Luego de que Elsa se enterara de aquella noticia, su corazón bombeó aún más fuerte, por lo que se había enterado aquel día cuando leyó los documentos en el despacho junto a Anna, sabía que la corona iba ir directo a su prima lejana una vez Anna lo dejara, todo cuadraba, las piezas encajaban perfectamente.

Su corazón bombeaba duro, y así como su corazón, también sus ganas de ir a verla, de besarla, abrazarla, de querer hacerle el amor, de pedirle perdón, de escuchar de sus labios el motivo, de armar los pedazos de su corazón junto a ella.

Pero también estaba la culpa, una culpa que tenía en su pecho por no haber sido capaz de escucharla. Quizá si lo hubiese hecho antes las cosas se hubiesen dado diferente, pero ahora no podía enfocarse en el pasado. Ahora debía de actuar, y debía de hacerlo ya.

- ¿Majestad? – Gerda la volvió a llamar, notó que la platinada se había ido por unos momentos.

- ¿Hay barcos para Corona, Gerda? – preguntó poniéndose de pie.

- Tengo entendido que no saldrán hasta mañana por la mañana, hay una fuerte tormenta ahora.

- Iré para allá – dijo decidida

- ¿Ahora? – Eso asustó a la mayor

- Si.

- Pero majestad…

- No soy humana del todo Gerda, puedo aguantarlo – aclaró haciendo hincapié, ya los de Arendelle sabían que debido a sus poderes y lo acontecido en el bosque, era más que eso.

Era el quinto espíritu después de todo

- Ay majestad...– dijo ayudándola a ponerse de pie viéndola con real preocupación – Disculpe, pero me preocupa y….

- Estaré bien Gerda – la cortó inmediatamente regalándole una tenue sonrisa, pudo ver que estaba preocupada, la entendía perfectamente, pero no podía quedarse ahí.

- Cuídese por favor – fue lo único que dijo la mayor para luego abrazarla fuerte, sin importarle jerarquías, eran como sus hijas.

Por su parte, aunque Elsa no era tan afectiva, aquel abrazo le supo bien, era lo que ahora necesitaba, ahora más que nunca.

- Lo haré, gracias Gerda.

-o-o-o-

Por otro lado, luego de un arduo viaje en barco, Anna finalmente había llegado a Corona, lugar donde residía su prima lejana.

Era la primera vez que llegaba, pues según el protocolo y lo que había acordado con su mano derecha, era una visita importantísima y necesaria. Ya estaba todo en marcha, y con ella, llevaba consigo el tratado oficial con aprobación total.

Lo único que faltaba era dar a conocer "las razones comerciales" que convendrían a ambos reinos a la futura reina de Arendelle, a través de la exposición del tratado comercial y, si todo salía bien logrando convencerlos en el mejor de los escenarios, se daban las firmas por parte de ellos, y con ello, Anna quedaba finalmente libre.

Ya se habían estado comunicando anteriormente por cartas, por lo que no era un asunto nuevo. Ambos reinos estaban enterados de la situación.

Ella siempre había sido espontánea, no le temía a nada, pero por alguna razón se sintió nerviosa, y claro, no era para menos.

Lo que estaba a punto de concretar no era cualquier tratado o uno de esos viajes de rutina que siempre solía hacer, se trataba nada más y nada menos que de la sucesión de la corona de Arendelle para que alguien más velara por el pueblo.

Su pueblo.

Su mente en todo el viaje no había dejado de recalcarle eso y, como si aquella presión no fuera suficiente, el rostro de su hermana también había aparecido.

Era un suplicio tener que recordarla aún a sabiendas de que no estaban juntas, de que había osado a elegir a esa desgraciada y, aunque parte de su ser estaba tranquila debido a su gran lucha y de que sabía que Elsa nunca podría llegar a amarla, igual le había pegado el hecho que no quisiera escucharla, el que se cerrara de esa manera.

En el último mes antes de su partida a Corona, se había enfocado, de eso no había duda. Pero era inevitable tapar el sol con un dedo, maldijo su mente, porque claro, a pesar de todo la amaba y su amor le quemaba tanto, que era algo que no podía sacar de la noche a la mañana. Y aquello se acentuaba más, al recordar el motivo de su viaje, de la corona, del reino…

Saber que cuando fuera finalmente libre Elsa no estaría con ella, no sabría sus verdaderos motivos, no como tantas veces lo soñó.

Parte de su ser se empecinaba en olvidarla, en sacarla de su cabeza aun en contra de su voluntad debido a lo acontecido hace meses atrás, mientras que la otra aun latía con violencia por su persona. Sus ojos azules aparecían en su cabeza y no hacía más que pensar en ella. Le jodía aún tener que amarla, no poder sacársela como tantas veces se lo había prometido.

