CAPITULO 6: El rapto de Perséfone
Hercules y Meg se fueron al teatro después de dejar a Cassandra. Iban a ver la obra de Edipo. Perséfone la había visto ya un montón de veces porque era la favorita de su hermana y el semidios. Parece ser que era la primera obra que habían visto juntos en el teatro. Perséfone decidió irse recoger plantas medicinales, y asi darle algo de intimidad a la pareja.
La joven rubia estaba sumida en sus pensamientos. No le había dicho a su hermana que sintiese algo por el señor de los muertos, pero tampoco se lo había negado. No quería que las cosas con Meg fuesen mal, y menos ahora que volvían a estar juntas después de tanto tiempo. Aín así su hermana necesitaba algo de tiempo para ver que Hades no era tan malo como ella creía.
Se agachó con cuidado en un arbusto para coger la flor que se encontraba en el centro. Esa flor era muy buena para las infecciones, pero había que tener mucho cuidado con las espinas del arbusto que parecían protegerla. Un pequeño temblor en la tierra hizo que se pinchase. Consiguió la flor pero tuvo que sacar una pequeña espina de su pulgar.
Decidió que era hora de ir a ver a Hipócrates, pero otro temblor, está vez más fuerte que el anterior, hizo que cayese al suelo.
La tierra se abrió y Perséfone observó como de las profundidades salía un dios que ella conocía bien.
-¡¿Hades?!- Per estaba confundida. No era propio de Hades aparecer de aquella manera, normalmente era muy discreto. Con ese estruendo era difícil que ningún mortal le hubiese visto. Perséfone se le quedó mirando. Había algo en él que era diferente.¿ Sería su expresión? No sabía decir exactamente que era.
La joven rubia se acercó al dios,pero este permaneció quieto sin decir palabra. Perséfone estaba a un palmo de él, iba a abrir la boca, cuando Hades la cogió , se la echó al hombro, montó en su carro y bajo a las profundidades de la tierra al inframundo.
Hercules y Meg llegaban a la villa tras el teatro. Hercules llevaba a Meg de la cintura. No paraban de comerse a besos. La idea nada más llegar a la villa era ir directos a la habitación, pero sus planes se frustraron cuando nada más abrir la puerta se encontraron con un preocupado Phil.
-¿Pero que te pasa hombre cabra?- Dijo Meg con las manos en la cintura.
- ¡He visto a los diablillos de Hades aquí! Han dejado un mensaje de Hades. ¡Perséfone está secuestrada en una celda en el tártaro!.-
La cara de Meg comenzó a ponerse de color rojo.
-¿ Cómo se atreve?- Dijó Hercules claramente alterado. – Esta vez no tendré piedad. Va a ocupar la celda de Perséfone en el tártaro-
Meg no podía ocultar el odio que sentía en ese momento.-Esto no se va a quedar así-
- Pero no podéis ir tal cual al reino de Hades- Dijo Phil claramente preocupado
- No voy a hacer esto solo. Tengo una idea.- Contestó Hércules.
-¡ Pegaso! Vamos a la playa, tengo que ir al palacio de Poseidón.- El caballo alado acudió ante su amigo.
Mientras tanto Perséfone estaba intentando zafarse de Hades. No paraba de dar patadas y de intentar soltarse del agarre del dios. Lo que sentía por él no le daba derecho a tratarla de esa manera, y no lo iba a permitir. Ese no era el Hades que conocía. Ni siquiera había abierto la boca.
Finalmente llegaron al Inframundo. Hades bajó de su carro y comenzó a bajar unas escaleras que parecían no tener fin. Perséfone seguía intentado liberarse pero sus esfuerzos eran inútiles, y comenzaba a encontrarse cansada.
Por fin llegaron a su destino. Hades abrió una celda y la tiró literalmente dentro. De todas partes llegaban gritos. Perséfone no entendía nada. Hades no había dicho palabra, se había limitado a secuestrarla y encerrarla allí. Ni siquiera parecía él. Es decir, físicamente era él, pero había algo en su expresión, algo que la mortal no sabía expresar que era diferente. Se -levantó del suelo, y se quitó como pudo el barro del vestido, cuando vió que el dios de pelo de fuego se disponía a marcharse.
-¡¿No piensas decirme nada?!-
El dios de ojos amarillos se volvió con una sonrisa, pero continuó sin decir palabra.
-¡¿Qué pretendes?!¡Sácame de aquí!-
Pero sus gritos no obtuvieron respuesta. Hades se volvió y se marchó.
