XXXIV
Imolgue Fada.
Sentada sobre la cama, Integra cepillaba su cabello húmedo después de haberse dado una ducha y vestir el gran hoddie con Mickey Mouse estampado, y pantalones de algodón a juego. Theodore le había empacado ese pijama, regalo que Maggie le había traído de América la última vez que visitó Disneylandia.
Integra veía programas al azar, "nada nuevo que ver, ¡lo de siempre!" Pensaba volviendo a colocar sus gafas para enfocar mejor en medio de la semi penumbra de la bella habitación cuya única luz era la del televisor. Con un largo suspiro se acomodó dentro de sus acogedores edredones, y recargada contra sus almohadas, se dispuso a buscar algo bueno que mirar. Se topó con algunas viejas películas americanas: Ghost, Magnolias de acero, La chica de rosa "¡Muy cursi!", se fastidió un poco. Siguió cambiando de canal, esa noche, la estación local presentaba: Las brujas. Al no hallar más opciones decidió detener allí su búsqueda, quedarse a mirarla hasta que el sueño la venciera, o su mente dejara de repasar las charlas de la tertulia en el living.
Después de haber roto el hielo, Lilith había presidido casi toda la reunión, dejando al duque Abigor en un segundo plano que él aprovechó para charlar en voz queda con Alucard, en rumano. "¡Maldita sea!" ¿Por qué no sé nada de rumano? ¡Va! ¡No me importa! ¿para qué querría aprender esos idiomas orientales de vampiros?" Integra se auto justificó mientras seguía escuchando la charla discreta de Alucard sentado al lado suyo.
Entre el café, el té, el coñac y los bocadillos, Blair y Cathy comenzaron a charlar con lady Lilith, charla que desembocó en una confesión desenfadada por parte de la dama: ─ ¡Entre muchas otras cosas, soy una bruja!
Los muchachos se voltearon a ver las caras entre ellos.
─ Diría que me sorprende, pero siendo amigo de Integra ya nada puede hacerlo. ─ aseveró Ralph.
─ Si ustedes ya han despertado a las grandes revelaciones y verdades de este mundo y el otro, están listos para convivir con seres como Abigor o yo.
─ Porque en caso de que no lo supieran, el duque es… ─ intervino Blair, con ganas de que los demás amigos se enteraran del "interesante" origen del caballero.
─ Soy uno de los príncipes del infierno, el señor de la Guerra estratégica, y general de legiones demoniacas… ─ lo dijo amable, de una manera trivial. Si el elegante caballero lo confesaba así sin más, es que debía ser cierto, y los muchachos sólo lo observaron unos segundos por el rabillo del ojo tal vez pensando que a los demonios se los imaginaban diferentes a hombres finamente vestidos y bien parecidos.
─ Entonces ¿eso quiere decir que es usted la auténtica Lilith de quien tanto tabú se tiene? … ─ cuestionó Cathy mirándola escrutadoramente antes de beber un sorbo de té.
─ De carne y hueso frente a tus ojos, querida ─ encendió un cigarrillo largo con boquilla, ufanándose de la ancestral fama que la precedía.
Los cinco muchachos e Integra voltearon a verse las caras unos a los otros de nueva cuenta.
─ ¡Entonces esa versión de que Adam tuvo otra esposa aparte de Eve es toda verdad!
─ ¡Esa primera esposa fui yo!
─ ¿Y por qué no se habla de usted en la Biblia, señora? ─ Maggie, con mucha curiosidad.
─ Fui suprimida porque desobedecí al mandato divino, me negué a obedecer, abandoné a mi esposo y me fui del Edén…. Así que ya lo saben, la libertad a veces tiene como precio abandonar el paraíso …
─ ¿Y vale la pena? ─ una Maggie ansiosa de la respuesta, cuya intención adivinó su prometido, mirándola, aguardando por la respuesta con un cariz melancólico y asustado.
─ Querida, ¡vale toda la pena del mundo si tienes el valor!... ¿lo tienes?
La chica paso saliva, no supo que contestar, Bob respondió por ambos: ─ ¡Lo tendremos, señora!
─ ¡Cómo debe ser! … ─ golpeó su cigarrillo sobre el cenicero. Todas sus palabras escuchadas y analizadas por Integra quien la miraba en silencio, observando sus movimientos ─ casarse tan jóvenes es algo peculiar en estos días, aunque hace siglos ya estarían rezagados para esos menesteres, pero comprendo que las juventudes del ahora necesitan más tiempo para madurar, ahora que los humanos ya no mueren tan pronto.
La pareja se miró fijamente.
─ Creo que lo principal es que se quieran ─ repuso Cathy asintiendo, y mirando a los demás amigos como buscando unanimidad.
─ ¡Es lo mismo que yo opino! Creo que ustedes son de esos destinados a ser ─ agregó Blair.
─ ¡Yo no sé mucho del amor de pareja! No soy una autoridad en cuestiones del matrimonio, como han de suponer ─ volvió a Intervenir la dama infernal mirándolos a todos con escrutinio, deteniéndose en la pareja ─ pero… auguro un matrimonio largo, sí … ─ convencida de lo que decía porque lo leía en el destino, la dama volvió a recargarse en el respaldo del diván color marfil, y bebió sorbos de la taza de porcelana.
─ Y, ¿qué ve usted en mí, señora? ─ Una Blair que dejó la copa de whisky en la mesa de centro y se sentó al borde del diván.
La aludida fijo sus ojos grandes en la jovencita: ─ ¡Fuego! Abrasador… ¡demasiada pasión como para pertenecer a los recintos y las instituciones! Tú haces tus propias reglas, ¿no es cierto?
─ ¡Algo así! …
─ Pero… veo algo más, jovencita… si no cuidas ese fuego, puedo quemarte a ti y a personas que están cerca de ti. ─ Lilith no iba a decir el interesante destino que advirtió en Blair, lo callaría para no poner en juego el sino de los demás allí presentes en la sala.
─ ¿Tener a Lilith aquí es seguro, Alucard? ─ Diez minutos más tarde, ama y vampiro charlaban en un rescoldo de la alacena cuando Alucard pretextó salir hacia la cocina en busca de más vino. ─ Después de todo es esposa de … "ya sabes quién" ...
─ No te preocupes, Integra. Ese matrimonio no significa mucho, está deshecho y ella se gobierna sola como desde el principio de los tiempos. No sé porque ha venido con Abigor, si ha traído un propósito con ella o sólo porque estaba aburrida, pero no debes temer.
─ ¡No! Si no es que tenga miedo … ¡es una mera y justificada precaución!
─ ¡Lo entiendo! Y si acaso ella trajera consigo alguna funesta intención, ¡te apuesto que se las verá conmigo! Para eso vine… ─ Integra suspiró asintiendo ligeramente ─ no te creas que porque me vencieron una vez volverán a hacerlo…
─ Tú eres el único que se incomoda aún por esa batalla con "ya sabes quién".
─ Es que pensaste que, si no pude con el marido, tampoco podré con la mujer, y estás en un error. ─ diciendo eso, él ya iba de espaldas, caminando de regreso al living, llevaba una botella de vino en las manos.
─ No, yo no estaba pensando eso… ─ dijo Integra sin que él la escuchara.
Horas después, mientras la joven fingía o pretendía que miraba la película en el televisor, extraviaba su mente en esas preocupaciones y esas dudas hasta que se dio cuenta que no había estado prestando mucha atención al filme, sino hasta que miró otra vez la pantalla, en esos momentos se transmitía la escalofriante historia de la pequeña Erika, la niñita que fue secuestrada por una bruja, y que vivió el resto de su vida atrapada en la pintura campestre de su padre.
"¡Eso siempre ha sido interesante y aterrador!" Se dijo a sí misma, pensando, acaso, si esa clase de hechizos eran posibles, y hasta cuestionándose qué clase de bruja era ella misma: era una bruja natural, no muy poderosa. El brujo y hechicero poderoso era Alucard, eso sí, pero ¿ella era una bruja buena o una bruja mala?
"¡Recuerda lo que te estoy diciendo Luke, oh, si la pobre Erika hubiera sabido!"
Decía la abuela de la historia, mientras le contaba a su nieto como Erika envejecía dentro de la pintura colgada en la sala de su casa, atrapada para siempre en un hechizo misterioso porque "las brujas odian a los niños".
"¿Las brujas odian a los niños?" Se preguntó Integra, bueno, ella no los odiaba, ¿eso la hacía una bruja buena? ¿Y qué había de una bruja poderosa y antigua como Lilith? Después de todo, ella misma había declarado que: ─ Una de mis muchas ocupaciones, ha sido la brujería…
"Las brujas odian a los niños" … La frase ahora no dejaba la mente de Integra mientras la película seguía transcurriendo. Frunció el ceño recordando cómo había logrado escabullirse de la charla en la estancia, so pretexto de ir a visitar de nuevo a su caballo, se quedó con el equino dando vueltas por la propiedad hasta que le avisaron que tenía una llamada muy importante de Londres.
