—Disculpe, habló para informarle que su ramo de flores no pudo ser entregado… otra vez— habló una chica al teléfono mientras realizaba un arreglo floral.

— ¿No las quiso recibir la persona a las que se envié?— preguntó preocupado una voz masculina al otro lado del teléfono.

—No, pero hemos intentado entregarlo durante tres días a la dirección que nos proporcionó en horarios diferentes y no hemos encontrado a nadie— explicó apenada la joven mujer y notó un silencio incomodo al otro lado.

—Lo lamento mucho, si nos puede proporcionar otra dirección podemos llevarlas a dónde desee siempre y cuando se encuentre en nuestra área de entrega…— dijo Gin Akutagawa intentando no perder a su cliente.

—Bueno, hay otro lugar, pero…—la voz al otro lado dudo. — ¿Podría asegurarse que las reciba él personalmente?—

—Por supuesto, nuestros repartidores son muy confiables y responsables— dijo Gin totalmente convencida.

—Sería a la Cafetería del Tigre Lunar cerca de la universidad del Centro— dijo la voz al otro lado. —Las flores deben ser entregadas personalmente a Osamu Dazai.

—De acuerdo— contestó Gin y luego preguntó. — ¿Quiere que cambie el contenido de la tarjeta o con esa única letra será suficiente?

—No, déjela como esta, cuando vea las flores y la tarjeta sabrá que son mías…— explicó la voz al otro lado.

—De acuerdo, señor. Como le decía la vez anterior, nuestro negocio no revela la información de nuestros clientes pero en caso de que usted haga un mal uso de nuestro producto o el destinatario desee conocer al remitente nos reservamos el derecho de confidencialidad—Aclaró Gin con voz firme.

—Sí, está bien — dijo la voz al otro lado. — Por favor, cuando las flores sean entregadas ¿podría avisarme?

—Sí, se le enviará un mensaje para avisarle que su ramo ha sido entregado con éxito—

—Gracias—

La chica terminó la llamada y soltó un largo suspiro.

—El ramo de este cliente ha sido difícil de entregar, he ido tres veces al departamento donde me indicó pero la persona a la que se lo envió no ha estado en casa. Por eso deben avisarles que van a recibir un ramo pero me imagino que es una sorpresa— sonrió la chica viendo el hermoso ramo de peonias azules que reposaba en un jarrón sobre su mostrador.

—Peonias azules…un amor inalcanzable, también simboliza la libertad. ¿Acaso la persona que las envía no puede estar con la persona que las recibirá?— se preguntó en voz baja mientras acariciaba con la punta de sus dedos los pétalos de las flores. Estaba tan absorta en su razonamiento que le tomó por sorpresa escuchar la campanilla de la puerta principal cuando su hermano mayor Ryunosuke Akutagawa entró.

—Hermano— saludo la chica con una amplia sonrisa al joven que acababa de entrar. Era un joven de aproximadamente 19 años de cabellos lacios y oscuros con patillas de color blanco que le dirigió una mirada cansada. Estaba vestido con una sudadera negra y sobre su rostro reposaban un par de lentes oscuros. Gin notó que tenía rastros de pétalos de rosas rojas atoradas por todo su cabello y unas pequeñas cortadas sobre su mejilla.

—Hermano ¿Qué te sucedió?— preguntó preocupada viendo las fachas que traía y corrió por el pequeño botiquín casero que tenía en el baño de su negocio.

—No preguntes…— murmuró Akutagawa apesadumbrado tomando asiento en un banco de madera cercano mientras su hermana se apresuró a despegar los pétalos adheridos a sus cabellos y curar sus heridas.

—Lo siento ni-san— dijo Gin desinfectando su herida y colocándole una bandita en su mejilla. — ¿No les gusto el ramo?

—El problema no fueron las flores si no que creyó que intentaba cortejar a su papá…— suspiró cansado. —Hasta el estúpido Jinko se burló de mí. Maldito sea, ya verá cuando lo vea…

Gin al escucharlo se cubrió los labios intentando no reírse al imaginarse la escena.

