CAPITULO 2: ¿Sabes quién soy?
Perséfone y su hermana volaban hacia su hogar. Hércules había decidido volver andando para que Pegaso pudiese dejar a las chicas sanas y salvas en la villa.
-¿Se puede saber dónde te habías metido Per? Estaba preocupada.-
-Sólo di una vuelta. Hice lo que querías, me integré. No tienes de qué preocuparte. El viernes que viene volveré.-
Meg se sentía en parte culpable. Debería haber estado más pendiente de su hermana, en lugar de estar presumiendo de prometido. Y no dejaba de ser extraño aquel repentino cambio en la actitud de su hermana pequeña.
-Me alegro de que hayas decidido volver a venir. Prometo que estaré más pendiente de ti. Siento que… te dejé algo abandonada.-
-Se cuidarme sola, no te preocupes. Tenías razón.- Dijo Per, pensando en que su hermana tenía razón en que no todos los dioses eran iguales.
-¿Razón?¿Razón en qué?.-
Una sonrisa idiota apareció en la cara de la rubia. Se dio cuenta de que estaba pensando en tonterías. Ese dios era muy divertido y se lo había pasado bien con él,y vendría bien tener un amigo entre aquellos inmortales. A penas tenía amigos en Tebas, y ya que su hermana quería que estuviese durante 6 meses yendo a aquellas celebraciones, al menos se divertiría. Era absurdo pensar que había algo más. Por eso no le diría a su hermana nada de eso, al menos de momento. Porque seguro que lo malinterpretaba y se pensaba lo que no era, y no deseaba tener que justificarse.
-Tierra llamando a Per¿Hola?-
Meg y Pegaso miraban hacia Perséfone, que parecía estar en otra dimensión, sumida en sus pensamientos.
La muchacha se dio cuenta de que estaban paradas dentro de la villa, ya habían llegado, y vio las miradas sobre ella.
-Estoy tremendamente cansada. Me voy a descansar, le dije a Hipócrates que mañana iría a ayudarle.¡Hasta mañana!.-
Y la joven de ojos azules se marchó hacia su cabaña sin dar oportunidad a su hermana de decir nada.
Meg y Pegaso se miraron.
-Lo sé Pegaso, está más rara que de costumbre.-
Hades llegó al inframundo. Hacía tiempo que no estaba de tan buen humor. Pensaba que al ir a la fiesta de los dioses iba a ser objeto de burlas y humillaciones, pero en lugar de eso había conocido a una chica muy agradable y habían pasado un rato increíble. Al menos aquella obligación impuesta por Zeus no iba a ser tan horrible.
Se quedó pensando en la voz que había llamado a Perséfone. Le era muy familiar,pero no conseguía ubicarla.Y entonces se dio cuenta de una cosa. La chica rubia era mortal. La única mortal que había en la fiesta aparte de…
-No… no puede ser.-
La voz que llamaba a aquel ángel caído del cielo era… la de su ex secuaz.
¿Qué relación tendría con Meg?¿Serían amigas? Meg no tenía amigos, al menos que él supiese. El trabajar para él no le dejaba mucho tiempo para la vida social.
¿Le contaría Perséfone a Meg que había estado trabajando para él? No le había dicho su nombre en ningún momento, pero su aspecto no daba lugar a dudas. Es posible que Meg le contase las atrocidades que había hecho.¿Sabría Perséfone lo del incidente titán?En su interior deseaba que no lo supiese. Para una persona con la que se llevaba bien y que no lo trataba como un indeseable,no quería que le despreciase.
-¿Pero en que estoy pensando? Sólo es una mortal…bella, agradable, simpática, inteligente… ¡pero solo una mortal al fin y al cabo! –
El señor de los muertos no iba a perder la cabeza por una mortal. Tenía mucho trabajo que hacer en el inframundo, y además tenía que hablar con las parcas.
Hades no era un idiota,sabía que volver a estar tan cerca de tomar el Olimpo le sería prácticamente imposible. Ni siquiera estaba seguro de haber querido gobernar el cosmos. Lo que quería era abandonar el Inframundo, quizás,más que abandonar el Inframundo, era abandonar el estatus de paria que le habían impuesto. Aquello correspondía más a su deseo de ser respetado y venerado, a título de venganza personal, que a un deseo real de ser el dueño del Olimpo.
