XXXIII

Bath

Blair se acercó a la ventana para cerrar las cortinas de la biblioteca, luego volvió a su improvisado lecho sobre la duela alfombrada del recinto para terminar de acomodar colchoneta, sabanas y frazada con ayuda de la tórtola Clarice, cuando hubieron terminado, le agradeció y la empleada se despidió dando las buenas noches a ambas damas. Integra se ocupaba de cepillarse el cabello, sentada sobre el sofá que tantas noches anteriores había sido su cama. Cuando se hallaron a solas, Integra sacó de debajo de su almohadón de plumas, la caja de aluminio con los habanos nuevos que el duque le había regalado, le ofreció uno a su amiga quien lo aceptó gustosa. Encendiéndolos al mismo tiempo, la castaña tomó asiento junto a su mejor amiga.

─ Ahora sí te contaré porque regresé a Londres hoy en la mañana ─ una segunda bocanada al tabaco le hizo decir que era el mejor que hubiese probado, luego siguió con su explicación ─ pues no había querido decírselo a ninguno de ustedes, pero desde hace tiempo se me ocurrió la idea de … ¡incursionar en el modelaje! ─ una sonrisa se dibujó en su rostro.

─ ¡Vaya, eso…eso suena genial, Blair!

─ ¡Lo sé! Por eso mandé algunas solicitudes a algunas academias y sucede que me han llamado en una, me enviaron la carta a casa, mi ama de llaves llamó a la casa Marshall y regresé como de rayo para una entrevista… ¡y es casi seguro que estoy dentro!

Ambas chicas profirieron un gritillo y se tomaron de las manos.

─ ¡Ahora entiendo porque hace rato estabas tan emocionada y contenta, es decir, más de la cuenta!

─ ¡Oh sí! ¿puedes imaginarlo? ¡Lucir prendas de diseñador, andar por la pasarela, viajar por el mundo! ¡Eso definitivamente es lo mío!…

─ ¡Me alegra que hayas hallado tu vocación, Blair!

─ Si no fuera tan tarde y no estuviéramos en tu casa, te diría que brindáramos, pero mejor dejamos el brindis para cuando sea formal que me hayan aceptado, aunque debo decir que me fue muy bien en la entrevista y en el casting, tú sabes, algunas fotografías espontaneas y todo eso…

─ No creo que tengas ningún problema con eso, eres muy bella y jovial, ¡creo que tienes más de lo necesario! Así que dentro de unos años ya quiero verte en algún gran desfile de modas, usando las confecciones de los grandes ─ Integra hizo ademanes con las manos y entornó los ojos, luego de otra sonrisa abrazó sinceramente a su amiga. ─ ¡será genial!

─ Tu futuro también, ¡no te creas! Te lo hemos dicho, ¡más genial que ningún otro!

Dejando de abrazarla, Integra dibujó una pequeña sonrisa y asintió no sin ciertas dubitaciones. Después de unas charlas más, donde le contó a Blair, a detalle toda la aventura de la noche anterior (volviendo a omitir la parte donde Alucard fue vencido), cedieron ante la somnolencia cuando los relojes anunciaron la una de la madrugada, así, para cuando Integra terminó su relato, ya mullida entre sus edredones y con los ojos cerrados, Blair preguntó: ─ ¿Y con Alucard no hay avance?

─ …A veces parece que sí, a veces parece que no… ─ suspiró pausado y profundo, como si con ello quisiera recordar tan sólo las caricias y los besos, y no el pleito de siempre que causaban sus propias naturalezas volátiles, o el hecho irremediable de estar en medio de todo lo que insistía en transformar lo suyo en un gran "es que no puede ser" ─ ¡de cualquier manera no corre prisa!

─ ¿Lo dices porque eres apenas una adolescente y él es inmortal?

─ ¡Creo que sí! ─ con una risita débil y modorra, fingió quedarse dormida, pero tardó en hacerlo algunos minutos más, mientras pensaba "¿por qué no estás aquí para poder besarte otra vez como anoche, Alucard?"

Luego, estuvo segura de que durmió unos minutos, que estaba comenzando a soñar que, efectivamente, Alucard estaba con ella para estrecharla entre sus brazos y besarla a su antojo, cuando escuchó los característicos pasos de sus botas. Sus ojos se abrieron con desmesura y se incorporó de golpe para ver al gran vampiro atravesar la biblioteca, llevaba la mirada al frente y llevaba en la mano un par de cintas VHS, bajo el otro brazo una videocasetera.

─ Alucard, ¿pero qué?... ─ en voz queda.

Al escucharla, el rey no muerto se detuvo, y sin voltear dijo: ─ No pienso molestarte más de la cuenta, ¡sólo vengo a montar guardia, y ten por seguro que sólo eso! Aquí está Blair para que no creas que esta es una artimaña para intentar hacerte otra cosa…

Integra exclamó una expresión de fastidio, acompañada de un: ─ ¡No necesito guardias!

─ Eso crees tú… Claro que, si quieres que nos reconciliemos con mimos, podemos ir allá … ─ la interrumpió para señalar en dirección a su habitación. Aún sin verle la cara, ella percibió una sonrisa burlona.

─ ¡Vete al diablo!

Alucard se rio lo más bajo que pudo para no hacer despertar a la invitada cuyos parpados ya temblaban en profundo sueño: ─ En ese caso, ¡estaré en la parte de arriba mirando esto! ─ se giró muy apenas y le mostro la caratula de la larga película dividida en dos tapes, que tenía en la mano: Lo que el viento se llevó, decía ─ después de muchos años de no hacerlo, voy a volver a ver otra versión de ti y otra versión de mí, a ver si recuerdo algo y me sirve para enseñanza de la vida real. ─ la mirada soberbia de Integra cuando la ceja izquierda se elevaba demasiado, a él le pareció deliciosa ─ ¡voy a tomarte una fotografía cuando me mires así! ¡No sabes cómo me excita! ─ volvió a reírse quedamente ─ ¡hasta mañana, "Scarlett"!

Integra bufó y volvió a acostarse de golpe para enrollarse entre su edredón: ─ ¡Tú no eres Reth Butler!

─ ¡No! Yo soy más guapo y mucho más abyecto, ¡eso sí!… ─ dijo subiendo la escalera de caracol de a dos en dos peldaños.

En su sillón, Integra ahora sí tuvo algunos problemas para volver a dormir entre los pensamientos desatados por la presencia de su vampiro, y los susurros bajos de la película que, aunque a mínimo volumen, le provocaron soñar que ella era en verdad una belleza sureña de mediados del siglo XIX, con tendencia a causar desastres y sufrimiento con su soberbia.

De repente, en medio de una escalinata larga y angosta de piedra se miró a sí misma, intentó treparla con rapidez, pero algo se lo impidió, se levantó las enaguas amplias y largas con crinolina que llevaba puestas y miró un par de botas ceñidas con tacón delgado, "¡demonios!" Cuando levantó la mirada para observar aquella pendiente de gradas donde abundaba un ambiente oscuro lleno de neblina, sintió fastidio. Su inconsciente atrapado entre retazos de la famosa película que Alucard miraba, la colocaba corriendo para alcanzar una puerta de madera, entrar a la estancia de una elegante casa con escaleras, alfombras y vestiduras de caoba. Ella trasponía el umbral de la entrada acompañada de esa bruma espectral, algo decía, a alguien llamaba: ─ ¡Alucard! ¿Alucard dónde estás? ─ llamaba la joven buscando por cada rincón de la casa, que de repente se había transformado en la mansión Hellsing ─ ¡Alucard, Alucard responde! ─ corría para alcanzar la escalera del sótano, pero ¡oh sorpresa! Cuando abrió la puerta debajo de la gran escalera, el camino hacia las mazmorras del sótano, estaba distinto. Ya no eran esas gradas de acero inoxidable que se habían mandado a instalar un par de años atrás, sino unas resbaladizas de piedra por las que tuvo que bajar con gran cuidado de no caer … "¡Malditas enaguas!" Decía levantando su atuendo de dama victoriana (un vestido hermoso como el que usaban las damas de aquella época en ocasiones casuales) que combinaba con un complicado peinado de moños y caireles a través de la larga cabellera que tuvo por años, "¡con razón esas mujeres no hacían nada más que estar sentadas tejiendo, si no podían ni moverse!" Luego se halló ante corredores lúgubres y fríos, sí, pero que nada tenían que ver con aquellos de su viejo sótano, estos parecían de un viejo castillo, y estaba en lo correcto. A medida que avanzaban en la penumbra, escuchaba sonidos, ecos, murmullos de voces ahogadas, de lamentos atormentados, débiles y enfermos. Con ansiedad la joven buscó un ventanuco, una hendidura, ¡un lugar por donde hallar un remanso de luz tan solo, o una visión para saber dónde estaba! En lugar de eso, en medio de esa penumbra sórdida donde sonidos de gotas de agua que caían, respiraciones agotadas y voces quejumbrosas abundaban, estaba otra escalinata que se animó a subir al adivinar un débil as de sol. Con las enaguas levantadas en sus manos se dispuso a emprender el camino a través de esa cuesta. A pocos metros de haber avanzado descubrió con horror que junto a ella había celdas por donde manos suplicantes se asomaban rogando por agua, hasta que una casi la tocó, arrancando el chal que llevaba ella sobre sus hombros. Después de eso, tan sólo hecho a correr escaleras arriba, tropezando algunas veces, huyendo entre lamentos y suplicas de los prisioneros, hasta que por fin alcanzó el alto de aquella torre, hallándose en una cámara con algunas puertas de celdas que la rodeaban, unas cerradas, otras abiertas, ¡y por fin una ventana! A la cual corrió para mirar que se hallaba a muchos, ¡pero a muchos metros del suelo! Rodeada de una fortaleza agreste, que a su vez estaba rodeada de un bosque, y más allá fosos y ríos. El miedo se había apoderado de la joven, ¿para qué negarlo?

