, antes de desaparecer. Integra se arrancó el frasco de agua bendita para arrojarlo a la mano del ángel quién lo agarró, luego desapareció para ir en busca de la maldad. Alucard apareció entonces de la nada en una de las invocaciones de sus muchas almas. Amorfo, monstruoso, casi incorpóreo, traspasó la reja, se abalanzó sobre el monstruo que acechaba.
─ ¡Alucard! ¡ALUCARD! ─ Integra, quien corrió hasta pegar su rostro contra el frío metal de las rejas ─ escúchame bien, ¡DAÑA A ESE BASTARDO LO MÁS QUE PUEDAS! ¡QUÉ RECUERDE EL COSTO DE VENIR A MI MANSIÓN! ¡Es una orden! ─ sin pensar en nada, la iracunda joven vació lo que quedaba de la carga de su arma sobre la bestia causando explosiones sanguinolentas, e inmediatamente reemplazó los cartuchos por unos nuevos. ─ ¡Así que sangras, aberración! ¡Excelente!
Alucard efectivamente infringía terribles heridas sobre la criatura que rugía con cada mordida de sus lobos monstruosos de decenas de ojos. En un momento, el vampiro fue capaz de arrancar la cola de dragón que salió volando por los aires. La herida fue tan brutal que sangre salpicó sobre el rostro de la jovencita, ella pasó una mano sobre su cara para limpiarse con lluvia, pero lejos de sentir horror, creyó estar disfrutado de aquella escena, y se sorprendió de sí misma.
Adentro, bajo tierra, Ylahiah hallaba la fuente de esa energía funesta que ahora podía sentir en todas partes. Bajando las alas se posó y echó a correr por el corredor para ver como Walter, herido en un brazo, era lanzado fuera de la celda contra los soldados que trataron de matar a Gulio:
─ ¡Váyanse de aquí los tres!... ¡AHORA! ─ gritó el ángel llenándose de una adrenalina humana.
Los soldados siguieron la orden al instante a ver a la criatura frente a ellos: esa de encendidos ojos color azafrán, y alas enormes. Sólo Walter permaneció allí.
─ ¡Señor Walter, márchese, por favor! Esto está fuera de su capacidad…. ─ afirmó Abigor quien ahora se hallaba detrás de Ylahiah, justo para ver salir a un Gulio irreconocible, contorsionado en una posición extraña, babeando su rostro deformado, vociferando en una lengua extraña con terrorífica voz.
Walter se puso de pie de un brinco y no tuvo más remedio que colocarse a resguardo del ángel y del demonio, que mientras observaban al engendro: ─ ¡Te juro que creí que tenías el poder de la omnipresencia, Ylahiah!
─ ¡No! Sólo en esencia, en cuerpo está reservado para los grandes siete arcángeles y Dios mismo… Él dice que nadie debe tener demasiado poder, que eso conduce a la perdición. ─ Abigor entornó los ojos. Ylahiah empezó una plegaria de plegarias en latín invocando el poder de sus superiores.
El duque general quien, en esos momentos también se hallaba observando la pelea de Alucard con el avatar de Asmodeo, en el sótano avanzó con paso firme hacia Gulio poseído, lo tomó por el cuello con su enorme fuerza y lo sostuvo al vilo: ─ ¡Todo tuyo, ángel de la guarda! No puedo hacer nada al físico o la presencia de otro demonio, pero no hay nada escrito acerca de sucios contenedores.
─ ¡Pagarás, pagarás, hijo de perra! ─ gruñía y vociferaba el poseído vampiro italiano.
Cuando Ylahiah colocó la cruz de rubíes que se había arrancado del cuello, sobre la frente del endemoniado, sacó el frasco de agua bendita de dentro de la chaqueta para arrojar chorros sobre el desdichado que se retorcía como si le arrojaran ácido. El ángel decía: ─ ¡Te ordenó que abandones a Gulio Cacciatore, demonio! Te lo ordenó yo en nombre de Dios y por el poder de Saint Michael arcángel.
