Luego de aquella durísima pelea, y de haber buscado por el castillo entero a su hermana, Anna cayó de rodillas. ¿Qué había hecho? Su corazón empezó a doler infinitamente y las lágrimas se hicieron con su rostro, llorando sin más.

Por su parte, Elsa regresó al bosque también entre lágrimas. Le dolía el pecho inimaginablemente. Estaba destrozada. Cuando llegó lo primero que hizo fue buscar a Honeymaren, y sin darle ninguna explicación, le pidió que le hiciera el amor, que no hablara, que solo la hiciera suya.

La morena acató sin más, después de todo quería a la platinada. Aquella noche hicieron el amor hasta decir basta, se arrancaron las ropas y se hicieron una sola.

Al terminar la faena, Honey preguntó qué le pasaba. Elsa estaba taciturna, no hablaba, Honey sentía que se estaba conteniendo algo, algo que debía soltar. Aún mantenían sus cuerpos desnudos y agitados en esa carpa a la luz de la luna.

Por más amigas o novias (?) que fueran, sabía que Elsa era muy reservada, no se abría fácilmente con la gente. Si a veces le era complicado con Anna, supuso que con ella era peor.

- ¿Elsa?

- ...

- Mira sé que…- se incorporó para verle el rostro y notó que sus ojos estaban vidriosos – No soy quien para…

- Abrázame.

- ¿Qué?

- ¿Abrázame sí?

- Ven aquí – Honey la acurrucó en su pecho y Elsa finalmente se desplomó, cayendo en llanto, votando todo.

- Eso…eso ya pasó… - Acarició sus cabellos platinados mientras afianzaba más su abrazo, velando por ella, dejando sus lágrimas correr, siendo su apoyo esa noche.

Anna por su lado, se la pasó encerrada en su habitación, esa noche durmió tal cual, desnuda y en ovillo, llorando toda la madrugada. Solo una sábana blanca llegó a cubrir su pecoso cuerpo.

Los días siguientes, fueron un total suplicio para ella, sin importar cuán triste estuviera debía cumplir con sus quehaceres como reina, pues una cosa no tenía que ver con la otra. Lamentablemente le tocó aguantar.

Sin Elsa, sin su aroma, su cuerpo, su compañía, sintió morir esos días. Había perdido su brillo, toda ojerosa y cansada de tanto haber llorado cada noche.

Se sintió estúpida y sucia por traicionarla, por haberse dejado llevar por algo tan profano, por el hecho de haber rechazado el amor honesto que le profesaba su hermana, pero sobre todo, por haberse atrevido a tocarla.

Se sentía la más sucia escoria de todas.

Estuvo más de una semana en ese cuadro depresivo. Su rutina se había vuelto un infierno, un total infierno.

Finalmente, cuando vio que ya era suficiente, una mañana se levantó y decidió ir a buscarla, a pelear por ella. No se daría por vencida tan fácilmente, ella no era de las que se rendía, no señor.

Agarró su caballo y, dejando Arendelle a cargo de su consejero de confianza, salió a buscarla al bosque con la esperanza de poder conversar con ella, pero muy contrario a lo que se esperó, sin querer se volvió a topar con el doloroso fenómeno de hace 13 años atrás.

Elsa le había cerrado las puertas, sus puertas. "Literal"

Pues cada vez que Anna venía a verla con la intención de hablar, ya que desde ahí se había repetido más de una vez, Elsa se refugiaba en su carpa asignada en el bosque y no salía, eso claro hasta que Anna se fuera, se aseguraba de eso. No quería topársela, ni siquiera verla, y eso mataba a la pelirroja.

La ignoraba por completo, ni una palabra, ni un hola, nada, como si no existiera. Su indiferencia era el peor puñal para ella.

Eso para Anna era un suplicio, fue un dejavu doloroso, ahora eran adultas y este encierro era netamente su culpa, de niñas no sabía, pero ahora sabía cada detalle y eso era mucho peor.

Lo único que notaba o que la mayor a duras penas le regalaba era su sombra gracias a la vela que alumbraba a través de la carpa.

Pues sus escapadas de la reina para verla eran de noche, eso debido a su apretada agenda en el palacio.

Anna no rechistó ante su acción, al contrario, la entendía enormemente, se merecía eso y más. Aunque la situación estrujaba su alma, decidió no rendirse. Al menos sabía que Elsa estaba tras esa puerta, o al menos…. tras esa carpa.

Fue así que poniendo manos a la obra mandó a todos sus súbditos a buscar esos chocolates negros que tanto le gustaban, fue toda una odisea, pues en efecto, no eran fáciles de conseguir, pero al final pudo dar con ellos.

Compró 365 cajas de chocolate negro junto a unas postales muy bonitas que mandó a personalizar con el rostro de un muñeco de nieve.

La enamoraría cada día, sin descanso. Ya había insistido a su puerta por 13 años, podía hacerlo toda una vida más. A pesar de que Elsa no le daba muchas opciones, se las ingenió y cada noche empezó a ir al bosque sin falta, con una caja de chocolate negro y una postal. Luego se sentaba al otro lado de la carpa y esperaba a que la vela se prendiera para poder hablar con ella.