─ ¿Quién eres tú? ¿Eres una de las mujeres del sultán? ─ pasmada la joven comenzó a buscar al dueño de la joven voz que la interrogaba

─ ¿Quién está allí?

─ Sólo yo… ¡por favor, no le digas a nadie que te he hablado!

Negando con la cabeza, la chica se fue acercando lentamente a una de las celdas hasta lograr asomarse a donde provenía la voz: ─ ¡No voy a decírselo a nadie! ─ mientras trataba de distinguir algo entre esa semi penumbra, vio arrinconado a un chico sobre un montículo de paja, un chico que no pasaba de los quince años, extremadamente delgado, macilento y sucio, vestido de harapos ─ ¿quién eres tú?

─ Me prohíben hablar con nadie…

─ Pero yo no soy nadie, yo soy Integra…. ─ asomando aún sus ojos azules por las hendiduras de las rejas de la mirilla en la puerta.

─ ¿Y eres una princesa o algo así?

─ ...Nno, una princesa no, una dama de la Nobleza sí…

─ ¿Y por qué estás aquí?

─ ¡No lo sé!

─ ¿Te han hecho prisionera también? ─ el chico se levantó de entre su montón de paja y se acercó a la mirilla, Integra pudo ver sus cabellos negros enmarañados, sus ojos azules entre la mugre que cubría su rostro.

─ … ¡no puedo creerlo! ─ contestó ella en el instante en que creyó reconocer las facciones del desdichado jovencito y su sorpresa no tuvo límites.

─ ¿Qué cosa? ¿Qué es lo que no puedes creer?

─ No, ¡nada! Pensé en voz alta… ¿y …y por qué estás aquí?

─ Mi padre me cedió como cautivo, el sultán lo obligó.

Integra sintió un nudo atirantándose en su garganta, más fuerte que el corsé que sentía debajo de su bello vestido acinturado, "¡Ah diablos!, ¿qué clase de tortura es esta del corsé y como podía ser tolerada?" Miró a todos lados intentando no perder el aliento… Su zozobra y miedo iban en aumento, pero no veía la forma de salir, pues para esas alturas ya había olvidado que sólo se trataba de un episodio onírico, por lo que cuando escuchó:

─ ¡¿Con quién mierda estás hablando?! ─ la voz violenta de un hombre cuyos pasos se acercaban.

─ ¡Oh no, no! ─ exclamó el chico corriendo a refugiarse al rincón más oscuro y alejado de la puerta de su celda ─ ¡escóndete!

Integra reaccionó apenas para correr al interior de una de las celdas vacías y cerrar la puerta, lo que no evitó que viera aparecer al trio de hombres llegando, vociferando, insultando, clamando el nombre del chiquillo: ¡Draculea! Abrieron la puerta donde le niño estaba, ella escuchó el rechinar de los goznes, lo extrajeron, él no opuso resistencia, ni siquiera protestó. Hablaron en un idioma que ella no conocía, pero el jovencito sí (a la mañana siguiente recordaría que Alucard también hablaba turco). El chico tan sólo movió la cabeza afirmativamente ante la orden. Le hacían más preguntas que Integra no podía entender, el jovencito negaba con la cabeza, fue tomado con brusquedad por las ropas y suspendido en el aire, a punto de ser golpeado, a Integra se le escapó el chisguete de una voz: ─ ¡no! ─ demasiado tarde ya para taparse la boca, a pocos metros de los hombretones que ya sabían que estaba allí, eligió salir corriendo a toda prisa de la celda hacia la ventana que tenía enfrente, sin importarle los gritos detrás de ella, corrió esos metros sobre sus botas de tacón, levantando sus faldas y su crinolina, se encaramó por la ventana, y cerrando los ojos saltó al vacío: "¡primero muerta que prisionera!" Con angustioso terror se sintió, se vio caer y caer a través de neblina, comenzó a gritar aguardando el inevitable final. Cuando cerró los ojos esperando la muerte, fue súbitamente detenida por una mano grande y fuerte. Abrió los ojos para mirarse pendiendo a una altura aún de vértigo, levantó la mirada para ver al dueño de la mano: era Alucard quien llevaba los cabellos muy largos y la barba crecida, portaba una armadura señorial, regia, y una capa principesca, le dijo con una sonrisa socarrona: ─ ¿Por qué te entrometes hasta en mi mundo de sueños? ¿Es que ni siquiera aquí puedo estar en paz? ─ sin dejar de sonreírle la levantó hasta ponerla a salvo dentro de otra habitación de la torre, pero en vez de depositarla en el suelo, la estrechó con su brazo alrededor de la cintura, la asió contra su pecho al tiempo de decirle: ─ ¡Estás en la fortaleza de Egrigoz, prisión Turca!

─ ¡Alucard! ─ dijo ella sin separación entre ambos ─ ¡ni siquiera sé cómo llegue aquí!

─ ¡Sólo estás soñando, mi queridísima ama!

Aun mirando a todos lados: ─ ¡Te ves, te ves diferente! ─ y si antes Integra pensaba que Alucard no podía verse más apuesto, estaba en un error.

─ Tú también, así vestida y peinada como dama victoriana, ¡podría comerte entera! En el buen sentido… ─ y la apretujó más contra él.

─ ¡Ya deja de tontear y dime como salir de aquí!

─ ¡Pues despierta! Se está haciendo tarde…─ sin dudarlo mucho estampó un beso contra los labios de ella, quien en esos momentos abrió los ojos de súbito para hallarse en la quietud matutina de su biblioteca.

─ ¡Qué bueno que al fin te despabilas, Integra! ¡Ya son las ocho y hay que irnos a Bath! ─ decía una Blair aún en pijama y desgreñada, quien tenía en sus manos la base del teléfono y el auricular a través del cual aún hablaba ─ ¡sí! Llegaremos después de medio día según mis cálculos, y sí, ¡tenemos otros invitados! No se preocupen, ¡definitivamente no son de por aquí así que no hay problema! Son amigos de Integra … ¡claro!... Ok, ¡nos veremos luego, ciao! ─ colgó al fin, luego se dirigió a la puerta ─ ¡voy a darme una ducha!

Dejando a la rubia aún pensativa y descolocada por su extraño sueño, tocando su cabello y su cuerpo: "¡¿Y yo como rayos sé lo que se siente usar un maldito corsé?!"

-oOo-

─ ¡Bah! ¡Te crees la gran cosa porque Integra sí te monta! ─ le decía Alucard al caballo Damasco mientras le acariciaba el hocico para halarlo del bocado.

─ ¡Gracias por ayudar con eso, lord Alucard, de repente se pone muy inquieto y sólo con usted o la ama es manso!

─ Bueno, Theodore, tal vez Damasco ha estado sintiendo las malas energías en la casa. ─ sonrió al animal después de darle otra palmada en el rostro, y echo a andar hasta el camper que ya estaba unido a la camioneta Van que los llevaría hasta Bath.

