Luego de aquel incidente, Elsa trató de no tomarle importancia a lo acontecido para no alarmar a Honey, ya que ella se veía preocupada, las últimas palabras de Elsa habían dado que temer.
Sin embargo, su plan de encontrar la "ropa adecuada" aún estaba en su lista, en definitiva no lo olvidaría. ¿Su hermana la quería decente? Bien, así sería.
Se arregló junto a Honey y, luego de un refrescante baño juntas, salieron a cumplir lo pactado, junto a Olaf quien prácticamente se interpuso. No tenían opción.
Fue una mañana muy caótica, entre musicales, teatro, compras, chocolate y muchas cosas más. Estuvieron tan entretenidos que les tocó almorzar fuera.
Ya eran las 4 de la tarde cuando se disponían a regresar. Honey no sentía sus pies y Olaf saltoneaba de un lado a otro como si no hubiese perdido energías. Era como un niño después de todo.
- Dios...mis pies me están matando.
- Pudimos ir en un carruaje, pero no quisiste. - soltó Elsa divertida, ella no se había cansado del todo, supuso que era por lo que ya era de ahí.
- ¿Y perderme la vista de tus curvas? no lo creo.
- ¡Honey!
- jajajaja.
- ¡Tonta!
- ¿De qué curvas habla Honey, Elsa? - preguntó el muñeco poniéndose en medio de ambas.
- De...ammm - "¿porque siempre tiene que ponerme en aprietos?" - ¡Oh mira! una tienda.
Habló antes de que Olaf pudiera decir algo, ya no quería más preguntas incómodas.
- ¿Otra tienda? - Honey ya no podía.
- Si...anda, prometo que llegando voy a consentirte mucho - eso último lo dijo en un susurro para que Olaf no escuchara.
- Eso suena muy bien...
- Vamos ven - prácticamente la jaló dentro.
Al ingresar, se dieron cuenta que era una tienda de zapatos y vestidos preciosos. Había de todo tipo, cortos, largos, ceñidos, con abertura, V- neck, entre otros. Elsa nunca había ido ahí, puesto que, todos sus vestidos se hacían en palacio o bien ella los recreaba con su poder. Por lo que, al verla, los dueños se sorprendieron.
- ¡Majestad! Que sorpresa ¿que se le ofrece?
- Tienen unos vestidos preciosos... ¿Puedo verlos todos? - a Elsa se le iluminaron los ojos al ver a su alrededor, no sabía de ese pequeño rincón, debía ser una tienda nueva, supuso.
- Permítame sugerirle algo según lo que esté buscando, dígame alguna característica.
- ¿Usted conoce el significado de decencia?
- Claro majestad.
- Bien, tráigame un vestido que represente exactamente lo contrario.
- ¡¿Que?!
- Ahora.
- Pero majestad usted es...
- Sin ánimos de ofender creí que su trabajo era ayudar a la clientela de Arendelle, no cuestionar sus gustos.
- Pero majestad...
- ¡Ahora!
- Está...bien. - En ese momento, el jefe de tienda hizo un ademán con el dedo y los trabajadores del lugar hicieron lo suyo. Se encargaron de traerle los vestidos más provocativos que tenían, ceñidos al cuerpo, cortos, sin mucha tela y más dando a la imaginación.
Elsa en el fondo estaba nerviosa, sin duda eso era romper las reglas, pero ahora era diferente, ya no tenía miedos, además ¿su hermana quería decencia no? pues le daría un poco.
Honey estaba en shock y Olaf no entendía nada, solo jugueteaba por los rincones.
Luego de buscar entre las opciones finalmente encontró el indicado.
- ¡Este! - lo sacó de entre todo el montón y quedó fascinada. Era un vestido color negro. Tenía el famoso corte V con escote, que resaltaría sus pechos, corto hasta antes de llegar a las rodillas con una abertura en el lado izquierdo del vestido en diagonal, espalda descubierta y un corte sirena que de seguro resaltaría sus caderas.
En ese instante se dio cuenta que faltaba algo, zapatos. Dio una vista al panorama y vio unos tacones del mismo color, inmediatamente quedó encantada. Eran estilo "Stiletto" de punta al final.
Los cogió sin dudar y entró al vestidor a cambiarse. A los pocos minutos salió y todos los presentes quedaron sin habla. Elsa se veía hermosísima, sexy, sensual, toda una mujer que, sin duda, pondría a cualquiera a sus pies. El color negro contrastaba de una manera magnífica con su nivea piel.