La joven se apresuró a volver a la casa: ─ ¡La tomaré en el estudio! ─ aclaró antes de desaparecer por la gran puerta de ese apartado silencioso donde recibió el reporte de como se iba desarrollando la misión de investigación para dar con alguna pista de los vampiros sobrevivientes de La Convención ─ sé que debería estar en Londres supervisado todo esto, pero…
─ Está bien, señorita, de todas maneras, no hay mucho que usted pudiese directamente hacer, no es una detective, ni Alucard tampoco, esto requiere de trabajo de espionaje y servicios de inteligencia.
Luego escuchó que la cuadrilla de oficiales había atrapado a un par de sospechosos, que la investigación había avanzado mucho gracias al trabajo del nuevo elemento entre las filas, la oficial Irma Becker. "Los prisioneros no pudieron resistírsele. Cedieron en el interrogatorio". Leía Integra en el fax con el reporte escrito que Walter le había enviado.
"¡Ya me imagino que clase de métodos! Pero el fin justifica los hechos." La investigación seguía su curso después de haber obtenido testimonios. Así pronto darían con los últimos sobrevivientes de entre los vampiros que habían existido durante años de beber sangre en la Gran Bretaña.
Pocos minutos después, la nana la llamó a cenar. Andando rumbo al comedor, la nana Emily le preguntó muy agudamente, si ella conocía personalmente a la mujer que había llegado.
─ No, señora Emily, sólo al duque. A ella es la primera vez que la veo en mi vida.
─ ¡Ya veo! ─ una mirada inquisitiva hacia donde el comedor se hallaba ─ será mejor que se lave las manos, lady Integra, y pase al comedor.
Cenaron asado de cordero y ensalada, algunos con un buen vino, otros con café. Alucard los acompañó a la mesa bebiéndose una copa de sangre.
─ ¿Y bien? ─ Lilith le dirigió la palabra al gran vampiro por primera vez en toda la noche, posando sus ojos de largas pestañas maquilladas en él, al momento de acercar el tenedor con un trozo de cordero a sus labios pintados de color borgoña.
─ ¿Y bien, qué, Milady? ─ devolviendo la mirada.
─ ¿La sangre es buena en estas épocas de la humanidad?
Alucard la miró unos segundos, sonrió de buenas y contestó: ─ Ya no tanto como antes, hoy en día se hallan a pocos vírgenes, los cuales son mis preferidos, pero tengo suerte si los hallo sanos, ¡no me gustaría degustar a ningún enfermo!
─ ¿Y por qué ya no cazas? Así tendrías más certeza de quien te alimentas.
Los ojos de Integra directos e inquisitivos sobre la demoniza.
─ Ya no quiero darme ese lujo …
─ ¿Ya no quieres o ya no puedes?
─ Él ha decidido no causar estragos físicos ni propiciar escándalos por crímenes, dentro de las ciudades, pueblos y aldeas que yo tengo la obligación de cuidar, lady Lilith ─ intervino Integra, sentada a la izquierda del rey no muerto.
─ ¡Vaya! Ahora incluso una mujer te arrebata la palabra, Vlad, ¿quién lo diría? Avasallado por una niña… ─ la expresión que acompañó esas palabras fue una de diversión.
El ambiente se tensaba. De repente todos guardaron silencio, incluso dejaron de comer para poner suma atención a la agresiva charla que estaba teniendo lugar.
─ Aaaah, Lilith… después de la cena quisiera mostrarte el lago artificial de la casa y más allá, hay lugares interesantes y antiguos en esta región … ─ dijo el duque tratando de aligerar las palabras de la demoniza, ante la mirada de arma de fuego de la joven Hellsing.
─ No se preocupe, duque Abigor ─ Alucard lo interrumpió ─ … por favor, Lilith continua con lo que estabas diciendo…
─ Sólo dije que antes no solías se tan … maleable…
─ Antes no tenía ninguna razón para serlo … ─ una sonrisa matizó los labios de Alucard.
─ ¡Qué interesante! ¿Ahora cuál será esa razón?
─ Eso ya lo sabes, ¿para qué preguntas?
─ …Bueno, bueno, ¡la cena estuvo deliciosa! ¡Emily, tú y las chicas se han lucido! ─ exclamó Cathy de repente.
─ Tiene razón lady Marshall ─ siguió el duque Abigor ─ ahora creo que me apetece salir a pasear a sus bellos jardines, si no le importa…
─ ¡En lo absoluto, milord! ─ respondió la anfitriona. ─ ¡siéntase como en su casa!
─ Lilith, querida, acompáñame … ─ el duque se puso de pie y extendió la mano hacia la dama.
─ ¡Vaya, por Lucifer! No sé porque tanto circunspecto, ¡sólo trataba de tener una amena charla! ─ mientras delicadamente se limpiaba la comisura de los labios con la servilleta, y se ponía de pie. Después de eso, ante la mirada entre incomoda y perpleja de los allí presentes, levantó su copa de vino y dijo ─ antes de terminar la cena, ¡brindemos!
─ ¿Y a honras de que sería? ─ cuestionó Bob sin despegar los ojos de ella.
─ ¡Por sir Integra Hellsing! Porque viva muchos años al servicio de Su Majestad la reina. ─ arrastrando las palabras, con una expresión de ironía y burla.
La aludida tan sólo se sonrió y entornó los ojos, y aunque nadie respondió a las intenciones del brindis, la demoniaca dama bebió de su copa, la puso de nuevo sobre la mesa, y excusándose salió del brazo del duque.
Los demás quedaron en su sitio. Alucard sólo jugaba distraídamente con los pétalos de una flor del arreglo que adornaba la mesa, Integra tamborileaba los dedos de la mano derecha, Alucard discretamente tomó su mano izquierda por debajo del mantel, la joven le miró disimulada hallándose con los ojos granate que le pedían olvidara el episodio. A Ralph Lancaster lo único que se le ocurrió decir fue: ─ Yo apoyo ese brindis, déjenme que se los diga, ¡con la mejor de mis intenciones, amiga… porque existas muchos años para protegernos de los seres sobrenaturales!, ¡salud!
─ ¡Salud! ─ dijeron Blair, Cathy, Maggie, Bob y él al unísono mientras levantaban las copas.
─ ¡Salud! ─ agregó Alucard con su copa de sangre.
Integra entonces sonrió y trató de olvidar el incómodo momento, aunque fuera momentáneamente, pues ahora lo repasaba ya con la cabeza sobre la almohada. A la luz del televisor, la joven observaba el sigilo que Alucard le había regalado, enredado como siempre en la cruz de plata. Después de un largo suspiro, se preguntaba qué es lo que Lilith hacía con exactitud en la mansión Marshall, "¿es que acaso el duque no tenía a alguien mejor a quien traer?" Después de unos minutos más de reflexión, sintió el cansancio a punto de vencerla. Se quitó las gafas, las colocó en su buró, empezó a buscar el control remoto por entre el edredón, cuando escuchó un extraño ladrerío.
─ ¡Los perros! ¡Otra vez los perros!
La joven se sobresaltó irremediablemente, y aunque no eran los perros guardianes de Hellsing Manor, sino los perros guardianes de la propiedad de los Marshall, la sensación era exactamente la misma de cuándo acechaban presencias no deseadas, por lo cual el sopor la abandonó en un santiamén.
Noc, noc, noc
"¿Qué? ¿Qué fue eso?"
Noc, noc, noc
Golpeteos provenientes de la ventana.
"¡Uff, tranquila! ¡Deben ser unas ramas que mece el viento!" Volvió a colocarse las gafas, poco a poco se fue acercando a la ventana, abrió la cortina. En ese momento vio que NO había árboles plantados cerca de esa habitación. Un nudo se apretó en su garganta, cerró la cortina, echó pasos atrás.
Noc, noc, noc, se escuchó de nuevo.
Miró los poros de los brazos: estaban completamente erizados.
─ Integra… Integra Hellsing… ─ Escuchó pronunciar su nombre ─ Integra ─ como si fuera el siseo de una serpiente, una voz neutra de la cual no podía reconocer o diferenciar género o procedencia, la llamaba.
De repente el sonido de una puerta abriéndose de golpe la sobresaltó:
─ ¡Aaaaaargh! ─ exclamó la joven, volteó rápidamente y vio a Blair parada en la puerta que daba al baño que compartían. Llevaba los cabellos largos sobre el rostro, desparramados por el pecho, estaba secándose la boca con la manga de su pijama, y sostenía su cepillo dental con la otra mano.
─ Integra, ¿qué te pasa?
─ ¡Casi me matas del susto!