─ Entonces es buena idea que lo lleven de paseo a casa de lady Marshall…

─ ¡Eso creo! A todos nos hace falta cambiar de aires de vez en cuando.

Los tres, vampiro, ama de llaves y caballo alcanzaron la parte delantera de la mansión, Alucard se dispuso a subir a Damasco al remolque para equinos, con ayuda de un mozo de cuadra a quien agradeció. Mientras tanto, Integra y Blair salían ya listas para partir, seguidas de Walter que no dejaba de darle recomendaciones a Integra de que, "por favor lo llamase por cualquier cosa que necesitara".

─ Walter despreocúpate, ¡no estoy sola!

─ ¡A sí, estará con usted, Alucard!

─ Alucard y Ylahiah… y puede que hasta el duque Abigor… ─ Walter levantó una ceja, dubitativo, escéptico ─ sé que es un demonio y que te gustaría que no estuviera cerca de mí, pero por alguna razón, le tengo confianza, ¡y tú sabes que yo no confío en cualquiera!

─ Así Milady, puede ser que sí. Confiaremos en su agudo sexto sentido, ¡en fin! ¡Cuídese mucho!

─ ¡Lo haré Walter, y espero que tú también! Esa herida, ¡no vayas a dejar que se ponga mal! ─ el mayordomo vio su brazo vendado, el cual le impedía conducir un auto para ir a Bath, como le hubiera gustado. ─ Por lo pronto ─ bajó la mirada ocultando un gesto de dolor ─ hazte cargo de los gastos funerarios de los guardias caídos anoche, y alista tramites de pensiones para sus familias. A demás está el asunto del rastreo de los sobrevivientes de la Convención de vampiros.

─ Los equipos de investigación ya han sido despachados, partieron hoy antes del amanecer, milady.

─ Cualquier información que surja, que por favor me lo hagan saber, ¡que me llamen a la mansión Marshall! Y ya sabes, no dejes de cuidarte.

─ Así lo haré, milady, no se preocupe, ¡Y cuando vuelva hallará a su mayordomo mucho más repuesto!

Con un cálido abrazo, Integra se despidió y terminó de bajar las escalinatas para subir a la Van, mientras charlaba de algo con Blair. Walter por último se acercó a Alucard para entregarle en las manos las llaves.

─ Descansa entonces de mi presencia, Walter, ¡tienes unos días de gracia! ─ debajo de las gafas oscuras del vampiro, la mirada burlona que acompañaba a la sonrisa que el mayordomo sí pudo ver, y a la que sólo respondió haciendo girar los ojos. ─ por cierto, querido Walter, anoche Abigor me dijo que estabas husmeando en la celda de Gulio Cacciatore, ¿por qué?

─ Como le dije a él, porque quise interrogarlo antes de que tú bajaras y lo mataras a golpes. Muerto o demasiado mal herido no nos iba a servir de mucho … ─ mientras fingía que se acomodaba el vendaje.

─ ¡Aaah sí, ya veo! ─ no le creyó ni una sola palabra ─ lo que yo me sigo preguntando es porque carajo Asmodeo se volvió a tomar la molestia de venir y poseer al mugroso italiano ese que, por cierto, ya estaba acabado. ─ se colocó un par de guates de piel, se acomodó el blazer negro deportivo, y pasó la mano por sus cabellos ─ ¡en fin! Si no tienes nada más que decir al respecto, ¡ya lo averiguaré! Hasta dentro de unos días, Walter, ¡o antes si se presenta cualquier imprevisto!

Sin volver a voltear, el vampiro subió al asiento del chofer y encendió el motor para arrancar enseguida. Por el medallón de la camioneta, Blair e Integra se iban despidiendo agitando la mano.

Bath estaba a más de ciento cincuenta kilómetros de Londres, por lo que, si bien el camino no era demasiado tardado, tampoco se recorría en un lapso de tiempo que no causara cierta modorra, por lo que Blair, quien adrede se colocó los auriculares que llevaba para su discman, se las ingenió para tenderse cómodamente en uno de los asientos y echó a dormir. Integra se dio cuenta de ello cuando su charla ya no tuvo respuesta, entonces se quedó quieta en su propio asiento, hasta que Alucard le dijo: ─ Deberías venir aquí enfrente conmigo, Integra, necesito un copiloto y una compañía para que no me sienta como chofer de empresa repartidora.

─ Aquí estoy bien…

─ ¡No me digas que sigues enojada por lo de anoche! Creo que yo debería ser el enojado, ¡y aquí me tienes! Fresco como la lechuga, ¡y eso que quisiera estar durmiendo! ─ miró la hora en el reloj digital del tablero.

─ Sigues pensando que debo denunciar a Charles Islands…

─ De hecho sí…

─ Y sigues pensando que me gustó lo que me hizo…

─ Si pensara eso ya te habría aplicado la ley del hielo, nena…

─ ¡No me digas nena!

─ Eres mi nena, ¡aunque lo niegues!...

Integra refunfuñó, se cruzó de brazos, fingió que arregló su cabello, perdió la mirada en el horizonte, en las granjas y campos de labor, verdes y reverberantes por las lluvias de junio, que pasaban rápidamente frente a sus ojos mientras Alucard encendía la radio y una canción se dejaba escuchar:

It's my own design

It's my own remorse

Help me to decide

Help me make the most

Y comenzó a tamborilear los dedos en el volante, Integra a tararearla casi inconscientemente, de memoria.

Of freedom and of pleasure

Nothing ever lasts forever

Everybody wants to rule the world.

─ Y dime, querida ama, ¿qué te pareció el sueño que tuviste? ─ Eso volvió a capturar la atención de la joven, y su cara, que fue observada por el retrovisor, dijo todo ─ ¡así es! Yo estuve allí, vestido de caballero dragón. Tuvimos un sueño lucido, ¿no es eso romántico? ─ mal disimulando la sonrisa maliciosa de siempre.

─ ¡Ay, no puede ser! ─ expresó la chica, volviendo a mirar el paisaje

─ ¡Te veías hermosa como dama del siglo XIX! ¿Y qué tal me veía yo?

─ ¡No me acuerdo! Y no, ¡no me pareció un sueño placentero, creo que fue horrible! Esa torre, ¡esos prisioneros!

─ ¡Ese yo de allí a los catorce años! Tssss …pero si es feo en un episodio del inconsciente, ¡imagínate lo que fue en la realidad!

─ Siento mucho que hayas estado en un lugar así, ¡pero cuando hablamos de tu pasado dices que te estoy compadeciendo! Además, me hiciste soñar con una escena de Lo que el viento se llevó, y tampoco fue agradable…

─ ¿Por qué?

─ Porque…porque te marchabas, me dejabas sola en casa, entre la bruma…

─ ¡Oh "Scarlett", ya te dije que yo no puedo ser como el capitán Butler!

─ No me parezco a Scarlett O'Hara, no sigas con eso…

─ ¡Pero claro que te pareces! Eres una joven rica, aristocrática y petulante que se beneficia de la esclavitud.

─ ¡Pero yo nunca andaría persiguiendo a un hombre! Ni aunque fuera a Reth Butler, aquien repito, no te pareces.

─ Claro que no, tal vez soy más cínico y taimado que él, pero no tengo sus agallas… las agallas que me harían falta para dejarte, no las tengo ni las tendré nunca, según veo.

─ ¡No digas cosas de las que no estás seguro!

─ ¡Nunca en mi larga existencia he estado más seguro de algo! Y si un día me fuera de tu lado ─ sus ojos a través del retrovisor, hacia ella ─ ¡ten por seguro que sería en contra de mi voluntad!

Integra suspiró profundo al escuchar aquello, y no supo porque, pero entre la contemplación de los paisajes de la campiña inglesa, algo desconocido e incierto, se le clavó en el corazón: ─ ¿Y por qué … por qué soñamos juntos lo mismo? ¿Cómo es posible…?

─ ¡No lo sé! Creo que somos almas gemelas…

Integra se sonrojó al escuchar eso, lo vio encogerse de hombros. Ella rápidamente cambió de tema: ─ … Aun no comprendo porque Asmodeo se esforzó tanto por entrar a asesinar a Gulio.

