Glen estaba en el estudio de su casa, llevaba tiempo en un caso que no parecía dar nada nuevo además de alguna victima ocasional. Se sentía frustrado, por más que buscaba aun no lograba tener siquiera un sospechoso.

Su trabajo fue interrumpido por un fuerte golpeteo a su puerta, tomó una de sus armas escondiéndola bajo su gabardina. Al acercarse a la puerta pudo escuchar que lo llamaban por su nombre, al reconocer la voz de la madre de Lilith se apresuró a abrir. La mujer estaba desesperada.

– ¡Lily! ¡Alguien se ha llevado a Lily! –

Glen trató de calmar a la señora y la acompañó hasta su casa, la policía estaba ahí gracias a su padre, quien decía que alguien se la había llevado por la ventana. Naturalmente la policía no le creyó ¿Quién sería capaz de salir cargando alguien desde un tercer piso? La policía prometió investigar el caso para calmar al señor, que para ellos sonaba más a que la chica se había fugado.

Glen pidió ver la habitación, el padre de Lilith lo llevó mientras le contó lo que pasó. Glen sabía que a pesar de todo Lilith no se escaparía, le temía demasiado a su padre para llevarle la contraria y además jamás bajaría por esa ventana, no después de que casi cayó de un árbol jugando con Emily y quedó colgada de la rama, fue el mismo Glen quien la ayudó a bajar; después de eso se mantuvo lejos de las alturas.

Glen revisó la habitación, no había nada que indicara forcejeo o un intento de abrir la puerta o la ventana. Los padres de Lilith se retiraron para dejarlo trabajar, Glen buscó con cuidado, algo no cuadraba, pero ¿Qué era?

Al acercarse a la ventana, y asomarse recordó que el padre de Lilith dijo haber visto que alguien corría hacia los árboles. Miró con atención hacia esa dirección, algo estaba omitiendo, algo faltaba.

– ¡Imposible! – Dijo para si al ver la luna llena; la idea llegó a su mente, cuando notó una marca en la madera de la ventana, miró el cielo y se retiró de prisa a su casa.

– ¡No puede ser! ¿Aquí? – Buscó entre sus libros y papeles algo que ayudara a descartar lo que había visto...

El frío, la humedad y el sonido lejano despertaron a Lilith. Pensaba en el horrible sueño que tuvo, cuando se percató que no estaba sobre su cama, puso atención y notó que esa no era su habitación.

– No, no, no. Fue un sueño, fue un sueño – Se repetía cerrando los ojos esperando aparecer en su casa. Escuchó un ruido en la obscuridad, aquel lugar no parecía una casa, pero estaba completamente obscuro. Con miedo se levantó, quizá podría salir de donde quiera que estuviera y volver a casa.

Su mano permaneció contra la pared, esperando no perderse, aunque era fría y dura. A lo lejos vio un poco de luz, se acercó.

Se emocionó al ver lo que parecía la salida, se alcanzaban a ver árboles y lo que parecía el anochecer llegando a su fin. Corrió dispuesta a huir, pero apenas pisó fuera de lo que después supo que era una cueva, lo primero que vio la horrorizó.

Dos enormes lobos de un tamaño mayor a un humano comiendo algo que esperaba fuera un animal, al ver la sangre no pudo evitar gritar, alertando a ambas bestias. Cayó al suelo asustada, escuchó los rugidos de ambos mirándola, cuando un tercer lobo saltó frente a los otros dos, Lilith reconoció esos ojos y se desmayó asustada.

Lilith despertó alterada al recordar los ojos de aquella cosa que vio entrar a su habitación. Se sentó aún agitada, se dio cuenta que aún no estaba en su casa, pero esta vez había luz y estaba en una casa. ¿Qué había pasado?

Sintió escalofríos al recordar a las tres enormes bestias y toda aquella sangre. Se levantó de aquella cama vieja, al menos esta vez era de día, esperaba que esta ya no ver nada más.

– Al fin despiertas – Lilith no pudo evitar soltar un grito nervioso mientras cubría su rostro y giraba a otro lado.

– ¿Te avergüenza esto? – Lilith no quería voltear, era demasiado vergonzoso. Sintió un par de manos sobre sus hombros y sintió su aliento al hablarle cerca al oído.

– Pero si ya lo conoces – Le susurró con un aire de travesura. La giró y la hizo descubrir su rostro, estaba realmente sonrojada. Lilith no pudo evitar mirar el cuerpo desnudo frente a ella, estaba mojado y era evidente que acababa de salir de bañarse.

– ¿Do... dónde estoy? – Levantó el rostro de Lilith, la miró con una sonrisa que mostraba satisfacción, victoria incluso.

– Te lo dije, eres mía. Pero aún así te largaste – La mirada del pelirrojo cambió a una mirada de enojo al terminar aquella frase. Lilith trató de explicar sobre su padre, pero Yuriy la recostó en la cama.

