Luego de que Anna firmara su sentencia en aquella picante noche, Elsa y Honeymaren volvieron a tener muchas rondas de "amor" ya sin tapujos.

Anna no les pudo seguir la corriente, pues tenía "Obvios dolores" por la primera ronda que habían tenido. Estaba "destrozada" literal. Le dolía todo.

Eso sin contar que sentía impotencia y cólera. Había perdido y de una manera cabal. ¿Lo terrible? No podía reclamar, y ahora debía de aguantarla con esa desgraciada.

Ahí se dio cuenta, que Elsa siempre llevaría el toro por las astas.

Fue así que en sus narices, se dieron cariñitos. ¿Y Anna? A ella le tocó aguantar. Se merecía todo lo que le estaba pasando.

Debía prepararse, pues esa solo sería la primera de muchas veces. Su hermana se encargaría de eso. "Desgraciada" pensó, aceptando su desdichada (?) suerte.

A raíz del acuerdo, Honey volvió al palacio, ya que si se quedaban en el bosque, Anna no podría venir siempre debido a las obligaciones en Arendelle, y Elsa no se iba a quedar corta, no señor, ya había dejado las reglas claras.

Para Elsa fue tocar el cielo con los dedos, pues ahora mataba 3 pájaros de un tiro, ya que a Anna le daba una bien merecida lección, gozaba de Honey y la fantasía que tanto había querido se estaba haciendo realidad. Nunca lo planteó, pues sabía que Anna no iba a acatar cuando estaban juntas. Sabía lo cuidadosa y posesiva que se había vuelto.

Sin embargo, a consecuencia de su infidelidad y osadía, vio la oportunidad perfecta para usarlo, debía aprovechar al máximo.

Para Anna, por el contrario, fue un total suplicio regresar a sabiendas de lo que tendría que pasar a consecuencia de esa noche, sobre todo al darse cuenta que Honey ya no la miraba igual.

A raíz de la confianza que había agarrado, la molestaba cada que podía, y no con los típicos desaires que Anna había empleado con ella antes. Lo de Honey era sutil, silencioso. Ella no era enérgica ni revoltosa como Anna. Ella no necesitaba hacer tanto teatro. No le hacía falta.

Solo le bastaba una mirada y todo daba un vuelco. Elsa le había dado la especial tarea de "castigarla" a su antojo por cada rabieta que esta hiciera. Sabía que eso podía con la pelirroja, que la ponía furiosa, que podía infinitamente con su orgullo, así que era la excusa perfecta.

Aquello se había convertido en una rutina en las semanas siguientes. Elsa aprovechaba para llevar a cabo sus tantas fantasías con ambas o solamente con Honey cuando Anna andaba de malas o con sus típicas rabietas.

Ante eso, Elsa solamente la ignoraba cabalmente, le era indiferente, y eso era mortal para Anna. No lo soportaba.

Suplicio o no para la pobre pelirroja, aquel día no sería la excepción:

Era de mañana temprano para su mala suerte. Se encontraba terminando otra firma de la pila de papeles en su despacho en contra de su voluntad. Esos que había dejado pendiente ayer por ser "castigada" ante una de sus tantas rabietas. Sus piernas dolían típico de ese gran ejercicio, llegando a caminar gracioso teniendo motivos de sobra.

Su cabeza dolía y eso empeoró al escuchar la dulce voz de su hermana mayor, no la dejaba concentrarse. El castillo era grande y sus gemidos no eran para nada silenciosos. No había aceptado unirse por obvias razones y le jodia infinitamente hacerse a la idea de que mientras ella hacía el papel de responsable y se estresaba con el reinado que ni siquiera eligió en su momento, su hermana f*llaba muy a gusto con alguien más que no era ella.

"Mi*erda una y mil veces m*erda" Estaba furiosísima.

-o-o-o-

- ¿Anna? – Una voz cálida llamó a la puerta del despacho entrando ligeramente.

- ¡¿Qué?! – lanzó una exclamación colérica. La reina estaba con un humor de los mil demonios.

- Soy Olaf… - El muñeco de nieve por poco sale huyendo ante su grito.

- Olaf… - la pelirroja se tocó la sien cansada, arrepintiéndose de su accionar. Él no tenía por qué pagar los platos rotos de su fatídica suerte – Discúlpame… es solo… ¿Qué ocurre cielo? – suavizó sus gestos al verlo entrar, regalándole una sonrisa - ¿Todo en orden?

- Si… solo venía a verte porque Gerda me mandó a llamarte para que tomaras desayuno. – dijo el muñeco de nieve con cierta cautela, aquello le recordó a la vez que la vio con ese vaivén de emociones que a Kristoff le tocó soportar cuando llegó Honey por primera vez.

Solo que ahora era peor, estaba condenada.

- Oh… - Verlo a Olaf de alguna forma la calmó. Era el único que no le despertaba sus estados de ánimo más atroces – Está bien cariño ahora voy ¿Si? – Se acercó y le regaló un beso en la frente, ante eso Olaf se relajó, pudiendo preguntarle con más confianza.

- ¿Por qué estás tan furiosa Anna?

- No estoy furiosa Olaf, es solo que tengo mucha carga y….

- ¿Es porque ayer jugaste con Honeymaren? – Cuestionó en toda su inocencia.

- ¿Ayer que? – la pregunta la descolocó

- Jugaste… Elsa dijo que cuando hacen esos sonidos raros y están desnudos es porque juegan, por eso pregunto… ¿Acaso perdiste?, aunque técnicamente no sería así ya que la que estaba gritando eras tú, entonces tu serias...

- Olaf ya – Estaba volviendo a exasperarse, había entendido perfectamente y en ese instante pensó en la peculiar manera de su hermana para explicar las cosas.