Alucard notó la salida por la tangente, levantó una ceja mientras se colocaba un cigarrillo en los labios, después de un suspiro dijo: ─ Siento que… ¡aquí hay un gato, y muy gordo, encerrado! Y también siento que esa madeja está a nada de desenredarse, para bien o para mal…

El gran vampiro tenía razón, llegaría el momento en que todas las jugadas fueran puestas sobre la mesa, mientras tanto, fueron charlando acerca de eso y cuestiones relacionadas, durante un buen tramo, hasta que el sopor también venció a Integra. Alucard lo notó hasta que ella, dormida en su asiento, ya no contestó. Él mismo ahogó un bostezo, no le gustaba perder el tiempo del día en no dormir. Pensaba en descansar llegando a la Mansión Marshall.

Pronto terminó por llegar al bello y bucólico Bath. La pequeña pero encantadora ciudad lo recibió con calles llenas de paseantes, turistas y lugareños que iban y venían por doquier. Motores y cláxones de autos entre las avenidas por donde transitaban los visitantes ese domingo caluroso a medio día, rodeados de edificios y comercios que parecían haberse quedado atrapados en el tiempo, uno de hace siglos, cuando damas y caballeros de modas rococó andaban por las calles que alguna vez, hacía muchos siglos, fueron recorridas por los conquistadores romanos que habían construido los baños famosos que le daban el nombre a la ciudad.

─ ¡Integra! ¡Oh, Integra! … ¡Integra, despierta!

─ ¿Qué? Ah, ¡Oh! ─ dijo la chica abriendo los ojos, acomodándose las gafas y mirando por la ventanilla, que ya habían arribado a la famosa e insigne ciudad.

─ Dime donde queda la residencia de tu amiga, por favor…

─ ¡Ah, claro! ─ tallándose los ojos, miró a su alrededor ─ ¡bien! Debemos pasar por el circuito turístico, ¡tú sabes! El centro, las tiendas, los baños romanos… Salimos por la ciudad de camino al Royal Crescent, seguimos hasta que comiences a ver propiedades elegantes y mucha naturaleza, entonces sabrás que estamos cerca.

Alucard asintió y siguió conduciendo tal y como Integra le había dicho.

─ Esta ciudad no cambia, la última vez que estuve aquí fue hace unos… ¡veinticinco años, tal vez! ─ mirando, apreciando la atmosfera que lo transportaba al pasado.

─ ¿Y antes de eso? ─ preguntó una Blair que hacía unos minutos había despertado, la cual recién se desperezaba y trataba de arreglar su cabello enmarañado.

─ Antes de eso, vine aquí durante los albores del siglo XIX, ¡mucho antes de trabajar para tu familia, Integra! Venía de paseo, a conocer gente… y cazarla, ¡por supuesto! ─ se relamió los colmillos.

Ambas chicas voltearon a verse las caras, cuando Blair exclamó: ─ ¡Oh, miren! Souvenirs de Jane Austen…

La camioneta pasó delante de un establecimiento donde unos maniquíes estaban de pie delante de un museo, usando atuendos de los 1800.

─ ¡No la había visto! Creo que más tarde la visitaremos … ─ dijo Integra, volviendo aponer atención a esas calles de turisteo.

Siguieron avanzando hasta que alcanzaron las inmediaciones del Royal Crescent, un edificio largo, alto y fastuoso de arquitectura Georgiana (como el resto de la ciudad) que albergaba viviendas desde hacía más de dos siglos. De allí siguieron en un sendero largo a través de la carretera dejando atrás calles de vecindarios hacia donde el verdor anunciaba largas arboledas entre las que, propiedades y caserones elegantes se edificaron, tal y como había dicho Integra.

─ Pues ya estamos cerca, Alucard ─ indicó Blair.

Diez minutos después, ambas, Integra y Blair, exclamaron al unísono: ─ ¡Es aquí!

─ Muy bien, entonces es todo. ─ Alucard se detuvo delante de una reja de dos hojas, cuya barda estaba cubierta por enredaderas floreadas en frondoso verdor.

El gran vampiro bajó del auto y tocó el botón del interfono:

─ Buenas tardes, Lady Integra Hellsing ha llegado, ¿podrían abrir la reja, por favor?

─ Buenas tardes, ¡Enseguida, milord!

Escucharon la voz de un mayordomo a través de la bocina, y pocos minutos después, la reja se abrió mediante sus sistema eléctrico, para dejar pasar la camioneta tirando del camper donde viajaba el caballo, y a través de un camino hecho con piedras de río, bajo la sombra de fresnos, robles, abetos y olmos que rodeaban el perímetro de la propiedad, pronto recorrieron los últimos metros antes de llegar a la puerta principal de una imponente mansión blanca como paloma y tan georgiana como el resto de la ciudad, ante la cual vieron a la anfitriona, Catherine Marshall, la cual llevaba un vestido veraniego, corto, color salmón y un sombrero de mimbre con ala ancha. Agitaba la mano en señal de saludo. Al verlos llegar frente al pórtico principal conformado por seis altas columnas griegas, corrió a recibir a sus amigas y a Alucard. Estaba acompañada de su ama de llaves y de su mayordomo, quien a su vez mandó llamar a unos mozos de cuadra para que llevaran a Damasco donde los demás equinos de la casa.

De repente, salieron Ralph Lancaster, detrás Bob Walsh y Maggie Parrish que bajaban las escalinatas tomados de la mano.

─ ¡Oh! ¡Ya se habían tardado demasiado! ─ exclamaron mientras se dirigían a saludar con toda alegría y jovialidad.

Alucard, volviéndose a colocar las gafas de sol, miró a su alrededor y expresó: ─ ¡Me encanta estar en Bath! Siento que estoy dentro de una novela de Jane Austen … ¡la que sea!

─ ¡Bienvenido a la casa veraniega de mi familia, Lord Alucard!...

─ ¡Es un placer! ─ el gran vampiro tomó la mano de Cathy, para darle un saludo de etiqueta, colocando la barbilla sobre el dorso de la mano, la jovencita agradeció con el asentir de su cabeza.

─ ¡Pero pasen, pasen por favor! ─ insistía una sonriente Cathy, mientras que otros dos empleados se encargaban del equipaje que extraían del interior de la camioneta.

Los recién llegados entraron a la casa detrás de Cathy quien iba junto al mayordomo. Pasaron a un gran recibidor con piso de ajedrez, donde todo estaba tan bien preservado en el estilo de la mansión, que parecía que habían entrado directamente a un momento del siglo XVIII.

─ ¡Creo que nunca había venido a esta casa! ─ expresó Integra mirando la belleza de la barroca y elegante construcción.

─ Pues no, ¡otras veces hemos venido a pasar semanas del verano! Pero dio la casualidad que siempre estuviste ocupada con cosas de tu organización ─ puntualizó Maggie.

─ Es cierto, ¡tienen razón! ─ la joven rubia recordó que, efectivamente, en la época de verano era cuando más se llegó a intensificar su entrenamiento físico y su instrucción en ocultismo y demás conocimientos esenciales para su trabajo como cazadora de vampiros. ─ pero ahora, de haber sabido que era así, hubiera traído una indumentaria rococó …

Todos los chicos rieron por la broma, aunque la joven Hellsing tenía razón, pues mientras subían las gradas de la primera escalera, parecía como si los personajes retratados en los oleos que adornaban las paredes (miembros de otras generaciones de la familia) fueran a saltar de sus lienzos y sus marcos para volver a cobrar vida.

─ Por eso espero que te encante estar aquí, amiga ─ agregó la anfitriona. ─ ha pertenecido a mi familia desde comienzos de los mil setecientos, cuando mi tatara…tataratatara… ─ contando con los dedos se detuvo un momento, tratando de hacer la cuenta de sus parentescos ─ ¡bueno, no importa! Cuando en los orígenes de los Marshall, algún antepasado mío la mando a construir a un arquitecto famoso, desde entonces la familia la ha preservado lo mejor que ha podido.

Llegando al nivel del gran recibidor, (amplio e impecable donde arañas de candelabros cuyas velas habían sido sustituidas por bombillas, colgaban) vieron uniformadas doncellas de servicio ir y venir en las faenas de su trabajo, las cuales saludaron a los recién llegados con una reverencia. Una de ellas, se acercó con rapidez a la ama de llaves, y le entregó un papel con recado. La canosa mujer leyó el mensaje, se apresuró a decir: ─ Milady, aquí hay un mensaje para usted. Han telefoneado hace apenas cinco minutos para avisar lo siguiente: El duque general Abigor viene en camino. Llegarán al anochecer. Una dama viene con él.

