Escombros. Es lo único que había en el laboratorio. Varios despojos se encontraban esparcidos por el lugar: vigas de metal caídas, paredes de cristal rotas. Un hombre con bata estaba empalado en una de las paredes de cristal, su sangre se derramaba lentamente. Se podía escuchar el sonido tintineante de un cable de luz balanceándose por el laboratorio.
Todo el lugar estaba hecho pedazos. Los científicos yacían en el suelo, algunos enterrados bajo los escombros. Todos estaban muertos.
Aparte del ruido del metal moviéndose y el sonido eléctrico, se podía escuchar una leve respiración proveniente del pasillo afuera del laboratorio.
Allí yacía un joven de cabello cenizo; era Hunter. A pesar de tener un gran escombro del techo sobre él, seguía respirando levemente pero estaba inconsciente - Tío... - Murmuraba el inconsciente Hunter entre los escombros.
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A pesar de ser noche, el ambiente estaba nublado, y comenzó a llover lentamente. Un auto se detuvo frente a la casa de la residencia Noceda.
Del lado del pasajero salió una Luz cabizbaja mientras caminaba hacia la puerta de la casa. A medida que avanzaba, Eda, con un rostro entristecido pero intentando sonreír, cerró la puerta del auto y se dirigió hacia Luz, que ya había abierto la puerta.
- Wow, sí que está lloviendo, ¿no? - Preguntó en tono de broma Eda hacia Luz, pero esta no respondió y siguió caminando hacia las escaleras en silencio.
- Luz - Dijo Eda en un tono tranquilo. Luz detuvo su marcha por las escaleras - ¿A dónde vas? - Preguntó Eda.
- Solo... solo voy a mi cuarto... - Respondió Luz con tristeza en su voz, evitando mirar a Eda.
- Luz... entiendo lo que te está pasando, créeme. Pero no es sano quedarte sola en tu cuarto y no hablar. No puedo obligarte a quedarte, pero déjame ayudarte... por favor - Dijo Eda en un tono apacible, tratando de que Luz le hiciera caso. En ese momento, el teléfono de Eda comenzó a sonar, pero ella lo ignoró y lo guardó nuevamente.
Luz bajó la cabeza, observando sus tenis blancos mojados por la lluvia. Quería hablar, pero un nudo en la garganta le impedía hacerlo, y solo se quedó callada mirando hacia abajo con tristeza.
- Yo... - Pero antes de que Luz pudiera decir algo, el teléfono de Eda sonó nuevamente, interrumpiendo su intento de hablar y dejando un incómodo silencio entre las dos.
Eda, con expresión triste, volvió a tomar su teléfono para atender la llamada - Tengo que contestar - Dijo en voz baja.
- Está bien... yo me voy arriba - Dijo Luz mientras caminaba hacia su cuarto. Eda solo la observó subir las escaleras, suspiró y llevó el teléfono a su oído para contestar la llamada - ¿Qué pasa?
Luz terminó de subir las escaleras y entró en su cuarto, cerrando la puerta detrás de ella. Se acostó en su cama, que estaba cubierta por una manta morada, y apoyó la cabeza en su almohada con el diseño de una de las ponis de las Mane 6.
Con una expresión triste, Luz quería llorar, pero no podía. Tomó su teléfono y abrió un video que tenía descargado, una serie Tokusatsu. Mientras veía la serie, abrazaba una almohada. En el episodio, el protagonista perseguía a un criminal, corriendo incluso por las paredes. Lanzó un látigo blanco hacia el criminal, atrapándolo alrededor de un poste.
El protagonista enmascarado se acercó lentamente al criminal atrapado, su aura reflejaba enojo y tristeza. Agarró al criminal por la camisa y lo levantó del suelo con una mano - ¿Por qué lo hiciste? - Preguntó el protagonista con furia, arrojando al criminal al suelo - ¿Por qué la mataste? - Continuó con ira, acercándose al criminal y llevándolo al borde de un muelle cercano. Lo levantó con una mano del cuello, posicionándolo sobre el agua.
Luz salió del video y dejó su teléfono boca abajo en la cama. Lágrimas brotaban de sus ojos al recordar lo sucedido en el hospital.
Al ver lo que había hecho el protagonista en el video, Luz se quedó pensando por unos segundos y luego sonrió ante una idea que surgió en su mente. Se dirigió a su armario y sacó varias prendas: una sudadera sin mangas blanca, guantes morados con los dedos blancos, pantalones de mezclilla morados oscuros y una camiseta de manga larga morada.
- Esto funcionará - Murmuró mientras se ponía la ropa. Se miró en el espejo; se veía simple pero efectiva.