Hercules entro en el palacio de Poseidón. Conocía la entrada desde la última fiesta que habían celebrado allí En su fiesta de compromiso concretamente. Herc sabía que si alguien no soportaba a Hades era Poseidón.
-¡Sobrino!- Exclamó Poseidón. - ¿A que debo el honor?
Hercules le explico a su tío que Hades había secuestrado a la hermana de su prometida, y que estaba encerrada en una celda del tártaro.
-Eso es horrible… sabía que Hades no tramaba nada bueno. ¡Estoy seguro de que fue el quien libero a mis crakens! -Dijo el dios del mar. – ¿ Cómo puedo ayudar yo?-
-Verás Poseidón- dijo Hércules – Se que tu sabes también que Hades nos traerá problemas, y estoy seguro que al igual que yo, querrías verlo en una celda en el tártaro-
-Querido sobrino, nada me gustaría más, pero ya sabes lo que opina Zeus al respecto. ¿ Quién ocuparía su lugar?- Preguntó Poseidón.
- Tengo entendido que Hécate lo hizo bastante bien el tiempo que Hades estuvo atrapado en el vórtice de las almas.- Respondió Hércules.
- A pesar de todo conozco a Zeus. No va a permitir que Hades esté en una celda del tártaro…a menos … que él no se entere.- Replicó Poseidón.- De todos modos si se enterase de que yo he tenido algo que ver…
-¡Correre el riesgo! Contestó el semidios.- Asumiré toda la responsabilidad.-
Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Poseidón. Era arriesgado. Podría decirse que estúpido, pero no era la primera vez que alguien actuaba con su tridente.
-No puedo ayudarte sobrino, debo ir a dejar el tridente en la sala .- Y el dios del mar dio la espalda a su sobrino con una gran sonrisa de oreja a oreja.
Hercules sonrió. Poseidón se la tenía jurada a Hades desde el incidente de los titanes, y era capaz hasta de provocar a Hercules para que robase su tridente. Con el tridente de Poseidón las cosas serían mucho más fáciles.
Perséfone estaba caminando por un sendero oscuro. No veía nada, sólo oía una voz que la llamaba…
-Seeeeeepppphhh, Seeeephhhh¡ ayudame! Esa voz le era familiar.Sólo había alguien que la llamaba de esa manera. Tenía que llegar hasta allí. El sendero acababa y vio algo brillante. Era el vórtice de las almas. Justo en el acantilado había una mano gris azulada con unos largos dedos…
-¿ Hades?...
-Seph salvame. Debes salvarme. es tu destino.-
-Pero yo no puedo tirar de ti y subirte, no tengo fuerza…-
- Tu destino es salvarme.-
Perséfone no lo dudó, le cogió de la mano y tiró… y sorprendentemente Hades consiguió ascender.
- Le has elegido.-Dijo una voz de anciana que no reconoció. Todo comenzó a dar vueltas más y más rápido, hasta que finalmente se despertó…
Y se acordó de donde estaba… Miró a su alrededor y vió lo que la había despertado… allí enfrente de su celda estaba Hades. Tenía en su cara una sonrisa de satisfacción. Perséfone miró hacia otro lado. No quería darle a Hades la satisfacción de ver la tristeza en su rostro. Todavía no comprendía muy bien que demonios había pasado. Había gato encerrado, e iba a descubrirlo.
Hécate no pudo evitar ir a visitar a Perséfone. Tenía que asegurarse de que ella pensaba que era Hades el responsable de todo aquello. Debía hacerle ver que Hades era un villano, alguien malvado que la había engañado, de manera que el resto de dioses también lo creyesen. Lo malo era no poder decir nada, ya que Perséfone descubriría que no era la voz de Hades, y podría sospechar. Lo cierto esque odiaba a aquella mocosa, por lo que decidió que se divertiría un poco. Entraría en la celda. Nada como un dios violento para que Perséfone le odiase durante toda su vida.
De paso también fastidiaría a Hades. Sabía lo que el señor de los muertos sentía por la chica, y ella iba a hacer que le despreciara.
Perséfone vió que la celda se abrió…y Hades entró.
-¿ Se te ha comido la lengua el gato?- Dijo Perséfone, a lo que Hades respondió empujándola y tirándola contra la pared.