"¿Una dama?" Se quedó pensando Integra quien ya seguía al mayordomo a través de la segunda escalera.

─ ¿Una dama? ¡Bueno, será invitada de ambos! ─ se dijo Cathy ─ gracias Emily.

La ama de llaves asintió, luego se retiró a sus deberes que se habían incrementado por la inminente, aunque muy sencilla boda. Cathy corrió para alcanzar a los recién llegados, mientras que los potenciales novios y Ralph, sólo dijeron: "nos vemos luego", y siguieron de largo para ir al patio trasero donde habían interrumpido su actividad de ayudar a ensartar flores para decorar el improvisado altar que se montaba en medio del patio trasero.

─ ¿Y quiénes son esos amigos tuyos, Integra? ─ interrogó Cathy mientras subía la escalera junto a sus amigas.

─ Aaaah, digamos que personas muy importantes de reinos muy, muy lejanos. Cuando vengan, les contaré más de ellos, o ellos mismos lo contarán, ¡sus historias son increíbles!

─ ¡Oh sí! ¡Vaya que lo son! ─ terció Blair.

Alucard permanecía en silencio. El sueño ya lo mellaba, así que en su mente sólo revoloteaba la idea de poder descansar.

─ Las habitaciones de los caballeros están en el ala Oeste, las de las damas en el ala Este. ¡Tenga la bondad! ─ dijo el mayordomo a Alucard, mientras le mostraba el camino con una mano.

─ ¡Yo te llevaré a tu habitación, Integra! ─ dijo Cathy, guiándola hasta una, donde una decoración de tapiz verde con delicados estampados florales justo por encima de un guardapolvo ancho de madera color blando, cortinas gruesas a juego, mobiliario rococó que se combinaba con la modernidad de un televisor, calefacción y aire acondicionado con cama de dosel, la esperaba.

─ ¡Oh vaya, esto es hermoso! ─ expresó la rubia dama mirando todo a su alrededor. ─ ahora que veo esta conservación, hasta me arrepiento de haberle mandado quitar mucho de lo victoriano a Hellsing Manor.

─ Pero así eres tú, Integra, ¡siempre te gusta llevar la contraria! ─ dijo Blair mientras abría la ventana para mirar desde allí lo que hacían los sirvientes que arreglaban el patio cubierto de césped, para la pequeña boda.

Integra sólo frunció la nariz como respuesta al comentario de su amiga, mientras que Cathy le mostraba donde estaba el baño (el cual compartía con Blair, quien dormía en el cuarto continuo), también le mostro el armario donde había más frazadas y edredones limpios.

─ ¡Gracias, Cathy! Pero con este calor no creo necesitarlos ni siquiera de noche ─ dijo la joven mientras se dirigía a la ventana a mirar junto a Blair.

─ Podemos subir el aire acondicionado, si quieres…

─ ¡Está bien así, gracias Cathy! ¡Eres demasiado buena anfitriona! Mira que auspiciar esta "misión secreta" que mucho puede causarte problemas.

─ Mis padres no le tienen … ¿cómo decirlo? Precaución a los Parrish, ni al vicealmirante, y si bien no les habría gustado la idea de que una boda "clandestina" se llevase a cabo en casa de los abuelos, tampoco armarán tanto alboroto.

─ Gracias de todas formas. ─ dijo Integra quien la abrazó y luego se dirigió a su valija para empezar a desempacar.

─ Ahora sólo a esperar que ningún adulto se entere y ya veremos... ─ Agregó Cathy.

Integra recordó como el secreto ya no era secreto, sino información privilegiada, pues le había confiado todo a sir Irons. Guardó silencio y pasó saliva, sabía que en ese momento o después, tendría que confesarlo a sus amigos, prefirió dejarlo para después.

Las tres chicas siguieron charlando de temas varios hasta que bajaron a unirse a los demás en medio de esa platica que siguió cuando Integra y Blair fueron convidadas a tomar un refrigerio en una terraza en medio de la pradera que se extendía hasta donde descendía la colina, y se perdía hasta un lago artificial que atravesaba un puente palladiano. Estaban a la sombra de grandes fresnos, sobre césped fresco que despedía la fragancia a recién cortado. Y allí se hallaban los prometidos. Maggie, usando un ligero vestido verde agua, se refrescaba meneando un abanico japonés, regalo de su madre, que ella había traído de Londres. Bob participaba apenas perdido quien sabe en qué temores los cuales trataba no le estorbasen para no arruinar sus últimos recuerdos en la isla que estaba a punto de arrojar al pasado y a sus recuerdos. Todos tenían prohibido fumar, ¿y beber? Algo que no fuera cerveza sino hasta después de la boda, con el fin de prevenir borracheras prematuras. La regla fue impuesta por Emily, la ama de llaves, regla que poca gracia hizo a Blair, la cual tenía que remediarse la sed con agua mineral.

─ No refunfuñes, Blair, ¡si quieres ser modelo, ya no podrás excederte tanto como antes! ─ le susurró Integra a su amiga, y entonces ella recordó que tenía que contarles a sus amigos acerca de su vocación recién descubierta. Ellos la miraron extrañados.

─ Ah, ¡sé que no les dije porque tenía que regresar a Londres ayer! ─ dijo mientras bebía un sorbo de té helado.

─ ¡Somos todo oídos! ─ exclamó Ralph al tiempo que la miraron fijamente.

─ ¡Sí por favor! Explícanos porqué el motivo de tu secrecía.

La joven prosiguió a contar su inminente proyecto, a lo que le siguieron felicitaciones y buenos deseos culminados por un brindis con sodas y agua mineral.

─ ¡Qué pronto te veamos en portadas de revistas y semanas de la moda, amiga! ─ dijo Cathy.

─ ¡Qué así sea! ─ dijeron los cuatro jovencitos a coro.

Mientras tanto, en un dormitorio de la segunda planta en el ala Oeste, un vampiro dormía profundamente en medio de una oscuridad artificial conseguida al cerrar todas y cada una de las gruesas cortinas de la recamara, y la de su propia cama de dosel. Allí estaba él acostado en medio de la cama, descansando como solía hacerlo dentro del ataúd, con las manos cruzadas sobre el pecho, como una estatua de marfil.

─ ¡Milord, esta es su habitación! ─ había declarado el mayordomo cuando llegaron al aposento, lo dijo al abrir la puerta y dejarle pasar.

El gran nosferatu traspuso el umbral mirando todo a su alrededor. Sin poder evitarlo, al mirar aquella decoración meticulosamente conservada que enmarcaba el tapiz color rojo ("¡Vaya! ¡Más que adecuado!" Pensó), mirando los espejos, las estatuillas de dioses romanos y demás arte que adornaba las paredes, rio al recordar quien sabe cuántas anécdotas cortesanas que él había vivido en aquel siglo XVIII que tantas aventuras le había traído.

─ Si necesita algo, el señor, ¡no dude en pedírmelo! ─ decía el mayordomo indicándole los detalles de la recamara.

─ ¡Gracias…!

─ Paul…, milord, mi nombre es Paul, para servirle.

─ Claro, Paul… ¡Y no te preocupes! Ahora me parece que sólo necesito descansar. ─ dijo quitándose las gafas oscuras y el saco sport.

─ Entiendo, milord, ¡me retiraré! ─ hizo una leve reverencia con la espalda en posición de firmes. Sin dar la espalda se dirigió hasta la puerta, antes de cerrar se detuvo y agregó ─ ¡y milord! Su cena estará lista para cuando usted despierte. Nos hemos tomado la libertad de elegir lo mejor, tal y como acostumbra a beberla usted en Hellsing Manor.

─ ¡Oh, sí claro, Paul! ¡Muchas gracias! ─ El vampiro asintió una vez más antes de que el mayordomo cerrara la puerta y se marchara.

Ya sólo, el vampiro se dispuso a echarse a la cama de un salto que lo mantuvo rebotando unos segundos mientras su mente seguía viajando en lo incierto de sus memorias lejanas. De repente, sin poder evitarlo, suspiró más profundo de lo que le hubiera gustado, acurrucado sobre el edredón rococó, tampoco pudo evitar volver a pensar en Sixtina. Se giró de costado para ver la plaza vacía del lecho, y de repente la evocó durmiendo a su lado, como una de tantas veces en que intimó con ella y después le permitió quedarse con él durante las horas diurnas. Entonces arrugó el ceño y se apresuró a borrar ese recuerdo de su mente con el cual sintió como si traicionara a Integra. Prefirió cerrar los ojos pensando en la joven rubia, en su piel suave debajo de la yema de sus dedos, y sus labios peleando con los suyos. Después de un parpadeo le pareció verla tendida junto a él, tendida sobre el edredón, sonriente, sugerentemente vestida apenas con un tipo de camisón que había dejado de usarse hacía más de dos siglos. Ella estaba jugando con uno de sus cortos mechones de cabello.