─ ¿Por qué? ─ extrañada, puso la mano aún húmeda sobre el picaporte ─ perdón por abrir de golpe, la puerta se me resbaló, tenía mojada la mano. ─ se encogió de hombros ─ yo sólo venía a decirte buenas noches.
─ Está bien, Blair, ¡pero a la próxima vez toca antes de salir de ese baño!
─ ¿Por qué? Ah… Aaaah, ¡traviesilla! No vaya a ser que te halle con tu señor de la oscuridad en "ya sabes qué"…
Una sonrisa pícara, un rodar de los ojos de Integra.
─ ¡No Blair, no es eso! ─ sobándose las sienes ─ Aaah… ¿tú escuchaste algo raro?
─ ¿Raro cómo qué? ─ prestó atención al ambiente ─ yo sólo escucho grillos, cigarras… aah, los perros que ladran, ¡tal vez una lechuza! …No, a ver espera… ah, ¡sí es una lechuza! O un búho, algunos cuervos, ¿Por qué?
─ No, por nada ─ abrazándose a sí misma, en un momento le dio vergüenza admitir que estaba escuchando voces, "creo que al fin me estoy volviendo loca".
─ Te noto pálida ….
─ Debe ser el cansancio. ─ cruzada de brazos, mirando aún hacia la ventana. Blair levantó una ceja, incrédula.
─ Veamos ─ quitándose el cabello de la cara, se dirigió a la ventana, se asomó apartando las cortinas: sólo vio la hermosa pradera de la casona iluminada por las farolas y por la luna; al velador halando a uno de los perros que olisqueaba un poco más lejos la fuente de las ninfas, y, por último, el puente del lago artificial. ─ todo parece estar en orden y en calma, a lo mejor te estás poniendo nerviosa por todo lo que has pasado últimamente, como un síndrome estrés o algo así.
─ Tal vez…
─ ¿Quieres una pastilla para dormir?
─ Eeeh no, ¡no creo que sea buena idea!
─ ¿Quieres que me quede a dormir aquí?
─ Si por alguna razón sigo asustándome supongo que te llamaré ¡gracias!
─ Está bien, si no, siempre tienes a Alucard, ¡pide que te haga compañía!
─ No pongas esas caras, Blair, ¿es que tú siempre estás pensando en "eso"?
─ No siempre, aunque sí muchas veces al día ─ la sonrisa franca y despreocupada de su amiga, la hizo sonreír a ella también y olvidar por un momento el susto. ─ ¡bueno Integra! No dudes en ir a mi habitación si algo te ocurre.
─ ¡Está bien, así lo haré!
─ Hasta mañana… ─ se dirigió de nuevo al baño, agitando la mano.
─ Hasta mañana…
Blair volvió a entrar al baño, cerró la puerta tras de sí.
─ Si Dios quiere…
Escuchó abrir y cerrar la otra puerta, la que daba del baño a la habitación de la joven. Suspiró profundamente, volvió a ver la pantalla del televisor que terminaba el segmento de anuncios comerciales, ahora el niño Luke estaba encaramado en un árbol, una bruja lo llamaba desde la calle, trataba de convencerlo con una tablilla de chocolate y no apartaba sus espantosos ojos purpúreos de él:
─ ¡Abuela! ¡Abuela, ven! ─ suplicaba el chiquillo.
"¡Me hubiera gustado conocer en verdad a alguno de mis abuelos o abuelas!" Suspiró en añoranza. "¡Debo calmar mis nervios! Sé que en esta casa están presentes dos poderosos demonios, ¡pero no vienen contra mí! ¿o sí?" La imagen de esa Lilith sonriente y retadora, danzaba en su mente, la volvió a ver alejándose del brazo del duque, contoneándose sobre sus tacones de estilete. Refunfuñó al saberse tan intimidada por nada, "¡una simple provocación, una jugarreta de mal gusto y nada más!" Volvió a suspirar, volvió a tumbarse dentro de sus edredones, contra la almohada.
Siguió mirando la película, tratando de concentrarse en ella y tranquilizar su mente, cuando escuchó el susurro de una conversación. Halló el control remoto al fin, bajó el volumen del televisor hasta que pudo oír mejor.
─ Nana, pero ¿cómo se te ocurren esas cosas?
─ No me discutas, Cathy, ¡de verdad te digo que esa pareja que llegó no me gusta nada! Tienen un aura muy fea, y tú niña Maggie, ni se te ocurra acercarte a la mujer, ¡es odioso lo que desprende! ¡Y el mayordomo! ¡Qué tipo tan raro! No ha querido cenar nada, apenas contesta con monosílabos si uno le pregunta, ¡y ni un solo gesto en esa cara tan fea!
─ ¿Lo que desprende lady Lilith?
─ Esa aura de la mujer, no sé cómo explicarlo, pero ¡me da calosfríos!
Integra ya estaba detrás de su puerta, con el oído pegado a ella.
─ Nana, ¡te juro que a veces eres demasiado supersticiosa!…
─ ¡Llámalo como quieras, niña! Pero estoy segura de que esa mujer es una bruja, ¡y que Dios proteja a las criaturas recién nacidas o en el vientre de sus madres!
La nana se persignó, Integra de repente recordó "¡las brujas odian a los niños!" ….
Su memoria voló hasta su padre, hasta una de sus lecciones al calor de la chimenea en un día cualquiera de invierno:
─ De los demonios y demonizas, debes aprender todo acerca de los principales, ¡acerca de los más poderosos! ─ le mostraba un grueso volumen abierto de par en par, mostraba a una hermosa mujer desnuda, una serpiente rodeaba su cuerpo, ella acariciaba la cabeza de reptil con una sonrisa sensual.
─ ¿Es Eve, padre?
─ No, Integra, ¡ella no es Eve! Es la antítesis de Eve… Verás ─ golpeando el habano contra el cenicero ─ antes de que Eve existiera, Dios creo, de la misma sustancia de barro, a Adam y a una mujer para él, ella era Lilith. Creada en igualdad a Adam, nunca quiso… eh, nunca quiso doblegarse ante él, es decir, obedecerlo …
─ ¿Y eso es malo papá, es malo no obedecer? Él era su esposo, no Dios en persona. ─ la joven integra de diez años, se encogió de hombros.
─ No Integra, no …. No es malo no obedecer al esposo ─ se rascó la nuca, la verdad era que él poco tuvo que hacer ante el carácter estoico de la difunta madre la joven. ─ sin embargo, no fue por ello por lo que Dios la castigó. Verás, Lilith decidió abandonar a Adam, y no le importó salir del paraíso para ello, sólo se fue y dejó a Adam atrás. Dios entonces fue en su búsqueda, mandó a algunos ángeles para que se la trajesen de vuelta, pero Lilith se negó, ¡ella ya estaba muy contenta con su nueva vida! … Relacionándose con demonios y abominables criaturas, no quiso regresar al lado de Adam. En vez de eso se dedicó a tener hijos con esos aborrecibles demonios, ¡muchos hijos de ellos! Dios se enfadó tanto, que mandó matar a todos esos hijos de Lilith. Los enviados de Dios exterminaron a cien hijos de ella por día. Desde entonces, Lilith gusta de matar niños en vientres y cunas, como venganza por sus hijos perdidos…
La pequeña Integra se quedó mirando a su padre por unos segundos, luego, muy reflexiva dijo:
─ ¡Creo que tiene razón de estar enfadada!
─ ¿Dices que tiene razón en matar pequeños e indefensos bebés?
─ No, de eso no, sólo digo que tiene un buen motivo para estar enfadada, mataron a sus hijos.
─ Pero eran monstruos, abominaciones ante los ojos de Dios…
─ Pero seguían siendo sus hijos, papá, ¿cómo te sentirías tú si alguien me hiciera daño? ─ se cruzó de brazos, Arthur no supo que contestar ─ ¿ves papá? Lilith decidió tener hijos de monstruos, no de Adam porque tal vez los monstruos y demonios no le daban órdenes.
─ ¿Así que estas en contra de las ordenes? ─ Arthur fue quien se cruzó de brazos sonriendo divertido ante el criterio de la niña.
─ No de todas, si son de ti o de Su Majestad están bien, pero del marido… pues verás papá, si estaban hechos del mismo barro, ¿por qué Adam debía mandarla? Creo que sólo alguien superior puede mandarte…
Arthur la miró casi fascinado unos segundos, luego hecho a reír divertido: ─ ¡Vaya pues, Integra! ¿Con que esas tenemos? ─ en esos momentos le pasó la mente una imagen mental muy curiosa, la de Integra haciendo ver su suerte a su futuro esposo, (para esos años, Arthur Hellsing y Hugh Islands ya habían acordado el matrimonio entre sus hijos, así que la imagen mental evocó al joven rubio pasando "las de Caín" en su matrimonio con Integra).
─ ¿Acaso dije algo malo, papá?