Perséfone se toco la espalda dolorida, por aquello sí que no pasaba. Aquel no podía ser Hades. El dios jamás le hubiese hecho daño. Aunque su vista le engañase, algo le decía que no era él. Cuando abrió los ojos algo la sorprendió…
Hades iba a golpear a Perséfone de nuevo cuando irrumpió Hércules con Mégara. Hercules llevaba en sus manos lo que parecía el tridente de Poseidón. El tridente apuntaba a …¡Otro Hades que les acompañaba! La habitación se llenó de caras de sorpresa.
¿Dos Hades?Perséfone sonrió, sabía que ese ser que estaba en la celda con ella era un impostor.Hécate sintió ganas de vomitar al ver la cara de satisfacción de su prisionera.
Hécate no había contado con que Hércules sería tan rápido… Sus ansias le habían jugado una mala pasada y acababan de descubrirla- Ni se te ocurra ponerle tus manos encima – Dijo el segundo Hades con una mirada de odio.
-No se que está pasando aquí, pero esa va a ser vuestra nueva celda- Dijo Hercules dirigiéndose a los dos Hades.
-¿Quién eres?¡Confiesa! Tu eres el responsable de los ataques que hemos sufrido últimamente.-
Hécate/Hades salió de la celda. No quería hablar pues el dios de pelo de fuego reconocería su voz.
Hércules comenzó a apuntar dudoso a ambos Hades, sin saber muy bien que hacer.
Perséfone vio la duda en la cara de Herc. No iba a permitir que aquel impostor escapase. Salió detrás de él de la celda, y con un movimiento rápido, aprovechando que el semidiós no se lo esperaba le quito el tridente.
-¡¿Pero qué haces?!-Gritó Megara.
Perséfone apuntaba al falso Hades con el tridente.
-¡Es un impostor!¡No es el verdadero Hades!-
Hécate/Hades se acercó lentamente a la mortal. Le iba a quitar el tridente como fuese. Perséfone notaba el avance del impostor hacia ella, y sin pensárselo le pasó el tridente al verdadero Hades.
-¡¿Estás loca?!-Gritó Hérucles. La había fastidiado pero ón no se lo iba a perdonar nunca. Tragó saliva.
Hades apuntó con el tridente a su doble y le obligó a meterse en la celda que previamente había ocupado Perséfone.
-Vas a adoptar tu verdadera forma y veremos quién eres. Eres muy estúpido si crees que puedes ganarme en mi propio territorio.- Dijo Hades
-¡Eso es lo que tú te crees!- El falso Hades llevó una mano a su boca. No debería haber hablado. Todos los presentes excepto Hades arquearon una ceja al escuchar una voz de mujer.
-Debí suponer que eras tú… Hécate.-
El impostor miraba con odio al dios de los muertos. Había estado tan cerca…¡ Y todo por esa maldita mocosa!
Meg se acercó a su hermana por detrás.-Mira la que has liado.-
Seph frunció el ceño. Sabía que Meg y Herc no le hubiesen dado el tridente a Hades bajo ningún concepto, pero ella confiaba en él, y vio, la oportunidad de que su hermana y Herc viesen que Hades no era el ser malvado que ellos creían.
-Te quedarás aquí encerrada hasta que cambies de forma ,traidora.- Dijo Hades.
-No soy la única traidora aquí.- Replicó Hécate todavía con la forma del dios de los muertos.
Aquellas palabras rechinaron en la cabeza del dios. Miró hacia Hércules y Megara, que le miraban con caras de espanto, temerosos de lo que podía hacerles con el tridente en su poder. Sin embargo Seph le miraba tranquila, confiada. Aquella mortal confiaba en él. A pesar de lo que sabía de él, de lo que le habían contado. Habría sido muy fácil librarse de Hércules y conquistar el Olimpo con el tridente. La tentación era muy grande, pero no podía hacerle eso a Perséfone.
Ella había confiado en él. Lo mínimo que él podía hacer era corresponderle. Se lo debía.
-Toma chico maravilla.- Dijo lanzándole el tridente a su sobrino, que lo cogió al vuelo con cara de sorpresa.
-Ahora que sabes que yo no he tenido nada que ver en esto puedes marcharte y devolverle eso a Poseidón. A tu padre no le gustará saber que andas jugando con juguetes tan poderosos.-
-Sigo sin saber que ha pasado.-Dijo un confundido Hércules.
-Ese falso yo es Hécate. Esa bruja quiere conseguir el Inframundo y es la responsable de todo lo que ha sucedido últimamente.-
-Esto no cambia nada.-Dijo Meg.-Perséfone nos vamos.-
-Yo… os alcanzaré más tarde.-Dijo la joven rubia, haciendo que algo en el pecho de Hades estallase de felicidad.
