Descargo de responsabilidad: ya saben ustedes que PUCCA y sus personajes no me pertenecen, le pertenecen a su creador Boo Kyoung Kim. Yo sólo usé sus personajes, para crear esta historia loca, pero según yo entretenida.

Descargo de responsabilidad 2: así como el libro de Harry potter sus personajes no me pertenecen, pues le pertenecen a la autora JKRollin. yo sólo utilicé a Harry potter para juntarlo con Pucca, así que no plagien, adapten o copien por favor que eso no está bien.

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"Entre la imaginación y la realidad se encuentra el puente de los sueños, donde lo posible y lo imposible se funden en un solo latido." _(Garu, William Potter, Sanada y Harry James Potter)

Antes de que Garu y Harry pudieran decir o pensar algo, la puerta del dormitorio se abrió de golpe y Fred y George Weasley entraron. Harry escondió rápidamente la capa, mientras que Garu escondía las espadas que sus tíos difuntos les dejaron.

No se sentían con ganas de compartirlas con nadie más, aunque eso se viera egoísta por parte de ambos gemelos Potter. Así fueran los hermanos mayores de su amigo Ron, preferían no arriesgarse a que vieran los regalos.

–¡Feliz Navidad!

Soltó alegre Fred, añadiendo George con ánimo.

–¡Eh, mira! ¡A Garu y a Harry también les han regalado un jersey Weasley!

Fred y George llevaban jerséis azules, uno con una gran letra F y el otro con la G.

–Los de Harry y Garu son mejores que el nuestro.

Dijo Fred cogiendo el jersey de Harry.

–Es evidente que se esmera más cuando no es para la familia, hasta incluso son de diferente color para diferenciar a los gemelos.

–¿Por qué no te has puesto el tuyo, Ron?

Quiso saber George.

–Vamos, pruébatelo, son bonitos y abrigan.

–Detesto el rojo oscuro.

Se quejó serio Ron, mientras se lo pasaba por la cabeza. Garu negó con la cabeza, agregando divertido.

–Pues regálaselo a Pucca cuando regrese de Sooga a Hogwarts después de las vacaciones, ella adora todo tipo de cosas que lleven colores rojos de todas las gamas.

Fred y George soltaron una carcajada al escuchar el comentario de Garu.

–¡Vaya idea, Garu!

Dijo divertido Fred, dándole una palmadita en la espalda.

–Seguro que Pucca estaría encantada.

–Ron, deberías considerarlo.

Agregó George con una sonrisa traviesa.

–Así no tendrás que usarlo y le darías un regalo especial a Pucca.

Ron rodó los ojos, pero una sonrisa se asomó en su rostro.

–Está bien, lo pensaré.

Dijo neutral, acomodándose el jersey rojo oscuro de mala gana, mientras agregaba con burla antes de que soltara con un toque de burla hacia Garu por la sugerencia.

–Siempre que Garu no sé enfade de que esté con Pucca y le robe a su novia, ¿Verdad, Garu?

Garu miró a otro lado nervioso, se puso más rojo que un tomate, tragó duro y susurró suavemente entre balbuceos.

–Eh… No, Ron, lo malentiendes. Pucca no es… Digo, ella y yo no somos novios.

Fred y George intercambiaron miradas cómplices, claramente divertidos con la incomodidad de Garu. Ron, por otro lado, parecía satisfecho con la respuesta.

–Eso está bien, Garu.

Dijo animándolo George, dando una palmada en el hombro de Garu con simpatía.

–Todos tenemos nuestras pequeñas obsesiones, y Pucca parece ser la tuya.

–No te preocupes, Garu.

añadió Fred con una sonrisa traviesa.

–No te vamos a juzgar si decides enamorarte de ella. Es muy fácil enamorarse de Pucca.

Mientras tanto, Harry observaba la interacción con una sonrisa contenida, aliviado de que el tema de las espadas y la capa no hubiera salido a la luz. El ambiente era cálido y alegre, una bienvenida reconfortante en medio del bullicio de las festividades.

–En fin.

Dijo calmada Fred, regresando al tema de los jerseys por intervención de su gemelo.

–No tenéis la inicial en los vuestros.

Observó George.

–Supongo que ella piensa que no os vais a olvidar de vuestros nombres. Pero nosotros no somos estúpidos… Sabemos muy bien que nos llamamos Fred y George.