La "cascara" Gulio se agitaba terriblemente, reía, espumaba por la boca y la nariz, escupía. Todo bajo el poderoso agarre de Abigor, la mirada furiosa de Ylahiah y la anonadada de Walter que nunca había visto un exorcismo tan horrible.
─ ¡Basta! ─ exclamó el duque general mientras asestaba sendas bofetadas a lo que quedaba del vampiro ─ ¡deja de embadurnarme con tu saliva, maldito engendro!
De repente aquel consiguió morder al duque tan fuerte en la mano, que este tuvo que arrojarlo contra la pared con fuerza desmedida. Gulio fue a dar con su ser contra el muro que se desmoronó un poco. Ylahiah seguía rezando y arrojando agua bendita, cuando escucharon la voz del vampiro:
─ ¿Qué es lo que quieres? ¿Por qué estás dentro de mí? ─ convulsiones sobre el suelo, y de nueva cuenta esa cavernosa voz en ese idioma extraño, inteligible para Walter─ ¡Estoy aquí para sellar tu boca para siempre! … ─ de nuevo la voz de Gulio, riendo: ─ ¡pues estás demorando demasiado! ¡Hazlo ya, maldita sea! ─ no bien tardó de decir aquello que comenzó a retorcerse de una forma aún más violenta. Walter, Abigor y Ylahiah vieron estupefactos como cada hueso del pobre vampiro iba tronando, causándole un terrible sufrimiento: ─ ¡Pero no se saldrán con la suya, Asmodeo! ¡Ni tú ni nadie del nefasto clan que han formado, aquel que se reunió en Concilio en Bavaria! Nos han vencido una vez, ¡volverán a hacerlo! En cuanto a mi clan, en cuanto a los vampiros de la Gran Bretaña, ¡no obtendrán ni el resto de sus secretos, ni el libro! ─ En un alarido de agonía, Gulio por fin gritó algo que Walter no entendió, luego, después de un temblor en todo su ser, arqueó la espalda hasta donde su nuca tronó y se fue desplomando poco a poco en un largo suspiro.
─ ¿El libro? ─ se dijeron ambos, ángel y demonio, volteándose a mirar. ─ ¿cuál libro?
─ El espíritu tenía que darse prisa pues su portador acaba de ser destruido por el rey vampiro allá arriba…
De repente Ylahiah pareció recordar de súbito, y sin más levantó de nuevo el vuelo para traspasar los pisos hasta salir de nuevo al exterior.
─ Y bueno, ¡ese definitivamente sí fue el fin de la historia de Gulio Cacciatore! ─ exclamó Walter moviendo el cuerpo con un pie, fingiendo que las últimas palabras del vampiro no importaban, que no había mencionado algo acerca de un plan, y un clan reunido cerca de Austria y Alemania.
─ ¿Y qué hacía usted aquí, Walter? ─ increpó Abigor.
─ Me di cuenta de que algo andaba mal, tenía que venir a cerciorarme que era. ─ colocó una mano sobre su antebrazo, la herida provocada por el poseído vampiro, le dolía mucho, y sin decir más avanzó por los corredores hacia la superficie.
Abigor sólo lo observó marcharse, pero sin quitarle la vista de encima. En unos segundos, al verle directo a los ojos adivinó su futuro. Por supuesto el duque general no iba a delatar nada, tan sólo dijo: ─ ¡Vaya, vaya! ¡Esto se pone cada vez más interesante!…
Arriba, sobre el patio, Integra había corrido a la caseta de seguridad para tomar las llaves y abrir los candados de la reja, salir y avanzar frente a la calle por donde los espectros de Alucard ya destrozaban lo que quedaba de la bestia de Asmodeo. Rifle en manos, la joven corría chapaleando sobre los copiosos charcos de agua. Detrás de ella, ya llegaban refuerzos de entre sus soldados, pero estaba absorta en su propia rabia, que ni se dio cuenta cuando una de ellos disparó al engendro, ayudando con eficacia a herirlo. Cuando vio que la pelea entre el demonio y el vampiro cesaba, ella se puso en guardia y apuntó a lo que quedaba de aquella abominación: una cabeza, la del horrible hombre, adherida a un pedazo de ese cuerpo de león que aún arrastraba fragmentos de sus alas de dragón. Alucard entonces volvió a invocar su forma corpórea y aterrizó como un águila junto a la cosa que se retorcía en el agua sucia, en medio de la calle. No pudieron evitarlo, ambos hicieron un gesto de repugnancia, y el estómago fuerte de Integra evitó que regurgitara su merienda allí mismo, pero se negó a seguir viendo, segundos antes de que aquella carroña comenzara a transformarse en decenas de arácnidos: arañas de diferentes clases y escorpiones que se dispersaron en todas direcciones.