─ ¿Integra? ¿En realidad estás aquí? ¿No se supone que estabas con tus amigas?

─ ¿Acaso no me estás viendo? ─ dijo la joven mientras se incorporaba para ponerse a horcajadas sobre él, tirando de los cordeles que sostenían el camisón, ante la sorpresa sin límites del vampiro quien la contemplaba pasmado, pasando saliva con dificultad, sintiendo como si volviera de repente a la vida con cada poro de su piel erizándose y algo más, al instante en que la joven se deshizo de su delgada prenda quitándola por encima de su cabeza.

Desde luego Alucard no se pudo resistir a la terrible sensación de sentir su piel debajo de sus dedos y sus manos se posaron en las curvas de la joven mujer que recibió las caricias a cambio de fogosos besos, sin embargo… "estos besos… son demasiado eficaces…" Integra no besaba así, ni acariciaba así. Algo dentro de él hallaba familiaridad en esos dejos de lujuria, pero ciertamente no eran los de su ama. No necesitaba haber estado en intimidad con la joven más de un par de ocasiones para apreciar, que la mujer que lo acariciaba e Integra Hellsing, no eran la misma, y lo comprobó cuando él trató de incorporarse y unas uñas como lanzas se le clavaron en su pecho. Sintió su sangre escurrir y exclamó: ─ ¡Ey! Espera un momento…

Por toda contestación, recibió otro beso está vez tan salvaje que más bien era un mordisco en la boca. Para entonces, él tomó a la fémina por los hombros y se dio cuenta que por su cuerpo escurrían largar hebras de cabello cobrizo.

─ ¡¿Quién eres?! ─ el vampiro exigió saber sin soltarla de los hombros por donde la tenía bien sujeta. La mujer se negaba a levantar la mirada de su rostro oculto entre las hebras de su largo y lacio cabello, sólo articuló una macabra sonrisa.

─ ¿Para qué preguntas? ¡Tú sabes quién soy! …Espera… Están llamando a la puerta, ¿puedes escucharlo, Vlad?

─ ¿Qué? …

El sonido del interfono lo hizo darse cuenta que se había quedado dormido, que, en lo corto de su erótico y extraño sueño, habían pasado horas, que afuera ya había comenzado a oscurecer y que alguien más había llegado a la mansión Marshall. Abrió los ojos de repente, se halló a sí mismo tendido boca arriba con las manos cruzadas sobre el pecho. Escuchó perfectamente el saludo cortés de Emily la ama de llaves y de Paul el mayordomo, luego las voces de bienvenida de Integra y Cathy, seguidas de las presentaciones con los otros chicos. Se incorporó en medio de la penumbra espesa de las cortinas en las ventanas y la cortina que rodeaba su cama. A su fino olfato llegaron aromas reconocidos, percibió el cambio de clima de tibio a frío, alcanzó a reconocer la voz de Integra quien presentaba al duque Abigor y a…. el timbrazo del teléfono le impidió dejar de escuchar por un segundo. Con curiosidad se levantó, se calzó y salió de la habitación en dirección al gran recibidor principal donde cada una de las bombillas eléctricas de cada araña de candelabro ya estaban encendidas. Desde su puesto bajando las escaleras hacia la planta principal, vio la improvisada recepción de bienvenida, vio a los amigos de Integra (quien, por alguna extraña razón, estaba tan descalza como el resto de sus amigos) departiendo jovialmente con los recién llegados, a Abigor besando la mano de la novia, y la felicitación de parte de la dama que había venido con el duque general.

─ ¡Debes estar sumamente emocionada por tu boda, querida! ─ Y un abrazo a Bob acompañado de una felicitación.

"¡Ay no!" Pensó Alucard quien en ese momento quiso convertirse en murciélagos para escapar de la mansión por la primera ventana que hallara abierta, mas fue demasiado tarde. La penetrante mirada de la fastuosa y elegantísima mujer de cabellos cobrizos que había arribado, se clavó en él, acompañada de una sonrisa que Alucard reconoció del todo, no sólo porque acaba de verla en sus sueños, sino porque la había memorizado hacía algunos siglos.

-oOOo-

Después del aperitivo en la terraza debajo de los fresnos, Integra se dirigió a visitar a Damasco quien había sido colocado en un lugar del establo sólo para él. El medio día avanzaba despejado y caluroso cuando le prometió a su caballo que más tarde irían a dar una vuelta por la propiedad y sus alrededores, la cual era extensa y frondosa a través de la pradera que se abría más allá de la fuente de mármol adornada con ninfas nereidas esculpidas en mármol, junto a la cual gradas de alabastro que conducían por un sendero que seguía hasta donde colinas y un cerro tupido de árboles que se alcanzaba a ver en la lejanía.

─ ¡Integra! ¿Dónde estás, Integra? ─ escuchó que Cathy la llamaba.

─ ¡Estoy aquí atrás! … ¡Ya voy! ─ contestó la chica apresurándose a despedirse del caballo a quien encomendó muy bien al mozo de cuadra. Luego echó a correr sobre sus alpargatas para volver al jardín frontal de la mansión, donde sus amigos estaban preparándose para salir.

─ Iremos a pasar la tarde al centro como siempre hacemos cuando visitamos Bath. ─ dijo Ralph mientras bajaba la escalinata y echaba a andar en dirección a la salida.

─ Tú no habías venido con nosotros así que es justo que pasees un poco…. ─ Blair tomándola del brazo para imitar a Cathy.

─ Iremos al centro a ver tiendas y museos, a los baños romanos y a pasear por el rio en barcaza, ¡adoro esos paseos en barcaza! ─ agregó Maggie, quien, tomada de la mano de Bob, seguía el caminito hasta la reja de salida.

Al irse alejando debajo de las sombras de los robles y los fresnos, Integra no pudo evitar volver la vista para mirar el ala oeste de la casona, donde estaba segura de que la ventana cuyas gruesas cortinas ya se habían cerrado, guardaban al gran vampiro quien en esos momentos estaba en medio de su descanso diurno.

Así salieron los seis amigos andando sobre el camino empedrado y húmedo por las lluvias, en medio de cercas y árboles frondosos a ambos lados de las veredas. Iban los chicos dispuestos a regresar al corazón de la bella ciudad, los seis charlando alegremente de sus colegios recién terminados:

─ Y la fiesta de Eton será el próximo viernes… ─ mencionó Ralph.

─ No importa, ya no estaré para asistir …─ Al escucharlo decir tal, Maggie no pudo evitar suspirar con cierta tristeza, a lo que Bob se apresuró a agregar ─ porque ya estaré del otro lado del Atlántico con mi esposa ─ estrechó un poco más la mano de la joven en la suya y le sonrió.

─ Yo tampoco creo ir, ¡sin ustedes todo será aburrido! Y entonces creo que estaremos tan castigados que nuestros padres no querrán saber nada de fiestas para nosotros. ─ razonó Ralph pensando en las consecuencias que la boda secreta tendría en cuanto los adultos se enteraran.

─ ¡Es lo bueno que no te importe lo que digan los padres, Ralph!... ─ comentó Blair.

─ Habrá valido la pena ─ aseguró Cathy.

─ ¡Y yo por un momento pensé que ibas a decir que no te apetecería ir al baile de graduación de Eton porque echarías tanto de menos a Charles! ─ bromeó Integra y todos los demás empezaron a reír. Inmediatamente después, la joven les contaría lo que Alucard había hecho con él para dejarlo fuera de circulación hasta nuevo aviso, y como ella lo había desenmascarado enfrente de su padre, provocando más risas y felicitaciones por parte de sus amigos. A punto estuvo de confesar que había contado toda la verdad sobre la boda a Sir Irons, pero tampoco esa vez fue capaz.

─ ¿Hasta dónde caminaremos? Hace calor y el centro aún está lejos de aquí ─ dijo una Maggie quien de nuevo se abanicaba.