"Maldición Elsa".

Cuando su barco arribó, todos los del pueblo en aquel desconocido reino miraron con curiosidad aquella elegante pelirroja que bajaba. Fue tanto, que se sintió cohibida sin saber porque, amaba las multitudes, pero nunca pensó llegar a ser el centro de atención, no de esa manera.

El clima era más cálido y las calles coloridas. Cuando tocó suelo, notó a lo lejos una figura menuda que la saludaba emocionada, corría efusivamente con dirección a ella y llevaba un vestido ceñido a la cintura, con tonos púrpuras y el cabello castaño corto. Lucía muy sencilla, pensó que era una aldeana más.

A medida que se iba acercando vio que no venía sola, sino con dos chaperones y eso la extrañó aún más. Cuando quiso articular palabra esta se quedó sin habla, la muchacha se había colgado a su cuello totalmente emocionada sin siquiera pedirle su permiso, y ella, quedó en shock ante tal muestra de afecto.

No era que le molestara, siempre había sido abierta a la gente del pueblo, en Arendelle solían ser cálidos, pero no tanto, por lo que le sorprendió mucho aquel recibimiento.

- ¡Hola! ¡Bienvenida a Corona! - Dijo efusivamente la muchacha al separarse.

- Am… ¿Hola? – Anna seguía en shock.

- Oh ya disculpa, suelo ser muy efusiva con los recién llegados – Le regaló una cálida sonrisa

- Si… ¿Y tú eres? – su efusividad la había llegado a descolocar en el buen sentido. Había calidez, algo que le recordó a ella misma cuando aún era princesa, pero… ¿Quién rayos era?

- Rapunzel, actual princesa de Corona – su sonrisa se ensanchó aún más – Un gusto Anna.

- ¡Oh! Lo lamento no sabía… - ante eso sintió morir de la vergüenza. ¿Esa era su prima? ¿La futura sucesora? Y ella no había saludado adecuadamente, no era ni su reino. Se sintió a morir de la pena

- No hay problema – la cortó suavemente – No te culpo, tampoco luzco como una, honestamente odio las formalidades… no me gustan.

- Tampoco a mí – fue bueno escucharle decir eso y descubrir que tenían algo en común.

Aquella despampanante personalidad le recordó a su persona, y fue ahí donde se dio cuenta de cuánto había cambiado en esos últimos meses al verse reflejada en ella, se había vuelto más madura, centrada, manteniendo la chispa claro está, pero ahora era otra.

¿Su sufrimiento quizá? No lo sabía, pero había cambiado ligeramente a raíz de todo.

- El gusto es mío Rapunzel – finalmente se le dibujó una sonrisa y la muchacha no hizo más que corresponderle. Fue bueno encontrar a alguien así en medio de todo lo que estaba pasando, le sentó de maravilla, se sintió cómoda, muy cómoda.

- Lo sé ¿Qué tal el viaje? – dijo caminando a paso lento, atrás yacían los chaperones cargando las cosas de la reina recién llegada, y mucha… mucha gente mirando curiosa.

- En realidad iban a venir a recibirte los encargados del palacio, pero me negué, obviamente – Continuó con su monólogo entusiasmada – Ya sé que no es del protocolo que salga la misma princesa, pero tenía que ver a mi prima en persona ¿No crees?

- Claro…- Al escucharle decir eso último con aquella rapidez, la tensión se le fue ligeramente junto a otra sonrisa dibujada en sus labios, otra suave y honesta. - Y respecto a lo otro fue un largo viaje en barco – suspiró levemente – Pero finalmente llegué.

- Eso es bueno – seguía con el mismo semblante - La única vez que fui de visita hacia tu reino fue cuando tu hermana se convirtió en reina – recordó aquel momento – El día de su coronación – recalcó - Solo que no tuve oportunidad de saludarlas, todo paso suuper rápido - continuó con su monólogo - ¿Por cierto como esta?

Cuando giró su rostro en busca de alguna respuesta, notó que el semblante de la pelirroja cambió a uno diferente, como cabizbaja, triste, como si quisiera ocultar algo a través de su mirada. Rapunzel pudo notarlo.

- Lo lamento… ¿Dije algo indebido? – trató de disculparse.

- No, para nada – inmediatamente se repuso – Ella está bien, dejó la corona por temas familiares y yo tome su lugar – le devolvió una sonrisa intentando no pensar en su hermana.