─ No, no, ¡Integra, no dijiste nada malo! Pero sí algo que me resultó divertido…
─ ¿Divertido?
─ No lo entenderías… ─ suspiró ─ mira Integra, si un día te casas y no quieres obedecer a tu marido, ¡está bien! Yo no quisiera que nuestro legado cayera directamente y sin ninguna objeción en manos de un hombre que no sea Hellsing de sangre, ¡así que está bien! No obedezcas más que a Su Majestad…y a mí, por si acaso, ¿de acuerdo, pequeña?
La niña movió afirmativamente la cabeza, tal vez Arthur iba a seguir con su clase, cuando Walter tocó a la puerta anunciando que el té de la cinco ya estaba listo, y el recuerdo terminó para dar paso al presente…
─ Las brujas odian a los niños… Lilith es la más grande de las brujas que haya habido, ella siempre está buscando venganza… ─ parecía que todo cobraba sentido ahora ─ ¡Dios mío! ─ involuntariamente se llevó la mano al pecho para sostener la cruz de plata y el sigilo.
─ ¿Qué pasa aquí? ¿Está todo bien?
La voz de Bob.
─ ¿Qué hace aquí, joven Walsh?
─ Pues digamos que no podía dormir, y me levanté para venir a ver a Maggie, por si acaso necesita algo.
─ Mi niña Cathy pasa la noche con ella, como bien ya debe saber, ¡así que no se preocupe y vuelva al ala de la casa que le corresponde, joven Walsh!
─ ¡Oh nana, creo que estás exagerando un poco! ¿Qué tiene de malo que él venga a ver a Maggie? ─ notó que Cathy reía.
─ No es decente que dos jóvenes que no están casados se visiten durante las noches…
─ ¡Pero nana Emily! Maggie ya está embarazada, ¿qué más podría hacerle?
Risas de las dos jóvenes, risas de Integra también, enfado de la nana.
─ A decir verdad, tuve una pesadilla, Bob… Me alteró, debo confesarlo, soñé que perdía al bebé… ─ se hizo el silencio, seguramente Bob quería escuchar la descripción del sueño, pero tenía miedo de pedirla ─ soñé que ya había nacido, pero se esfumaba de su cuna. Yo escuchaba una voz decir algo, palabras sin sentido, era como una voz que susurraba: "en el cementerio de Imolgue Fada al anochecer". Luego yo miraba mi camisón y estaba manchado de sangre…
Integra no resistió escuchar más, en ese momento salió de su habitación y se apresuró por el pasillo los pocos metros que la separaban de donde tenía lugar la charla.
─ ¡Lo siento, no pude dejar de escuchar! ¿Maggie, estás bien?
─ ¡Integra! Sí, estoy bien, sólo fue un mal sueño…
Ella trataba de restarle importancia, pero por los rostros de Emily, Cathy y Bob, que no estaba logrando tranquilizarlos.
─ Maggie, ¡haz caso a la nana Emily! ─ de su cuello, sin dubitaciones, arrancó el sigilo y se lo entregó en la mano a la jovencita en cuyo rostro se reflejaban mil dudas ─ te protegerá de amenazas demoniacas, y por favor, ¡no te acerques a Lilith, ni mucho menos vayas a comer algo que te convide, o a usar algo que te dé! ¿Lo harás?
─ Integra, creo que nos estás asustando más…
─ ¿Lo harás?
Maggie asintió, luego Integra dijo a los allí presentes: ─ Lamento no haber calculado que el duque Abigor trajese a una invitada … tan peculiar ─ se rascaba la nuca en incomodidad.
─ ¡Ya lo decía yo, esos invitados no eran nada bueno!
─ Nana, ¿tiene sal de mar?
─ No lo sé, lady Integra, tendría que revisar en la alacena…
─ ¡Hágalo, por favor! De hallarla, ponga sal a la entrada de la puerta, y a la orilla de las ventanas, ¡eso podría evitar intromisiones!
─ ¡Entiendo! ─ antes de retirarse a buscar lo requerido, la nana la miró con cierta complicidad, por supuesto sabía que la joven Hellsing era de peculiares conocimientos y habilidades.
─ Eso quiere decir que no haría mal en quedarme con ella… ¡ahora te juro que no puedo dejarte sola!
─ ¿Y yo qué, descarado?
─ Cathy, no pienso hacer nada más que estar aquí ante cualquier cosa, ¡no me pidas que regrese sobre mis pasos y deje a mi esposa en un probable peligro!
─ ¡Está bien! Puedes dormir en la poltrona o en una colchoneta en el suelo, porque si te halla durmiendo junto a Maggie, la nana se va a enfadar… Prejuicios suyos…
En lo que siguieron discutiendo la logística de la habitación, Integra de repente perdió la mirada hacia la suya. Sus músculos se tensaron, su mandíbula también al igual que la fuerza en sus puños.
─ ¿Integra? ─ interrogó Cathy ─ ¿estás bien?
─ ¿Ahora que ocurre? ─ una preocupada Maggie aun sosteniendo la jareta del sigilo entre los dedos.
─ Ustedes cuídense bien, ¡yo tengo cosas que hacer!
Dando trancos, la chica dio media vuelta.
¡Lady Integra Hellsing, Lady Integra Hellsing!
De nuevo la extraña voz en sus oídos, ahora proveniente de la habitación. Integra entró, se quedó de pie con los puños en la cintura ante la luz del televisor, mirando a todos lados con un gesto retador.
─ ¡Bien, dime en dónde estás! … ¡Vamos! ¿Dónde estás y qué es lo que quieres? ─ exclamó enojada.
Unos segundos de silencio, luego de nuevo el: noc, noc, noc. Integra levantó una ceja, la nariz y torció ligeramente la boca al darse cuenta de que ahora el golpeteo provenía de algún lugar dentro de la habitación.
Noc, noc, noc
Ella siguió el sonido dando pasos tan suaves y cortos sobre la alfombra, como los de un felino a punto de cazar.
Noc, noc, noc
Ya no provenían de la ventana…. Por fin halló el nuevo origen de la triada de golpeteos.
─ ¡El espejo! ─ señalándolo para ella misma. Con decisión corrió hacia el elegante espejo con marco tallado en dorado que descansaba empotrado en la pared por encima de una silla tapizada en damasco. Con una maliciosa sonrisa en el rostro, como a punto de saltar sobre el ratón, volvió a escucharlos:
Noc, noc, noc
─ ¡No lo creo! ─ tuvo que estar ante sus propios ojos para dar crédito, que el espejo de repente se había convertido en una especie de ventana donde ya no se reflejaba nada, más bien se mostraba un fondo totalmente oscuro por donde se adivinaba neblina. Integra, asustada a la par de fascinada, se quedó absorta mirando las imágenes que en seguida comenzaron a hacerse nítidas: un camino de arena, un viejo columpio de madera meciéndose de la rama de un fresno, luego, un viejo cementerio de tumbas olvidadas y lápidas carcomidas por el tiempo, las cuales descansaban sobre una alfombra de pastos verdes y florecillas silvestres. Al fondo se distinguía una abandonada y ruinosa iglesia antigua, sus paredones se recortaban esqueléticos contra el cielo de luna llena. ─ ¡fascinante! ─ exclamó sin poder despegar la mirada, y creyó escuchar una voz conocida en su mente: "¡A sí, los espejos son fascinantes! Más ten cuidado esta noche, Integra, ¡los demonios no son de fiar!" ─ ¿Abuelo? ─ Integra dejó de mirar el espejo para buscar por todas partes a Abraham Van, cuya voz había reconocido, luego otra vez el siseo de la voz que la había estado llamando:
… ¡Imolge Fada detrás de las colinas!
─ ¡Oh! … ─ de nuevo miró al espejo, la imagen del cementerio fue apagándose cada vez más hasta que el espejo volvió a ser reflejante ─ ¡así que tengo una cita!... ─ lo meditó tan sólo unos segundos, luego de los cuales: ─ ¡acepto! ─ corrió a buscar sus zapatos Converse en el armario que le habían asignado. Calzándose a toda prisa, sacó una chaqueta ligera y un morral de cuero; de debajo de su colchón extrajo la pistola con balas benditas; en los bolsillos interiores de la chaqueta colocó una botella de agua también bendita; en el morral otra, estacas, una Biblia, más balas; en la pantorrilla derecha una correa que sostenía una daga hoja bendita en su funda, y al cuello un rosario que acercó a sus labios para besarlo antes de guardarlo dentro del hoddie cuya caperuza se colocó antes de abrir la puerta lentamente y cerciorarse que ya nadie había en el pasillo (echó un último vistazo al televisor, Angelina Houston como la Gran Bruja aparecía sin disfraz humano, mostrando una sórdida monstruosidad. A Integra, esa actriz siempre le había parecido tenebrosa), se fue trotando hasta la escalera de servicio.