"¿De verdad Elsa?"

- ¿Vamos a comer sí? Muero de hambre – Cortó el tema inmediatamente.

- Yo ya desayuné, ahorita iré al pueblo ¿Tranquila sí? – El muñeco se aferró a su cuerpo y le regaló un cálido abrazo con sus ramitas, algo que Anna recibió gustosa, el siempre tan cálido e inocente.

- Lo intentare Olaf… lo prometo Ay… - Anna empezó a caminar extraño.

- ¿Necesitas ayuda?

- No no… estoy bien – aún se le complicaba un poco.

- ¿Te caíste? ¿Llamó a un médico? ¿Fue Honey otra vez? Porque si gustas…

- ¡¿Olaf ve a jugar sí?! – soltó de golpe ya sin paciencia. El solo hecho de escuchar el nombre de aquella mujer la ponía furiosísima. Le hacía perder los papeles.

- Ok… no te enojes.

- No me enojo, solo ve ya por favor..

- Y si mejor…

- ¡OLAF! – explotó finalmente.

- Ok, ya me voy – fue lo último que se atrevió a decir antes de irse. Anna había vuelto a ese estado furioso nuevamente.

Al verlo partir con prisas se arrepintió al instante por haber actuado así; sin embargo, aquello se le esfumó de la mente cuando al entrar al comedor para desayunar, vislumbró a Honey comiendo de lo más tranquila, sola y con una sonrisa casual que le hirvió la sangre.

Aquello la hizo rabiar inimaginablemente, de todos los castigos no le pudo tocar uno peor.

Al hacer acto de presencia, Gerda apareció regalándole una sonrisa, aquella que desapareció al instante al ver la cara que traía la reina. La morena apenas se inmutó moviendo ligeramente el rabillo del ojo sin perder el semblante.

- Buen día majestad…. ¿Todo en orden?

- Si Gerda no pasa nada… ¿Ya está el desayuno? – Sus ojos se enfocaron en la mayor, no quería perder los papeles tan pronto.

- Si…. aunque si gusta puedo pedirle a los del servicio que le lleven el desayuno a su habitación…. no la noto muy bien ¿puede caminar?… disculpe la impertinencia. – Gerda mostró verdadero semblante de preocupación.

- Sería lo más sensato – Una voz se escuchó y no fue la reina, sino la morena que habló por lo bajo mientras tomaba tranquilamente su chocolate caliente. Su intromisión llamó la atención de ambas mujeres, sobre todo de la pelirroja que sin más estalló… otra vez.

- ¡¿Perdón y a ti quien te pidió tu opinión?!

- Solo es un comentario, Anna. – Dijo con simpleza

- Gerda estoy bien no pasa nada, comeré aquí – dijo con firmeza

- Está bien majestad. – aunque dudosa decidió no insistir más, no es que quisiera sucumbir a la misma suerte del muñeco de nieve, lo había visto todo.

- Ok gracias. – En ese instante vió que los del servicio dejaban su porción del desayuno. Era su tan ansiado chocolate junto a unas crepes, fruta y unos panecillos de canela.

Al momento que la mayor y los del servicio dejaron el salón, la tensión volvió a formarse, al menos por parte de Anna, quien volvía a rabiar en su sitio, al tomar su lado de la mesa para empezar con la merienda, su caminar nuevamente la delató, a lo que Honey no pudo evitar disimular su risa tras la taza de chocolate, era digno de retratar.

- ¡¿Se puede saber de qué te ríes?! – volvió a vociferar.

- Oh nada,nada – dijo como si nada terminando finalmente su taza y enfocándose en los panecillos – Buen provecho.

- No vengas ahora con falsas cortesías desgraciada – Habló con desdén – ¿Dónde está Elsa? – Se le hizo raro no verla.

- En la ducha… ya mismo viene, imagino que se debe estar alistando para después…

- ¿Después?

- Claro… está fogosísima últimamente – dijo con una sonrisa ladeada y jugando ligeramente con la pequeña cucharita en su taza ya vacía. – Debe ser bien atendida…ya sabes…es bien exigente. – el tono de su voz se volvió pícaro, dando a entender lo ya obvio.

- Eres una…

- Si, ya me sé todos tus apodos – la cortó inmediatamente con ligero aire cansino – Aunque si te soy honesta me gustaron más cuando los dijiste ayer – sus ojos se fijaron en la pelirroja nuevamente mirándola con intensidad, ya sin miedo – Sonó más atractivo.

- ¡¿Qué?!

- Eso mismo y ya deja de gritar por todo ¿si? Es incómodo.

En ese momento Anna sintió convulsionar de la rabia. Sus ojos se fijaron en la morena con intensidad queriendo írsele encima, pero conocía las reglas, mismas reglas que su hermana le había impuesto. Honey por su lado estaba con la misma tranquilidad de siempre, mirándola con cierta picardía que la hizo enfurecer peor, a pausas, mientras degustaba el panecillo.

Le jodía su tranquilidad, que no se inmutara, su maldito silencio, eso la ponía de los mil demonios. Fue ahí que después de pasar otro tenso silencio mientras comían se le ocurrió una idea, así que le tocó suavizar sus gestos para ello.

- Tienes razón – habló la pelirroja bajando la guardia y empezando a picar de a pocos las crepes.

- ¿Qué? – Honey no entendía.

- Que tienes razón respecto a lo que dijiste…debería dejar de gritar se ve espantoso. – Anna le regaló una sonrisa coqueta y ladeada, una que logró descolocar por completo a la morena. ¿Esa era Anna?

- Ah….

- He sido muy grosera contigo y lo lamento – acentuó su sonrisa y agarró levemente su mano – Ahora más que nunca Elsa nos quiere juntas, ¿debemos ayudarla no? ya sabes… está muy fogosa, tu misma lo dijiste. – Siguiendo con el jugueteó agarró sus dedos y los empezó a acariciar de par en par, dejando a Honey en shock ¿Estaba realmente pasando eso?