- Oh…- para no tensar el ambiente cambió de tema, no era quién para meterse, esperaba que al menos con el tiempo que estuvieran juntas Anna pudiera abrirse un poco con ella. – Bueno.

- Descuida – Ahora fue el turno de Anna – Es bueno saber que estás al tanto de nuestra oferta – habló haciendo alusión a la corona, a lo que había venido realmente.

- ¡Oh sí! Estuve al tanto desde que me enteré, ya me he estado haciendo a la idea – dijo tranquilamente – Ya quiero escuchar tu propuesta.

- En efecto.

Cuando menos se dieron cuenta ya habían llegado al palacio, era similar, tenía la insignia de un sol brillante, algo característico del reino de Corona, supuso.

- Bueno, llegamos – dijo animada – ¿Deseas descansar o prefieres que te haga un tour por todo Corona? Te presentaría a mis papás, pero ahora se encuentran de viaje.

- Oh ya veo – Fue bueno escuchar la oferta para dicho tour.

- ¿Y bien?

- Pues…

Luego de pensarlo detenidamente, pensó que le vendría bien distraerse. Si se quedaba a descansar divagaría de nuevo en aquel insistente tema que rondaba su cabeza, el reinado y su hermana, y no, necesitaba olvidarse de todo por un rato.

- Supongo que puedo aceptarte el Tour, tengo muchísima curiosidad en conocer tu pueblo. – le regaló una ligera sonrisa.

- Igual si te quedabas a descansar te sacaba a rastras – soltó elocuente – No estés tensa – le dió una mirada cálida notando su inquietud. Al moverse, de su hombro salió algo verduzco – Todo saldrá bien.

Aquello la hizo saltar en su sitio y la castaña, no pudo evitar reírse abiertamente esperando no molestarla.

- ¡Dios! – Su rostro se posó en aquel pequeño pero divertido animal que sus ojos apenas procesaban.

- Jajajaja.

- Eso es… ¿Un camaleón? – preguntó curiosa

- Sip, se llama Pascal… ¿A que no es precioso?

- Si… - verle le recordó instantáneamente a Bruni, una sonrisa melancólica se formó en sus labios al recordar el bosque… su hermana.

Rapunzel pudo notar sus gestos, se sintió bien en poder contribuir en algo, en sacarle esa tristeza que ella ya notaba pero que la pelirroja se empecinaba en ocultar. Pascal siempre era bueno en eso.

- Bueno, andando que el día apremia y eso – recalcó – que faltaran dias, Corona es pequeño pero cada rincón es precioso, te encantará. – soltó efusivamente.

- No lo dudo.

Luego de eso, le regaló una gran sonrisa en respuesta, algo en su interior le dió una buena señal, una muy buena corazonada.

Luego de que los encargados llevaran sus cosas a su respectiva habitación, se dejó llevar por su prima a tan ansiado tour, literal fue jalada, no recordaba que fuera tan efusiva.

En el camino se encontró con quien supuso sería su esposo, Eugene, alguien igual de loco que ella, responsable de sacarle una que otra sonrisa gracias a sus ocurrencias, algo que, en el fondo, agradecía enormemente.

Al verlos juntos, agarrados de la mano y dándose sus tan ansiados mimos, por un instante pensó nuevamente en Elsa. Se veían tan felices que fue algo inevitable.

"Que lindos se ven" Su traicionero corazón no le ayudaba, le era duro lidiar con ello al ver tantas escenas de amor frente a ella.

Luego de aquel tour, los días siguientes se volvió a repetir, a veces con su esposo y en ocasiones solas. Se la pasaron conociendo cada rincón de Corona detalladamente, todo eso con la finalidad de que Anna se olvidara por un momento de sus tristezas y responsabilidades.

La morena sabía que al final tendrían la tan ansiada exposición. Podía entender entre líneas porque a veces pecaba de ansiosa o se tensionaba tanto. Sabía que era un gran paso y una gran responsabilidad, pero no quería estresarla con eso.

Tenía muchos dones, y uno de esos, era poder ver a través de las personas. Sabía que era eso lo que más necesitaba ahora, una salida, una sonrisa, aunque la pelirroja no dijera nada.

Se dieron cuenta, además, de que tenían mucha química, era algo que Anna había olvidado hace mucho ya, fue bueno sentirlo con alguien más que no fuese su hermana como en tiempos de antaño.

-o-o-o-

Después de uno de sus tantos tours que habían estado compartiendo en esos días entre tiendas, souvenir y nuevas experiencias, ambas regresaban entre risas. Habían ido a tan ansiado lugar donde la morena conoció a los amigos de Eugene, la famosa cantina llamada "El patito Modosito" Si bien no era del mismo Corona, pero Rapunzel al igual que ella rompía con la rutina, por lo que tenía que llevarla a conocer a como dé lugar.