A pesar de ser la primera vez que estaba en la mansión Marshall, supuso que las disposiciones de las habitaciones no tenían por qué ser tan distintas a la suya, y no se equivocaba. Halló la escalera de servició que, conectada a la segunda planta con la gran cocina, pero también un punto intermedio donde estaban unas habitaciones modestas y un centro de planchado de ropa. Se accedía a ese anexo por medio de un descanso que se desviaba en la escalera principal.
"¿Y ahora cómo se supone que halle ese cementerio? Porque no hay duda de que me está llamando, Lilith quiere que la vea allá o hará daño a Maggie, ¡lo sé!" La joven cazadora tampoco se equivocaba está vez, había comprendido bien la coacción de la diablesa, "pero ¿para qué carajo me quiere ver? … Lo más importante sigue siendo, ¿cómo voy a saber dónde está ese cementerio si casi no conozco Bath? ¿La nana Emily sabrá?"
De repente el sonido de unas notas de música la distrajeron. Eran esas viejas, viejísimas canciones de jazz para Halloween que hablaban de espantos y aparecidos. La música provenía de una de las habitaciones halladas entre los pasillos de paredes y puertas blancas. Se escuchaba la ronquera monótona del disco de acetato que se arrastraba debajo de la aguja del tocadiscos que la reproducía. Canciones fantasmales de décadas viejas, melancólicas en las voces de cantantes que ya debían estar muertos. Integra detuvo allí su marcha mirando en dirección de la vetusta música, y sin explicarse porque, guiada por una extraña sensación, siguió la senda, pasando a través de puertas cerradas detrás de las cuales se escuchaban murmullos.
─ Y entonces el ministro llamó para avisar que no podrá oficiar mañana al mediodía, sino al atardecer…
─ ¿Qué harían los señores Parrish si se enterarán de que una de sus hijas va a casarse en secreto?
─ ¡No lo sé! Pero es mejor no averiguarlo y cerrar la boca…
Sí, eran las habitaciones de las doncellas de servicio. Así anduvo Integra con sigilo, hasta que, delante de ella una puerta emparejada se abrió para dejar asomar la lóbrega e inquietante presencia de Nicodemo, el mayordomo de cadavérica estampa.
─ ¡Oh, Nicodemo!, ¿verdad? ─ Integra se detuvo en seco a unos centímetros de chocar contra el luengo y alto sirviente de repentina aparición. ─ E…eres Nicodemo, el mayordomo del duque Abigor ─ balbuceó algo nerviosa por la presencia extraña del hombre.
─ Mi ama no es otra que lady Lilith… ─ corrigió con su voz grave y astringente.
─ ¡Ah sí, eso mismo! Bueno, yo me voy, es más, no sé qué hago aquí… ─ la joven dio la vuelta para alejarse.
─ Salga por la puerta trasera de la mansión, camine el sendero hasta la fuente de ninfas, luego hasta el lago artificial, cruce el puente, intérnese en la espesura del bosque, siga por detrás de la capilla cerrada, a la izquierda… Entre robles hallará un sendero de arena que surca la colina… sígalo, llegará a Imolge Fada.
Ella iba a decir algo, pero el mayordomo dio pasos en reversa y cerró la puerta de un golpe. En el pasillo quedó Integra frente a la puerta cerrada detrás de la cual continuaban escuchándose las canciones viejas. Volvió a girar para regresar a la escalera de servicio que daba a la cocina, una vez allí corrió sobre las losetas blancas buscando una puerta de salida al jardín como en Hellsing manor existía tal puerta, pero estaba cerrada, así que siguió trotando hasta llegar a la puerta grande de cristales. A punto de salir contempló la solitaria pradera a la luz de la luna por la cual parpadeaban luciérnagas, y para su fortuna no se veía al velador por ningún lado. Se ajustó la caperuza sobre la cabeza, y echó a trotar siguiendo el camino que Nicodemo le había indicado.
"¡Creo que debería avisar a Alucard, por si acaso!" Pensó, sin embargo, su espíritu tozudo la empujó hacia la arriesgada aventura, a la cual se dirigió sin detener sus pasos veloces sobre el césped fresco, hacia la fuente apagada de las oceánides, atravesó por el puente que surcaba el lago donde se escuchaban croar ranas y sapos, a internarse en el bosque, toparse con la vieja capilla, y a la izquierda la vereda de arenisca que brillaban bajo la luz de la luna y le marcaba los pasos colina arriba a cuya cima llegó con la frente perlando sudor. El camino fue largo, Integra calculó que se demoró cosa de veinte minutos en alcanzar el punto más alto, desde allí pudo ver los paredones de la iglesia que ella había visto recortarse contra el horizonte oscuro en la visión del espejo.
─ ¡Bien! ¡Aquí vamos! ─ echó a correr vereda abajo hasta que el camino comenzó a aplanarse. El chillar de la cuerda del olvidado columpio que mecía el viento, colgando de la rama de un fresno le produjo un leve escalofrío, un par de metros más, ante sí estaba la ruinosa barda y las rejas desvencijadas del cementerio abandonado. Suspiró profundo y anduvo los pasos que le faltaban para entrar.
"En apariencia todo está tranquilo, ¡pero si es una trampa…!" Del cinto sacó la pistola y cortó cartucho, se adentró al cementerio entre escuetas lapidas casi desechas en el tiempo y el olvido. Anduvo unos metros, mirada al frente, guardia en alto, cuidadosa de no tropezar con algún arbusto, guijarro o restos de una tumba. Observaba en todas direcciones aprovechando el resplandor del plenilunio, "¡aquí no hay nada!" Frunciendo el ceño, un tanto decepcionada, se animó a bajar la pistola, "¡creo que he sido timada como una tonta!" Estaba a punto de dar la media vuelta, cuando escuchó un sonido curioso, como el tintinear de unos huesos: cloc, cloc, cloc…
─ ¿Quién anda allí! ─ con un ademán raudo y ágil volvió a apuntar su arma para descubrir una presencia andando entre nichos y un trio de mausoleos idénticos que marcaban el camino hacia una pendiente tachonada de cruces de piedra a medio resquebrajarse ─ ¡Eh, tú, detente allí!
Pero sólo respondió el cloqueo, ninguna voz. Integra corrió para darle alcance, se halló de espaldas a un ser mondo, descarnado en cuyos huesos tristes aún colgaban ralos girones de la que había sido una indumentaria de otro tiempo, en la mano sostenía una lanza. La joven enmudeció ante la visión de la criatura, algo había leído acerca de esqueletos vivientes, pero pensó que sólo podían ser obra de febriles fantasías y cuentos, ahora tenía uno justo enfrente de sus ojos estupefactos. Sin voltear, el ser dijo en una voz áspera y cansada que se le hizo familiar: ─ ¡La señora la espera allá arriba! ─ Le señaló el montículo de tumbas, luego tomó asiento en la lápida más cercana y recargó su peso con ambas manos sobre la lanza que enterró en la tierra fresca.
Integra no tuvo más remedio que pasar frente al ser, con asombrado morbo, más que con miedo, le observó al pasar a escasos centímetros, no sin precaución, "¡cualquiera diría que debería morirme de miedo, pero más bien me da pena!" Lo pensó cuando vio el esqueleto encorvado sobre sí mismo, como víctima de una enorme fatiga, de tristeza acumulada en sus cuencas vacías que miraban al suelo.
La joven siguió la marcha por el caminito de piedra entre tumbas, cuando de repente la luz parpadeante de una gran fogata, como encendida al instante, apareció ante sus ojos.
─ ¡Ah, rayos! ─ la joven dudó, en las manos apretujó el arma sólo para alcanzar la cima de esa nueva colina y hallarse ante un espectáculo que no podía ser más infernal. Alrededor de la gran hoguera, esparcidos sobre tumbas, había varias aberrantes criaturas de anchas espaldas, imponentes estaturas y musculatura evidente (guerreros sin duda) charlando a voces en ese mismo idioma extraño que Integra escuchó por primera vez durante la emboscada de Asmodeo. Bebían de cálices de hierro, daban grotescas risotadas, peleaban entre sí.
Helada se sintió como si se hubiese convertido en piedra de hielo al hallarse ante lo que parecía el preludio de un aquelarre, (y eso era exactamente). Estática, procurando no mover un solo musculo, buscó con la mirada a Lilith. La halló sobre una tumba de lapida plana, en sensual trato con el duque Abigor quien mordisqueaba y besaba su cuello con deleite mientras introducía una mano por el sugestivo escote de la diablesa quien correspondía a las caricias engarzando al señor de la guerra con brazos y piernas.
Integra sintió colorear sus mejillas, crispada intentó echar pasos en reversa cuando Lilith se percató de ella…
─ ¡Milady Hellsing, me alegro de que haya venido!