Hace eones, Hades no era así, no era un ser egoísta y frío. Cualquier otro dios estaría desequilibrado y se habría vuelto loco con ese trabajo. Hades no, y Zeus lo sabía. Hades era poderoso, fuerte… y convenía tenerlo fuera del Olimpo. Otro dios seguiría atrapado en el vórtice de las almas y se habría consumido.
El vórtice… Hades no había podido volver allí desde que consiguió salir. Todavía tenía pesadillas. Ese recuerdo era una auténtica tortura para él. Era como si las almas atrapadas en ese lugar pudiesen volver a atraparlo durante la noche.
A pesar de todo los párpados le pesaban. Estaba muy cansado. Y aunque no deseaba dormirse no pudo remediarlo.
Abrió los ojos. Las parcas estaban en la sala del trono y le ofrecieron un papel. En ese papel ponía como vengarse de Zeus y Hércules y conquistar el Olimpo definitivamente, siendo él, Hades, el dios supremo.
Pero por mucho que lo intentaba no conseguía leer lo que ponía. Una voz hizo que apartase su mirada del papel.
-No lo hagas.-
Frente a él se encontraba la mortal de la fiesta. Perséfone.
-Seph…¿ qué haces tú aquí?.-
-No lo hagas.-
La mortal se acercó, y le quitó delicadamente el pergamino de las manos. Igual que cuando le había cogido delicadamente la botella de ambrosía. Sintió su mirada azul clavarse con él, y se sintió tremendamente culpable. No quería que ella se enterase de lo que pretendía hacer.
-No lo hagas.-
Volvió a escuchar antes de despertarse. No había sido un sueño agradable, pero al menos no se había despertado empapado en sudor y con la sensación de que un puñado de almas le hubiesen dado una paliza.
``Podría haber sido peor´´. Pensó, y se dispuso a empezar el día. Debía alejar sus pensamientos de tonterías. Que aquella mortal despertase su simpatía no significaba que tuviese que dejar de lado sus planes. Al fin y al cabo terminaría averiguando quién era él.¿Y a quién le importaba? Sólo la necesitaba para que la asistencia a esas fiestas no fuese una tortura. ¿Y porqué había empleado el término necesitar? Él no necesitaba a nadie. Lo mejor era dejar de pensar y concentrarse en trabajar.
Pasó la semana, y llegó de nuevo el viernes. Perséfone llegó con Megara y Hercules a la fiesta. Aunque le hubiese gustado ir directamente a la playa, su hermana no se lo puso nada fácil. Se sentía culpable por haberla dejado sola en la anterior fiesta, y no se despegaba de ella.
No era tan horrible después de todo. Tenía ganas de pasar tiempo con su hermana, como en los viejos tiempos. El problema es que la imagen del dios que la esperaba en la orilla del mar con una botella de ambrosía y dos copas no se apartaba de su cabeza. Porque claro, ellos habían hecho un trato, y era muy desconsiderado faltar a su palabra. Además Meg tenía derecho a pasar tiempo con su prometido. Asi que finalmente, con la excusa de que iba a probar un poco de vino del traído por Baco, consiguió escaparse de su hermana.
Llevaba una copa de vino. Mientras caminaba hacia la orilla del mar olió la copa, y pensó que el olor era agradable. Muy afrutado.
-¡Hola!.-
Se volvió hacia el dueño de aquella voz. Apolo estaba allí.Esa noche el cielo estaba nublado, por lo que al no verse la luna y las estrellas todo era mucho más oscuro.
-Hola. Apolo ¿verdad?.-
Instintivamente se echó hacia atrás y una zarza le rasgó el vestido a la altura de la pierna, haciendo un pequeño corte.
-¿ Estas bien? Déjame que te ayude.-
Apolo fue a poner la mano sobre la herida de la joven para curarla. La muchacha, pensando que tenía las mismas intenciones que Zeus se echó hacia atrás y cayó.
El dios se fue a agachar para ayudarla a levantarse, y justo Hades hizo acto de presencia. Lo que vio le hizo hervir la sangre. Perséfone en el suelo y Apolo agachándose hacia ella.
-¿Qué rayos haces?.-
-¡Hades!.- Dijo Apolo sorprendido. Se incorporó y se dirigió hacia el dios.
-¿Qué quieres?.-
El señor de los muertos dio la mano a Seph para ayudarla a levantarse, dándose cuenta de que había un jirón en su vestido.
-¿Se puede saber que le has hecho?¿No habrás intentado forzarla?.-
-¿De qué hablas?Sólo intentaba ayudarla.- Respondió el dios del sol sin entender muy bien que mosca le había picado al dios de los muertos.