Garu dio una suave risa, relajándose un poco y disminuyendo su sonrojo al dejar a un lado el tema de Pucca.

–¿Qué es todo ese ruido?

Percy Weasley asomó la cabeza a través de la puerta, con aire de desaprobación. Era evidente que había ido desenvolviendo sus regalos por el camino, porque también tenía un jersey bajo el brazo, que Fred vio.

–¡P de prefecto! Pruébatelo, Percy, vamos, todos nos lo hemos puesto, hasta Harry y Garu tienen uno.

–Yo… No… Quiero.

Dijo Percy, con firmeza, mientras los gemelos le metían el jersey por la cabeza, tirándole las gafas al suelo.

–Y hoy no te sentarás con los prefectos.

Dijo decidido George.

–La Navidad es para pasarla en familia.

Cogieron a Percy y se lo llevaron de la habitación, con los brazos sujetos por el jersey. Harry no había celebrado en su vida una comida de Navidad como aquélla, y Garu estaba igual, pues solo comía con Gura en la choza pequeña de los Sanada en el bosque de bambú en Sooga.

Un centenar de pavos asados, montañas de patatas cocidas y asadas, soperas llenas de guisantes con mantequilla, recipientes de plata con una grasa riquísima y salsa de moras, y muchos huevos sorpresa esparcidos por todas las mesas. Estos fantásticos huevos no tenían nada que ver con los flojos artículos de los muggles, que Dudley habitualmente compraba, ni con juguetitos de plástico ni gorritos de papel.

Garu y Harry tiraron unos al suelo y no sólo hicieron ¡pum!, sino que estallaron como un cañonazo y los envolvieron en una nube azul y verde limón, mientras del interior salían una gorra de contraalmirante y varios ratones blancos, vivos y que corretearon por el lugar.

En la mesa de los profesores, Dumbledore había reemplazado su sombrero cónico de mago por un bonete floreado, y se reía de un chiste del profesor Flitwick. A los pavos les siguieron los pudines de Navidad, flameantes y muy curiosos para Garu.

Percy casi se rompió un diente al morder un sickle de plata que estaba en el trozo que le tocó, haciendo reír a Fred y George Weasley por el descuido de su hermano. Harry y Garu observaban a Hagrid, que cada vez se ponía más rojo y bebía más vino, hasta que finalmente besó a la profesora McGonagall en la mejilla y, para sorpresa de Garu y Harry, ella se ruborizó y rio, con el sombrero medio torcido.

Cuando Garu y Harry finalmente se levantaron de la mesa, estaban cargados de cosas de las sorpresas navideñas, y que incluían globos luminosos que no estallaban, un juego de Haga Crecer Sus Propias Verrugas y piezas nuevas de ajedrez. Los ratones blancos habían desaparecido, y Harry tuvo el horrible presentimiento de que iban a terminar siendo la cena de Navidad de la Señora Norris o de mío, el gato negro de su gemelo.

Harry, Garu y los Weasley pasaron una velada muy divertida, con una batalla de bolas de nieve en el parque. Más tarde, helados, húmedos y jadeantes, regresaron a la sala común de Gryffindor para sentarse al lado del fuego.

Allí Harry estrenó su nuevo ajedrez y perdió espectacularmente con Ron, mientras Garu observaba con ojo crítico como sí él estuviera en pleno combate de ninjas. Pero sospechaba que no habría perdido de aquella manera si Percy no hubiera tratado de ayudarlo tanto, y su hermano gemelo no sé hubiera reído y lo hubiera sermoneado con que solo debería tener recomendaciones de alguien sí sé cree que no lo perjudicarán en el proceso.

Después de un té con bocadillos de pavo, buñuelos, bizcocho borracho y pastel de Navidad, todos se sintieron tan hartos y soñolientos que no podían hacer otra cosa que irse a la cama; no obstante, permanecieron sentados y observaron a Percy, que perseguía a Fred y George por toda la torre Gryffindor porque le habían robado su insignia de prefecto.

Fue el mejor día de Navidad de Harry, al igual que para Garu que estaba más acostumbrado al deber que a la diversión normal de cualquier tipo. Sin embargo, algo daba vueltas en un rincón de sus mentes.