La aludida no tuvo más remedio que quedarse en su sitio, todas las criaturas dejaron de vociferar para voltear a verla, el duque Abigor detuvo su escarceo pasional para virar lentamente, separándose lentamente de su amante.
─ ¿Qué hace ella aquí, Lilith? ─ confundido.
─ La cité a venir para tener una charla…
─ Una charla…. Una charla dices, ¿acaso no estabas planeando un aquelarre?
─ ¡Para todo hay tiempo, Abigor! ─ y fue ella quien terminó por separarse del duque, tomando en su mano de uñas largas como lanzas, un cáliz lleno con exuberante vino ─ Milady, venga por favor.
Le insistía a Integra, poniéndose de pie, llamándola amistosa. La cazadora pudo apreciar el atrevido atuendo de la demoniza, que consistía en un vestido de seda el cual dejaba apreciar sus muslos, y sólo cubría sus turgentes senos con la caricia de la tela color bermellón debajo de largos mechones de cabello cobrizo, como ríos de fuego. En la cabeza llevaba una corona negra, del cuello pendía un ostentoso collar de piedras preciosas, en las muñecas, brazaletes de oro macizo, y en el dedo anular el anillo con su sigilo. Y sí, Lilith era una mujer extraordinariamente hermosa, ante la cual no pudo evitar sentir celos: "fui uno de sus amantes", recordó la declaración de Alucard. Frunció el ceño, de repente se sintió tan poca cosa comparada con la despampanante fémina.
─ ¡Pues si van a tener una charla de chicas yo salgo sobrando! ─ el duque no estaba contento con aquella reunión. Bufó, tomó el saco oscuro que había dejado sobre la cabeza de la estatua de un ángel, se lo echó sobre el hombro, agarró la brida de su caballo empezando a andar en dirección donde Integra estaba, mientras ordenaba en ese mismo idioma extraño: ─ ¡Vamos manada de asquerosos holgazanes, la fiesta se acabó! Nos marchamos todos de aquí, ¡vamos!
Ante el rezongo de las criaturas, los ojos del duque se encendieron en fuego, su voz retumbó en medio de la oscuridad: ─ ¡Otra protesta más y los haré azotar a todos hasta que el verdugo se canse!
Logrando la docilidad de sus aberrantes soldados, estos echaron a andar en silencio detrás de él. Al pasar junto a Integra quien no sabía porque carajo no había echado a correr para escapar de allí, él le dijo amable, como siempre: ─ Hasta mañana, milady…
─ Hasta mañana, Alteza… ─ mirándolo con miedo, tratando de leer en sus hermosas facciones de piel morena, si había alguna recomendación que hacerle para librarla de aquella aventura.
─ Si me permite un consejo … ─ poniéndose el saco, mirando hacia donde Lilith volvió a tomar asiento ─ no debería estar aquí a solas con ella… Lilith rara vez es de fiar para alguien, mucho menos para los mortales. ─ tomó la mano de la joven en la suya, la besó y siguió andando seguido de sus horrorosos y hediondos legionarios.
─ ¡Hay que ver para creer! ─ exclamó la diablesa con ironía al ser testigo ─ ¡hiciste que el gran duque general se sintiera avergonzado!
Integra se hizo a un lado para dejarlos pasar, una vez que el duque se hubo alejado, volvió a escuchar hablar a Lilith:
─ ¡Me alegro de que haya venido a Imolgue Fada, lady Hellsing! Veo que Nicodemo hizo bien su trabajo de guiarla.
─ En la mansión me dijo que usted estaba aquí…
─ No sólo en la mansión, él acaba de decirte donde hallar esta hoguera… ─ ante el gesto extrañado de la joven ─ con nombre de Santo fue bautizado un hombre que, hace siglos, no pudo pagar su deuda conmigo, empeñó su alma, desde entonces es mi sirviente, lo que viste en la mansión Marshall es sólo un avatar, sus huesos sin derecho a descanso son los que están aguardando donde lo viste…
─ ¡Interesante! ─ comentó la chica como para sí, dimensionando la condena eterna del pobre sujeto.
─ ¿Le gusta este cementerio? Ha existido desde la antigüedad, antes que llegara la conquista del Imperio Romano. Lo que quiere decir que debajo de estos huesos cristianos que ya nadie visita, hay más huesos de sus antepasados bretones, ¡este lugar está lleno de energías y presencias! ─ mirando a su alrededor─ ¡En fin! ¡Somerset al anochecer es encantador! Por eso me agrada como escenario. Por ejemplo, ahora que tengo muchas ganas de charlar con usted. Una no conoce todos los días a mujeres capaces de conquistar a poderosos y muy peligrosos, ¡qué digo peligrosos! Letales hombres. ─ con sonrisa siempre maliciosa, un ademán que la invitó a tomar asiento en una tumba, frente a ella. Integra aceptó la invitación.
─ Milady, sólo vine porque no podía dejar que le hiciera daño a una de mis amigas y a su criatura.
Entonces la escandalosa risa de Lilith se hizo escuchar: ─ ¡Sabía que ese iba a ser un método infalible de persuasión! Despreocúpese, Lady Hellsing… la criatura que lady Parrish lleva en el vientre no me interesa en lo absoluto, sólo necesitaba hallar un motivo para que usted no se negara a venir.
─ Pero ¿es cierto que usted asesina niños en vientres y cunas?
─ Lo he hecho incontables veces sí…
─ ¿Es su revancha?
─ ¡Así es! Tu vengativo Dios asesinó a muchos de mis hijos, eso me da el derecho de asesinar a los suyos.
─ ¡No mientras esos hijos me importen a mí!
─ Tranquilícese, milady, como le he dicho, sólo usé esa artimaña para que usted no durara en venir.
Integra observó a la mujer, trató de adivinar mentira en su rostro, pero no la halló: ─ ¿Y para qué quiere usted hablar conmigo?
─ Quería tratar de cerca a la mortal que es capaz de causarle problemas a mi marido y rechazar una de sus tentadoras ofertas como la de ser una bruja poderosa y ama del mundo; de darle una paliza a Erzsébet Bathory; de merecer el respeto del general Abigor, y … de tener a un monstruo de la talla de Vlad Dracul comiendo de la palma de su mano …
─ ¿Su marido? Se refiere a Asmodeo…
─ ¡Tengo muchos amantes, pero, aunque le resulte increíble, sólo un marido! … ─ al ver la cara de incomodidad de la jovencita, la diablesa se apresuró a decir: ─ más no se mortifique por eso, Asmodeo es un asqueroso desgraciado… Yo lo odio ─ frunció su perfecta nariz ─ me hubiera gustado verlo caer ante los arcángeles, pero llegué tarde … él ya estaba contenido, y usted inconsciente.
─ ¿Quiere decir que usted estuvo en Londres el viernes en la noche?
─ ¡Así es! ¡Y sinceramente me intrigó lo que vi! … ¿Le ofrezco vino?
─ No gracias…
La diablesa volvió a llenar su cáliz de una botella traída de la mansión Marshall: ─ …además, cuando Abigor me dijo que Vlad Dracul estaba completamente enamorado de una mortal, no me pude resistir a conocerla de cerca. ─ se llevó el cáliz a los labios. ─ dígame ¿cómo una doncella de tan escasa edad logra poner a sus pies a esa clase de hombres? ¡Pocas veces en mi eterna vida he conocido a alguien como usted! Y creo que una charla sería más que fructífera.
Integra no sabía muy bien que decir: ─ … ¡No tengo la menor idea a que se refiere, sólo me dedico a ser yo!
Lilith observó a la jovencita de cabellos cortos y gafas, metida en un hoddie con estampado de Mickey Mouse, que aún la miraba como si fuera un ratón asustado. Por un instante, la milenaria demoniza se sintió timada, molesta, tal vez un poco celosa también.
─ Por cientos, y cientos ¡y cientos de años! Yo he tenido la firme estrategia de alcanzar triunfos a cambio de mi sensualidad. He logrado seducir a reyes, emperadores, papas, potentados, ¡a cualquier cantidad de amos del mundo que se imagine! …Ahora la veo a usted, tan inocente y apocada allí sentada mirándome como una ordinaria escolapia mira a su maestra regañona, ¡y me parece que no está ni siquiera mostrando el ímpetu que vi hace un rato durante la cena! ¿Esta es la gran guerrera Sir Integra Hellsing, vencedora de demonios y subyugadora de asesinas o me han tomado el pelo? ¿o acaso será que necesita de su vampiro guardián junto a usted para hallarse a sí misma y mostrar carácter?
─ ¡Yo no necesito de él o de ningún otro hombre a mi lado para hacerme respetar, señora! ─ el gesto de la joven se endureció, apretó los puños y levantó la voz en enfado. ─ Alucard no me define, ¡me protege, está a mi servicio! Y contestando a su pregunta, ¡sí, yo lo comando! ¡Hace lo que le ordenó, porque es mío! ─ al instante de terminar de decir eso, la joven se sorprendió de sí misma, volvió a sonrojarse, y guardó silencio ante otra carcajada de Lilith.
