Respuesta a reviews:
Y. D. L: A primera vista parece que todo es trágico y no te lo voy a negar que será un viacrucis para Kaoru, pero si algo es seguro, es que llegarán mejores días para ella... si es con Kenshin, Enishi o con los dos, se sabrá a su debido tiempo. Espero que disfrutes de este capítulo :)
DULCECITO311: Me alegra que te haya interesado la historia, espero que este capítulo mantenga el ritmo. ¡Gracias por el comentario!
SakataGinkox3: Gracias por valorar bien este principio! Lo de las parejas lo iremos viendo con el correr de la trama. ¡Que disfrutes de este nuevo capítulo!
BUBU30: El tema de Enishi y Kaoru habiéndose conocido de antes me pareció una buena manera de abordar esta trama. ¿Hubiera cambiado la historia original? Tal vez no, tal vez un poco, no lo sabemos. Pero hubiera sido esperanzador para Enishi tener a alguien más por quien volver y vivir, aparte de Tomoe. Este fic servirá para explorar las posibilidades. ¡Que disfrutes del capítulo!
Atarashii Hajimari: También soy mega fan del KenKao, pero el EniKao tiene algo muy único que le da sabor. Es un gusto culposo XD ¡Gracias por el comentario!
rositaalvarenga: Me pone re contenta que te haya gustado :) ¡Aquí va uno nuevo, espero que te guste!
Muchas gracias a todos por los reviews, y disculpen la demora. Espero ponerme más activa con los fics. ¡Saludos!
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Capítulo 1: Y la nieve sigue cayendo
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10 años después
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La guerra había pasado, y con ella, las vidas y el rumbo del destino de muchos en el país habían cambiado. Donde antes era temor e incertidumbre, ahora era novedad y crecimiento. Sin duda, los días oscuros había sido dejados atrás y, aunque aún grises, los nuevos días por venir se veían claros y llenos de esperanza.
Pero no todo era miel sobre hojuelas para algunas personas.
En una residencia ubicada en las afueras de Tokyo, su nueva capital, unos pasos apresurados y furiosos se precipitaban hacia el dojo del hogar, en donde el maestro se dedicaba por completo a la meditación.
El portazo que anunciaba la llegada de la persona iracunda hizo que el maestro diera un respingo y saliera de su estado de concentración. Con un suspiro y previendo el motivo del arrebato, Koshijiro Kamiya se dio la vuelta para enfrentar a su hija Kaoru.
La niña que alguna vez fue había dado paso a una joven bellísima de largos cabellos azabaches, enormes y expresivos ojos azules y piel ligeramente bronceada por las horas de entrenamiento y los largos paseos que daba a la orilla del río. Por su posición y belleza, la mozuela era el sueño de muchos, pero su corazón seguía esperando por su prometido de toda la vida. Mismo que su padre en este momento quería borrar de un plumazo con semejante atrocidad que ella le estaba descubriendo.
—¡Padre! —exclamó Kaoru Kamiya, con los cabellos revueltos y una carta en la mano— ¡Dime que no es cierto lo que dice esta carta! —le exigió con lágrimas en los ojos.
Koshijiro volvió a suspirar. Sabía que las gemelas Sekihara y la hermana del Dr. Gensai no tardarían en hacerle saber de sus planes con respecto a su futuro. La carta seguramente la habría tomado de su habitación en un impulso nada propio de ella. Con un gesto solemne, le indicó a Kaoru que se sentara.
—Deja que te explique todo desde el principio, Kaoru-chan —comenzó con voz serena—: bien sabes que a pesar de ser un héroe de guerra y de vivir tiempos de paz, no estamos del todo en un buen momento; apenas estamos entrando en la solidificación de la nueva era y, con ello, los estallidos son más frecuentes —Miró a su hija con tristeza, y Kaoru supo que era más grave de lo que pensaba—. Me han reclutado para servir en la guerra de Seinan, hija mía, por lo que pronto partiré de aquí. Dada la magnitud de la situación con los rebeldes, probablemente no volvam…
—¡NO DIGAS ESO! —bramó Kaoru, no quería ni oír hablar de aquello. Maldita guerra que desde la infancia no la dejaba en paz.
—¡Escúchame, Kaoru! —la cortó su padre, con el ceño fruncido—. ¡Es justamente de las cosas más dolorosas que tenemos que hablar con claridad! Ya no soy el mismo de hace 15 años atrás, y necesito dejarte protegida bajo un buen matrimonio con un hombre decente y poderoso. ¡No quiero que en mi muerte nadie se atreva a desafiar mi legado estando tú sola!