Habían ido acompañadas de su esposo, y esa noche Eugene junto a Rapunzel traían a rastras a Anna, quien al parecer se había excedido en copas. Rapunzel dentro de todo estaba más cuerda que ella, había tomado pero no estaba ebria.

Sin embargo, al notar el estado de su prima, se arrepintió de inmediato haberla hecho participar en aquella guerra de shot.

Cuando llegaron a palacio, el guardia los recibió preocupado. La cara de Eugene parecía cansada y Rapunzel tenía cara de media culpa, pero a la vez de satisfacción, la cual se dio a notar por su sonrisa traviesa.

Había sido toda una travesía cargar con su prima en ese estado, le había llegado a parecer divertido, sobre todo al notar su faceta de ebria.

- ¿Todo en orden señor? – preguntó uno de los guardias al esposo de Rapunzel.

- ¿Tú que crees? – vio a su esposa con aprehensión – La prima de mi mujer está hasta el copete.

Ante eso, Rapunzel lo vio con travesura y un ligero puchero en los labios.

- Ay que aburrido, solo fueron unas copitas – se defendió y vio a su prima tratando de mantener su cordura, eso le causó muchísima gracia, su mano libre cargaba un Whisky añejo que había estado tomando en el camino y no tenía ninguna intención de soltarlo – Yo me llevaré a Anna ve a descansar, no seas gruñón Eugene.

- ¿Segura que puedes?

- Sip, deja lo hago yo.

- Bueno… ya no la hagas tomar de más –volvió a advertir y le regaló un suave beso en los labios.

- No creo que pueda – recargó a Anna en su hombro – Vamos Anna, necesitas descansar ya.

Aun a rastras Anna protestaba, reía dentro de su corta cordura, y entre pausas, pedía continuar con la faena, a veces sí que podía llegar a ser terca – Yo no quiero dormir, quiero seguir tomando – pidió entre pucheros con la voz ligeramente arrastrada por el licor – No seas mala Rapunzel, este Whisky está buenísimo.

- No, ya tomaste suficiente – ordenó - ahora debes descansar.

- Que aburrida eres – rechistó

- Si soy muuuy aburrida, ahora a la cama – en sus labios se aguantaba la carcajada, era demasiado icónico ver así de ebria a su prima.

- Pero yo no quiero – volvió a protestar.

Cuando llegaron a la habitación literal fue tirada a la cama, a Anna aún le quedaba un poco de cordura dentro de toda su ebriedad, así que con terquedad volvió a pararse, aquello, con obvias intenciones de agarrar aquel Whisky que Rapunzel le había quitado y que puso a un lado del velador.

- Debes dormir ya Anna.

- No, dame el Whisky quiero tomar…

- Anna

- Quiero tomar, quiero tomar, quiero tomar

- No.

- Porfi…

- ¡Anna! – habló fuerte.

"Dios, vaya cultura etílica que se carga".

- Ay ya, que aburrida.

- Duerme ya – A duras penas logró dejarla descansar, pero a juzgar por sus movimientos sabía que tardaría en dormirse. Estaba inquieta y luchaba por pararse.

Al salir, cerró bien la puerta de la habitación para que no cometiera tal locura y, cuando finalmente la perdió de su visión, no pudo evitar soltar una risita casual y burlona de solo recordarla. Rememorando las tantas facetas que había sacado a raíz de ese licor. Divertida en ocasiones, pero añorante la mayoría del tiempo, añorante con ese sentimiento implícito que trataba de aplacar a través de una sonrisa, que no sabía, pero que, en efecto, le ayudaría a sopesar.

Recordó también sus salidas y la química tan bonita que habían llegado a desarrollar. En donde Anna, había sacado su faceta locuaz en ocasiones olvidando todo, dándose cuenta que estaban igual de locas y que compartían mucho, que tenían mucho en común.

Le hizo bien, le sentó de maravilla estar ahí para ella, apoyarla, sacarle una sonrisa, hacerle saber que no estaba del todo sola.

Porque, aunque Anna no lo dijera, sabía que lo necesitaba enormemente.

- Ay Anna…

Su mirada se mantuvo mirando a la acera mientras soltaba aquella casual sonrisa y, cuando finalmente pudo ver sus pies, se dio cuenta de algo que antes no había notado. Había hielo rojizo en la acera, rodeándola. Sintió frío, mucho frío, al levantar la mirada se topó con la razón de ellos.

Era Elsa.