- Si bueno… - Ahora fue el turno de ella en sofocarse.

- ¿Me perdonas? – habló suavemente sin romper su posición.

- Supongo que si…

- Ven dame un abrazo – Anna extendió los brazos invitándola con el mismo semblante y mordiéndose ligeramente el labio – Ven Honey…

Ante aquella invitación le fue imposible negarse, había caído redonda. Se incorporó con la intención de abrazarla y Anna la recibió logrando tumbarla en la silla desprevenida para sentarse a horcajadas en sus caderas, dejándola en doble shock.

- Pero que…

- Shh… no digas nada – ambos dedos se posicionaron en su boca callándola sutilmente. Su voz se volvió rasposa y juguetona mientras sus caderas se empezaron a mover con descaro y mucho cachondeo para provocarla, para excitarla. El choque de sus sexos por encima de la ropa fue inevitable.

Honey no daba crédito a lo que estaba presenciando, debía estar soñando. Aun así, sus manos se posicionaron en sus caderas para acelerar el movimiento. Ver a la pelirroja así había llegado a calentarla muchísimo, sobre todo cuando escuchó lo siguiente a cargo de su voz cachonda – He sido mala Honey… muy mala…

- Dios si… - sintió tragar seco al escucharla y sus mejillas arder en el momento.

- Castígame…. – jadeó a su oído en el mismo tono.

- Wow Anna...

- Vamos Honey… sé que quieres hacerlo... – jadeó una vez más retorciéndose cachonda en sus narices, estrujando y jugueteando con sus pechos por encima de la ropa, muy muy muy sugerente, dispuesta…. deliciosa.

Ante eso, la calentura se apoderó de su cuerpo sin más, era jodidamente sexy para sus ojos, por lo que atrayéndola a ella con furia, la agarró del mentón y la besó con rudeza; hundiendo su lengua, sintiendo su sabor, explorándola con verdaderas ganas.

Anna no hizo más que corresponderle el beso en la misma intensidad, jugueteando con su lengua de la misma forma, agarrando fuerte su nuca y retorciéndose más para que lograra excitarse, propinándole un beso francés delicioso.

Ver a la pelirroja en esa faceta la había prendido durísimo, tanto que no pudo resistirse, pues al terminar con su boca se enfocó en su cuello, mordiéndolo y chupandolo con intensidad, dejándole marcas por todo el contorno.

Anna ladeó su cuello por inercia al sentir la nueva invasión con su boca, dejándose hacer entera, dejando notar sus pecas traviesas. En tanto, sus manos se aferraron a su espalda animándola a continuar, seguido de sus gemidos, que en efecto, no se hicieron esperar.

- Ah –h… Honeymaren….

- Me encantas… - jadeó deseosa entre las pausas de sus atenciones.

- Lo se Honey… lo se…. – ante eso soltó una risa con coquetería y se ladeó más, dándole espacio para que se hiciera con su cuello a su antojo.

- Sigue… sigue así… Ah-h…

La morena creyó estar en el mismo cielo, no podía creerlo, debía ser muy bueno para ser verdad. Aquello se le confirmó cuando sintió como el líquido de chocolate muy muy caliente propiedad de la taza de la pelirroja la empapó de cuerpo entero, logrando sacarle un alarido y manchándola toda, seguida de un par de crepes que Anna destruyó en sus manos con habilidad para regodearlo en su cabellera y rostro, todo eso con odio, asco y desdén.

- ¡¿Pero qué te pasa?! – exclamó cabreada la morena al separarse de golpe aun con los efectos del chocolate hirviendo en su cuerpo y los restos de crepe.

Anna ladeó una sonrisa al ver que lo había conseguido.

- Uy perdón… que torpe…. – habló con fingida congoja – Déjame te ayudo…– la miró con sorna para luego agarrar el jarrón que contenía el chocolate caliente restante y esparcírselo por todo el cuerpo; de pies a cabeza, embarrándola aún más, dejándola hecha un desastre – ¿Mejor?

- ¡Me estas quemando idiota! – exclamó con furia.

- Uy ¿enserio? – la pelirroja acentuó una sonrisa torcida y socarrona, una que Honey notó perfectamente - No me di cuenta.

En respuesta, Honey la miró duramente, acentuando su mirada cabreada por primera vez. Y en esta ocasión, fue el turno de Anna de no inmutarse, de ensanchar su sonrisa burlesca, había sido la gloria.

-o-o-o-

- ¡Santo dios Honey! – segundos después, cuando Elsa llegó al comedor por poco se cae de la impresión al verla en ese estado - ¡¿Qué ha pasado?! – preguntó preocupada acercándose a la morena para ayudarla a quitarse los restos.

- Nada Elsa, fue mi culpa – Honey volvió a su estado natural de tranquilidad de inmediato, algo que volvió a descolocar y asustar a la pelirroja.

¡¿Qué carajos pretendía?!

- Pero Honey como…. ¿Qué pasó?

- Anna es muy juguetona, al parecer le encanta el chocolate de esta forma – En su rostro se dibujó una sonrisa sincera, una donde no había segundas intenciones ni el enojo que mostró segundos antes. - ¿Verdad Anna? - recalcó.

- Si… - Su tranquilidad la hizo estremecerse y no en el buen sentido.

- ¿Segura? Porque si gustas podemos…

- Descuida no pasa nada, enseguida regreso – acentuó su tranquilidad regalándole una sonrisa y salió del salón antes de que Elsa pudiera rechistar o decir algo.