─ No falta mucho, la parada de autobús es para allá… ─ Cathy le señalo un paradero indicado por un rustico letrero de madera a la orilla de la carretera.

─ ¡Qué bueno! Yo me estoy preguntando porque no trajimos un auto … ─ secundo Ralph.

─ Porque así no tendremos que preocuparnos donde estacionarlo, ni nada de eso…

Al llegar al paradero, sólo tuvieron que aguardar cosa de cinco minutos para que un autobús se detuviera. Así acortaron la distancia que aún los separaba del corazón de Bath. Luego no tardaron en irse introduciendo en el discreto bullicio de la ciudad, al irse aproximándose a los baños romanos, decidieron dejar el transporte para visitar de nuevo esa antigua construcción que recibía a decenas de turistas venidos de todos los rincones del mundo, y entre todos ellos, los seis chicos londinenses vestidos con ropas delgadas y claras con las cuales paliaban el calor, el cual había inducido a Integra a volver a ponerse ese vestido azul cian con sombrero de mimbre que había usado durante cierto evento hípico, en que cierto jovencito petulante se cayó del caballo, ¡parecía que había pasado mucho tiempo si lo contemplaba desde su perspectiva actual en la que había logrado librarse de él! Pero ahora sólo quería contemplar la arquitectura de siglos, y tomarse algunas fotos con los demás, (fotos que serían impresas un mes después junto a las de su graduación). Mientras se las tomaban, a sus espaldas, un guía de turistas explicaba en francés las fechas y los detalles del periodo colonial de la ciudad.

Una hora después, dejaban la visita obligada al emblemático edificio, para dirigirse a visitar los establecimientos céntricos que Blair e Integra habían visto unas horas antes al llegar. Allí tardaron más de la cuenta en el Centro de Jane Austen, un museo con objetos y artefactos de los años de la famosa escritora, pero que además poseía una tienda bien surtida con atuendos y accesorios de la época de la Regencia, donde las chicas estaban fascinadas probándose atuendos que, como el mismo Alucard había dicho, parecían transpórtalas, como el resto de la ciudad, a los años de 1800, donde señores Darcy y Elizabeths Bennet andaban por doquier. Los chicos se aburrían un poco, a decir verdad, pero complacieron a las jóvenes cuando accedieron a probarse conjuntos de levita y pantalones a la rodilla con botas hípicas.

─ ¡Hombre, yo me siento ridículo, usando esto! ─ le susurró Ralph a Bobby mientras que trataba de arreglarse la gran corbata, y Bobby el sombrero de copa.

─ ¡Tonterías! ¡Por supuesto que no hay nada de ridículo en usar tales atuendos! ─ aseguró Cathy quien llevaba puesto un vestido ceñido debajo del busto, de falda larga y recta que caía hasta los pies, muy similar a los de muselina y algodón que ya usaban las otras tres chicas, que ya se probaban sombreros acordes.

─ Es más, ¡yo, te halló aún más guapo! ─ le dijo Maggie a Bob mientras le daba un beso en la mejilla.

Después de que hubieran quedado satisfechas con los atuendos, los seis jovencitos se miraron al espejo. Era como si, por obra de algún hechizo, hubieran viajado directo a los albores del siglo XIX, por eso le pidieron de favor a la vendedora de la tienda que les tomara una fotografía tal y como estaban ataviados.

─ Es tan lindo este vestido que lo compraré, aunque no sé para qué… ─ aseguró Blair mirando su modelo de mangas cortas y escote pronunciado color rosa pálido.

Cathy se acarició la barbilla e hizo ese gesto suyo de cuando estaba pensando en algo interesante: ─ Creo tener una idea para poder usar estos atuendos, tendría que ser a honras de una buena ocasión.

Y pareció que ella y Blair se entendieron tan sólo con las miradas.

─ Maggie dinos… ¿qué usarás para la boda?

─ Pues traje un vestido bonito que casi no me he puesto. Lo usé un par de veces para visitas a casas de veraneo…

De nuevo Blair y Cathy se voltearon a ver las caras, luego a ver a sus amigos quienes estaban ocupados observando los detalles de sus trajes, y de Integra, usando un modelo color champagne con guantes, ella miraba distraída los anaqueles de le tienda. Blair y Cathy observaron a su amiga Maggie usando un vestido para fiesta color blanco hecho de muselina, ceñido debajo del busto y adornado con bordados plateados. Ambas asintieron.

Una media hora después los amigos se iban alejando de las tiendas del centro para dirigirse a visitar algunos museos de los muchos que hay por la ciudad. También visitaron la abadía, y cuando estuvieron lo suficientemente cansados, fueron al embarcadero del río con la intención de abordar una de las barcazas que los lugareños insistían en llamar Lady Lena. Así, con las horas vespertinas, los jóvenes subieron a un bote de nogal techado, tenía agradables asientos y mesas donde pudieron disfrutar de algunas viandas y aperitivos que ofrecían a bordo por una módica cantidad, mientras navegaban el río Avon sin prisa.

Repasando vivencias estudiantiles en sus respectivos colegios, los chicos recorrieron bellos puntos de la ciudad a la luz del inminente crepúsculo. Que si la maestra tal o el profesor fulano, que si tal prefecto o compañero. Con bebidas y risas acompañaban sus recuerdos, en los cuales incluyeron el accidentado Baile de la orquídea.

─ ¡Ese baile quedará para la historia! ─ aseguraba Maggie.

─ ¡Yo siempre daré gracias el haber asistido! ─ agregó Bobbie sosteniendo en la suya la mano de su futura esposa para besarla.

Los demás chicos profirieron en una exclamación, risitas y una mofa.

─ ¡Bueno, bueno! Ese baile fue super importante porque todos nos conocimos, aunque con sus inconvenientes, como que allí Integra conoció al idiota de Charles y todo ese rollo, ¡pero quedamos de acuerdo que estamos agradecidos al respecto! ─ intervino Cathy.

─ ¡Claro que sí!

Dijeron uno a uno.

─ Yo sólo puedo estar agradecida por haber conocido a un par de buenos amigos, antes sólo éramos nosotras cuatro ─ dijo Integra ─ y de verdad, chicos, ¡significa mucho para mí que a pesar de todo sean mis amigos!

─ Ya, llevabas mucho tiempo ocultándonos tu mundo, pero creo que temías innecesariamente ─ dijo Blair.

─ Nos importa que eres buena amiga, ¡y ya está! Lo demás por supuesto que lo íbamos a entender.

─ Además, ya te hemos dicho que juntarse contigo resulta muy emocionante.

Integra agradeció las palabras de apoyo, como siempre, luego sólo se dedicó a seguir escuchando las charlas joviales y nostálgicas de sus amigos, acompañándolas con un habano, para luego perderse en sus propios pensamientos a luz del atardecer que pintaba de colores el horizonte: "¡voy a guardar este recuerdo intacto en mi memoria!" Pensó y al mismo tiempo se preguntó: "¿Qué estaré haciendo un verano como hoy pero dentro de algunos años?" Y no supo por qué, pero una sensación de tristeza invadió su corazón, "el futuro es incierto" …

Media hora más tarde, llegaron a un punto cercano a los terrenos donde la mansión Parrish se hallaba. No encontraron sentido a regresar hacia el embarcadero, y bajaron del bote en una orilla donde un sendero los llevaría a través de la campiña de tierra suave y mojada tachonada de arbustos frondosos y flores, en la cual sus zapatos se hundían al andar sobre tierras labradas. Así anduvieron hasta que alcanzaron a divisar la gran propiedad Marshall.

Acortaron el último tramo de camino con una carrera a través de una vereda en medio parcelas hinchadas en barro húmedo, iluminadas débilmente por los últimos rayos del sol. Todos, exceptuando a Bob que acompañaba a Maggie en un andar tranquilo. Los demás corrieron tanto como pudieron hasta que distinguieron el lago artificial, luego la fuente de ninfas, "¡hemos llegado!" Exclamaron y cruzaron por el bello puente palladiano. Al llegar por fin a la casa, los recibió una Emily quien ordenó que se limpiaran bien los zapatos empastados de lodo. Los adolescentes tuvieron que acatar la orden, optando por entrar descalzos mientras una doncella llevaba un balde con agua y jabón donde fue depositado el calzado.

La estricta ama de llaves esperó en la puerta hasta que divisó a la pareja de futuros jóvenes esposos, que se habían rezagado en su tranquila caminata. Los vio subir los peldaños hacia la puerta trasera.