─ ¡Aléjese de ellos, lady Hellsing! ─ gritó una soldada, apuntando con su rifle a las sabandijas, disparándoles.
Por instinto, Integra saltó a los brazos de Alucard el cual la sujeto contra sí levantándose en levitación.
─ ¡Esos arácnidos en realidad no están allí! ─ habló Abigor apareciendo junto a ellos, mientras hacía desparecer a los bichos con un chasquido de sus dedos, y removía el fango con su zapato para demostrar que todo estaba bien. Luego levantó la mirada al cielo por donde la lluvia comenzaba a aminorar hasta caer una llovizna constante bajo la cual el duque suspiró.
Alucard volvió a poner los pies sobre el suelo, Integra descendió de sus brazos, Ylahiah llegó de nueva cuenta para informar lo sucedido: ─ Milady Hellsing, Gulio Cacciatore ha sido asesinado en medio de una terrible posesión por obra de Asmodeo, ¡nada se pudo hacer para recuperar su ser! Lo siento mucho…
Integra se llevó la mano a la cara con un gran fastidio: ─ ¿Y ahora qué? ¡¿Ahora que carajo significa todo esto?! ─ Ángel, vampiro y demonio se volvieron a ver las caras entre ellos, la verdad era que no podían dar una respuesta precisa. ─ Y tú, soldado, ¿cómo te llamas?
─ Mi nombre es Irma Becker, milady.
─ ¿Por qué no te había visto?
─ Soy nueva, entré como parte del cuerpo de investigación.
Integra la observó unos segundos, tenía el presentimiento de que la había visto en algún otro lado, pero no tenía cabeza para recordar, estaba enojada, frustrada, empapada, cansada. Así regresó todo el camino de adoquines hasta la mansión echando pasos muy largos, sosteniendo su rifle con la mano derecha, seguida de un Alucard a quien no dirigió ni una palabra. Seria, mal humorada, tratando de desenmarañar lo que acaba de ocurrir para poder comprender que pasaría después, y ¿por qué Asmodeo había tenido el cuidado de ir a allanar la mansión con tal de matar a un vampiro que debía importarle poco? "¿Es que acaso le estaba cobrando la deuda contraída por el pacto de la noche anterior? ¡No! Detrás tenía que haber algo más, la intromisión furtiva había sido muy azarosa sólo para cobrar una deuda que al príncipe de la lujuria debería parecerle tan trivial". Con el quebradero de cabeza, apenas se dio cuenta que ya estaba subiendo los peldaños de la entrada principal, donde Theodore la recibió con una toalla seca que le ofreció, la joven la recibió con un "gracias", echándose la tela sobre la cabeza. La ama de llaves recomendó que se apresurara a darse una ducha caliente para evitar un resfriado. La joven asintió, y en su enfadado mutis comenzó a subir las escaleras principales hacia su habitación.
Alucard, quien entraba detrás, fue prontamente interrogado por Blair. El vampiro le dijo que Integra estaba bien: ─ Honestamente creo que deberías volver a tu casa, Blair, ya ves que estar en esta mansión no es muy seguro que digamos…
─ Aaah, me parece que lo haría, pero …prefiero estar aquí que ir donde mi madrastra, ¡además se supone que sigo en Bath, y si me ven regresar antes de lo que dije, habrá demasiadas preguntas!