—¡¿Pero por qué tiene que ser con Hitokiri Battousai?! —se ofendió Kaoru—. ¡Él no tiene nada que ver con nuestro ideal! ¡Él acabará con tu legado con el simple hecho de que yo lleve su nombre!
—Es él o el sobrino de Toshimichi Okubo —le ofreció su padre con una mueca de desagrado. Kaoru lo imitó: ese muchacho, Tetsuma, siempre la rondaba con sus pretensiosas maneras occidentales y su florete de esgrima—. Y la verdad, no me agrada… es con él que el legado del Kamiya Kasshin desaparecerá para siempre. Himura-san es la opción más agradable si lo ves desde la perspectiva de la tradición y el respeto hacia las técnicas que hoy en día se están perdiendo.
Lamentablemente, en eso Kaoru coincidía. Entre Himura y Okubo, el primero era la opción menos peor en ese sentido. Pero aun así…
—Pero yo estoy comprometida —balbuceó la joven con angustia y mirada suplicante.
—Enishi ha desaparecido hace muchos años, Kaoru… es hora de que aceptemos su más que segura muerte. Era un niño en medio de la guerra.
A su hija le tembló el labio de horror ante aquella posibilidad. Durante años la mantenía bloqueada de su mente, con la esperanza de que Enishi volviera y pudieran casarse al fin. No quería aceptar su muerte. Pero ya fuera muerto o desaparecido, el culpable del estado de su prometido era Himura Kenshin.
—Esa es otra razón para no aceptar a Battousai: él mató a Tomoe-san, su esposa, y seguramente hizo desaparecer a Enishi, de una manera u otra —Kaoru ya lloraba de rabia e impotencia—. ¡Y tú me quieres casar con un asesino de masas, asesino de su esposa y tal vez asesino de mi prometido!
—¡Ya basta, Kaoru! —la reprendió Koshijiro, ya molesto—. ¡No entiendo ese prejuicio que se ha creado en torno a Himura! ¡Es un héroe de guerra, la persona que allanó el camino para estos tiempos de paz! ¡Quien le puso fin a siglos de represión!
—Eso no quita que sea un asesino.
—Yo también he matado gente, mi pequeña Kaoru.
—Pero no es lo mismo, tú lo hacías en defensa propia. Al resto los capturabas, y si morían decapitados o en la horca era por decisión de otros, no tuya —le rebatió Kaoru—. De Battousai se dice que jugaba con sus víctimas y que mataba hasta a mujeres, niños y ancianos, sólo por placer.
Koshijiro ya estaba cansado de la discusión con su hija. No estaba para debatir sobre los mitos y leyendas en torno a la figura de Kenshin Himura. Su hija debía aceptarlo: con su posible muerte, heredaría una pensión con la que apenas sobreviviría, y el dojo y demás propiedades le serían arrebatados por no ser un descendiente varón. Enishi Yukishiro estaba muerto, Tetsuma Okubo era el pretendiente que nadie querría para su hija, y Kenshin Himura, a pesar de su carácter algo apagado, era más respetuoso y celoso del deber de un guerrero y hombre. Sin duda, él sabría cuidar a Kaoru y a su legado.
—No se diga más, Kaoru: te casarás con Himura-san y me iré a la guerra tranquilo sabiendo que estás en buenas manos. La semana que viene lo recibiremos aquí en el dojo para que se conozcan y hagamos la fiesta de compromiso. Y además —contempló a su hija seriamente—, no quiero que entres a mi habitación sin consentimiento para tomar mi correspondencia; no te he criado así —Más tarde tendría una conversación con esas mujeres chismosas para que de ahora en más se contuvieran de hacer averiguaciones y soltar la lengua.
Y, con una mirada furiosa y el rostro bañado en lágrimas, Kaoru Kamiya se retiró sin dirigirle la palabra a su progenitor. Haría hasta lo imposible para que su futuro marido se arrepintiera de aceptarla como novia. Y, si de algo podía servir la cercanía con ese hombre, tal vez le arrebataría información sobre el paradero de Enishi para al fin escapar a su encuentro.
Jamás aceptaría su muerte. Estaba segura de que se volvería a encontrar con él.
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Desde la vista del barco proveniente de Shanghai ya se podía vislumbrar el puerto de Osaka. Con la vista fija y brillante hacia las costas niponas, un joven hombre alto de cabello blanco e inquietantes ojos negros respiraba pausadamente, aunque por dentro experimentaba todo tipo de sentimientos explosivos.
—Han pasado 10 años desde la última vez que vi Japón —suspiró el hombre albino—. Ha sido un viaje largo, sin duda alguna...
Enishi Yukishiro había regresado después de haber pasado por tanto. Vengaría a su hermana Tomoe y recuperaría a Kaoru.
Ahora contaba con los recursos para llegar a sus objetivos.
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