– Él no me importa, te lo dije, eres sólo mía – Sin dejarla responder la besó. Lilith por un lado estaba feliz de estar con Yuriy de nuevo, pero no podía dejar de pensar en su familia.

– Creo que tendré que castigarte para hacerte entender – Yuriy tomó a Lilith sin remordimiento alguno. La chica poco a poco se fue olvidando de volver a casa.

– Ahora no tienes pretexto para desaparecer, te quedarás conmigo – Lilith se sintió bien con aquellas palabras, era libre de las exigencias de su familia y ahora le pertenecía a aquel chico a quien ya se había entregado antes. Yuriy no perdió el tiempo, hizo lo que quiso con Lilith quien lejos de negarse, lo disfrutó, tanto así, que el rubio y el platinado escucharon más de lo necesario sobre las ordenes de Yuriy para Lilith.

– Tch, nos hizo venir a ayudarlo y de pago sólo recibimos esto – Se quejó Boris mientras el rubio preparaba algo de desayunar para todos.

– ¿Qué pasa Boris? ¿Querías traer a alguien para ti también? – Boris miró molesto al rubio y le lanzó un pedazo de papel que hizo bola.

– ¡Cállate Sergei! Aún no entiendo cómo convenció así a Yuriy – hizo una pausa al escuchar a Lilith a lo lejos – bueno, sí entiendo lo que lo convenció, pero ¿Porqué tenemos que hacer esto mientras... escuchamos todo eso? –

– ¿Celoso? – Boris volteó nervioso al escuchar a Yuriy detrás suyo, se levantó nervioso.

– N... no claro que no – Yuriy lo miraba con seriedad mientras terminaba de vestirse cerrando su camisa. Lilith salió detrás del pelirrojo un tanto avergonzada.

– Come, aún tenemos un largo viaje por delante – Le dijo a Lilith mientras se acomodaba en la mesa listo para comer. Yuriy le explicó que volverían a la casa donde vivían ellos, pero para evitar que la reconocieran y fueran a buscarla, ella y Yuriy se quedarían en una casa en el bosque que estaba abandonada. La chica tenía sentimientos encontrados, por un lado sabía que si alguien se enteraba que estaban juntos y no se habían casado, sería malo, pero por otro lado la emocionaba, quizá demasiado, la idea. Después de comer partieron, siempre evitando los caminos principales para que no la reconocieran si es que alguien decidía buscarla. Lilith a pesar de pasar el tiempo escondida disfrutaba estar con Yuriy, en especial sus ratos privados con el pelirrojo, pero no podía olvidar aquel sueño en esa cueva y esas bestias, lo había sentido tan real, pero aunque le daba miedo, no dijo nada, después de todo sólo había sido un sueño.

Pasaron varios días antes de que una carta llegara a Emily, Glen le explicaba lo sucedido sobre la desaparición y le informó que él estaba investigando.

Primero con un poco en negación, Emily creyó gracioso que su amiga hubiera escapado como afirmaba la policía, pero ese sentimiento duró poco, le preocupaba que le hubiera pasado algo malo. Recorrió el castillo aburrida, Kai estaba dormido y jamás la dejaba abrir las cortinas, además de ser demasiado pesadas para ella.

– ¿Cómo es posible? – Se detuvo al haber recorrido los baños con los que contaba el castillo.

– ¿Porqué no hay un solo espejo aquí? ¿Cómo se supone que podré arreglarme? – Emily comenzaba a conocer detalles de su esposo, como que salía a trabajar en las noches, dormía casi todo el día y juraría que un par de veces vio una mirada un tanto aterradora en él.

Kai había mandado a que Emily tuviera acceso a todas las rosas que ella quisiera en el jardín; ese lugar era donde ella pasaba la mayor parte de sus días. Era feliz con Kai, pero había momentos, como ese, donde deseaba que su esposo estuviera con ella y no encerrado o fuera de casa. Pensaba en su amiga mientras atendía sus rosas, se preguntaba si se encontraba bien, o si volvería a verla.

Emily regresó al castillo desanimada, pidió le sirvieran algo de té, se preparó para escribir, pero ¿Cómo escribirle una carta a una persona desaparecida?

Se quedó mirando la tinta, dejó todo y soltó un suspiro.

– ¿Sucede algo? – Kai apareció detrás suyo, Emily le mostró la carta de Glen y le contó que al igual que él, no la creía capaz de huir como decía la policía.

A Kai no le agradó aquella conversación, no le importaba en verdad lo que pasara con aquella chica, pero era evidente lo mucho que aquella situación molestaba a su esposa.

– Seguramente está bien – Emily se molestó con la indiferencia de su esposo.

– No lo entiendes, ella jamás haría algo así. Y con esa forma suya de ser... me preocupa que alguien le haga daño – Kai trató de calmarla con su comentario.