Mientras buscaba en su teléfono una aplicación, un pensamiento cruzó su mente. Recordó las palabras del oficial Steve en el hospital. "Las cámaras de la cafetería nos mostraron la apariencia del perpetrador. Es un hombre delgado, caucásico, de cabello castaño... vestía una chaqueta verde y pantalones de mezclilla negros... tiene una estrella tatuada en la cara". Esas palabras resonaron en la mente de Luz.
Encontró la aplicación que buscaba y la abrió en su teléfono. Era una aplicación de radio que podía emitir las señales de las radios policiales cercanas, instalada por Gus hacía unos dos meses.
Luz escuchaba atentamente lo que decía la radio, se frotaba las sienes mientras esperaba escuchar lo que buscaba. La joven morena ya estaba desesperada, pero finalmente...
- A todas las unidades cercanas al distrito 13, un vehículo fugitivo está causando estragos en la calle oeste 19 y Broadway. El responsable es un hombre blanco de unos 30 años, cabello castaño, lleva una chaqueta verde - Anunció la voz en la radio.
Luz decidió hacer algo poco ortodoxo, pero sus sentimientos no la dejaban pensar. Se acercó a la ventana de su cuarto y la abrió. Sin embargo, antes de salir, se detuvo. Se tocó el rostro y luego miró hacia su armario.
Se dirigio hacia el armario y sacó algo de debajo de toda la ropa amontonada: una máscara de tonos morados con grandes manchas blancas que simulaban ojos sin iris. Luz se puso la máscara y salió rápidamente de su cuarto, dejando la ventana abierta.
Unos segundos después de que Luz se fuera, la puerta de su habitación se abrió. Era Eda - Oye, Luz, voy a pedir una pizza. ¿Cuál quieres? - Preguntó, pero se detuvo al darse cuenta de que Luz no estaba en su habitación. Eda suspiró con tristeza.
- Luz... - Dijo con voz entristecida mientras miraba la ventana abierta.
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En las calles de la ciudad, el auto fugitivo trataba desesperadamente de evadir a las patrullas policiales que lo perseguían. Al conductor del vehículo no le importaba si atropellaba a alguien en su afán por escapar.
Cerca de los edificios donde se desarrollaba la persecución, una figura enmascarada se asomaba desde los tejados. Era Luz. A pesar de llevar puesta su máscara, su rostro reflejaba una mezcla de enojo y determinación mientras observaba al auto prófugo.
Luz disparó una red de telaraña hacia un edificio, recordando sus anteriores acrobacias entre rascacielos. Tomó aire y sin dudarlo, se lanzó al vacío, balanceándose de un edificio a otro con agilidad, persiguiendo al auto fugitivo. Con movimientos ágiles, aumentaba su velocidad en el aire.
Finalmente, estando a pocos metros del auto, aterrizó con precisión sobre su techo. El conductor, sorprendido por el peso adicional, trató de reaccionar, pero Luz le propinó un fuerte golpe al techo, rompiéndolo, y agarró al conductor de su camiseta.
El hombre, desesperado, sacó su pistola y comenzó a disparar al techo. Afortunadamente, ninguno de los disparos alcanzó a Luz, pero los tiros se intensificaron. Rápidamente, Luz saltó hacia un camión cercano, evitando ser alcanzada.
Después de un breve respiro, observó con asombro cómo el camión se aproximaba a un puente. Luz saltó rápidamente para evitar el impacto, maravillándose por el largo salto que había logrado. Una vez más en el techo del camion, observó con determinación al auto fugitivo, Luz entonces dio un salto.
Esta vez, Luz cayó sobre el capó del vehículo. El conductor, perplejo, se vio sorprendido por la intrusión, pero antes de que pudiera reaccionar, Luz golpeó el parabrisas, rompiéndolo.
Sin poder ver hacia adelante, el conductor perdió el control y se dirigió hacia unas rejas de metal. Luz, alerta, saltó hacia arriba para evitar el impacto.
Desde el techo del edificio, presenció cómo el conductor se escapaba y se refugiaba en un edificio abandonado. Sin dudarlo, Luz lo siguió, deslizándose por una ventana.
En el interior, el criminal, armado y temeroso, estaba en guardia, vigilando a su alrededor. Una figura en las sombras se aproximaba sigilosamente por detrás. El hombre recargó su arma, alerta ante cualquier movimiento.
- ¿Quién anda ahí? - Gritó el criminal al esuchar otro crujido, disparo hacia la oscuridad, el criminal estaba aterrorizado. Luz, sostenida por su telaraña, se mantenía en posición cabeza abajo, cerca del techo. El hombre, atemorizado, buscó el origen del ruido, pero Luz se elevó hacia el techo antes de ser descubierta.