-Ayudarla…pues ayúdanos y márchate.-
El dios sol miró a Perséfone sin comprender muy bien que estaba pasando.
-Esto… en otro momento hablamos. Adiós.-Y la mortal cogió a Hades del hombro desapareciendo de allí, y dejando a Apolo con cara de póker.
Mientras caminaban Hades comenzó a sentirse muy estúpido. Si no supiera que eso no era posible pensaría que había tenido un ataque de celos. Y lo peor era que Perséfone pensaría que había tenido un ataque de celos, cuando no había sido así. Simplemente no le gustaba que los otros dioses se aprovechasen de la única amiga que tenía allí.
Al llegar a la orilla Perséfone habló:
-Apolo no me ha hecho nada, en realidad me caí yo sola.-
-No soporto esa inocencia fingida que tiene, estoy seguro de que iba a intentar algo. Aunque… si te gustaba, puedes volver con él.- Hades se sentó en la arena tras decir esto. Le daba algo de vergüenza mirar a Perséfone tras haberse puesto así con Apolo sin motivos.
La joven rió.-No tengo ningún interés en Apolo. Ya me contaste el último día su historial.-
Hades se sintió aliviado al escuchar aquello. En el fondo deseaba que Seph no sintiese ninguna atracción por el dios sol. Era un aprovechado con las mortales, y Perséfone no se merecía a alguien tan miserable. No era nada malo preocuparse por alguien que te cae bien.
-¿Qué te ha pasado en el vestido?.-
- Estaba oscuro y Apolo apareció y me asustó. Tropecé con una zarza y tengo un corte. El resto es de la copa de vino que del susto se me cayó.
-Así que..¿Ahora prefieres el vino?.- Preguntó el dios, haciendo aparecer con un giro de muñeca una botella y una sola copa de ambrosía.
-Nuestro trato era beber ambrosía, y ambrosía beberemos.-
Se sentaron en la orilla como el día anterior. Hades llenó las dos copas y le pasó una a Perséfone. Bebieron en silencio, escuchando las olas del mar. El señor de los muertos no sintió ninguna actitud diferente en la muchacha. Tal vez Megara no le hubiera contado nada, aunque se seguía preguntando que relación tendrían.
-El otro día no me presenté.-Dijo el dios de los muertos rompiendo el silencio.- ¿Sabes quién soy?-
Perséfone se dio cuenta que había dado por hecho quién era y no le había preguntado ni su nombre.-Me arriesgaré. ¿Eres Hades, no?.-
El dios no pudo evitar sonreir.-¿Y si te equivocas?Sería muy descortés por tu parte haberme confundido con otro.-
La mortal le devolvió la sonrisa.- Túnica negra,un broche de calavera, pelo de fuego… no deja mucho lugar a dudas. A menos que seas Thánatos, en cuyo caso te pediría mil disculpas.-
-Has acertado, no tienes que pedirme perdón.- Y entonces borró su sonrisa, y con un rostro más serio se atrevió a preguntarle:
-¿No tienes miedo? -
-¿Debería tenerlo? -Dijo Perséfone sosteniendo la mirada.
-No.Tú me has caído bien.-
-Me siento muy halagada.-
Aquellos ojos azules le parecían hipnóticos. Había algo en aquella chica que le hacía confiar en ella. Puede que se arrepintiese más tarde, pero tenía que saberlo. Tenía que saber que hacía ella allí.
-Y dime…¿qué haces tu aquí?.-
-¿Aparte de beber ambrosía con el dios de los muertos en la playa? Soy la hermana de Megara, ya sabes,de la novia.-
Hades se atragantó con la ambrosía. ¿ Su hermana?¿ Megara tenía una hermana? Esperaba que se conociesen de algo, a fin de cuentas eran las únicas mortales que había allí, y el último día se habían ido juntas, pero de ahí a ser familia…¿Sabría qué Meg le había vendido su alma durante una temporada? Imposible,no era algo de lo que la prometida de Hércules se sintiese muy orgullosa, y en caso de ser cierto Perséfone no estaría allí sentada con él.
-¿Estás bien?.-Preguntó Perséfone.-Supuse que te imaginarías que soy una mortal. No tengo mucho aspecto de diosa.-
El dios de ojos amarillos se tranquilizó.Seguramente no sabría nada sobre lo de Meg.Y le hizo gracia el comentario de ella. Le parecía que tenía mucho más de diosa que muchas de las diosas presentes en la fiesta.