Al hallarse solas, un nuevo silencio acompañó la estancia. Elsa estaba taciturna en su lugar, no se había creído ni una palabra y Anna, bueno, ella estaba de lo más normal comiendo lo que quedaba de los panecillos, como si aquello careciera de importancia.

- ¿Qué ocurre contigo Anna? – soltó la mayor con aire tétrico ya sin poder contenerse, si bien es cierto la ignoraba, pero esa rabieta había ido muy lejos.

- ¿No oíste a Honey? Ella ya lo dijo – dijo como si nada, dándole otro mordisco a su panecillo.

- ¡NO MIENTAS! – escupió levantando la voz.

- ¿Qué? No es mi culpa que esa desgraciada no sepa comer, además….

- Esa "desgraciada" como tú la llamas por lo menos confía en mí – dijo con dolor en sus palabras cortándole en seco su oración – Esa "desgraciada" no se guarda las cosas – recalcó con dureza – ¡Esa "desgraciada" no se fue a fornicar con su ex - marido a mis espaldas sacándome de su vida! - explotó mirándola con verdadero resentimiento y dolor.

- Elsa…

- ¡CÁLLATE QUE NO HE TERMINADO! – volvió a gritar

- Perdón…

- Para esa "desgraciada" – recalcó ya con la voz quebrada - Yo soy su mundo entero y a mí me jode no poder decirle lo mismo cada vez que le hago el amor – soltó sin más sintiendo unas enormes ganas de llorar, el nudo en su garganta se hizo presente.

Ante esa confesión, Anna sintió que se le revolvió el corazón entero, se sintió la peor calaña, su hermana la amaba, aun la amaba a pesar de todo, lo pudo ver en sus ojos.

Dejándose llevar se levantó de su sitio con la intención de abrazarla, pero Elsa se alejó de golpe – No, no te acerques... – Amenazó con la mirada endurecida

- Te amo Elsa… - soltó sin titubeos y sin defensas, en ese instante sintió su corazón salirse de su pecho por lo fuerte que latía.

- Cállate Anna – cortó sus palabras con dolor y sus ojos vidriosos se acentuaron volviéndola a mirar con dureza. Ante eso, la menor se sintió a morir – Solo cállate. – recalcó enojada dándose la vuelta con la intención de salir, no quería estar más ahí.

- No.

Anna aprovechó que bajó la guardia y la abrazó por atrás, fue un abrazo tan fuerte que le caló los huesos, uno tan fuerte que le impidió moverse.

- Suéltame – habló la mayor con dureza.

- No quiero, no voy a soltarte – en respuesta afianzó más su agarre.

- Anna suéltame… - advirtió una vez más.

- No Elsa, ¿hablemos sí? por favor solo….

- ¡QUE ME SUELTES!

En ese momento estalló y por error congeló parte de la estancia con su hielo rojizo, asustando de paso a la menor.

- Esta… está bien… - A Anna no le quedó de otra que soltarla ya asustada, nunca la había visto así de molesta.

Al ver a su hermana alejarse preguntó cautelosamente, aunque claro, era estúpido.

- ¿No vas a quedarte a desayunar?...

- No, ya se me quito el hambre

Fue lo último que articuló para salir del comedor haciendo sonar un portazo tras de sí, dejando a la menor completamente sola, anonadada y acentuando más ese hueco en su corazón.

Ante eso, no pudo evitar recriminarse una vez más su garrafal error, de sentirse mierda, de echarse toda la culpa, de haber sido tan imbécil por haberla excluido de su vida de esa manera, por no haber sido capaz de confiar en ella.

Su pecho volvió a doler y justo cuando creyó que podía llorar en paz, el deber la volvió a llamar.

- Majestad la esperan afuera, le toca su chequeo de rutina al pueblo… ¿Desea que aliste su caballo? – la voz de su consejero la sacó de sus pensamientos.

- Si, voy enseguida – dijo sin ánimos tragándose sus lágrimas para luego hacer frente a su deber, en ese instante odió infinitamente ser reina, tan solo deseaba su cama y llorar todo el día.

"Mierda" Le esperaba un día muy muy pesado...

-o-o-o-

Por otro lado, cuando la platinada llegó a su habitación tuvo todas las intenciones de echarse a llorar también, pero ver a Honey la detuvo inmediatamente, no quería que se diera cuenta, así que para evitar preguntas incómodas, se llegó a secar de un tirón las pocas lagrimas que sus ojos amenazaban con votar.

Pero Honey ya lo había notado.

- Hola hola…- Elsa entró con la voz sugerente y juguetona cambiando por completo su semblante, no quería pensar en su hermana en ese instante.

- Hola Elsa… ¿Todo en orden? – La morena se hallaba cubierta apenas con una toalla y con el pelo empapado, había salido de la ducha en ese momento.

- Si...que sexy...- articuló al verla de ese modo y siguiendo con su semblante coqueto aprovechó para empujarla a la cama y tumbarse con ella a su lado, cerrando la puerta tras de sí – Aunque…

- ¿Si?

- Quítate esa toalla… tienes mucha ropa para mi gusto. – habló en puchero poniéndose encima de ella.

- Quítamela tú.

- Uy… que tentador – se mordió el labio con picardía y sin hacerse esperar le quitó la toalla de un tirón, dando a notar su moreno cuerpo desnudo.

En ese pequeño instante se miraron, fueron segundos cortos, hasta que la morena articuló agarrándola del mentón suavemente.

- ¿Fue Anna cierto?

- ¿Qué?... – al escuchar eso se maldijo así misma por no disimularlo bien.

- Que si fue Anna, estabas toda llorosa. – volvió a preguntar.

- Solo tuvimos un intercambio de palabras… no es nada de lo que debas preocuparte.

Intentó desviarle el tema ya resignada, no quería hablar de eso.

- Mmh… - su molestia se notó bastante.