─ Vlad es suyo… es suyo, ¿cómo? ¿Como siervo o … como hombre? ─ la miraba atentamente.
─ Como siervo… primordialmente … ─ sin poder disimular su bochorno.
─ ¡Oh por todos los infiernos! ¡Todos ya sabemos que él la considera como mujer! Y francamente ¡también es obvio que usted lo considera como hombre! Pero a usted aún le estorba toda esa basura de moral cristiana con la que la criaron, ¿cierto? ─ de nuevo se hizo el silencio en la joven. ─ santas, rameras, ¡en fin! ─ una risita irónica ─… milady, ¿sabe porque me exilié del paraíso? ─ Integra asintió ─ me gusta decir que Adam era un pobre imbécil que no me satisfacía, pero, además, no me daba la gana obedecer… el inútil siempre quería hacerlo encima de mí, nunca al revés, ¡en fin!
─ Sí, sé cómo es eso… ¡es decir! Sé que es fastidioso tener que obedecer a cualquiera…
Lilith se rio de nuevo: ─ Milady, es usted demasiado pudorosa para tener como enamorado a un señor vampiro de esa clase ─ la mirada de la diablesa se llenó de malicia, tal vez lujuria, evocando quien sabe que vivencias ─ ¡él fue uno de mis favoritos! ... Como reina de vampiros que también soy, ¡he tenido tratos con los más hermosos de ellos! Créame que sé de lo que hablo ─ Lilith se divertía con el rostro de incomodidad de la jovencita ─ por lo que le aconsejo que lo disfrute, ¡es muy buen amante!
Con el rostro al rojo vivo como si fuera un tomate, dijo: ─ Bueno, ¡es tonto que siga fingiendo demencia cuando usted y todos en el infierno saben que ya no soy completamente virgen! ─ apenas podía disimular la vergüenza que le producía hablar de ello.
─ ¡Pues claro! De no ser así, mi marido aún no habría tenido una razón para … visitarla.
─ Sin embargo no podría disponer de… mi sexualidad, aunque quisiera… sabe bien que existe ese dilema en el que me hallo por ser una cazadora de vampiros.
Integra hizo una pausa para auto analizarse, a decir verdad, no terminaba de entender porque le estaba diciendo todo aquello a Lilith. Tal vez, pensó, porque no podía decírselo a nadie más, no de esa manera tan abierta y franca.
─ ¿Se refiere a aquello que condiciona a la víctima de un ataque de vampiro?
─ Si soy mordida por un vampiro en un accidente de cacería, no sería de mi agrado convertirme en un inmundo zombi. Además, estoy condicionada por la maldición sobre mi familia.
Lilith sabía que su marido no desistía y no iba a desistir en su propósito de terminar con los Hellsing, y verlo complacer otro de sus muchos caprichos tampoco le agradaba. Así, la diablesa se hallaba en una posición complicada frente a la joven Hellsing. Por un lado, quería ayudarla escaparse de las garras del odioso Asmodeo para fastidiarlo, por el otro, la envidiaba por poseer un amor verdadero, algo que ella no había poseído nunca.
─ Y le han dicho que esa maldición es irrevocable, ¿no es así? Para sortearla usted debe conducirse con gran precaución. Ya no debo aclarar una vez más que la derrota que usted y Vlad le provocaron a mi marido, me complació mucho, y también debo suponer que ustedes ya deben estar conscientes que esa fue una batalla tan solo, no la guerra.
─ Nadie esperaría que un demonio tan poderoso como Asmodeo… se rindiera tan fácilmente.
─ No lo hará, por algo le mostró esas visiones del futuro… ─ La atención de Integra, toda en Lilith, otra vez. ─ Yo sé, Lady Integra, ¡yo sé lo que le mostró porque también sé lo que va a pasar! No voy a decírselo, pero ¿no ha considerado otras opciones?
─ ¿Otras opciones? ¿Qué? No, ¡yo no tengo opciones, lady Lilith!… Nací para ser cazadora de vampiros, y eso es lo que hago. Generaciones de Hellsings me observan, ¡tengo un legado que cuidar a toda costa!
Lilith la observó unos segundos con una ternura burlona: ─ Milady, usted y yo sabemos a qué opciones me refiero. Usted ha estado pensando en la propuesta de Vlad: fugarse con él para ser su esposa.
Integra enmudeció ante aquella clarividencia: ─ Le pido por favor que deje de leer mis pensamientos…
─ ¡Está bien! Ya no lo haré, pero dígame, ¿por qué no acepta?
─ ¡Es que ni loca me casaría con él ni con nadie a los dieciocho años! Ni a los diecinueve o … ¡lo que quiero decir es que no estoy dispuesta a renunciar a mi honor y mi posición como heredera Hellsing por ir a los dominios de un hombre solo para ser su esposa, por mucho que lo ame de veras y … ! ─ de nuevo, Integra se sorprendió a sí misma haciendo francas confesiones a la peligrosa Lilith. Se quedó callada, sorprendida ante la sonrisa divertida de la demoniza. La joven rubia se preguntó si aquella estaba usando algún tipo de poder psíquico para sonsacarle verdades.
─ ¡Vaya, sir Hellsing! Usted me cae mejor de lo que me gustaría, ¡me admira que no ponga su amor antes que sus ambiciones! Pero ¿está usted segura de que esta, en la que se halla, no es otra clase de prisión? Es decir, obedece ordenes, no de un esposo o de un padre, pero de un gobierno, de una sociedad, ¡y para colmo! De una naturaleza vil… Me parece de lo más ignominioso que si una persona no virgen es atacada por un vampiro, está tenga que padecer un destino horrible como pestilente muerto viviente… ¡si yo fuera usted, me haría al vampirismo, luego tomaba a ese vampiro suyo para experimentar las mieles del placer, y de paso abandonaba esta jauría de hipócritas en la que se halla atrapada!
─ ¡Vaya por Dios! ¡Qué suerte que usted no sea yo! ¿Ser una vampira para estar atrapada en la inmortalidad por el resto de la eternidad? ¿Qué clase de libertad puede ser esa? Lo que los vampiros dejan observa, es que ese don en realidad es su maldición … ¡ningún vampiro que yo haya conocido es pleno en esa inmortalidad malsana atada a las sombras! No intente tentarme con ofertas engañosas, milady, en todo caso, ¿a usted que más le da?
Lilith encendía un cigarrillo y bebía de su copa mientras escuchaba los argumentos irrefutables de la dama: ─ Es simple simpatía por una mujer tan joven y tan poderosa… Y yo siempre he simpatizado con las mujeres poderosas, ¡sea reciproco el sentimiento o no! Y en su caso… ─ Integra notó que Lilith hizo una pausa ─ me temó que va a dedicarle su vida a una causa banal, sin significado real…
─ Usted puede pensar como mejor le parezca… pero ¿cómo salvar a personas inocentes de una muerte en manos de seres aterradores puede ser banal? ─ comenzó a buscar un cigarrillo dentro de su chaqueta, se halló con uno de sus habanos.
─ ¿Cómo sabe que todos aquellos a los que usted salva son en realidad inocentes? ─ ofreció fuego, Integra aceptó. ─ ningún humano es inocente por completo, ¡todos ellos son y serán siempre culpables de algún pecado!
─ ¡Esa lógica es demasiado retorcida! Y esa posibilidad no me desanima tampoco… si de diez personas pecadoras salvo a una inocente, ¡yo me doy por bien servida!
─ Bueno, si es que lo hace con tanta convicción y con tanta virtud, ¿lo haría, aunque no lo ordenara su reino?
─ Creo que igual intentaría hacerlo…
─ Y si se enterara que ese reino que usted ayuda a mantenerse en pie, ¿se yergue sobre la vida y la sangre de muchos inocentes?
─ Eso también lo sé, ¡no hay pueblo en esta Tierra de Dios que no haya oprimido a otro!
Lilith se llevó a los labios la vid, sin dejar de analizar que Integra Hellsing, era en verdad, un hueso duro de roer: ─ Siendo así, espero que todos sus sacrificios, porque renunciar al amor verdadero es un sacrificio, siempre valgan la pena, ¡y que nunca tenga que tener conocimiento de una verdad horrible y desesperanzadora!
─ ¿Verdad desesperanzadora? ¿A qué se refiere? ─ confundida, con los brazos cruzados, haciendo danzar el puro dentro de su boca.
─ ¡Oh! ¿En realidad quiere saberlo?
─ ¿Por favor? ─ ya en su actitud sarcástica.
