Hercules y Megara estaban llegando a casa tras la fiesta. Antes de entrar en la mansión del héroe Megara se asomó a la cabaña de Perséfone. A través de las ventanas no se veía nada, pero puede ser que estuviese ya dormida. Llamó con unos toques a la puerta, y ninguna señal de vida. Era ya tarde,¿qué demonios hacía en el Inframundo a esas horas de la noche? Expulsó de su mente la respuesta que le estaba comenzando a atormentar.

En el Inframundo:

Hades llegaba a su dormitorio tras una larga noche…

Sólo tenía ganas de meterse en la cama y dormir hasta la mañana siguiente. Aunque esta vez tenía un aliciente más. En medio de su cama, entre sus sábanas, Perséfone dormía a pierna suelta. Su larga melena dorada se esparcía por los lados de la cama. Entró con cuidado de no despertarla. Apartó delicadamente su melena y se tumbó abrazándola por la espalda. Era una sensación indescriptible, y pensó que ojalá cada noche que volviese a esa cama estuviese ella allí.

Allí en su habitación, abrazado a Perséfone, comenzó a darle vueltas a la cabeza. Pensó en sus planes para dominar el cosmos, y en el papel que la pequeña mortal que dormía con él representaba. Cuando la conoció le pareció una joven increíble, además de su belleza, pero no se imaginaba que iba a sentir algo tan fuerte. La verdad que aunque no quisiese reconocerlo, estaba enamorado como nunca lo había estado de nadie. Su mente estaba dividida y muy confundida. Según las parcas esa mortal le iba como anillo al dedo para completar sus planes de toma del Olimpo. Y la verdad que el plan era brillante, y tal como se estaban desarrollando los acontecimientos, estaba seguro que podía conseguir que Seph comiese la fruta de los muertos. La chica le estaba poniendo todo en bandeja.

Pero otros pensamientos corrían por su mente. La idea de engañarla o utilizarla le provocaba náuseas. Era la persona que mejor le había tratado en toda su existencia. Podría estar con el hombre que quisiera, y estaba allí, metida en su cama, durmiendo entre sus sábanas. Aquello hubiese sido mucho más fácil si esa chica no fuese lo que más le importaba en el cosmos.

Comenzó a dolerle la cabeza. No podía dormir… otra vez… necesitaba aclarar sus ideas.¿Tan difícil era relevar a Zeus y tener a la vez a Perséfone de su lado? Pero en el fondo sabía que aquello era incompatible, y eso le dolía más de lo que estaba dispuesto a reconocer.

Perséfone abrió los ojos, y recordó donde estaba. Sintió unos brazos que la rodeaban y un cuerpo que estaba pegado a su espalda. No pudo evitar emitir un suspiro. Se encontraba tan bien allí.Se dio la vuelta con cuidado y vio al dios de los muertos dormido.A pesar de estar durmiendo se veía cansado, como si necesitase una cura de sueño. Miró el reloj de arena de la mesilla, ya era bien entrada la mañana, y aunque le apenase debía marcharse.

Apartó con cuidado los brazos de Hades y se levantó de la cama.

-¿Seph?.- La voz del dios dejaba ver que aún necesitaba unas horas de sueño.

-Ya es de día. Tengo que irme.-Dijo la joven, acercándose y sentándose al borde de la cama donde se encontraba Hades.-Me ha encantado conocer el Inframundo.-

Una sonrisa idiota apareció en el rostro del dios. Le encantaba que a ella le gustase el Inframundo, porque le encantaba tenerla allí con él.

-Tienes la pulsera para llamarme cuando quieras.-

-Lo sé.-

-Aún así no puedo dejar que te vayas sola.- Dijo el dios.-Hypnos.- Llamó.

Un dios de cabello rubio casi blanco y liso hasta los hombros, con los ojos dorados , y la piel casi tan blanca como su túnica apareció.

-Este es Hypnos,dios de los sueños. Uno de los pocos en los que puedo confiar, y que no es un inútil…-

Perséfone observó la expresión de aquel ser totalmente serio, parecía carecer de expresión en su rostro.

-Hypnos, llévala a Tebas, ella te dirá exactamente dónde.-

El asintió, y tras besar Hades a Perséfone a modo de despedida,Hypnos cogió delicadamente el brazo de la mortal y desaparecieron en una cegadora luz blanca.