-Sé que eres una mortal, de lo contrario te conocería.- Las dudas sobre si la muchacha sabía acerca del incidente con los titanes le carcomía.
-Bueno y tú ,¿ qué sabes sobre mi?Creo que no soy muy popular entre los mortales.-
-Ya… a los mortales no nos gusta por lo general hablar sobre la muerte, y como tú estás implicado en eso directamente no caes muy bien. Pero… no me pareces un mal tipo. Cuando llegue el momento de que vaya a tu reino espero que me trates bien.-Respondió Perséfone con una sonrisa.
``¿Qué no le parezco un mal tipo? ¿No sabrá nada sobre mi pasado?´´
-¿Damos una vuelta por la playa? Luego podemos volver a la fiesta, tu hermana estará preocupada.- Hades no se podía creer lo que acababa de decir. ¿De verdad le importaba que Meg estuviese preocupada por su hermana?¿O no quería darle más motivos para que le odiase y alejase a Perséfone de él?
-Claro.-
Caminaron y llegaron hasta una cala preciosa. El problema era el acantilado que había para bajar.
-Lo siento, no había caído en que no puedes orbitar ni volar.-
-¿Me tomas por una cobarde?.- Y Perséfone intentó por sus propios medios bajar por aquel acantilado. El problema es que era demasiado escarpado. Prácticamente nada más intentar bajar se resbaló, se hizo otro corte en la pierna y se quedó colgando el aire, sujeta únicamente por sus manos.
-Nunca había visto una mortal que tuviese tan poco interés en su integridad física.-Dijo Hades orbitando a su lado y riendo.
-¿Piensas ayudarme?.-
Aquello era lo que el dios esperaba. No iba a dejar que cayese al vacío, pero tampoco quería cogerla en brazos y que se sintiese incómoda o malinterpretase las cosas. Pero si era ella la que lo pedía…
La cogió en brazos y fue bajando poco a poco hacia la cala. Podía sentir el aroma de ella. Notaba el contacto con su piel y con su pelo. Era la primera vez que estaban tan cerca, y no pudo evitar que el corazón comenzase a latirle muy deprisa.
Perséfone podía sentir la calidez que el dios de los muertos desprendía. Sintió por primera vez su aroma, y pensó que era muy agradable. Le gustaba la textura de su túnica de seda, y cuando estuvieron sobre la arena y él la depositó con suavidad en el suelo le apenó que finalizase el contacto.
-Vaya, lo siento, te he manchado la túnica de sangre.- Dijo la joven al ver que parte de la túnica del dios estaba teñido de sangre.
-No te preocupes. La próxima vez que nos veamos puedes regalarme una. Aunque te lo perdono si tienes más cuidado y dejas de lesionarte por ahí…-
Se acercó a ver su pierna. La otra herida había debido desaparecer por que no la encontraba.Sólo había un corte reciente.
-Apolo…¿No te llegó a hacer nada no?.-
-No… si te digo la verdad pensaba que vendría con esas intenciones. Creo que no soy tan irresistible como yo creía.- Rió la joven.
Irresistible… Hades pensó que era una buena definición para aquella chica. Aún así disfrutaba provocándola. –Apolo ligaría hasta con una planta, créeme, sé de lo que hablo.-
La rubia arqueó una ceja y le mostró una sonrisa de lado:- No sé muy bien como tomarme eso.-
La conversación fue interrumpida por gritos y sonidos de destrozos. Ambos se miraron, sabiendo que algo no marchaba bien. Se disponían a volver a la fiesta cuando algo les cortó el paso.
Hola de nuevo!Como podéis ver aqui Apolo en lugar de ir directamente a intentar conquistar a Perséfone ( lo veía muy forzado) tiene una primera toma de contacto con ella, otra cosa es que en futuros capítulos si que esté interesado en algo más. Aún asi Hades se pone celoso igualmente. Por otro lado en el fic anterior me hizo gracia un review en el que me deciais que Pegaso se había visto relegado a ser un medio de transporte. Y leyendo el fic anterior es cierto. Así que también quiero intentar que la participación sea un poco mayor.
Disfruto mucho escribiendo sobre las conversaciones entre Hades y Perséfone, y la verdad que en el fic anterior tengo la sensación de que se mostraban poco.
Espero no tardar en actualizar. Muchas gracias por volver a darle una oportunidad a este fic, y sobre todo a Paula de Vera por ser mi fan más incondicional de este universo. Sin dejar fuera a Ptonica y a Xitan22 que comentan practicamente todos mis fics de esta pareja.
Besos!