─ Bueno, ¡en ese caso! Si esa verdad llegara hasta usted, tendría que estar más que preparada, ¡pero no soy yo la adecuada para decírselo, ni es este el lugar! Además, no me creería, ¡estoy segura!
─ ¡Oh vamos, dígalo ya! ─ Integra sonreía de veras intrigada.
─ Sólo le diré que mi marido y su amo tienen las garras bien metidas en todos los asuntos del poder mortal, ¡que su reino no es la excepción! ─ en un santiamén, la diablesa se le acercó tanto y tan repentinamente que logró tocarla, agarrando con su mano derecha la muñeca izquierda de la jovencita quien la miraba hablarle a quemarropa ─ así que mantenga los ojos bien abiertos, ¡la mente y el corazón preparados! ¡Luego en nadie, escuche bien, en nadie confíe! Si se queda aquí a servir a su reina y a su causa, debe estar lista para las consecuencias.
La joven rubia ahora ya no supo que decir, mirando con miedo a Lilith, quien la escudriño unos instantes más antes de soltarla: ─ Traición, ¡veo mucha traición contra usted! ─ la soltó para irse alejando hasta su lugar sobre la tumba, donde volvió a cruzar la pierna ─ su senda como lideresa empezó con una traición, eso ya se sabe, ¡pero esa de su tío no fue la última ni será la peor que sufra! ¡Mientras eso ocurra, manténganse fría y manténganse fuerte!
─ Eso… ¿eso es una predicción?
─ ¡Así es! Y usted no podrá hacer nada para cambiar ese destino, a menos que…
─ A menos que, ¿qué?
─ Que se olvide de su vida aquí y se marche con su amor a donde no puedan alcanzarla…
─ ¡Y volvemos al principio!
─ Sólo le digo lo que pudiera ser mejor para usted, me siento benévola.
─ No le creo nada… no tiene ninguna razón para sentirse benévola ni mucho menos.
─ ¡Haya usted!
En ese momento, el percutido sonido de un trueno las estremeció. Integra levantó la mirada para mirar al firmamento, y ya no vio la luna, tan sólo borrasca negra, espesa y embravecida por lluvia.
─ ¡Oh, parece que tendremos aquelarre bajo la lluvia! ─ se levantó, y en la fogata roció un líquido que tornaron las llamas de color verde. ─ ¡un aditivo para hacer las llamas más resistentes!
Integra la miró con miedo otra vez y se levantó de golpe cuando escuchó golpeteos bajo sus pies.
─ ¿Qué? ─ mirando hacia abajo, buscando el origen.
─ Como le dije, ¡este cementerio es especial! Y cuando yo llego a venir al viejo Bath me gusta visitarlo por una razón: ¡hay tanta presencia, hay tanta Historia, qué los aquelarres son excepcionales!
La chica tuvo que dar un salto para librarse de la sensación bajo ella, como de manos y pies luchando por salir.
─ ¿Pero qué carajo?
─ ¿Lo siente? ¡Ellos también! Los muertos sienten la energía, sienten la fuerza oscura, ¡por eso están inquietos!
─ ¿Va a revivir a todos estos muertos?
─ Ellos no son los invitados de esta noche, sino las miembros de la cofradía, ¡brujas seleccionadas y privilegiadas que he invitado esta noche! Aunque a veces algunos se unen. El invitado primordial es la presencia también, ¡obvio!
─ ¿La presencia!
─ Sí, la presencia del señor oscuro que presidirá estos rituales ─ bebió el último trago de su cáliz, antes de colocarlo sobre la tumba y alzar la vista.
Integra volvió a mirar al cielo, vio una parvada de mujeres, estaban desnudas (o casi desnudas) y sí, ¡montaban escobas!
─ ¿No me diga que nunca había visto brujas luciferinas?
─ No, ¡no en la realidad! ─ Integra impresionada, fascinada, pero amedrentada también, de que todas las fantasías populares fueran ciertas.
─ ¡Claro! Una doncella bien criada como usted en la fe cristiana no podría estar presente en una ceremonia de esta naturaleza. Está se la dedicaremos a Belcebú, ¡en breve tendremos aquí al Señor de las moscas!
Las brujas volaban cada vez más bajo. Más truenos y rayos se manifestaron en el cielo. En un abrir y cerrar de ojos, las terribles mujeres se posaron en la tierra, Integra se vio rodeada de ellas. Las había jóvenes y viejas, delgadas, regordetas, altas o bajas, llevaban los cabellos desordenados y largos, en sus rostros había frenesí.
─ ¡Bienvenidas hermanas! ─ con los brazos extendidos, Lilith exclamó encaramada en lo alto del nicho de la vieja tumba.
─ ¡Venimos con devoción en el corazón para servir a nuestro señor de los infiernos! ─ contestaron a coro mientras se tomaban de las manos y rodeaban la hoguera.
Integra quedó a pocos centímetros de ellas, observando cautivada y aterrada en partes iguales.
─ ¡Hermanas, vamos a comenzar el rito de evocación al gran señor de las moscas!
Comenzando un rezo en una lengua inteligible para ella, las brujas a coro exclamaban, cantaban, alababan, de repente una de ellas, una decrepita y encorvada avanzó hacia el centro de la hoguera. Integra trató en vano de no gritar cuando de entre su regazo, la vieja dejó ver lo que evidentemente era un niño pequeño, de escaso un año.
─ ¡NOOOO! ─ gritó la joven cazavampiros tratando de abalanzarse sobre la horrible anciana para arrebatárselo de las manos. En ese instante, Integra se sintió sujeta por los brazos, volteó con miedo, vio horripilantes espectros, ni más ni menos que espíritus encarnados de aquellos paganos que habían dormido por cientos de años bajo la tierra. ─ ¡suéltenme! ─ pero la fuerza era brutal, ella no podía zafarse, y lo único que obtuvo por respuesta fue el movimiento de horrorosas cabezas secas de momia, en una negativa.
La decrepita bruja, sin embargo, ignoraba por completo a la joven Hellsing, avanzando para descubrir a la pequeña víctima la cual permanecía inmóvil. Lilith descendió levitando lentamente hasta tomar a la criatura en ambas manos. Integra, incapaz de moverse, cerró los ojos para negarse a ver. Sólo se dio cuenta de los horrores que pasaron, porque un penetrante olor a carne quemada llenó todo el ambiente.
─ ¡NOOO, BASTA! ¡SUÉLTENME, MALDITAS ABERRACIONES!
─ ¡El niño ya había caído en un hechizo de muerte, lady Hellsing! Al señor de las moscas se le ofrenda carne muerta ─ declaró Lilith ─ además, fue sacado de una miserable casa de cuna, ¡a nadie le va a importar!
Ignorando las protestas de Integra, la demoniza comenzó la evocación, las otras brujas repetían al unísono. Las llamas chisporroteantes comenzaron a tornarse en una suerte de figura antropomorfa, santiamén en que Integra decidió que había tenido suficiente de aquello, así, con un hábil movimiento alcanzó la daga hoja bendita que llevaba al tobillo, y la encajó en las entrañas del ser que la sujetaba, el cual retrocedió en alaridos para luego convertirse en un pestilente polvo.
─ ¡No son más que carroña! ─ espetó la chica mientras cogía la botella de agua bendita, retirando la tapa con la boca y arrojándola contra los demás espantajos que sólo retrocedieron vociferando en sus grotescas voces, tapándose la cara.
─ ¡Oh! ¡Los momificados son tercos y estúpidos, hazte cargo, Sir Hellsing! ─ dijo Lilith desinteresadamente antes de dirigir el éxtasis de sus brujas al momento de que la figura corpulenta y oscura de un demonio astado, emergía de las llamas.
Del otro lado de la hoguera, la joven había saciado la impotencia de los segundos en que fue incapaz de salvar el cuerpo del infante, y habiendo deshecho a suficientes criaturas a golpe de daga y agua bendita, con saltos echó a correr, sobre tumbas y lapidas despedazadas, al lado contrario de donde había llegado a la reunión, pues el camino de regreso hacia la entrada del cementerio estaba colmado de una muchedumbre de entes.
Al ir huyendo debajo de gruesas y violentas gotas de lluvia, Integra miró atrás para ver como las brujas se levantaban por los aires en su trance de hechicería para recibir al gran demonio que emergía a centímetros de Lilith, quien de último gritó: ─ ¡Corre Sir Integra Hellsing, corre! ─ siendo perseguida por decenas de momificados ─ ¡Corre hacia tu inevitable destino! …
Lilith le dedicó a Integra una última mirada, la observó correr hacia los bosques, luego le prestó todas sus atenciones a su invitado, deshaciéndose de su vestido y comenzando a levitar como el resto de las brujas.
Continuará...
Imolgue Fada es el nombre de un cementerio que apareció en el cómic de Hellboy, en el episodio de El cadáver, el cual toma lugar en Irlanda, así que retomé el nombre, no lo inventé yo.
