Gracias a todos por la paciencia que tuvieron. Se aprecia mucho, la verdad. Intentaré publicar cada que mis tiempos disponibles me permitan. De antemano, muchísimas gracias por sus preciosos comentarios. Porque, aunque no crean, siempre los leo, y eso significa mucho para mi como escritora. Un besazo enorme y nos vemos en los comentarios, ¡Aquí y en los capítulos que vienen!

Les dejo mi pagina de facebook si les apetece seguirme, el link esta en mi biografía de igual modo.

Me hallan como "Historias Elsanna - AZM" en facebook.

¡Un gran abrazo y disfruten del capítulo!

Tu amiga, Alex Zita María.

—o—o—o—

Luego de aquel intenso momento, Elsa se arregló el babydoll y, tras unos minutos, cuando finalmente perdió de vista a Anna, se fue a su habitación dando zancadas fuertes, maldiciendo entre dientes. De estar excitada, pasó a estar furiosa por completo.

Lo último que quería era topársela.

En el trayecto, pasó por defecto por la habitación que Anna compartía con Kristoff... y lo que escuchó terminó por cabrearla a mil.

— Cielos, Kris... ¡Qué grande! — Podían escucharse risas y un sonido muy sugerente hecho por la linda boca de su querida hermana, lo cual dio a entender lo evidente.

Se la estaba chupando.

— Oh... Anna...

—o—o—o—

Fue entonces cuando empezó a temblar de las iras, sentía que tenía que gritar, golpear algo. Sin embargo, no podía hacerlo con Honey y Olaf de testigos, así que, en lugar de regresar adonde ellos estaban, corrió a su antigua habitación que estaba completamente vacía y ahí descargó su ira.

— ¡Ahhhhh! — Gritó y comenzó a congelar todo a su paso. Le importaba muy poco lo que hubiese dentro, solo soltó sus poderes a diestra y siniestra.

— ¡¿Cómo puede ser tan *censurado*?! — Sus manos seguían generando rayos de hielo, destrozando todo lo que encontraban a su alrededor.

— Primero me pone nerviosa, luego se atreve a tocarme y besarme, y yo soy tan estúpida que me dejé hacer... luego se va a coger con su marido como si nada, ¡¿y yo soy la indecente?! — soltó en monólogo, mientras respiraba agitadamente. Quería ahorcar algo —. Es que... ¡Ahh! — Otro pisotón de hielo —. ¡Te odio, te odio, te odio!

— ¿Elsa...?

No podía ser Anna... Si fuera ella, se le iría encima, "literal".

— ¡Largo, Anna!

— Soy Honey...

Al reconocer su voz tras la puerta, intentó calmarse. Estaba muy furiosa, pero no podía dejar que Honey la viera de ese modo. Ella no tenía la culpa de nada.

— ¡Un momento!

Intentó usar su autocontrol. Sin embargo, eso no era sencillo, porque de solo recordar esa risita, esa manera que Anna tuvo de tacharla de indecente y esos "sonidos sugerentes", le complicaba todo.

"Cálmate... solo cálmate, usa el mantra, usa el mantra".

Repitió mentalmente por largos segundos hasta que finalmente lo logró, aunque le costó pudo con eso. Cuando recuperó la compostura, abrió la puerta.

— ¿Todo en orden? — preguntó la morena, mirando a sus costados y percatándose de que todo estaba congelado. Fue tan grande la impresión que abrió los ojos con real sorpresa.

"Wow".

— Sí, solo... — buscó las palabras adecuadas, no quería que supiera lo que había pasado con Anna.

— Es un ejercicio que hago cuando estoy en el castillo, me ayuda con el estrés. — dijo tranquilamente, suavizando sus gestos.

— ¿Congelar y tirar cosas?

— Sí...

Honey supo de inmediato que estaba mintiendo, pues había escuchado el nombre de su hermana y sus gestos le decían otra cosa. Sin embargo, si eso le molestaba, entonces no diría nada. Sabía de sobra cómo estaba la situación entre ellas. No quería forzar las cosas.

— Creí que te había pasado algo, me asusté. — confesó, agarrándola del mentón y besándola suavemente.

— Para nada, estoy perfecta.

— ¿Segura?

— Sí... Ven aquí.

Sin darle tiempo a reaccionar, Elsa la jaló para su lado, cerró la puerta tras de sí y volvió a besarla con deseo, enrollando los brazos en su cuello. El fogón con Anna la había dejado con ganas de más. La arrinconó contra el muro y, luego, una de sus manos guió las suyas para que la tocara por donde quisiera.

A esas alturas, a Elsa no le importaba nada, solo quería buen sexo y que Honey la hiciera suya para que pudiese olvidar todo.

— Wow... estás inquieta esta mañana. — dijo la morena entre besos.

— Tú me pones inquieta... — soltó coqueta, mordiendo el lóbulo de su oreja y dejándole ligeras marcas.

Después, bajó hasta su cuello, el cual comenzó a atender dejando mordiscos, lametones y chupetones, unos que luego fueron notándose debido a su intensidad.

Honey se dejó hacer, calentándose exponencialmente, y, como la rubia le había otorgado tal permiso, subió parte del babydoll que cubría su trasero para después comenzar a masajearlo con verdaderas ansias.

Esa retaguardia lo era todo, era tan... deliciosa, perfecta, contorneada, suave...

Rica.

— Me encanta cuando me tocas, Honey... — articuló en ese particular tonito mientras arqueaba más sus nalgas.

— Elsa...

"Dios".