- Ya Honey…

Con la intención de cambiar de tema y distraerla, se sentó a horcajadas en sus caderas quitándose por completo su bata, dejándose tal cual dios la trajo al mundo frente a la morena - ¿Juguemos sí? – Preguntó cómo niña chiquita.

- Elsa… - Para Honey fue un cielo total tenerla así, tan coqueta y deliciosa solo para ella.

- Vamos Honey juega conmigo…. – insistió empezando a mover sus caderas cachondamente. – Juega, juega, juega…

- ¿A qué quieres jugar? – Preguntó cayendo finalmente en su trampa, le era imposible decirle que no, la adoraba.

- Quiero juguetear con tu lengua – susurró coqueta siguiendo con sus movimientos de caderas - Me encanta cuando la usas en mi boca... en todo, todo, todo mi cuerpo…. – jadeó haciendo hincapié.

- ¿Solo mi lengua?

- Si…

- ¿Y eso? – Se le hizo raro que no optara por los dildos esta vez, siempre eran usados en todas sus sesiones.

Ante su interrogante, la rubia se acercó a ella y le susurró algo al oído como si de un secreto se tratara, fue algo que la dejó perpleja, sonrojada y excitada.

- Wow ¿De verdad?

- Sip. – Ante eso la rubia se mordió el labio y rió juguetona.

- Que traviesa… ven aquí – En ese momento, volteó posiciones teniéndola bajo su cuerpo empleando su típica brusquedad. Sabía que eso la enloquecía.

- Soy muy traviesa…muy…Oh dios… – De inmediato sintió retorcerse y contraer las piernas, Honey ya había atacado con sus dedos.

- ¿Muy qué? – La morena se incorporó para admirar su rostro.

- Muy… ¡Ahhh- h…! Honey que rico….

- ¿Cómo?

- Olvídalo…- Hizo un puchero.

- Jajaja.

- Es que nunca me dejas terminar las frases…. Mmmgh…

- Me gusta más escucharte gemir…

- Si ya me di cuenta ¡Oh dios! Si así mete tus tres dedos… A-hh cielos….

Ante aquella petición, la morena terminó de meter los 3 dedos y prosiguió con su tarea pegando duro contra su intimidad, quería enfocarse en disfrutarla detalladamente, ver su rostro era la mejor recompensa para ella.

Continuando con su tarea una sonrisa de satisfacción se formó en su rostro. Elsa estaba perdida ante sus brazos, retorciéndose bajo su cuerpo, votando incoherencias, dandole un semblante exquisito solo para ella.

Toda sonrojada, acalorada, inquieta…

Sus manos pasaron a toquetearse los pechos y ese fue su punto quiebre, como adoraba ver esa escena.

- Que sexy…. – habló deseosa para luego quitar sus manos de ahi y hacerse con sus pechos. Pudo notar su ya erecto pezón y como esta jadeaba nuevamente - Gracias…Ahh –h…. Honey

Honey, en respuesta, se encargó de saborearla sin perder detalle, le encantaba dibujar con su lengua en su desnudo cuerpo, era como un lienzo en blanco y ella la acuarela, se volvía loca.

Empezó su recorrido en sus dos blancas y perfectas montañas jugueteando con su lengua, delineando su pezón, amasando cada seno, chupando y lamiendo cada uno detenidamente.

Elsa solo se retorcía duro en su lugar.

- Honey…. me encanta...

- Lo sé Elsa... lo sé. - respondió entre pausas totalmente anonadada por el color de su piel, hacía un buen contraste con el de ella.

Luego de terminar con la tarea en sus pechos, siguió con su camino bajando por su barriga y ombligo. La punta de su lengua la saboreó tan finamente que la rubia se arqueó dando un brinco, logrando que su piel se erizara en un santiamén.

Al llegar a su centro, Elsa lanzó uno de sus tantos gritos de placer al sentirse invadida, contrayendo las piernas, arañando sus cabellos desesperada. Honey también sabía donde y cuando tocar. Era algo que tenían en común con su hermana, por ello su adicción a las dos, la razón de su fantasía.

- ¡Ahh Honey! ~

La lengua de la morena atacó con tal maestría que Elsa sintió desvanecerse ante su toque en su clítoris. Su cuerpo se retorció con tal fuerza que sintió desfallecer cuando la morena la agarró con firmeza de ambas piernas arañando parte de su cuerpo, dejándole marca ante la brusquedad. Esa lengua le estaba haciendo perder la conciencia, tan solo esos pocos minutos bastaron para enloquecerla, no podía, ya estaba demasiado caliente para esperar un minuto más.

- Honey… quiero… ya quiero… ¡Ahh – h! ~

Con sus manos apretó su nuca dando la señal y la morena la entendió al instante.

Fue así que dejándose caer boca arriba, jaló a Elsa y la hizo sentarse de tal forma que su vagina quedó a la altura de sus labios, dejándola a total disposición.

Hacerle la cunnilingus en esa posición era nuevo y delicioso para la morena. Elsa lo había realizado aquella noche que cometieron la travesura con Anna, y no pensó, que sería así de excitante. Su lengua lamió y chupó con tal intensidad su centro, que escuchó a Elsa gemir cachonda y deseosa pidiendo por más, regodeando su vagina y clítoris en todo su rostro.

Por su lado, Elsa se sintió a morir ante el toque de la morena en esa posición. Sus movimientos de caderas se acentuaron logrando que se perdiera ante ese vaivén de emociones que solo el sexo podía darle.

El placer.

"Cielos…esto es tan rico"

Fue el primer pensamiento que cruzó su mente al sentir todo ese cúmulo de sensaciones. Tan delicioso, que ahora más que nunca lo necesitaba, le hacía olvidar todo, absolutamente todo.