En cuanto se metieron en las camas, pudieron pensar libremente en ello: la capa invisible y quién se las había enviado. Ron, ahíto de pavo y pastel y sin ningún misterio que lo preocupara, se quedó dormido en cuanto corrió las cortinas de su cama.

Harry se inclinó a un lado de la cama y sacó la capa, Garu siempre mirándolo en su propia cama idéntica a la de su hermano. De su padre… Aquello había sido de su padre. Dejó que el género corriera por sus manos, más suave que la seda, ligero como el aire.

«Utilícenla bien»

Decía la nota, aunque Garu y Harry no sabían a qué se referían. Tenían que probarla, aunque Garu sentía nervios porque eso sería contra las reglas.

Sin embargo, cuando vio que su hermano Harry se deslizó fuera de la cama y se envolvió en la capa. Garu no tardó en hacer lo mismo, susurrándole con seriedad a su hermano Harry.

–Espera, Harry, ni se te ocurra dejarme solo aquí.

Harry sonrió a su hermano gemelo y asintió, encantado de tener a Garu a su lado para la aventura que se avecinaba.

–Vamos, entonces.

Dijo calmado Harry, susurrando como lo hacía su hermano, mientras sostenía firmemente la capa invisible. Ambos hermanos se deslizaron bajo la capa, sintiendo cómo el tejido mágico se acomodaba perfectamente a su alrededor, ocultándolos por completo.

Miraron hacia abajo y vieron sólo la luz de la luna y las sombras. Era una sensación muy curiosa, pero bastante divertida y un poco eufórica.

«Utilícenla bien.»

De pronto, Garu y Harry se sintieron muy despiertos. Con aquella capa, todo Hogwarts estaba abierto para ellos.

Mientras estaban allí, en la oscuridad y el silencio, la excitación se apoderó de ellos. Podían ir a cualquier lado con ella, a cualquier lado, y Filch nunca lo sabría.

Ron gruñó entre sueños, tal vez alguna pesadilla. ¿Debían despertarlo? Algo los detuvo, querían hacer esto solo como los hermanos Potter que eran.

La capa de su padre… Sentían que aquella vez (la primera vez) querían utilizarla solo como hermanos. Salieron cautelosamente del dormitorio, bajaron la escalera, cruzaron la sala común y pasaron por el agujero del retrato.

–¿Quién está ahí?

chilló asustada la Dama Gorda, queriendo ver a alguien que por la capa era imposible. Harry no dijo nada, Garu tampoco y supuso que era porque su hermano estaba más acostumbrado al silencio que él. Anduvieron rápidamente por el pasillo, curiosos y ansiosos por todo lo que podían hacer.

¿Adónde irían?

De pronto se detuvieron, con el corazón palpitante, y Harry pensó. Y entonces lo supo, susurrándole a su hermano con cuidado.

–Garu, debemos de ir a la sección prohibida de la biblioteca.

Garu sé desconcertó y aturdido preguntó.

–¿Qué? Pero, ¿Cómo para qué?

Harry miró a Garu con una chispa de determinación en sus ojos verdes.

–Hay algo que necesito averiguar.

Dijo en un susurro urgente.

–Algo sobre Flamel.

Garu frunció el ceño, perplejo. Aunque no estaba seguro de qué trataba de buscar Harry, confiaba en el juicio de su hermano gemelo.

–Está bien.

Accedió resignado Garu, respirando hondo para calmar sus nervios–. La Sección Prohibida de la biblioteca, un lugar peligroso y poco habitada por los estudiantes de Hogwarts.

Iban a poder leer todo lo que quisieran, para descubrir quién era Flamel. Se ajustaron la capa y se dirigieron hacia allí, ambos decididos a descubrirlo todos y la vez temerosos de que algo fallara.

La biblioteca estaba oscura y fantasmal, casi como para darle miedo a cualquier persona común, menos para un par de magos con uno de ellos entrenado como ninja. Harry encendió una lámpara para ver la fila de libros, mientras Garu revisaba cada libro con sus agudizados ojos de ninja.

La lámpara parecía flotar sola en el aire y hasta el mismo Harry, que sentía su brazo llevándola, tenía miedo. Garu lo notó y se burló ligeramente, sabía que estando él o sin él su hermano no huiría por lo testarudo que era, pero sí le parecía gracioso y muy divertida.