-De eso nada, nos vamos de aquí ahora.Y tú…- Dijo Meg mirando hacia el señor de los muertos.-No quiero volver a verte cerca de un kilometro a la redonda de mi hermana¿entendido?-
-Quizás deba decidirlo ella¿no te parece?- Dijo Hades sonriendo.
-Os alcanzaré luego, tengo asuntos que arreglar.- Insistió la joven rubia.
Hercules cogió de la mano a su prometida, haciéndole un gesto con la cabeza. Meg quería explotar de rabia, pero sabía que no podía hacer nada. Si la cabezota de Per se quería quedar allí no podía ó que sólo había una manera de que Perséfone comprendiese quién era el dios de los muertos en realidad. Tendría que confesarle su dolorosa ó a Herc sin volver la vista atrás. No podía soportar ver la cara de triunfo de Hades.
Una vez había desaparecido la pareja Hades habló:-¿Qué asuntos tienes que tratar?-La pregunta iba acompañada de un sonrisa burlona. Le encantaba tener a Perséfone allí con él.
-¿Quién es Hécate?-
-La diosa de la hechicería y las almas errantes. Quiere gobernar el Inframundo, y la única manera es hacer que yo desaparezca-
Los ojos azules de la mortal se abrieron como platos. Esa diosa había sido la responsable de todos sus quebraderos de cabeza.
-Eso explica todo lo que ha pasado últimamente.-
-Oye, siento que te hayas visto envuelta en esto. Me gustaría compensarte, ¿quieres quedarte a cenar?-
Cenar con Hades era algo que le encantaría, pero la muchacha se observó y miró a Hades.-Estoy llena de barro-
-Yo me encargo de eso- Dijo Hades, y acto seguidó tomo su mano y desaparecieron en una nube de humo negro.
Aparecieron en una zona llena de vapor. Seph sintió el calor pero era una sensación agradable. Se veían una especie de piscinas naturales. El dios de los muertos hizo un chasquido y en un banco apareció un nuevo vestido blanco.
-¿Nos damos un baño?- Preguntó el dios con una sonrisa.
Perséfone sonrió:-No he traido traje de baño.-
-No lo necesitamos.-Replicó el dios, que se quitó la túnica y se metió en una de las piscinas.
Perséfone no pudo evitar sonrojarse. Hades vió divertido desde el agua como la muchacha dudaba.
-No miraré.- Dijo Hades dándose la vuelta.
Perséfone se quitó el vestido y se metió lentamente en la piscina.
Se acercó tranquilamente al dios, que estaba de espaldas a ella. Hades no pudo evitar una pequeña sonrisa cuando notó a Seph acercándose detrás de él. La joven abrazó al dios por la espalda, pegando su cuerpo al de él. El dios de los muertos se volvió, y no pudo evitar besarla intensamente.
Mientras tanto en la villa de Hércules, Hercules y Meg se preparaban para asistir a la fiesta de los viernes.
-No estoy tranquila sabiendo que mi hermana está en el inframundo- Dijo Meg de mal humor.
-Yo tampoco, pero tu hermana es una cabezota, no podemos hacer nada.-
- No estamos hablando de una chica de 17 años que se escapa con su novio mortal por la noche y llega tarde. Estamos hablando de una joven en teoría en sus cabales, que ha elegido pasar el viernes noche en el inframundo con el diablo- Dijo Meg mientras se ponía los pendientes.
- No tiene permiso para ir a la fiesta. Podría escabullirse perfectamente para ir al Inframundo mientras no estamos. Ya es mayorcita para saber lo que hace.-
Meg miraba a su gran amor con los ojos como platos.
- No me malinterpretes.A mi tampoco me gusta para tu hermana, y creeme que si le hace daño me encargare de que lo pague. Pero mientras Per no cambie de opinión no podemos hacer otra cosa que apoyarla, y protegerla en caso de que fuese necesario-Dijo Herc.
Hercules tomo a su prometida de la mano y la besó.
-Estás preciosa.- Dijo Hercules mientras acercaba a la chica de ojos violetas a su cuerpo. - ¿ Que te parece si llegamos un poco más tarde?-
En la fiesta de los dioses Hércules devolvió su tridente a Poseidón, quien estaba muy decepcionado de que Hades continuase libre.