Recordó cuando empezó en ese mundo. Apenas tenía 18 y estaba tras las puertas cuando se tocó por primera vez, el día que sus dedos tocaron su vagina. Ese día había sido el inicio del fin, el inicio de su deseo irredimible por el sexo. Era su segunda adicción después del chocolate, la caja de pandora que abrió de casualidad, y que ahora, quería llenar con todas las fantasías que se le ocurriera pero que, sobre todo, se negaba a cerrar.

No quería. Le encantaba enormemente.

Sus pensamientos la trajeron de vuelta y sus manos pasaron a juguetear y estrujar sus senos una vez más. Aún no quería venirse, aunque claro, con Honey siempre era muy difícil, era muy buena en la cama.

Luego de disfrutar una vez más aquella posición, sintió a la morena arañar ligeramente sus caderas. Supo que era la señal, por lo que sin perder tiempo, llevó a cabo aquello que le había susurrado al oído a la morena. A juzgar por el movimiento de su lengua, sintió que estaba aplazando su gran orgasmo que no tardaba en llegar.

Se lo agradeció internamente.

Se dejó caer encima de su cuerpo moreno y, sin romper la posición, ella también posicionó sus labios en su intimidad, llegándose a formar la famosa posición del 69.

Pudo sentir las piernas de la morena contraerse al momento que su lengua tocó su centro producto del placer, a lo que no pudo evitar ladear una sonrisa y volver a juguetear duro con su lengua en su vagina, lamiendo y succionando su clítoris, demostrando lo buena que también podía llegar a ser.

- ¡Ah...Elsa! – la morena en respuesta arremetió más con su lengua, dándole buen indicio a la rubia, quien sin cortarse ante nada arremetió también, logrando que Honey se arqueara muchísimo más y Elsa a su modo también lo hiciera.

– Honey…. Ah-hh…. ~

La habitación se volvió a llenar de gemidos y de sonidos de lenguas furiosas que atacaban sin piedad luchando por ver quien se desvanecía primero. Podía haber un afecto de por medio, pero ambas eran altamente competitivas, y eso no excluía el sexo.

Después de una larga ronda de jugueteos intensos y de hallar ese punto mágico en sus intimidades, ambas lanzaron el grito al cielo. Había sido sencillamente delicioso, magnífico.

Agitadas y con la respiración latiéndole a mil luego de haber disfrutado de sus esencias, se desplomaron en la cama. Elsa tenía una sonrisa de oreja a oreja y Honey de igual forma, aún les costaba mantener la respiración.

- ¡Fue fantástico! – Elsa seguía respirando agitadamente, sus piernas parecían mantequilla.

- Lo fue… eres toda una caja de sorpresas Elsa.

- Lo se… ¿Eso es malo? – hizo un puchero.

- Claro que no, sabes que me encanta consentirte – sus manos morenas delinearon sus muslos jugueteando un poco.

- Y tú me encantas por eso – dijo coqueta regalándole un beso corto.

- Lo sé… - volvieron a mirarse y Elsa se acurrucó aún más volviendo a articular palabra - ¿Nos bañamos juntas? – preguntó con cierta picardía.

- ¿Mmmm? – Honey ya la conocía de sobra, esas duchas siempre terminaban en otra ronda.

- ¿Qué? – Habló con actuada inocencia – No llego a mi espalda – soltó otro puchero.

- Aja

- Bueno si no quieres está bien, puedo irme yo sola no te necesito – Dijo con fingido dolor en sus palabras jugueteando un poco.

- Elsa…

- No, ya no quiero nada Honey

- Si quieres, ven aquí…- La cargó consigo y se la llevó a la ducha entre jugueteos.

- ¡Hey! ¡No, no! Honey jajaja

-o-o-o-

Al llegar la noche, el palacio como nunca estaba silencioso, tan solo estaban los guardias de turno.

Anna había llegado finalmente luego de haber estado todo el santo día fuera viendo asuntos del reino, al menos eso la había distraído un poco.

Al pisar el palacio, saludó cortésmente a los guardias para luego ingresar, pudo notar la soledad de este y el ruidoso silencio. Al verse tal cual, sin querer recordó lo sola que se hallaba, lo acontecido en la mañana y a su hermana.

Recordó a Elsa.

"Elsa…"

Una sonrisa melancólica se formó en sus labios al volver a ver lo que traía consigo en sus manos. Era un precioso lirio color púrpura en una pequeña maceta, sabía lo mucho que le gustaban a ella y al verlo cuando pasó por una florería, no pudo evitar comprarlo.

Era su hermana hecha flor, hecha naturaleza, era tan bello y elegante como ella; tan hermoso…

Quitándose los tacones y tirándolos por ahí se aproximó a llegar a la habitación donde supuso descansaría su hermana, al ser muy noche entró de puntillas.

Cuando ingresó solo la vio a ella acurrucada y durmiendo a pierna suelta. No vió a nadie más, supuso que la "desgraciada" estaría durmiendo en otra habitación, así que estaba bien para ella.

Se acercó lo suficiente y luego de admirarla otro rato con cara bobalicona y arroparla, dejó el lirio poniendo la maceta en el pequeño velador de al lado. Para que al despertar, pudiera verlo.

Y como si fuera normal en ella volvió a hablar en monólogo, con la esperanza de que Elsa pudiera escucharla. Claro que su tono de voz fue suave, no quería despertar a nadie.

- Hoy tuve un día de locos Els… y yo…- sonrió una vez más al verla dormir tan apaciguadamente – En el camino vi este lirio y me recordó a ti, sé lo mucho que te gustan – sintió que sus nervios le ganaron y empezó a divagar, algo tan típico en ella. – No es que te haya espiado la vida entera y sepa que tienes uno en tu habitación ni mucho menos… obvio no….

