- ¡Anna! - Kristoff estaba en shock, con cara de perrito asustado. De no ser porque Elsa se aferró a su cuello, la habría votado al suelo del susto.
Aunque estuvo tembloroso, se incorporó junto a Elsa esperando su sentencia. Lo que le pareció raro, fue que ella estaba de lo más normal. Se hallaba tranquila y con una sonrisa de suficiencia en el rostro.
La sala se llenó de tensión, una tensión que podía ser cortada con un cuchillo. Fueron segundos largos, hasta que Anna habló:
- Vaya... qué bonito... - Anna empezó a aplaudir secamente, su mirada se volvió socarrona.
- No sabía que bailabas tan bien Kristoff ¿de cuándo aquí eres tan buen bailarín mi amor? - escupió, mirándolo intensamente.
- Estuve...estuve...practicando... Anna escucha yo...
- Cállate.
- Ok, mi vida...
- Y tu Elsa.
Sus ojos se clavaron en ella intensamente, con desafio, estudiándola, mirándola de pies a cabeza, a través de ese vestido tan provocador.
- Dime Anna
Elsa imitó su posición, parándose con elegancia, ya no había ni una pizca de nervios en sus ojos, tan solo una sonrisa de suficiencia y coquetería que no desaparecía de su rostro, distaba de la persona que había visto ayer en la cocina.
- ¿También bailas? ¿Hay algo más que deba saber?
Esa sonrisa coqueta la descolocó, haciéndole hervir la sangre.
- Se hacer muchas cosas Anna, que no las ponga en práctica es muy diferente.
- Nunca me dijiste.
- Nunca preguntaste.
- Claro, tanto tiempo encerrada.
- Chicas...porque no...
- ¡Silencio Kristoff! - Anna explotó, mirándolo con ira.
En ese instante, Elsa decidió que ya era suficiente, por lo que acotó con el mismo semblante, cortando la tensión.
- Bueno, bueno...supongo que tendrán mucho de qué hablar, así que me retiro, solo no se pierdan la cena, habrá muchos chocolates y platos riquísimos a mi petición, nos vemos luego, Kristoff.
Se acercó y le dio un acentuado beso en la mejilla, dejando su labial marcado en él, y, sobre todo, a Kristoff todo estúpido y a su hermana en shock.
- Hasta luego... Elsa. - soltó este, anonadado.
- Espero no te moleste cuñado. - se dirigió a él una vez más, mirándolo con el rabillo del ojo antes de salir.
- ¿Molestarme? ¿Molestarme qué? - el rubio no entendía, aun estaba ido
Entonces, lo vio. Fue testigo de cómo Elsa se acercó a su esposa y presenció el beso con lengua entre dos mujeres más caliente y sexy que había visto en toda su vida.
"Oh mierda..."
Sintió su miembro crecer lentamente.
- Mmmm… ~
Elsa soltó un ligero gemido al separarse y Anna quedó con los ojos abiertos en total shock. Si bien es cierto, estaba enfadada con ella, pero ese beso la había descolocado, haciendo que su cuerpo involuntariamente se estremeciera y logrando excitarla sin remedio.
- No vayas a faltar a la cena.
Le susurró suavecito al oído, apretando con fuerza su trasero y soltándole una sonora nalgada que retumbó en todo el salón.
Anna al sentirlo, dio un respingo por inercia y sus ojos se abrieron de par en par por la impresión ¿Que había sido eso?
- Nos vemos en la noche, hasta entonces
Se alejó como si nada y salió de la estancia haciendo resonar su tacón y con una sonrisa que no lograron ver por su posición, dejando a todos los presentes sin habla.
Ya solos, estuvieron unos segundos en silencio, hasta que Kristoff habló:
- Anna respecto a lo que viste...
- Ahora no Kristoff - soltó Anna, tajantemente, cubriéndose la boca, ocultando el labial disperso en sus labios a causa del beso. Sintió que no era momento, había sido besada y nalgueada por su propia hermana frente a su marido. No tenía cara para discutir, y por lo pronto Kristoff tampoco.
- Ok...
-o-o-o-
Ya de noche, Elsa se encontraba en su habitación descansando junto a Honey, aguardando para la cena.
Había sido sin duda una tarde caótica, con sólo recordar la cara de su hermana y su cuñado, su sonrisa volvió a su rostro y no pudo evitar reírse en monólogo. Sus rostros sin duda eran dignos de retratar.
- Mmmm Elsa...- era Honey, quien despertaba lentamente a causa de su risa.