Repentinamente, el criminal corrió hacia una puerta, intentando abrirla. Sin éxito, volvió a intertalo, pero Luz le agarró por la camisa y lo golpeó contra la puerta, rompiendo el cristal de la ventanilla, reptienido la misma accion con la otra puerta.
Empujándolo hacia atrás, Luz se acercó al hombre. Antes de que pudiera usar su arma, ella le propinó una patada, haciéndolo retroceder hacia una ventana.
- ¡No me lastimes! ¡Dame una oportunidad, solo una! - Imploró el criminal con miedo.
- ¿Y mi madre? ¿Tú se la diste? - Inquirió Luz, agarrándolo de la camisa - ¡Contesta! - Gritó, levantándolo cerca de la ventana.
Mientras lo sujetaba, la luz de una ventana proveniente de un helicóptero reveló el rostro del hombre, reconociéndolo. Era el ladrón que había dejado escapar en el lugar de peleas. "Gracias" Esas palabras resonaron en la mente de Luz, recordando cada detalle de su encuentro anterior.
Enfurecida, Luz empujó al hombre hacia la ventana, sosteniéndolo en el aire - ¡Espera, espera! ¡No! - Suplicó el hombre.
Con ojos llenos de furia, Luz contempló dejarlo caer. Enfurecida, Luz lo empujó, haciendo que cayera hacia el el suelo. El criminal gritaba con temor mientras veia como se acercaba al suelo del pavimento, este cerro los ojos con miedo. Pero entonces...
Una telaraña sujetó su pierna, impidiendo que se estrellara contra el suelo. Luz lo sostuvo, habia salvado al criminal antes de que se estrellara contra el suelo. Luz lo subió de nuevo y lo envolvió en telarañas para evitar que escapara.
- A mi madre no le habría gustado esto... - Murmuró Luz mientras lo inmovilizaba - Mi padre me enseñó que un gran poder conlleva una gran responsabilidad... y aunque tengo el poder de hacerte pagar, no es mi responsabilidad de hacer eso. No sería lo correcto...
Con estas palabras, Luz abandonó el lugar por la ventana rota, dejando al criminal para que fuera arrestado por la policía, quienes entraron al lugar, los oficiales veian sorprendiso las telarañas que habian atrapado al criminal.
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En el hospital, Luz estaba frente a la camilla, con una expresión triste y cabizbaja mientras se quitaba la máscara y la guardaba en su bolsa de la sudadera.
- Mamá... - Murmuró Luz con la voz entrecortada, sintiendo la tristeza en sus palabras. - Perdón... si hubiera estado ahí... tal vez yo... tal vez... - Pero no pudo terminar la frase. Luz se recostó sobre la manta que cubría a su madre y comenzó a llorar, mojando la tela con sus lágrimas de impotencia.
Mientras sostenía la manta de su madre, una mano cálida se acercó lentamente a la cabeza de Luz. Al sentir el toque reconfortante, Luz dejó de llorar y se giró para ver a su madre sonriendo débilmente. Entre sollozos y lágrimas, Luz sonrió y se abalanzó para abrazar a su madre con felicidad - ¡Mamá! - Gritó Luz con alegría, aferrándose a ella. Las lágrimas ahora eran de felicidad, al ver que su madre estaba bien.
- Luz... - Dijo Camila con voz suave, acariciando el cabello de su hija. - Tranquila... no sigas llorando - Agregó con una sonrisa reconfortante.
Luz se secó las lágrimas con el brazo y sonrió, aunque algunas lágrimas aún rodaban por sus mejillas - Está bien, mamá - Dijo Luz con alegría, mientras su madre la abrazaba y mantenía su cabeza sobre su cálido pecho.
- ¡EDAAAA ESTA AQUI! - Irrumpió Eda entrando en la habitación del hospital donde estaban Luz y Camila.
Camila y Luz miraron a Eda con una sonrisa amable. Eda sostenía una caja de pizza en la mano, pero antes de decir algo, su expresión cambió rápidamente a una de felicidad, y sus ojos se iluminaron. Corrió rápidamente hacia Luz y Camila, y ambas madre e hija juraron haber escuchado un fuerte crujido cuando las abrazó.
- ¡Cami! ¡Gracias a Dios despertaste! - Exclamó Eda feliz al ver que su amiga estaba despierta.
- Ay, Eda - Dijo Camila con voz débil y una risa al ver la preocupación de su amiga.
Eda se separó y recogió la caja de pizza que había dejado caer antes de abrazar a Camila. La puso sobre las piernas de Camila - Creo que esta es una buena ocasión para comer pizza - Dijo Eda con alegría.
Luz y Camila sonrieron y tomaron una rebanada de pizza. Las tres comieron, y el ambiente triste del hospital se transformó en uno más alegre para esta peculiar familia.