Hades se quedó compungido. Otra vez se quedaría allí solo. Era increíble como la sola presencia de esa chica podía cambiar sus esquemas. No era la primera que dormía en el Inframundo con una mujer. Recordaba como Leuce hacía muchísimo tiempo ya lo había hecho, e incluso Menta, esa ninfa interesada…Había tenido un encontronazo con ella en la primera fiesta de compromiso de Hércules, y esperaba no tener más encuentros con ella.

Ellas habían estado en el Inframundo, pero no le daban la luz que Perséfone le daba. Se quedó pensativo sentado en el borde de la cama. No es que Seph fuese una luz en el Inframundo. Se dio cuenta de que era una luz en su vida. Una luz en medio de la oscuridad y las sombras.

En el Olimpo:

Mientras tanto en el salón de Zeus estaba teniendo lugar una reunión.

Tras una larga y aburrida discusión entre Atenea y Ares, Hermes continúo con el siguiente punto del día:

-Bien, tras esta animada discusión de hermanos- Dijo Hermes mirando a Ares y Atenea,- pasamos al último punto del día, el asunto Hades.-

-¿ Que ha hecho esta vez?- Preguntó Apolo.

-¡Ha secuestrado a una mortal y la ha encerrado en el tártaro.!- Dijo Poseidón.

- Eso no ha sido exactamente así- replicó Zeus, y explicó a todos los dioses lo que había ocurrido y como Hécate era la responsable de todos los incidentes que habían tenido lugar.

-¡ Hay que castigar a Hécate!- Dijo Artemisa, la hermana de Apolo.

- Hécate pertenece al inframundo, y como tal es responsabilidad de Hades su castigo- Contestó Zeus.

Tuvo lugar un acalorado debate sobre la participación de Hades en esos hechos. La mayoría de dioses seguían sin fiarse de él. E incluso algunos pensaban que Hécate y Hades estaban compinchados.

Al final acordaron que Hades tendría permiso/ obligación de nuevo para ir a las fiestas de los viernes. Y la joven mortal también, claro. Eso sí, Hades continuaría con sus restricciones y con la vigilancia. La boda del hijo de Zeus se acercaba y este quería evitar a toda costa que nada ni nadie la estropease.

La reunión se disolvió, y Démeter fue la última en salir, se encontraba en una esquina dudosa, pero realmente tenía que contárselo a Zeus. Había sido una terrible casualidad lo que había sucedido, pero había ocurrido y Zeus debía saberlo como prevención.

El rey de los dioses vio a la diosa verde dudando en una esquina.-¿Ocurre algo?-

Los ojos verdes de Démeter se posaron en los de Zeus. Por supuesto que ocurría algo, y Zeus debía saberlo o podía cometer un error. Pero cuando la diosa de las cosechas iba a hablar Hera se acercó a ellos.

-¿Pasa algo?-

-Esto… no, me voy ya-Respondió Démeter. No podía contar lo que tenía que contar con Hera delante.

En la villa de Hércules:

Perséfone se asomo a la mansión. ¿ Estarían ya despiertos? Se dirigió a la cocina y allí estaban: Hercules, Megara y Phil, tomando el desayuno.

-¡ Buenos días preciosa!- Dijo Phil al verla.

- Buenos días Phil- Contestó la hermana de Meg, observando las caras serias de Hercules y Meg. Cogió una manzana del frutero, y se sentó sin decir nada.

Megara observaba fijamente a su hermana. Sabía bien que no había dormido en la villa, y eso solo podía tener dos explicaciones. O Hades la había retenido en el Inframundo, o se había quedado ella a pasar la noche allí por voluntad propia. Y dado que estaba allí tranquilamente comiendo una manzana, sólo podía haber una explicación posible.

-Chicos, ¿podéis dejarnos solas?-Pidió la mujer de ojos violetas. No hizo falta repetirlo dos veces. Phil y Hércules se marcharon raudos a la pista de entrenamiento de Tebas.

Hola de nuevo! Siento el retraso pero he estado sin ordenador. En el próximo capítulo Perséfone se enterará de que Meg ha estado trabajando para Hades. He cambiado un poco como conoce Perséfone a Hypnos. Lo de que Hades con Perséfone en la cama llamé a Hypnos para conciliar el sueño... como que no me terminaba de cuadrar mucho.

Me alegra ver que esta página ha resurgido con fics nuevos y tiene más vidilla. Espero actualizar pronto saludos!