Disclaimer: Estos personajes pertenecen a Hiro Mashima
Universidad
Pasó la mañana frente al espejo, Juvia no estaba demasiado convencida del corte que traía ahora, era eso o esos inmensos nervios de ver a Gray tan temprano por la mañana, además que no sabría exactamente como llegar desde ahí a la universidad, era hora de pedirle indicaciones. Suspiró, finalmente se lo dejó tal cual. De alguna u otra manera estaba feliz porque estaría al menos en la misma carrera que él y podrían verse, la verdad es que conforme pasaban los años, Gray se volvía más y más guapo. Juvia se descubrió mordiéndose el labio inferior mientras pensaba en él, recobró la compostura y bajó.
El azabache estaba comiéndose una manzana sobre la barra de la cocina, tenía el entrecejo fruncido. – Juvia, ¿siempre tardas tanto? No fuiste a los cursos así que no conocerás a nadie y quiero pedirte un favor. — La peliazul casi hizo evidentes los latidos de su corazón, abrió los ojos cuáles platos. — Lo que Gray-sama necesite. — Finalmente musitó, casi notorio el nerviosismo. — Entonces serán dos favores. — Juvia asintió. —No me llames "Gray-sama" es penoso, no quiero que me llames así jamás ¿bien? Y el segundo… No te me pegues como chicle, podrían malinterpretarlo y creer que somos pareja… Y si se enteran que vivimos juntos… No quiero saber qué tanto dirán. — En primera instancia la joven mostró serenidad, aunque luego no lo pudo evitar e hizo algunos pucheros, Gray rodó los ojos y Juvia asintió.
Antes de irse el azabache tomó una manzana más, la lavó mientras la muchacha recogía el bolso dónde llevaría sus libros, se echó una última mirada en el espejo grande que estaba junto a la sala de estar, acomodó el larguísimo vestido semi ajustado, cualquiera diría que lucía con demasiada ropa, pero a Juvia le hacía sentir bien no mostrar de más, lo que sí quería cambiar era ese peinado, lo curvo al final del lacio se veía raro, solamente que no sabía cómo deshacer eso que se formaba en las puntas. Hacía muecas graciosas frente al espejo, cuando el muchacho pasó tras ella, se veía tan cómodo en jeans y una playera sencilla. – Estoy lista para irnos, Gray-sa… Gray-san. – El muchacho se le quedó viendo y soltó una carcajada. Caminaron un poco y tomaron un tren, en menos de quince minutos estaban frente a la famosa puerta roja, iban a estudiar comercio, pasando la puerta había un grupo de jóvenes muy llamativos, ellos llamaron a Gray. – ¡Hey! ¡Hielitos! – Un pelirosa que se veía bastante simpático le gritó, Juvia recordó por un momento cuánto le gustaba a Gray el frío y los helados, sobre todo los helados. – ¡Cállate maldito loco de la tabasco! – parecían gente simpática, había una rubia, una castaña y otra albina, la última le ponía bastante atención a Gray-sama, eso despertaba la ira sobre humana en ella, pero parecía que ella no los conocería ese día, ya que el muchacho se fue hasta dónde ellos y Juvia se perdió en la multitud que llegaba. Le tocó caminar y buscar ella misma el edificio, ver sus horarios y rogar porque le tocara en una clase con él, de eso pedía su vida. En la entrada se encontraron con unos conocidos del varón, lo supo porque de inmediato se acercaron para saludarlo, eran varias personas, aparentemente era bastante popular. La petición por parte de Gray era muy clara, no debía acercarse tanto. Lo cual, aún con ganas de quedarse, cumplió. Le dejó saludar a sus amigos mientras ella iba buscando el aula para su primera clase oficial. Tenía un cúmulo de sentimientos encontrados que se anidaban en su pecho y dolían, porque no tenía a nadie con quien hablar de ello.
La primera clase era comercio exterior, cuando la muchacha al fin dio con el grupo, tuvo que sentarse hasta atrás, no quería ser una molestia ni llamar demasiado la atención, estaban esos grupos de conocidos que seguramente se hicieron en los cursos a los que por mala suerte (sus papás aún no tenían dinero para la mudanza) no pudo tomar. Pero no era inconveniente, ella siempre estuvo acostumbrada a estar sola, al único que conoció desde muy chica fue a Gray, solo a él.
