Luego de esa noche, los días posteriores a su Kriptonita habían sido un suplicio, era una semana ya, y de no ser por Olaf que llegaba a animarla como un superhéroe o lo ocupada que había llegado a estar en el despacho, no lo habría logrado. Ya no lloraba, aquel día que recibió su golpe de karma, había llorado tanto, que no le quedaban lágrimas.

De alguna forma u otra lo había desfogado todo y eso dentro de todo, había sido lo positivo.

Pero su semblante ya no era el mismo, tenía ese hueco en su corazón, le faltaba Elsa.

-o-o-o-

Una mañana en particular, luego de que Anna se acicalara de mejor manera y le encargara las crepes a Gerda para que su hermana pudiera degustarlos al desayunar, se encontró con Elsa en el pasillo. Toda guapa, acicalada y con ese vestido blanco que tanto le gustaba. Al parecer iba a salir, algo sumamente raro, ya que por lo general a esas horas siempre la encontraba en bata.

- Buenos días Elsa – Se atrevió a saludar viéndola de pies a cabeza

- Buen día Anna – Saludó de manera neutral

- ¿Vas a salir? - Sabía que apenas hablaban, pero la curiosidad le ganó. ¿Para dónde iba?

- Si…. hable con Honey, me ha dicho que quiere pasar tiempo en el bosque también, la echan de menos allá, así que es probable que sea así a partir de ahora – dijo lo más normal posible.

- Ah… ¿irás tú también? – Preguntó apenas

- Si, solo iremos de visita, pero volveremos al anochecer, no nos quedaremos del todo.

- Entiendo - fue apenas un susurro ¿Qué le podía decir?

- Bueno… te veo en la noche. – habló con el mismo semblante intentando romper el silencio.

- Claro… ammm… - no sabía si era apropiado decirlo, pero ¿Qué perdía? Sus detalles no podían parar, Gerda ya estaba al tanto de la situación con las crepes.

- ¿Si?

- Hay crepes para el desayuno y chocolates negros en la alacena… aunque… creo que ya lo sabes. – dijo con voz queda.

- Si…- la vio por unos instantes – Gracias Anna.

Su voz y su mirada fue neutra, ya no había indiferencia ni dureza. Elsa amaba las crepes y las había estado comiendo sin falta junto a los chocolates negros del almuerzo, de los detalles que tenía Anna a pesar de su distanciamiento con el paso del tiempo, era el que más le gustaba, pero no podía mostrarse emocionada ni mucho menos.

Si bien es cierto ya no había indiferencia, su cambio de actitud también había hecho efecto en ella abriéndose ligeramente con una que otra conversación corta y casual. Parando la mano ante la batalla silenciosa que tenían.

Sin embargo, aún había rencillas, la amaba, pero era demasiado orgullosa para admitirlo, aun… no podía. Había algo que la detenía, que acentuaba su coraza, algo que no le permitía perdonarla del todo. Era una duda que estrujaba duro su corazón y que había nacido a raíz del altercado que tuvieron aquella vez.

- Cuídate Elsa, te veo en la noche entonces…

Fue lo único que dijo antes de perderla de vista. En respuesta, dentro de su letargo logró escuchar a lo lejos.

- Igualmente, Anna

A Anna no le quedó más que continuar con sus funciones para mantenerse ocupada y no pensar. En cuanto a sus quehaceres como reina, se la pasaba en sus chequeos de rutina como siempre, y en cuanto a sus detalles, se las ingeniaba para las crepes por la mañana, así como los chocolates y los lirios por la noche, pues Elsa ya no venía a almorzar.

Sin embargo, a veces su semblante la delataba, y como no era buena ocultando, todos se habían percatado, incluyendo Gerda, que no había dejado de estudiarla los últimos días. La notaba decaída, fatal, ahí supo que tenía que actuar.

-o-o-o-

Una de las tantas mañanas, luego de que Elsa partiera después de recibir las crepes en el desayuno, Anna volvió a su despacho a continuar con su quehacer. Se mantuvo toda la mañana encerrada en este, y cuando finalmente los del consejo salieron, Gerda decidió entrar.