Escucharla de ese modo fue tan delicioso para sus oídos que esta vez sus manos se perdieron con más atrevimiento, amasando y manoseando su ya arqueado trasero por debajo de las bragas. Le excitaba tenerla así. Ese babydoll la hacía ver muy sexy.

Elsa, por su parte, prosiguió bajando hasta sus pechos, quitó la parte de arriba de la pijama y luego se fundió completamente. Su boca se encargó de chuparle los senos mientras su lengua dejaba lametones en todo el contorno de sus pezones.

— A-ahh... ¡Elsa...!

Honey gimió perdida cuando sintió su lengua juguetear de ese modo. Su cuerpo se arqueó por inercia y sus ojos se perdieron por completo en esa deliciosa visión de Elsa mamándoselos.

"Cielos, qué rico".

El panorama la calentó tanto, que, en un arrebato, sus manos pasaron a arrancarle el babydoll de un tirón, empleando fuerza... mucha, mucha rudeza.

— Wow... — Elsa pudo sentirlo, pero no le molestó.

— Lo siento, me dejé llevar...

— Está bien, me gusta así... — dijo Elsa, volviendo a usar ese tonito en particular.

— ¿Así, cómo?

— Fuerte.

Eso a Honey la dejó perpleja, pero no la incomodó en lo absoluto, al contrario, la excitó. Su mente se llenó de mucha curiosidad y muchísimas preguntas, pero eso ya lo hablarían luego. No deseaba arruinar el momento.

— Dios... — En definitiva, tenía mucha curiosidad.

Elsa, en respuesta, le regaló una risita coqueta, para luego bajar de un tirón hasta su centro. Una vez ahí, se puso de rodillas, le bajó los pantalones, empleando la misma intensidad que ella, y su boca se encargó de hacerla gemir; gritar. Su lengua devoró su intimidad sin siquiera pedirle permiso.

— ¿Qué... vas a...? Ohh... ¡Ahhh!

Un mundo de sensaciones la recorrió. Elsa también era muy buena con el cunnilingus. El frío que recorría su espalda por el hielo en las paredes le daba un toque más helado, excitante.

— También... quiero... hacértelo... a-hhh... ¡Oh, dios, Elsa! — Sus manos comenzaron a arañar las paredes y sus piernas temblaron, amenazando con perder el equilibrio.

— Me toca a mí, Honey, deja que te consienta. — respondió entre pausas, volviendo a atacar su sexo.

— Sí... sí... Ahhh... mmmm — jadeó de nuevo y tomó sus níveos cabellos con fuerza, apretando el rostro contra su vagina.

Se sentía al borde, a morir. No faltaba nada.

—o—o—o—

Su placer se vio interrumpido cuando escuchó la puerta levemente abrirse, y Elsa, contrario a otras veces, no dio un respingo, sino que se abrazó más a Honey, cubriendola con un abrazo, a lo que esta respondió de igual manera, usando el babydoll que le había quitado.

Elsa estaba molesta, era la segunda vez que la interrumpían, primero Olaf, ¿y ahora? ¿Porque no podía tener sexo en paz?

— ¿Quién es, Honey? — preguntó con su rostro escondido en el cuello de la morena. Honey era la única que tenía total visión de la puerta, ya que Elsa se hallaba de espaldas.

— Pues...

— Majestad, en verdad disculpe, yo insistí en no entrar, pero fueron órdenes de su hermana luego de que la escuchara, ella dijo...

Era su nany, Gerda, aquella que la había visto crecer desde que era pequeña. Eso la calmó.

— ¿Anna? ¿Qué dijo mi hermana? — En ese instante, Elsa se volteó cabreada, ¿era en serio?

— ¡Oh, cielos! — Gerda dio un salto y cubrió su rostro.

— ¿Qué ocurre, Gerda?

— Cu-cúbrase...

— Oh, cierto. — soltó sin darle importancia y se acomodó el babydoll —. Bien, ¿qué dijo mi hermana? — Sentía que iba a congelar todo con un dedo.

— Que no eran sitios para... — Gerda se cortó, pues supuso que ardería Troya luego de eso —: Ay, dios, no puedo... — Soltó bajito.

— Habla, Gerda.

— ¿Segura de que no quiere...?

— ¡Que hables!

— Que no eran sitios para tener intimidad, que se buscara un hotel y se vistiera más acorde porque parecía una verdulera, y que se esmerara porque, si no, no la dejaría entrar. — soltó de golpe, cubriéndose el rostro —. ¡Lo siento, lo siento, lo siento!

Esperó lo peor, pero, muy al contrario, notó que Elsa estaba callada.

Por su parte, la rubia internamente intentó calmarse y mostrar tranquilidad, aunque muy en el fondo quisiera estallar y votar mi*rda. Si la intención de Anna era verla cabreada, no lo conseguiría. No le daría el gusto, tenía que ser más inteligente, hasta ahora había jugado sin un oponente. Era su turno.

— Así que eso dijo.

— Sí, majestad... en verdad, disculpe, yo...

— Bien, entonces, me vestiré mejor.

— ¿De verdad? — Gerda no esperaba esa reacción.

— Claro... ¿Quién soy yo para desobedecer a la reina? Vamos, Honey, acompáñame. — dijo con tranquilidad, una tranquilidad que asustó a ambas.

— ¿A dónde va, majestad?

— A cumplir las órdenes de mi querida hermana, voy a comprarme la ropa más "decente" que encuentre en todo el reino.

— Majestad...

— Buen día, Gerda.