Llegaron los amigos con los que él se encontró en la entrada, solo faltaba la rubia y la castaña, el pelirosa se sentó delante de Juvia, también una albina y otro chico que no había visto o mejor dicho, que no le puso atención cuando llegaron, era medio extraño pues traía perforaciones sobre una ceja, piel bronceada y el cabello medio alborotado. Ella era tímida, pero quería saber qué era lo que pasó con Gray. – Eh… Disculpe. – Tocó el hombro del pelirosa, él volteó. – ¿Ara? – Juvia pasó saliva antes de hablar. – Creo que los vi antes con Gray-san ¿Saben a qué clase fue? – El joven parecía haber tenido una revelación. – ¡Eres la prima de Gray! – Juvia sintió el peso de ser "familiares" sí, no lo eran pero la gente creía que sí. Así que asintió. – Le toca esta clase, pero debe andar buscándote, pensó que te perdiste porque cuando te llamó no estabas ¡Soy Natsu! – Los otros dos también ponían atención a la conversación, incluida la albina. – Ella es Lisanna y él es Gajeel. – Juvia se puso en pie. – Lisanna-san, Natsu-san, Gajeel-san. Mi nombre es Juvia, es un gusto. – E hizo una leve reverencia, era una persona muy formal, demasiado formal para la edad que tenían, luego se sentó de nuevo, Natsu se medio giró y le dio una palmada suave en el hombro. – Tranquila, seremos todos buenos amigos. – Escuchó los pasos de alguien, giró y era Gray. – Juvia, te fuiste ¿por qué? Bueno ya, no importa… Así que ya conociste a estos. – La sonrisa apareció en el rostro de ella, esa sonrisa que solo aparecía frente a él, Gray se sentó junto a Juvia por ese día, por esa clase o por minutos, no sabía, pero la hizo feliz.
Enseguida entraron dos personas realmente jóvenes para ser maestros pero un poco más viejos que alumnos de último ciclo, una pelirroja y uno con el cabello de tono similar al de Juvia. Ella iba vestida de traje sastre, pero su falda era más corta que uno normal, de un tono negro y la blusa en rosa, el hombre tenía un tatuaje sobre un ojo, pero no se veía mal, de hecho se veía interesante, su traje era negro, camisa blanca y sin corbata. Ambos caminaron hasta el podio, todos los alumnos fijaron su atención. – Buenos días, jóvenes. – Habló la mujer. – Mi nombre es Erza Scarlet y soy la profesora de economía, pero, comparto el puesto con mi esposo, el señor Jellal Fernandes, debido al sobrecupo de esta carrera, nos vemos en la necesidad de algunas veces intercambiar clases, así que el trabajo que les deje uno puede ser fácilmente revisado por el otro, sin trabajos no hay nada que hacer en el examen, eso es una nota que jamás podrán revertir… – Mientras hablaba de eso, la profesora se enojaba más y más, como si en su mente maquilara la posibilidad de que los jóvenes desertaran o algo así, Juvia la observaba en silencio, igual que todos, nadie se atrevería ni a bostezar al ver ese bello rostro convertirse a ira pura, el hombre le tocó el hombro y el gesto le cambió al mismo de cuando entró. – Lo que mi compañera y esposa dice, es que acá se respetan los límites de tiempo para trabajos, un trabajo fuera de tiempo no puede llegar a un 100% aspira a un 70% aunque esté bien hecho, sino tienen todos los trabajos aprobados no hay examen ¿está bien? – La clase entera asintió.
Esa clase la dieron ellos dos, fue entretenida, Juvia anotó todo lo importante para repasarlo después, quería asegurar el horario para poder buscar un trabajo después, no quería atormentar a sus papás pidiendo dinero constantemente.