Alucard sólo se encogió de hombros: ─ Entonces harían bien en quedarse de nuevo en la biblioteca, ambas…tu amiga y tú... Ahora, creo que tengo algunos asuntos que discutir con ella precisamente ─ levantó la mirada hacia el piso de arriba. La joven castaña asintió mientras que el vampiro se disponía a seguir a Integra, y en su camino se topó con la vista de Walter, quien hablaba con Theodore de una profunda y fresca herida que llevaba en el brazo. Se detuvo un momento, ya escaleras arriba, desde allí preguntó: ─ ¿A sí que enfrentaste a la esencia de Asmodeo, Walter? ¿Cómo te fue con eso? ¡Veo que no muy bien!
─ ¿Y a ti como te fue cuando lo enfrentaste en carne y hueso?
Alucard frunció la nariz, "¡tenía que ser que ella le contase mi derrota! Bueno, ¿por qué me extraña? ¡Es su gran confidente!": ─ ¡Tan bien como se puede pelear con un demonio milenario! … ─ dijo, luego continuó subiendo peldaños hasta dar con el pasillo que llevaba a la habitación de Integra ante cuya puerta se detuvo, guardando la decencia de tocar con los nudillos, esperando la respuesta. Él sabía que la dama estaba lo bastante molesta, y no quería aumentar su enojo con imprudencias.
Dentro de la habitación, Integra ya se ponía el pijama seco, se secaba el cabello y recordaba como se había despedido del duque y de Ylahiah:
─ ¡Nos veremos en Bath, milady!
─ ¡Hasta pronto, milady! Y le aseguro que el demonio se ha marchado, ¡por el momento ha finiquitado sus asuntos con esta casa!
─ ¿Y después de que pase este momento, que ocurrirá, Ylahiah? ─ Interrogó Integra, debajo de la llovizna mientras la brisa nocturna meneaba su cabello, sus ropas.
─ No volverá, tiene otros asuntos en marcha … ─ en el rostro bello del ángel se dibujó una sonrisa dulce que trataba de ofrecerle remanso a la chica.
─ Tal vez lo vuelva a enfrentar, pero no pronto ─ agregó un Abigor casi entusiasmado ─ ahora, por el momento nos despedimos: ¡lord Alucard! … ─ asintiendo.
─ Alteza…
─ Milady… ─ besó de nuevo su mano.
Ylahiah hizo algo parecido, luego, ambos seres desaparecieron con la noche y el viento.
"¡Maldita sea!" Pensó Integra ahora en su habitación donde se dejó sentar sobre el borde de la cama con la toalla sobre la cabeza, cuando escuchó llamar a su puerta.
─ ¡Integra, soy yo!…
─ ¿De cuándo a acá tocas la puerta, Alucard? ─ contestó con desgano, y él tan sólo apareció frente a ella. La observó: su rostro sin expresión detrás de sus cabellos aún mojados.
─ ¡Qué velada!, ¿no es así?
Ella tan sólo hizo rodar los ojos: ─ Iba a decir, "¡no sé cuándo se acabará todo esto!" Pero sería muy necio desearlo, ¡esto para mí nunca acabara! …Ya debería estarme acostumbrando…
─ ¡Ah, qué situación! Pero…así son los deberes heredados, ¡a veces pueden parecernos una cruz! ─ él se agachó frente a ella para poder mirarla a los ojos. Ella sintió la mirada directa, levantó la suya a diez centímetros de su rostro, lo escuchó decir ─ más nunca serás libre de esos deberes, Integra, no mientras estés aquí… Ahora escucha, ¿crees que mi propuesta de anoche fue a la ligera? ¿qué la dije sin pensar, motivada por la emoción del momento? ─ negando con la cabeza, sosteniendo la mirada, tomando su barbilla entre sus dedos ─ fue muy en serio… ¡tan sólo una palabra!, ¡tan sólo di una palabra, y te llevo conmigo al fin del mundo sin es necesario!
─ Dijiste que al fin de Europa…
─ ¡Al fin de Europa, entonces! ─ rio ─ …donde serías una princesa libre.
Integra giró la cara para escapar de la caricia de sus dedos, sonrió irónica: ─ ¡Así menos sería libre! Tan sólo una muñeca en tu exhibidor… Y ya no insistas con eso, Alucard, ¡nunca te voy a decir que sí!