Ese vestido hacía de las suyas con su cuerpo, le resaltaba hasta lo más recóndito, sus niveas piernas gracias a la abertura, caderas por el corte sirena, pechos por el escote, la espalda descubierta le otorgaba una sensualidad indiscutible, y los tacones le daban digno porte de una reina.
Le dio su estilo agregándole pequeños toques escarchados al vestido producto de su poder, y una pequeña cola semitransparente con caída, tal y como había hecho con sus otras creaciones de vestidos de hielo. Se soltó el pelo y se lo dejó caer.
- Wow...- el encargado de la tienda fue el primero en reaccionar - Majestad se ve...
- Gracias. - respondió la platinada con una sonrisa y totalmente decidida. El verse al espejo y darse cuenta de lo que tenía le había dado esa seguridad, era jodidamente bella.
Honey estaba frente a Elsa mirándola anonadada, no había hablado. Se hallaba embobada mirando sus curvas, su cuerpo, ese vestido la hacía ver tan...
- Honey.
- ¿Ah? ¿qué?
- ¿Nos vamos?
- ¿Ah? si si...
En todo el camino Honey no habló, sólo sus ojos la representaban, no podía ser más obvia. Elsa lo notó y eso aumentó su confianza, ya que no solo era ella, sino todo Arendelle. La gente la saludaba y jalaba miradas...muchas miradas.
Al llegar a palacio su sola presencia llamó la atención, los guardias se quedaron idiotas, dejándola pasar inmediatamente.
- Majestad…
- Buenas tardes caballeros - saludo con elegancia y luego de perder de vista a Olaf, se dirigió con Honey a su recámara, con obvias intenciones.
Cerró la puerta tras de sí, y la empujó a la cama para besarla y tocarla. No habían tenido sexo como se debía y sentía que ya lo necesitaba. La morena al inicio le respondió, tocando su cuerpo y besando sus labios con fervor, sin embargo, luego de que Elsa se posicionara en sus caderas para bajar en un camino de besos por su cuerpo, se dio cuenta que Honey no respondía
- Me encantas Honey... - silencio - ¿Honey?
Había caído dormida.
No podía ser cierto, al inicio hizo un mohín, pero luego entendió, recordó que había estado cansada, ¿Cómo pudo no preguntarle si quería descansar?
La arropó con cuidado para luego arreglarse el vestido, dejarse caer el cabello y remarcarse los labios con ese labial color vino que siempre usaba, ya que producto de los besos con Honey se había corrido.
De esa manera, se dispuso a salir a tomar aire al jardín. Besó los labios de la morena y salió finalmente.
- Descansa.
En el camino pudo escuchar música provenir del salón de baile, la curiosidad pudo con ella así que desvió su camino hacia allá. Al llegar a este, vio a la instructora y a su cuñado que daba lo mejor de sí para seguir los pasos de baile, que supuso, estaría practicando.
- Ha mejorado considerablemente Lord Kristoff, sin embargo debe seguir practicando, tiene que estar a la altura esa noche.
- ¿Solo Kristoff sí? - pidió nuevamente, esos sobrenombres no le iban al recolector de hielo.
- Como desee, mi jornada acabó por hoy, le deseo buenas tardes.
- Igualmente.
Luego de que la instructora se fuera por la puerta contigua y dejara solamente a Kristoff y a los músicos, Elsa se quedó observando atenta y dudosa por lo que se había dicho antes.
¿Noche? ¿Qué noche? ¿Que se iba celebrar?
Necesitaba saber, por lo que no dudó en hacerse notar haciendo resonar su fino tacón.
- Hola Kristoff.
A Kristoff casi se le sale el corazón cuando la vió, por el susto y por como estaba vestida, era demasiado para sus ojos.
- ¡Dios Elsa! - de inmediato quedó estúpido, no era bueno disimulando.
"Wow... ¿ella es mi cuñada?"
- ¿Puedo saber a qué noche se refería la instructora?
- ¿Ah? ¿Que?... - Kristoff se hallaba en las nubes, si antes la sola presencia de Elsa lo ponía nervioso, ahora con ese atuendo era aún peor. Sentía que comenzaba a hiperventilar, y razones, sobraban.