Bueno… en monólogo, ya que lo único que recibía de la platinada era silencio, un duro y doloroso silencio. Extrañaba su voz.

Le contaba su día, lo que había hecho y lo mucho que la extrañaba. Después de hablar consigo misma se quedaba un poco más y finalmente regresaba al palacio, dejando en la entrada de la cabaña la caja de chocolate respectiva y su postal, la cual contenía escrito las razones por las que la amaba y por las que la necesitaba en su vida, seguido de un poema que escribía inspirándose en ella.

Esa rutina se repitió por los próximos meses, incluso había veces en los que se quedaba dormida fuera de la cabaña, esperando inútilmente que saliera. Pero no pasaba, Elsa no salía, contrario a eso, solo recibía un duro silencio y el hermoso chirrido del día.

La situación la estaba matando, tenía un hueco en su corazón.

Ya eran 3 meses, 3 largos y tortuosos meses que Elsa la ignoraba sin piedad, la extrañaba horrores. Necesitaba su aroma, su cuerpo, su risa y hasta sus regaños que la hacían rabiar.

Estaba desfalleciendo lentamente, pero ahí seguía. A veces al llegar al palacio luego de su visita respectiva a Elsa, se encerraba en el despacho y lloraba, lloraba hasta decir basta.

Sus lágrimas caían de la rabia, de la furia, por haber sido tan idiota, echándose toda la culpa. Sin duda la estaba pasando pésimo, sentía que se merecía cada suplicio, cada silencio, su indiferencia total.

Los únicos momentos en los que tenía paz era cuando dormía, pues ahí no sentía nada.

Los del palacio no fueron indiferentes, ni siquiera Gerda. La Anna que había conocido no era ni de lejos la que veía ahora. Ella era muy notoria, le costaba ocultar, no era como Elsa.

-o-o-o-

- Pasa Gerda – La menor había ordenado a su despacho una fuente de crepes de chocolate junto a un vino de la reserva para desahogarse. Esa noche había regresado de sus tantas visitas que le hacía cada noche a su hermana, sin éxito.

- Las crepes que ordenó majestad – la mayor se acercó con la fuente y el vino, dejando estos cautelosamente en la mesita del despacho.

- Gracias… - respondió la pelirroja sin mucho ánimo, estaba apagada.

- ¿Puedo preguntar que tiene Majestad? – Preguntó ya sin muchos rodeos la mayor, estaba realmente preocupada.

- Nada Gerda solo estoy cansada… - habló la pelirroja ya con los ojos brillosos, nuevamente al borde del llanto.

- Aja.

- De verdad no es nada…solo… - en ese instante su voz se quebró y empezó a llorar, otra vez. Gerda al verla inmediatamente corrió a su lado y la cobijó en su pecho, dejando que se descargara.

- Ay mi niña…- apretó su abrazo y Anna no hizo más que aferrarse a ella como niña chiquita, soltando todo – Eso… vota todo cariño.

- Fui tan idiota…. – habló entre sollozos

- No diga eso.

- Si, lo fui...

- No creo… ¿Qué pasó exactamente? – se atrevió a preguntar – Si se me permite saber claro – le levantó el rostro y secó sus lágrimas.

- Yo… la engañé, me porte sucia, vil, soy la peor de las hermanas Gerda.

- ¿Cómo? – Eso descolocó a la mayor

- La engañe con mi ex – marido, cuando se suponía que haríamos las cosas bien con Elsa, solo íbamos a hablar pero...

- ¿Pero?

- Me acosté con él, juramos que sería la última noche, pero luego pasó una y otra y otra vez…yo no sé...no pude...

- Wow.

- Si…

- Con todo respeto majestad, creo que si fue muy idiota

- Gracias – Anna la miró con reproche.

- Sin embargo – acotó la mayor y en ese instante cogió sus manos – Es humana, no ha nacido para ser perfecta – le regaló una sonrisa sincera – Le puedo asegurar que su hermana la extraña también y mucho.

- ¿Tú crees? – Anna la miró sacando su primera sonrisa en toda la noche y con ojitos de cachorrito herido.

- Claro, las he visto crecer…. y nunca he visto a dos personas que se miren con la adoración que lo hacen ustedes dos.

- ¿Cómo estás tan segura?

- Mas sabe el diablo por viejo que por diablo – dijo la mayor dándole una sonrisa – Confíe en mí y sea lo que sea que esté haciendo no se detenga, demuéstrele que sigue presente en su vida, así como lo hizo todos esos años de soledad.

- Gracias Gerda – Fue lo que Anna necesitó para recuperarse. Su nany tenía razón, no podía rendirse, no le dejaría el camino tan fácil a nadie y mucho menos a Honeymaren, que supuso estaría ganando terreno en su ausencia. Elsa era de Anna y viceversa, de nadie más.

- ¿Necesita algo más? – preguntó la mayor

- Ya has hecho mucho Gerda – sonrió – Aunque….

- ¿Si?

- No creo acabarme las crepes yo sola, necesitaré una mano.

- Usted siempre devora todo lo que contenga chocolate majestad.

- No hoy

- ¿Segura?

- Claro, ven siéntate.