─ ¿Quieres apostar? ─ el vampiro se levantó entonces y giró la mirada hacia la ventana que daba al patio trasero.
─ ¡No seas arrogante, por Dios!
─ Y tú no seas tan …sumisa…
─ ¿Qué?... ¿Sumisa, dijiste?
Aún sin verla a la cara, sino al horizonte que se extendía hasta la propiedad Astor y más allá: ─ ¡Sí porque eres tan conforme y sumisa con tu deber que estas dispuesta incluso a encubrir un intento de ultraje en tu contra con tal de no causar escándalos!
Integra terminó, así, de enfurecerse. Apretando los puños sobre la cama, dijo arrastrando las palabras en sus labios: ─ ¿Y a ti que te importa?
─ ¡¿Es que acaso no debería importarme?! ─ se giró de una vez para encararla, con el ceño fruncido y un gusto que sabía a rabia entre los colmillos. ─ ¡y efectivamente di en el clavo! ¡Lo que pasó el viernes en la noche con Islands se va a quedar en un secreto impune!
─ ¡No sé porque mierda crees que tienes derecho a cuestionar mis decisiones!
─ ¡Ah no, Integra, no! ¡De nuevo tu misma jugarreta de vez pasada no! ¡Lo que sucede entre nosotros significa algo! ¡Puedes fingir todo lo que quieras: que carece de importancia, que es algo trivial, pero no es así! ─ avanzó hasta ella, puso sus manos a los costados y la encaró tan cerca que ella tuvo que retroceder de espaldas sobre la cama. ─ ¡no volverás a poner otra de tus tontas excusas porque yo no lo voy a permitir! ¡La vez pasada fingiste que había sido algo insignificante pero ahora no puedes! Hazte la desentendida, si quieres, ¡pero para términos prácticos, tú eres mi …!
─ ¡¿Qué, Alucard, soy tu qué?! ─ sin claudicar un centímetro, aun sosteniendo la mirada.
─ ¡Eres mi chica! ¡Mi novia! ¡Llámalo como quieras, pero eso eres! ─ a tan pocos centímetros de ella, paseó su aliento por su boca, su barbilla y su cuello.
Ella tan solo cerró los ojos, conteniendo las acuciantes ganas de aferrarlo y comenzar a comérselo a besos, en lugar de eso, sólo contestó: ─ ¿Crees que porque te he dejado que juguetees en mi cama un par de veces te vas a convertir en mi dueño?
─ En tu dueño no, ¡pero ya me dio tiempo y derecho de enfurecerme si alguien pretende abusarte! ¡Y si fueras todo lo valiente e… íntegra… que se supone, te tendría que haber importado poco el escándalo o el qué dirán, y en lugar de eso, ¡desenmascarar ante todos a ese mocoso maldito!
─ ¡Lo desenmascaré ante quien era necesario! Además, ¡ahora estoy comprometida por el favor que ha hecho Sir Islands!
─ ¡No mientas! ¡Jamás estuvo en tus planes denunciar ante la justicia de tu reino a Charles Islands! ¡Vas a dejarlo impune como si lo que te hizo no importara, y así sólo le estarás dando pauta para que lo haga de nuevo contra otras mujeres! ¿No lo habías pensado?
─ ¡Basta ya! ─ apoyó sus pies sobre el pecho de él y lo empujó para pararse de un salto ─ ¡no cambiaré mi decisión por muy enfadado que estés! Además, ¡Me extraña muchísimo que, siendo un aristócrata tan rancio, no sepas los precios que se deben pagar por pertenecer a la Nobleza!
─ ¡No cambies el tema! ¡Eso es basura!
─ ¡No lo es! No voy a provocar un escándalo que ponga en riesgo el bajo perfil que debo mantener, ¡si lo hago, el anonimato de mi empresa se pone en peligro, y eso no lo voy a provocar!