"Dios eso fue estúpido"

Nuevamente sus ojos le ganaron y al verla tan hermosa y en calma su mano libre la traicionó tocando ligeramente su mentón.

– Solo… lo traje por si querías conservarlo, igual si quieres deshacerte de él está bien… yo… me lo merezco. – Su voz salió tan suave que al momento empezó a susurrar muy cerca de sus labios – Te amo Elsa…- sus impulsos le ganaron y terminó dándole un beso suave en los labios.

En respuesta la sintió removerse un poco, asustándose, pensando que quizá había sido pillada, así que para evitar problemas salió sin más. Al menos le había dicho lo más importante, que la amaba. Y como dijo Gerda, le había dejado claro que sin importar que, ella seguiría presente en su vida.

-o-o-o-

Cuando finalmente logró salir de la habitación, caminó descalza a la que fuera su ex – habitación matrimonial y al hallarse en el marco de la puerta vio todo oscuro, solo, no se atrevió ni a prender la luz, todo estaba tan oscuro que supuso dañaría su vista si lo hacía de un tirón.

Cuando dio el primer paso dentro de su habitación, sintió su puerta cerrarse de golpe tras de sí y alguien que la empujó a la cama con rudeza, manteniéndola en 4, haciendo que sus muñecas se apoyaran al filo de la cama.

La pelirroja inmediatamente dió un respingo y quedó en shock.

- Pero que…

- Silencio Anna

Era Honey.

- ¡¿Quién demonios te crees para entrar a mi habitación así desgraciada?! – vociferó enojada nuevamente tratando de romper la posición, pero Honey no la dejó, la agarró tan fuerte que le impidió que pudiera siquiera moverse.

- Cállate.

- ¡No me calles! ¡Tú a mí no vas a venir a darme órdenes estúpida! ¡Soy la reina de…

- Reina o no me importa un carajo, vas a aprender a respetarme – articuló la morena con autoridad seguido de una nalgada fuertísima que le propinó en uno de sus cachetes al subirle el vestido de un tirón.

La pelirroja al sentir el azote se arqueó por inercia y de sus labios salió un ligero alarido. Su cuerpo comenzó a moverse inquieto al sentir sus nalgas descubiertas. No se lo iba a permitir de nuevo, según ella claro está.

– Al parecer te quedó corto el castigo de anoche.

Siguiendo con su autoridad, sus manos se enfocaron en bajarle las bragas, pero Anna no dejaba de moverse tratando de zafarse. Como respuesta escuchó una de sus tantas vociferaciones.

- ¡No me das miedo estúpida! ¡y ya deja de tocarme! ¡¿No entiendes que me das asco?!

- Eso no fue lo que dijiste anoche - Dijo en el mismo tono logrando su cometido.

- ¡Claro que sí! ¡Lo dije y lo volvería a decir! ¡Me das asco! - alzó la voz tratando de zafarse nuevamente, pero en respuesta sólo sintió las manos de la morena agarrarla con fuerza y las uñas de la susodicha clavarse en sus nalgas apretando duro - Au...

- Quiero que lo digas... fuerte y claro. - soltó autoritaria.

- Vete al infierno desgraciada – escupió en respuesta e inmediatamente sintió otra nalgada dándole el doble de fuerte.

Ante eso, la pelirroja soltó un gemido ahogado ya sin poder contenerse. Su boca la había traicionado. En cuanto a sus uñas, estas se volvieron a clavar con más intensidad a la cama, nunca la había visto así de cabreada.

– Ah… - de sus labios salió otro gemido igual de ahogado, uno que a ese punto ya daba entender otra cosa.

Sabía la rutina impuesta por su hermana cada que se portaba mal, lo sabía muy bien. Pero ella era terca, recia… Y ahí estaba, jodida como siempre.

A pesar de eso luchó una vez más, no iba a dejarse, así que empezó a dar batalla, pero Honey la detuvo de golpe.

- ¡Quieta! – soltó fuerte afianzando su agarre.

- Oblígame

Ante ese desafío, fue suficiente para que Honey bajara a la altura de su vagina y atacara con su lengua sin chistar, chupando y lamiendo sus pliegues rápidamente, agarrándola fuerte de sus caderas.

Anna se retorció una vez más ante su mano dura arañando las sábanas y moviéndose inquieta, sin embargo, cuando sintió su lengua invasora en su intimidad, notó lo irredimible, su cuerpo la había traicionado, estaba comenzando a excitarse, esa desgraciada sabía dónde tocarla y la odiaba por eso.

- Deja de hacer eso...estúpida...- jadeo en un vano intento por defenderse.

- No, ahora dilo.

- No… - Refutó ya agitada y excitada finalmente, pero en respuesta sintió que la lengua de la morena la devoró sin piedad, deslizándose en su clítoris, jugando con su punto de placer, haciéndola mojarse. - Dios…

Ante esa sensación, no le quedó más que retorcerse y volver a gemir. Era inevitable.

A los pocos segundos, sintió a la morena incorporarse y, luego de que escuchara el ruido de una correa acomodarse, su nuca se erizó. Honey estaba cerca de su oído jugueteando con el lóbulo de su oreja y su cuello paulatinamente, al tocar esa parte tan sensible para ella, Anna no pudo evitar ladear su cuello por inercia.

Estaba jodida.

- Ah-h…. – otro gemido traicionero salió de sus labios.

- Dilo Anna... - volvió a insistir.

Anna pudo sentir su voz rasposa nublarle los sentidos y la punta del dildo tocar su entrada.

- Jódete….

- ¿Qué?

Ante eso, el dildo entró en Anna con fuerza, y esta no hizo más que recibirlo ya acostumbrada como tantos castigos anteriores. La pelirroja pegó el grito de placer al sentirlo, volviendo a aferrar sus uñas ya desgastadas a las sábanas.