- De qué noche hablaba la instructora. - recalcó.
- Ah eso, es que… -"Demonios concéntrate" Se cacheteó mentalmente y levantó su mirada traicionera que por inercia se había desviado por lugares indebidos. Eso no estaba bien, pero no podía evitarlo.
- Va a ver una celebración en Arendelle, algo así como un aniversario celebrando la paz entre el reino de Arendelle y los de Northuldra...y pues...
- ¿Así?
- Si...
- ¿Y cuándo será?
- En dos días...
Ahí Elsa se enervó, ¿Cómo era posible que siendo parte del castillo no supiera estas cosas? ¿Acaso su hermana pensaba no decirle? O lo que es peor... ¿excluirla? con esas actitudes no sabía que esperar ¿Estaba tan ardida que ahora no hablaba ni de eso con ella? Ella también era parte de la corona.
Además, ella siempre la tenía al tanto cuando era reina, ¿Cómo era posible? eso la enfadó al tope, definitivamente no se iba a quedar así, ahí se le ocurrió una idea.
- Ya veo, ¿y ya has aprendido lo suficiente?
- ¿Aprender? ¿de qué o qué? - seguía en las nubes.
- Tus clases de baile.
Elsa se mantenía firme en su lugar, con una mirada neutral y mística, jugueteando con su tacón. Kristoff, por su parte, sentía que se estaba agitando y sofocando cada vez más. Tenía las mejillas un tanto subidas de tono. La presencia de Elsa con ese vestido lo ponían en alerta.
- Pues algo...la verdad llevo practicando meses...solo espero no decepcionar a Anna.
- Eso habrá que verlo.
- ¿Que?
Hubo un rotundo silencio, hasta que vio a Elsa acercarse a él haciendo resonar su fino tacón en el salón. Toda firme y decidida. Segura y con una sonrisa que haría temer al mismo diablo. Sus sentidos se nublaron al oír su proposición.
Ese atuendo, esas curvas y ese tacón, superaron a Kristoff, ahí lo supo, estaba perdido.
- ¿Bailamos?
- Yo...
- ¿Que pasa Kristoff? ¿Le vas a negar una pieza a tu cuñada?
En ese momento, las niveas manos de Elsa agarraron las suyas para empezar la danza sin siquiera pedirle su permiso. Una quedo en su hombro y otra unida con la mano de este. Kristoff lanzaba gritos internos, no podía, no con toda la visión que le otorgaba Elsa. Ese vestido parecía un castigo para sus ojos.
"Diablos..."
- N-no...claro que no...
- Eso creí... ¿Señores? - Elsa hizo una seña con la mirada y estos entendieron inmediatamente. La canción empezó a sonar, pero a diferencia de la anterior, esta era más tenue, lenta, sensual y seductora.
Hecha a base de violín, guitarra y piano.
- No sé si pueda Elsa, yo no...
- Déjate llevar
La platinada en ese instante observó la mano faltante, esperando a que Kristoff la cogiera de la cintura, pero este no hacía más que mirarla pidiendo su permiso, así que Elsa lo guió, poniendo su mano libre en su cintura y ajustando los cuerpos.
- Tranquilo...no voy a morderte.
- Lo siento...
- No te preocupes.
De esa manera empezaron la danza.
Kristoff quedó sorprendido, Elsa bailaba muy bien, y él toda su vida pensó que la única bailarina era Anna.
Esa elegancia y esa sensualidad que desprendía su cuñada comenzó a marearlo. Su visión de cuando en cuando lo traicionaba bajando hasta su escote. Luego se cacheteaba mentalmente.
Al inicio se le dificultó un poco, hasta incluso pecó de torpe por lo nervioso que estaba, pero luego pudo seguirle los pasos, pensó que quizás era por los meses que había estado practicando, algunos pasos se parecían, sin embargo, otros no.
Hubo un momento en el que nuevamente su vista lo traicionó y estos bajaron a su escote, perdiéndose de nuevo. Era inevitable.
- Estoy aquí Kristoff.
- Lo siento, lo siento, lo siento en verdad Elsa yo no…
Se sintió a morir, al levantar la mirada la vio, se dio cuenta que tenía la vista fija en él, mirándolo intensamente. Había sido pillado.
- Descuida. - soltó como si nada y siguió con la danza. En un momento dado, su cuerpo dio la vuelta y la rubia quedó de espaldas a él.