— ¿Aya-chan te golpeo con las flores?— se rio Gin bajito imaginando a la hija de Kunikida golpeando a su hermano mayor con el ramo de rosas que había encargado su esposo Bram para él.

—Como sea no volveré por ahí…—afirmó contrariado.

—Lo siento pero deberás regresar— dijo su hermana apenada y se giró para indicar con la mirada las peonias del mostrador.

—Dime que no son para Kunikida-san— dijo Akutagawa apesadumbrado.

—De hecho, son para Dazai-san ¿puedes entregarlas?— le pidió su hermana juntando las palmas de sus manos en una plegaria y guiñándole un ojo.

— ¿Para… Dazai… san?— repitió Akutagawa como si fuera un robot y un sonrojo se instauró en sus mejillas. — Lo siento hermana, dile a Higuchi o a Tachihara, no pienso volver a poner un pie en ese café. Solo recordar la cara de Jinko me dan ganas de…— masculló molesto.

—Pensé que te gustaba Atasushi-kun y que estimabas a Dazai-san— soltó su hermana pensativa.

— ¡A Dazai-san yo…— exclamó con un gran sonrojo y luego se recompuso.— ¿Qué puede gustarme de ese botarga de tigre parlante? Deberías ver todos los pedidos que arruina Jinko, Kunikida-san se la pasa regañándolo—soltó Akutagawa cruzándose de brazos.

— ¿Me equivoqué? Es que aún lo llamas con ese apodo que le pusiste cuando eran niños…— comentó su hermana de manera cariñosa.

— ¿Qué? Yo con Jinko ni en mil años…—dijo Akutagawa con la cara roja. — Solo somos compañeros de universidad. Además es torpe, siempre se equivoca y hace las cosas sin pensar en su propia seguridad. —Y recordó como había tenido que conseguirle inhibidores porque Atsushi le había dado los suyos a otro omega que también había entrado en celo.

—Es tan torpemente amable que me irrita…— agregó en voz baja.

— ¿Dijiste algo ni-san?— preguntó Gin terminando de acomodar las peonías en un ramo y se las entregó a Akutgawa.

—Por favor, entrégalas ¿sí?— insistió y Akutagawa al ver la sonrisa de su hermana no pudo negarse.

Akutagawa no supo en qué momento tomó el ramo, lo acomodó con cuidado en su motocicleta y condujo hasta el café nuevamente. Su mente repasaba como haría para hablar con Dazai-san sin colapsarse cuando reparo en una farmacia donde la botarga de un doctor regordete bailaba anunciando ofertas en los supresores para omegas. Akutagawa recordó lo mal que se había puesto Atsushi cuando su celo llegó de improviso y cómo el idiota le había dicho que había regalado sus supresores a otro omega. Todavía recordó como tuvo que patear a otros alfas para que no se le lanzaran encima y lo llevó cargando hasta la enfermería de la universidad para ponerle un inhibidor.

Akutaga chasqueó los dientes al solo recordarlo y decidió hacer una pequeña parada. Al llegar al café, tomó el ramo para entregarlo junto con otro paquete envuelto en papel.

—Vamos Ryunosuke, tienes que entrar. Solo entregas las flores y te vas. Dices Buenas tardes, le entregas las flores a Dazai-san y sales. Así de fácil. — se dijo así mismo para darse valor cuando sintió una mano apoyarse en su hombro y antes de que pudiera ver de quien se trataba lanzó el ramo y la bolsa de papel al cielo. Akutagawa alcanzó el envoltorio de papel pero el ramo amenazaba con caerse.

— ¡Ryunosuke, ten más cuidado!— le gritó Chuuya atrapando el ramo. — Ya casi tiras esto ¿Acaso Gin te puso hacer las entregas?— le preguntó pero Akutagawa estaba demasiado sorprendido por haberse topado con él.