"¡Qué muchachos! ¡Dejar atrás a estos dos así, sin más!" Pensó la nana moviendo negativamente la cabeza.

Adentro de la mansión, los demás seguían riendo y bromeando de cualquier cosa, mientras Emily, a pesar de siempre estar atenta en su trabajo, se hallaba pensativa un poco más de la cuenta.

─ ¿Qué le pasa a Emily, Paul? ─ preguntó Cathy quien ya se había dado cuenta de la inquietud de su nana.

El mayordomo se volvió a verla apenas sobre el hombro mientras ayudaba a guardar las compras de los chicos en el armario.

─ Asegura que recibiremos "malas visitas" … ocurre que hace un momento mató, sin querer, una abeja…

─ La confundí con una mosca… ─ aseguró el ama de llaves ─ de haber sabido que era una abeja la hubiera dejado en paz.

Paul entornó los ojos como muestra de fastidio ante la superstición de la vieja nana

─ Me olvidaba que si vives en el campo es más fácil seguir creyendo en supersticiones ─ comentó Ralph ante la expresión de la mortificada empleada quien se tomaba muy a pecho la creencia ─ porque relacionar haber matado una abeja con que alguien funesto va a venir a tocar la puerta, está más allá de lo fantasioso …

No bien había acabado de decir aquello cuando a través del interfono se escuchó: ─ ¡Buenas tardes! Mi señor, Su Alteza el duque Abigor, anuncia que ha llegado y solicita la entrada.

─ ¡Oh, esplendido! Han llegado ya… ─ exclamó Integra quien se acomodaba los cabellos despeinados por el mimbre de su sombrero que ya había colocado en el perchero.

─ Hazlos pasar, Paul, por favor.

─ Como diga, lady Cathy. ─ el mayordomo contestó a través del interfono con un "en seguida", y accionó el sistema eléctrico que habría automáticamente la reja principal.

Mientras Integra les hablaba a sus amigos de lo interesantes que eran sus nuevas amistades, la vieja Emily no se apartó del recibidor, mirando con expectación hacia la gran puerta, jugando con su delantal entre las manos casi sin darse cuenta. Cuando al cabo de unos minutos, los invitados alcanzaron la entrada principal a bordo de un auto lujoso color negro, que también tiraba un camper ecuestre donde asomaba la cabeza un potro oscuro. Paul estuvo listo para darles la bienvenida en cuanto el auto aparcó delante del gran pórtico de columnas griegas.

Los amigos de Integra vieron descender, primero a un corpulento y alto mayordomo de aspecto inquietante (piel exageradamente pálida, profundas ojeras enmarcaban unos ojos demasiado negros los cuales provocaban un escalofrío si se intentaba mirarlos fijamente, pues asemejaban las cuencas de una calavera, acentuados por una nariz aguileña de prominentes fosas nasales) que, con sus manos de dedos largos y huesudos, se apresuró a ir abrir la portezuela derecha. De la portezuela izquierda descendió el duque Abigor, elegantísimo como siempre, usando un traje de color claro sin corbata que acompañó con un sombrero blanco tipo fedora que se quitó en cuanto cruzó el umbral de la casa, llevando del brazo (que había ofrecido antes de comenzar a subir la escalinata) a la deslumbrante dama que había bajado del auto. Impecablemente peinada y maquillada a pesar del calor que aún se dejaba sentir, andaba sobre un par de zapatos de tacón estilete con escote al frente que dejaba ver el meticuloso cuidado de sus pies, todo haciendo sofisticado conjunto con un vestido veraniego de seda floreada.

Integra y los demás chicos aguardaron para saludar, Paul ordenaba a algunas mucamas y un ayudante a bajar del auto las valijas de los recién llegados, pero no fue necesario, pues el extraño mayordomo se hacía con una valija y un beliz pertenecientes a la dama. "¡Haz el favor de colocarlas donde te indiquen, Nicodemo!" Exclamó la dama, el mayordomo asintió. Emily sólo se mantuvo observando a distancia, sin despegar la vista de ambos con un gesto temeroso y desconfiado. Los vio traspasar el umbral de la puerta principal hacia el recibidor, sentió la estela del frío ambiente que arrastraban consigo, momento en que no pudo evitar exclamar con voz queda: ─ ¡Jesús sacramentado! ─ Se persignó en un santiamén, y dio la media vuelta ─ con su permiso, amos, ¡pero tengo mucho que hacer allá atrás! ─ pretextó y desapareció rumbo a la cocina. Una doncella le indicó a Nicodemo que la siguiera, y empezaron a subir la gran escalera principal.

Integra empezó a hacer la presentación de cada uno de sus amigos con el duque y:

─ Lilith, ¡siempre me gusta presentarme a mí misma! Mi nombre es Lilith. ─ se apresuró a indicar la dama estrechando la mano de la anfitriona.

─ Debo decir que conozco a muy pocas mujeres con ese nombre. ─ aseguró Cathy mirándola con escrutinio, haciendo obvias sus sospechas de que la mujer en su casa no era una simple mortal que llevaba el oscuramente celebre nombre, sino la diablesa en persona.

─ ¡Lo sé! Ningún padre o madre desea que alguna de sus hijas se llame como yo.

Volteó a verse con Abigor, ambos sonrieron, y siguieron inmersos en las presentaciones con los muchachos. Cuando los novios les fueron presentados los felicitaron. Abigor tomó la mano de Maggie y la besó educadamente, Lilith la felicitó con un ligero abrazo y un: ─ ¡Felicidades, querida niña! ¡Debes estar sumamente emocionada por tu boda! ─ y otro para Bob ─ ¡Felicidades, jovencito!

En ese momento, el duque exclamó de repente: ─ ¡Lord Alucard, buenas noches! ─ e hizo un leve movimiento con la mano derecha.

─ ¡Duque general! ─ Todos voltearon a ver al gran vampiro descendiendo la gran escalera alfombrada.

En el rostro del vampiro, Integra pudo adivinar una contrariedad apenas disimulada: ─ ¡Oh, Alucard! Me alegro de que hayas despertado ─ dijo ella haciéndole una señal con la mirada para que terminara de bajar la escalera ─ por cierto, duque, ¿vendrá Ylahiah?

─ Él vendrá mañana, me dijo que algo lo detuvo.

─ ¡Ya veo! Gracias por decírmelo.

Lo siguiente que vio Integra, fue a Alucard descender la escalera y acercarse a donde ella y los demás, momento en el cual fueron invitados por Paul a pasar a sentarse al living y degustar té, coñac o bocadillos. En eso, Emily cruzó la habitación exclamando que tenía un recado importante de parte del ministro que oficiaría la boda, y de repente Integra se halló con el duque, la dama Lilith y Alucard, de quien no podía dejar de notar una incomodidad y una reticencia al estar en presencia de la nueva invitada a quien se negó a besar la mano y habló con agria actitud a pesar de que ella lo llamó Vlad y se mostró afable hablando de viejas vivencias acerca de él. Lo siguiente que la chica escuchó, después de que el duque y lady Lilith se retirarán hacia el recibidor, fue a Alucard respondiendo una de sus dudas:

─ Ah… Alucard, ¿me puedes confirmar que esa mujer es, y me cuesta trabajo creerlo, pero… ella en realidad es la mismísima demoniza Lilith?

─ ¡Por supuesto que lo es!

─ ¡Guau!

─ …Odio que ella esté aquí, ¡hacía siglos que no la veía y no me agrada verla ahora! Verás, yo fui uno de sus muchos amantes… y prefiero decírtelo yo antes de que te enteres por alguien más.

"¡Hubiera preferido que no me lo dijeras!" Exclamó en su mente, pero cuando reaccionó de su ensimismamiento por haber recibido tan incomodo dato, se dio cuenta que la habían dejado sola al pie de la escalera. Proveniente del living, escuchó la voz de Cathy diciendo que el pastor no podía oficiar el matrimonio al medio día, que tendría que hacerlo al anochecer.

Con un suspiro profundo, Integra echó a andar a donde sus amigos, el duque, su vampiro y una antigua amante de este, la esperaban para "tener una alegre tertulia".

.

Continuará...

Hola a todos!

La canción que escucha Alucard mientras conduce es Everybody wants to rule the world.

Si quieren saber bien cómo es Bath y cual es la arquitectura Georgiana, pueden ver la película de La duquesa, con Keira Knightley.