- Bueno.

Fue así que al menos por esa noche, después de muchas lunas, Anna pudo sonreír. A duras penas pero lo logró, tener la compañía de su nany le sentó de maravilla, haciéndole olvidar aunque sea por esa noche; su fatídica suerte.

A la mañana siguiente despertó y la rutina se dio igual que siempre, firmas, reuniones, encargos, visitas y demás, ya quería que llegara la noche para ir a visitarla.

La rutina a veces podía ser cruel sin su hermana, la extrañaba muchísimo.

Llegada la noche, empleó su viaje a caballo hacia el bosque y su rutina nuevamente se llevó a cabo. Se desplomó sentándose al otro lado de la carpa que ocupaba su hermana esperando que la vela se prendiera para verla, su sombra por lo menos, pero esta no prendió, pasaron los minutos y nada.

Aun así, se dispuso a hablar en monólogo, como siempre. Supuso que estaría dentro y que no quería ser notada esta vez, la entendía. Solo esperaba que pudiera escuchar lo que tenía que decirle.

- ¿Hola Elsa, como estas? – Empezó su monólogo – Te cuento que hoy mi día fue caótico, estuve estresada por las reuniones y las benditas firmas, los señores del consejo me tienen loca con los acuerdos comerciales, hoy ni almorcé, honestamente no sé cómo podías con tanto…eres fantástica. – silencio

– Olaf llegó hecho un desastre, al parecer había jugado con unos niños del pueblo, regresó al castillo por partes ¿Puedes creer? – silencio - ¡Oh! y luego le sacó canas verdes a los del servicio, ya sabes lo eufórico que es, Kai terminó embarrado de chocolate jajaja fue muy gracioso – Otro silencio.

- Hoy te traje tu caja de chocolates negros acompañados de crepes, se lo mucho que te gustan también – nada – Y otro poema… me inspiré más, aunque claro, la poética aquí eres tu…yo soy todo un desastre – nada de nada.

- ¿Te extraño mucho sabes? - soltó con la voz temblorosa – Te extraño y te amo muchísimo, yo…- sintió un nudo en la garganta

– Ya han pasado tres meses desde la última vez que nos vimos y no hay día en el que me arrepienta de lo que hice, fui faltosa, una vil y sucia mentirosa, merezco todo lo que me está pasando, solo…- ya no podía más con el suplicio, necesitaba oír su voz una vez más, a esas alturas hasta un reproche o sus discusiones eran mejor que ese silencio ensordecedor que la estaba matando.

- Solo dame una señal, algo… anda… lo que sea…. ¿Quieres hacer un muñeco? No que estupidez ya estamos adultas obvio no – "Que idiota eres Anna" Se recriminó mentalmente – Podemos hacer otra cosa… ¡Oh ya se! ¡Un pene de hielo! o mejor aún… ¡Un muñeco que tenga pene de hielo! Diablos, no no no no, ya estoy mal, no me hagas caso. – "Cielos ya estoy loca"

- No lo sé, lo que tú quieras…. solo di algo Elsa…. por favor –Rogó por enésima vez, pero en respuesta, no recibió absolutamente nada.

- ¡Mierda! – Golpeó furiosa y frustrada la carpa ya sin poder contenerse, en el proceso escuchó algo moverse, era como una caja o algo así.

- ¿Elsa?... – aquel movimiento llamó tanto su atención que no dudo en ingeniárselas para abrir la carpa y entrar. Cuando por fin estuvo dentro vio que todo estaba oscuro, no había nadie, o al menos eso era lo que su corta visión le permitía ver.

Notó a duras penas que solamente había una pequeña cama con mantas, algunos vestidos de su hermana, una vela apagada y un pequeño baúl con cristales preciosos producto de su poder.

"Wow que hermoso"

La curiosidad pudo con ella, por lo que no dudo en acercarse al baúl y abrirlo, debía ser algo muy valioso supuso, ya que el baúl era llamativo, precioso.

Cuando vio su interior parte de su corazón volvió a su sitio. Eran sus cartas, todas y cada una de las que le había estado enviando a lo largo de esos dolorosos y largos meses. Estaban perfectamente ordenadas por fecha.

También notó las pequeñas y bellas cajitas de cada chocolate negro que se había estado comiendo día tras día, todas en fila y pulcramente ordenadas.

Elsa los había estado guardando, atesorando. Eso le dibujó a la menor una gran sonrisa. Gerda tuvo razón, Elsa la extrañaba, la amaba aun, y Anna moría por tenerla de regreso.

- Elsa…- abrazó sus cartas que ahora tenían aroma de su hermana con una sonrisa bobalicona en el rostro – Te amo tanto Els…

- Hola Anna.

- ¡Mierda! – Al escuchar esa voz tras su espalda sintió saltar del susto, al voltear se dio cuenta de que por desgracia no era Elsa, sino Honeymaren, quien entró como si nada a cambiarse. Al parecer llegaba de bañarse en el río, tenía apenas una toalla y el pelo todo suelto y empapado.

- Qué barbaridad contigo, ¿No te han enseñado acaso que irrumpir propiedad privada sin permiso es de mala educación?