- ¿Ocupada majestad?

- Si, un poco…- dijo tocándose las sienes. Gerda al verla pudo notar el cansancio en sus ojos.

- Le traje una bandeja con sus chocolates favoritos. – articuló suavemente.

- Pero yo no ordené nada...

- Cortesía de mi parte.

- Oh que linda gracias…- Ese detalle le había sacado una ligera sonrisa dentro de toda su tristeza, por lo que dejando sus lentes a un costado, se dispuso a degustar uno de sus tantos trozos de chocolate con leche que tanto amaba.

- ¿Sabe qué puede decirme lo que sea cierto?

En ese momento la mayor se sentó frente a ella y agarró ligeramente su mano a modo de darle fuerza, sabía que Anna no estaba pasando por un buen momento. Ya la conocía de sobra.

- Lo se Gerda…lo sé… - Anna probó otro chocolate, tenía la mirada gacha, perdida, añoraba tanto a Elsa.

- Cuénteme, no es bueno que se guarde las cosas – dijo apretando ligeramente su mano.

- No hay nada nuevo Gerda, me hace falta Elsa – dijo sin rodeos. – La amo muchísimo. – Su mirada se mantenía igual – Y ahora que casi no está la extraño muchísimo más…

- Y se que su hermana también a usted, he visto lo que ha estado haciendo, no se rinda, su hermana no ha sido indiferente a esos detalles. – Soltó la mayor viéndola de frente a los ojos.

Era cierto, Elsa ya se había acostumbrado a recibirlos, se había vuelto una rutina para ella antes de salir con las crepes, así como los chocolates negros al regresar.

- Lo se Gerda, es solo que yo fui…

- Escucha hija – La mayor la instó a mirarla – Siempre van a ver momentos malos, pero estos no son eternos, es cierto cometiste un error, pero recuerda, no eres perfecta, y aunque tu hermana no te lo diga, en el fondo sé que aun te quiere, lo he notado.

- Pero yo…

- Lo sé – Gerda la volvió a observar, había calidez en su mirar – Solo promete que no te rendirás y que sin importar que… seguirás a tu corazón.

"Seguir a mi corazón"

Eso retumbó en su cabeza y la hizo pensar. Su corazón gritaba por Elsa, solo por ella. Cuando alzó los ojos y vió a la mayor, se dio cuenta de todo. Se dio cuenta que no debía de parar con lo que estaba haciendo. Que debía de luchar y no rendirse.

Y sobre todo, que debía de hacer lo correcto

Su panorama cambió totalmente, ahí agradeció infinitamente sus palabras, era sin duda la charla que necesitaba.

- Tienes toda la razón

En ese instante se empinó para abrazarla, fue un abrazo fuerte, cálido y reconfortante. Uno de agradecimiento.

- No se preocupe – Gerda le regaló una de sus tantas sonrisas y se sentó frente a ella.

- ¿Desea que le traiga más chocolates? – preguntó suavemente

- Creo que si – la menor volvió a ponerse sus lentes y le regaló otra de sus tantas sonrisas – Estaré ocupada lo que queda de la tarde, me hará bien otra ración.

- Como ordene Majestad.

Ante eso, la mayor partió y Anna se concentró en lo que a partir de ahora haría, no iba a ser un trabajo fácil. Tenía sus horarios justos, los chequeos de rutina, y ahora con lo que tenía en mente iba a ser peor. ¿Lo positivo? Estaría distraída, no pensaría tanto en cómo estrujaba su corazón.

Era un riesgo. Pero un riesgo que estaba dispuesta a tomar. Un riesgo que, aunque fuera para bien o para mal, ya estaba decidido. Seguiría a su corazón, lucharía por su hermana, así como venía haciéndolo desde antes con sus detalles y demás.