- Oh, Honey despertaste...
- Si... ¿Me cuentas el chiste? - preguntó somnolienta.
- No es nada, solo recordé algo... ¿Qué tal dormiste? - se acercó para darle un beso suave, acariciándole lentamente sus negros cabellos.
- Como un bebé...estoy como nueva.
- Me parece excelente... ¿tienes hambre?
- Un poquito...
- Entonces vamos, he pedido un banquete enorme y habrá mucho, mucho chocolate.
- Wow ¿enserio?
- Claro, vamos ya... levantate, debes estar hambrienta.
- Ok.
Antes de salir, Honey se dio una ducha rápida y se cambió sus prendas. Por su lado, Elsa también se arregló acentuándose de nuevo el maquillaje y parte de lo que quedaba del vestido. Cuando estuvieron listas salieron al comedor.
Al llegar, los encargados de la comida les dieron la bienvenida con una reverencia y finalmente les cedieron el asiento.
- ¿Necesita algo más majestad? - preguntó uno de los encargados.
- Por ahora está perfecto, pueden retirarse caballeros... gracias.
- Con su permiso. - hicieron una reverencia y finalmente salieron de la estancia, dejándolas solas.
Ambas estaban posicionadas una al lado de la otra.
-o-o-o-
- Wow - Honey no cabía de la impresión al ver tanta comida. - Es demasiado...
- Tu solo disfruta Honey. - aprovechó para robarle un beso - Has visto todo en Arendelle, pero te falta probar los platos más típicos, así que no lo pienses...
- Aguarda... ¿Este banquete es por mí?
- ¿Y por quién si no?
- Aww... que linda - le devolvió el beso con ímpetu, a lo que Elsa respondió de igual manera, besándola con ganas. - Gracias Elsa.
- No me agradezcas - se dieron otro beso corto y sin más, empezaron a comer.
Fueron segundos, hasta que Honey decidió romper el silencio:
- Elsa... ¿Puedo preguntarte algo?
- Dime.
- Tengo curiosidad...bueno... - esta aún no sabía cómo abordar el tema.
- ¿Curiosidad? ¿Curiosidad de qué? - Elsa giró el rostro para verla, la notó un poco nerviosa, como si quisiera confesar o decir algo.
- Hey...tranquila ¿Confía en mí sí? - agarró su mano para que cogiera más confianza. - Anda dime...
- Bueno - finalmente se armó de valor - Hoy en la mañana cuando tú y yo estábamos en la habitación...ya sabes...
No pudo continuar, por lo general era muy directa, pero esos temas sí que le hacían tener bastante pudor.
- ¿Teniendo sexo? - completó Elsa.
- Si...
- ¿Qué hay con eso? Acaso... ¿Hice algo que no te gustara? - Elsa amenazó con quitar su mano bajando su tono de voz.
- ¡¿Que?! No no no no, Elsa me encanta hacerlo contigo, eres fantástica - le volvió a agarrar las manos.
- ¿Entonces?...
- Es que hoy mientras lo hacíamos...dijiste que te gustaba hacerlo...pues... - después de un suspiro lo soltó - Fuerte.
- ¡Oh! eso...- el semblante de Elsa cambió a uno más coqueto, pícaro - ¿Qué quieres saber?
- Que me expliques... y a detalle
- Pues...- la rubia empezó a juguetear con sus cabellos - No es gran cosa, empecé con los dildos desde que me convertí en reina y...
- ¡¿Tienes dildos?! - Honey sintió atorarse con la comida que llevaba, empezó a toser atropelladamente.
- Honey...calma ¿Estás bien? - Elsa palmeo su espalda para ayudarla.
- Si... espera... ¿Enserio tienes dildos? - dijo ya recuperándose, tomando un poco de agua.
- Si, con correa y de todos los tamaños - su rostro mostró una sonrisa traviesa.
- Wow Elsa...- eso ya era demasiado, pero le excitaba, y mucho.
- ¿Porqué? Acaso…- se acercó a la morena con travesura en sus palabras. - ¿Quieres probar?
- Más que recibir me gustaría...- su cercanía la hizo arder - Darte.
- ¿Enserio?
Inmediatamente salió de su lugar y se posicionó en las caderas de Honey a horcajadas, encajando perfecto en la silla comedor, quedando frente a frente.
- ¿Qué tanto?.. - la abrazó del cuello y su voz volvió rasposa, diferente. Se concentró tanto que se olvidó por un momento que estaban en el comedor.