- ¡¿Disculpa?! – La pelirroja sintió enchinarse de la rabia.

¡¿Cómo se atrevía?!

- ¿Elsa sabe que estás aquí? No creo que le agrade la idea de saber que has husmeado entre sus cosas.

- Es mi hermana, y eso a ti no te incumbe – Nuevamente la ira se hizo presente en su ser y unas enormes ganas de golpearla se apoderaron de ella, tal y como aquella noche en el baile.

- Claro que si Anna, me importa más de lo que crees.

- ¡Ja!, ¿desde cuándo?, ¿me vas a decir que ahora está contigo? Por favor… No eres más que la chica con la que se divierte.

- Eso no es lo que me dice cuando hacemos el amor... es fantástica. - dijo la morena con suficiencia mordiéndose el labio.

- ¡¿Que?! ¡Eso es mentira! ¡Ella no puede amarte! ¡Yo soy su amor de verdad!

- Tómalo como quieras, pero ahora Elsa duerme conmigo, no contigo, ahora retírate que quiero cambiarme

- ¡ESTA ES SU CARPA! ¡LA QUE DEBERÍA LARGARSE ERES TU! - Gritó furiosa

- ¿No te dijo? Ahora dormimos juntas - en sus labios de la morena se formó una sonrisa ladeada y socarrona - ¡Oh cierto! Ya no te dirige la palabra hace meses.

- Desgraciada…. como te … - en ese momento alzó el puño para meterle un derechazo, pero Honey la detuvo, no era tonta para caer con la misma piedra dos veces.

- Ni se te ocurra - sostuvo su muñeca con fuerza – Ya no estás en Arendelle, aquí eres una más, que no se te olvide.

- ¡Suéltame! – Anna y Honey empezaron a forcejear - ¡Te dije que me soltaras! – forcejearon otro poco y esta vez Anna pudo zafarse. Al tener sus manos libres logró propinarle un derechazo, uno tan igual que la fiesta de aquella noche.

La morena por el equilibrio logró sostenerse apenas y sus ojos la vieron con rabia. Sintió el sabor metálico recorrer sus labios, el cual se limpió sin pena, para luego devolverle el derechazo de regreso, el cual cayó directo en el rostro de la pelirroja sacándole un hilillo de sangre también.

Fue así que los golpes empezaron a ir y venir nuevamente en respuesta, a punta de derechazos fuertes, duros y limpios.

Ninguna daba su brazo a torcer.

Finalmente, Honey decidió que ya era suficiente, ya que cuando fue el turno de Anna, la morena la agarró de las muñecas y la apresó contra el muro de la carpa, acorralándola con brusquedad. Estaba cansada de la situación.

- Suficiente Anna.

- ¡No quiero! ¡Suéltame! – Escupió furiosa

- No vas a llegar a nada portándote así, detente por favor.

- ¡¿Lo dice la que me llenó de derechazos?! ¡¿Qué pasa te acobardaste?! ¡¿Me tienes miedo?!

- No te tengo miedo, Anna

- Entonces suéltame y pelea – la desafió mirándola directo a los ojos.

- No, solo te daría el gusto, esto se acabó, Elsa está conmigo, acéptalo ya.

- ¡NUNCA!

En ese momento, empezó a moverse con más fuerza para zafarse, y, en un movimiento en falso, la toalla de la morena logró caer, dejándola totalmente desnuda ante los ojos de la pelirroja.

Hubo un silencio ensordecedor y los ojos de Anna no pudieron evitar desviarse. Sintió agitarse. La posición en la que estaba, sumada a su desnudez y la oscuridad de la noche no le gustaba para nada.

- Me das asco – articuló al verla ya sin nada.

- Seguro.

En respuesta, como Anna no podía moverse debido a la fuerza por más que lo intentaba, usó su boca y le escupió de lleno en el rostro, con sorna, desdén y repudio.

Honey quedó perpleja ante su acción, pero no se quedó corta, así que se lo devolvió seguido de una sonora cachetada, una que la dejó con el rostro rojísimo.

- ¡Hey!

- Esto es por Elsa

- ¡Estúpida!

Sus ojos volvieron a mirarse, había desafío, rabia, odio y una mirada que no sabían cómo describir. Los ojos de Anna bajaron y ahí se dio cuenta que la carne era débil. Su cercanía la estaba haciendo sofocarse, así que luchó una vez más, pero Honey no la dejó, contrario a eso apretó más fuerte.

Empezaron a forcejear nuevamente en silencio y finalmente la morena logró vencerla tumbándola de lleno en la cama de la carpa, impidiéndole el paso con su cuerpo, quedando encima de la pelirroja.

Sin darle chance, sus manos bajaron peligrosamente hasta el final de su vestido remangándolo de un tirón, con fuerza, rudo y sin tapujos.

- ¡¿Pero qué crees que haces desgraciada?!

- Cállate.

- ¡No me calles! ¡No me toques! ¡Hey! – sintió sus piernas contraerse al momento. La morena había empezado a tocarla bajo las bragas sin siquiera pedirle su permiso.

- ¡Suéltame! ~ ¡Ah-h...!