La Sección Prohibida estaba justo en el fondo de la biblioteca, una sala que se veía más tenebrosa que las demás. Pasando ambos con cuidado sobre la soga que separaba aquellos libros de los demás, Harry levantó la lámpara para leer los títulos junto a su hermano Garu.

No les decían mucho, por más que Garu y Harry leyeran el contenido con atención. Las letras doradas formaban palabras en lenguajes que Garu y Harry no conocían, a pesar de que Garu sabía de muchos idiomas por lo mucho que tuvo que viajar corriendo en misiones por el mundo.

Algunos no tenían títulos, otros solo tenían otros dibujos extraños y fuera de lugar. Un libro tenía una mancha negra que parecía sangre, ninguno de los dos quiso tocarlo.

A Garu y a Harry se les erizaron los pelos de la nuca, aquello era más obscuro de lo que se imaginaron desde un principio. Tal vez se lo estaban imaginando, tal vez no, pero les pareció que un murmullo salía de los libros, como si supieran que había alguien que no debía estar allí.

Tenían que empezar por algún lado, pero no sabían por dónde. Harry Dejó la lámpara con cuidado en el suelo y miró en una estantería buscando un libro de aspecto interesante, mientras Garu hacía lo mismo al observar en otra parte de la sección prohibida.

Les llamó la atención un volumen grande, negro y plateado, que Garu le ayudó a sacar a Harry. A pesar de aquello, Lo sacaron con dificultad, porque era muy pesado y, balanceándolos sobre sus rodillas, lo abrieron.

Un grito desgarrador, espantoso, cortó el silencio… ¡El libro gritaba! Harry lo cerró de golpe, pero el aullido continuaba, en una nota aguda, ininterrumpida.

Garu y Harry retrocedieron y chocaron con la lámpara, que se apagó de inmediato. Aterrados, oyeron pasos que se acercaban por el pasillo, metieron el volumen en el estante y salieron corriendo.

Pasaron al lado de Filch casi en la puerta, y los ojos del celador, muy abiertos, miraron a través de Harry y Garu. Los chicos se agacharon, pasaron por debajo del brazo de Filch y siguieron por el pasillo, con los aullidos del libro resonando en sus oídos.

Se detuvieron de pronto frente a unas armaduras, tratando de calmar sus respiraciones. Habían estado tan ocupados en escapar de la biblioteca que no habían prestado atención al camino, un obvio descuido para ambos magos y sobre todo para un ninja semiprofecional.

Tal vez era porque estaba oscuro, pero no reconocieron el lugar donde estaban. Había armaduras cerca de la cocina, eso lo sabían, pero debían de estar cinco pisos más arriba.

–Usted me pidió que le avisara directamente, profesor, si alguien andaba dando vueltas durante la noche, y alguien estuvo en la biblioteca, en la Sección Prohibida.

Garu y Harry sintieron que se les iba la sangre de la cara, temiendo que los fueran a descubrir en su pequeña aventura. Filch debía de conocer un atajo para llegar a donde ellos estaban, porque el murmullo de su voz se acercaba cada vez más y, para su horror, el que le contestaba era Snape.

–¿La Sección Prohibida? Bueno, no pueden estar lejos, ya los atraparemos.

Harry y Garu se quedaron petrificados, mientras Filch y Snape se acercaban. No podían verlos, por supuesto, pero el pasillo era estrecho y, si se acercaban mucho, iban a chocar contra ellos.

La capa no ocultaba sus formas materiales, así que podrían atraparlos si sé descuidaban. Retrocedieron lo más silenciosamente que pudieron, evitando ser descubiertos por el profesor y el celador.

A la izquierda había una puerta entreabierta, que miraron con cautela. Era su única esperanza, así que debían de actuar ahora.

Se deslizaron, conteniendo la respiración y tratando de no hacer ruido. Para el alivio de ambos, entraron en la habitación sin que lo notaran.

Pasaron por delante de ellos y Harry y Garu se apoyaron contra la pared, respirando profundamente, mientras escuchaban los pasos que se alejaban. Habían estado cerca, muy cerca.

Transcurrieron unos pocos segundos, antes de que se fijaran en la habitación que los había ocultado. Parecía un aula en desuso, aunque menos tenebrosa que la biblioteca en la que habían estado.

