Luego de que ambas hermanas escucharan eso, Anna se tensó. ¿No estaba dormido? ¿Qué cosa quería?
— Voy... enseguida... — habló apenas, los besos de Elsa no la dejaban pensar con claridad —. Els...
— Ni se te ocurra. — otro puchero salió de sus labios —. No me he corrido.
— Pero...
— No.
— Ok, ven aquí.
Ante tal victoria, Elsa abrió las piernas y su hermana volvió a bajar para atacar su sexo. Cuando su boca le tocó la vagina, Elsa sintió perderse en el placer y retorcerse durísimo.
Luego de un par de lengüetazos bien jugados en su centro y clítoris, la rubia finalmente pudo lanzar el grito de orgasmo más placentero jamás escuchado. Uno que dejó a Anna aún con sus fluidos y a ella desvanecida por completo en el escritorio, con una sonrisa de oreja a oreja.
Satisfecha, se acercó para besarla y compartir aquella ansiada esencia junto a una sonrisa y un beso cargado que se dieron. Uno lleno de deseo y lleno de ellas.
Cuando se separaron, Elsa tomó la palabra:
— Dios, fue fantástico...
— Sí, y tú muy escandalosa.
— ¡Oye!
— Jajaja.
— Sabes que no puedo evitarlo.
— Lo sé, Els, solo no vuelvas a hacer eso, ¿sí? — Anna la acorraló por un instante y atrapó ligeramente su cuello y labios.
— ¿Hacer qué?
— Intentar salir desnuda.
— Entonces no me des motivos.
— Elsa...
— Solo digo.
Ante tal afirmación, Elsa se soltó de su agarre para rehacer su vestido y, de ese modo, poder dejar la estancia. Al salir, lo único que reinó en su rostro fue su gran sonrisa dibujada, todo eso producto de las "atenciones previas" y de que al menos esa noche sus "métodos" le habían funcionado. Solo esperaba que fueran suficientes para que Anna no la volviera a tener abandonada como las otras veces.
Por otro lado, cuando Anna salió para ver a su marido, se dio cuenta del por qué este la buscaba. Kristoff solo venía a hacerle el recordatorio de la salida que tenían pendiente a la mañana siguiente. De hecho, no solía hacerlo, pero como ya sabía de sobra que ella estaba "ocupadísima" con los asuntos del reino, lo vio necesario.
¿Lo peor de todo?
Fue cuando se percató de que su mujer ni siquiera sabía de lo que estaba hablando. Estaba hecha un total despiste y al parecer ni lo había recordado, ¿Razones? Sobraban.
"Ay, Anna".
—o—o—o—o—
En los días que prosiguieron todo se convirtió en un revoltijo para la reina. Los pendientes de la corona la agobiaron el doble de al inicio y, fue de tal forma, que ya no tuvo tiempo para nada, "Literal".
A duras penas lograba dividirse para cumplir con su deber, con Kristoff y con sus "sesiones" con Elsa. Sin embargo, muchas veces era inevitable volver a tenerla "abandonada". No podía darse abasto con todo.
Una nueva salida fue propuesta por su marido y Anna no pudo rechazarla. Así que esa tarde en particular, luego de mantenerse ocupada con sus reuniones y de tener sus tantas "sesiones" con Elsa, quedaron en salir juntos luego de que terminara un pendiente fuera del palacio. Fue algo que su marido consideró sensato, así no se le volvía a olvidar.
Eso, claro... hasta que a Elsa no se le ocurriera convencerla de nuevo. Esperaba, realmente lo esperaba, pero aquello quedó fuera de opción cuando entró al despacho para sacar unos documentos de volada. Estaba apurada y Kristoff no tardaba en tocar la puerta de la oficina para recogerla.
— ¿Qué haces aquí, Els? — preguntó, mientras agarraba los documentos con obvias intenciones de salir.
— ¿No es obvio? Te he estado esperando. — dijo con un puchero —. Quiero jugar, Anna...
— Els, es la segunda vez en el día y estoy agotada... Además, ya viene Kristoff, no quiero que nos pille. — Plantó un ligero pico en sus labios para apaciguarla.
— ¿Ni uno rapidito?
— No, Elsa.
— Odio a tu marido...
— Ya hemos hablado de esto antes, además ser reina no da mucho tiempo, ya será después, ¿sí?
— Pero... yo quiero.
Nuevamente ese tonito.
— Els, no, sabes que aún me estoy acoplando a todas las responsabilidades de la corona, no es fácil ser reina, debo irme ya.
— Dímelo a mí, pero puedo ayudarte luego, ven. — En ese momento, sus manos la agarraron de la cintura para llevarla consigo entre besos. No podía dejarla ir tan fácil, necesitaba de ella y de su dosis respectiva.
Otra vez.
— No se trata de eso, ahora debo salir... Els...
— Y yo necesito de ti. — respondió, mientras la besaba con la intención de dejarla nuevamente sin escapatoria.
— Els... — Un beso —. Tengo que... — Otro beso —. Por favor...
— No quiero.
— Elsa, para... — Literal fue empujada hasta el escritorio sin capacidad de movimiento.