- Tanto como te guste... - las manos de la morena subieron por su muslo, levantándole peligrosamente ese vestido negro.
- Que te puedo decir... me gusta fuerte - sus palabras se volvieron sugerentes, calientes, luego se acercó lo suficiente a su oído y le susurró en ese tonito en particular- Duro.
Eso terminó por calentarla, sí que era una caja de sorpresas. Sin avisar, la agarró firmemente de las nalgas y empezó a dar besos largos y mordidas en su cuello, sacándole pequeñas risas por las cosquillas. Era una zona muy sensible para ella.
- Honey...- Elsa se removía juguetonamente dejándose hacer - Espera, espera...oh...
-o-o-o-
- Buenas noches - El portón resonó y Anna hizo acto de presencia en ese instante, logrando ver todo el numerito. Venía junto a Kristoff, quien en ese momento tenía cara de cachorrito herido.
Honey al darse cuenta dio un respingo y paró su labor de inmediato, se sintió a morir de la pena. Elsa, por el contrario, ni se inmutó, por lo que volvió a su sitio como si nada.
- Llegaste Anna. - Elsa le realizó una reverencia por cortesía seguida por Honey quien la imitó, sin embargo; la morena no se atrevió a articular palabra. Estaba sonrojada de la pena, muda.
- Así es...siéntate a mi lado Kristoff - ordenó con la mirada dura y taciturna. Honey lo notó y eso la hizo empequeñecer aún más.
Kristoff hizo caso sin chistar, le cedió el asiento a su mujer y luego se sentó él, quedando ambas parejas frente a frente.
Los del servicio llegaron nuevamente preguntando si se les ofrecía algo, pero Anna los derivó rapidísimo, alegando que no necesitaban nada más, que todo estaba perfecto.
Al irse, quedaron solamente los cuatro, comiendo en silencio. Anna miraba intensamente a sus acompañantes, sobre todo a Honeymaren, y esta no hacía más que comer evitándole el contacto visual. Sintió tragar duro.
En el comedor se formó una tensión el doble de feroz que la que hubo en el salón de baile, una muy larga e incómoda. El silencio los acompañó unos cuantos segundos más, hasta que la reina finalmente empezó la conversación:
- Entonces...Honeymaren...
- ¿Ah? ¿Yo? - Honey sintió dar un salto del susto.
- ¿Hay otra?
- No Anna...
- Alteza para ti.
- Sí, Alteza... - tragó duro de nuevo
- ¿Qué hiciste con Elsa el día de hoy? tengo entendido que te hizo todo un tour por Arendelle.
- Así es...tengo que admitir que es un lugar muy pintoresco. - con dificultad intentó seguir la conversación.
- En efecto lo es, lástima que haya tenido reinas tan...- buscó la palabra y sus ojos se fijaron en Elsa - descaradas.
- ¿Disculpe?
- Pero - hizo caso omiso a su comentario - siempre hay reinas que pueden cambiar eso... ¿No crees? - su mirada se fijó en ella con más intensidad.
- Yo...
- Chicas...el vino está buenísimo no creen que...
- Cierra la boca Kristoff
- Si, mi amor.
- No te escucho, Honeymaren - recalcó su oración
- Ahh...pues... - un rojo intenso se tiñó en sus mejillas, en ese momento quiso que la tierra se la tragara.
- En realidad - Elsa decidió intervenir, no la iba a dejar sola - Hicimos mucho hoy... ¿Verdad mi amor?
"¡¿Mi amor?!"
- Si...- Honey estaba hiperventilando, pudo ver la cara de Anna, de no ser por Elsa, probablemente se le iba encima.
- Fuimos al teatro, a la feria, comimos chocolates, el coro de los niños fue fantástico, ¡Oh! y a petición tuya - hizo hincapié - Me compré este vestido ¿A que no es hermoso? - se incorporó un poco para que vieran los detalles.
- Es bellísimo...- articuló Kristoff sin querer, dando a conocer su pensamiento en voz alta, cuando se dio cuenta de su acción quiso morirse, no pudo haber sido más idiota.
- ¿Dijiste algo Kristoff? - Elsa lo motivó a continuar, había escuchado eso perfectamente.
- Kristoff cállate - Anna no lo dejo continuar.
- Que malcriada...- soltó Elsa más para sí misma en un susurro, pero se había escuchado lo suficiente.
- ¿Qué dijiste Elsa?... - Anna sentía que votaba fuego de la furia.