- Lo haré si no te gusta

- ¡Claro que no me gusta! ¡Suél – tame…! Ahh-hh… ~

- No parece

- Estúpida…

El cuerpo de Anna empezó a retorcerse involuntariamente, quiso luchar una vez más pero la mano de Honey la masturbaba tan duro que sus manos se clavaron en sus hombros desnudos por inercia, apretando fuerte, mordiéndolos, arañándola, jadeando duro. Era una locura, una estupidez, odiaba a morir a esa desgraciada, no podía estar pasando.

Al terminar con sus dedos, la morena repitió la misma acción, pero esta vez con su boca, aun en contra de su voluntad, ya que Anna no dejaba de mover las caderas inquieta, luchando por zafarse.

Haciendo fuerza una vez más logró llegar a su centro y, bajando sus bragas de un tirón, hundió su lengua en sus pliegues y clítoris, haciendo que Anna gritara.

En un último vano intento por zafarse, la agarró de los cabellos con fuerza para evitar que siguiera, pero la morena ya la había devorado entera, atrapando su punto sensible, logrando excitarla.

- Pa-ra… estúpida…

Honey siguió con su tarea y al oírla se incorporó para verla, logrando ladear una sonrisa socarrona de satisfacción. Anna estaba agitada y excitada. La pelirroja al notar nuevamente sus gestos ardió en iras.

- ¡¿De qué te ríes estúpida?!

- De lo zorra que eres.

- ¡¿Qué cosa?!

- Zorra, eso eres

En respuesta, Anna volvió a escupir en su rostro, pero esta vez Honey no se lo devolvió, contrario a eso, testeó cuidadosamente su rostro delineando con sus dedos su saliva, mirándola de manera oscura, lasciva, deseosa, acentuando la sonrisa socarrona de antes.

Anna quedó en shock, no era ese el efecto que quería lograr, quería que la odiara, salir de ahí. contrario a eso, sintió como la morena hizo presión en sus muñecas para luego devorar sus labios, impidiéndole el habla, jugueteando con su lengua, no dándole chance siquiera de pelear, de moverse, de parar batalla.

- Mmmmgh… ~

Un gemido involuntario salió de sus labios y ahí se dio cuenta, le gustaba, había tocado fondo.

Con el odio y el placer dentro de su ser ya sin ocultarlo, le respondió el beso de manera furiosa, jugueteando duro con su lengua, agarrando su nuca y clavando sus uñas haciéndole doler. Aferrando sus piernas a sus caderas, moviéndose ya sin tregua para propinar el roce de sus sexos.

Honey soltó un alarido, y al separarse, logró quitar la parte de arriba de su vestido hábilmente para hacerse con sus pechos, los cuales devoró con la misma intensidad de antes. Mordiendo, chupando y lamiendo con brusquedad sus pezones, logrando que se retorciera bajo su cuerpo sin tapujos.

- Desgraciada…

- ¿Si?

- Vete al infierno Ah-hh….

- Igual tu

Al terminar con sus pechos, la terminó de desnudar y quiso aprisionar nuevamente sus muñecas para volver a inmovilizarla y hacer nuevamente de las suyas, pero no pudo, Anna aprovechó esa pequeña fracción de segundo para cambiar posiciones y esta vez tenerla bajo su cuerpo.

- Me toca – soltó autoritaria y con la mirada oscura, pero Honey no hacía más que mantener esa sonrisa torcida, oscura y socarrona, riéndose por lo bajo.

Eso la puso furiosa, le hizo hervir la sangre, su confianza la descolocó ¿Por qué no se inmutaba? Se supone que tenía que enojarse, seguirle la pelea, debía de temerle.

- ¡¿Se puede saber qué es tan gracioso?!

- jajajaja.

- !Te estoy hablando! ¡¿De qué te ríes desgraciada?!

- De lo duro que te voy a dar rojita...

- ¡¿Que?!

- Ohh si...

- ¿Y crees que yo voy a dejarme? Por favor... primero muerta antes de permitir que una escoria como tú ose dominarme.

De sus labios salió una risa de suficiencia también. No podía dejarse, eso era peor que cualquier estaca, le daría directo en el orgullo, la destruiría completa, odiaba a esa infeliz.

-o-o-o-

- Claro que vas a dejarte, Anna.

Al escuchar esa voz a sus espaldas, Anna trago en seco y quedó helada en su lugar.

Era Elsa, que entraba a la carpa junto a sus tan preciados juguetitos, pero esta vez no traía un dildo, sino dos, y de los grandes.

¿Lo más macabro?

Fue cuando vio la cara de complicidad que tenían Elsa y Honey al mirarse.

¿Acaso ellas?...

- Elsa que… - Anna estaba en shock.

- ¿Sabes por qué Anna me dejó, Honey? – Elsa continuó hablando con Honey como si nada, como si la presencia de Anna fuera invisible.

- Cuéntame, soy toda oídos – Le siguió el juego acentuando la sonrisa en sus labios.

- Por una v*rga – dijo tranquilamente y sus ojos azules se centraron en su hermana, quien ahora estaba helada. Eso le dio una satisfacción interna tan grande, que terminó ladeando una sonrisa.