─ ¡Vaya, cuánto compromiso por tu causa! ¡Eres tan leal! ¿Acaso pretendes que te canonicen? ─ acercándose de nuevo a ella que ahora permanecía de pie ─ Puedes tratar de justificarte todo lo que quieras, pero mantenerte callada cuando literalmente pasaron sobre ti, ¡me parece el colmo de la…devoción por tu papel! Por no decir que es una burda abyección…
Las palabras cada vez más exaltadas eran como fuego en un caldero:
─ ¡Cómo si tú nunca hubieses hecho algo parecido!
─ ¡¿Qué?!
─ ¡Ultrajar a una mujer! ¡Dudo mucho que nunca lo hayas hecho!
─ ¡Con un demonio! … ¡Eso no… eso no tiene nada que ver! ¡Y pues nunca tuve necesidad de hacerlo, siempre me sobró quien lo hiciera por voluntad propia! ¡Pero como ya sabrás, otros sí abusaron!
Al escuchar eso, Integra se detuvo: ─ No, ¡no, Alucard! No quise tocar temas que no…
─ ¡Bah! Ahora estamos peleando en serio, ¡puedes decir lo que se te dé la gana! ¡Me da igual! En este instante estoy tan enojado que no me importa si continúas teniéndome lastima, ¡o si remueves cosas que deberían estar podridas en el pasado!… ─ Integra no supo que decir, tan sólo guardó silencio mientras él proseguía ─ pero no se trata de las bajezas que hice en mis tiempos, ¡se trata de que eres capaz de trivializar lo que sea que quieran hacer de ti! ¿A la próxima vez, qué? ¿Sucederá algo parecido?
─ ¡Desde luego que no!... Yo no lo permitiría jamás…
─ Claro, porque dejaste que el mocoso Islands llegará tan lejos para que fuera parte de tu plan… al principio creí que sólo eran las bofetadas, ¡pero ya me di cuenta de que no! ─ Ella tan sólo se cruzó de brazos, levantó los hombros y en una expresión indolente lo dejó terminar de hablar ─ cuando te lo propones puedes ser tan…inicua ─ muy cerca de ella, sin que la joven se inmutara siquiera ─ ¡con razón me …gustas tanto… mi cielo! ¡En verdad me vuelves loco! ¡Mírate nada más! Allí con esa apariencia núbil e inocente, ¡pero escondiendo bajo la piel a una mujer realmente fascinante! ─ agarrando de nuevo el mentón entre sus dedos, evitó besarla esta vez como ella estaba esperando, pues no despegaba los ojos de sus labios. Pero él no lo hizo, y así evitó decir las palabras que en sus labios quemaban por estar conteniendo las malditas ganas de gritarlas: "¡Con razón te amo tanto!" Lo pensó nada más, luego la miró con enojo, la soltó con una expresión adolorida y salió de la habitación desapareciendo en medio de la semi penumbra, en medio de los pesares de la joven dama quien tan sólo volvió a dejarse caer sobre la alfombra como si su cuerpo estuviera hecho de cera derretida. Con la mirada clavada en un punto indeterminado, se quedó quieta, escuchó a lo lejos los susurros de la noche, la renovada quietud después de la tormenta, y sus pensamientos necios y persistentes: El misterio de la posesión, la tenacidad del demonio, y ahora para colmo, la pelea con Alucard. Pelea que ella no hubiera reconciliado por más impulsos que tuviera. "¡Maldita, maldita noche!" Pensó, encendió un cigarrillo, y en las polutas de humo ahogó cualquier posibilidad de una lagrima traidora.
Continuará...
Hola de nuevo!
Todo ese relajo de Walter y Gulio que acaban de leer, no es que vaya a abrir nuevas tramas ni nada, de hecho, como esta historia es una precuela, lo que intento es jusficar cosas que pasan en el canon de Hellsing (y puede que en la historia que escribí como continuación a ese canon), pero por lo que se refiere a esta historia, ya sólo queda el descenlace de lo que se guarda en el libro de la logia de vampiros.
Como siempre agradezco las reviews que dejan, las cuales contesto por PM (por si no las hallan, allí busquénlas, siempre y cuando me comenten con su cuenta de user, si no, no se pueden contestar las reviwes por medio de buzón).
Sin más por el momento, me despido, y, ¡hasta la próxima)