"¿Cómo se atrevía?"
- Dije - Elsa acentuó más sus palabras mirándola directo a los ojos. - Malcriada, eso es lo que eres.
- ¿Enserio? ¿Lo dice quien se regodeó con mi marido en el salón de baile con un vestido de verdulera? ¿Ahora soy yo la malcriada? - Anna la miraba desafiante, Elsa no rompía su posición y ella tampoco, había una tensión terrible.
- ¿De verdad Anna? - Elsa no podía creerlo - Fue solo un simple baile... - soltó con simpleza - No tengo la culpa que por tu inseguridad veas cosas donde no las hay.
- ¡¿Me estás diciendo insegura?!
- En efecto.
- Cómo te atreves...
- Si no es así déjalo hablar, reina o no, es de muy mala educación callar a las personas y no dejarlas expresarse, sobre todo si se trata del futuro rey de Arendelle. - se dirigió al que fuese su cuñado - Anda Kristoff termina lo que estabas diciendo.
- Yo... - el recolector no sabía dónde meterse.
- No te atrevas Kristoff...
- Elsa será mejor que prosigamos por que no...
- ¡Habla! - Elsa alzó la voz, y más que por miedo o por otra cosa el recolector habló, marcando su sentencia de muerte.
- Te sienta bien...te hace ver muy guapa
- ¿Ves? no es tan difícil.
- ¡SUFICIENTE! - En ese instante Anna golpeó la mesa con sus manos dejando helados a Honey y Kristoff, menos a la mayor, ella seguía impávida en su sitio. Su mirada se centró en Elsa, le iba a decir su vida cuando….
-o-o-o-
- Majestad disculpe la interrupción - el encargado de eventos apareció tras tocar levemente la puerta
-La solicitan urgente para la reunión sobre la fiesta de aniversario que se llevará a cabo en pocos días.
- ¿Fiesta? - la platinada alegó demencia, lo sabía, pero solo quería molestarla. - Que bárbaro...¿y porque no estoy enterada?
- Creímos que su hermana la tendría al tanto majestad...
- Lamento informarle que no, aunque no la culpo, últimamente se le olvida decirme muchas cosas. - sus miradas seguían clavadas la una a la otra.
- Iré enseguida - dijo la menor con aire tétrico - Ahora por favor...retírense.
- Majestad es ur..
- ¡LARGO!
- Si...majestad. - los encargados salieron rápidamente, ver a la reina así los hizo empequeñecer.
Nuevamente se hallaron solos, pero esta vez Elsa tomó la delantera, ya quería irse.
- Bueno, de verdad me encantaría quedarme, pero tengo pendientes así que me retiro, vámonos Honey - agarró la mano de la morena con la intención de salir, pero Anna la detuvo, llegando a alcanzarla.
- Quédate - la agarró fuerte del brazo
- ¿Perdón?
- Dije que te quedes, es una orden.
Al oír su tonito, Elsa se soltó de su agarre con brusquedad, no se lo iba a permitir, aunque le costó logró hacerlo.
- Creo que te estás equivocando, serás reina, pero sigo siendo tu hermana mayor, así que me respetas. - dijo con porte y la vio de manera desafiante. Luego, remarcó
- ¡Oh! casi lo olvido - sacó de su pequeño bolsillo un contenedor de plástico diminuto. - Es para ti.
- ¿Qué es esto? - Anna lo vio con curiosidad, al abrir la cajita se dio cuenta.
- Son orejeras, hoy en la noche haré el amor con Honey hasta decir basta y es probable que grite demasiado, entonces, cómo sé que eres susceptible al ruido, te los traje, no quiero interrumpir tu sagrado sueño.
Anna comenzó a arder, temblando en su sitio de las iras. Los demás presentes estaban atónitos, sobre todo Honey, no se esperó tal cosa.
- Hasta luego Kris - dijo Elsa, y sin más salió de la estancia junto a Honey, dejando a la "feliz pareja" en soledad.
"¡¿Kris?!"
-o-o-o-
Al quedarse solos, Kristoff la miró suplicante, era hombre muerto.
- ¿Con qué guapa no? - Anna se acercó a él y no con intenciones de darle cariñitos, su puño derecho empezó a alisarse.
- Mi vida podemos discutirlo...
- Yo te voy a enseñar lo que es ser guapa ven acá. - finalmente logró alcanzarlo
- Mi vida no no no no...au au ¡Anna espera!
¡#%#^#^#&% #$!