- Wow, no te lo puedo creer… – soltó la morena con fingida sorpresa y sarcasmo en sus palabras, para Honey era la gloria ver el rostro de la pelirroja.

Anna estaba taciturna, sin habla, sin poder creer lo que estaba escuchando, en total shock.

- Así es…. ¿Y sabes que se hace con las chicas que les gusta ese tan preciado aparatito?

- No, dime por favor

- Se les da, y duro.

- Oh… ¿Entonces que prosigue?

En ese instante, Elsa se acomodó tranquilamente en una silla frente a la cama, incluso se dio el lujo de estirar las piernas, no había prisa, el espectáculo estaba por empezar.

- F*llala – ordenó tajante y con la mirada oscurecida - Hazlo tan duro que al final no quiera volver a ver a su maridito.

- ¡¿Qué?! Elsa… no no, no con Honey, no me hagas esto…– Anna intentó vanamente defenderse, pero cuando menos se lo esperó, Honey ya había volteado posiciones poniéndola en 4.

- ¿Perdón dijiste algo? – el tono de voz de su hermana era tan firme, que logró empequeñecerla.

- Nada…

- ¿Cómo?

- Nada Els…

- Elsa para ti, niña faltosa. - dijo duramente

- Si, Elsa…

-o-o-o-

- Toda tuya Honey - En ese momento le pasó el dildo, y luego de que la morena se lo colocara, su lengua jugueteó un rato con su entrada. Cuando terminó, entró de un tirón haciendo que Anna lance un grito. Uno de dolor, de placer.

- ¡Ahh! – sus uñas se clavaron en las sabanas al sentir el impacto, aferrándose.

Elsa solo la miraba atenta, expectante, con una sonrisa de oreja a oreja. Ver a Honey cogiéndose a su hermana era delicioso, la prendía, la excitaba, le despertaba los instintos más oscuros que en su vida imaginó tener.

- Ah-h…. ~

Honey ya había empezado a moverse sin tregua en su interior. Sus uñas apretaban con furia sus nalgas, dejándole marcas, dándole duro. Anna levantó el rostro para arquearse una vez más, sin poder creer lo que estaba pasando, sin asimilar nada. Tan solo sentía ese dildo pegarle las entrañas y duro.

Al aclarar su vista entre las embestidas vio a su hermana, sentada cuán reina frente a ella, con una mirada dura y de suficiencia.

- Elsa…. – habló entre jadeos.

- ¿Te gusta? – Elsa se acercó y quedó a la altura de su rostro.

- S-si….

- ¿Rico?

- Si…Elsa… Ah-h….

- ¿Mejor que tu marido?

- Elsa…

- ¡Habla!

- Si…. ¡Ahhhh! ¡Honeymaren! – arañó las sábanas una vez más por el impacto de sus embestidas. La morena no daba tregua, estaba realmente disfrutando cada segundo, vengando cada momento, cada desaire, cada golpe. Estaba hecha toda una fiera.

Por lo que acelerando sus embestidas, se agarró de sus rojizos cabellos tirando para atrás, hablándole al oído sandeces, tal y como Elsa le había dicho que le gustaba.

- Que rica eres rojita... - habló cerca de su oído mientras la embestía.

- Cierra la boca estúpida... Mmmmgh...- nuevamente le tocó retorcerse, sus uñas desgastadas se aferraron a la base de la cama ya sin más.

- No, porque se nota que te gusta - se atrevió a responder con la misma intensidad.

- Vete al *****

- Vete tú - En ese instante, sus manos agarraron con más fiereza sus cabellos rojizos haciéndole doler, logrando que su cuerpo y su trasero se arquearan más.

- ¡Me duele desgraciada! - reprochó.

- No me importa, ahora dilo. - ordenó.

- Primero muerta... Ahhh ~ ¡Honeymaren maldición!

En eso sintió que sus manos la nalguearon, apretando con sus uñas cada cachete.

- Au...

- Dilo perra. - volvió a ordenar oscuramente.

Y como incentivo, le dio una embestida el doble de fuerte. Una que la hizo flaquear, gritar, retorcerse del dolor, de placer, dejándola ya sin fuerzas.

- Me gusta... - jadeó finalmente.

- ¿Cómo dices?

- Me gusta Honeymaren... ¡Oh dios...! ~

Elsa solo miraba la escena ya caliente. Presa del deseo se había desnudado y había empezado a masturbarse metiendo sus tres dedos, pero al ver la mirada tan sedienta de su pequeña hermana decidió dejarle a ella la tarea.

Se acercó y luego de compartirle un beso fogoso y delicioso, puso su intimidad a la altura de su boca, a lo que Anna no hizo más que disfrutar, devorándola entera, jugueteando con sus pliegues y clítoris.

- Ann-a... ahhh ~

Al sentir como sus labios hacían de las suyas en su intimidad, se arqueó sin más remedio, jugueteando con sus pechos, mirando a la morena con el rostro jadeante, invitante, con una travesura intensa. Honey lo entendió, por lo que en medio de sus embestidas, soltó a la pelirroja y se acercó para besarla, quedando tras ella, girando de lado su cuello.

Sus manos agarraron sus pechos respectivamente por detrás, amasándolos mientras devoraba su boca, manoseándolos de una manera obscena y deliciosa.