Fue así que en los meses que siguieron se mantuvo ocupada en el despacho al 100%. Su rutina se concentró en las crepes por las mañanas, acompañaba a Elsa antes que se fuera con una conversación corta y ligera, y después volvía a su despacho.

Se encerraba con los del consejo para llevar a cabo sus asuntos, y muchas veces, salía estresada y decaída, a veces ni almorzaba.

Luego se iba a su chequeo de rutina al pueblo y regresaba con el lirio, el cual guardaba consigo a esperas de que durmiera.

Llegada la noche, la esperaba en su habitación para darle los chocolates negros y finalmente cuando dormía se aventuraba a escondidas a dejarle el lirio en su velador como siempre lo había venido haciendo, eso seguido de sus tantos monólogos que le susurraba cuando estaba en el profundo sueño.

-o-o-o-

Una de las tantas mañanas, se acicaló de nuevo y ahí la vio, alistándose nuevamente para ir al bosque. "Qué hermosa" le susurró su mente, tan elegante, tan… bella.

- Buenos días Elsa – saludó neutralmente, cuando Elsa se giró a verla su corazón latió fuerte, su mirada era tan azul, hermosa y penetrante que sintió flaquear.

- Buen día Anna, ¿ya están listas las crepes? – preguntó casualmente

- Si, sígueme

Al llegar al comedor, Elsa se sentó y Gerda llegó con su ración de crepes, a lo que la platinada no dudo en devorar gustosa luego de un sutil "gracias". Anna tan solo la miraba con una sonrisa y mirada bobalicona que le salía del rostro sin que Elsa lo notara, no quería verse pillada, no quería que lo que había construido se fuera tan rápido.

Mientras la observaba, pensó en si era correcto o no decirle lo que había estado llevando a cabo esos últimos meses, eran temas del reinado, y Elsa siempre le recalcaba que debía de mantenerla informada aunque ya no fuera reina. Después de todo, era parte de la realeza también.

Su mente siguió divagando perdida en sus pensamientos en donde aquella incógnita le rebotaba la cabeza, hasta que la voz de Elsa la sacó de su trance.

- Están buenísimas – dijo casualmente haciendo contacto visual con la menor.

Anna al notarlo se puso en guardia al instante, ocultando su cara de bobalicona que llevaba, esperando que con suerte, Elsa no lo hubiera notado.

- Qué bueno que te hayan gustado – sonrió ligeramente – Llevan chocolates negros esta vez…

- Gracias Anna. – Nuevamente volvieron a mirarse, fueron cortos segundos hasta que la menor decidió hablar.

- ¿Cómo te va en el bosque? ¿Todo en orden? – preguntó.

- Sí, no me quejo me desestresa un poco ir allá también

"Me puedo imaginar" pensó. Había estado tanto tiempo encerrada en el castillo que esas salidas, supuso, de alguna forma la liberaban, no podía culparla.

Aunque eso significara que la echara de menos todos los días, que su corazón la extrañara, que doliera por su nombre.

- Qué bueno…

Otro silencio se dio, uno igual que el anterior, sus miradas se cruzaron una vez más y ahí Elsa habló, se le hacía tarde.

- Bueno me voy Anna, Honey me está Uesperando y….

- Un segundo

Anna la detuvo, se dio cuenta que tenía que decirle, no podía ocultar eso tan importante, eso en lo que había estado trabajando incansablemente los últimos meses, ella debía de saberlo.

- ¿Qué ocurre?...

- Sígueme.

Elsa quedó extrañada, pero sin chistar la siguió. Cuando llegaron al despacho Anna la invitó a sentarse, y Elsa acató sin más, estuvieron unos segundos en silencio, y al ver que Anna no respondía, Elsa rompió el silencio.

- ¿Qué está pasando Anna? – Aquello no le gustaba.

Luego de mirarla unos segundos finalmente se animó, recordó la antigua frase "nada de secretos".

De su cajón sacó unos documentos y se los entregó a la mayor, Elsa al leerlo quedó taciturna, sin poder creer lo que veía.

- ¿Qué es esto?...

- Voy a dejar la corona.