—Superior Chuu… Chuuya…—dijo al fin Akutagawa y agachó la cabeza con pena.

— ¡Ya te he dicho que no me digas superior, solo dime Chuuya! Hace cuantos años que nos conocemos…— se quejó el pelirrojo. — ¿Qué demonios te pasa hoy? Gin se tarda mucho en hacer estos arreglos, se más cuidadoso— dijo señalando el ramo cuando sus ojos repararon en la tarjeta sobre las flores.

—Sí, lo siento— se disculpó Akutagawa.

Chuuya ignoró su disculpa y tomó con sus manos enguantadas la tarjeta para verificar que sus ojos no lo engañaban

Para Osamu Dazai

F

Florería Rashomon

—Oye Ryunosuke…— Chuuya lo llamó con un hilo de voz. — ¿Está flores ibas a entregarlas al café?— preguntó interesado.

—Si ¿Por qué?— preguntó un poco más calmado el joven de patillas blancas.

—Es que esta persona…— comenzó Chuuya pero luego se arrepintió. No se sentía cómodo hablando de la condición de Dazai a otras personas y recordó que ni el señor Kunikida ni Kyouka habían tenido conocimiento de su embarazo hasta que tuvo aquel accidente.

— ¿Eh? ¿Sucede algo?— soltó Akutagawa confundido.

—Nada— soltó Chuuya y luego tuvo una idea. — Oye Aku, ese ramo ¿quieres que te ayude a entregarlo— preguntó tratando de no verse demasiado entrometido. Después de todo, luego de dejar a Kyouka en su casa, iría al hospital a ver a Dazai y podría dárselas.

Akutagawa lo miró aliviado y le dio el ramo

—Muchas gracias sup...— se detuvo al ver como una vena sobresalía en la frente de Chuuya. —Chuuya-san.— se corrigió.

— No hay de qué— contestó el pelirrojo con extremada amabilidad.

— Solo podría avisarme cuando lo entregue, necesito avisarle a mi hermana que el pedido fue entregado— dijo aliviado Akutagawa. — El cliente pidió una notificación de entrega.

— Ya veo…— comentó Chuuya pensativo viendo las flores— ¿De casualidad sabes quién lo envió?— preguntó sintiendo una punzada de incomodidad que no supo decir de dónde provenía.

Akutagawa negó con la cabeza.

—No pero Gin debe saber— explico y Chuuya intentó relajarse mientras pensaba que ese ramo debería venir del irresponsable Alfa de Dazai.

—Ya veo…— dijo Chuuya encaminándose al café. —Bueno debo ir por Kyouka, nos vemos, después. —Se despidió agitando la mano y comenzó a andar cuando Akutagawa lo detuvo nuevamente sujetándolo de su gabardina.

—Disculpe Sup… digo, Chuuya-san ¿podría pedirle otro favor?— le pidió Akutagawa y Chuuya asintió con la cabeza. Akutagawa se aproximó a él para susurrarle algo al oído y el pelirrojo al escucharlo lo volteo a ver confundido.

— ¿Eh?— soltó Chuuya con expresión contrariada. — ¿Acaso el chico tigre y tú…?— soltó Chuuya sorprendido y pensó en lo desilusionada que se encontraría su hermana cuando se enterará de lo que había entre esos dos.

—No, no es nada de eso, solo déselos a Jinko por favor— pidió Akugatawa evitando mirarlo.

Chuuya levantó los ojos al cielo y suspiró.

—De acuerdo— pronunció incrédulo— pero creo que sería bueno que tú mismo se los entregaras. Si te gusta deberías ser honesto con él y contigo…— dijo tomando el envoltorio de sus manos.

— ¡Ji… Jinko no me gusta de esa manera!— se apresuró Akutagawa a aclararlo con un tono de molestia.

—Claro, claro…— dijo Chuuya poco convencido y continuó su camino. — ¿Y esto es algo que harías por cualquiera?