Al separarse, la platinada acotó ya caliente, muy cerca de sus labios.

- Ya sabes cómo me gusta Honey... Ah Ann- a... ~

Lanzó otro gemido al sentir que su hermana no se daba abasto con su intimidad, tan sedienta y agitada, pobre, se notaba que la había extrañado.

- Lo sé.

La morena se posicionó con el dildo y entró para empezar a darle duro por atrás, manteniéndola de pie, agarrando y arañando sus caderas.

- Honey... Ahh ~ Honeymaren...

Al estar fuera de batalla, la pelirroja quedó por unos instantes viendo aquella escena con los ojos bien abiertos, aún con todo el éxtasis a flor de piel.

¿Qué rayos era eso? Le echó toda la culpa al placer, pues ver como se cogían a su hermana, la puso furiosa, pero también llegó a excitarla, y mucho.

Se acercó y mientras Honey la atendía por atrás, observó sus gestos un rato más, para luego perderse en sus pechos, jugueteando con su boca, atendiéndola con real necesidad, mordiendo, lamiendo y mamando con deseo contenido.

- Ahhh...Ann-a... - gimió sin poder contenerse, agarrando sus mechones rojos para que siguiera atendiendo sus pechos.

Esa lengua la estaba matando, y la fuerza de Honey al embestirla la enloquecían durísimo.

- Te amo Els... mucho - articuló la pelirroja al separarse de sus pechos y quedar frente a sus labios.

- Sigo molesta... ¡Ohh Honey! que rico...así así...

- Perdóname...

- No, ya cállate

Con el fin de que dejara de hablar, la agarró del rostro y le plantó un beso rudo, sediento y lujurioso. Uno que Anna no rechazó. Su hermana no le dejaba las cosas claras, pero ahora Elsa solo quería desfogar sus deseos carnales, pero sobre todo, cumplir su más grande fantasía sexual.

No quería ni amor o romanticismo, tan solo hacerle pagar por su osadía a su pequeña hermana.

Al terminar el beso fue testigo de cómo Honey paro su labor con Elsa y la ayudó a ponerse el otro dildo.

La mirada de Elsa se volvió furiosa, tenía hambre y mucha, por lo que se tumbó de lleno en la cama con aquel dildo erecto, jalándola consigo, invitándola con la mirada a lo ya obvio.

Aunque fue difícil ya que apenas sentía sus piernas, logró acatar la orden cabalgando a su hermana, quedando frente a frente con ella.

Su mirada llegó a calentarla, se veía tan imponente, tan deliciosa, tan dura que la prendió muchísimo.

Pero lo que más llamó su atención, fue Honey, quien ahora veía el espectáculo comiéndosela con la mirada, manteniendo esa sonrisa socarrona.

Había furia en sus ojos, pero sobre todo, un deseo infinito hacia ella, uno que logró asustarla, excitarla.

"¡¿Cómo mi*rda habían llegado a eso?!"

Muchos pensamientos rodearon su mente haciéndola divagar por unos instantes, pero la insistente voz de Elsa la sacó de su letargo.

- ¿Qué estás esperando? ¡Muévete! – Su mano le propinó una dura y sonora nalgada que la hizo respingar.

- S-si... - Mordió sus labios al sentir la brusquedad, pero cumplió la orden, empezando a moverse, sintiendo el dildo hacer de su interior a su antojo. Pero no era suficiente, no para Elsa. Si tanto le gustaba la ver*a pues ahí estaba, servidito para ella, debía demostrar de lo que estaba hecha.

- ¡Más rápido! – Le propinó una nalgada el doble de fuerte

- Diablos sii... Ahh Els... – se volvió a retorcer ante el impacto y acató la orden.

- Elsa para ti malcriada, no me hagas repetírtelo. - Habló fuerte.

- Si Elsa... perdón Ahhh ~ diablos qué rico... mmmgh...

Sus caderas empezaron a moverse y sus cabalgatas se hicieron fuertes, duras, deliciosas. Estaba perdida. Perdidamente cachonda.

La morena lo notó y su sonrisa socarrona se acentuó, no había nada que hacer, Anna y Elsa definitivamente estaban cortadas por la misma tijera.

En medio de sus cabalgatas, vio que Honey la agarró por atrás manoseando sus pechos, jugueteando con sus pezones haciéndole doler, excitándola sin más. Tenía muy cerca su rostro.

- Ahh ~ desgraciada...

- ¿Si Anna?

- Eres una zo.. - No pudo continuar, pues la morena había devorado nuevamente sus labios con furia, girando su cuello.

- Mmmmgh.. - No le quedó más que aferrar su brazo libre a su nuca, apretando duro, devorándola también, dejándose llevar por ese retorcido placer que le ocasionaba la morena ya sin remedio.

Al terminar el beso, se dio cuenta que su hermana observaba la escena con una sonrisa curva, una que mostraba suficiencia y evidente victoria. Anna no sabía dónde meter el rostro, por lo que se centró en sus cabalgatas, haciendo que sus caderas dieran más fuerte, sintiendo destrozarse por dentro, al borde de su orgasmo.