Cuando Juvia sacó su celular del bolso grande, vio que Gray y la albina intercambiaban números, de tener la fuerza suficiente habría roto el teléfono que traía en la mano, Gajeel la observó. Esa fue la única clase que tuvieron juntos ese día, por otro lado le tocó una junto a la rubia y Natsu, él se la presentó, resultó llamarse Lucy, luego Lisanna le presentó a la castaña, ella decía llamarse Cana, todos parecían buenas personas, Lisanna tampoco parecía desagradable, pero la manera en que intercambiaba miradas con Gray le dolía.
Los primeros días fueron duros, de conocer gente, de relacionarse, y de ser cuestionada acerca de por qué vestía como una mujer mayor, de esa manera tan recatada. En la casa apenas veía a Gray, él se la pasaba durmiendo o en la calle, no decía mucho, tampoco, como siempre en su vida. Un día gris lo vio de la mano con Lisanna, sintió como si una aguja gruesa le atravesara el corazón, Gajeel estaba tras ella pues ambos iban a buscarlo para ver si hacían cierto trabajo en equipo, en una clase que solo estaban ellos tres juntos. Pero Juvia se quedó muda, no pudo ni gritarle ¿por qué le gritaría su prima? Gajeel la jaló del brazo y la llevó bajo un árbol. – Te gusta, ¿verdad? – Juvia regresó a la realidad. – ¿Eh? A mí no me podría gustar mi primo, ¿no? – Soltó una risita tonta e irónica. – Te puede gustar cualquier persona, no seas tonta. – Gajeel perdía la paciencia rápido. – Mira, me caes bien, quiero ser tu amigo, pero necesito saber si ese idiota te gusta y cuál es en realidad su parentesco. – Ella se mordió el labio inferior mientras el sonrojo le invadía las mejillas. – Gray-sa… Gray-san no es mi primo… Nuestros papás son amigos, y sí, me gusta mucho desde que puedo recordar... Desde siempre. – Nunca que empezaba a hablar de sus sentimientos terminaba de expresar tanto amor que le tenía. Gajeel suspiró. – Si la enana estuviera aquí podría darte un consejo… – La muchacha ladeó el rostro. – ¡Ah! La enana es mi novia, se llama Levy, pero estudia en otra facultad de la misma universidad – Hasta él podía sonrojarse, Juvia se sintió contenta. – Gajeel-kun, eres una buena persona, pero no te preocupes por mí, igualmente Gray-san nunca me ha visto más que como su prima de mentiras, lo que debo hacer es ocupar mi mente en otras cosas, es mejor así. – Gajeel después de eso la llevó por un helado, aunque se fue rápido porque debía ir a una cita con su novia, parecía estar adoptando a Juvia, al fin sintió que tenía un amigo de verdad.
Era hora de ir a casa… ¿Casa? Sintió miedo de verlo de nuevo con la albina, y hasta se veían bien juntos, ella era muy bonita, pero la rival en el amor más poderosa que había enfrentado jamás (y la primera) así que se desvió en el camino y empezó a buscar empleo, el único que se adecuaba a sus necesidades era uno en un acuario, necesitaban gente valiente para el nado con delfines y shows en la tarde, desde el incidente Juvia sabía nadar, lo que le daba mucha pena es que la vieran en traje de baño.
Pero fue, finalmente fue. La encargada del lugar era una albina preciosa, empezaba a notar la sobrepoblación de gente albina, tenía unas curvas muy pronunciadas y su mejor cualidad era una sonrisa encantadora. De inmediato le dio el trabajo cuando oyó de su situación, le acomodó los turnos para que tuviera el miércoles libre y pudiese descansar, finalmente se había sometido a un horario dónde apenas podría dormir o hacer trabajos. Empezaba al día siguiente, pero ya estaba feliz, quería contárselo a su mamá y a Gajeel-kun, hasta quería invitarlo junto a su novia para cuando le dieran entradas por ser trabajadora de ahí, eso le devolvió la esperanza de que su mente no se fijara en Gray o su novia, maldita albina.
Tenía mucha hambre cuando llegó, andar en la calle le causaba eso, pero, como ya tenía trabajo, se dio el "lujo" de pedir una pizza, tomó un par de rebanadas, soda y se fue a su recámara, era hora de contarle todo a su diario, como siempre.