– Si alguien la secuestró como afirma su familia no tardarán en pedir alguna especie de rescate. Podemos ayudar con eso – Emily miró a Kai beber de su té, lo abrazó y agradeció el gesto. Emily besó a Kai, sonó el reloj marcando la media noche, Kai respondió el beso y se levantó.

– Debo atender algunos asuntos – Nuevamente se molestó la chica

– ¿Siempre tienes que atender las cosas en las noches? – Se levantó enojada lanzando su servilleta de tela a la mesa.

– Tengo miedo... y tú me dejas sola – Kai se acercó a Emily

– Es una cuestión de vida o muerte, aunque salga jamás dejaré que te pase algo – Besó la mano de su esposa y salió, Emily se retiró a la habitación principal dejándose caer en la cama, miró hacia la ventana, las cortinas estaban abiertas.

– A veces no te entiendo – Dijo pensando en su esposo aún enojada.

Kai salió a atender sus asuntos de manera habitual, aunque desde que se había casado, prefería atenderlos en las afueras de la ciudad.

– No me dirás que la ciudad ya no te es suficiente Hiwatari – Una figura encapuchada encaró al chico saliendo entre los árboles. Kai lo reconoció, era la persona que más odiaba.

– ¿No decías saberlo todo? Deberías saber por qué estoy aquí – Kai respondió molesto pero tranquilo

– Ohh claro que lo sé, tu pequeña adquisición es interesante... quizá debería ir a visitar algún día – Kai lo sujeto de la ropa con ira en los ojos

– No te atrevas a acercarte o... – Kai se dio cuenta que en su mano sólo quedaba un viejo pedazo de tela, aquella figura había desaparecido. Escuchó una risa entre los árboles sin poder saber de dónde venía.

– Jajaja... será mejor que sigas alerta, las noches son peligrosas, pero tú mejor que nadie conoce los peligros del día – Kai estaba furioso, ¿Acaso lo estaba amenazando? Sintió la necesidad de volver y ver que Emily estuviera a salvo, tuvo que olvidarse de lo que fue a hacer.

– Pero si eres tú – Kai se detuvo entre las casas al escuchar aquella voz llena de locura.

– No deberías estar aquí, si fuera tú no dejaría a la señorita Emily sola jamás – Kai reconoció al chico.

– Pero si eres tú clérigo, por fin podré hacer lo que no logré cuando desapareciste – Afiló la mirada con una sonrisa, la noche estaba de su lado, quería venganza hacia Michael por pensar si quiera en lastimar a Emily.

– Podrás decir lo que quieras, pero yo la hice mía primero – Soltó una risa llena de locura, Kai se enfureció y corrió a atacar al chico, cuando notó una especie de aura emanando de él.

– ¿Pero qué carajos? – Kai se detuvo en seco.

– Te lo dije ¿No es así? Los peligros del día son peores – La figura encapuchada reapareció, se paró a un lado de Michael, quien tenía una mirada perdida en la locura, Kai notó las ojeras del chico.

– ¿Qué le hiciste? – Preguntó Kai furioso

– Nada malo, resulta que quería venganza – comenzó a reír – Imagina mi satisfacción cuando supe que odiamos a la misma persona – Kai trató nuevamente de atacarlo, pero esta vez desaparecieron los dos dejando solamente el eco de ambas risas.

– ¡Emily! – No había tiempo para pensar las cosas, corrió de vuelta al castillo.

Emily dormitaba cuando escuchó una dulce y gentil voz que reconocía bastante bien

– Señorita Emily, aún la amo – Emily intentó abrir los ojos, por alguna razón se sentía agotada.

– ¿Michael? – Alcanzaba a distinguir el pelo del chico pero veía borroso

– Recuerde lo que teníamos juntos, fui el primero en tocarla, en volverla mía ¿Recuerda lo bien que se sintió? – Un calor recorrió el cuerpo de la chica al recordarse sentada sobre Michael y volverse uno con él

– Michael... Michael... ¡Michael! – Kai entró corriendo a la habitación principal para encontrar a su esposa en pleno éxtasis tocando su cuerpo gritando el nombre de otro hombre. Emily reaccionó sólo para notar lo que estaba haciendo y ver la mirada furiosa de su esposo. No se había dado cuenta en qué momento había empezado a tocarse, Kai se veía colérico, Emily trató de decir algo pero Kai se fue

– ¿Qué estaba haciendo? – Emily lloró sin entender por qué había llamado a Michael. Kai salió del castillo lleno de furia, se paró frente al lago, se sentía lastimado como nunca antes.

– Voy a disfrutar verte sufrir, mi venganza a penas comienza – Escuchó mientras vio como su reflejo se trasformó en aquella figura encapuchada. Kai lanzo una piedra para disolver aquel reflejo, escuchó nuevamente aquella maldita risa.

– ¡Prepárate Hiwatari! – Fue lo último que escucho de él, Kai permaneció frente al lago hasta la puesta de sol, al entrar al castillo vio a su esposa esperado por él en las escaleras, Kai no dijo nada y se encerró en el sótano.