En todo su éxtasis notó que Honey ya no estaba tras ella, sino frente a ella, sin dildo y a Elsa dándole un cunnilingus desde su posición. Ya no pudo verle el rostro a su hermana mayor, tan solo las caderas de la morena que se retorcían ante las atenciones de esta.

Fue jodidamente delicioso para su visión, tan excitante, que no pudo evitar besarla una vez más ya sin tapujos, tomando impulso de sus cabalgatas, uniendo sus lenguas salvajemente para terminar.

Se formó un triángulo, uno bello hecho por el contraste de las pieles de cada una. Elsa como base, y en los lados las dos mujeres que al inicio se odiaron a morir; y ahora, sin saber ni cómo ni porqué, ahora cogían duramente a la luz de la luna de aquel bosque encantado.

Los gemidos finales llenaron la carpa, cada quien estaba por llegar, hasta que finalmente llegó el momento. La pelirroja fue la primera en llegar, quedando tendida sin capacidad de movimiento y totalmente "destrozada" a un lado de la cama.

Honey llegó después gracias a la intensa cunilingus de la platinada, y finalmente Elsa, quien luego de quitarse el dildo disfrutó de las atenciones de Honey en su intimidad retorciéndose entera.

Después de hacerla desfallecer con su lengua, finalmente soltó el grito de la tan ansiada liberación, y en toda la faena se acercó para compartir su esencia con la morena.

Todo eso frente a los ojos de la pelirroja, que ahora no podía ni moverse.

De esa manera, quedaron desplomadas en la cama ya sin más.

Elsa en el centro, Anna al lado derecho y Honey en el izquierdo. Hubo un ensordecedor silencio, el cual solo era opacado por sus respiraciones agitadas y el latido de sus corazones yendo a mil por hora después de haber tenido tan "magnífica" experiencia.

Al cabo de unos minutos la primera en romper el silencio fue Elsa. Al girar el rostro a sus costados vio a Honey con una sonrisa ladeada y a su pequeña hermana aún en shock, mirando a un punto fijo en el techo, sin atreverse a mover siquiera el rostro, sin creer lo que acababa de pasar, sin creer lo que había sido capaz de permitir.

¿Cómo miraría a partir de ahora a Elsa? o peor aún… a Honeymaren. Su mundo había dado un vuelco y no a su favor lamentablemente, estaba jodida.

- ¿Algo que acotar Anna? - preguntó, mirándola.

- Yo…. no sé qué decir… - seguía con la mirada en el techo sin atreverse a mirarlas.

- Pues yo sí, a partir de ahora las quiero a las dos conmigo y es un hecho.

Eso terminó por hacerle girar el rostro completo a la pelirroja, cayendo en doble shock. ¿Era enserio lo que le estaba pidiendo?

- No me puedes pedir eso Elsa, estás loca – Anna ya no tenía cara para enojarse, había tenido tantas emociones en una sola noche que no le quedaba más.

- Puedo pedirte eso y más, no estás en posición de pedir nada – La voz de la mayor sonó determinante, fuerte y hasta molesta.

- Pero…

- ¿Quieres mi perdón sí o no?

- Si….

- Entonces te aguantas, tuviste la cara de hacerlo con tu maridito a mis espaldas y encima fuiste faltosa, ahora yo quiero a Honey conmigo también.

- ¿Hasta cuándo?...

Preguntó en un susurro, tenía razón, después de haber permitido todo eso esa noche y de haberle hecho lo que hizo, no tenía cara para reclamar absolutamente nada.

- Hasta que se me pegue la regalada gana Anna, pero hasta entonces no tendrás derecho a reclamarme nada, no tendrás ni voz ni voto.

- ¿Mientras que? debo verte hacerlo con Honey, esto es una locura, definitivamente n-

- O tú con ella… Honey de dominante es fantástica - se mordió el labio con picardía.

- ¡No! Esto es una reverenda estupidez, jamás lo volvería a hacer con esa desgraciada y menos dejaría que me domine, ¡Eso no, definitivamente no! ¡Me repugna, me da asco!

En su poca cordura logró reaccionar vociferando alto, temblando de la rabia. Si no paraba eso ahora, quedaría ligada a una suerte fatídica, una suerte que no estaba segura de querer tentar. No podía dejar que Honey tomara terreno de ese modo, mataría su orgullo, calaria su ser, sería su fin.

- Eso no fue lo que dijiste... – Habló por lo bajo la morena

- ¿Qué dijiste?... – Anna volvió a enchinarse lanzándole una mirada asesina.

- Dije – La morena le devolvió la mirada y sus manos se clavaron en sus muslos a modo de advertencia – Que eso no fue lo que dijiste ¿O prefieres que te haga un recordatorio?

- Yo….

Elsa aprovechó la situación y también clavó sus manos en su muslo contrario, mirándola tan igual que Honey sin darle chance, dejándola sin escapatoria.

- ¿Y? – Preguntó Elsa para acotar, acelerando el momento. Su pequeña hermana estaba entre la espada y la pared, pudo notarlo por cómo la miraban sus ojos, había miedo, furia, odio, reproche, sabía que había perdido.

- Ya que.