Había algo que parecía no pertenecer allí, como si lo hubieran dejado para quitarlo de en medio. Era un espejo magnífico, alto hasta el techo, con un marco dorado muy trabajado, apoyado en unos soportes que eran como garras.

Tenía una inscripción grabada en la parte superior: Oesed lenoz aro cut edon isara cut se onotse. Ya no oían ni a Filch ni a Snape, y Harry y Garu no tenían tanto miedo.

Se acercaron al espejo, deseando mirar para no encontrar sus imágenes reflejadas. Se detuvieron frente a él, bastante curiosos e interesados en el espejo frente a ellos.

Tuvieron que llevarse las manos a la boca para no gritar, bastantes sorprendidos por lo que ambos vieron. Giraron en redondo, ambos con las piernas ligeramente temblorosas.

El corazón les latía más furiosamente que cuando el libro había gritado… Porque no sólo se habían visto en el espejo, sino que había mucha gente detrás de ellos. Pero la habitación estaba vacía, así que, ¿Cómo era posible aquello?

Respirando agitadamente, volvieron a mirar el espejo. Allí estaban ellos, reflejados, blancos y con miradas de miedo y allí, reflejados detrás de ellos, había al menos otros doce.

Garu y Harry miraron por encima del hombro, pero no había nadie allí. ¿O también eran todos invisibles?

¿Estaban en una habitación llena de gente invisible y la trampa del espejo era que los reflejaba, invisibles o no?

Miraron otra vez al espejo, cada vez más asombrados. Una mujer, justo detrás de sus reflejos, le sonreía y agitaba la mano.

Harry y Garu levantaron una mano y sintieron el aire que pasaba, tragando duro por el impacto de toda aquella situación. Si ella estaba realmente allí, debían de poder tocarla, sus reflejos estaban tan cerca…

Pero sólo sintieron aire: ella y los otros existían sólo en el espejo. Era una mujer muy guapa, Garu solo podía compararlo con la belleza de una reina, tenía el cabello rojo oscuro y sus ojos…

(Sus ojos son como los míos)

Pensaron Garu y Harry, acercándose un poco más al espejo. Verde brillante, exactamente la misma forma, pero entonces notó que ella estaba llorando, sonriendo y llorando al mismo tiempo.

El hombre alto, delgado y de pelo negro que estaba al lado de ella le pasó el brazo por los hombros. Llevaba gafas y el pelo muy desordenado, se parecía a ellos, solo que más grande. Y se le ponía tieso en la nuca, igual que a Harry y a Garu.

(¿Sería más igual a su hermano Harry y a ese hombre sí se recortara el cabello, se quitara las coletas y sé peinara como ellos?

Pensó curioso Garu, ahora sí sabía con mejor exactitud que él era su padre y nadie más lo volvería a engañar. Harry y Garu estaban tan cerca del espejo que sus narices casi tocaban su reflejo, ambos estaban a punto de llorar por ese reflejo.

–¿Mamá?

Susurraron.

–¿Papá?

Entonces lo miraron, sonriendo alegremente. Y, lentamente, Garu y Harry fueron observando los rostros de las otras personas, y vieron otro par de ojos verdes como los suyos, otras narices como la suyas, incluso un hombre pequeño que parecía tener las mismas rodillas nudosas de Harry y Garu.

Estaban mirando a su familia por primera vez en su vida, hasta los Sanada estaban atrás de ellos, sonriendo ampliamente y Garu notó el parecido que su tía Juliet tenía con su padre. Los Potter sonrieron junto a los Sanada y agitaron las manos, y Harry y Garu permanecieron mirándolos anhelantes, con las manos apretadas contra el espejo, como si esperaran poder pasar al otro lado y alcanzarlos. En su interior sentía un poderoso dolor, mitad alegría y mitad tristeza terrible.

No supieron cuánto tiempo estuvieron allí, ambos gemelos estaban como en trance. Los reflejos no se desvanecían y Harry y Garu miraban y miraban, hasta que un ruido lejano los hizo volver a la realidad.

No podían quedarse allí, tenían que encontrar el camino hacia el dormitorio. Apartaron los ojos de los de su madre y susurraron, aún con ganas de verlos más tiempo:

–Volveremos.

Salieron apresuradamente de la habitación, corriendo de regreso a su dormitorio.