Akutagawa se quedo ahí reflexionando sus palabras, pero lo cierto es que también las podía aplicar para sí mismo. ¿Por qué de pronto había decidido quedarse cuidando a Dazai? ¿Por qué le importaba tanto lo que le sucedía? Era cierto que había estado "interesado" en él cuando estaba en la escuela media pero ahora ni siquiera sabía nada de él, solo que trabajaba con su hermana menor y que su alfa lo abandonó. ¿Por qué al verlo querer acabar con su vida sintió un miedo atroz y su cuerpo se movió por si solo para protegerlo? También la sensación tan agradable que había sentido al envolver su cuerpo con el suyo. Dazai era mucho más alto que él pero le había gustado sostenerlo en un ovillo mientras lo reconfortaba. Él aroma que despedía su cuerpo era cítrico y agradable, como flores de naranjo. ¿Esas eran sus feromonas? Pero según sabía Chuuya las feromonas de los omegas marcados solo pueden ser percibidas por sus alfas o por… sus parejas destinadas. No podía ser, quizás él podía percibirlas porque era un dominante. Si, quizás era eso pero la realidad era que nada tenía sentido cuando tenía Osamu Dazai tan cerca. Su mente se nublaba y sentía la imperiosa necesidad de protegerlo.

"¿Podría ser que Dazai y él fueran destinados?" pensó sorprendido y meneo la cabeza en negativa. Era imposible porque en la escuela media ambos hubieran sentido la resonancia que emite ese tipo de enlace.

— ¡Aght! Todo es tan confuso— murmuró el pelirrojo al entrar en la cafetería.

Kyouka que atendía la caja vio a su hermano entrar a la cafetería y tomar asiento en una mesa que justo se acababa de desocupar. Kunikida que también se había percatado de su presencia, le dio instrucciones a Atsushi que fuera a limpiar la mesa y le llevara un aperitivo. El albino así lo hizo y se apresuró a dejar limpia la mesa.

—Se lo envía Kunikida-san— dijo asentando un panini de pechuga de pavo y una soda.

A Chuuya le tomó por sorpresa el gesto pero lo agradeció porque no había comido nada. Luego de pasar la noche cuidando a Dazai se había ido temprano en la mañana a bañarse a su casa, llevar a Kyouka a la escuela y luego desayuno de manera sobria. En algún punto tomó una siesta y cuando despertó se dio cuenta que pronto tendría que recoger a su hermana menor y salió sin comer nada.

—Gracias— dijo Chuuya y le estiro la bolsa de papel que le hubiera dado Akutagawa.

—Es para ti— le indicó. — Te lo envía Akutagawa.

— ¿Akutagawa? ¿Para mí? — preguntó Atsushi sorprendido y abrió la bolsa para ver lo que había en su interior. De pronto su rostro se tiño de rojo y de una notable molestia.

—Disculpe…— dijo Atsushi apenado y con una ceja saltándole. — ¿Usted vio lo que había en el interior?

Chuuya le dirigió una mirada confundida.

— ¿Eh? No ¿por qué lo haría?— contestó Chuuya acomodando las flores en la mesa y se dispuso a comer.

Atsushi soltó un largo suspiro y luego camino hacia Kunikida dando grandes pasos.

— ¿Kunkikida-san puedo tomar mi descanso?— preguntó serio con la bolsa de papel aún en mano.

—Sí, pero procura volver a tiempo, recuerda que nos falta personal— dijo Kunikida acomodándose los lentes y Atsushi asintió y luego salió corriendo del café.

Chuuya miro aquello y se encogió de hombros sin entender lo que pasaba. Degusto sus alimentos con tranquilidad y pensó que luego llamaría a Akutagawa para saber que tanto se traía con el chico tigre.

Chuuya terminó de comer y Kyouka se preparó para terminar su turno. Antes de que se retiraran Chuuya le agradeció la comida a Kunikida y éste les entrego una canasta llena de objetos.

— ¿Qué es esto?— preguntó Chuuya al ver el montón de cosas acomodadas en una enorme canasta de mimbre.