Hércules habló con su padre y le explicó todo lo que había pasado. Le contó como Hécate se había hecho pasar por Hades, y llegaron a la conclusión de que probablemente todos los sucesos extraños que habían tenido lugar esos días habían sido obra de esa bruja para inculpar al dios de los muertos. Eso cambiaba las cosas, por lo que tendrían que hablarlo los dioses en la siguiente asamblea.
En el inframundo:
Hades y Perséfone estaban pasando una noche muy agradable. Tras un baño muy caliente en la piscina de leteo, donde se habían amado varias veces fueron a cenar al palacio de Hades. A Perséfone le pareció muy elegante, todo con mármol negro, y sin muertos alrededor. No le desagradaba en absoluto el inframundo, sobre todo por la compañía. Perséfone estaba acostumbrada a ligar con musculitos sin cerebro que sólo hablaban de ellos mismos y sin ningún interés por la conversación. Sin embargo con Hades podía hablar de cualquier cosa. No se aburrían nunca el uno del otro, podían conversar durante horas.
Tras la cena Hades enseñó a Perséfone el salón del trono. A Perséfone le encantó, sobre todo el tablero gigante de ajedrez que allí había.
De repente aparecieron Pena y Pánico. Había una emergencia. Había una plaga en Atenas y tenía que presentarse Hades en el muelle de Caronte ya que reinaba el caos. A Hades no le hacía ninguna gracia, pero no le quedaba otra…
-¡Pena!¡Pánico!- Exclamó el Dios. Los dos diablillos estaban muy asustados, imaginando las torturas que les iba a hacer su jefe por interrumpirles, pero Hades solo dijo:
-Quedaros con Perséfone mientras arreglo eso-
Y allí se encontraba Perséfone, en el salón del trono de Hades con Pena y Pánico.
Hades no tardó en volver de los muelles. Habia conseguido estabilizar la situación, aunque no sabía por cuanto tiempo. ¿ Qué estaría haciendo Perséfone?.
Se asomó sigilosamente y allí estaba, sentada en su trono. Allí sentada parecía una diosa, nunca había visto a alguien sentada con tanta elegancia en su trono. Sin darse cuenta no pudo evitar quedarse mirándola con cara idiota. Le quedaba realmente bien ese sitio.
Cuando se percató de que Hades estaba en la puerta se levantó rápidamente del trono.
-Hades se sentó en su trono, con una mano de humo cogió a Perséfone como si no pesase nada, y la sentó encima de él. – Así mucho mejor- Dijo el dios.
-Pena, Pánico, ir al muelle y llamarme si la situación de descontrola.-
Con un chasquido de Hades, apareció en su mano una caja, con unos grabados antiguos que Seph no conocía.
-Si mal no recuerdo, tu me pediste un modo de contactar conmigo cuando quisieras… y visto los últimos acontecimientos me parece lógico y necesario.- Dijo Hades entregando le a Perséfone la caja.
La caja tenía además de los grabados, el símbolo de los dioses. La joven abrió la caja y en su interior vió una pulsera. No supo decir de que material estaba hecho. Parecía plata pero según le daba la luz parecía hecha de oro. En la parte de arriba de la pulsera en letras griegas ponía Perséfone. Y en el reverso de la pulsera con el mismo tipo de letras ponía Hades.
-Hades es preciosa-
El dios del inframundo cogío la pulsera y se la puso con delicadeza en la muñeca.
-Cuando quieras llamarme, sólo tienes que darle la vuelta a la pulsera, en el lado que pone Hades. Y decir mi nombre tres veces.- Dijo el dios.
- Muchas gracias, la llevaré siempre puesta- Dijo Seph. -¿ Cómo se te ocurrió la idea?-
-Zeus utilizaba estas pulseras con algunas de sus amantes. Sin que Hera supiese nada claro.- Respondió Hades
En esto volvieron a aparecer Pena y Pánico. La situación en el muelle se había vuelto a descontrolar.¡Por los dioses! Pensó Hades. Esta claro que si quieres algo bien hecho tienes que hacerlo tu mismo.
-Lo siento pequeña- Dijo Hades con resignación.-¡Turno de noche! –Y se volvío hacia Pena Y Pánico.-¡ Vosotros dos!Llevar a Perséfone a mi habitación, ¡y acto seguido quiero ver vuestros traseros en el muelle!-
Hola de nuevo! Me ha quedado otro maxicapítulo pero os aseguro que no sabía donde cortarlo. Espero que os guste y muchísimas gracias como siempre a todos los que perdéis un poquito de tiempo en leer mi fic. Besazos y feliz verano!