- ¡Ahh- h!...

- Dilo Anna – ordenó nuevamente la morena comenzando a moverse arañando sus caderas para tomar impulso.

- Dije que te jodas desgraciada…. Ah-hh…. cielos….

- ¿Así? - Ante esa respuesta, no le quedó más que arremeter sólo como ella sabía hacerlo. No iba a parar hasta escucharla.

Por su parte, Anna se retorció nuevamente al sentir su balanceo de caderas. Las embestidas de la morena habían tomado el mismo ritmo de aquella noche en la carpa, dándole sin medirse, haciéndola temblar, sintiendola desfallecer y flaquear ante su toque.

Ya no pudo contenerse, pues cuando menos se dio cuenta, ahora era ella quien movía las caderas para que aquel dildo la tocara, estaba perdida.

- Dilo. – ordenó una vez más al notarla ya cachonda.

- Me gusta...- jadeó finalmente producto del éxtasis.

- ¿Cómo?

- Me gusta como me coges Honeymaren...

- ¿Ves? No es tan difícil si te portas bien.

A modo de premio, sacó el dildo ligeramente e hizo que este jugara con su entrada, logrando que rozara su clítoris, realizando pequeños golpecitos en la superficie con la punta.

Las caderas de la pelirroja empezaron a moverse al igual que antes ayudando a la fricción, sintiendo perderse en el manto de Eros.

- Que rico… Ah –hh…

- ¿Te gusta? - Pudo notar que se hallaba muy mojada. Su intimidad la había delatado.

- Si... así...sigue así, justo así...mmgh...

- Que rica te ves así rojita.. - Su voz salió ya ronca del deseo. Ese panorama la había llegado a excitar muchísimo.

- No me llames así...Ah-h...

Anna ya estaba muy excitada para pensar, no podía con aquel dildo tocándole así. Su cuerpo volvió a arquearse y cuando giro el rostro Honey había atrapado sus labios para devorar los suyos sin perder la posición.

Ante eso fue inevitable negarse, estaba muy muy cachonda y sedienta. Sus labios se unieron en una danza deliciosa, jugueteando con sus lenguas, explorando la boca de la otra con verdadero ahínco. Nuevamente recrearon el beso francés de la mañana, solo que ahora estaban peleando de una manera diferente.

Un tanto... "peculiar"

Al terminar con el jugueteo de lenguas y del dildo, Honey volvió a ingresar con fuerza, moviéndose delicioso, acelerando sus embestidas una vez más, entrando y saliendo duramente.

A la pelirroja por su parte le tocó enterrar el rostro y morder la almohada para ahogar sus gritos ahí, no quería ser escuchada, no con tales embestidas que la "destrozaban" y hacían de su intimidad enteramente.

Sin embargo, Honey la hizo incorporarse al momento logrando levantarle el rostro entre embestidas cogiéndola de sus mechones rojizos, y como tantas veces, tiró para atrás, haciendo que su cuerpo de la pelirroja volviera a arquearse.

- Quiero oírte.

- Están durmiendo no seas… ¡Ah- h...! ~ - Volvió a soltar un gemido fuerte sin remedio.

- Así está mejor.

El dildo avanzó duro y sin tapujos en su interior a medida que pasaban los minutos. Sus gemidos llenaron la habitación ya sin remedio y Anna sentía que ya estaba por llegar a su punto quiebre.

Se dio cuenta de eso al notar que sus piernas ya no podían apoyarse ante tales "sutiles" atenciones, tanto que empezó a flaquear.

Honey al notarlo la tumbó inmediatamente poniéndola boca arriba, arremetiendo con sus estocadas finales esta vez, levantándole una de sus piernas para ponerlas en sus hombros y sentirla más a profundidad.

Anna por su lado se había dejado hacer como pluma ligera. Se hallaba tan solo con aquel vestido remangado hasta las caderas, sin bragas, su gran peinado de reina hecho un desastre y con la tiara regada quién sabe dónde, jadeando y gimiendo ya sin control, arañando de nueva cuenta las sábanas.

A esas alturas, ya no sentía el cuerpo, tan solo aquel líquido caliente amenazando con bajar nuevamente por su espina, le falta poquísimo.

Honey disfrutó de sus gestos mientras hacía de ella a su antojo. Sintió perderse a su manera al hacer el contacto visual con ella, quien ahora solo le devolvía un rostro de placer y de rabia a cambio, retorciéndose ya sin remedio, jugueteando con sus pechos por encima de la ropa.

Era una visión igual de divina.

Estuvo así por unos segundos hasta que la mano de la pelirroja apretó la suya, indicándole lo ya obvio.

Quitándole el dildo, sus labios bajaron hasta su entrada nuevamente, y luego de embriagarse y juguetear con su centro una vez más, finalmente escuchó el grito de la pelirroja seguido de su esencia que cayó en sus belfos morenos. Había llegado a la tan ansiada liberación.

- ¡Honey! ~

La morena degustó aquello con verdadera satisfacción, logrando ver a Anna de reojo, quien ahora intentaba reponerse, no daba cabida de lo que había acontecido. Sus ojos ya no la miraban, estaba más centrada en calmar su agitado pecho, en calmarse ella, sentía su cuerpo hecho mantequilla totalmente.

En silencio se acomodó sus ropas, se quitó el juguetito y se lo llevó consigo, no quería arriesgarse. Antes de salir de la habitación de la reina dijo algo que considero cortés en toda la expresión de la palabra.

- Descansa Anna

Anna en respuesta, solo se volteó con dificultad para su lado de la cama dándole la espalda totalmente, ya luego cuando terminó de arroparse ella misma, le contestó con expresión seca.

- Si, como sea.