—Son cosas que pensé podría necesitar Dazai y objetos que todos los demás quisieron colocar— explicó Kunikida.

En la canasta se podía ver un paquete con ropa y artículos personales, una bolsa de manzanas, un paquete de caramelos, un libro, una botella de leche y un peluche muy raro.

—Yo puse ese— dijo Kyouka señalando el peluche. Se trataba de un gato tejido a crochet de color negro que tenía un ojo de botón y uno en forma de tache. Curiosamente tenía el cuerpo cubierto de vendajes igual que Dazai.

—Que cosa tan tétrica escogiste Kyouka— dijo Chuuya al ver el peluche.

—Creí que le gustaría a Dazai-san, leí que cuando una persona sufre una perdida un peluche puede ser un buen consuelo…—explicó la chica con toda seriedad.

Chuuya solo achinó los ojos y suspiró.

—Ok, yo llevo la canasta y tú lleva el ramo— dijo Chuuya dándole el ramo a su hermana para tomar la canasta.

—Muchas gracias Chuuya y Kyouka, lamento tener que dejar a Dazai en sus manos pero no hay nadie que pueda cubrirme además…—

Kunikida no tuvo tiempo de decir más cuando alguien llego corriendo y se agarro con fuerza de su cadera.

— ¡Papá!¡ ¡Ven rápido, Atsushi y el tipo oscuro están peleando en la parte de atrás!— dijo una niña de diez años que jaló la ropa del hombre de lentes para apurarlo. Tenía el cabello corto y rojizo; lucía un rostro preocupado.

— ¡Ay no, otra vez esos dos!—dijo Kunikida con un brillo furioso en sus lentes y antes de retirarse se despidió de ambos jóvenes.

Chuuya y Kyouka salieron al estacionamiento del frente y subieron al auto del pelirrojo para ponerse en marcha. A lo lejos pudieron ver a Kunikida separar a Atsushi y a Akutagawa. A Chuuya le pareció que Kyouka le dirigió una mirada asesina a su viejo amigo.

—¿Qué fue lo que le entregaste a Atsushi-kun, hermano?— preguntó curiosa Kyouka.

—Ah eso…— dijo Chuuya recordando el paquete de papel que le hubiera dado Akutagawa.

—Fue un encargo de Akutagawa— dijo restándole importancia.

Kyouka se quedó pensativa y miro hacia la ventana.

—Creo que ellos se gustan…— dijo de repente y Chuuya le dirigió una fugaz mirada.

—Quizás… pero si a ti te gusta deberías intentarlo— dijo de pronto el pelirrojo captando la atención de su hermana. — O podrías arrepentirte…— susurró en voz baja.

Kyouka notó algo raro en sus palabras pero no dijo nada y luego reparo en las flores que sostenía.

—Pensé que te gustaban las camelias rojas— dijo la chica viendo el singular arreglo de flores.

—No es mío— dijo Chuuya con seriedad.

— ¿No las compraste para Dazai-san?— preguntó curiosa la chica.

— ¿Te parece que yo regalaría un ramo tan insípido como ese?— dijo exaltándose y cuando vio el rostro sorprendido de su hermana se corrigió apenado. —No, alguien me pidió entregárselas— explicó.

Kyouka reparó en la tarjeta entre las flores y supuso que se trataba del novio de Dazai. Pero ya no mencionó nada porque Chuuya pareció irritado. Los últimos días había visto su hermano demasiado sobreprotector con Dazai, pasaba casi todo el tiempo en el hospital y notaba que se ponía malhumorado cuando se separaba de él. Su cambio de comportamiento la tomó por sorpresa ya que por lo general, su hermano solo era afectuoso con la gente allegada a él no con desconocidos y concluyó que quizás se había enamorado de Dazai a primera vista.

Kyouka sonrió ante ese pensamiento y Chuuya lo notó.

— ¿Sucedió algo?— preguntó curioso.

—Nada— respondió ella con una sonrisa en sus labios.