La rubia se hallaba tan sedienta que no le dejó siquiera reaccionar, en sus gestos se notaba que quería más que solo un pico. Anna, sin embargo, trató de dar un vano intento de protesta con sus labios, protesta que en efecto nunca salió porque luego escuchó su sentencia.
Su marido había llegado.
— ¿Anna, estás aquí?
"Mierda".
— O me desvistes o lo hago yo — articuló la mayor en un susurro, para evitar que Kristoff escuchara. Mientras tanto, sus labios dejaban besos cortos, chupetones y lamidas en el cuello de la menor.
— Sí, cielo, estoy aquí... Oh... — Un gemido traicionero escapó de su boca.
— ¿Estás bien? — volvió a preguntar el susodicho.
— S-sí... en un momento salgo.
Elsa para ese momento ya se había apoderado de sus pechos. Sus manos los masajeaban sin tapujos y sus dedos amenazaban con romperle el vestido. Anna, en cambio, no tenía muchas opciones para liberarse. Su cuerpo se hallaba atrapado contra el escritorio.
— Bien, te espero.
"Doblemente mierda".
— Els... Por favor, Kristoff está afuera... Ahh... — Su hermana continuaba y Anna a ese punto ya se sentía al borde del colapso. Sus gestos la estaban traicionando.
"Maldición".
— Por favor, tócame...
— Demonios, Elsa... no puedo contigo. — Siguió hablando por lo bajo debido a las circunstancias.
— No, no puedes... vamos, Anna... házmelo, sé que quieres... — Ese era el tonito que Anna quería evitar.
— Argh... te odio. — Fue todo, sintió que no pudo más. El éxtasis, la adrenalina y la insistencia de Elsa pudieron con ella irremediablemente.
— Súbete el vestido. — pidió rendida, mirándola directo a los ojos—. Ahora.
— Está bien. — La mayor sonrió triunfante e inmediatamente se subió aquel vestido blanco que llevaba consigo.
Al tenerla de ese modo, Anna la sentó en el escritorio y al abrirle las piernas pudo notar su sexo mojado. Bajó el rostro hasta la altura de su intimidad pero antes de hundirlo en aquel incitante sexo, dijo en el mismo tono:
— No hagas ruido.
— No lo haré. — "O al menos lo intentaré", pensó.
Después de escucharla, Anna finalmente tomó acción y su boca comenzó a probarla de la forma en que solo ella sabía hacerlo, chupando y lamiendo todo el contorno de su ya mojado clítoris.
Lo hizo tan delicioso y tan descomunal que Elsa terminó por soltar gemidos sin poder contenerse, siendo estos justamente los que Anna quería evitar.
— Anna... ahhh... — Contrajo por inercia las piernas mientras sus manos le apretaban el rostro contra su vagina, era demasiado placer —. Oh, cielos... Anna... a-ah...
Aunque intentó callar se le hizo difícil, la boca de Anna la hacía desfallecer riquísimo.
— ¿Esa es Elsa? ¿Qué está pasando ahí dentro?
En ese momento, Anna paró su labor y se dio cuenta de que tenía que hacer algo, así que se incorporó a la altura de su hermana y sus manos tomaron el control de la situación. La izquierda se encargó de taparle la boca para que callara sus gemidos, mientras la otra se hundió entre las telas blancas de su vestido para masturbarla con fuerza hasta hacerla estallar.
— No pasa nada, cielo, solo está... — Sus dedos aceleraron su movimiento sobre el clítoris y sus ojos se perdieron de lleno en sus gestos. Para Anna siempre era una poesía verla al borde del clímax. Le excitaba mucho ese panorama.
Elsa, mientras tanto, moría de placer por la visión que le daban sus ojos. Apretaba la vista, ligeras lágrimas de goce comenzaron a salir, su respiración era agitada y apenas se podían oír los gemidos por la presión de la mano de Anna. Le faltaba poco.
— Me está ayudando con unos papeles... ya termino.
— Mmmgh... ~
— Shh... — la calló —. Ya casi, Els... ya casi... — Apuró sus movimientos y finalmente sintió su esencia entre los dedos seguido de un gemido inaudible por parte de la rubia.
Al terminar, Anna miró esos dedos con lujuria y los lamió uno por uno. Siempre era un deleite para ella saborearlos luego de cada sesión. Elsa, por su parte, se recuperó lentamente y en el proceso atrajo a su hermana con la intención de besarla y compartir eso juntas. Fue algo que Anna no rechazó.
— La próxima intenta no hacer ruido... y ni creas que volveré a caer, Els, no podrá ser así siempre. — dijo suavemente al separarse de aquel beso. A veces Elsa era muy exigente, por no decir siempre.
— Como quieras, siempre hay opciones. — Se acomodó el vestido sin perder la sonrisa de satisfacción en el rostro. Tenía que probarla de algún modo.
— No te entiendo.
— Oh sí... sí me entiendes. — Elsa lo dijo todo con la mirada, señalando el pomo de la puerta.
— No te atrevas.
— Eres tú la que está firmando su sentencia, Anna, no yo.
— ¡Es mi marido!
— Yo no he dicho nada... Ya me voy, supongo que tienes cosas que hacer, ¿no? — Le robó un beso corto —. Nos vemos luego.
— No lo harías, Elsa, sé que no...
— Pruébame.