Nuevamente le tocó a ella guiar sus manos, una quedó atrapada en sus caderas y la otra entrelazada con sus dedos suspendida en el aire.
La danza siguió su curso, el cuerpo de Elsa se movía con tenacidad, misterio y una sensualidad desbordante. Sus gestos se mantenían relajados y sus ojos cerrados disfrutando de la pieza. En tanto Kristoff, hacía lo posible por mantener el control, su boca tragaba duro cada vez que la sentía moverse, y su cuerpo… ni que decir.
Este se hallaba preso de su cercanía, su contacto, era un toque helado, diferente…
Uno que le erizó hasta el último poro de su piel.
En ese instante olvidó que se acostó con su mujer, Kristoff era hombre y Elsa era peligrosamente bella.
"Mierda, mierda, mierda"
Los movimientos de su cuñada eran mortales, tener todos sus atributos rozándole en donde no debían lo harían perder la conciencia en cualquier momento.
A los pocos segundos, Elsa ladeó el cuello, dejando la clavícula expuesta, después, , movió la mano que estaba suspendida en el aire junto a las suya para aterrizarlas en sus caderas. De esta forma, ambas manos del recolector quedaron atrapadas en sus curvas y ella, por consiguiente, mas cómoda.
Ya en esa posición, empezó a moverse con más libertad y sin tapujos, contorneando sus caderas poco a poco.
- Ay dios... - soltó bajito y tragó duro.
- ¿Qué ocurre Kristoff?
- Na-nada...
- Solo disfruta. - la platinada tiró su cabeza para atrás, dejando expuesto su cuello, dándole una total visión al recolector de hielo.
- Si... - empezó a arder y su amiguito amenazó con hacer presencia. "¡Ahora no!"
Muy tarde...
Finalmente, Elsa volteó para hacer contacto visual y al girar, lo hizo de golpe, no dándole tiempo a reaccionar, quedando a centímetros del rostro y labios de su cuñado.
"Jacke mate"
Ahí lo vio. Estaba ardiendo, nervioso, agitado, sus ojos hechizados y sin habla.
Verlo así le dio satisfacción interna ¿Cómo culparlo?
- ¿Estás bien? Estas rojísimo. - se atrevió a preguntar ya sin pena, y con ligero sarcasmo en sus palabras.
- Si...solo que...hace calor... y...
"Estás casado, estás casado, estás casado"
- Ah.
- Dios... - soltó casi inaudible y con voz ahogada, su cercanía lo mataba.
- ¿Perdón dijiste algo?
- N-no..
En respuesta, obtuvo silencio de su parte y continuaron con la danza manteniéndose en la misma cercanía. La mirada de Elsa era neutral, altiva, intensa y misteriosa, sin embargo para Kristoff era una verdadera tortura tenerla tan cerca. Quería que acabara ya, no quería hacer algo de lo que después se arrepintiera.
A pocos minutos de que la pieza terminara, para darle un digno final, Elsa echó su cuerpo para atrás y mientras iba dejando caer su peso sensualmente, su pierna libre se enganchó en la cintura de su cuñado. Kristoff la atrapó por inercia y su mano derecha sostuvo su muslo mientras que la otra sostuvo su espalda.
Esos pocos segundos que la tuvo sostenida en el aire le supieron a gloria.
Pudo verla enteramente, su cuello, su rostro, su escote, la caída de su cabello níveo, sus ojos…
Todo en ella era indescriptiblemente hechizante.
"Diablos... Elsa"
- Lo has hecho bien Kristoff. - dijo Elsa sin romper la posición.
- Gracias... - soltó ya sin poder ocultar la cara de estúpido que llevaba.
Elsa en respuesta le regaló una sonrisa. Pero fue una de suficiencia, una ladeada, de poder; digno de una reina.
A él poco le importó, quedó idiotizado, fueron segundos...hasta que se escuchó que alguien se aclaraba la garganta para darse a notar.
Kristoff levantó la mirada y al darse cuenta de quién era, palideció como si hubiera visto al mismo diablo.
Era Anna, quien al parecer se había ganado con todo el numerito.
En cuanto a Elsa, giró el rostro y al verla, en sus labios se formó una sonrisa, una que dio a entender que con ella no era la cosa, porque claro, había sido un simple baile... ¿no?
"Ups..."
